Henri barbusse



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II


EL FILIBUSTERISMO DE GUANTE BLANCO


La victoria de la Unión estrechó los lazos de amistad entre Estados Unidos y las repúblicas hermanas del mundo occidental. A partir de entonces el gobierno de Estados Unidos y la gente del país se mantuvieron alertas contra toda posible violación de la doctrina Monroe, en especial en la región del Caribe. Siempre que los despachos diplomáticos informaban sobre rumores de que potencias europeas planeaban adquirir bases navales en el Caribe, ya fueran Gran Bretaña o Francia, ya el nuevo reino de Italia o el nuevo imperio alemán, los sucesivos secretarios de Estado se dieron prisa a dar instrucciones a los representantes diplomáticos adecuados al caso para que protestaran contra semejante posibilidad. Esas protestas se basaban, directa o indirectamente, en la doctrina Monroe. 1

SAMUEL FLAGG BEMIS


Cuando Walker fue expulsado, el Departamento de Estado comenzó a sentirse preocupado. La famosa "Línea de tránsito" de mar a mar no poseía status legal alguno. Gran Bretaña podía tener pretensiones sobre ella para construir el canal interoceánico, del cual ya poseía el puerto de salida, San Juan del Norte (Greytown).

A principios de 1857, las fuerzas del general costarricense Juan Rafael Mora, que habían acudido en ayuda de Nicaragua, trataron de conservar en su poder la citada "línea". Cuando parecía que esta vez la guerra estallaría entre Nicaragua y Costa Rica, Mora y Martínez lograron llegar a un acuerdo, que se


1 Bemis, Samuel Flagg. La diplomacia de Estados Unidos en la América latina,

págs. 122—123. Fondo de Cultura Económica, México, 1944.


traduciría a poco en la firma del Tratado Cañas-Jerez. Pero antes de que el convenio fuera firmado, y para evitar malentendidos, con fecha 1º de mayo de 1857, firmaron ambos un manifiesto en el que declaraban que "Nicaragua ponía bajo la protección de Inglaterra, Francia y Cerdeña el Contrato del Canal Interoceánico con el propósito de contener la absorción de Centroamérica por el filibusterismo (norte) americano".

Naturalmente, los Estados Unidos consideraron esa manifestación como una ofensa, y fue menester que el general Máximo Jerez, como ministro nicaragüense en Washington, solucionara el conflicto diplomático que sobrevino. El resultado de esa solución fue el tratado suscrito entre Irisarri y el general Lewis Cass. Con él, los Estados Unidos contarían en lo sucesivo con un instrumento legal para oponerse a las ambiciones inglesas y de paso consolidar las propias. La piratería armada cedía el paso al filibusterismo de guante blanco.

El convenio de "amistad, comercio y navegación" suscrito en Washington en noviembre de 1858 entre el general Cass y el doctor Irisarri, ministro de Nicaragua, fue firmado bajo el signo de la intervención armada del filibustero Walker y de las previsibles consecuencias que iba a ocasionar en las relaciones con Inglaterra.

Los antecedentes más cercanos de este tratado se remontaban al presidente Monroe, quien, al firmar el 3 de octubre de 1824 el tratado de amistad entre Estados Unidos y Colombia, había ya previsto la posibilidad de construir un canal en la zona ístmica. Un primer paso en ese sentido fue la firma del tratado Mallarino-Bidlak, suscrito entre Nueva Granada y los Estados Unidos en 12 de diciembre de 1846. En lo que se refiere a Nicaragua, también existían antecedentes del interés norteamericano por esa ruta: uno de ellos se refiere a 1831, año en que una compañía holandesa obtuvo una concesión para abrir un canal uniendo el río San Juan y los lagos Nicaragua y Nuevo León, pero aun cuando había fracasado en su intento, Livingston, secretario de Estado de Jackson, solicitó precisiones a su ministro en los Estados de Centro América; dado el interés demostrado por éste, le fue ofrecido por el Congreso Federal centroamericano el derecho para construir el canal. El Senado norteamericano respondió solicitando en 3 de marzo de 1835 al presidente Jackson considerara favorablemente la idea. Este la aceptó, en efecto, y envió a un agente a Nicaragua. Sin embargo, en mensaje especial de 9 de enero de 1837, Jackson aconsejaba desechar la idea por poca práctica. Los hombres de

negocios veían, como siempre sucede, mucho más lejos que los políticos e insistieron ante el Congreso. El resultado fue que el sucesor de Jackson, Van Buren, envió un nuevo agente para que estudiara las rutas de Panamá y Nicaragua y aconsejara cuál de ellas era la más conveniente. El agente recomendó la ruta de Nicaragua, calculándole un costo de construcción de 25 millones de dólares. Los propios nicaragüenses estaban interesados en la construcción, como lo certifican las cartas de Buitrago al secretario de Estado Buchanan en 12 de noviembre de 1847, y las de Sebastián Salinas a Pierce.

Pero cuando Nicaragua firmó, en 7 de marzo de 1848, un pacto con Gran Bretaña, mediante el cual renunciaba a disputar con los indios mosquitos —protegidos de ésta y guardianes de la posesión— Estados Unidos se alarmó y pactó con Colombia la firma del ya mencionado tratado Mallarino-Bidlak. De tal manera Colombia, además de confesar implícitamente su impotencia para defenderse por sí misma, buscó la protección de quien estaba menos interesado en brindársela que en asegurarse vías de penetración económica. Ajena a las reglas de juego de la diplomacia anglosajona, Colombia favorecía a Estados Unidos, en tanto Inglaterra se conformaba con anular las ventajas del convenio, suscribiendo con Nicaragua el pacto de protección al Rey de los Mosquitos (que no sólo parecía un chiste inglés sino que además lo era), mediante el cual obtuvo autorización para ocupar la salida del probable canal de Nicaragua —San Juan del Norte— sin disparar un tiro.

No obstante, la prudencia norteamericana y el realismo inglés resumieron luego sus aspiraciones comunes sin enojos, como cuadra entre primos bien educados: con la firma del tratado Clayton-Bulwer, 2 que, sin proponérselo, salvó la



2 Dicho tratado consignaba entre otras, estas cláusulas: "Como los Estados Unidos y la Gran Bretaña, al firmar este convenio, desean no solamente un fin particular, sino también establecer un principio general, convienen en otorgar su protección, por medio de tratados, a todas las demás vías de comunicación posible, canal o ferrocarril, que atraviesen el istmo que une la América del Norte y la del Sur, y especialmente a las comunicaciones interoceánicas, si fuesen posibles, sean por un canal, sean por el ferrocarril que se propone actualmente establecer por la ruta de Tehuantepec y Panamá.

Ni uno ni otro establecerán jamás ni conservarán por sí mismos la dominación exclusiva del canal; ninguno levantará jamás fortificaciones sobre el canal o en sus alrededores; ninguno de los Estados ocupará, fortificará o colonizará, ni asumirá o ejercerá ningún dominio sobre Nicaragua, Costa Rica, Mosquitos o cualesquiera otras partes de la América Central, ni hará uso de ninguna protección o alianza que uno u otro pudieran tener con algún Estado o pueblo con el fin de levantar o mantener dichas fortificaciones; ni los Estados Unidos ni la Gran Bretaña tomarán ventaja de ninguna intimidad, ni emplearán ninguna alianza, relación o influencia


integridad de las repúblicas centroamericanas, frenando por primera vez los objetivos del Destino Manifiesto.

Los tiempos de Pierce y de Buchanan, tiempos del auge del librecambismo, precedieron a los de la Guerra de Secesión norteamericana. Eran los tiempos en que Inglaterra había comenzado a digerir su imperio de Oceanía, África y Asia y en que estimaba mucho más conveniente para su provecho no disputar con sus primos, con quienes intervenían en la expansión ferrocarrilera del oeste norteamericano; tiempos en que la City clamaba por el orden en la América Central —por ser el caos "deprimente para nuestras inversiones"— aun cuando ese orden estuviere bajo el control de los Estados Unidos. 3

Aun sin intervención de Walker, el "espíritu agresivo" de los Estados Unidos, al que se refería perspicazmente Disraeli, no iba a tardar en ponerse de nuevo en evidencia. 4 Con motivo de la


que uno y otro pudiesen tener con algún Estado o gobierno a través de cuyo territorio dicho canal pueda pasar, con el fin de adquirir o tomar directa o indirectamente para los ciudadanos o súbditos de uno de ellos ningún derecho o ventaja, respecto del comercio o de la navegación a través de dicho canal, que no sea ofrecido en las mismas condiciones a los ciudadanos o súbditos del otro."
3 En junio de 1856, Disraeli dijo en la Cámara de los Comunes: "Daríamos una prueba de sabiduría si Inglaterra reconociera que los Estados Unidos, como todos los países de Europa, tienen una política y se hallan asistidos del derecho de tenerla. La doctrina de Monroe no es adecuada, en mi opinión, para la época que vivimos. El aumento de los medios de comunicación entre Europa y América ha convertido en una gran familia a todos los países del mundo; un sistema de gobierno que, en vez de ampliarlas, restrinja las relaciones entre estas partes del globo, no se adapta a nuestro tiempo. Pero no es una política firme y sagaz la que se funda en la idea de que debemos ver con extremo recelo el llamado 'espíritu agresivo' de los Estados Unidos. Si llevamos al ánimo de Inglaterra la idea de que debemos estimar siempre toda expansión de los Estados Unidos como un acto perjudicial a nuestros intereses y hostil a nuestro poder, seguiremos una línea de conducta que, sin impedir la expansión de dicho país, envolvería a la nación en luchas que pueden ser desastrosas. Mi opinión es que todo lo que los Estados Unidos tienen derecho a esperar en justicia pueden obtenerlo sin daño de Europa en general ni de Inglaterra en particular. Es un deber del hombre de Estado reconocer la necesidad de un aumento en el poder de dicho país."

4 No pasaba inadvertida incluso para los propios centroamericanos, como lo prueba este artículo del 30 de mayo de 1857, publicado en la Gaceta Oficial de Honduras: "Tomando en consideración las ideas emitidas por nuestros colegas El Heraldo, de New York, y el Union, de Washington, nada hemos adelantado en la vía de nuestra tranquilidad y de nuestra seguridad, individual y territorial. Según el Union, la actual administración de los Estados Unidos se propone excluir toda intervención por parte de Inglaterra en los asuntos de Centroamericanismo e inutilizar los tratados existentes entre ambos Gobiernos, apropiándose del exclusivo derecho de resolver por sí nuestros negocios, sin intervención de ninguna otra nación sobre la tierra. ¿Y quién ha dado a los Estados Unidos esta acción directa sobre nosotros? ¿Acaso tiene una nación e individuos más derechos a mezclarse en

declaración de 1º de mayo de 1857, hecha conjuntamente por Costa Rica y Nicaragua, los Estados Unidos se resintieron; pero encontraron un motivo para desquite cuando, a raíz de un botellazo propinado a un ciudadano norteamericano a bordo de un barco que hacía la travesía del río San Juan, el presidente Buchanan exigió a Nicaragua una indemnización de 24.000 dólares. Sea porque este país estimara que 24.000 dólares era mucho precio para un simple botellazo, fuera porque quizá no disponía de tanto dinero, lo cierto es que no se dio lugar a la demanda.

Un barco de guerra se dirigió entonces hacia San Juan del Norte y la hizo objeto de un terrible bombardeo, cuyas consecuencias culminaron cuando los marinos desembarcaron e incendiaron todo lo que quedaba en pie. Walker veía así vengada su derrota. La Junta de Gobierno de Nicaragua nada pudo hacer para evitarlo. Ocupada como estaba en restañar las heridas de la guerra civil, debió someterse a los objetivos implícitos del bombardeo: la firma de un tratado de "amistad, comercio y navegación". De allí saldría el tratado Cass-Irisarri, 5

los asuntos del vecino que el amigo que se halla más distante?... Si los Estados Unidos desean una intervención honesta en los asuntos de la América Central, cuanto lo exigen las relaciones de amistad que unen a ambos países, la justicia, la equidad y hasta su mismo decoro, ¿a qué viene, pues ese egoísmo, esos celos que le causa una intervención extraña? Si proceden en conciencia, ¿qué les importa que las otras naciones se mezclen también en nuestro bienestar? Lógicamente, no puede deducirse otra cosa de aquí sino que su insidiosa política envuelve un interés directo y poco favorable para nosotros, y cuyo interés es de hecho grave que envuelve cada una de sus ideas, como dicen sus mismos redactores. Y, ¿cuál es ese hecho grave? La absorción de la América española, porque así se acordó en la Conferencia de Ostende; porque así conviene a los deseos manifestados por su pueblo; porque así lo significa el nombramiento de hombres cuyas opiniones son bien conocidas del mundo entero, para la formación del nuevo Gabinete; porque así lo expresa la prensa del norte y sud de la Unión, y porque así lo prueba la protección dispensada hasta ahora a los filibusteros por el mismo gobierno…"


5 Del cual, por su importancia, transcribimos cuatro de sus artículos:

Art. 14 - La República de Nicaragua concede por la presente, a los Estados Unidos y a sus ciudadanos y propiedades, el derecho de tránsito entre los océanos Atlántico y Pacífico, a través de los territorios de aquella república, por cualquiera vía de comunicación, natural o artificial, ya sea por tierra o por agua, que ahora exista o que pueda existir o ser construida en adelante bajo la autoridad de Nicaragua, para que pueda usarse y gozarse de la misma manera y bajo iguales términos por ambas repúblicas y sus respectivos ciudadanos; reservándose, sin embargo, la República de Nicaragua, su derecho de soberanía sobre las mismas.

Art. 15 - Los Estados Unidos convienen en extender su protección a todas aquellas vías de comunicación que se acaban de mencionar, y a garantizar su neutralidad. También convienen en emplear su influencia con otras naciones, para inducirlas a garantizar igual neutralidad y protección. Y la República de Nicaragua por su parte, se compromete a establecer dos puertos libres, uno en cada una de

que tan importantes consecuencias tendría en la historia posterior de Nicaragua, ya que abriría el camino para la penetración imperial de los Estados Unidos.

A la Junta de Gobierno presidida por Martínez y Jerez sucedió la presidencia unipersonal del primero de ellos, que, en violación de la Constitución, se extendió durante ocho años (1859-1867).

Fernando Guzmán ocupó la presidencia después de Martínez, de 1867 a 1871. Durante el primer año, un nuevo pacto con los Estados Unidos —que, restablecidos de su guerra civil, reemprendían la carrera imperialista— acordó a éstos las


las extremidades de las comunicaciones mencionadas, en los Océanos Atlántico y Pacífico. En estos puertos no se impondrán o exigirán por el Gobierno de Nicaragua ningunos derecho de tonelaje u otros sobre los buques de los Estados Unidos o sobre efectos o mercancías pertenecientes a ciudadanos o súbditos de los Estados Unidos o sobre los buques o efectos de cualquier otro país, destinado bona fide para el tránsito a través de dichas vías de comunicación, y no para el consumo dentro de la República de Nicaragua.

Art. 16 - La República de Nicaragua conviene en que, si fuere necesario en cualquier tiempo emplear fuerza militar para la seguridad y protección de personas y propiedades que pasen por cualquiera de las vías de comunicación, empleará la fuerza necesaria con tal objeto; pero si dejase de hacerlo por cualquier causa, el gobierno de los Estados Unidos puede emplear tal fuerza para este objeto, con exclusión de cualquier otro, y cuando cese la necesidad, aquella fuerza será retirada inmediatamente.

Art. 17 - Se entiende, sin embargo, que los Estados Unidos, al acordar protección a las referidas vías de comunicación y al garantizar su neutralidad y seguridad, siempre tienen la intención de que la protección y garantía sean concedidas condicionalmente, y pueden ser retiradas si los Estados Unidos creyesen que las personas o la compañía que las emprendan o manejen adoptan o establecen tales regulaciones sobre el tráfico por ellas que sean contrarias al espíritu y a la intención de este tratado, ya porque hagan injustas distinciones en favor del comercio de otra nación o de algunas naciones sobre el comercio de otra nación o de otras naciones o porque impongan exacciones opresivas o impuestos excesivos sobre las malas, pasajeros, buques, efectos, productos, mercancías u otros artículos. Las mencionadas protección y garantía no serán, sin embargo, retiradas por los Estados Unidos sin dar noticia con seis meses de anticipación a la República de Nicaragua."

Los Estados Unidos tendrán también libertad de llevar tropas y municiones de guerra en sus propios buques, o de otro modo, a cualquiera de dichos puertos libres, y tendrán derecho a su transporte entre dichos puertos, sin obstáculo por las autoridades de Nicaragua y sin que se exijan ningunas cargas o derechos de pasaje, cualquiera que sean, por su transporte en ninguna de dichas vías de comunicación. Y no se impondrán otros o más altos impuestos sobre la conducción o tránsito de personas y de las propiedades de ciudadanos o súbditos de los Estados Unidos o de cualquier país a través de dichas vías de comunicación que los que han sido o sean impuestos sobre las propiedades y las personas de ciudadanos de Nicaragua, y la República de Nicaragua reconoce el derecho del administrador general de Correos de los Estados Unidos de celebrar contratos con cualesquier individuos o compañías para el transporte de las maletas de los Estados Unidos por dichas vías de comunicación o por cualesquiera otras vías a través del istmo, a su


mismas ventajas sustanciales que habían obtenido de su convenio con Colombia en 1846. Le siguió en el mando Vicente Cuadra (1871-1875); luego Pedro J. Chamorro (1875-1879); luego Joaquín Zavala (1879-1883), durante cuya administración, debido al mal trato que recibían los indios que trabajaban en el tendido del telégrafo, se sublevaron en Matagalpa, siendo brutalmente sometidos, y ocasionando indirectamente la expulsión del país de todos los jesuitas; le siguen después Adán Cárdenas (1883-1887), Evaristo Carazo (1887-1889) y Roberto Sacasa (1889-1893), todos los cuales pertenecían a la fracción conservadora.

Sacasa había reemplazado a Carazo a raíz de la muerte de éste, completando su período presidencial incompleto. Al término de su mandato fue nuevamente elegido, pero una revolución encabezada por el general Francisco Gutiérrez, en 28 de abril de 1893, le depuso; intervino entonces el embajador norteamericano Baker, cuyos oficios decidieron la firma de un pacto de paz llamado de Sabanagrande, el 6 de julio. Pero cuando ya se creía que la guerra civil estaba concluida, se levantó en armas, cinco días después, 11 de julio, el general José Santos Zelaya, jefe del partido Liberal.

Zelaya había sido expulsado del país por Cárdenas. Exiliado en Guatemala, peleó junto a Justo Rufino Barrios para reunificar políticamente el istmo. Regresó al país cuando Carazo decretó la amnistía y desde entonces no cejó en sus propósitos de derribar el continuismo conservador, lo que finalmente logró cuando, en 25 de julio de 1893, entraba a Managua al frente de su ejército. El 15 de setiembre del mismo año, la Asamblea Constituyente le designaba presidente. Para Nicaragua, históricamente, es el prócer que reconquistó el territorio de la Mosquitia.

En efecto, uno de los primeros actos de su gobierno fue el de reforzar militarmente el territorio considerado nacional; en tal sentido, un ejército desembarcó en Bluefields en 23 de octubre de 1893 e intimó al jefe mosco, Henry Clarence, el acatamiento de la soberanía nicaragüense. Clarence se negó, apoyado por el gobierno inglés a través del gobernador de Jamaica, lo que no obstó para que el general Rigoberto Cabezas, en 12 de febrero de 1894, ocupara militarmente Bluefields y decretara la anexión

discreción, en valijas cerradas, el contenido de las cuales no sea destinado para distribución dentro de dicha República, libre del establecimiento de todos impuestos o derechos por el Gobierno de Nicaragua; pero esta libertad no debe interpretarse en el sentido de permitir a dichos individuos o compañías el transporte de pasajeros o carga en virtud del derecho de transportar las maletas.


de la Mosquitia a Nicaragua.

Era de esperar que Inglaterra no toleraría impasible la anexión. A principios de 1895, con motivo del confinamiento o destierro de algunos súbditos ingleses que se habían resistido a los hechos señalados, buques de guerra ingleses fondearon en Corinto, sobre el Pacífico, desembarcando tropas. Zelaya decretó inmediatamente el estado de sitio, y mediante proclama del 25 de abril llamó a las armas a sus compatriotas. No obstante, la intervención diplomática de los Estados Unidos, Guatemala, El Salvador, Honduras y Costa Rica, impidió que las cosas pasaran a mayores. Se convino finalmente en que Nicaragua pagaría a Inglaterra quince millones de libras esterlinas como indemnización y que ésta se retiraría del país, cosa que, en efecto, llevó a cabo el 4 de mayo de ese año.

Zelaya continuó gobernando, aunque en medio de continuas revoluciones, organizadas una veces por los conservadores y otras por sus propios correligionarios, despechados porque en 1897 y en 1905 había procedido a reformar la Constitución con objeto de perpetuarse en el mando. En 1905 logró que Inglaterra renunciara definitivamente a todo derecho de intervención en la costa de Mosquitos, quedando en tal virtud Nicaragua dueña de todo su territorio, según el tratado Harrison-Altamirano firmado en 19 de abril en Managua.

Fue Zelaya un típico ejemplar de déspota ilustrado iberoamericano, tan ansioso de fomentar la instrucción pública como de asegurarse la permanencia en el poder. Durante su mandato se concluyeron los trabajos de ferrocarril iniciados en administraciones anteriores, y se dio comienzo a otros destinados a unir zonas no explotadas de ambos océanos. Promulgó un código del trabajo y estableció en 1894 el matrimonio civil, resistido hasta entonces por los conservadores y el clero. En 1896 una revolución de los liberales Francisco Baca y José Madriz trató, infructuosamente, de derribarle.

Era ya la época de la guerra por Cuba y de la conquista de la zona del canal de Panamá. Ha acrecido el poderío de los Estados Unidos, que ahora recelan de la agresividad del Kaiser y de las tentativas que Alemania hace para obtener puntos de apoyo en América. Es secretario de Guerra el Honorable Elihu Root, quien crea en 1903 el Estado Mayor General sobre modelo europeo, y en 1904, en Fort Leavenworth, el Colegio del Estado Mayor del Ejército; la marina, por su parte, agrega cada año dos buques de guerra de primera línea a sus efectivos de combate. La enmienda Platt servía al sucesor de Hay para asegurarse el


dominio de Cuba; Root precisaba además de un medio jurídico de evitar las intervenciones europeas en Centroamérica a pretexto del cobro de deudas o resguardo de intereses. El medio de que se vale Root, ahora secretario de Estado, es la creación de un Tribunal de Justicia Centroamericano, con un juez por cada uno de los cinco países representados. Presumiblemente, era ese el primer paso hacia la nueva federación e iba a constituir el organismo destinado a resolver toda disputa entre esos países y evitar todo pretexto de intervención europea.

Claro está que aun cuando Root fuera un jurista apegado a las fórmulas legales no iba a dejar de lado la defensa de los intereses que representaba. Su designación obedecía al mal efecto causado en todo el mundo por la cuestión del canal de Panamá, donde el prestigio de su patria había sufrido mengua. La diplomacia del gran garrote debía ser radiada, y Root era la transición indispensable para la gran vuelta de tuerca, que su sucesor, Philander Chase Knox, pondría en práctica con el nombre de diplomacia del dólar.

Para unos, como Fabela, la dollar diplomacy consistía en el otorgamiento de empréstitos a ciertos países bajo condiciones más o menos onerosas, con garantías oficiales que aseguraban a los banqueros prestamistas una razonable protección por parte del Departamento de Estado; éste la ejercía controlando, como garantía de inversión, los ferrocarriles, los telégrafos y las aduanas de los países "favorecidos"; si el Estado insolvente se resistía a renegar de tal manera de su soberanía, Washington recurría a la persuasión de su marinería de desembarco. De haber países reacios a la aceptación de empréstitos, se les inducía a aceptarlos, "coaccionando su voluntad por medios muy variados y que resultaban tanto más eficaces cuanto más pobre y más débil es la nación a la que oficialmente protegen los Estados Unidos con su apoyo pecunario".6

Para otros, como Harry Elmer Barnes, la dollar diplomacy respondía no a intereses meramente mercantiles sino a razones eminentemente geopolíticas. 7 Ambos tienen razón, como lo

6 Fabela, Isidro. Los Estados Unidos contra la libertad, pág. 165. Talleres Gráficos Lux, Barcelona, s/f.
7 Barnes, Harry Elmer. "La naturaleza del imperialismo contemporáneo". Prólogo a El Imperio del Banano, de Ch. D. Kepner (h.) y J. H. Soothill, pág. 27. Ediciones del Caribe, México, 1949: "Generalmente se supone que nuestro Departamento de Estado ha obrado invariablemente bajo la presión de los banqueros inversionistas, pero en algunos casos ha ocurrido exactamente lo

demuestra exhaustivamente el libro de Nearing y Freeman, pero en el caso de Nicaragua privó única y exclusivamente el factor estratégico. Los hechos hubieran ocurrido de otro modo de no mediar la persistente negativa de Zelaya a acordar a los Estados Unidos la concesión para construir el canal a través de su patria. La concepción totalitaria de Zelaya se avenía con su ferviente nacionalismo. A pesar de la opinión de Moore: No quería que las potencias extranjeras interviniesen, ni siquiera en su carácter de mediadoras, 8 en sus disputas con los países vecinos, existen referencias que permiten suponer que sí quería, siempre que no perturbasen su poder. 9 Zelaya era sobre todo celoso de su fama de estar desligado de la sujeción norteamericana.


contrario. A veces el secretario de Estado ha creído conveniente para los Estados Unidos afirmar su supervisión en alguna región y ha deseado tener el apoyo de las finanzas norteamericanas en su política. Entonces el Departamento de Estado ha presionado a los banqueros para que comprasen los bonos de un país latinoamericano determinado. Este, por ejemplo, fue el caso de los empréstitos a Nicaragua y a Honduras en 1911-1913 y a Cuba en 1922".
8 Moore, David H., Historia de la América Latina (A History of Latin America),

pág. 708. Edit. Poseidón, Buenos Aires, 1945.


9 Sáenz, Vicente. Rompiendo Cadenas, pág. 187. 2da Edición de la Unión Democrática Centroamericana, México, D. F., 1951. Allí se transcriben los siguientes documentos comprometedores para Zelaya:

  1. "Managua, 25 de febrero de 1896. Señor Ministro de los Estados Unidos, Mr. Lewis Baker. Presente. Varios comerciantes europeos y norteamericanos se muestran recelosos de que las mercaderías que por un valor considerable tienen en el puerto de Corinto, puedan ser tomadas por los revoltosos de León, causándoles graves perjuicios en sus intereses. Con este motivo mi Gobierno, deseoso de tranquilizar a dichos comerciantes, vería con gusto el auxilio de cualquier potencia amiga que solícita por los intereses de sus súbditos, se pusiera de acuerdo con él. Noticiosos, por otra parte, de que V. E., en previsión de lo mismo, ha ordenado a un buque de guerra (norte) americano que se sitúe en Corinto, me ha instruido (Zelaya) para manifestarle que, teniendo plena confianza en el Gobierno de los Estados Unidos, delega provisionalmente en el comandante del buque pedido por V.

  1. todas las facultades necesarias para la policía y seguridad del puerto, autorizándolo para desembarcar fuerzas y nombrar agentes provisionales. Soy de

V. E. con todo aprecio, atento servidor. José D. Gámez, Ministro de Relaciones Exteriores."

  1. "Managua, 8 de abril de 1903. Ministro de Nicaragua, Washington. Como pensamiento espontáneo emanado del Gabinete (norte) americano, lo que se desea es que el señor Ministro Hay, por medio del señor Merry (ministro norteamericano en Nicaragua) o del otro ministro (norte) americano residente en Guatemala, insinúe la celebración de una conferencia de plenipotenciarios de estas repúblicas. Que de este trabajo no se perciban los miembros del cuerpo diplomático residente allí, (f) Sánchez."

  2. Del pliego de instrucciones que dio el presidente Zelaya a su nuevo Ministro en Washington, Rodolfo Espinosa, en 1908:

    1. Los Estados Unidos darán a Nicaragua su apoyo moral y material para realizar la unión política de Centro América. Apoyo moral que consistirá en las

Para confirmarlo, trató con Porfirio Díaz la construcción de un ferrocarril que partiendo de México atravesara todo el istmo centroamericano; cuando fracasó, no titubeó en procurarse el apoyo alemán para la construcción del canal, siempre que fuera por cuenta de Nicaragua. Este coqueteo y la necesidad norteamericana de asegurarse el control de la bahía de Fonseca, acuciaron al Departamento de Estado para promover la caída de Zelaya.

Antes de que las hostilidades fueran rotas, durante la época de Root, éste había enviado a un agente petrolero de la Rosario Mining Co., Mr. Washington S. Valentine, con oficinas en Nueva York y Tegucigalpa, para que tratara de convencer a Zelaya para que "fuera bueno". El agente arribó a Corinto en un barco de guerra norteamericano y entrevistó al dictador de inmediato: "Daremos a Vd., Sr. Zelaya, los elementos necesarios para que realice la unión de Centro América: armas, dinero, lo que Vd. pida con la única condición de que haga negociaciones con mi Gobierno y nos garantice la ruta canalera del San Juan y una base naval en el Golfo de Fonseca". 10 Zelaya se negó.

Hubo un cierto compás de espera, hasta que súbitamente las cadenas de diarios de James Gordon Bennet y del ya afirmado William Randolph Hearst descubrieron al unísono que en Nicaragua existía un temible déspota, peligroso para la causa de la democracia y para la paz del istmo. El mismo presidente Taft prosiguió oficialmente el juego, llegando a declarar en su Mensaje al Congreso de diciembre de 1909 que "desde que se dirigieron los convenios de Washington de 1907 al Gobierno de los Estados Unidos, como parte consultiva y consejera, este Gobierno ha sido llamado casi continuamente por una y otra y sucesivamente por las cinco repúblicas centroamericanas para que se esfuerce por mantener los convenios. Casi todas las

insinuaciones que con toda eficacia hagan sus representantes diplomáticos. Apoyo material que consistirá en suficientes elementos de guerra y en la presencia de naves de guerra norteamericanas en aguas de Centro América, para proteger la empresa, de acuerdo con el Gobierno de Nicaragua.


  1. Nicaragua establecerá protección aduanera para la importación de artículos de los Estados Unidos.

  2. Si el gobierno [norte] americano pide para llevar a cabo esta negociación una estación carbonera en Centro América, o una al lado del Atlántico y otra al lado del Pacífico, el Ministro Espinosa accederá respecto de una y en último caso en cuanto a las dos."


10 Sanz, Vicente. Norteamericanización de Centro América, pág. 51. Edit. Talleres de la Opinión, San José de Costa Rica, 1925.

quejas han venido dirigidas contra el gobierno de Zelaya, de Nicaragua, el cual ha tenido a toda Centroamérica en constante tensión y agitación". 11

El Tratado General de Paz y Amistad de 1907 establecía que en caso de conflicto armado en cualquiera de los países signatarios, los demás serían neutrales. Pero cuando en 1909 estalló la sublevación contra Zelaya, éste, para sofocarla, se vio obligado a perseguir a los revolucionarios dentro del territorio constarricense. Un mes después, Mr. Merry, ministro norteamericano en Costa Rica, propuso al presidente Cleto González Víquez que atacara a Zelaya en unión de El Salvador y Guatemala. Es muy sugestiva al respecto la información que el ministro costarricense en Washington, Joaquín Bernardo Calvo, envió a su gobierno el 20 de noviembre de 1909. 12

Mr. Knox no administraba solamente intereses del Estado. Había sido Fiscal General durante el gobierno de Thedy Roosevelt, y en tal carácter intervino en París en la liquidación de la Nueva Compañía del Canal de Panamá y su posterior venta a los Estados Unidos. En 1900 dio como abogado forma legal a la organización del trust Carnegie Steel Corporation, el mismo que luego destinaría cien mil dólares para la construcción de un Templo de la Paz en Corinto.

Su obvia ingerencia en los asuntos internos de Nicaragua provenía de su cargo de asesor legal de la familia Fletcher, dueña de cuantiosas propiedades mineras en el país, una de las cuales, La Luz y Los Ángeles Mining Co., sostuvo frecuentes disputas con Zelaya con motivo del incumplimiento de las obligaciones prescriptas en el contrato de concesión. Y aun cuando el embajador británico Bryce opinara que Knox "no se había ocupado nada, ni conocía nada, ni había pensado nunca nada sobre política extranjera, hasta que fue designado Secretario", no lo demuestra este párrafo de un discurso suyo: "La lógica de la geografía política y de la estrategia y el gran interés nacional creado actualmente por el canal de Panamá, hacen que la seguridad, la paz y la prosperidad de la América Central y de la zona del Caribe sean de vital importancia para los Estados Unidos y precisamente en las regiones donde
11 Nearing, Scott y Joseph Freeman. La Diplomacia del Dólar, pág. 177. Edit. M. Aguilar, Madrid, 1930.
12 "Visité al secretario de Estado con el objeto expreso de imponerle, como lo hice, de la actitud de mi Gobierno en lo referente a sus dificultades con el de... Nicaragua. Anteriormente, en conversación con el mismo funcionario, yo le había

constituye una amenaza mayor para nosotros, es más grave y más agudo el mal de las revoluciones y del colapso financiero. En esos lugares es, por tanto, donde debemos aplicar el remedio. No es juicioso mantener un gran principio político como la doctrina de Monroe, y, a la vez, repudiar sus corolarios y descuidar la aplicación de las medidas indicadas por la razón como la indispensable salvaguardia del mismo. 13

hecho conocer el empeño de mi Gobierno en mantener la neutralidad así como su propósito de observar el Tratado y Convenciones de Washington. Y al confirmárselo así, no pude dejar de notar que en manera alguna le había satisfecho lo expuesto por mí... Inquieto yo con la impresión que tenía me acerqué al subsecretario, Mr. Wilson... Tuve el pesar de imponerme más a fondo de la extrañeza con que en el Departamento de Estado se mira esta actitud, pues... deduje... que se considera como que, mediante la violación de nuestro territorio... Zelaya obtuvo un triunfo... con pérdida irreparable para los revolucionarios... Aquí consideran que el Gobierno de Costa Rica mira con mucha indiferencia la violación de su territorio. Un paso franco sería muy bien visto y nos salvaría de situaciones embarazosas. Estamos en peligro de perder simpatía."
13 Foreign Relations. 69th. Congress, 1912, págs. 1083-1092.

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