Henri barbusse



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III


LOS ESTADOS UNIDOS INVENTAN A QUISLING


Me siento turbado respecto de la cuestión de si el Gobierno de Nicaragua que ha hecho este Tratado representa realmente al pueblo de Nicaragua, y de si en Nicaragua y en la América Central se considera a dicho Gobierno como un gobierno que se hallaba en condiciones de proceder con entera libertad cuando negoció el Tratado. Leo el informe oficial del jefe de nuestros marinos en Nicaragua y encuentro lo siguiente: El presente Gobierno no está en el poder por la voluntad del pueblo: las elecciones del Congreso fueron fraudulentas en su mayor parte. Y en otro informe dice el mismo jefe que los liberales, es decir, la oposición, constituyen las tres cuartas partes del país. Es evidente... que el presente Gobierno se halla mantenido en el poder sólo por la presencia de nuestros marinos... ¿Podemos hacer un Tratado tan serio para Nicaragua, que nos concede derechos perpetuos en aquel país, con un Presidente que tenemos razones para creer que no representa sino la cuarta parte de la nación, que está mantenido en el cargo por nuestra fuerza militar y a quien pagamos en virtud del Tratado, una fuerte suma de dinero, de la cual dispondrá como Presidente? 1

ELIHU ROOT


El medio de que se valió Knox fue idéntico al que empleara Hay para lo de Panamá: una revolución. Una supuesta disconformidad del gobernador de Bluefields, Juan J. Estrada, con la política impositiva de Zelaya, fue el motivo de la insurrección, en la cual se repitió el curioso hecho de que el
1 Root, Elihu. Congressional Record, enero 13 de 1927, P. 1557.

cónsul norteamericano tuviera anticipado conocimiento de su estallido. En efecto, Mr. Moffat, en cable de 7 de octubre de 1909, informaba a Knox que el siguiente día se sublevaría Estrada, con la ayuda del general conservador Emiliano Chamorro; que la propiedad extranjera sería respetada, que no habría lucha y que se derribaría a Zelaya, descontándose el inmediato reconocimiento por parte de Washington. 2

Los hechos dieron la razón a Moffat, tal como éste lo confirmaba a Knox en su cable del día 13, pero con una variante, hubo lucha. Zelaya resistió hasta tal punto —no obstante la desembozada ayuda que en hombres, armas y municiones prestaban los buques de la United Fruit Company, que Knox dispuso la intervención de los cruceros Paducah y Dubuque. Y no fue ésa la única ayuda: El general Estrada fue rudamente franco, demasiado franco, cuando concluyó diciendo que admitía que la revolución que él había encabezado contra Zelaya había recibido la ayuda financiera de ciertas compañías norteamericanas, establecidas en la costa atlántica de Nicaragua. Dijo que tales compañías contribuyeron a la revolución de Bluefields con un millón de dólares, y la casa de Joseph W. Beers con unos doscientos mil y la de Samuel Weil con cerca de ciento cincuenta mil dólares. 3

En plena sublevación fueron detenidos por el Gobierno un ciudadano francés, Edmond Couture y dos norteamericanos, Lee Roy Cannon y Leonard Groce: por orden de Chamorro habían colocado minas en el río San Juan para hacer volar los barcos de Zelaya. Las minas habían explotado sin causar daños y los autores de su colocación, detenidos cerca del lugar del hecho, reconocieron su culpabilidad y fueron condenados a muerte por un- consejo de guerra.

Cannon apeló a Zelaya el 14 de noviembre de 1909: Mis confesiones que obran en el proceso contra mí son pruebas suficientes de mi voluntaria culpabilidad; por eso no procuro afirmar a usted mi inocencia, que no existe, y me limito a suplicarle que su reconocida magnanimidad se haga extensiva a mí, salvándome la vida... Groce también apeló: Reitérole mi súplica, señor Presidente. Soy culpable y así lo he confesado; pero yo le ofrezco, general, jamás me volveré a mezclar en ningún asunto de la política de este país... Cuando Zelaya se

2 Foreign Relations, 1900, pág. 452. Washington, 1914.

3 New York Times, 9 de setiembre de 1912. Reportaje a Juan J. Estrada, reproducido el 10 de setiembre en castellano en el Diario de El Salvador.

negó a conmutar la pena, Estados Unidos tuvo justificación para romper relaciones con él, lo que hizo mediante una nota infamante para Nicaragua, prepotente y arbitraria. 4

Estados Unidos había ajusticiado, durante la presidencia de Jackson y por causas menos graves, a los ingleses Arburthnot y

4 Nota de P. C. Knox a Felipe Rodríguez, representante de Nicaragua en Washington "Es notorio que, desde que se firmaron las convenciones de Washington de 1907, el presidente Zelaya ha mantenido a Centroamérica en constante inquietud y turbulencia; que ha violado flagrantemente y repetidas veces lo estipulado en dichas convenciones, y por una influencia poderosa sobre Honduras, cuya neutralidad aseguran las convenciones, ha tratado de desacreditar aquellas sagradas obligaciones internacionales, con detrimento de Costa Rica, El Salvador y Guatemala, cuyos gobiernos sólo con mucha paciencia han podido mantener lealmente el compromiso solemne contraído en Washington bajo los auspicios de los Estados Unidos y México.

Es igualmente notorio que, bajo el régimen del presidente Zelaya, las instituciones republicanas han dejado de existir en Nicaragua, excepto de nombre; que la opinión pública y la prensa han sido estranguladas, y que las prisiones han sido el precio de toda demostración de patriotismo. Por consideración personal hacia usted, me abstengo de discutir innecesariamente los penosos detalles de un régimen que, por desgracia, ha sido un borrón en la historia de Nicaragua y un desengaño para un grupo de repúblicas que sólo necesitan la oportunidad para llenar sus aspiraciones de un gobierno libre y honrado.

Por razón de los intereses de los Estados Unidos y de su participación en las convenciones de Washington, la mayoría de las repúblicas de Centroamérica ha llamado desde hace tiempo la atención a este Gobierno contra tan irregular situación. Ahora se agrega el clamor de una gran parte del pueblo nicaragüense por medio de la revolución de Bluefields, y el hecho de que dos [norte] americanos que, según convicción adquirida por este Gobierno, eran oficiales al servicio de las fuerzas revolucionarias y, por consiguiente, tenían derecho a ser tratados conforme a las prácticas modernas de las naciones civilizadas, han sido fusilados por orden directa del presidente Zelaya, habiendo precedido a su ejecución, según informes, las más bárbaras crueldades. Ahora viene informe oficial de que el consulado [norte] americano en Managua ha sido amenazado, y con éste se colma el proceder siniestro de una administración caracterizada también por la tiranía sobre sus propios ciudadanos, y que hasta el reciente ultraje hacia este país se había manifestado en una serie de pequeñas molestias e indignidades que hicieron imposible, desde hace algunos meses, mantener una legación en Managua. Desde todo punto de vista es evidente que ha llegado a ser difícil para los Estados Unidos retardar más una actitud decidida, en atención a los deberes que tiene para con sus propios ciudadanos, con su dignidad, con Centroamérica y con la civilización.

El Gobierno de los Estados Unidos está convencido de que la revolución actual representa los ideales y la voluntad de la mayoría de los nicaragüenses más fielmente que el Gobierno del presidente Zelaya, y que su centro pacífico es tan extenso como el que tan cruelmente ha tratado de mantener el Gobierno de Managua. A todo esto se agrega ahora que, según informes oficiosos de diversas fuentes, han aparecido indicios en las provincias occidentales de Nicaragua de un levantamiento en favor de un candidato presidencial íntimamente ligado con el viejo régimen, en el cual es fácil ver nuevos elementos que tienden a una condición de anarquía, que pueden llegar, con el tiempo, a destruir toda fuente de gobierno responsable con el cual pueda el de los Estados Unidos discutir la reparación por la muerte de Cannon y Groce, y hasta dificultar la protección con que debe asegurarse a los ciudadanos e intereses [norte] americanos de Nicaragua.


Ambrister; no había protestado cuando los hondureños fusilaron a Walker. En cambio, según lo reflexiona Zelaya en sus memorias, 5 "cuando la voladura del Maine, ni siquiera se halló un alambre, una pieza, la más pequeña, que pudiese dejar la convicción de que se había cometido un crimen. Más el hecho sólo de que el buque se hallaba en aguas de Cuba bastó para

En estas circunstancias, el Presidente de los Estados Unidos ya no puede sentir por el Gobierno del Presidente Zelaya aquel respeto y aquella confianza que debía mantener en sus relaciones diplomáticas, que comprenden el deseo y la facultad de conservar el respeto debido entre un Estado y otro. El Gobierno de Nicaragua que usted ha representado hasta ahora se servirá quedar enterado por la presente notificación, que lo será también al jefe de la revolución, de que el Gobierno de los Estados Unidos le hará estrictamente responsable de la protección de la vida de los [norte] americanos, e igualmente a las facciones de hecho que dominan las regiones del Este y el Oeste de la República de Nicaragua.

Respecto de la reparación que debe hacerse por la muerte de los señores Cannon y Groce, el Gobierno de los Estados Unidos se resiste a imponer al inocente pueblo de Nicaragua un castigo tan pesado en expiación de las culpas de un régimen mantenido por la fuerza o a exigir del Gobierno que surta, si éste sigue una política diferente, el pago de aquella penalidad. Al discutirse esta reparación, debe discutirse al mismo tiempo la existencia en Managua de un gobierno capaz de responder a la demanda. Debe también considerarse hasta dónde puede llegar la responsabilidad de los que perpetraron el hecho, y las torturas que precedieron a la ejecución, si esto se comprueba, y la cuestión de si el nuevo Gobierno está enteramente desligado de las presentes intolerables condiciones y es digno de que se le tenga confianza de evitar la repetición de actos semejantes. En tal caso, el Presidente de los Estados Unidos, como amigo que es de Nicaragua y de las otras repúblicas de Centroamérica, estará dispuesto a reducir la indemnización a lo que realmente se deba a los padres de los fusilados y exigir el castigo solamente de aquellos que lo merezcan. De acuerdo con esta política, el Gobierno de los Estados Unidos suspenderá temporalmente su demanda de reparación; mientras tanto, dará los pasos necesarios para la debida protección de los intereses [norte] americanos.

Para asegurar la futura protección de los legítimos intereses [norte] americanos, y en consideración a los intereses de la mayoría de las repúblicas centroamericanas, lo mismo que con la esperanza de hacer más efectivos los oficios amistosos establecidos por las convenciones de Washington, el Gobierno de los Estados Unidos se reserva para tiempos más oportunos el discutir las estipulaciones con que el Gobierno constitucional de Nicaragua se obligue, por medio de una convención, en beneficio de todos los gobiernos interesados, a garantizar en lo futuro el mantenimiento de las convenciones de Washington y sus ideas pacíficas y progresistas.

Por todo lo anterior, usted debe comprender que ha terminado su misión de encargado de negocios, y tengo el honor de remitir adjunto su pasaporte para el caso de que usted quiera salir del país. Debo agregarle, al mismo tiempo, que aunque su misión diplomática ha terminado, tendré mucho gusto en recibir a usted, lo mismo que tendré el gusto de recibir al representante de la revolución; uno y otro como medios no oficiales de comunicación entre el Gobierno de los Estados Unidos y las autoridades de facto, con quienes habré de tratar para la protección de los intereses [norte] americanos, mientras se establece en Nicaragua un gobierno con el cual puedan los Estados Unidos mantener relaciones diplomáticas.


5 Zelaya, José Santos. La Revolución en Nicaragua y los Estados Unidos, pág.

139. Madrid, 1910.


que el gobierno norteamericano declarase la guerra a España..." Pero ahora, cuando se había probado plenamente la culpabilidad de los implicados, la vara caía según otros razonamientos, valida de un pretexto de torturas cuya inexistencia certificó Luis Layrac, cónsul de Bélgica. Si Zelaya se negó a rectificar la pena impuesta, sus razones tenía como mandatario de un país soberano 6 y eso como excusa de rompimiento era bien pobre razón de Estado utilizada por Knox el 1º de diciembre de 1909.

Lo que sin embargo era evidente para Zelaya, la decisión de los Estados Unidos de suprimirlo, le indujo a resignar el mando en 16 de diciembre ante la Asamblea Nacional para contribuir "al bien de Nicaragua... y sobre todo, a la suspensión de la hostilidad manifestada por el Gobierno de los Estados Unidos, al cual no quiero dar pretexto para que pueda continuar interviniendo en ningún sentido en los destinos de este país". México puso entonces a su disposición el buque General Guerrero para que pudiera exiliarse.

En su reemplazo, la Asamblea designó, con el ánimo de proseguir la lucha, a José Madriz. Este estuvo al poco tiempo en condiciones de rendir a Bluefields al capturar el Bluff, fuerte que domina a la ciudad; pero el comandante del Paducah prohibió a las tropas leales proseguir su avance, reforzando su decisión con el desembarco de marinos. Tan descarada como esa fue la intervención del Paducah y el Dubuque al oponerse a que el barco leal Máximo Jerez detuviera a la entrada de Bluefields a los buques que desde New Orleans pertrechaban a Estrada. Los marines promovieron igualmente la aduana artificial de Schooner Key, para que los revolucionarios pudieran cobrar la renta correspondiente al Bluff. Igualmente autorizaron a Estrada a usar bandera norteamericana para resguardar sus posiciones.

Cuando Madriz protestó ante los comandantes y ante Knox, le fue contestado por los primeros que "harían respetar con los fuegos de sus cañones el comercio [norte] americano, aunque consistiese en armas y municiones para la revolución, y que un disparo contra esas embarcaciones significaría declarar la guerra a los Estados Unidos"; y por el segundo, que el gobierno de los Estados Unidos "simplemente exige que cada fracción cobre
6 Zelaya, José Santos. Op. Cit.: "Esos individuos no podían asimilarse a los prisioneros de guerra que se toman al enemigo en una contienda internacional; eran filibusteros al servicio de una revolución interna pagados para producir estrago y muerte; mercenarios extranjeros que venían a aumentar nuestras desgracias no por amor a un país que no era el suyo, sino para alcanzar una recompensa de los rebeldes y traidores que venían ensangrentando el suelo nacional."

derechos sólo en el territorio que se halle bajo su dominio de facto, y no permitirá que se recauden dobles derechos".

Ante demostración tan evidente de que tampoco él era persona grata para Washington, Madriz renunció en 20 de agosto de 1910. Una semana después, derrumbada la resistencia de los patriotas, Estrada y Chamorro entraban victoriosos en Managua. El 11 de octubre, el Departamento de Estado nombraba a Thomas G. Dawson, entonces ministro, en Panamá, como agente especial en Nicaragua. Se le dieron instrucciones de negociar un empréstito garantizado por un porcentaje de los derechos aduaneros. 7

En reemplazo de Madriz comenzó a gobernar un cuadrunvirato integrado por los generales Estrada, Mena y Chamorro y el civil Adolfo Díaz. En tal carácter recibieron a Dawson, quien en nombre de su gobierno estableció cinco requisitos a cumplirse: 1) Elección de una Asamblea Constituyente, que confirmaría a Estrada como presidente provisional y nombraría a Adolfo Díaz vicepresidente, y que además de aprobar una nueva constitución aboliría ciertas concesiones otorgadas por Zelaya a no norteamericanos; 2) Creación de una comisión mixta de reclamaciones; 3) Castigo de los responsables del fusilamiento de Cannon y Groce; 4) Solicitud de un empréstito a banqueros norteamericanos; 5) Eliminación de los partidarios de Zelaya en la Administración.

La nueva Asamblea fue al principio dócil y cumplió con el primer requisito, nombrando a Estrada y a Díaz el 27 de noviembre de 1910. El 1º de enero de 1911 Taft reconoció
7 Nearing, Scott y Joseph Freeman. Op. Cit., págs. 180-181, donde observan: "Cuando Brown Bross & Co. tuvieron conocimiento de estos planes, ofrecieron al Departamento de Estado flotar el empréstito de Nicaragua. Estos banqueros habían llegado a un acuerdo con George D. Emery Co. para cobrar su reclamación de Nicaragua, la cual se había fijado en septiembre de 1909 en la cantidad de 600.000 dólares, poco antes de la caída de Zelaya. El 2 de febrero de 1911, Brown Bross & Co. escribieron al Secretario Knox lo siguiente: "Entendemos que el gobierno de Nicaragua piensa en la conveniencia de obtener un nuevo empréstito, con el objeto de amortizar sus actuales deudas y proveer para otras necesidades gubernamentales. Entendemos también que, a fin de conseguir tal empréstito en condiciones ventajosas, el Gobierno de Nicaragua desea contar con los buenos oficios de nuestro Gobierno y llegar con él a un acuerdo que proporcione las bases satisfactorias para la garantía que se requiera. Si esta información es exacta, manifestamos como banqueros que tendremos mucho gusto en tener la oportunidad de entrar en negociaciones para tal empréstito. Aparte de nuestro interés general en un asunto de esta naturaleza, nos permitimos agregar que estamos interesados en la reclamación de George D. Emery Co. contra Nicaragua, según el protocolo de 18 de septiembre de 1909, y que, por lo tanto, tenemos un interés especial en la reorganización de las finanzas de este país".

formalmente al nuevo gobierno, en el cual Mena ocupaba el ministerio de Guerra y Chamorro la presidencia de la Asamblea. En febrero llegó Northcott, nuevo ministro norteamericano, quien de inmediato informó a Knox su impresión de que Estrada era impopular y de que en toda Centroamérica existía un sentimiento de indignación por el sometimiento de éste a la Unión; agregaba que el empréstito debía negociarse de inmediato, ya que el Presidente sólo se mantenía "por el efecto moral de nuestro apoyo y por la creencia de que incuestionablemente contará con el mismo si se producen trastornos".

Como confirmando su información, estalló como una bomba la difusión de los "acuerdos Dawson", mantenidos hasta entonces en riguroso secreto. Una copia de ellos difundida en toda América por los liberales, causó sensación. La Asamblea Nacional no tuvo más remedio que hacerse eco de la indignación colectiva, haciendo incluir en la Constitución preceptos que sostenían que "únicamente el Congreso podría autorizar empréstitos y celebrar contratos por medios directos"; y que "los impuestos y contribuciones públicos no pueden ser enajenados ni dados en arrendamiento". Alarmado Günther — encargado de negocios norteamericano—, pidió a Díaz y a Mena el aplazamiento de su sanción, "hasta la llegada del ministro enviado por el gabinete de Washington, que desearía hacer algunas enmiendas a este documento".

La inaudita propuesta fue aceptada. Chocó por este motivo Mena con Estrada. Instado éste por Northcott, disolvió la Asamblea y encarceló a Mena, a quien dejó en libertad el propio Northcott. Pero la impopularidad de Estrada había crecido tanto que no tuvo más remedio que resignar el mando en manos del vicepresidente Díaz.

Y en tanto Chamorro viajaba a los Estados Unidos y Mena se mantenía en actitud expectante, hacía su entrada en la historia de Nicaragua la figura más abyecta de las dos décadas siguientes, precediendo a la no menos siniestra figura de Somoza: Adolfo Díaz. Treinta años antes de que la expresión quisling se hiciera sinónimo de traición incondicional a la propia patria, los Estados Unidos creaban el símbolo de la traición en la persona de Adolfo Díaz, estableciendo con él, de paso, el sistema que les permitiría disfrutar sin complicaciones sus conquistas en el Caribe. Con su descubrimiento, la Unión rubricaba un nuevo capítulo de la historia negra de América.

Adolfo Díaz era un empleado de mil dólares al año en La Luz y Los Ángeles Mining Co., propiedad de la familia Fletcher por la cual velaba solícito el secretario de Estado Knox. Su primera medida fue autorizar a Salvador Castrillo, su encargado de negocios en Washington, a celebrar un tratado por medio del cual los Estados Unidos acordaban a Nicaragua un empréstito de

15 millones de dólares, al 90 % de emisión, fuera de gastos, con un interés del 5 % y un 1 % como amortización. Como garantía ofrecía la entrega de los ferrocarriles y vapores nacionales. Como la propuesta había sido en realidad preparada por el Departamento de Estado, y no hubo tiempo o no se quiso que lo hubiera para su traducción, fue presentado al Congreso de Nicaragua escrito en idioma inglés, con orden terminante del plenipotenciario Weitzel de que se aprobara sin quitarle un punto ni hacerle variaciones a las comas. Seis diputados y dos secretarios de Gobierno, que presumiblemente conocían el inglés y que "no quisieron mancharse con la nota de vendedores de su patria" se negaron a suscribir el Tratado, sin poder evitar empero que fuera sancionado. Pero lo que no produjo la falta de sensibilidad de los diputados lo provocó el prurito legalista del Senado de la Unión; por tres veces y a pesar de la especial recomendación del presidente Taft, se negó a ratificar el tratado Knox-Castrillo, que quedó así sin vigor.

Llegada que hubo la época de convocar a elecciones, Díaz, en conocimiento de que éstas iban a serle adversas, difirió indefinidamente su convocatoria, con gran disgusto de Mena, quien se sentía presidenciable gracias a la media palabra de Knox, acordada a cambio de su voto favorable en la Asamblea con ocasión de tratarse el empréstito fallido. Aun cuando por lo visto Mena no era ningún santo, logró agrupar en torno suyo a conservadores, liberales y aun a voluntarios llegados de Honduras, El Salvador, Costa Rica y Guatemala, con los cuales levantó pendón de rebeldía en 29 de julio de 1912. El general Benjamín Zeledón, popular entre los militares liberales y entre la juventud estudiantil, se plegó al movimiento, que conquistó de inmediato las plazas de Managua, Granada y Masaya.

Díaz no esperó, como Castellón, que algún Walker se ofreciera a ayudarle. Con toda presteza recabó él mismo de los compatriotas del famoso filibustero la ayuda indispensable contra sus hermanos. La marinería yanqui desembarcó y en tren expreso se dirigió a Managua y a Masaya, a las que sometió a terrible bombardeo. Y en tanto Mena era capturado y embarcado en Corinto con destino a Panamá, Zeledón se cubría

de gloria resistiendo en Coyotepe las embestidas norteamericanas.

El 15 de agosto, el comandante Butler desembarcó con 412 marines —avanzada del total de 2.600 soldados, 125 oficiales y ocho buques de guerra que el secretario de Marina reconoció luego haber empleado en la operación, 8 intimando a Zeledón la rendición, que éste ni siquiera se tomó el trabajo de contestar. Y en tanto los gobiernos del istmo protestaban por la intervención y se hacía pública la protesta del presidente de El Salvador, Araujo, el documento más notable de la "Guerra de Mena" veía la luz: era una nota del ministro norteamericano en Nicaragua, George F. Weitzel, reafirmando las razones que asistían a los Estados Unidos para invadir a Nicaragua, y estaba dirigida al
8 Ese mismo funcionario informó luego que "los oficiales y marinos participaron en el bombardeo de Managua, en la emboscada nocturna de Masaya, en la rendición del general Mena y su ejército rebelde en Granada, en la rendición de los cañoneros rebeldes Victoria y Noventa y Tres, en el asalto y captura de Coyotepe, en la defensa del puente Paso Caballos, incluyendo la guarnición y otros deberes en Corinto, Chinandega y en otras partes" (U.S. Navy, Annual Repon, 1912-1913, pág. 38).

Nearing y Freeman (Op. Cit., pág. 38) anotan por su parte que "el 4 de septiembre de 1912, el Departamento de Estado notificó al embajador yanqui en Managua 'que los banqueros que habían hecho inversiones en los ferrocarriles y líneas de vapores de Nicaragua en conexión con el plan trazado para el alivio del desastre financiero del país, habían solicitado protección' ".

En cuanto al comandante Smedley Butler, de la infantería de marina, años después se harían famosas sus palabras pronunciadas como general, en 1935, en una sesión del Congreso norteamericano:

"He servido durante treinta años y cuatro meses en las unidades más combativas de las fuerzas armadas norteamericanas: en la infantería de marina... Durante todo ese tiempo tengo el sentimiento de haber actuado en calidad de bandido altamente calificado al servicio de los 'big business' de Wall Street y de sus banqueros. En una palabra, he sido un 'rakeeter' al servicio del capitalismo... De tal manera, en 1914 he afirmado la seguridad de los intereses petrolíferos en México, Tampico en particular. He contribuido a transformar a Cuba en un país donde la gente del National City Bank podía birlar tranquilamente los beneficios... He participado en la limpieza de Nicaragua, de 1909 a 1912, por cuenta de la firma bancada internacional de los Hermanos Brown. En 1916, actuando por cuenta de los grandes azucareros norteamericanos, he aportado a la República Dominicana la 'civilización'. Yo fui quien en 1923 ayudó a arreglar los asuntos de Honduras en interés de las compañías fruteras norteamericanas. En 1927, en China, afiancé la seguridad de los intereses de la Standard Oil.

"Cuando de tal modo arrojo una mirada hacia atrás, me percato de que podría incluso representar a Al Capone, pues él no pudo ejercer sus actividades de gángster más que en tres barrios de una ciudad, mientras yo, como marine, las he ejercido en tres continentes." (Common Sense, New York, noviembre de 1935.)

ministro de Relaciones Exteriores, Diego M. Chamorro. 9 En la historia de la diplomacia pocas veces se han unido como en este caso en un documento la torpeza, la desaprensión y la soberbia, pero cuando esto ha sucedido, sus autores fueron con rara unanimidad norteamericanos, que confundieron la mesa de las deliberaciones de Estados soberanos con mostradores de almacenes o bancos. El insólito panfleto del funcionario del Departamento de Estado, como otrora el de Knox, son las mejores pruebas de nuestro aserto.


9 El texto de la nota, importante para la historia de las relaciones latinoamericanas con los Estados Unidos, era el siguiente:

'Excelencia: Tengo la honra de informar a V. E. que el Departamento de Estado me ha dado instrucciones por cable de transcribir al Gobierno de V. E., y de modo no oficial a los jefes rebeldes, así como hacer pública la siguiente declaración autorizada de la política de los Estados Unidos en los presentes disturbios. La política del Gobierno de los Estados Unidos en los presentes disturbios de Nicaragua es tomar los medios necesarios para una protección adecuada de la legación de Managua, mantener abiertas las comunicaciones y proteger la vida y la propiedad [norte] americanas. Al desconocer a Zelaya, a cuyo régimen de barbarie y corrupción puso término la nación nicaragüense después de una sangrienta guerra, el Gobierno de los Estados Unidos condenó no sólo al individuo, sino al sistema, y este Gobierno no podría tolerar ningún movimiento para restablecer el mismo régimen destructivo. El Gobierno de los Estados Unidos, en consecuencia, se opondrá a cualquier restauración del zelayismo y prestará su eficaz apoyo moral a la causa del buen gobierno legalmente constituido para beneficio del pueblo de Nicaragua, a quien ha tratado de ayudar desde largo tiempo en su justa aspiración hacia la paz y prosperidad, bajo un gobierno constitucional y de orden.

"Un grupo como de 128 plantadores [norte] americanos, residentes en una región de Nicaragua, ha pedido protección. Como dos docenas de casas [norte] americanas que hacen negocios en el país, han pedido protección; los bancos [norte] americanos que han hecho inversiones de fondos en ferrocarriles y vapores de Nicaragua, como parte de un plan para el alivio de la angustiosa situación financiera de aquél, han pedido protección. Los ciudadanos [norte] americanos que están ahora en servicio del Gobierno de Nicaragua y hasta la propia legación se han expuesto a peligro inmediato durante los fuegos. Dos ciudadanos [norte] americanos se dice que han sido bárbaramente asesinados. Además del reclamo Emery, debido a ciudadanos [norte] americanos, y de la indemnización por la muerte de Cannon y Groce durante la guerra de Zelaya, hay varias reclamaciones de [norte] americanos e intereses ocasionados por concesiones en Washington. Los Estados Unidos tienen el compromiso de ejercer su influencia para el mantenimiento de la paz general, que está seriamente amenazada por el presente levantamiento, y en este sentido hacer cumplir estrictamente las convenciones de Washington y prestar debido apoyo a sus designios y propósitos.

"Cuando el ministro [norte]americano pidió al Gobierno de Nicaragua que protegiera la vida y las propiedades [norte] americanas, el ministro de Relaciones Exteriores respondió que las tropas del Gobierno debían ocuparse en vencer la rebelión, agregando, en consecuencia: Mi Gobierno desea que el Gobierno de los Estados Unidos garantice con sus propias fuerzas la seguridad y la prosperidad de los ciudadanos [norte] americanos en Nicaragua y que haga extensiva la protección a todos los habitantes de la República. En esta situación, la política de los Estados Unidos será proteger la vida y la propiedad de sus ciudadanos del modo indicado, de tal manera que Nicaragua pueda reanudar su programa de reformas, libre del


Pero el colmo de los absurdos ocurrió cuando Chamorro hizo imprimir esa insultante nota, distribuyéndola entre las autoridades militares y civiles y la tropa como demostración de que Díaz estaba realmente apoyado por las tropas de los Estados Unidos. ¡Eso, en lugar de refugiarse a esconder su vergüenza en el pozo más lóbrego de su patria! ¡Eso, en lugar de unirse a los patriotas para barrer a los invasores!

Zeledón, el heroico defensor de Coyotepe, fue muerto el 4 de octubre de 1912 en El Arroyo, al tratar de forzar el cerco norteamericano. Con su muerte y la prisión de Mena, la revolución había quedado sin jefes. De nada sirvió la defensa de Masaya, víctima después del saqueo y el incendio; de nada la vibrante nota de protesta que las autoridades de León enviaron al almirante Southerland; de nada aquella otra del delegado del Gobierno, Leonardo Argüello, cuyos términos, notables por su valentía y patriotismo, fueron contestados por el jefe de la ocupación de León, Chas S. Long, con frases de amenaza "en caso de una negativa de entregar los trenes". 10

obstáculo puesto por los viciosos elementos que querían restaurar los modos de Zelaya, incitando al general Mena a rebelarse con flagrante violación de sus promesas, dadas a su propio gobierno y al ministro [norte] americano y pacto Dawson, por el cual estaba solemnemente obligado, y su tentativa para derrocar al Gobierno de su propio país, con miras exclusivamente egoístas y sin tener siquiera la pretensión de luchar por un principio, hace que la presente rebelión sea desde su origen la más inexcusable en los anales de Centroamérica. La índole de los actuales disturbios y los procedimientos empleados imprimen a esos disturbios el carácter de una anarquía más bien que el de una revolución ordinaria. Acepte V. E., etc. George



  1. Weitzel, ministro [norte] americano. 13/9/1912."


10 Algunas puntualizaciones del mismo fueron: "...Nicaragua es nación libre, soberana e independiente. La soberanía es una, inalienable e imprescriptible, y reside esencialmente en el pueblo, de quien derivan sus facultades los funcionarios que la Constitución y las leyes establecen. En consecuencia, no se podrán celebrar pactos o tratados que se opongan a la independencia e integridad de la nación o que afecten de algún modo su soberanía (art. 2º). Conforme a estos principios, la intervención de las fuerzas de los Estados Unidos en nuestros asuntos internos lesiona nuestra soberanía y es un ultraje inferido por la fuerza a los derechos de un pueblo débil. Ni vale, señor, el argumento que podría aducirse de que las fuerzas de los Estados Unidos han desembarcado para proteger la línea férrea y el consiguiente tráfico, por estar ésta comprometida, mediante un contrato, con banqueros [norte] americanos. Usted comprenderá que los banqueros son meros prendarios: que el ferrocarril nacional se les ha dado en garantía, conservando la nación su propiedad, pues aun llegando a formarse la compañía, conforme al contrato de empréstito adicional, la nación será siempre dueña del 40 ó 50 % de las acciones. Y aun en el caso de que el ferrocarril fuese propiedad exclusiva de una compañía [norte] americana, esto no daría derecho al Gobierno de los Estados Unidos a intervenir directamente... Después de esto, formulo ante usted formal protesta de dos hechos principales... El primero de estos hechos es la captura por fuerzas de su mando del pequeño barco de vapor "El Águila", tomado por nosotros como buena presa, conforme a las leyes de guerra, por encontrarse dicho barco al

Para fines de octubre, el poderío técnico había doblegado a los patriotas. El 12 de noviembre se leía en los diarios de Managua esta noticia: "Sólo quedan 400 marinos. El 15, o sea el viernes de la presente semana, partirán para Panamá el almirante Southerland y las fuerzas [norte] americanas con la expedición de 400 marinos, que se quedan distribuidos así: 300 en Campo de Marte y 100 en León". El día 13, la noticia periodística era: "Hoy a las 7 a. m. partió de ésta, con destino a Corinto, el tren presidencial compuesto de tres carros: en el centro iba el Presidente, don Adolfo Díaz, el general Emiliano Chamorro, el ministro Diego M. Chamorro, don Carlos Cuadra Pasos y otros amigos. Delante y detrás iban dos carros con cien marinos norteamericanos..."

Los banqueros podían, pues, tomar tranquila posesión de sus funciones. El 26 de marzo de 1912, esto es, poco tiempo antes de la sublevación de Mena y a pesar de las prescripciones constitucionales, celebraron con Díaz un acuerdo suplementario de empréstito de 725.000 dólares, de los cuales 500.000 debían ser empleados por los peritos monetarios en la estabilización del cambio, y los 225.000 restantes para los gastos del gobierno. La operación se concertó a seis meses de plazo, al 6 % y una comisión adicional del 1 % para los banqueros, garantizada con los impuestos aduaneros, las líneas de ferrocarriles y vapores, y con los derechos que Nicaragua poseía contra el Sindicato Ethelburga, de Londres.

Se dice que cuando Zelaya contrató con el Sindicato Ethelburga un empréstito por la suma de 1.250.000 libras, precipitó con ello la intervención de los Estados Unidos, que veían en ese convenio un nuevo pretexto inglés para infiltrarse en Nicaragua. Pero el convenio del 25 de mayo de 1912 entre Nicaragua y los banqueros autorizaba a éstos a negociar en Londres en nombre de la Nación. La consecuencia fue que el saldo en Londres, que ascendía a 1.195.000 dólares, se transfirió a los banqueros como pago de su préstamo, después de pagar intereses y fondo de amortización sobre los bonos.

Lo más grave del contrato era la estipulación de que Nicaragua debía transferir sus líneas de vapores y ferrocarriles a una corporación a organizarse en Estados Unidos, la que gozaría de exención de impuestos, de la opción por un año de adquirir
servicio del Gobierno de Managua. El segundo hecho es la prisión actual de todos los ciudadanos nicaragüenses, recluidos en "El Cordón" por motivos políticos... Para concluir…: no extrañará que le pregunte si las relaciones entre los Estados Unidos y Nicaragua son de paz o de guerra..."

el 51 % de las acciones por un millón de dólares y, mediante un préstamo extraordinario de 500.000 dólares a la corporación así constituida, también tendrían opción al 49 % restante de las acciones.

Tal como se consigna en documentos norteamericanos (U. S. Foreign Relations, 1912, págs. 1093/1100) Nicaragua no podría vender su participación a persona alguna, excepto a los banqueros, hasta que los empréstitos estuvieran cancelados. Además, todas las negociaciones debían llevarse a cabo con la participación del Departamento de Estado, ¡lo que convertía a este organismo en manager de Brown Bross y J. & W. Seligman! Díaz aportó a su patria la acentuación de la crisis económica; los cambios se elevaron a tipos inverosímiles (1.500 y 1.485 por

100 sobre giros norteamericanos e ingleses, respectivamente). El contrato que firmara en de septiembre de 1912 en pleno desarrollo de la "Guerra de Mena", fue conocido con el nombre de Convenio de Billetes del Tesoro. Nearing y Freeman sintetizan así sus alcances y proyecciones:




  1. Cien mil dólares del empréstito deberían emplearse como capital inicial para el Banco en proyecto; 2) El saldo debería emplearse para la reforma monetaria de Nicaragua; 3) Los banqueros contratarían peritos monetarios para la reforma de la moneda, pero Nicaragua debería pagarlos; 4) Los banqueros depositarían la suma necesaria para reformar la moneda (1.400.000 dólares) en la United States Mortgage and Trust Co.; 5) El empréstito debería estar garantizado con los derechos aduaneros; 6) El recaudador de Aduanas debería ser un yanqui, nombrado por los banqueros, con aprobación del secretario de Estado y "designado" por Nicaragua; 7) Las Aduanas no deberían sufrir ningún cambio sin el consentimiento de los banqueros. El contrato también otorgaba a los banqueros un gravamen sobre la contribución de alcoholes, y reservaba a aquéllos el derecho de "solicitar la protección de los Estados Unidos contra la violación del presente contrato y su ayuda para llevar a efecto su ejecución". Los banqueros y Nicaragua deberían someter sus disputas al arbitraje del secretario de Estado de los Estados Unidos.

Por su parte, Mr. Taft no cejaba en su apoyo incondicional a Díaz. "La Guerra de Mena" había provocado la justa alarma de los gobiernos centroamericanos, uno de los cuales, el de El Salvador, reclamó del norteamericano por su abierta


intervención. La respuesta de Taft estuvo de acuerdo con todos los antecedentes registrados en la materia. 11

¿Cuáles fueron los resultados de la fracasada revolución y de la intervención armada de los Estados Unidos? En primer término, como lo dice el historiador Howland (Survey, 1929, pág. 181), quedó una fuerza de cien soldados y varios buques de guerra cuidando la Legación: "Estacionada en uno de los fuertes de la capital como una especie de brigada de bomberos, logró evitar, durante los trece años siguientes de gobierno conservador, que las latentes aspiraciones liberales provocasen nuevos incendios."

En segundo término, otro empréstito destinado a enjugar los gastos originados por la revolución. Se firmó el 4 de noviembre de 1912, pero esta vez fueron 500.000 dólares, garantizados por los impuestos al alcohol y al tabaco, que ya eran de todos modos recaudados por el Banco de Nicaragua controlado por los banqueros. Pero cuando el Congreso de Nicaragua se negó a aprobar este convenio, después de haber percibido el país

350.000 dólares, los banqueros suspendieron pagos y se dispusieron a esperar que soplaran nuevos vientos, lo que parecía probable a raíz de haber sido electo Woodrow Wilson presidente de los Estados Unidos.

A raíz de esa elección, el ministro norteamericano en Managua informaba, en 2 de febrero de 1913, que los banqueros no adelantarían un dólar más ni tomarían en cuenta otra proposición "hasta estar seguros de que la próxima Administración seguiría la misma política. Esto contraría grandemente al presidente Díaz, quien desea llegar a un arreglo definitivo de la cuestión financiera mientras esté en el poder la actual Administración en Washington, puesto que ésta conoce a fondo la cuestión. Sin embargo, el presidente Díaz me asegura


11 A la propuesta de El Salvador de que Taft insinúe a Nicaragua la necesidad de concluir un arreglo pacífico, el presidente responde, entre otras cosas "El Gobierno de los Estados Unidos no ha tenido intención de dejar su Legación y las vidas e intereses de sus ciudadanos en Nicaragua a merced de una rebelión sin fundamento, y que, por sus acciones, hace pensar en la época de Zelaya, cometiendo los atropellos más flagrantes a los principios del honor, de la Humanidad, del orden y de la civilización, como V. E. me lo indica. No creo que fuera de justicia insinuar al Gobierno legítimo de Nicaragua cualquier arreglo con las personas que han demostrado que no cumplen los compromisos contraídos con las autoridades locales representadas legalmente y en el ejercicio de sus derechos. En vista de todas estas circunstancias, y para hacer más prontamente eficaz el cumplimiento de sus obligaciones, el Gobierno de los Estados Unidos se propone, de conformidad con lo solicitado por el Gobierno de Nicaragua, tomar las medidas más convenientes para proteger sus intereses y el afianzamiento de la paz".

que no celebrará un contrato definitivo de empréstito sin consultar previamente con el Departamento..."

Nearing y Freeman acotan que Knox contestó que "no había fundamento para el rumor de que la próxima Administración cambiaría la política de los Estados Unidos hacia Centroamérica", y que recomendó al ministro conversara con Mr. Bundy Cole, gerente del Banco Nacional de Nicaragua y agente de Brown Bross. La garantía de Knox y la conversación habida se tradujeron en un nuevo convenio, en 8 de octubre de 1913, que establecía:
1) Mediante el pagó de un millón de dólares, los banqueros harían uso de la opción para la compra del 51 % de las acciones de los ferrocarriles; 2) Prestaban a Nicaragua un millón de dólares; 3) Prestaban a los ferrocarriles 500.000 dólares para mejoras y ampliaciones; 4) Compraban el 51 % de las acciones del Banco Nacional, por 153.000 dólares, conservando preferencia para la compra del 49 % de las acciones restantes;

5) Poseían el derecho de transferir esas acciones en caso de incumplimiento por parte de Nicaragua; 6) El Banco y los ferrocarriles contarían con nueve directores cada uno, de los cuales seis serían nombrados por los banqueros, uno por el secretario de Estado de la Unión y dos por Nicaragua.

¿Hubo algún saldo positivo para Nicaragua? No, rotundamente. Según los inapreciables Nearing y Freeman (Op. Cit., pág. 193), de los dos millones de dólares adelantados a Nicaragua en pago de las acciones del ferrocarril y como empréstito, la República sólo recibió 772.424 dólares. El saldo se empleó en pagar la totalidad de los empréstitos anteriores, en renovar el fondo para la estabilización del cambio, en comprar acciones del Banco Nacional y en pagar diversas partidas de los banqueros: "como resultado de esta operación, los banqueros yanquis no sólo habían cobrado todos sus empréstitos anteriores, sino que Nicaragua les salía debiendo un millón de dólares; su saldo Ethelburga había desaparecido y los banqueros controlaban y administraban los ferrocarriles y el Banco".
Faltaba todavía la tercera consecuencia de la intervención de los Estados Unidos, que en realidad era el pivote sobre el cual giraban todas las demás; la firma del tratado canalero. En plena guerra civil, el ministro Chamorro y el ministro norteamericano en Managua, Weitzel, suscribían un tratado mediante el cual se

concedían a la Unión los derechos para la construcción, servicio y mantenimiento de un canal interoceánico por el río San Juan hasta el Gran Lago de Nicaragua, además del terreno necesario para el establecimiento de una base naval en el Golfo de Fonseca, sobre el Pacífico, y en varias islas de la costa oriental.


Costa Rica y El Salvador, que poseían derechos comunes sobre el Golfo de Fonseca, protestaron airadamente ante el pacto Chamorro-Weitzel. Aun el mismo Senado de la Unión no encontraba las estipulaciones satisfactorias, y se negó a ratificarlo. Había tal ensamblamiento entre los intereses de Brown Bross, J. & W. Seligman y la política del Departamento de Estado, que aquéllos llegaron a enviar a éste una nota donde, en previsión de la firma del tratado canalero, sostenían: "Si el Senado... ratificara el tratado... el pago de los tres millones de dólares que se propone a Nicaragua en el tratado como compensación, pondrá a ese gobierno en condiciones de liquidar la mayor parte de su deuda interna y reclamaciones".
Parecía que con la negativa de ratificación del Senado de la Unión terminaría todo el asunto, ya que el 4 de marzo de 1913 iba a asumir el mando Wilson, de quien se esperaba y aún se anunciaba la modificación de la política de su antecesor. Los hechos demostrarían todo lo contrario. 12 Díaz, por su parte, en elecciones al uso latinoamericano y con la abstención del partido Liberal, salía electo como presidente constitucional con 15.000 votos, lo que da idea del entusiasmo reinante en los comicios. En este mismo año, 1913, se dictó una nueva Constitución — que estuvo en vigencia hasta 1939—, y se estableció como moneda oficial el córdoba; todo parecía ya marchar como por sobre rieles.
12 Turner, John Kennet. Shall it be Again?, de cuyo libro traduce la revista Hispano-América, nº 16, pág. 250 (Tegucigalpa, Honduras) los siguientes párrafos: "El hecho de que una porción considerable de nuestras fuerzas navales estuviera desempeñando el papel de un ejército extranjero de ocupación en una República de Centroamérica (Nicaragua), apenas fue brevemente mencionado, con largos intervalos, en la prensa. En tales ocasiones, una frase o dos, como, por ejemplo, 'la protección de la vida y de la propiedad de ciudadanos [norte] americanos', 'la guardia de la Legación', eran la explicación más extensa que se daba sobre esos asuntos. Durante los ocho años que permaneció Wilson en la silla presidencial, ninguna crítica sobre la ocupación de Nicaragua por nuestras fuerzas pudo leerse en los diarios norteamericanos de importancia, ni en las revistas. Ni tampoco los cuerpos legisladores de la nación le pidieron al Ejecutivo ninguna cuenta por esos actos. Acerca de la apellidada Convención canalera, el senador Borah recalcó "Si el pueblo norteamericano hubiera conocido todas las circunstancias en que se hizo,

Pero el 5 de agosto de 1914, el general Emiliano Chamorro firmaba con el secretario de Estado William J. Bryan el tratado por el cual Nicaragua cedía a Estados Unidos el derecho de

jamás en la vida habría consentido el que se aprobara. Ese fue casi todo el comentario. Evidentemente, la prensa en general, y los leaders de los dos grandes partidos políticos, aceptaron el proceder de Wilson en Nicaragua. Cuando el sucesor de Wilson lo continuó, no se oyó ninguna protesta; y es que, a la verdad, tal política había sido iniciada por el antecesor de Wilson.

Para hallar detalles auténticos, podemos acudir a las audiencias sobre la Convención de Nicaragua, verificadas por el Comité de Relaciones Exteriores del Senado en 1914. Estas audiencias fueron impresas 'confidencialmente', de modo exclusivo para uso del Comité, pues se le envió una copia a cada miembro acompañada de la advertencia de que guardara el secreto. El autor de este libro ha tenido en sus manos una de las copias del Comité.

Un examen de este documento secreto del Gobierno demuestra que las audiencias fueron hechas en forma de preparadas adrede. Es decir, ni a los nicaragüenses ni a los norteamericanos que se oponían al Tratado les fue permitido dar sus declaraciones al respecto como testigos. Sólo una persona de las que no tenían interés que se llevara a cabo la negociación, y que no pertenecía a ninguna de las partes interesadas en pro y en contra, fue oída. Pues bien, a despecho de la supresión de detalles importantísimos e indispensables para ilustrar la génesis del arreglo, el documento descubre claramente los siguientes hechos fundamentales:

1º Que la ocupación permanente de Nicaragua fue llevada a cabo por la administración de Taft con el propósito de sostener en el Poder a un Presidente combatido por una mayoría abrumadora de ciudadanos en su país. 2º Que el tal Presidente, Adolfo Díaz, fue llevado al Poder, no por votos de los nicaragüenses, sino por las fuerzas armadas de los Estados Unidos, a las órdenes del Presidente de los Estados Unidos. 3º Que como un medio de llevar a Adolfo Díaz a la Presidencia, y de mantenerlo allí, nosotros emprendimos una serie de ilegales campañas militares, matamos a centenares de nicaragüenses, echamos abajo tres Gobierno sucesivos, nos apoderamos de la propiedad pública y privada y proseguimos una guerra de conquista hasta tomar posesión completa del país. 4º Que Adolfo Díaz, en la Presidencia, se encontró con que no podía hacer nada por su propia voluntad, sino que tenía que recibir órdenes como un mayordomo cualquiera. 5º Que la dominación norteamericana en Nicaragua no llevó el más pequeño beneficio al pueblo de Nicaragua; que las libertades de los ciudadanos nicaragüenses fueron permanentemente abolidas; que el Gobierno de Nicaragua, bajo el protectorado norteamericano es una pura autocracia, administrada por extranjeros, la cual se ve obligada a mantener suspendida sobre el pueblo nicaragüense la amenaza de un régimen de terror para perpetuarse en el Poder. 6º Que todo el propósito de la guerra de los Estados Unidos contra la pequeña República fue el de obligar a Nicaragua a someterse a un saqueo de sus riquezas por financieros norteamericanos. 7º Que Woodrow Wilson llevó adelante, en todos sus detalles, los proyectos de conquista principiados por Taft; que a la explotación de Nicaragua con la ayuda de los cañones norteamericanos se le dio un color de legalidad bajo el régimen de Wilson, pues el Tratado con Nicaragua fue ratificado porque así lo recomendó Wilson. 8º Que los principales rasgos de este Tratado, la venta de una concesión canalera y el arrendamiento de unas bases navales, son cuestiones concebidas después de resuelto el verdadero objetivo, con el fin de poner una pantalla que ocultara los propósitos puramente financieros del protectorado. 9º Que el actual arbitro de los destinos de Nicaragua, bajo el protectorado norteamericano, no es otro que el representante o apoderado local del Sindicato de Banqueros de New York, para cuyo beneficio exclusivo se llevó a cabo la conquista y se firmó la Convención."


construir un canal interoceánico por su territorio, amén de otras concesiones contenidas en el fallido convenio anterior. Mr. Knox sabía perfectamente lo que decía cuando sostenía que el cambio de administración no iba a modificar la política imperial de su patria. El presidente Wilson, a despecho de su cacareado título de apóstol de la democracia, dio su visto bueno a la infame tratativa, que fue finalmente promulgada por el Senado en 18 de febrero de 1916, siendo sus términos los siguientes:



Artículo 1. El Gobierno de Nicaragua concede al Gobierno de los Estados Unidos, a perpetuidad, libre de todo impuesto y otra carga pública, los derechos exclusivos de propiedad que sean necesarios y convenientes para la construcción de un canal interoceánico por la vía del río San Juan y el Gran Lago de Nicaragua, o por cualquier otra ruta sobre territorio nicaragüense; los detalles de las condiciones bajo las cuales dicho canal será construido, manejado y conservado, serán convenidas por los dos gobiernos en cualquier tiempo en el que el Gobierno de los Estados Unidos notifique al Gobierno de Nicaragua su deseo o intención de construir dicho canal.

Art. 2. Con el objeto de que el Gobierno de los Estados Unidos pueda proteger el canal de Panamá y los derechos de propiedad que el artículo anterior concede al Gobierno de los Estados Unidos, así como para que el Gobierno de los Estados Unidos pueda tomar cualquiera medida necesaria conducente al fin que en ésta se propone, el Gobierno de Nicaragua arrienda, por la presente, a los Estados Unidos, y por un término de noventa y nueve años, las islas del mar Caribe Great Corn y Little Corn; y el Gobierno de Nicaragua concede además al Gobierno de los Estados Unidos, por un período igual de noventa y nueve años, el derecho de establecer, operar y conservar una base naval en aquel lugar del territorio de Nicaragua, lindando con el Golfo de Fonseca, que elija el Gobierno de los Estados Unidos. El Gobierno de los Estados Unidos gozará de la opción de renovar, por un período posterior de noventa y nueve años, los anteriores arrendamientos y concesiones a la expiración de sus respectivos plazos; quedando expresamente convenido que el territorio que por el presente se arrienda y la base naval que pueda mantenerse de acuerdo con la concesión ya mencionada, quedarán sujetos exclusivamente a las leyes y autoridad soberana de los Estados Unidos durante el plazo de tal arrendamiento y concesión o de cualquier renovación o renovaciones de los mismos.

Art. 3. Teniendo en cuenta las estipulaciones anteriores y


el fin que persigue esta convención, y con el propósito de reducir la deuda actual de Nicaragua, el Gobierno de los Estados Unidos pagará en la fecha del canje de las ratificaciones de esta convención, en beneficio de la República de Nicaragua, la cantidad de tres millones de dólares de los Estados Unidos, en moneda de oro, del peso y ley actuales, que se depositarán a la orden del Gobierno de Nicaragua en el banco o bancos, o corporaciones bancarias que el Gobierno de los Estados Unidos determine, fondos que serán aplicados por Nicaragua, del modo que resuelvan las dos altas partes contratantes: todos estos pagos se harán por órdenes giradas por el ministerio de Hacienda de Nicaragua y con la aprobación del secretario de Estado de los Estados Unidos o de la persona que éste señale.

Art. 4. Esta Convención será ratificada por las dos altas partes contratantes de acuerdo con sus respectivas leyes, y las ratificaciones de la misma se canjearán en Washington, tan pronto como sea posible. En testimonio de lo cual los respectivos plenipotenciarios han firmado el presente tratado y fijado en él sus sellos. Hecho en Washington, por duplicado, en inglés y en español, el día cinco de agosto del año de mil novecientos catorce. William Jennings Bryan Emiliano Chamorro.

La opinión de Root, que figura al comienzo de este capítulo, sancionó no sólo el estado de ánimo de los norteamericanos, 13 sino el de toda Iberoamérica, que se alzó indignada contra la nueva iniquidad de los Estados Unidos. Estos, normalmente impermeables a la opinión de sus vecinos, quedaban altamente


13 Diarios y revistas norteamericanos fustigaron sin piedad a su Gobierno. Entre ellos The Argonaut, de San Francisco, California, se refería en términos duros a esa política, en un editorial de 14 de octubre de 1916 (Nº 2.064, Volumen LXXIX, reproducido por Hispano América, de Tegucigalpa, Honduras, págs. 169-170) de donde son estos párrafos:

"La historia de esa ocupación territorial es interesante. Durante la administración de Taft, los banqueros Brown Brothers y Seligman & Co., de New York, le dieron a Nicaragua un empréstito de millón y medio de dólares bajo ciertas condiciones garantizadas por el Gobierno de los Estados Unidos, y en virtud de esa garantía, y para hacerla efectiva, los marinos fueron a Managua. Brown Bross. & Co., por falla de pago de intereses y otros incidentes desde aquella época, son actualmente acreedores por aquel empréstito, y además dueños del ferrocarril nacional de Nicaragua, dueños del Banco Nacional de Nicaragua, y de algunas otras propiedades que también eran nacionales; y cuando vino el asunto del Tratado entre los Estados Unidos y Nicaragua para la concesión del canal, durante las funciones de Bryan en el Departamento de Estado, Brown y Seligman & Co. le pusieron ojos codiciosos a los tres millones que nosotros le debíamos pagar a Nicaragua por la concesión, y le fueron a contar "hábilmente" su historia del empréstito a Mr. Bryan, quien tuvo la "complacencia", dicen, de convenir el firmarles una forma de contrato, garantizándoles que los tres millones, cuando


satisfechos del convenio, que les permitía así completar el sistema defensivo de los accesos al canal de Panamá, no sólo porque la amplitud del golfo de Fonseca permite abrigar en su seno a todas las escuadras del mundo y es fácilmente defendible, sino porque el lago de Nicaragua así como sus numerosas islas podían servirle como astilleros, estaciones sanitarias o carboníferas, etcétera. Eso sin contar con que, de hecho, la situación geográfica de Nicaragua le permitía convertirse en una especie de cuartel de bomberos para sofocar todo posible incendio en Centroamérica.

De nada valió que El Salvador, Honduras y Costa Rica protestaran del enajenamiento de una soberanía que no era de la sola atribución de Nicaragua. Según la Convención de Washington de 1907 —obra del secretario de Estado Elihu Root— toda disputa debía ser sometida a la consideración del Tribunal de Justicia Centroamericano. Tratados anteriores prohibían a Nicaragua modificar por sí sola el status de esa zona. Así lo hizo saber el Tribunal de Justicia consultado, quien en 30 de setiembre de 1916 dictaminó que Nicaragua había violado el Tratado de Límites de 1858 con Costa Rica, el fallo arbitral del presidente Cleveland de 1888, y el Tratado de Paz y Amistad del 20 de diciembre de 1907.

hubieran de pagarse, se les entregarían a ellos, en vez de al Gobierno de Nicaragua.

"Por qué los tres millones en lugar del original millón y medio, es cosa que todavía nadie se la ha explicado. Los banqueros se guardaron ese contrato, "redactado a su gusto y satisfacción", y debidamente firmado por Mr. Bryan, con la peculiaridad de que de él no quedó registro ni huella alguna en el Departamento de Estado, donde, aparentemente, nadie supo ni tuvo conocimiento de tal contrato; y cuando este Gobierno y los representantes del de Nicaragua iban a proceder a distribuir el dinero entre Nicaragua y varios de sus acreedores, Brown Bross. y Seligman & Co. se presentaron con su contrato reclamando todos los tres millones, lo cual fue una gran sorpresa para el nuevo secretario de Estado, y un tremendo chasco para el Gobierno de Nicaragua y sus otros acreedores.

Según queda dicho, nadie está en actitud de explicar satisfactoriamente por qué el reclamo de los banqueros ha crecido de millón y medio a tres millones, más un ferrocarril, un banco y otros saldos e intereses. Ahora, ¿por qué tratamos nosotros con un espíritu y un método a los países chiquitos como Haití, Santo Domingo, Panamá y Nicaragua, y tratamos a México con otro espíritu y otro método? La contestación es que estos países chiquitos, por la pequeñez de sus asuntos e intereses, están fuera de la observación general, y no llaman la atención de nadie; mientras que México está actualmente siendo el centro de la atención general.

"El presidente Wilson, el del 'recto juicio', siguiendo el interés general, ha tomado personalmente a su cargo la dirección de los asuntos mexicanos, y ha dejado a los subalternos del Departamento de Estado el manejo de los países pequeños, y por Sección."

El Tribunal desechó igualmente la tesis de Nicaragua, que sostenía que el Tratado Bryan-Chamorro sólo concedía a los Estados Unidos un mero derecho de opción. En vista de esa resolución, Nicaragua no reconoció el fallo y tampoco lo hizo la Unión, quien sostuvo la pobre excusa de que no habiendo sido signataria de las convenciones aprobadas en la Conferencia de Washington, no estaba obligada a cumplirlas. Ese sofisma decretó la muerte del Tribunal de Justicia Centroamericano, que al siguiente año, 1917, debía de renovar sus autoridades. Como lo consigna el historiador Moore, "Nicaragua —a quien los demás Estados miraban como la protegida de los Estados Unidos— no quiso suscribir el convenio de renovación, y así el Tribunal hubo de cesar en sus funciones en marzo de 1918. Se recordará que el mismo debió principalmente su existencia a los esfuerzos de los Estados Unidos. Cuando éstos no quisieron hacer más caso de sus decisiones, dejó de existir". 14

Otro norteamericano, el senador Boarh, expresó en pública sesión:

El Tratado que hicimos con Nicaragua no representa en ningún sentido la expresión de las miras o de los deseos del pueblo nicaragüense. En todo lo que a Nicaragua concierne, fue hecho por un Gobierno que nosotros pusimos en el poder, que mantuvimos en el poder por la fuerza, y que en ningún tiempo representaba las miras del pueblo nicaragüense. Hicimos un importantísimo Tratado con un pueblo en tal desamparo, un pueblo bajo nuestra dominación militar. El almirante norteamericano que tenía a su cargo los asuntos de Nicaragua, declaró en la investigación realizada por este Congreso que si al pueblo de Nicaragua se le hubiera permitido expresar libremente su opinión, el ochenta por ciento de ellos, a su juicio, se hubiera opuesto al Tratado tal como le fue sometido. Yo nunca he considerado el Tratado de Nicaragua como un Tratado celebrado con el pueblo nicaragüense. Nosotros hicimos un Tratado con nosotros mismos. Hicimos un Tratado con un Gobierno que nos representaba a nosotros mismos del otro lado de la mesa de las negociaciones. Hicimos un Tratado con un Gobierno que era un instrumento nuestro. Es una de las transacciones más indefendibles de que yo tengo conocimiento en la vida internacional. 15

14 Moore, David R. Op. Cit. pág. 711.

15 Congressional Record, Proceedings and Debats of the 2nd. Session of the 67th.

Congress, Vol. LXII, pan. 9º págs. 8941/42, Washington.

Con idéntica actitud se expidió el senador republicano Laad al fundar el pedido de investigación solicitado al Senado de la Unión. Invocó estos hechos en apoyo de su moción:


Por cuanto se ha denunciado en el Senado de los Estados Unidos y corroborado en minuciosos detalles por muchos informes de la prensa diaria que marinos de los Estados Unidos invadieron a Nicaragua en 1910, mataron como doscientos ciudadanos nicaragüenses e impusieron como Presidente nominal de aquel país a un empleado de una corporación [norte] americana, que no habría podido permanecer en la Presidencia cuarenta y ocho horas sin el apoyo de los marinos [norte] americanos; y

Por cuanto mientras los marinos de los Estados Unidos permanecían en control de la capital de Nicaragua y oficiales navales de los Estados Unidos dictaban virtualmente la política de su Presidente nominal, el Gobierno de los Estados Unidos celebró un importante tratado con Nicaragua; y

Por cuanto el oficial encargado de las fuerzas militares en control de Nicaragua admitió, bajo juramento, ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, que el ochenta por ciento del pueblo nicaragüense repudiaba al gobierno que habíamos impuesto arbitrariamente y manteníamos por fuerza, y habría rehusado ratificar el tratado que impusimos a un gobierno no representativo bajo nuestra dominación militar; y

Por cuanto se dice generalmente que la tentativa de ejecutar los términos de este tratado, obtenido en estas cuestionables circunstancias, ha originado disputas entre el Gobierno de los Estados Unidos y algunas naciones centroamericanas acerca de concesiones territoriales para una base naval y privilegios comerciales; y

Por cuanto el gobierno nominal de Nicaragua, todavía bajo la dominación de las fuerzas navales de los Estados Unidos, se negó a reconocer las disposiciones de una sentencia arbitral pronunciada por la Corte Internacional de Justicia de Cartago, tribunal instituido a iniciativa de los Estados Unidos, cuyo gobierno garantizaba el cumplimiento de sus fallos; y

Por cuanto se ha publicado en los periódicos que con la ayuda de las fuerzas militares de los Estados Unidos la democracia en Nicaragua está bajo el tacón de una muy reducida minoría que se ha apoderado del poder político y explota los recursos económicos del país bajo la dirección de ciertas firmas comerciales de New York; y


Por cuanto en comprobación de estas acusaciones es un hecho conocido que Diego M. Chamorro es Presidente de Nicaragua; Rosendo Chamorro, ministro del Interior; Salvador Chamorro, presidente del Congreso; Gustavo A. Argüello, hermano político del Presidente Chamorro, ministro de Hacienda; Agustín Chamorro, consejero financiero; Miguel Vigil, hijo político del Presidente, secretario del Presidente; Filadelfo Chamorro, comandante de la fortaleza principal de la capital; Leandro Chamorro, comandante de Corinto, el puerto principal de Nicaragua; Carlos Chamorro, comandante militar de la zona del norte; Dionisio Chamorro, administrador de aduanas; Octavio Chamorro, miembro del Congreso; Clarence Berghein, hijo político del Presidente Chamorro, cirujano militar; Agustín Bolaños Chamorro, cónsul de Nicaragua en Nueva Orleáns; Fernando Chamorro, cónsul de Nicaragua en San Francisco; Pedro J. Chamorro, cónsul en Londres; Carlos Chamorro de Bernard, representante diplomático en El Salvador; Emiliano Chamorro, ministro de Nicaragua en Washington; Octavio César, hermano político del Presidente Chamorro, agente financiero; y Diego M. Chamorro, hijo, agregado a la Legación en Washington; y

Por cuanto resoluciones adoptadas en una Junta magna del pueblo de Managua (Nicaragua), acusan públicamente al Dr. Máximo H. Zepeda, delegado a la Conferencia Centroamericana de Paz, actualmente reunida en Washington, D. C., de "traidor a su patria" y de ser "abogado de los banqueros de Wall Street, contra los legítimos intereses de su país"; y

Por cuanto la misma Junta magna y otras reuniones y editoriales de la prensa de Nicaragua han pedido el retiro de los marinos de los Estados Unidos, a fin de que el pueblo de Nicaragua pueda restablecer el gobierno representativo; y

Por cuanto un senador de los Estados Unidos ha declarado públicamente por la prensa que "el pueblo de Nicaragua ha sido completamente privado de todo vestigio de gobierno propio y sus recursos nacionales son explotados desvergonzadamente por corporaciones [norte] americanas bajo la protección de los marinos de los Estados Unidos"; y

Por cuanto la ocupación militar de Nicaragua, que cuenta ya doce años, ha sido considerada por un senador de los Estados Unidos, miembro del comité de Relaciones Exteriores como "en contravención de la decencia internacional y en oposición a los derechos legales e intereses materiales del pueblo de Nicaragua"; y


Por cuanto no existe estado de guerra entre los Estados Unidos y Nicaragua para justificar la presencia permanente de nuestras fuerzas militares en el territorio de una nación vecina y amiga; y

Por cuanto el Departamento Ejecutivo no tiene facultades constitucionales para mantener semejante invasión sin el consentimiento del Congreso; y

Por cuanto tal ocupación permanente contrasta con la política tradicional de los Estados Unidos y es hostil al mantenimiento de amistosas y armónicas relaciones con las repúblicas centroamericanas"... 16
Finalmente otra opinión, la de un periodista español: "Dicen que Chamorro se ha lamentado más de una vez de las consecuencias del famoso convenio, y que tiene abundantes razones para ello. Porque Chamorro, además, no es como Adolfo Díaz, un empleado que sube en una compañía extranjera, a quien alcanzan para hacer de él un testaferro. Chamorro es... de una antigua familia de terratenientes...

¿Entonces, cuál puede ser el secreto de este borrón que coloca el nombre de Chamorro en la historia con los caracteres más negros?... Pero en Estados Unidos tienen lo que pretenden: un estado de derecho conseguido a favor de la presión o de las dádivas políticas sobre los elementos dirigentes que, como se ve, no han vacilado en vender su alma al diablo para satisfacer sus ambiciones y aplastar a sus enemigos." 17



16 Congresional Record, diciembre de 1922, Washington.

17 Belausteguigoitia, Ramón de, Con Sandino en Nicaragua, pág. 51. Edit. Espasa-Calpe, Madrid, 1934.

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