Henri barbusse



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XIII


EL ASESINO Y SU FESTÍN


Anastasio Somoza, el genial dictador que ahora encadena la libertad del pueblo para su propio bien, goza de la amistad de Washington. La doctrina del Buen Vecino nunca fue mejor expresada que cuando Somoza fue espontáneamente ovacionado en su visita a Washington en 1939. Lo esperó en la Union Station el mismo presidente Roosevelt y varios miembros del gabinete hicieron acto de presencia. Se disparó el número reglamentario de tiros de cañón, la banda militar ejecutó música ligera y en la calle estaban alineados miles de empleados públicos a quienes se había otorgado tres horas libres para que expresaran su sincera y espontánea bienvenida. Y la felicidad de Somoza no tuvo límites cuando el Export Import Bank le instó a que aceptara

2.500.000 dólares. 1

HUBERT HERRING


¿Quién era Somoza? ¿Cómo logró ascender por la escala que conducía al mando y meterse en el bolsillo a sus virtuales competidores, los militares de carrera, los abogados de las empresas importadoras y exportadoras —sempiternos candidatos a las presidencias centroamericanas—, a los agregados de la embajada en Washington —siempre favoritos del poder oficial— y sobre todo a Díaz y a Chamorro, los de ninguna manera cesores de buen grado de cualquier canonjía?

Ya nos hemos referido a una de las probables causas: su influencia con el embajador Hanna a través de Mrs. Hanna, que le valió la jefatura de la Guardia Nacional. Otra, no menos


1 Herring, Hubert, Nuestros buenos vecinos (Good Neighbors), página 328, Edil. Ayacucho, Buenos Aires, 1943.

importante, era la de haber sido el secretario particular del ex presidente Moncada. Porque antes de que Mr. Hanna hubiera llegado al país ya Somoza se había hecho notar por su identidad con el gestor de la traición de Tipitapa, lo que incluso puede explicar el sentimiento de odio personal que profesaba a Sandino, revelado en los hechos que culminaron en la alevosa masacre. Otro dato, en fin, es el de que estaba casado con la sobrina del presidente Sacasa, cosa que, por supuesto, no le impidió desfenestrarlo cuando llegó la oportunidad.

El abuelo de Somoza, Bernabé, era una figura folklórica nicaragüense. Su apodo de Siete Pañuelos, alusión a los que necesitaba para limpiar la sangre de sus manos, hablaba de un pasado poco aristocrático, que tuvo su epílogo en una horca de la ciudad de Rivas. Pero su padre no tenía antecedente alguno de bandido. Dueño de una modesta plantación de café, le rendía lo suficiente como para enviar a sus hijos a educarse convenientemente. Entre ellos, Anastasio, que había nacido en 1895, había dejado truncos sus estudios primarios, por cuyo motivo fue enviado a Estados Unidos para estudiar comercio. Estuvo en el Pierce Comercial College, de Filadelfia, del cual por lo menos pudo obtener un pintoresco inglés —inglés divertido de taxi driver, según Krehm—, puesto que tampoco esos estudios se completaron. Empleado como vendedor de automóviles, alternaba la tarea con la afición a los naipes y a las juergas. Se casó con Salvadora Debayle, que fue la puerta para entroncar su apellido con el de una de las familias tradicionales del país, que junto con las de Sacasa y Sevilla constituyen el clan posesionado de los puestos-claves del país.

Su padre lo dotó con un pequeño negocio de almacén en su pueblo natal de San Marcos, que la impostergable afición a los naipes llevó a la bancarrota. Se empleó entonces como funcionario de la Rockefeller Foundation; después se dedicó a instalar alumbrado eléctrico en León; luego se desempeñó como revisor de medidores eléctricos. En 1921, junto con su viejo amigo Camilo González —el luego jefe de su Estado Mayor y como tal autor del artículo reconociéndose culpable de la muerte de Sandino— fue sorprendido falsificando monedas de oro. Gracias a la intercesión de la familia Debayle, libróse de un proceso que hubiera tenido para su futuro consecuencias imprevisibles. 2



2 William Krehm acota que su trabajo consistía en ir "averiguando si los ciudadanos habían puesto kerosina en los excusados para evitar los mosquitos. Sus amigos lo apodaron 'El Mariscal, porque la linterna de bolsillo que usaba parecía un

Cuando se produjo la revolución chamorrista de 1926, Somoza trató con algunos amigos suyos de sacar partido apoderándose de su pueblo, San Marcos. Recibió en el trajín una memorable paliza, que le valió para designarse con un grado militar del que se sirvió para ascender desde el modesto grado de francotirador o francoapaleado hasta el de general, por una de esas ascensiones meteóricas que suelen darse en nuestra América.

El siguiente paso fue su actuación como intérprete en la conferencia que condujo a la Paz de Tipitapa. Así, el casual y aparentemente nada productivo viaje a los Estados Unidos comenzaba a rendir dividendos: al igual que a Adolfo Díaz, su elemental conocimiento del inglés le valió la entrada ante los personeros del Departamento de Estado —en este caso el coronel Stimson— tanto como ante el gestor de la paz impuesta bajo el espino negro, que desconocía otro idioma que no fuera el suyo. Gracias a su intermediación, Somoza estuvo al tanto, desde el primer momento, de la traición que gestaba el ministro de Guerra de Sacasa, con vistas al premio de la presidencia de la República.
bastón de mariscal".

El dato sobre la falsificación de moneda lo proporcionó en 1939 a la revista Hoy, de México, nada menos que Emiliano Chamorro, quien tendría muchos motivos para conocer al cliente de que hablaba, y muchos más para envidiarle. La curiosa trayectoria de este Chamorro tuvo una sorprendente derivación, cuando el

30 de diciembre de 1938 envió al presidente Roosevelt el siguiente telegrama, donde el mea culpa no logra disfrazar los motivos que encubre:

"Seguro interpretar sentimientos mayoría pueblo nicaragüense, y apoyándome resultado positivo Congreso de Lima mejor entendimiento naciones América, diríjome Su Excelencia para exponerle: Política Buen Vecino, iniciada tan buen suceso su gobierno y ampliamente ratificada últimas Conferencias Panamericanas, reclama hechos concretos faciliten su justa interpretación. Soberanía Nicaragua sufre con el Tratado negativo Bryan-Chamorro de 1914, pacto circunstancias internacionales especiales sin garantía construcción canal, obstaculizando progreso integral Nicaragua y afectando derechos otros países centroamericanos que no fueron consultados. Efectiva participación pueblo nicaragüense proyectos solidaridad defensa continental, requiere ajústese relaciones Estados Unidos Nicaragua base Derecho Internacional Americano. Tratado Bryan-Chamorro mantiene recelos pueblos hispanoamericanos acerca sinceridad política Buen Vecino. En consecuencia hago presente Su Excelencia, como firmante Tratado, necesidad su abrogación o revisión, sin que ello implique menoscabo intereses defensa continental, en consonancia con nuevos principios panamericanos de afirmación democrática y respeto soberanía naciones débiles. Al finalizar 1938 hago votos por ventura personal Vuestra Excelencia, deseando fortalecimiento democracia americana. Emiliano Chamorro." (Citado por Vicente Sáenz en Rompiendo Cadenas, op. cit., pág. 194).


Cuando Moncada fue premiado en efecto con esa canonjía, obsequió a su vez a Somoza con el cargo de subsecretario de Relaciones Exteriores. Fue en ese carácter que dio cuenta a la cancillería de Guatemala de la muerte del general Girón Ruano, que había abandonado la carrera militar en su patria para unirse a Sandino, y que fue fusilado por la Guardia Nacional con los pies y manos atados con cadenas, en presencia de las tropas norteamericanas.

De allí pasó, gracias a su "carrera militar" a ocupar el cargo de jefe de la Guardia Nacional, organismo reemplazante de la Constabulary de origen yanqui, y que por sus características y misión recordaba a la organización militar india bajo comando inglés (cuyos integrantes respondían al nombre de cipayos, del persa cipalú, y tenían la misma misión de resguardar los intereses de los invasores contra sus propios hermanos) aunque con características norteamericanas. Las páginas anteriores han rendido cuenta de su actividad al frente del ejército cipayo, que culminó con el asesinato de Sandino y de su gente. Este hecho le dio pretexto para añadir un galardón más a la serie de habilidades de que se preciaba: el de escritor. Al efecto, se atribuye la paternidad del libro El verdadero Sandino, cuyo lenguaje y estilo denuncia a su jefe de Estado Mayor y antiguo falsificador de moneda, Camilo González; en ese libro se pretende revelar aspectos desconocidos de la personalidad de Sandino, y explicar y justificar la necesidad del crimen cometido contra él. Seguramente allí debe de haberse informado el turista John Günther —ya que lo menciona— cuando sostiene que Sandino "saqueó gran parte del país y eludió la captura durante muchos años". 3

Faltaba completar el último eslabón: la presidencia. Con un mandatario irresoluto como su tío político, poco había de costar a Somoza olvidar los dos juramentos de fidelidad prestados ante él y ante el cuerpo diplomático. Este último, con menos memoria que el interesado principal, se prestó gustoso a intervenir cuando "Tacho" hizo rebelar a la Guardia Nacional en Managua y León, en mayo de 1936, haciendo nombrar presidente interino a Carlos Brenes Jarquín, quien le preparó con toda comodidad el aparato electoral que iba a darle el


3 Gunther, John. El drama de América latina, pág. 134. Edit. Claridad, Buenos Aires, 1942.

mando a partir del 1º de enero de 1937. 4 Algún opositor sospechó en alta voz que Sacasa se había prestado a la maniobra, para demostrar que era impotente ante su sobrino y que también lo había sido cuando lo de febrero de 1933. Lo cierto es que no hubo resistencia alguna a la rebelión y, claro está, tampoco la hubo a las ambiciones presidenciales de Somoza: la oposición se expatrió mediante la gentil invitación de la Guardia y, ante el asombro del embajador norteamericano, "atónito ante tan concluyente demostración de popularidad democrática", "Tacho" obtuvo 117.000 votos contra los 1.096 dé Leonardo Argüello.

Krehm, el bien informado corresponsal de Time, relata que cuando estuvo en Managua en 1944 y decidió averiguar por sí mismo la veracidad de las denuncias sobre los negociados de Somoza, no necesitó recurrir a los políticos opositores: le bastó entrevistar a comerciantes, "en el término estricto de la palabra", para comprobar que el Presidente era dueño de la mayor parte de los principales negocios de Nicaragua. Pasando por alto los tragicómicos detalles que da en su libro o los que figuran en el de Germán Arciniegas, Entre la libertad y el miedo, pueden resumirse así las "ocupaciones democráticas" de don "Tacho": la venta particular de ganado a Panamá; la venta

4 "Cuando estaban ya cerca las siguientes elecciones presidenciales el general Anastasio Somoza anunció que presentaría su candidatura por el Partido Liberal. En enero de 1936 Sacasa le aconsejó que desistiera de su propósito. Por dos razones no sería elegible constitucionalmente para la presidencia: en el primer lugar porque era sobrino de Sacasa, quien estaría rigiendo los destinos del país en el tiempo de las elecciones y el segundo, porque era comandante de la Guardia Nacional. Rodolfo Espinosa, el vicepresidente, declaró que si Somoza persistía en su propósito, él le impediría que lo realizase. Pero Somoza seguía en sus trece. Contaba con el apoyo de la Guardia Nacional, del ex presidente Moncada y de los Camisas Azules, partido fascista recientemente organizado.

"Viendo la terquedad de su sobrino, Sacasa persuadió a los liberales de su partido a que se unieran con los conservadores acaudillados por el ex presidente Emiliano Chamorro (¿se explica ahora el lector la carta que éste remitió a Roosevelt y su revelación sobre la falsificación de moneda?) formaran un nuevo partido y proclamaran candidato presidencial al liberal Leonardo Argüello, ministro de Relaciones Exteriores. Este nuevo partido se había apenas organizado, cuando a fines de mayo Somoza inició una revuelta armada. Para evitar la guerra civil Sacasa dimitió el 6 de junio y el Congreso designó un presidente provisional. Con la dimisión de Sacasa desapareció uno de los obstáculos constitucionales que se oponían a la elección de su sobrino. El 15 de junio la convención de los liberales proclamó oficialmente la candidatura de Somoza, que fue aceptada también por algunos conservadores. Para hacer desaparecer el segundo obstáculo constitucional, Somoza renunció a su cargo de comandante de la Guardia Nacional, si bien no lo hizo hasta un mes antes de la fecha de las elecciones del 8 de diciembre." (Moore, David, Historia de la América latina [History of Latín America], págs. 714-715. Edit. Poseidón, Buenos Aires, 1945].


clandestina de ganado a Costa Rica; el monopolio de la distribución de sebo; la planta pasterizadora La Salud, en Managua; la propiedad de la mina de oro San Albino; una entrada extra de 175.000 dólares anuales, provenientes de la "contribución adicional" del 2,25% de las compañías mineras norteamericanas; propiedad de 51 ranchos de ganado; propiedad de 46 fincas cafetaleras; propiedad de la gran hacienda Montelimar; propiedad del 50% de las acciones de la fábrica de cemento de Nicaragua; propiedad del 41% de las acciones de la fábrica de algodón del magnate salvadoreño Gadal María; propiedad del 50% de las acciones de la Compañía Nacional de Fósforos Momotombo, cuya venta se asegura mediante la prohibición de importar encendedores; propiedad del diario Novedades; propiedad de la mayor parte de los aserraderos del país; propiedad de los edificios que albergan las legaciones en México y Costa Rica; propiedad de las plantas de energía eléctrica de Chinandega, Tipitapa, Jinotega, Estelí y La Libertad; propiedad del campo Las Mercedes, lindero con el aeropuerto de Managua, etc., etc.

Claro está que la mención es un pálido reflejo de los cuantiosos intereses que posee Somoza, sobre todo en el extranjero, donde ha puesto a buen recaudo una cifra varias veces millonada de dólares, para tiempos adversos. Los nicaragüenses han numerado los intereses de su presidente desde la a hasta la zeta, y han utilizado la equis para indicar el interrogante existente acerca de los negocios que funcionan a cubierto de nombres extraídos de su numerosa y bien acomodada parentela.

Así, el tráfico ilegal del ganado a Costa Rica se efectúa bajo la vista gorda de la Guardia Nacional, estando su trámite comercial a cargo de Víctor Wolf, amigo del ex presidente costarricense Calderón Guardia. 5 La venta de 5.000 cabezas de ganado a Panamá, en 1943, reportó a Somoza —no a Nicaragua— una ganancia neta de 20 dólares por cabeza; una ganancia análoga obtuvo con el Perú. La misma Guardia


5 "(...) Wolf lo engorda en su hacienda en Chomes, cerca de Puntarenas. Estas exportaciones no existen según las estadísticas de Nicaragua, pero aparecen en los registros costarricenses. El reporte estadístico de Costa Rica del año 1943 presenta importaciones de ganado de Nicaragua, en 1942, por 8.562 cabezas. Mas en el Libro Anual de Nicaragua apenas figura una exportación total (no sólo a Costa Rica, sitio también a Panamá y Perú), de 1.567. Los ocho o nueve millares de cabezas que entraron a Costa Rica procedentes de Nicaragua pero que no salieron de Nicaragua a Costa Rica, son uno de tantos milagros del régimen de Somoza." (Krehm, William, op. cit., pág. 164).

Nacional comentaba las habilidades de su jefe con estos versos: "Todo lo que posee cuernos en Nicaragua, tiene cuatro patas y hace mú, es del Jefe Tacho Somoza..., así no lo quieras tú".

El lector se preguntará cómo es posible que a la vera de los Estados Unidos y durante la presidencia del gran demócrata Roosevelt haya sido posible el brote de este tipo de aventureros políticos, que, para desgracia de nuestra América, no se dan solamente en Nicaragua. ¡Cómo era posible que el pueblo que fue capaz de crear a un Sandino pudiera someterse al dócil yugo de un tiranuelo cuya única dote era su obsecuencia servil, ligada a una inescrupulosidad a toda prueba!

La Buena Vecindad se convirtió en trampa para cazar incautos. Bastó que cualquier aspirante al mando rezara la palinodia democrática y en nombre de ella derribara al gobierno legalmente constituido (pero con tendencia a independizarse económicamente del yugo de los inversionistas norteamericanos), o mostrara preferencias por los inversionistas ingleses, alemanes o japoneses, para que se apoyara desde la Casa Blanca el golpe, se le reconociera de inmediato en nombre del principio de no intervención (el mismo que determinó la muerte de España) y se invitara cordial y oficialmente a Washington al nuevo tirano.

En el caso de Somoza, la intervención norteamericana le había servido para encumbrarse. La no intervención, curiosamente, iba a servirle para perpetuarse. Ya nos hemos referido a la resolución de la Conferencia Panamericana reunida en Montevideo en 1933, con la presencia de Roosevelt y Cordell Hull, que proscribió la intervención de cualquier nación —fuese o no americana— en los asuntos de cualquier país americano. A la luz de los acontecimientos posteriores, esa doctrina demostró ser la salvaguardia de otro tipo de intervenciones, muy poco diferentes a aquellas que imponían la contundencia militar para imponerse.

Somoza no fue el primero ni fue la excepción. Recibido con todos los honores por Roosevelt, ganó su buena voluntad con la promesa de respetar la voluntad democrática del pueblo, y, lógicamente, las inversiones y posiciones yanquis en su país. El asesino de Sandino gozó del favor del presidente que había justificado la heroica gesta del Viriato nicaragüense. Para no ser menos, Somoza no trepidó en hacer pública esta declaración, que en la historia recibe un nombre perfectamente establecido: "Pienso permanecer en la presidencia no menos de cuarenta años. Pero si los Estados Unidos me hicieran la menor




insinuación de abandonarla, lo haría inmediatamente, pidiendo solamente garantías completas para mi persona." 6

No en vano Günther le llama el político más inteligente que hay entre Río Grande y el Canal de Panamá. El mismo relata que cuando las elecciones norteamericanas de 1940, tan contento quedó del nuevo triunfo de Roosevelt, que decretó feriado nacional por dos días. Claro está que tan democrático mandatario, que gusta de llamar boy al ministro norteamericano, no puede menos que defender su popularidad de las efusiones del público; es así como, según lo relata Günther, "ha hecho montar ametralladoras frente a su palacio, y viaja en un coche a prueba de balas precedido por un vagón repleto de guardias armados". Los detalles jocosos que los turistas norteamericanos como Günther y aun los menos inteligentes que él, disfrutan como característica de "sabor local" resultarían muy divertidos si al propio tiempo no mostraran la cara trágica escondida detrás de todo ese explotado pintoresquismo. Cuando Arciniegas pone énfasis en esa descripción y la acompaña ocasionalmente de comentarios "sociológicos" para uso de bachilleres norteamericanos, no hace más que revelar la influencia de quienes se interesan más por la anécdota que por la historia; por la farsa que por el drama; por la visión del ojo de la cerradura de las alcobas, que por la del hombre de letras que compromete su opinión y sus ideas en la defensa de una causa.

El mismo Günther, tan afecto a los lugares comunes y al análisis superficial de los problemas de los pueblos, no puede sin embargo sustraerse a la evidencia de los hechos cuando, luego de sus elogios al "demócrata" Somoza señala que "un peón es afortunado si gana quince centavos de dólar por día"; que "un agente de policía obtiene alrededor de tres dólares por mes, y un buen cocinero alrededor de cuatro dólares. De acuerdo con estos ejemplos, el sueldo de Somoza es el de un Gargantúa, pues se aproxima a cien mil dólares por año". 7

6 Krehm, William, op. cit., Págs. 172, 318

7 Günther, John, op. cit., pág. 135. En la página 136 informa: "En lo económico, así como también en lo político, Nicaragua depende íntimamente de Estados Unidos. El recaudador general de la Aduana es un norteamericano, Irving Lindbergh, y también lo es el general Mullins, director de la Academia Militar, de la que Somoza está muy orgulloso. Estados Unidos absorbe un 95% de las exportaciones nicaragüenses (principalmente bananas, productos tropicales, caoba y oro), y suministra el 85% de las importaciones de este país. El Banco de Importación y Exportación recientemente prestó a dicho Estado 2 millones de

El sistema represivo policiaco está a la altura de los mejores maestros en la materia. Desde la época en que Somoza asesinó a Sandino necesitó enfrentar a la creciente oposición del PTN, de la masa estudiantil y de los conservadores o liberales disgustados con su egoísmo. La adopción de los métodos en que Hitler, Mussolini y Franco —sus buenos amigos no obstante su amistad con Roosevelt— hicieron famosas sus cárceles, le valió otro galardón más a sus ya incontables: el de tener la policía más perfecta de Centroamérica (Ubico, el de Guatemala, sostenía que Somoza era un vanidoso exagerado, pues la mejor era la de él). La era de las persecuciones sin tasa ni medida comenzó cuando en 1937 fue incendiado en el paraninfo de la Universidad de León un retrato en seda de Somoza, obsequio especial de Hirohito, en coincidencia con la conmemoración del cuarto aniversario de la muerte de Sandino: Octavio A. Caldera y varios estudiantes y obreros más fueron apresados y sometidos a tremendas torturas, al final de las cuales fueron a dar con sus huesos en Corn Island (Isla del Maíz), desde entonces lugar de relegación de los militantes obreros y campesinos opositores al régimen.

Luego de su visita a Roosevelt, cuyo resultado visible fue el empréstito del Eximbank y la concertación de un nuevo pacto para la construcción de obras de reemplazo del canal de Nicaragua, conocidas con el nombre de Carretera a Rama, 8 Somoza se sintió reconfortado y seguro. Se jactaba de que su peregrinación había hecho sombra a la de cualquiera de los restantes presidentes centroamericanos. Sobre la base del nuevo convenio se dedicó a adquirir tierras a lo largo de la probable ruta. Pero la moneda nicaragüense, el córdoba, estaba tan desvitalizada, que su revalorización era impostergable. También esto fue un motivo para que Somoza hincara el diente. La consecuencia inmediata fue el crecimiento del ya eficiente mercado negro y la consiguiente mayor depauperización del pueblo, cuya oposición creció en la misma proporción. 9

dólares, para la construcción de una carretera desde Managua a la costa oriental, que contribuirá a propulsar su lento desarrollo interno. La enseñanza del inglés en las escuelas locales es obligatoria."


8 Sobre el negociado que significó esta obra, véase Selser, Gregorio, "Canales y diplomacia", en Diplomacia, garrote y dólares en América latina, págs. 199-220. Editorial Palestra, Buenos Aires, 1962.
9 "Pero la jugarreta con el cambio de moneda extranjera, rebasa todos los límites. Cuando la marina estuvo en Nicaragua, era brutal imperialismo y todo lo demás; pero los bluejackets ayudaron a conservar el córdoba en paridad con el

Las "democráticas" elecciones de 1936 habían asegurado a Somoza el poder hasta 1941. Pero la iniciación de la Segunda Guerra Mundial le creó problemas político-sociales que debían ser encarados desde un ángulo de mira distinto. Se estaba saliendo de la depresión económica, y un signo favorable eran los buenos precios que alcanzaban en el mercado el oro y el café. Pero ambos estaban monopolizados: el metal, por las compañías norteamericanas controladas por la familia Fletcher, y el vegetal, por los consorcios cafetaleros de los cuales la mayor parte respondían a intereses directos del tirano. El resentimiento popular tuvo oportunidad de manifestarse al regreso de los deportados de Corn Island: la zona del Pacífico comenzó a registrar la formación de núcleos sindicales de alguna importancia, que se reunificaban en la Confederación de Trabajadores de Managua, no sujeta al oficialismo. Para 1940 contaba con ocho sindicatos afiliados y unos tres mil miembros representados, figurando entre ellos los de la Liga de

dólar, al gastar gran cantidad de dinero del Tío Sam. Hubo muchos discursos y alegría cuando se fueron; pero antes de que los nicaragüenses se dieran cuenta, el córdoba bajó. No sólo se habían ido los turistas de uniforme azul, sino que también los precios del café se desplomaron y las enfermedades pusieron fin a las exportaciones de banano. La inflación del presupuesto, además, tuvo su parte: en 1932 un temblor acható la capital y el gobierno lanzó una gran cantidad de moneda para pagar los daños ocurridos. Aunque oficialmente continuaba la paridad con el dólar, no era sino un cuento de hadas, pues los córdobas se ofrecían por veinticinco y a poco andar por diez centavos de dólar. En 1939 un economista chileno fue llevado a Nicaragua para revalorizar el córdoba. Se convirtió en moneda corriente respaldada por un fondo de estabilización, en dólares y oro, pero en vez de mantener la pretensión de paridad, fue de cinco por uno. "No obstante continuó el mercado negro de dólares y sigue existiendo hasta el día de hoy. Los amigos de Somoza compran los dólares para pagar sus importaciones en el Banco Nacional al cinco por uno, pero la mayoría de los comerciantes tiene que obtenerlos en el mercado negro por seis y fracción, y algunas veces por más de siete córdobas cada dólar. Al mismo tiempo se les obliga a entregar los créditos en dólares provenientes de sus exportaciones al valor de cinco por uno. Con este proceso los comerciantes sufren el castigo o multa de un 20% sobre todas sus transacciones con el mundo exterior.

"Lo milagroso de todo esto es que, según cifras oficiales, aparentemente no existen razones técnicas para que el córdoba se encuentre en esa situación. El 31 de marzo de 1945, el fondo de estabilización que apoya al córdoba aumento supuestamente a 33,8 millones de córdobas, o sea un 72% de la circulación entera del país. Se dice que el presupuesto está balanceado. El balance comercial fue muy favorable —15.412.444 dólares en exportación contra 10.279.951 en 1944— aparte de los envíos no registrados de ganado. Según todas las normas conocidas de economía, el córdoba debería estar firme. La clave del misterio parece encontrarse en las grandes cantidades de dinero que Somoza ha estado enviando al exterior para sus días negros. Casi todas sus propiedades están hipotecadas al Banco Nacional a nombre de figuras importantes, y el dinero se envía al extranjero. No quiere que lo sorprenda la muy anunciada y esperada revolución, con su bodega de bienes terrestres en Nicaragua." (Krehm, William, op. cit., pág. 169).


Campesinos, del Sindicato de la Madera de Bluefields y la Federación de Trabajadores de Managua.

Cuando este movimiento comenzó a proyectarse como amenaza electoral, Somoza convocó una Asamblea Constituyente adicta, la cual suprimió las elecciones municipales, reformó la Constitución prolongando el término presidencial de cuatro a seis años, y autorizó al dictador a seguir gobernando hasta 1947. Los líderes opositores fueron nuevamente encarcelados o deportados, ante la benévola muestra de buena vecindad del embajador James Bolton Stewart ("mi Steward", como se divertía en llamarlo "Tacho").

En 1940, un manifiesto de la central obrera conmemorando el sexto aniversario de la muerte de Sandino da lugar a una nueva represión de la Guardia Nacional, que apresa y confina durante siete meses a los principales líderes obreros; la redada se completa con motivo de la celebración del 1º de mayo, que costó la prisión a 55 dirigentes más. A raíz de esta persecución pasan a la clandestinidad las actividades sindicales, obreras y políticas, de las que salen a partir de 1943, con motivo de la acción de Enrique Espinosa Sotomayor, cuya tesis notarial se convierte en punto de partida de la creación del Partido Liberal Independiente, de tendencias socialistas.

Lo que más ilustra la importancia de Sandino es la historia subsiguiente a su muerte. Más concretamente, a la suerte que cupo a su patria, Nicaragua, regida desde entonces y salvo contados períodos por aquél que se declara su asesino, movido por razones "patrióticas".

Entre 1913 y 1929 las inversiones norteamericanas en Nicaragua habían aumentado de tres a veinticuatro millones de dólares. En el mismo período, el comercio con los Estados Unidos se había hecho cuatro veces mayor. La dependencia económica trajo su secuela política, de tal suerte que hasta el año 1945 Nicaragua había ratificado 26 de las 42 convenciones panamericanas, en tanto los Estados Unidos habían ratificado 27.

El presidente Sacasa declaró a Vicente Sáenz, el 6 de febrero de 1933, que la deuda de su país alcanzaba a 3.000.000 de dólares. Pero si tenemos en cuenta que el técnico enviado por el Departamento de Estado, Mr. Cumberland (conocido en Haití como agente de la Banca Boston), había calculado cuatro años antes que las necesidades de Nicaragua se elevaban a

12.000.000 de dólares, la mitad de los cuales debían destinarse


a la cancelación de las deudas pendientes, 10 y que en el intervalo transcurrido esa deuda había aumentado con motivo de los gastos de ocupación y el empréstito requerido para actividades militares, no sería desacertado sostener que el cálculo presidencial era equívoco o falso.

La catástrofe financiera ocurrida en Estados Unidos y la depresión económica que siguió a la misma conmovieron los cimientos sobre los que se apoyaba la endeble estructura de los países hispanoamericanos, entre ellos, Nicaragua, que no podía superar su condición monoproductora colonial. Su estructura agrícola apenas si permitía el florecimiento de una incipiente industria a la vera de las ciudades más importantes. Pero esa escasa industria había dado origen a un movimiento obrero a raíz de la Segunda Guerra Mundial, que siguió la pauta de nuestros países de dividirse en varios grupos antagónicos. De ellos, los más importantes eran los que respondían a la tendencia comunista, que en Centroamérica tuvo como máximo dirigente a Agustín Farabundo Martí; y el que, con el nombre de Obrerismo Organizado de Nicaragua se creó en 1924, de sentido cooperativista-sindical, de tono moderado.

Sofonías Salvatierra, el luego ministro de Agricultura y Trabajo, era su inspirador. Logró agrupar unos 1.200 obreros — cantidad respetable para la característica del país— divididos en unas 15 secciones y orientados por su órgano oficial, La Evolución Obrera. Salvatierra logró hacer sancionar en 1931 un código del trabajo sin mayores pretensiones, que aun así quedó sin efecto cuando, a raíz de la muerte de su amigo Sandino, optó por exiliarse en Sevilla. La organización, después de febrero de 1934, cayó en manos de Somoza, quien la convirtió en un organismo títere, frente al PTN (Partido de Trabajadores Nicaragüenses), que agrupaba a los opositores del dictador y que en el curso de su historia observó períodos de completa o semi clandestinidad.

El censo del 23 de mayo de ese mismo año registraba una población de 1.500.000 habitantes, de los cuales 257.878 mayores de diez años estaban dedicados a labores agrícolo-
10 Según La Nación, de Buenos Aires, del 20 de noviembre de 1928, la legación de Nicaragua en Washington había declarado el 24 del mismo año que la deuda de su país era de 6.089.000 dólares. Y según Mr. Cumberland, la deuda se descomponía de la siguiente manera: Empréstito de 1909, 3.297.000 dólares al 5%, garantizado con las Aduanas; mercaderías compradas a El Salvado sin garantías, 55.000 dólares; Empréstito norteamericano en mercaderías al 6%,

265.000 dólares, que vencía en 1933; bonos de la deuda pública interior al 5%,



      1. dólares; otras deudas sin especificación, 100.000 dólares.

ganaderas; a su vez, de esa cifra, 208.040 eran obreros asalariados y 49.838 propietarios o arrendatarios, la cantidad de tierra arable (surcada por dos lagos, más de treinta lagunas, noventa y cuatro ríos, setenta y ocho afluentes principales y más de seiscientos triques o quebradas que nacen en el invierno) es de 3.35O.OOO manzanas, de las cuales sólo 678.606 están cultivadas, en tanto más de 165.000 manzanas están convertidas en potreros para la cría de ganado.

El más somero análisis de la situación económica del país demuestra que: 1º) Como nación monocultural ha sido reducida a una situación de dependencia de los Estados Unidos, que se refleja en su subordinación política; 2º) Los importantes rubros de exportación, el oro y la plata, constituyen monopolio en poder de empresas norteamericanas; 3º) Que igualmente lo constituyen los rubros de no inferior importancia, el café, el cacao, y los productos forestales; 4º) Su situación de dependencia no le permite diversificar sus cultivos que la liberarían de importar, por ejemplo, maíz y trigo, que treinta años antes alcanzaban a satisfacer las necesidades internas; 5º) Esa situación la obliga a contratar periódicamente empréstitos, ya que su balanza comercial se presenta siempre desfavorable; 6º) Todo ello constituye una situación de vasallaje respecto de sus poderosos buenos vecinos del norte.

Al 31 de diciembre de 1940, según la Secretaría de Comercio de los Estados Unidos, las inversiones directas estadounidenses ascendían a 8.858.000 de dólares, de los cuales un 28% estaba invertido en la minería y el beneficio de minerales sin inversiones de cartera.

Para la obtención de la producción de oro, equivalente a siete u ocho millones de dólares anuales, 6.796 asalariados nicaragüenses percibían un salario medio de cinco córdobas (equivalentes a 65 centavos de dólar) por ocho horas de trabajo, efectuado en condiciones miserables. El Gobierno percibe un 3,5% sobre las utilidades, donde para nada entra la sobre-utilidad del 2,25% ("contribución adicional" la llaman) que graciosamente percibe Somoza. Son siete las principales compañías "civilizadoras" y "progresistas" mineras norteamericanas:


        1. Siuna, el centro minero más rico, explotado por La Luz Mines Limited, propiedad del consorcio Fletcher. Está regido por las leyes de la provincia de Ontario, Canadá. Sus terrenos están en el Departamento de Zelaya.


        1. Compañía Minera El Jabalí, ubicada en Santo Domingo de Chontales, a unos 125 kilómetros de Managua. Tiene plantas hidroeléctricas propias y aeropuertos privados, al igual que la anterior.

        2. Bonanza, centro minero explotado por la Neptune Gold Mining Co., constituida y explotada según las leyes del Estado de Delaware, USA, también cuenta con usinas hidroeléctricas propias y aeropuertos privados.

        3. Centro Minero San Ramón, explotado por la llamada Compañía de Minas de Matagalpa, subsidiaria de la Neptune Gold Mining Co.

        4. India Mines Limited, que explota el centro minero del mismo nombre, situado en Santa Rosa, departamento de León. Se rige por leyes norteamericanas.

        5. El Limón, centro minero del departamento de León, propiedad de la misma empresa que explota la India Mines Limited.

        6. Centro Minero San Gregorio, situado a escasa distancia de Santo Domingo de Chontales. La empresa que la adquirió obtuvo la concesión de una inmensa extensión de terreno fiscal dedicado a la agricultura, que fue así sustraído a su explotación por el pueblo de Nicaragua.

El bajo impuesto abonado por estas empresas, sin relación alguna con las fabulosas ganancias que obtienen merced a la mano de obra barata, es una de las razones que explican los presupuestos deficitarios del régimen. Somoza aprendió mucho de sus protectores, sobre todo la manera de quedarse legalmente con la propiedad ajena. A partir de 1936, mediante métodos persuasivos o pseudo-legales se apropió de gran cantidad de terrenos pertenecientes a pequeños o grandes latifundistas. 11



11 "En 1942, el Banco de Londres y Sudamérica puso en subasta la finca Alemania, perteneciente a Julio Bahlke, quien había escondido a Somoza en 1926 después de su derrota de San Marcos. A la hora anunciada el jefe del Estado Mayor de Somoza, coronel Camilo González, llegó con un séquito de ametralladoras para atemorizar a los competidores. Somoza compró la finca por 60.000 dólares, aproximadamente la décima parte de su valor." (Krehm, William, op. cit., pág. 166.) "Cuando el proyecto de desarrollo de campos aéreos (el gobierno de Estados Unidos y la Panamerican Airways) comenzó a plantear su nuevo campo de aterrizaje en Las Mercedes, cerca de Managua, Somoza se embarcó enérgicamente en la compra de tierras vecinas. Un ciudadano de apellido Murillo, lo suficientemente infortunado para tener una posición estratégica, fue molido a palos por la Guardia Nacional, y se le informó a través de su abogado que las palizas seguirían hasta que vendiese sus tierras. Como es natural, se las vendió a Somoza;

Un 40% de pequeños propietarios y parceleros se convirtieron en obreros agrícolas; regiones agrarias donde hasta 1936 residían unas doscientas familias fueron transformadas en fundos particulares de propiedad del dictador o de sus favoritos. Aprovechó, además, en su favor, la triste circunstancia de cuatro años continuos de sequía, para endeudar a los pequeños propietarios mediante la negativa de créditos por parte de los organismos oficiales; cuando los necesitados se vieron obligados a recurrir a los usureros o a las instituciones bancarias controladas por testaferros de Somoza, éstas no tenían luego inconveniente en ejecutarlos por vía judicial, quedándose con

sus tierras.

En 1946, 749 propietarios eran dueños de 879 cafetales, que contenían un total de 33.121.500 cafetos en Nicaragua. En su producción, en tiempos de corte, 20.000 personas trabajaban en condiciones subhumanas, no obstante el alza operada en los precios del café, que subió de 6 centavos oro, en 1940, a 14 centavos oro en 1945 y a 26 centavos oro en 1946.

En cuanto al azúcar, existen en el país veintidós ingenios que en tiempos de zafra emplean a unos 10.000 trabajadores; si bien la producción alcanzaría para cubrir las necesidades del mercado interno, las estadísticas registran un permanente infraconsumo, debido a que el producto se exporta refinado a los Estados Unidos o a los vecinos países centroamericanos. En 1943 la producción se elevaba a 274.500 toneladas, reportando al monopolio exportador la suma de 208.650 dólares. En 1944, la suma se elevaba a los 407.729 dólares.

La riqueza forestal está en manos de dos empresas norteamericanas, la Long Leaff Pines Co. y la Cukra Development Co., cuyos balances no son públicos, no obstante lo cual declaran separadamente ganancias anuales de un millón doscientos mil dólares, de los cuales un 4,5% ingresa a las arcas fiscales y un 2,5% a las arcas presidenciales. Existen 35 calidades diferentes de madera exportable, desde el pino hasta el cedro y la caoba; un ramo paralelo de explotación, que comprende productos agrícolas de uso alimenticio o industrial, reporta no menores beneficios. Tales artículos son:


y éste pasó la propiedad a los norteamericanos con una fuerte ganancia de buen vecino." (Krehm, William, op. cit., pág. 166).

"En el año 1944... Somoza era el orgulloso poseedor de 51 ranchos de ganado y 46 fincas cefetaleras, siendo hasta ahora el más grande productor de café. Algunas de estas propiedades las consiguió con maniobras astutas ('mi padre me enseñó que es mejor comprarles a los herederos')." (Krehm, William, op. cit., pág. 166).


Acaba, achote, agave, ajo, ajonjolí, algodón, bambú, cacao, maní, cabuye, canelo, caña de azúcar, caña blanca, caña castilla, caña fístula, cebolla, cera vegetal, coco, coyol, espabel, higuerilla, hule, jícaro, mangle, pensa, ocote, quina, 12 níspero, raicilla, tabaco, yuca y otras más, amén de 36 variedades de frutas, 25 variedades de verduras y hortalizas y 16 clases de productos forrajeros.

Estados Unidos importa de Nicaragua los siguientes rubros: oro, plata, tierra mineral, café, hulle, 13 maderas, ajonjolí, raíz de ipecacuana, bananos, maíz, goma-níspero, bálsamo, cocos, cueros, pieles y sus manufacturas, y quesos.

Las importaciones se rigen, por lógica, de acuerdo con las fluctuantes necesidades norteamericanas, lo que determina una permanente inestabilidad presupuestaria, fenómeno que de ninguna manera es exclusivo de Nicaragua. La Conferencia Económica de Río de Janeiro de 1954 demostró que la política económica de los Estados Unidos castiga con su ortodoxia imperialista a la mayor parte de los países de nuestra América, imposibilitados de sacudirse el dogal que los retiene en su servidumbre y atraso.

Para en buena parte demostrarlo, fue que se escribió el libro Nosotros, los de las Américas. Su autor, Carlos Dávila, ex presidente de la Organización de los Estados Americanos en reemplazo de Alberto Lleras Camargo, no puede ser considerado precisamente un comunista. Sin embargo, todas sus conclusiones arriban a la comprobación de que Estados Unidos relega metódica y conscientemente a una situación de dependencia colonial a nuestros países, por razones
12 (...) Somoza... recibe 20 dólares por 1.000 pies de caoba y otras maderas preciosas embarcadas en la costa del Atlántico... El cuñado de Somoza, coronel Luis Manuel Debayle, cuando fue ministro de Sanidad, manejaba el monopolio de quinina del gobierno, con buenos propósitos: se la mezclaba generosamente con harina, y se vendía a precios exorbitantes en un país consumido por el paludismo.' (Krehm, William, Op. Cit., pág. 167).
13 "Después de Pearl Harbor, cuando Nicaragua florecía como importante fuente de caucho, Somoza organizó el asunto y tomó su buena participación. Dividió el territorio cauchero entre un grupo de favoritos. Estos, con fondos que adelantaba el Banco Nacional, comenzaron a comprar el caucho de los cosecheros por 60 córdobas y lo revendían á los Estados Unidos por 139. Pero hacia fines de 1942 la Rubber Reserve Corporation lo amonestó y envió a sus propios hombres a la región cauchera, para comprarles directamente a los productores. Somoza, olfateando que Washington tenía un interés vital en ese producto, no persistió en sus tentativas de 'organizar' la industria.' " (Krehm, William, op. cit., págs. 167- 168.)

exclusivamente imperialistas. 14 Su política de fijación de precios se puso a prueba con ocasión de la última guerra.

En el caso específico de Nicaragua, las razones estratégicas y el clausurado mercado productor oriental determinaron al Departamento de Estado a promover el cultivo del caucho en el país, al punto que en 1944 el índice de su producción era el mayor entre las naciones americanas, alcanzando un valor de

1.078.096. Pero en 1945, la terminación de la guerra redujo el interés por su explotación, lo cual, unido a que los precios eran


14 Al efecto, es interesante consignar textualmente el capítulo "Cuando el caucho cayó y no rebotó" (págs. 52 y siguientes) del libro, que en pequeña escala fotografía todo el drama de la dependencia colonial de nuestros pueblos:

"En 1912 llegó a su máximum la producción de caucho en el Brasil, con un total de 45.000 toneladas, y al año siguiente la producción asiática sobrepasó por primera vez a la iberoamericana. Al comenzar la década de 1920 la América latina sólo contribuía con 19.000 toneladas al consumo mundial de 567.000 toneladas. En 1938, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, la América latina había cedido al Asia el 98% de un mercado mundial que entonces consumía 895.000 toneladas. Fue así como en 1934 el 98% de los productores de caucho estuvieron en situación de organizarse como cártel cerrado, e imponer el precio a los compradores del mundo.

"Los Estados Unidos compraban entonces dos terceras partes de ese caucho y pagaban por él 275.000.000 de dólares por año. Los consumidores americanos pagaban altos precios por artículos de caucho, y la América latina, productora de aquella materia prima, compraba caras llantas norteamericanas fabricadas de material asiático. La guerra vino entonces a cortar la línea vital de suministros por el Pacífico, y los Estados Unidos se quedaron sin un material que encabezaba la lista de productos estratégicos del ejército.

"Lo que ocurrió entonces pertenece ya a la historia: dirigida y financiada por los Estados Unidos, se emprendió la carrera para restablecer la producción en el Brasil, México, Haití, Colombia, Ecuador, Venezuela. Honduras, Nicaragua, Panamá, Guatemala y Costa Rica costara lo que costara; y se improvisó en los Estados Unidos una industria de caucho sintético por valor de 750.000.000 de dólares. Como consecuencia de todo esto la producción de caucho en la América latina subió de 15.000 toneladas antes de la guerra a 32.164 en 1945. Hoy día está otra vez disminuyendo rápidamente.

"El consumo americano de caucho llegará este año al nivel sin precedentes de

1.000.000 de toneladas. La industria nacional de caucho sintético y el productor natural de la América latina podrían satisfacer esta demanda pero no es eso lo que va a ocurrir. Por el contrario, los Estados Unidos están restableciendo los viejos convenios del cártel, de acuerdo con los cuales el siempre favorito Extremo Oriente recibirá la tajada del león del mercado americano, a un precio más alto que el costo de producción de la industria sintética norteamericana. Con esto se agregan

30.000.000 de dólares anuales a la cuenta de cobro que han de pagar los consumidores americanos por sus llantas: prima espléndida para los sagaces productores y negociantes euroasiáticos.

"En octubre de 1947 el edificio del caucho latinoamericano se derrumbó pesadamente, casi arrastrando en su caída a la industria del caucho sintético norteamericano; los Estados Unidos convinieron en Ginebra en ceder más de dos terceras partes del mercado americano al caucho de "plantación" producido por los euroasiáticos en Extremo Oriente, dejando el resto de ese mercado para que lo abastezcan conjuntamente el caucho sintético y el natural de Norte y Sur América,


fijados por el Departamento de Estado, hizo bajar el valor de la producción a 846.836 dólares. Hubo más: como la victoria de las Naciones Unidas permitía a los Estados Unidos disponer de su fuente tradicional de caucho, el Departamento de Estado convino con Nicaragua en que ésta suprimiría la explotación de los árboles del caucho, para evitar la competencia. El corolario fue que a fines de 1945 y 1946 el corte de árboles de hule se realizó de tal manera, que se imposibilitó premeditada y alevosamente la producción de grandes bosques de ese cultivo.

La guerra no produjo sólo esa muestra de "bien" entendido comercio internacional. Para Nicaragua —como para todos nuestros países—, el valor de los artículos de primera necesidad sufrió un alza considerable, que en nueve años, a partir de 1937, señalaba un incremento del 400% en la harina de trigo; 700% en el maíz; 600% en el arroz; frijoles, 1.000%; papas, 300%; carne, 600%; leche, 800%, y huevos, 800%. Correlativamente, las estadísticas acusaban el alza inmoderada de los otros rubros vitales para los trabajadores, según los siguientes datos: vestuario, 145,55%; habitación, 132,82%; combustible y luz, 184,67%; artículos varios, 155,38%. Los datos últimos, correspondientes al período 1940—1948, se complementan con la información de que en el mismo lapso, los sueldos y salarios permanecieron estacionarios.

Dichos sueldos eran: sobre una semana de 48 horas de trabajo, un obrero carpintero, albañil o armador, 48 córdobas; peón o ayudante, 21 córdobas. En la industria textil, sección tejeduría, el salario medio de hombres o mujeres por jornada de


respectivamente.

"Este acuerdo antipanamericano de posguerra pasó casi inadvertido. Sólo fue censurado en la Cámara de los Comunes, donde se le tachó de no ser todavía 'satisfactorio' para la economía imperial británica. El pacto entró en vigor inmediatamente; en realidad, ya se había puesto en práctica desde antes, pese a la trágica experiencia de Pearl Harbor. Durante el año de 1947 las compras norteamericanas de caucho asiático dejaron a la Gran Bretaña 200 millones de dólares, lo mismo que en la época anterior a la guerra, pero los Estados Unidos quedaron en mayor peligro aun que antes de la Segunda Guerra Mundial de perder sus fuentes de abastecimiento.

"El Asia Sudoriental revolucionaria de hoy día es mucho menos digna de confianza que lo era en 1914, pero los Estados Unidos continuaron comprando caucho a la Malasia que sigue ardiendo sin esperanza, a razón de 500.000 toneladas anuales según el promedio de los primeros cinco meses de 1948. He aquí la triste historia de cuarenta años; el consumo anual de caucho aumentó de 50.000 toneladas a 1.000.000, y el aporte latinoamericano a ese consumo disminuyó de ciento por ciento a casi cero... gracias al monopolio euroasiático que impone los precios a los Estados Unidos, los más grandes consumidores mundiales, situados en el continente de donde es originario el caucho." (Dávila, Carlos. Nosotros, los de las Américas. Edit. del Pacífico, Santiago de Chile, 1950).

ocho horas es de 5 córdobas; en los hilados, 9 córdobas; percibiendo peones o ayudantes, 4 córdobas. En las fábricas de calzado de primera categoría, el montador de zapatos percibe 39 córdobas semanales; en las de segunda, 36. En las fábricas de licores el sueldo medio no pasa de los 40 córdobas semanales. En la fábrica de cerveza, los obreros calificados perciben 36 córdobas semanales; los electricistas y mecánicos, 48; los jefes de salas de máquinas, 87; y los peones, carretoneros y ayudantes, hasta un máximo de 32 córdobas semanales. En las minas, el jornal medio era de 6 córdobas por

8 horas en los túneles; 4 el de los ayudantes, y 22 y 14 córdobas, respectivamente, el de los contratistas, y jefes y obreros altamente calificados. En los ingenios, el trabajador de la zafra percibía 8 córdobas por jornada de ocho horas; los cortadores de caña, 3 y 4 córdobas. Los jornaleros agrícolas o ganaderos, un salario que en ningún caso era mayor de 3 córdobas.

No obstante la moderada inflación, que comenzó su nueva curva ascendente a partir de 1947, los sueldos y salarios permanecieron fijos. Cuando los obreros se resistieron a trabajar, invocando el artículo 77 del Código de Trabajo sancionado por el mismo Somoza, que estatuía el salario mínimo, el dictador reprimió por la fuerza las protestas de los gremios mineros. El simple cotejo de los salarios y del costo de la vida permite conocer con cuánta justicia el pueblo de Nicaragua protestaba por la situación económica, de la que sólo aprovechan Somoza, sus parientes y sus amigos. 15

Correlativamente, las colocaciones y depósitos bancarios registraban nuevos aportes, que confirmaban la tendencia alcista del período 1941-1945. La situación colonial de Nicaragua registraba como un termómetro la incidencia de la guerra sobre la economía norteamericana. Así, en tanto en 1944 los fondos disponibles bancarios sumaban 14.600.000 a fines del año de terminación de la guerra, 1945, acusaban un descenso de 4.000.000. Los excedentes del presupuesto permitieron que para ese año la deuda a Gran Bretaña, estimada en dos millones de dólares en 1940, quedara reducida

15 "Las escaseces de la guerra fueron para Somoza lo que para Al Capone la prohibición. Clavos, llantas, machetes, se vendían a través de sus agentes y amigos en cualquier parte, con recargo de 200 a 600%. El escándalo llegó a proporciones tales, que se vio obligado a entregar el control de precios al subadministrador norteamericano de impuestos, mayor T. G. Downing." (Krehm, William, op. cit., pág. 168).

a 387.840 libras esterlinas, cuyo pago era urgido insistentemente por los inspectores aduaneros norteamericanos. Los ingresos del Ferrocarril del Pacífico proporcionaron al Estado 5.5OO.OOO dólares en 1945, contra los 800.000 dólares de 1935, como consecuencia del aumento de carga y transporte de pasajeros, que en tiempos normales permitía la ocupación de unos 2.980 obreros.

El Departamento de Investigaciones Económicas de la Unión Panamericana asevera que el total anual de la renta de Nicaragua aumentó durante el período 1928-1944, de

25.000.000 a 61.375.000 dólares, o sea un 145%. En el mismo lapso, la estimación anual de la renta nacional individual se elevó a 61 dólares, o sea un ascenso de más del 50%. Los Estados Unidos, durante el período de Roosevelt no retacearon a Somoza su apoyo económico condicionado al juego político en vigor.

Por eso, no fue ninguna sorpresa que el amigo de Hitler, Hirohito, Franco y Mussolini reformara nuevamente la Constitución para incluir en ella la Carta del Atlántico; máxime cuando, aprovechándose de la reforma, tratara de incluir una cláusula mediante la cual la no reelección, principio constitucional, quedaría en suspenso en caso de guerra. Pero la Carta del Atlántico fue para él un arma de dos filos, tal como sucedió con Hernández Martínez en El Salvador y con Ubico en Guatemala: el arsenal propagandístico desatado por Estados Unidos contra el Eje tenía entrada libre y difusión recomendada en toda América latina. El sentido dado a esa propaganda asestaba indirectamente rudos golpes al principio sobre el cual asentaban su poder los dictadores, quienes, sin embargo, no podían frenarla sin ponerse en abierta evidencia o sin correr el peligro de ser considerados enemigos de las Naciones Unidas.

Así pudo darse en Nicaragua el curioso caso de una dictadura sanguinaria que se llenaba la boca de consignas utralibertarias, a tal punto que su misma prédica originó conatos revolucionarios, prestamente sofocados. Cuando Carlos Pasos, antiguo amigo de Somoza y luego su oponente, preparaba un discurso para la Convención Liberal de León, donde iba a hacer pública la lista detallada y completa de los negocios del Presidente, éste se apresuró a notificarle con un amigo: "Yo sé que tiene un discurso preparado para la Convención. Si insiste en pronunciarlo, no olvide de llegar armado. No soy un sujeto al cual se puede derrocar con discursos." Para asegurarse de cualquier manera, lo detuvo. Luego ocurrieron las noticias de los


triunfantes movimientos revolucionarios en El Salvador y Guatemala. A su conjuro, los estudiantes se apoderaron de la Universidad y las buenas damas de la capital —que nunca habían tenido un solo gesto de rebeldía— resuelven desfilar como demostración de su desapego al dictador. Este responde poniendo en prisión a aquéllos y haciendo desfilar "en desagravio" a las mujeres públicas de Managua. Después de esto la Carta del Atlántico fue cuidadosamente archivada y la Guardia Nacional pudo volver a seguir siendo fiel a sí misma. 16

El temor a sufrir la misma suerte que los dictadores vecinos caídos, indujo al dictador a vetar la cláusula mediante la cual iba a ser reelecto, y a ofrecer toda clase de garantías y prebendas a los opositores. Cuando éstos rechazaron sus propuestas, Somoza tentó a los sectores más revolucionarios, que veían amargados cómo la resistencia a la dictadura era capitalizada por elementos del tipo de Emiliano Chamorro o Carlos Pasos; tampoco la izquierda aceptó los dones, contestando con los famosos movimientos callejeros de junio y julio de ese año, que si no produjeron la caída de Somoza por lo menos obtuvieron que éste hiciera pública renuncia de toda intención de ser
16 El periodista Krehm llegó justamente a Managua cuando se producían esos hechos, que costaron la prisión y el destierro a cientos de opositores. En su estilo vivaz relata:

"En un resplandeciente automóvil que llevaba chapas oficiales, llegó Nicolasa Sevilla, dueña de uno de los más elegantes prostíbulos de Managua. Blandiendo un cuchillo, maltrató a las esposas e hijas de las familias más distinguidas y les gritó obscenidades. Su elocuencia fue respaldada por enjambres de rameras que chillaban a más no poder, empujaban e insultaban a las manifestantes. Las fuerzas 'leales' conquistaron el día por sorpresa. Después Somoza recibió a 'la Nicolasa' en el palacio presidencial, y dio las gracias a 'su buena amiga' en un lenguaje sumamente expresivo, digno de su gremio. Más aun, 'la Nicolasa' se convirtió en un pilar del régimen, y hasta llegó a invadir con sus tropas la Asamblea, para abofetear a diputados de la oposición. Algunos meses después la causa se vio privada de sus servicios, cuando fue herida en una camorra de burdel y confinada a la cama, esta vez no profesionalmente." (Op. cit., pág. 176).

El periodista entrevistó luego a Somoza por cuenta de Time. Refiere cosas como ésta: "Comencé preguntándole si no estaba enojado con Time por las alusiones publicadas recientemente. No, seguía siendo su revista favorita. Sólo que había montones de gentes en Managua que lo calumniaban. Le dije que tenía tres libros de notas, que estaba harto de oír historias sobre sus negocios y que, por supuesto, no deseaba discutirlas... En lo referente al ganado, se sonrojó un poco cuando mencioné los nombres de sus principales agentes de compras. Finalmente me sugirió que viera a X, un ganadero importante que había sido autorizado a exportar ganado a Costa Rica, como prueba de que no se tragaba el negocio él solo. Como X había sido mi informante principal sobre lo del ganado, supe que me encontraba en el camino correcto... Admitió que obtenía créditos del Banco Central que nunca podría haber obtenido como ciudadano particular. Pero lo hace por el bien del país. Había trabajado duro desde que era niño..." (Pág. 175).

reelecto. La conmoción producida fue aprovechada por las organizaciones obreras, campesinas y artesanales para reconstruir sus diezmados cuadros y volcarlos en la lucha social, que tuvo concreción en el Código de Trabajo sancionado en 12 de enero de 1945 17 según decreto Nº 336, que era en realidad un regulador de los aspectos técnicos del trabajo en su relación con el salario. Ya Nicaragua había ratificado en 1934 el Convenio sobre los métodos para la fijación de salarios mínimos, de 1928, que cayó en desuso en 1938, cuando su Presidente resolvió que era mucho gasto el pertenecer a la Organización Internacional del Trabajo. 18

El idilio duró hasta mayo de 1945. Entonces, el secretario de Somoza, inaugurando una estatua de tamaño natural de su patrón, proclamó que éste no había sido "electo" en 1939, sino solamente "designado" para otro término por la Asamblea Constitucional. Para mayor abundamiento, el dictador prometió además que declinaría el mando en cuanto estuviese lista la carretera al Caribe. Como 2.000 trabajadores se ofrecieron de inmediato para trabajar gratis para terminarla cuanto antes, y las manifestaciones opositoras arreciaban, esta vez apoyadas por el embajador norteamericano Fletcher Warren, Somoza resolvió hacer designar candidato al viejo aspirante Leonardo Argüello, al que en efecto hizo elegir en comicios regulados. Hasta tuvo la audacia de resignar el mando de la Guardia Nacional.

Pero Argüello, aunque no poseía tino político, tenía la suficiente memoria como para recelar de las intenciones de su patrocinador, a quien intentó despojar del ascendiente que ejercía sobre la Guardia modificando su cuadro de oficiales.


17 Oficina Internacional del Trabajo. Salarios mínimos en América latina, pág.

  1. Ginebra, 1954, donde puede consultarse in extenso las modalidades de la legislación del trabajo en América durante esos últimos años.


18 Krehm se refiere así al decreto Nº 336: "en abril de 1945 fue aprobado un código de trabajo. Sin duda el más extravagante de toda Latinoamérica, y quizá de todo el mundo. A los obreros se les prometió la Luna... sobre un papel: cuatro semanas de vacaciones anuales, pagadas íntegramente; seis semanas con licencia y salario completo para las mujeres, antes y después del parto. Pero nada de esto se llevó a cabo jamás. Como capitalista principal del país, apasionado por los centavos, los intereses de Somoza se encontraban en todas partes. Su ministro de Relaciones Exteriores era abogado de la ya conocida y famosa compañía minera norteamericana La Luz y Los Ángeles (familia Fletcher), que explota a los indios de la Mosquitia en forma inicua. Cuando algunas minas de oro fueron cerradas por las huelgas de junio de 1945, el gobierno hizo todo, menos alentar a los obreros, y el 'flirt' de Somoza con los trabajadores llegó a un fin abrupto. Poco después expulsó del país a los líderes principales." (Op. cit., pág. 177.)

Cuando Somoza objetó la medida, Argüello lo emplazó a abandonar el país dentro de las veinticuatro horas. Mientras el Partido Socialista Nicaragüense, el Partido Liberal Independiente, la Confederación del Trabajo y los núcleos estudiantiles sandinistas recomendaban al Presidente la necesaria cautela para proceder contra Somoza de una manera contundente, los núcleos tradicionales empujaban provocativamente a Argüello para decidirse a una acción inmediata, horra de toda seguridad de buen éxito.

La maniobra aparecía respaldada por el consejo de Mr. Warren, representante del "demócrata" Spruille Braden, quien días antes había ofrecido a Argüello un empréstito de ocho millones de córdobas para enjugar el déficit de la administración Somoza, a cambio de las acostumbradas "garantías de inversión", propuesta que había sido rechazada. Argüello había adelantado sus intenciones de liberarse del yugo económico, cuando pronunció un discurso ante los partidos de izquierda, al conmemorarse el 1º de mayo. Eso había sido suficiente para sellar su suerte, que el reto a Somoza provocaba sin demora. El asesino de Sandino pidió tres días para cumplir la orden de ausentarse, la que le fue concedida. Pero antes de que venciera el plazo, el día 26 de mayo, 26 días después que Argüello asumiera el poder, el candidato al exilio insurreccionaba a la Guardia y personalmente informaba al semidormido mandatario, en su lecho, que no era más Presidente.

La Cámara, convocada urgentemente para las tres de la madrugada, declaraba "mentalmente incompetente" a Argüello, a quien dio tiempo para refugiarse en la embajada de México. En su lugar, un tío de "Tacho", Benjamín Lacayo Sacasa, era designado para sucederle. En el golpe habían intervenido en favor de Somoza los hasta ese momento sus opositores, Carlos Pasos y Emiliano Chamorro. La provocación había tenido el éxito más completo, la reacción popular era aplastada por la Guardia Nacional y las brigadas de Cascos de Acero y entretanto, el presidente provisorio convocaba a elecciones de Constituyentes para agosto de 1947. Cuando ésta se formó, sin oposición se modificó de nuevo la Constitución, fue abolido el Código de Trabajo y se designó Presidente al octogenario Víctor Román y Reyes, que, naturalmente, también era tío de Somoza.

Tanto apuro, tenía su explicación en la proximidad de la IX Conferencia Panamericana, y en la falta de reconocimiento por parte de las naciones del continente, que luego de la farsa no tuvieron inconveniente en extenderlo, con la sola y honrosa

excepción de Guatemala. A partir de entonces se suman las muertes violentas de líderes opositores. Luis Horacio Scott, Julio Aguilar Martínez, Rito Jiménez Prado, Octavio Escobar, Luis Felipe Gabuardi Lacayo, son algunos de los cientos de mártires de la libertad de Nicaragua, que sucumbieron a manos de la Guardia Nacional de la misma muerte de Sandino. También cayó así, en agosto de 1947, aquel glorioso general Juan Gregorio Colindres, amigo del héroe, junto con algunos de sus amigos. No entran en la lista los cientos de encarcelados o los millares de expatriados, que solamente en Costa Rica ascienden a unos 30.000.


No era ajena a la reacción la situación de inseguridad y penuria económicas de los obreros y campesinos de Nicaragua, la terminación de la guerra hizo cesar muchos negocios lucrativos, creados artificialmente, sin una base real de sustentación relacionada con las características del país, cuya contextura económica es débil dada su condición monoproductora, fuente de materias primas a que ha sido reducida por exigencias del imperialismo norteamericano. Los coletazos de la crisis que se hizo presente en Estados Unidos a partir de 1947 tuvieron su repercusión en Nicaragua a partir de abril de ese año, cuando las construcciones urbanas en las ciudades del Pacífico fueron paralizadas por falta de materiales y dinero para cubrir planillas de salarios, reduciéndose su monto en un 39%.
Ya hemos referido lo que sucedió con el caucho. A eso siguió en mayo la reducción de las jornadas de trabajo, de ocho a seis horas en la industria textil, de cemento, calzado, mobiliario y del vestido. De los almacenes de comercio al por mayor y al detalle fue cesanteado un 45% de los empleados, cuya desocupación favoreció la lucha competitiva por los bajos salarios, con inmediata influencia sobre las industrias del tabaco, licorera, cervecera, fosforera y azucarera. En julio, entre dos y tres mil hombres y mujeres de los departamentos de carreteras públicas y otras oficinas administrativas, fueron igualmente despedidos. La vida comercial sufría un receso de un 50% en el monto de las operaciones. La clausura de algunos centros mineros, "por falta de equipo y por la imposibilidad de conseguirlos", fue una nueva fuente de desocupación, agravada por la penosa situación de un campesinado despojado de sus medios de sustento, debido a los manejos en el acaparamiento de tierras efectuado por Somoza y

la camarilla gobernante. 19

La reducción de las compras por parte de los Estados Unidos obraba sobre la economía nicaragüense con la fuerza de la lógica de la economía capitalista, y a despecho de permanecer fijo o con tendencia alcista el precio del café —que en 1948 constituía el 35,5% del monto total de sus exportaciones— no era por sí solo capaz de contribuir a remediar las necesidades del país. Si las cíclicas declinaciones capitalistas golpean con mayor fuerza a los países coloniales y dependientes, cuánto mayor había de ser el daño donde una administración rapaz ha concentrado en pocas manos la industria de transformación y ligera, reduciendo el incentivo para su crecimiento, de modo que unos pocos sean los beneficiados y la inmensa mayoría obtenga una mínima e inestable suma de ingresos, que limita su capacidad de compra, desalienta a la producción y frena el desarrollo de las incipientes burguesías locales.

Finalmente, el uso vicioso acordado a las funciones del Banco Hipotecario, creado con la intención fundamental de otorgar créditos agrícolas y fomentar por lo tanto la producción campesina, sólo sirvió a los fines de la expansión del elenco gubernamental, a tal extremo que en 1947, luego de los cuatro años de sequía consecutivos, el Banco no podía ya girar sobre sus fondos. La sección Créditos e Hipotecas del Banco Nacional registraba idéntica manifestación de nepotismo, con la utilización al máximo de sus reservas por parte de los predilectos del régimen. Así, el Banco Anglo-Americano, por su parte registraba en el período de cinco años, hasta 1947, la concentración de capitales en manos de las siguientes personas:




    1. General Anastasio Somoza, ministro de la Guerra, Marina y Aviación y jefe de la Guardia Nacional.

    2. Dr. Víctor Román y Reyes, presidente de Nicaragua.

    3. General Francisco Gaitán, jefe del Estado Mayor de la Guardia Nacional.

    4. Rafael Huezo, gerente del Banco Nacional de Nicaragua.

    5. Dr. Luis Manuel Debayle, cuñado de Somoza, ex ministro


19 Con ocasión de celebrarse la fecha norteamericana, el 4 de julio de 1948, Somoza declaraba en el banquete de la Embajada: "El problema que más preocupa a mi gobierno es la desocupación forzosa. Jamás habíamos sentido una crisis económica tan riesgosa como la que estamos presenciando." Claro está que a continuación sostuvo que la panacea era la guerra, ya que sólo 'una guerra contra los comunistas, contra la URSS, podría salvar a la democracia de la crisis'."


de Relaciones Exteriores y ex ministro de Salubridad y Asistencia Pública.

    1. José Beneti Ramírez, ex ministro de Hacienda y Crédito Público; presidente de la Compañía Nacional de Seguros y ex secretario privado de la Presidencia de la República.

    2. Coronel Julio Somoza García, hermano de Anastasio Somoza, secretario general del Estado Mayor de la Guardia Nacional y Jefe Militar del Área de Carazo.

    3. Dr. Jesús Sánchez R., abogado del Banco Nacional, ex ministro de Hacienda y Crédito Público, socio de Somoza en la fábrica de cemento y abogado de todas sus empresas comerciales e industriales.

Todo ello, sin tener en cuenta la continua evasión de capitales, mediante depósitos e inversiones en dólares realizados fuera del país, sobre todo en los Estados Unidos, filtración o drenaje que explica la misteriosa caída de la cotización del córdoba, fuga de capitales que prosiguió aún en la época en que figuraba como presidente Román y Reyes.

¿Y qué hubo después del tío? Pues, nuevamente el sobrino, "democráticamente" electo (como no podía ser de otra manera) en 1950, convertido en el dueño y señor no sólo de Nicaragua sino también de los destinos de sus vecinos centroamericanos, en su función de cancerbero por cuenta del Departamento de Estado.

El moderno armamento que posee su ejército, sus aeródromos y bases siempre bien dispuestas y aprovisionadas para toda emergencia, su falta de escrúpulos, su sumisión incondicional al mandato de las esferas dirigentes norteamericanas, le han convertido junto con Trujillo, en el verdugo de todos los movimientos de liberación emprendidos por los pueblos de Centroamérica, no sólo en sus anhelos de independencia de las garras economicopolíticas del imperialismo, sino en las elementales tentativas de mejorar su miserable nivel de vida y sus condiciones de existencia.



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