Henri barbusse



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XI


¡SE VAN LOS YANQUIS!


Ellos, en cuyos ánimos pequeños

no cupo nunca el gran paisaje andino,

¡Oh, patria! te vendieron sin ser dueños sino del propio corazón mezquino.
¿Cómo no pudo el resplandor divino de este sol tropical, turbar sus sueños de mercader, ni el ópalo azulino

de tus lagos, dio fin a sus ensueños?
Sandino te salvó. Tomó tu afrenta sobre su espalda de titán, sangrienta, tal como Redentor. Llamó a la historia.
Y vieron las naciones, en la cuenta de Nicaragua, el precio de su venta

saldado con su sangre y con su gloria!

AUTOR ANÓNIMO


El fin estaba cercano. No era comprensible la voluntaria desaparición de la intervención, a menos de sospechar que se estaba preparando alguna jugada de envergadura para terminar con la resistencia de Sandino. Este, que había condicionado toda su campaña a la permanencia en el país de las tropas extranjeras, se veía de pronto ante la circunstancia real y objetiva de su total retirada. No teniendo su lucha motivaciones ideológicas, políticas o sociales sino pura y exclusivamente patrióticas —como él siempre se cuidaba de manifestarlo— era lógico suponer que al retiro de las tropas norteamericanas se suscitaría la paz en Nicaragua.

El año 1932 no había sido distinto de los anteriores en cuanto a la amplitud de las acciones militares. Los resúmenes de campaña citaban encuentros casi diarios entre las tropas sandinistas y las norteamericanas secundadas por la Guardia Nacional. Así, por ejemplo, consigna el parte del mes de abril:


El 4 de abril del presente año, los ex guardias pertenecientes a las fuerzas enemigas de Quizalaya, costa atlántica de Nicaragua, se sublevaron contra los filibusteros yankees que les comandaban; ellos, para conseguir la finalidad del plan que se les encomendó, despacharon al otro barrio a un teniente Charles Lebowasky, gringo, e hirieron al subteniente renegado Carlos Rayo. Como fruto de la sublevación mencionada, nuestro ejército recibió lo siguiente: 21 rifles Springfield y Lewis, algunos lanza-bombas, 21 granadas de mano, una ametralladora Thompson con 1.600 tiros, 5.000 tiros Lewis. Todo esto fue entregado por los ex guardias Sebastián Jiménez, Felipe Briceño h., Francisco López y Aurelio Flores, quienes actualmente se encuentran al servicio de nuestro ejército. Las armas fueron recibidas por los generales Estrada y Morales y el coronel Sócrates Sandino.

El 11 del mismo abril, tres artilleros del mismo destacamento enemigo en Quilali, que responden a los nombres de Antonio García, Balbino Hoys y Antonio Cornejo, se pasaron a nuestras filas con sus respectivas piezas, consistentes en una ametralladora Bronis y dos ametralladoras Thompson, con sus correspondientes equipos, bombas de mano y parque de rifle Springfield. Todo esto fue recibido por el general Colindres.

El 15 de abril, el capitán Heriberto Reyes sostuvo con el enemigo un sangriento combate de tres horas en el lugar denominado San Lucas, jurisdicción de Ocotal. En ese combate perecieron treinta perros traidores y uno de los piratas que les comandaban. De nuestra parte lamentamos la muerte de los hermanos Alberto Cruz Rodríguez y Fausto E. García.

El 21 fue atacado por nuestras fuerzas al mando del general Morales, el nuevo destacamento enemigo acantonado otra vez en Quizalaya; ahora el enemigo se encontraba más fuerte, pero siempre fue desalojado, después de una hora tres cuartos de encarnizado combate. De nuestra parte lamentamos la muerte de los hermanos sargento mayor Francisco Montenegro, capitán Celedonio Gutiérrez, teniente Marcelino Rugama, y la del joven estudiante de la Universidad de León, Octavio Oviedo, hijo de un magistrado de ese apellido. Los generales Morales y Estrada


continúan su marcha sobre el interior de la región del Atlántico. También tenemos fuerzas de reserva en el mismo litoral. En el mencionado combate resultaron heridos los tenientes Rafael César Zamora, Orlando Baldizón y Santos Godoy y el ingeniero Larios M.

En la misma fecha, el coronel Juan Altamirano derrotó al enemigo en Santa Bárbara, jurisdicción de Jinotega. El enemigo dejó en el campo cinco perros traidores y un pirata yankee. El mismo día fuerzas del coronel Juan Altamirano atacaron a otra columna enemiga en el lugar denominado Chaguitillo. El enemigo fue totalmente deshecho y se le avanzaron 3.000 tiros Springfield y dos pistolas 45. No tuvimos bajas y el enemigo logró levantar sus muertos y heridos.

Siempre el 21, fuerzas al mando de los generales Carlos Salgado P. y Juan G. Colindres y capitán Heriberto Reyes, dieron combate al enemigo en La Puerta, en jurisdicción del Ocotal. El enemigo hizo resistencia por tres cuartos de hora y se derrotó, dejando en el campo dos yankees muertos y doce perros traidores. Se avanzó una ametralladora Bronis y cinco rifles Springfield, todas esas armas con abundantes pertrechos. No tuvimos bajas en ese combate.

A las cuatro de la tarde del mismo día, nuestra misma fuerza al mando de los jefes mencionados, tuvo otro fuerte encuentro con el refuerzo enemigo en el lugar denominado Los Leones, que duró hasta que cerró la noche. Al explorar el campo se encontraron muertos cinco perros traidores; y tres oficiales yankees. El avance fue de 12 rifles Springfield, 3 pistolas 45 y lanzabombas con seis granadas y muchos documentos importantes para la historia de Nicaragua, que ya remitimos a nuestro amigo Alemán Bolaños. De nuestra parte lamentamos la muerte de los hermanos Pío Melgar y Estanislao Maradiaga; herido, Manuel Valladares.

El 23, el general Salgado y capitán Heriberto Reyes sostuvieron otro encuentro con el enemigo en el lugar denominado Los Bellorín. El enemigo dejó siete muertos en el campo.

En cuanto a los combates que se libraron en abril en el interior de Nicaragua por el general Umanzor, coroneles Tomás Blandón, Perfecto Chavarría, Ruperto Hernández y Robledo, general José León Díaz y otros más, ya han sido publicados los detalles por el mismo enemigo, confesando sus derrotas.
Respecto de las operaciones de mayo, el parte libertador

sostiene:


El 1 de mayo el mismo general Salgado sostuvo otro sangriento combate en Ciudad Antigua. De nuestra parte pereció el hermano Federico Tercero, de San Marcos de Colón, Honduras.

En la misma fecha, el general Colindres atacó al enemigo en el lugar denominado Los Bellorín. El combate duró tres horas, dejando los contrarios en el campo treinta y seis muertos y una carga conteniendo catorce frazadas de lana, tres capotes, dos vestidos, un par de zapatos y una tienda de campaña. De nuestra parte lamentamos la muerte del hermano Juan Pablo Bellorín, dueño de la propiedad donde se desarrollaron los combates.

Aprovecho esta oportunidad para manifestar a nuestros compatriotas en el extranjero, que nuestro ejército, hoy como ayer, está convencido de que Nicaragua será libre solamente a balazos y a costa de nuestra propia sangre; que impediremos cualquier farsa eleccionaria que con supervigilancia extraña quiera repetirse en Nicaragua, y que no reconoceremos por ningún motivo a quien resulte electo en esa forma, así sea el más pintado y así me lo pidan de rodillas.

Los nicaragüenses interesados en la liberación de Nicaragua, son bien aceptados por nuestro ejército, pero sin banderas partidarias, y disciplinados a la pauta que tenemos establecida.

Estamos tomando nota de las propuestas de Moncada para que se incluya en la Constitución de Nicaragua el tristemente célebre tratado de Bryan y el de la Guardia Nacional. Se acabará el último nicaragüense y quedará en cenizas Nicaragua entera, pero esos tratados nunca serán legales.
El parte de las operaciones de julio da cuenta de estas operaciones:
En julio sobresalieron los combates siguientes: nuestras fuerzas de la división del Atlántico, al mando de los generales Francisco Estrada y Simón González atacaron y tomaron el campo platanero "Vaccaro", de la compañía norteamericana en Puerto Cabezas. Al enemigo acantonado en ese campo le llegó inmediato refuerzo, pero nuestros muchachos supieron rechazarlos, quitando los trenes y moto-carros, así como parque, rifles y ametralladoras. Se puso fuego a los edificios, y al día siguiente una flotilla de aviones bombardeó a nuestra


columna, pero fue derribado uno de ellos. El bombardeo orientó al enemigo que se aproximaba y se trabó una sangrienta batalla hasta cerca de la noche. Se calculan en más de cien las bajas del enemigo.

Fuimos informados de que veinte anfibios yankees acuatizaron en Puerto Cabezas, para levantar a las familias norteamericanas, residentes en aquel puerto. Estimamos atinado el procedimiento, porque la suerte que allí les espera a los norteamericanos es negra.

El 14 del mismo julio, nuestras fuerzas al mando del coronel Ruperto Hernández Robledo y del sargento mayor Francisco García, tuvieron un sangriento encuentro con el enemigo en Los Achiotes, departamento de Jinotega, en que perdieron la vida tres tenientes perros traidores y nueve piratas yankees. Se avanzaron armas y parque.

Siempre en julio, el 16, en La Rocía, departamento de León, nuestras fuerzas al mando del coronel Zacarías Padilla, libraron otro sangriento combate y avanzaron muchas armas y provisiones de boca.

A última hora, los generales Estrada y González, jefes de la división del Atlántico, nos comunican que en la Mosquitia hondureña han cruzado a territorio nicaragüense fuertes núcleos de tropas norteamericanas, que no sabemos cómo permitiría el gobierno de Honduras, que se dice celoso autonomista. Agrega el informe que el cuartel lo tienen en un campo platanero de compañía yankee, la United Fruit Company, en el puerto hondureño de Trujillo.
Y finalmente, para completar el año militar de Sandino, transcribiremos una noticia aparecida en el mes de noviembre en El Comercio de Managua:
A bordo de un avión de los marinos llegó a Managua, con procedencia de Jinotega, el teniente Lee, oficial norteamericano a quien se venía llamando "el tigre de Las Segovias". En el hospital estuvimos a visitarle. Estaba con la cabeza cubierta de vendas y su brazo derecho de igual manera, herido gravemente en el sangriento combate sobre el camino de Peña Blanca. La patrulla de la Guardia nacional nos dijoera de cuarenta, e iba comandada por el capitán Puyed y yo de segundo jefe. Fuimos sorprendidos por una emboscada que estratégicamente habían preparado los sandinistas, momentos después de que la expedición pasaba el río Pijuguay.

Pero ya en marzo de ese año se habían iniciado gestiones para tratar de zanjar las diferencias entre Sandino y las huestes que respondían o no a los intervencionistas, pero que igualmente estaban deseosas de que la lucha concluyera.

La burguesía nacional, aliada al imperialismo —como sucede en toda América hispana—, necesitaba un clima de orden para desenvolver sus negocios con tranquilidad, precisaba de la paz dentro de un status constitucional que la resistencia de Sandino tornaba inestable. Y aun cuando los viejos políticos nunca perdonarían al héroe el haberse constituido en símbolo de una conciencia que les acusaba por los deberes que no cumplieron, las traiciones que cometieron y la entrega que verificaron del patrimonio nacional, trataron de acercarse a él para ser perdonados, hacer como perdonadores... y estando todos en amistad seguir los buenos negocios...

Una junta de notabilidades locales, entre los cuales se destacaban Juan Francisco Gutiérrez, Rosendo Argüello, Salvador Buitrago Díaz, Octavio Pasos Montiel, a la cual se agregaron luego Pedro Joaquín Chamorro (nada menos), Ramón Solórzano, Pablo Hurtado y Federico J. Lacayo, junta que fue luego conocida con el nombre de "Grupo Patriótico" y cuya voz cantante era la de Sofonías Salvatierra, convinieron en gestionar una amnistía total, a cuyo efecto elaboraron un plan tendiente a que los candidatos a la presidencia se comprometieran por escrito a respetar al partido que no resultara triunfante en las elecciones de noviembre.

Demás está decir que tanto Sacasa como Chamorro aceptaron la proposición y firmaron solemnemente el compromiso: para hacerlo mejor aun, resolvieron firmar convenios que aseguraban recíprocamente la convivencia de los partidos en el gobierno. En buen romance, una repartija legal.

Cuando se hizo pública esta intención, Moncada, que aún gobernaba, no se sintió satisfecho. Lanzó un manifiesto de repudio, en tercera persona:


No solamente por las declaraciones del sandinismo que se consideran subversivas, el Mandatario ha ordenado, a su pesar, la prisión de algunos, sino porque desde que se conoció en Nicaragua el resultado de las elecciones de Autoridades Supremas, alguna prensa ha deseado comprometer al país en sus relaciones con los Estados Unidos de América, con el cual Nicaragua conserva la más sincera amistad. Después de haber aceptado con buena voluntad la supervigilancia y de conocer


que se retiran los marinos de Nicaragua, la más franca cordialidad debe existir entre unos y otros.

Que desde hace tiempo hay brotes de sandinismo en el interior, es evidente. Y aunque no se pueda prejuzgar la actitud del presidente electo, doctor Sacasa, con respecto a este trascendental asunto después del primero de enero, ya se sabe que el gobernante actual no puede ni debe tolerar escritos sandinistas o comunistas, ni reuniones, ni suscripciones para tratar con el autor de la ruina de las Segovias, y en parte del país.

Con pocos días de espera y el permiso del presidente electo, si así lo quiere, los encariñados con las ideas malsanas que el sandinismo predica, podrán tratar con él. Mientras tanto, es deber del gobernante la consecuencia y la lealtad con el Gobierno de Estados Unidos y con sus propias convencidas ideas.
Con toda habilidad, el documento de penosa redacción declaraba enemigos de los Estados Unidos a quienes negociaran con Sandino e informaba a los invasores que el nuevo Presidente estaba dispuesto a hacerlo. De todas maneras, fue ésta la última bala gastada por Moncada contra su antiguo subordinado Sandino, que por elevación trataba de alcanzar a su sucesor Sacasa. Porque el 23 de noviembre de 1932, y previa autorización del presidente electo, de su hermano Federico (padre de la esposa de Somoza) y de Julián Irías, don Sofonías Salvatierra puso el primer escalón que conduciría al asesinato del héroe: le envió una carta donde concretamente le decía:
(...) Siguiendo ese alto y firme propósito, promovimos un movimiento de inteligencia recíproca de los partidos, que ha dado por resultado la conclusión de varios convenios encaminados a la convivencia de tales partidos en las funciones del Estado: Representación de las minorías, reforma constitucional, pacificación. Todo lo cual tiende de una manera franca a reasumir de modo efectivo el ejercicio pleno de la soberanía. Siguiendo los partidos en ese camino de buena voluntad, las Directivas liberal y conservadora han aceptado el envío de una comisión conjunta a conferenciar con el general Sandino, propuesta por el Grupo. Esta comisión de los partidos está ya nombrada y el Grupo por su parte, e independientemente de los partidos, ha nombrado un


representante para ir a donde ti, y esa mí a quien ha tenido a bien confiar esa representación.

La presente tiene por principal objeto saber si tú estás en buena disposición de conferenciar con los comisionados de los partidos y con el representante del Grupo en términos decorosos para ti y sobre bases eminentemente patrióticas, así como saber cuándo y dónde deberán verificarse tales conferencias pacifistas.

No omito manifestarte que para escribir esta carta he hablado antes con los altos directores del partido liberal, y que también estoy al habla con prominentes conservadores interesados en este asunto. Como seguridad de que todo este negocio patriótico se está llevando hacia nuestra independencia definitiva, te diré que habiéndole preguntado yo a los dirigentes liberales que si los partidos actúan libremente al negociar la paz con Sandino 1 me contestaron inmediatamente: Con absoluta libertad. Por manera, que si tomamos en cuenta la ida total del yanqui, en enero entrante, esa contestación que me dieron los directores liberales y su manifiesto buen deseo de entenderse contigo, así como también las rotundas declaraciones de la prensa conservadora en contra de la intervención, todo indica que en los diferentes sectores de la política de los partidos se verifica una evidente reacción contra la vieja política intervencionista, y que Nicaragua se incorpora erguida hacia la patria libre; todo indica que la bandera azul y blanca que tú has enarbolado tan alto, vivirá de hoy en más enclavada en el corazón de cada nicaragüense, y que la mano que hoy te tienden los partidos y los ciudadanos independientes en ademán de paz gloriosa por la libertad de la patria, pone de manifiesto que al retirarse la intervención de nuestro suelo se está haciendo un recuento en todos los sectores de la nacionalidad, y las miradas se dirigen hacia ti con los brazos abiertos del hermano.

Quiero aprovechar esta oportunidad para hablarte de la familia. Toda la de Niquinohomo está bien. Don Gregorio está afectado del corazón, goza de buena salud debido a que es metódico y se cuida mucho. La Josefita Rivas estuvo hace pocos días aquí en Managua, y nos informó del bienestar general de allá. Dile a Sócrates que Ameriquita está canosa de pensar en ustedes. Mucho se van a alegrar ellos cuando sepan que yo les he escrito y lean esta carta.
1 El subrayado no es nuestro.


Esta carta la envío a don Esteban Albir, del Ocotal, para que él te la remita, ya sea por medio de don Alfonso Irías, de don José Idiáquez o de don Ramón Raudales. Me quedo esperando tu contestación, lo mismo que los demás amigos, lo más pronto posible, rogándote que al indicar el lugar y fecha de la conferencia, me señales los medios de llegar allí, y en un paraje que preste facilidades y seguridades recíprocas. Envío un atento saludo a doña Blanca, un abrazo a Sócrates y para ti el cariño sincero e invariable de tu affmo, deudo y amigo, Sofonías Salvatierra.

Entretanto se esperaba la respuesta de Sandino, asumía Sacasa la presidencia el 1º de enero de 1933. Las tropas norteamericanas habían comenzado a abandonar Nicaragua en el mes de diciembre de 1932.

Pero no había transcurrido una quincena del mes de enero, cuando ya era sorprendida y desbaratada la primera intentona subversiva de la Guardia Nacional. Como prueba de la confianza que en él depositaba y la importancia de las gestiones que había iniciado ante Sandino, Sacasa había nombrado a Salvatierra ministro de Agricultura.

Sandino recibió la carta en la segunda quincena de diciembre y la contestó el día 24; fiado del clima de benevolencia que a través de la carta suponía existente, Sandino envió a su esposa encinta hacia San Rafael del Norte, a efectos de que diera allí a luz; pero el capitán Policarpo Gutiérrez, comandante de la Guardia en esa localidad, la hizo prisionera, no sin que antes pudiera doña Blanca telegrafiar al presidente Sacasa. Este ordenó que se la pusiera en libertad y se le dieran garantías; pero Gutiérrez no lo acató. Su respuesta fue: "Yo no tengo que ver con órdenes del Presidente; él manda en Managua y la Guardia manda aquí". 2 Esto, que parece ser parte de una comedia, era cierto, y no sólo en pequeña escala. Como iban a demostrarlo luego los acontecimientos, la Guardia Nacional, al mando del mimado del ministro norteamericano y de su esposa, era en realidad quien gobernaba en Nicaragua.

Ignorante de ello, el héroe contesta a Salvatierra el 24 de diciembre:

Aprovecho esta feliz oportunidad para, en unión del Grupo Patriótico, de quien me habla, enviarles nuestras más altas

2 Salvatierra, Sofonías. Sandino o La tragedia de un pueblo, Imp. Europa, Madrid, 1934, pág. 104. De esta obra provienen la mayor parte de los documentos que se transcriben sobre las gestiones de paz.


felicitaciones por sus labores en provecho de la restauración de nuestra independencia nacional, causa única por la que combate y combatirá el ejército que me honro en comandar.

No tenemos inconveniente en aceptar la Comisión conjunta de los interesados en la pacificación de Nicaragua, siempre que traigan la Delegación Oficial del Gobierno que desea legalizarse como gobernante de la República. Otra clase de comisión que no venga investida de poderes oficiales, no aceptamos. El doctor Sacasa deberá aprovechar la oportunidad que se le presenta de un entendimiento con nuestro ejército, para no seguir en condiciones de pelele, ya que en otro caso quedará para juguete de los chiquillos. Nos asiste autoridad sobre el doctor Sacasa, porque nos abandonó en momentos álgidos de nuestra historia nacional. En lo particular merece nuestro aprecio el mencionado doctor, pero como a hombre público, es de nuestro deber señalarle su pasado.

Ahora bien, partiendo de la posibilidad de un entendimiento patriótico, hemos designado nuestros delegados a los señores don Salvador Calderón Ramírez, doctor Escolástico Lara, doctor Pedro José Zepeda y el general Horacio Portocarrero, a quienes hoy mismo enviamos un llamamiento patriótico, y le rogamos a usted hacerles llegar los que adjuntamos a la presente. Igualmente ruégole escribirles en lo personal indicándoles lo que crea conveniente. De paso le manifiesto que si el doctor Sacasa resuelve tratar oficialmente este asunto, los gastos que nuestros delegados ocasionen durante el entendimiento, deberá costearlos nuestro Tesoro Nacional, porque ni yo ni ellos contamos con recursos.

Sinceramente agradecidos estamos por sus noticias de Niquinohomo. Mi esposa, Sócrates y yo, enviamos para su distinguida familia y usted nuestro fraternal abrazo. Patria y Libertad. Augusto César Sandino.
En la credencial que autoriza a iniciar gestiones de paz con representantes, Sandino deja expresa constancia de que las mismas deben celebrarse "si el Gobierno de Sacasa es libre y no trae compromisos públicos ni privados con los Estados Unidos de Norte América". Es sintomático su recto sentido de la soberanía, que no trepida en advertir al Presidente de la República sobre sus reservas en el supuesto de considerarle un pelele, y aun en recriminarle el abandono de sus deberes en momentos en que la patria más necesitaba de su cumplimiento.

A Sacasa no le enojó la carta de Sandino; sabía que detrás


de su insolencia el amargo reproche no escondía más que la verdad. Por eso contestó negando la existencia de pactos públicos o secretos con los Estados Unidos, y afirmando que a esa fecha, 8 de enero, no existía en toda Nicaragua un solo soldado de la intervención "ni siquiera guardando la Legación".

El 10 de enero, Salvatierra obtiene de los espectables Juan


  1. Gutiérrez, Buitrago Díaz, Rosendo Arguello, Alberto Reyes y Federico Lacayo una declaración con destino al libertador, coincidente con las declaraciones suyas. Merece señalarse el párrafo de la nota donde sostienen que "en cuanto a la cuestión económico-financiera, dígase Banco, ferrocarril y Recaudación de Aduanas, no creemos que impliquen un obstáculo para la paz, porque al amparo de ella y del nuevo espíritu que se ha infiltrado en el alma de la República, será fácil trabajar por que desaparezcan, con la seguridad de alcanzar el éxito más completo".

El día 12, en compañía del padre del héroe, don Gregorio, su esposa doña América y del general Alberto Reyes, se puso en marcha Salvatierra hacia San Rafael del Norte, adonde llegó al día siguiente, hallando ya en libertad a la esposa del héroe.

Desde allí solicitó a Sandino una entrevista, que éste le acordó el día 17 mediante la siguiente nota:


La presente le servirá de pasaporte ante nuestras caballerías de descubierta y columnas expedicionarias que pudieran encontrarles en el camino. El viaje lo harán acompañados de los hermanos Castelblanco, de quienes le dará informes Blanquita. Como seguramente la comitiva la compondrán varias personas, podrán ser interrumpidos por algunas de nuestras fuerzas expedicionarias que estuvieren entrando a estos campamentos, y que por haber estado alejados de esta zona, no tengan conocimiento de la presencia de ustedes. En esa virtud, se servirá traer una bandera blanca, porque serían inmediatamente identificados por cualquiera de nuestras fuerzas, ya que con anterioridad tienen instrucciones de respetar. Los hermanos Castelblanco les traerán hasta el lugar en que me encuentro, que aproximadamente dista un día de camino.

Considero el más alto deber de todo buen ciudadano nicaragüense procurar la paz de Nicaragua, pero la paz que dignifica y no la del esclavo... Patria y Libertad. Augusto César Sandino.
El 19 de enero parten los emisarios de paz hacia el

campamento de Sandino. Arriban a él tras trece horas de continua marcha. Describe así sus primeras impresiones don Sofonías:


Las primeras palabras de Sandino me indicaron que en la conversación debía ir con tiento, como quien va a través de una cosa difícil y desconocida. Acostumbrado a mandar en forma absoluta y sin contradicción en siete años de guerra, y tal vez, también, por su natural carácter dominador, no toleraba objeciones ni gustaba de rectificar; pero en los claros de su temperamento franco y muchas veces rudo, con rudeza militar, dejaba entrever una luminosidad de ideal que se hacía llamarada a pesar del cuartel y la montaña inculta. Desde entonces comprendí que la manera de entenderme con él era, no la de argumentarle de frente, sino en forma paralela a su razonamiento. La misma cantidad de ideal con que él matizaba sus palabras me daban la oportunidad de producir mis argumentos, aprovechando la ley de unidad porque se rigen las ideas, como todo. De esta manera, yo no chocaba con él, que era lo peligroso con Sandino. Y era tanto más aconsejado este procedimiento, si sabemos que Sandino dejaba ver muy pronto en su psicología una predisposición a ceder cuando se le trataba con benevolencia y consideración...

(...) La gente de Sandino hablaba y cantaba desde madrugada. Y repetía sin cesar el "¡Viva el general Sandino. Viva el ejército defensor de la soberanía nacional. Mueran los perros traidores. Abajo los yanquis!". Este viva, completó, sin faltar una palabra y con la misma entonación, lo decían frecuentemente y por cualquier motivo o circunstancia. Pude darme cuenta de la situación de aquel ejército. No tenía vestidos, estaba casi desnudo, no tenía frazadas, tan necesarias para defenderse de aquellos fríos húmedos del norte nicaragüense, no tenía medicinas y llovía constantemente.

¿Cómo vivía esa gente y con qué gusto podía estar en esa situación? Y así había estado durante tantos años, y sin embargo se mostraba resuelta a seguir estando así.
Salvatierra retorna el 23 a San Rafael del Norte, con una propuesta conocida como el Protocolo de Paz. Es importante conocer el texto del documento:
El suscrito, general y jefe supremo del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua, formula el siguiente


Protocolo de Paz, al cual deberán ajustarse nuestros delegados al firmar la paz definitiva:

    1. Conocer a fondo el programa político que desarrollará el doctor Sacasa durante los cuatro años de su administración; convencerse de que prescindirá absolutamente de la intromisión extraña en las finanzas de Nicaragua y la determinación que tenga respecto a la llamada Guardia Nacional; asimismo, saber si el doctor Sacasa tiene pactos de alguna clase suscritos con los interventores norteamericanos.

    2. Que por iniciativa del Ejecutivo, el Congreso Nacional de Nicaragua decrete la creación de un nuevo departamento en tierras baldías nacionales comprendidas entre la zona de El Chipote y la Costa Atlántica nicaragüense, con el nombre de Luz y Verdad, y con los límites territoriales siguientes: partiendo de la jurisdicción de Cifuentes, pasa por el Cerro de Capiro, sigue sobre el caño de San Pablo, pasa por Los Encinos, pasa por Murra, pasa por El Chipote, pasa por Santa Cruz de Jinotega, pasa por Bocaycito, pasa por Quisilí, pasa por Saslay, pasa por el cerro de Asa, pasa por el cerro de Cola Blanca, pasa por Sandybé, llega al mar v sigue a Carastasca, trepa sobre el río Patuca y concluye en el punto de salida, Cifuentes. Téngase presente que la creación de este nuevo departamento en ninguna forma implica prebenda para nuestro ejército y mucho menos para el suscrito, y que el objeto que se persigue es el engrandecimiento general de la Patria.

    3. Que por iniciativa del Ejecutivo, el Congreso Nacional de Nicaragua decrete el mantenimiento íntegro en el nuevo departamento Luz y Verdad de los elementos bélicos que el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua ha usado durante la guerra dignificadora de nuestro honor nacional, y que todas las autoridades civiles y militares del referido departamento sean nombradas dentro de los miembros que han integrado nuestro ejército. Los elementos bélicos que con sangre de patriotas hemos percibido, queremos que permanezcan en uso del gobierno departamental de Luz y Verdad para la mejor garantía del orden en nuestra República, y porque en esa región permanecerá el suscrito, en donde estaremos listos de repeler cualquier agresión que quisiera hacérsele al Gobierno constituido de Nicaragua.

    4. Que por iniciativa del Ejecutivo, el Congreso Nacional de Nicaragua decrete extraer de los archivos nacionales e incendiar todos los documentos en que se califique de bandolerismo la actitud patriótica de nuestro ejército, y solamente declarar legal


la actitud que asumió el suscrito y su ejército el 4 de mayo de 1927, cuando el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, con orgullo imponente, amenazó a los ejércitos nicaragüenses desarmarlos por la fuerza si no se sometían a su despótico capricho. Este punto que trata de extraer de los archivos nacionales e incinerar los documentos que nos calumnian, y lo de que el Congreso declare que es legal la actitud del suscrito es cuestión de dignidad nacional, ya que por esa actitud Nicaragua, erguida, sigue siendo República libre, soberana e independiente.

    1. En el convenio definitivo de paz debe dejarse constancia que el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua pide la revisión de los tratados Bryan-Chamorro, por ser notorio que fueron celebrados por un Gobierno nicaragüense impuesto por la intervención norteamericana. Además, el Ejército Defensor de la Soberanía nacional de Nicaragua exige que la ruta canalera por Nicaragua y la parte posible de construir una base naval en el golfo de Fonseca sea declarado de la nacionalidad indohispana; para ese efecto deberá reunirse un Congreso con representantes de las veintiuna repúblicas de nuestra América racial y de los Estados Unidos de Norteamérica, en la ciudad capital de la República Argentina, lo mismo que para decretar la no intervención en los negocios internos de ninguna de las repúblicas indohispánicas, respetándose su soberanía e independencia y promover un acercamiento más fraternal que nos solidarice en el común vivir libre de los pueblos de este Continente.

Se concertó una tregua a partir del día 23 de enero, con una duración de quince días, lapso durante el cual se entablarían conversaciones para un armisticio final entre los representantes del Gobierno y los de Sandino.

Pero la Guardia Nacional violó la tregua, fiel a la consigna de no demostrar demasiado acatamiento al Presidente; no eran los únicos en seguir prefiriendo la lucha: una parte del Congreso, la mayor parte del Gabinete, la mayor parte de la prensa, las clases pudientes de Jinotega y Matagalpa ("En estas dos poblaciones era tal el deseo de la guerra en la gente rica — comenta Salvatierra— que se llegó hasta descender al odio mortal contra mí, porque quería hacer la paz sin sangre") y, sobre todo, la Guardia, heredera mental y física del odio contra Sandino cuidadosamente imbuido por los invasores, trataron de muy diversas maneras que no se llegara al acuerdo de

pacificación definitiva.

Con el pretexto de componer las líneas telegráficas, salieron destacamentos de Jinotega para atacar al general Adán Gómez, dueño de las alturas de Zaraguasca, punto situado a media legua de la línea telegráfica más cercana. El combate librado ocasionó pérdidas para ambos bandos, y tuvo la virtud de poner de manifiesto una vez más quién era en realidad el que poseía las riendas de Nicaragua. Junto con el combate se dieron a conocer noticias en el sentido de que se procedía a fusilar a sandinistas con el pretexto de que eran bandoleros: un fusilado en Jinotega y cinco en Yalí demostraban de qué manera expeditiva se superponía la Guardia a los jueces, suponiendo que los fusilados fueran en realidad bandidos, cosa que, naturalmente, no eran.

La intervención de Sacasa para hacer cumplir la tregua convenida, apenas si logró obtener el siguiente telegrama: "Coronel J. Rigoberto Reyes, Jefe del Área del Centro, Jinotega. El general Sandino por medio de su esposa doña Blanca ha aceptado el armisticio a contar de las doce meridianas del 23 del corriente, el cual también nosotros hemos aceptado; pero en vista del avance efectuado por sus tropas se le ha dicho al general Sandino que sus fuerzas no deben interceptar la comunicación entre poblaciones, ni cortar las líneas telegráficas, y que debe retirarlas de los lugares que constituyen peligros de choque, como Zaraguasca. Si no las desocupa, avíseme. A. Somoza, Jefe Director."

Naturalmente, no condujo a nada, y seguían recibiéndose noticias de choques. Ante esta situación, Salvatierra entrevista nuevamente a Sacasa y le solicita una declaración franca de sus intenciones pacifistas; éste se las renueva, lo que decide al ministro de Agricultura a viajar nuevamente a Las Segovias. Toma el avión "Tomochic" que piloteaba Julio Zincer, admirador de Sandino; aterriza el 29 en Jinotega y emprende un nuevo viaje a caballo hacia el cuartel de Sandino, con quien conversa el día 31. Dejan la conversación inconclusa hasta el día siguiente. El 1º de febrero de 1933 y sin que nada previo hubiera hecho sospechar de su resolución, Sandino comunica a Salvatierra y a sus compañeros de armas su voluntad de viajar a Managua para entrevistar personalmente a Sacasa. 3

3 La versión de Salvatierra es la siguiente: "Muy temprano de la otra mañana, primero de febrero, estábamos en pie, y oímos que una señora, de las dueñas de la quinta, dijo: ¿Y qué le habrá pasado al general que casi no ha dormido toda la noche? Pocos momentos después salió Sandino de su aposento, y dijo, paseándose,

El enviado gubernista apoya entusiasmado la idea, y despacha correos informando la novedad. Este telegrama fue destinado al presidente Sacasa:


El general Sandino ha pensado definitivamente que antes de estar en pláticas distintas, ir con nosotros a Managua a conferenciar directamente con usted. Quiere no hablar mucho, y arreglar la paz de Nicaragua en estos primeros cinco días de febrero, sin más prórroga. El avión vendrá mañana 2, en la mañana, y nos iremos inmediatamente. Ruego a usted dar órdenes terminantes a la Guardia Nacional, de no estar presente en el campo de aterrizaje y de que su actitud sea de plena garantía, porque todos vamos garantizando la vida del general Sandino y su regreso a este campamento general. Es conveniente mantener todo en absoluta reserva y que en silencio llegue un auto a llevamos directamente del campo de aterrizaje a la Casa Presidencial. Respetuosamente, Sofonías Salvatierra.
como tenía de costumbre: 'He amanecido romántico-trágico; pienso que la paz debemos de hacerla en estos cinco días, o me mato; y la manera de hacerla es que yo vaya a entenderme directamente con el Dr. Sacasa'... Yo comprendía que aquella noticia sería de gran sensación en la Casa Presidencial, porque si las garantías ofrecidas no se cumplían, la cosa se agravaba para la política del Presidente y para la paz nacional. Todos estos temores tenían su origen en la desconfianza inquietante que se abrigaba de que los de la Guardia no fueran leales a las órdenes de la Comandancia general. Esa noche entera no se durmió en la Casa del Gobierno en Managua"... (op. cit., pág. 173/174).

Una versión coincidente la de Belausteguigoitía (Op. cit., pág. 38): "Todos los partidarios de Sandino —me dice el general Portocarrero— sobre todo el Dr. Zepeda y yo, hemos creído que, habiéndose retirado los norteamericanos, no había razón ninguna para continuar la lucha. Estábamos en el campamento —añade— discutiendo las bases posibles para la paz, cuando al día siguiente el general Sandino viene hacia mí y me dice: "Hoy me he levantado romántico y trágico. Voy a Managua a hacer la paz, y si no la hago, mi vida ha terminado". —No haga usted eso —le dije, adivinando lo que trataba de hacer en caso de malograrse la tentativa—. Su vida no le pertenece. —No; es algo ya bien pensado —respondió Sandino.

—Ya sabe usted que el general tiene una terquedad invencible. Aquel mismo día llamó a sus jefes, es decir reunió a sus tropas del destacamento y les explicó su proyecto. Iba a Managua a ver él mismo al Presidente, y si no lograba su objeto, no viviría un momento más; no era él hombre para estar en una cárcel, como les dijo. Le diré a usted —continúa Portocarrero—, que estábamos como abrumados. Los jefes superiores rodeaban al caudillo, tratando de convencerlo, y asomaban las lágrimas a los ojos de todos. Pero Sandino era inexorable. Fuimos a Jinotega, y ya sabe usted lo demás."

Tanto el Presidente como sus hermanos, Federico y Crisanto, contestaron al intermediario dando seguridades y garantías de que la persona del libertador sería respetada. Este, antes de la partida, hizo formar a su tropa y le dirigió este discurso:


Hermanos: hemos luchado porque nuestra patria quede libre de extranjeros interventores. El yankee se ha ido, pero, artero, piensa que pronto volverá bajo la esperanza de que nosotros seguiremos en la lucha. Y se equivoca. Pienso que la paz debe hacerse en estos cinco días, y para hacerla he creído que lo mejor es que yo vaya a entenderme directamente con el doctor Sacasa. Dejo en mi lugar por los días que esté ausente al general Lara, leonés, como el doctor Sacasa. Si el doctor Sacasa, en vez de oírnos, dispone dejarme preso, yo me mataré, y si no lo hago, cada uno de ustedes queda autorizado para escupirme la cara por traidor. 4
El avión arribó el día 2 de febrero a Managua. La nueva circula por la capital; la Casa de Gobierno se llena de ciudadanos deseosos tanto de conocer a Sandino como de enterarse de la solución que se dará al pleito. Cuando quedan solos el héroe y el Presidente, convienen las bases generales de la paz. Esa misma noche, a las once y cincuenta minutos, se firmaba el convenio, cuyo texto era el siguiente:
Salvador Calderón Ramírez, Pedro José Zepeda, Horacio Portocarrero y Escolástico Lara, representantes del general Augusto César Sandino, y David Stadhagen y Crisanto Sacasa, representantes respectivamente de los partidos Conservador y Liberal Nacionalista, convencidos plenamente de la suprema necesidad de la paz de la República, han convenido en el siguiente concierto armonioso, que tiene como cimiento el sincero amor que les inspira el porvenir de Nicaragua y los altos sentimientos de honor a los cuales rinden homenaje los firmantes.
4 “Había entre Sandino y los jefes que le acompañaban una liga muy estrecha; así se explica que le hubieran seguido en aquel estado de privaciones inenarrables. Esta liga debía tener tales caracteres, desde luego, que en el campo contrario no esperaban sino la muerte, y tenían de ello una profunda convicción, hija de las más dolorosas experiencias. La intimidad de esta unión se hizo más evidente cuando Sandino llamó a todos sus generales a un cuarto separado y al rato vimos salir a cada uno de ellos enjugándose las lágrimas. Aquellos rudos hombres, que no temblaban ante nada, lloraban por el viaje inesperado y peligroso del caudillo" (Salvatierra, Sofonías, Op. Cit., pág. 180).

Los representantes del general Augusto César Sandino declaran, ante todo, que la cruzada en que han estado empeñados él y su ejército ha propendido a la libertad de la Patria; y de consiguiente, en el momento actual, desean consignar en nombre de su representado, su absoluto desinterés personal y su irrevocable resolución de no exigir ni aceptar nada que pudiera menoscabar los móviles y motivos de su conducta pública. Quiere él asentar como principio o base inamovible, que ningún lucro o ventaja material aspira a conseguir.



En vista de las precedentes manifestaciones de elevado desinterés, los representantes de los partidos Conservador y Liberal Nacionalista rinden homenaje a la noble y patriótica actitud del referido general Sandino.

2º El general Augusto César Sandino, por medio de sus delegados, y los representantes de ambos partidos declaran: que en virtud de la desocupación del territorio patrio por las fuerzas extrañas, se abre indudablemente una era de renovación fundamental en nuestra existencia pública; que este suceso es de vital trascendencia en nuestros destinos nacionales; y que, disciplinados por una doloroso experiencia consideran como imperativo deber fortalecer el sentimiento colectivo de autonomía que con unánime entusiasmo conmueve a los nicaragüenses. A fin de acrecentar tan nobilísima tendencia, los que suscriben el presente pacto convienen en señalar como punto capital de sus respectivos programas políticos el respeto a la Constitución y leyes fundamentales de la República y en mantener por todos los medios racionales, adecuados y jurídicos el resplandecimiento en toda su plenitud de la soberanía política y económica de Nicaragua.

3º Los delegados del general Sandino y de los partidos reconocen la conveniencia de cimentar prácticamente la paz en el territorio de la República, mediante la dedicación fructífera al trabajo de los hombres que militan al mando del general Augusto César Sandino y asimismo mediante el abandono gradual de sus armas. Para conseguir de manera segura la normalización de la vida de esos hombres en las actividades del trabajo al amparo de las leyes y de las autoridades constituidas, se adoptarán las siguientes medidas:

  1. El Ejecutivo presentará al Congreso Nacional la iniciativa de amnistía amplia por delitos políticos y comunes conexos cometidos en el período que se comprende del 4 de mayo de 1927 hasta la fecha de hoy y de la cual gozarán todos los individuos del ejército del general Sandino que dentro de quince


días de la promulgación de tal decreto depusieren las armas, e igualmente todos los que con autorización del propio general Sandino prometieren deponerlas dentro de tres meses, incluyéndose en los beneficios de la amnistía a cien personas del mencionado ejército, que podrán conservar sus armas temporalmente para el resguardo de la zona del terreno baldío en que tendrán derecho a afincarse y laborar todos los que hubieren pertenecido a dicho ejército.

  1. Para representar a la autoridad administrativa y militar del Gobierno de la República en los departamentos del Septentrión, comprendiendo especialmente la zona destinada a labores de los individuos del ejército del general Sandino y también para recibir paulatinamente las armas de éstos, el Ejecutivo nombrará como delegado suyo a don Sofonías Salvatierra, a quien le entregará el general Sandino, dentro de veinte días de esta fecha, no menos del veinticinco por ciento de las armas de cualquier clase que tenga su ejército.

  2. La zona de terreno baldío destinada para las labores y a que se refiere el inciso a) de este acuerdo, habrá de localizarse con suficiente amplitud en la cuenca del río Coco o Segovia, o en la región en que convinieren el Gobierno y el general Sandino; debiendo quedar esa zona distante no menos de diez leguas de las poblaciones en que actualmente hay régimen municipal.

  3. Los jefes del resguardo de cien hombres armados que se permitirá conservar, serán nombrados por el Gobierno como auxiliares de emergencia, escogiéndolos de acuerdo con el general Sandino entre los miembros capacitados del ejército de éste; pero si después de un año de la promulgación del decreto de amnistía fuese conveniente, a juicio del Gobierno, mantener el antedicho resguardo de cien hombres armados o de menor número, el nombramiento de los respectivos jefes será al arbitrio del Presidente de la República.

  4. El Gobierno mantendrá en toda la República y especialmente en los departamentos del Norte, por el término mínimo de un año, trabajos de obras públicas en los cuales dará colocación preferente a los individuos del ejército del general Sandino que lo solicitaren y se sometieren al régimen ordinario establecido en estos trabajos.

4º Por el mismo hecho de suscribirse este convenio cesará toda forma de hostilidades entre las fuerzas de una y otra parte, o sea del Gobierno constitucional que preside el doctor Juan B. Sacasa y las del general Augusto César Sandino, para la


inmediata mayor garantía de las vidas y propiedades de los nicaragüenses; y una vez que se firme en definitiva el presente pacto, por la aprobación del general Sandino y la aceptación del Presidente de la República, quedará toda la gente del general Sandino bajo el amparo de las autoridades constituidas, y en consecuencia obligada a cooperar en la conservación del orden público.

Para facilitar el desarme de parte de las fuerzas del general Sandino y dar abrigo provisional a éstos, se designa la población de San Rafael del Norte, encargándose al mismo general Sandino el mantenimiento del orden durante el tiempo que el Gobierno juzgue conveniente.



En fe de lo pactado se firman dos tantos de igual tenor en la ciudad de Managua, el día dos de febrero de mil novecientos treinta y tres.
Ante el delirante entusiasmo de los presentes, que se abrazaban vivando según sus preferencias a los representantes de los bandos, los corresponsales nacionales y extranjeros fotografiaron el histórico abrazo de reconciliación. No sólo Sacasa abrazó a Sandino; también lo hizo el Jefe-Director de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza, frente a la máquina fotográfica que debía perpetuar el abrazo de Judas.

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