Henri barbusse



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IV


EL "IMPERIALISMO BENÉVOLO DE CORTA DURACIÓN"


En medio del nuevo orden del poder marítimo y de la política que apareció a fínales del siglo XIX, la inquietud por la seguridad de la República Continental y por las comunicaciones navales entre sus dos populosas costas condujo a una serie de intervenciones de Estados Unidos en las soberanías de las repúblicas independientes del Caribe y en ciertos estados de la América Central. Esas intervenciones condujeron a un imperialismo benévolo de corta duración que desapareció tan pronto como pareció desvanecerse, después de Versalles, el peligro europeo. 1

SAMUEL FLAGG BEMIS


Vosotros, mis compatriotas de Estados Unidos, sabéis muy bien con cuánta sinceridad deseamos la independencia, la soberanía incólume y la integridad política y la prosperidad cada vez mayor de los pueblos de la América latina. Nosotros tenemos nuestros problemas interiores inherentes a la vida cada vez más intensa de un pueblo libre, pero no existe ningún sentimiento imperialista que arroje su sombra sobre la senda de nuestro progreso. No ambicionamos ningún territorio; no buscamos ninguna conquista; la libertad que queremos para nosotros la deseamos también para los demás; y no queremos hacer valer para nosotros derechos que no concedamos a los demás. Deseamos con absoluta sinceridad ver en todo este hemisferio una paz duradera, el reino de la justicia y la difusión de las bendiciones de una cooperación benéfica. 2

CHARLES EVANS HUGHES


1 Bemis, Samuel Flagg. Op. Cit., pág. 10.

2 Hughes, Charles Evans. Discurso que como secretario de Estado pronunció en Brasil, en 1922, con ocasión del Centenario de la Independencia de ese país. Adresses in Brazil delivered by the Hon. Charles Evans Hughes. September 1922. Washington, pág. 3.
La ulterior historia de éste y de los otros Chamorros nos fuerzan a dudar de que don Emiliano haya sido tan sensible. Por de pronto, no tuvo empacho alguno en aceptar ser el sucesor de Díaz, mediante elecciones supervigiladas por los marinos- bomberos, bajo la paternal custodia de los cañones del Chatanooga y del San Diego. Los entretelones de la elección, según lo refiere Salvatierra, 3 fueron una nueva demostración de lo que el "apóstol de la democracia" Wilson entendía por comicios libres.

Trascendió que Julián Irías, candidato del Partido Liberal, fue citado por el ministro norteamericano Jefferson "a una entrevista, que tuvo lugar en la Legación en la mañana del 17 del presente mes (septiembre de 1916), a presencia del almirante Sr. Caperton y del intérprete doctor Francisco Brown Webber... y el señor ministro norteamericano, sin las palabras equívocas de una afectada amabilidad diplomática, hizo al candidato liberal, en nombre de la Secretaría de Estado, las siguientes declaraciones:

"Que jamás será Presidente de Nicaragua el candidato que no demuestre con pruebas a satisfacción de los secretarios de Estado, lo siguiente: 1º, Que acepta sin modificación los convenios que el actual Gobierno de Nicaragua ha celebrado con el de los Estados Unidos. 2º, Que en todo cuanto haga con relación al sistema económico de Nicaragua, el Gobierno de este país debe proceder en completo acuerdo con la Secretaría de Estado. 3º, Que el candidato debe aceptar la política [norte] americana para el mantenimiento del orden y la paz en la República, pudiendo, según convenga, retirar o no las fuerzas [norte] americanas residentes en Nicaragua, o traerlas nuevamente, en caso de creerlo conveniente. 4º, Que el candidato demuestre que en ninguna forma participó en la administración del general Zelaya. 5º, Que el expresado candidato pruebe a la Secretaría de Estado que en forma directa ni indirecta ha participado en movimientos revolucionarios contra el Gobierno de Nicaragua desde la caída de Zelaya."

Un elemental sentido de la dignidad y de la decencia movió a los liberales a no aceptar esa imposición, que en sí misma llevaba el propósito de negar a ese partido el acceso a los comicios, a los cuales en efecto no concurrió.


3 Salvatierra, Sofonías. Azul y Blanco. Managua, 1919, págs. 114/5.

Ascendió así al poder Emiliano Chamorro, el 1º de enero de 1917, llamando sacrificio a su aceptación, que otros espíritus — seguramente menos comprensivos— denominaban premio a la traición. Durante el disfrute de su canonjía puso en práctica el Plan Lansing, sistema financiero que controlaba todas las rentas del Estado, aunque no necesariamente en beneficio de la nación. 4

Bien aconsejado por los banqueros y mejor sostenido por los marines, nombró en 1918 la Comisión Suprema de la República, destinada a fiscalizar los gastos de la Nación. Naturalmente, en este organismo figuraban dos funcionarios designados por el Departamento de Estado y uno nicaragüense, designado por Chamorro.

A todo esto Wilson expresaba, con su proverbial idealismo, que "los Estados Unidos jamás volverán a adquirir un pie de territorio por conquista" y que "los pequeños Estados del mundo tienen el derecho de gozar del mismo respeto por su soberanía y por su integridad territorial que las grandes y poderosas naciones".

Si los iberoamericanos no hubiésemos comprobado, con ocasión de lo de Nicaragua, Panamá, México, Haití, Cuba y Santo Domingo, de qué manera entendían los banqueros norteamericanos el panamericanismo, esgrimiendo el big stick, avasallando soberanías, envileciendo conciencias, estableciendo dictaduras bestiales y usando del chantaje y la coacción, mientras sus idealistas y puritanos presidentes se dedicaban a fomentar la democracia... en el papel, hubiera sido quizás posible que las palabras de Wilson nos emocionaran... o que tomáramos en serio su famoso discurso de Mobile (27 de octubre de 1913) y sobre todo su promesa de que "los Estados agobiados por empréstitos serían emancipados de la intolerable situación de que los capitalistas ejerzan dominio sobre sus asuntos internos".

Por lo que se refiere a Centroamérica, una de las maneras de evitar ese dominio sería el establecimiento de un frente


4 Castellón. Historia de Nicaragua, pág. 105: "...con el Plan Lansing, aprobó el Gobierno de Nicaragua los contratos con los tenedores de Bonos Extranjeros de Londres, con los banqueros de Nueva York y con el Banco Nacional de Nicaragua y quedó establecida la Alta Comisión con cargo de agente fiscal. Por medio de dicha Alta Comisión se hizo el reconocimiento de la Deuda Interna dejando este Tribunal el mismo recuerdo que la Comisión Mixta de los años anteriores. Los contratos y negociaciones llevados a cabo por el Gobierno durante el año de 1917, analizados atentamente revelan cláusulas onerosísimas, crecidos intereses y un cuantioso capital en garantía de poco dinero".

Unido de sus pueblos para oponer a la codicia y a la prepotencia. Así lo entendieron las repúblicas cuando en 4 de diciembre de 1920 dieron comienzo, en San José de Costa Rica, las deliberaciones "por un Pacto definitivo de unión perpetua e indisoluble entre los pueblos de la América Central". Las deliberaciones iban perfectamente encaminadas, hasta el momento en que se mencionó el tema de los tratados internacionales. Allí ardió Troya.

Los delegados de Chamorro solicitaron el reconocimiento del pacto Chamorro-Bryan y el de los convenios con los banqueros, además de su derecho a reglarse particularmente con los Estados Unidos, en lo que concernía a esos convenios. Concretamente, querían quizás la reunificación, sí, pero además, querían que los norteamericanos siguieran gobernando en Nicaragua. Más concretamente aún: no querían la República Federal de Centroamérica. 5

Ante la evidencia de los hechos, las deliberaciones no dieron el resultado esperado. En cambio, se logró que se constituyera una República Tripartita, con la participación de Guatemala, El Salvador y Honduras, que estableció su capital en Comayagua, Honduras, en 1º de diciembre de 1921. En cada uno de los tres países se celebraron elecciones federales de diputados y sólo faltaba la elección de senadores en Guatemala para que el 15 de enero de 1922 pudiera reunirse el Congreso de la Federación.


5 Moreno, Laudelino. Historia de las Relaciones Interestaduales de Centroamérica, págs. 330 y siguientes. Monografías Hispano-Americanas, Edit. C.I.A.P., Madrid, donde relata sabrosos detalles de la Conferencia de San José de Costa Rica, y entre otros los siguientes:

"La base tercera, 'la Federación garantiza en todos los Estados (a más de otros derechos) la libertad del sufragio y la alternabilidad en el Poder', y la cuarta, 'en adelante ninguno de los Estados podrá (entre otras cosas) celebrar contratos que puedan en algún modo comprometer su soberanía e independencia o la integridad de su territorio', las rechazó el mismo delegado (Castillo, por Nicaragua) y propuso su eliminación, manifestando, además, que su Gobierno tenía celebradas con los señores Brown Bross. & Co. y J. W. Seligman & Co. contratas que, lo mismo que el Tratado Chamorro-Bryan, no debían caer bajo la jurisdicción de la Federación. Esta actitud acentuó la creencia de que Nicaragua no suscribiría el Pacto Federal...

"...En la sesión siguiente, cuando ya se discutían los artículos últimos del anteproyecto, el Sr. Castillo mostró un telegrama de su Gobierno en que exigía el reconocimiento expreso de la validez y eficacia del Tratado Chamorro-Bryan y del derecho de Nicaragua a cumplir sus disposiciones y celebrar arreglos y convenciones que de él se deriven. Rechazada esta exigencia, el Sr. Castillo presentó una fórmula, redactada antes de recibir nuevas instrucciones de su Gobierno, concebida en estos términos: 'Ningún acto, ley o sentencia de la Federación o de los Estados impedirá que Nicaragua cumpla con las estipulaciones del Tratado Chamorro-Bryan, que celebró con los Estados Unidos de América el 5 de agosto de 1914. Ningún acto, ley o sentencia de la Federación impedirá el

Pero en 5 de diciembre de 1921, el general Orellana se sublevó contra el presidente Herrera, de Guatemala. La Asamblea de este país decretó en 14 de enero la separación del pacto tripartito, provocando de esa manera su disolución posterior.

Es sugestivo que días después de la revolución de Orellana, en 23 de diciembre, Hughes, secretario de Estado de la Unión, enviara un cable impugnando la constitución de la Federación tripartita, alegando capciosamente las estipulaciones de la Convención Adicional al Tratado General de Paz y Amistad de 1907, donde se leía: "Las Altas Partes contratantes no reconocerán ningún régimen que surja por consecuencia de golpe de Estado o de revolución contra un gobierno reconocido, mientras los representantes del pueblo libremente electos no hayan reorganizado el país en forma constitucional."

Con su cable, Hughes recomendaba a El Salvador y a Honduras el estricto cumplimiento de dicha Convención, donde también se estipulaba la no intervención de ninguna de las partes contratantes en los asuntos internos de otra. Es decir, que si estos dos países, en cumplimiento del Pacto Federal Tripartito, trataban de ayudar a Herrera contra Orellana, incurrían según Hughes, en intervencionismos, ya que el organismo resultante de este Pacto aún no había entrado en funcionamiento ni tampoco había sido reconocido por los

cumplimiento, modificará o alterará los contratos celebrados por Nicaragua con los Sres. Brown Bross. & Cía. y J. W. Seligman & Co.'

"...El día siguiente (señalado para suscribir el pacto) el presidente de la Conferencia recibió una exposición del delegado de Nicaragua, Dr. Pasos Arana (reemplazante de Castillo), que derrumbó la obra terminada. En ella expresa que el pueblo de Nicaragua quiere la Unión; que la quiere su Gobierno, encarnado en el Jefe que hoy ejerce la primera magistratura, y que a pesar de cuanto se ha dicho, es la verdadera representación de la voluntad de aquel pueblo: que el delegado que ha quedado al frente de la representación de Nicaragua es tan decididamente unionista que, imperturbable, se ha mantenido en su puesto a pesar de estar enfermo, y ha permanecido sereno ante los ataques de una prensa inspirada en el error y en la injusticia... Pero 'el Gobierno de Nicaragua encuentra, y con plena razón, que no es posible firmar el Pacto en los términos que está planteado, porque es contrario al honor y dignidad de la República el admitir, ni por un momento siquiera, el cargo tácito que se desprende de que Nicaragua hubiera podido firmar sin derecho el Tratado Chamorro-Bryan, en el cual se contuviesen lesiones a los intereses de Centroamérica'. 'En concepto, pues, el Gobierno de Nicaragua, agotadas las formas propuestas, la única manera de llegar a un resultado feliz era suspender, por ahora, las Conferencias, para que puedan continuarse en Managua en un término prudencial, por supuesto, mediante la inteligencia oportuna de los demás Gobiernos de Centroamérica. Por lo expuesto, y no habiendo llegado la autorización del Gobierno de Nicaragua para que pueda el que habla firmar solo, sin la asistencia del otro delegado (olvida que con su anuencia se fijó para suscribirlo el día 18), es llegado el caso de anunciar el retiro de la Delegación.' "


Estados Unidos.

La casuística tesis de Hughes tendía a favorecer a Orellana, el dictador que luego se distinguiría por sus graciosas concesiones a la United Fruit Co. El pacto, en la forma en que había sido concebido, no se avenía a los intereses de los Estados Unidos, quienes necesitaban modernizar, adecuándolas a sus inquietudes maternales, las estipulaciones de 1907.

Con tal propósito, Hughes y Sumner Welles concitaron la firma de un pacto, que fue suscripto el 7 de febrero de 1923, donde, además de establecerse la limitación de armamentos y proveer al mejor resguardo de la "paz y la amistad", se leía el siguiente artículo:

II. Deseando asegurar en las Repúblicas de Centro América los beneficios que se derivan de la práctica de las instituciones libres y contribuir al propio tiempo a afirmar su estabilidad y los prestigios de que debe rodearse, declaran que se considera amenazante a la paz de dichas repúblicas todo acto, disposición o medida que altere en cualquiera de ellas el orden constitucional, ya sea que proceda de algún poder público, ya de particulares. En consecuencia, los Gobiernos de las partes contratantes no reconocerán a ninguno que surja en cualquiera de las cinco Repúblicas por un golpe de Estado o de una revolución contra un gobierno reconocido, mientras la representación del pueblo, libremente electa, no haya reorganizado el país en forma constitucional. Y aun en este caso se obligan a no otorgar el reconocimiento si alguna de las personas que resultaren electas Presidente, Vicepresidente o Designado estuviere comprendida en cualquiera de los casos siguientes: 1º, Si fuere el jefe o uno de los jefes del golpe de estado o de la revolución; o fuere por consanguinidad o afinidad ascendiente, descendiente o hermano de algunos de ellos. 2º, Si hubiere sido Secretario de Estado o hubiese tenido alto mando militar al verificarse el golpe de estado o revolución o al practicarse la elección, o hubiese ejercido ese cargo o mando dentro de los seis meses anteriores al golpe de estado, revolución o elección. Tampoco será reconocido en ningún caso el gobierno que surja de elecciones recaídas en un ciudadano inhabilitado, expresa o indubitablemente por la Constitución de su país para ser electo Presidente, Vicepresidente o Designado.6

6 Es sugestivo que entre tantas prescripciones no figurara como una de las generales de la ley el hecho de haber sido ministro, embajador o agregado militar acreditado ante Washington, característica que suele darse con alguna frecuencia en la biografía de los dictadores latinoamericanos.

Otra de las prescripciones de la Convención estipulaba la formación de una Guardia Nacional en Nicaragua, para que reemplazara a los bomberos estacionados en Campo de Marte desde 1912. Como signo de la buena voluntad que animaba al nuevo presidente de los Estados Unidos, el propio ministro de ese país fue el emisario de la buena nueva que daba Mr. Calvin Coolidge, sucesor de Warren G. Harding, a su vez sucesor de W. Wilson. El Receptor de ella fue el vicepresidente en ejercicio del poder, Bartolomé Martínez. Este había reemplazado al presidente Diego Manuel Chamorro, muerto —y aunque parezca mentira, no de muerte violenta— en 1923. Este Chamorro había sucedido en el mando a su sobrino, Emiliano Chamorro, el 1º de enero de 1921.

La presencia de Martínez había roto involuntariamente la trenza tan laboriosamente anudada por los Díaz y los Chamorro. Martínez no era ni de la Granada conservadora, ni de la León liberal, ni de la Bluefields pro yanqui; sino de la norteña zona de Segovia. Eso constituía no sólo una novedad, sino también una incógnita, que se develó cuando, en julio de 1924, Martínez resolvió pagar las cuentas de Nicaragua a los banqueros Brown y Seligman, recuperando así el Ferrocarril del Pacífico. Compró además, en 300.000 dólares, la participación de los banqueros en el Banco Nacional.

Esta política se vio coronada por los esfuerzos que realizó para unificar a liberales y conservadores en un mismo afán de recuperación nacional. A tal efecto, gestionó una fórmula de avenimiento que se tradujo en el binomio electoral Solórzano (conservador)-Sacasa (liberal), triunfante en las elecciones realizadas en octubre de 1924.

En enero de 1925, Martínez hacía entrega del mando a Solórzano y el 3 de agosto de 1925 se retiraban ¡por fin! del país los marines norteamericanos, izándose en Campo de Marte, por primera vez en catorce años, la bandera nicaragüense. Como no podía menos que suceder, el 28 del mismo mes se levantaban en armas los militares, al mando del general chamorrista Alfredo Rivas. Como Mr. Hughes invocara el pacto del 7 de febrero de 1923, refirmándolo con el envío de dos buques de guerra como elemento persuasivo de primer orden, la intentona de Rivas fracasó.

No fue así con la de nuestro viejo y conocido Emiliano Chamorro, ocurrida casi un mes después, el 25 de octubre, al apoderarse de la fortaleza de Tiscapa. Solórzano no intentó resistencia alguna: por el contrario, previa conferencia con Díaz


y el ministro norteamericano, no sólo cedió el mando a Chamorro en lugar de delegarlo en Sacasa, sino que envió a los jefes políticos y militares la siguiente circular:



Después de la toma de la fortaleza de Tiscapa y la entrega de la Penitenciaría, hemos llegado a un entendimiento con el general Emiliano Chamorro, de carácter político-militar, quedando él con el cargo de general en jefe del ejército de la República, durante el tiempo que sea necesario para restablecer el orden constitucional. Espero que tanto usted como los amigos de ese departamento comprenderán lo difícil de la situación por que atraviesa la República, y sabrán ponerse a la altura del deber que nos impone un bien entendido patriotismo. Comandante General Solórzano.

Esta curiosa muestra de "bien entendido patriotismo", que solicita colaboración "para restablecer el orden constitucional" a favor de su principal perturbador, no es la única perla del collar legalista con que se adornaron todas las traiciones de los gobernantes latinoamericanos con sus pueblos, para beneficio de los intereses espurios. Y para quienes, en Nuestra América, creían en verdad que Coolidge sería distinto de Wilson, pronto llegó el momento de convencerse de lo contrario. No sólo lo certificaban las palabras de su compatriota Truslow Adams:



Callado, sin cultura ni gustos intelectuales, con una mente que en muchos aspectos era singularmente ordinaria y vulgar, poseía sin embargo cierta astucia y cordura de yanqui endurecido, que le hacían aparecer ante muchos como un guía prudente y seguro... Sus intereses eran limitados, y al parecer conocía y le importaban muy poco los asuntos internacionales y los problemas más vastos del mundo de posguerra. Su comentario sobre las deudas, cuando se hablaba de reducirlas:

"alquilaron el dinero, ¿no es cierto?"da harto justamente la medida del hombre. 7

También dan fe de ello las palabras de nuestro compatriota Palacios:

...quienquiera que haya leído su libro "El precio de la libertad" le habrá considerado un paladín de los derechos humanos, de la moral y de la justicia [...] que tal hombre se



7 Adams, James Truslow. Historia de los Estados Unidos, pág. 396, T. II. Editorial Poseidón, Buenos Aires, 1945.


halla destinado a realizar un cambio fundamental en el proceder político de Norteamérica, a convertirse en agente y campeón de la solidaridad continental. Mas he aquí que ese apóstol ferviente [...] utiliza su cargo de Presidente de la nación más fuerte del mundo para ejecutar el acto más arbitrario e injusto que se pueda concebir, movido por intereses materiales, contra un pueblo indefenso de América; hasta el punto de no hallar excusas valederas, ni siquiera ante sus mismos compatriotas, que lo reprueban abiertamente. Y atrae sobre su nación con este acto el ludibrio de la historia y el anatema y el odio de todos los hombres libres. 8
Pero aquellos que vivieron y sufrieron en carne propia los resultados de los altruistas propósitos de Mr. Coolidge, fueron los nicaragüenses, como de costumbre. Pero esta vez no lo iban a hacer en silencio. La sorda rebeldía estalló a través de la figura y la pasión de un modesto obrero que, sin cultura ni riquezas a su alcance, mantuvo en jaque al poderío norteamericano volcado en dinero y armas y que, ante la admiración del mundo, reivindicó para Nuestra América el derecho a gobernarse sin tutorías ni ingerencias extrañas.

En momento alguno cejó la resistencia nicaragüense a la opresión y explotación de los norteamericanos, y a la vergonzosa entrega que de su propia patria realizaron Chamorro y Díaz.

Tanto es así, que en cierta oportunidad los marines se vieron precisados a asaltar la redacción de La Tribuna, en febrero de 1921, porque ésta había censurado sus desmanes; los autores del hecho no fueron sometidos a corte marcial, sino sentenciados a dos años de prisión. A fines del mismo año y principios del siguiente, se produjeron nuevos choques entre patriotas y extranjeros, resultando cinco nicaragüenses muertos y cinco heridos. Hubo indemnizaciones y excusas y aunque esta vez los marines fueron sentenciados a diez años de prisión (que al poco tiempo les fue conmutada), a los muertos no se les conmutó su muerte.

La concertación del pacto de los países centroamericanos, con la garantía de los Estados Unidos, celebrado en 1923, fue una medida tendiente a disminuir el clima de protesta y odio suscitado en toda América por las desaforadas muestras de panamericanismo de Norteamérica; en esa nación crecían



8 Palacios, Alfredo L. Nuestra América y el Imperialismo Yanqui, pág. 70. Edit. Historia Nueva, Madrid, 1930.

igualmente las críticas de conocidos liberales como Samuel Guy Inman, Waldo Frank y los senadores Borah y Laad, que respaldaban un movimiento de opinión constituido por universitarios y organizaciones obreras y sindicales. 9

Eso no impidió que Chamorro, representante de los bancos norteamericanos, se adueñara del poder mediatizando a Sacasa. Los banqueros habían visto con inquietud las medidas de recuperación nacional dispuestas por Bartolomé Martínez.

Con el golpe de Chamorro su ansiedad se disipó y aun cuando Washington no reconoció a su títere, obligada como estaba por


9 Una buena muestra de esa actitud está representada por la información aparecida en La Nación, de Buenos Aires, el 18 de julio de 1925 y que por su valor reproducimos en parte:

"Nueva York, 17 (Associated). El presidente de la Comisión de Negocios Extranjeros de Senado, senador Borah, publicó un artículo en el Forum Magazine, pidiendo que la futura política panamericana de Estados Unidos se base en la razón y no en la fuerza. El artículo, titulado 'El Fetiche de la Fuerza', insiste en la necesidad de que por todo el hemisferio occidental se extienda una atmósfera 'de demostración de buena fe y de fuerza moral', de acuerdo con el espíritu de la Constitución de Estados Unidos, porque ello sería la contribución más grande de parte de la Unión a la paz mundial...

"Mr. Borah dice: 'Un capítulo muy triste de la historia de nuestras relaciones internacionales es el que se refiere a nuestro trato con las repúblicas centroamericanas durante los últimos 25 años. No hemos tenido paciencia; hemos sido injustos en todo momento y, considerada en conjunto, nuestra acción no ha sido satisfactoria para nadie. Con frecuencia hemos apelado a la fuerza, sin causas justificadas. Aun en los casos en que existían tratados estableciendo el arbitraje, hemos pasado por encima de ellos. Conscientes de nuestro gran poder, lo hemos empleado injustamente. La invasión de Nicaragua no era necesaria, y, por lo tanto, fue inmoral. Constituyó una violación de los principios sanos del derecho internacional y de la tolerancia internacional'.

"Agrega que la conducta observada por Estados Unidos con las Repúblicas de Santo Domingo y Haití tampoco puede ser defendida, por más que sus causas hayan sido, quizá, más justificadas que en el caso de Nicaragua. 'Sin embargo — dice—, ¿quién duda de que, empleando la razón en lugar de la fuerza, hubiésemos conseguido todo lo que nos correspondía? De todos modos debíamos haber demostrado nuestra buena fe, tratando de proceder en esa forma. Insisto en que mientras procedamos tan precipitadamente, apelando con tanta facilidad a la fuerza, la charla del reemplazo de la violencia y de la fuerza por la ley y el orden no es sino una hipocresía. Si queremos sinceramente lo que decimos, podemos siquiera practicar esos principios en nuestras relaciones con los pequeños países, cuyos asuntos quedan tan fácilmente afectados por nuestro modo de obrar.

"¿Cuándo hemos de empezar a obrar honestamente? Parece razonable suponer que nuestra política con relación a los asuntos de la América Central ha de sufrir un cambio que establezca la armonía entre la realidad y nuestras declaraciones.

¡Quiera Dios que ese día llegue pronto! Este modo intolerable de llevar las cosas debe terminar cuanto antes. Tengo entendido que nuestro secretario de Estado opina que se debe seguir un rumbo que deje las intervenciones por la fuerza a un lado, como una cosa del pasado. Se puede deducir también de las declaraciones públicas hechas por el presidente que el Gobierno cree en la sabiduría y la posibilidad de ese método...' "

¡Vanas ilusiones, Mr. Borah!, como usted muy pronto iría a comprobarlo.

su propia garantía, ello no fue obstáculo para que el Congreso aceptara la renuncia de Solórzano y en vez de llamar —como constitucionalmente correspondía— al vicepresidente Juan B. Sacasa, designara al malhadado Chamorro. Más, como Washington seguía mostrando mala cara, Chamorro decidió resignar el mando en el senador Sebastián Uriza, quien tras una pantomima leguleya lo transfirió al conocido traidor Díaz.

Como era de esperarse, esta vez el Departamento de Estado lo reconoció inmediatamente. Corrían los primeros meses de 1926. El defraudado Sacasa, que había sido educado en los Estados Unidos, trató infructuosamente de recuperar el poder. Cuando comprobó que era inútil, comenzó a preparar la revancha. El 2 de mayo de 1926, se insurreccionó en Bluefields el general José María Moncada. Al saberlo Sacasa, que a la sazón se hallaba en Washington esperando convencer al Departamento de Estado, se trasladó a México y de allí pasó a Guatemala, donde conferenció con Moncada, nombrándole jefe del ejército que debía de recuperarle el mando.

Moncada, que tenía fama de haber sido alternativamente liberal y conservador, había sido el responsable de la prisión del general Mena. Ahora, como liberal, estaba dispuesto a luchar "por el restablecimiento del orden constitucional". El 6 de agosto del mismo año Moncada y Luis Beltrán Sandoval desembarcaban del Foam en Prinzapolka, sobre el Atlántico, y vencían en los combates de La Barra, La Cruz y Puerto Cabezas, en cuyo lugar resolvieron hacerse fuertes para abrigar al gobierno de Sacasa, que en efecto llegó al poco tiempo. A partir de entonces la lucha se generalizó en todo el país. Por el Pacífico desembarcaron tropas al mando de Samuel Sediles, Julián Venegas y Roberto Bone, las que fueron rechazadas por el general Roberto Hurtado, quien pasó por las armas a todos los prisioneros capturados.

Estados Unidos se sintió entonces alarmado. Decidió obrar con presteza, a cuyo efecto comisionó como enviado a Lawrence Dennis para que mediara en el conflicto. Dennis cumplió con su cometido, reuniendo en el puerto de Corinto, a bordo del buque de guerra Denver, a delegados de Sacasa y de Díaz. La entrevista no tuvo resultado ninguno, salvo la sensacional noticia publicada días después en The World, de Nueva York:
El secretario de guerra, general Moncada, ha comunicado al presidente Sacasa que en la conferencia de paz celebrada con los representantes norteamericanos y conservadores trataron de


tentar su lealtad con halagadoras promesas, ofreciéndole la suma de 200.000 dólares e insinuándole que podría ser ministro de guerra de Díaz. Agrega el general Moncada que como es natural, rechazó indignado dichos propósitos... Protestó ante los representantes norteamericanos de la ominosa intervención... para sostener intereses de Wall Street, haciéndolos responsables de los males pasados, presentes y futuros sufridos por el pueblo nicaragüense. 10

¿Podría ser posible semejante acusación? Como ocurriría veintisiete años después con su colega Mr. Peurifoy en Guatemala, el enviado Mr. Dennis se hizo mundialmente famoso por sus gestiones en Nicaragua. Desde su: "No crean ustedes que les vamos a traer al vicepresidente en un buque de guerra, pero si desembarca en un punto cualquiera de Nicaragua ya es otra cosa", hasta su: "Aquí se piensa muchas veces que nosotros venimos a servir los intereses de los unos contra los otros; pero se equivocan. Sólo servimos nuestros intereses", quedó un reguero de desplantes, torpezas e insolencias que hablaban muy mal del tino con que el Departamento de Estado suele designar a sus emisarios. Dennis nunca se tomó el trabajo de desmentir las acusaciones públicas y formales que le señalaban propiciando la presidencia de Díaz por dinero. Además, de la aseveración reposada y seria del ex ministro de Solórzano, Salvador Mendieta, 11 todo un cúmulo de rumores y habladurías se tejió en torno de su desmedida ambición de dinero.

Como la conferencia del Denver no condujo a nada, Dennis sugirió a Díaz solicitara protección de los Estados Unidos. Como ya estaba entrenado en esos menesteres, poco le costó al

10 Soto Hall, Máximo. Nicaragua y el imperialismo norteamericano, pág. 94 Edit. Artes y Letras, Buenos Aires, 1928.
11 Mendieta, Salvador. "Sinopsis para Nicaragua y el imperialismo norteamericano", de Máximo Soto Hall, pág. 80: "Hasta qué punto Coolidge y Kellogg se han fingido sinceros creyentes en el bolcheviquismo y mexicanismo antiamericanistas atribuidos por Chamorro, Díaz y los banqueros judíos a Sacasa, es cosas que no puedo precisar; pero es indudable que uno y otro han procedido de mala fe, con frío cálculo de servir a los banqueros de Nueva York como netos representantes del feudalismo banquerista, sirviéndose para ese efecto de Adolfo Díaz, el más despreciable proxeneta político que hasta la fecha ha producido Centroamérica. Auxiliando a ese proxeneta con el reconocimiento de una legitimidad militar, servicios de aviación, desembarco de poderosos contingentes del ejército estadounidense... el gobierno de Washington ha prolongado cruel, fría, implacablemente los horrores de la guerra civil de Nicaragua, con el propósito deliberado... de comprometer las finanzas... y de asegurar para un futuro próximo el más degradado envilecimiento de sus partidos políticos y de sus


quisling llevarlo a cabo, valiéndose de la derrota que sus fuerzas sufrieran en la Laguna de las Perlas a manos de Moncada y acusando a México de haber proporcionado "trescientos bolcheviques mexicanos" al ejército de Sacasa. Un cable de Associated Press reproducía la inquietud del quisling:

Managua, 28 (AP El presidente Díaz muestra estar poseído de gran ansiedad por la situación, y declaró lo siguiente: "Hace algunos días informé al embajador de los Estados Unidos de que México, si así lo desea, puede derrotar fácilmente a todas las Repúblicas centroamericanas y que yo no podría resistir mucho tiempo contra él. Otro cañonero mejicano, llamado Temporal, partió de México hace varios días con más municiones que su Gobierno tiene y también con artillería ligera y pesada. Nosotros tenemos unos pocos cañones viejos, pero que no pueden ser comparados con las piezas modernas. Noticias de Puerto Cabezas y Río Grande dicen que las fuerzas navales desarman a las tropas indígenas y que han sido encontradas muchas armas que llevan la marca del Gobierno mejicano..."El presidente Díaz manifestó que su Gobierno se halla sin fondos y municiones.

hombres públicos. Liberales y conservadores aseguran que Dennis aconsejó el reconocimiento de Díaz mediante la suma de 120.000 dólares que éste le pagó, dándole 60.000 de presente y 60.000 cuando la Secretaría de Estado prestó el reconocimiento."

Sofonías Salvatierra (Sandino o la tragedia de un pueblo, pág. 39) asegura por su parte: "Cuando el general Chamorro se apoderó de la fortaleza de Tiscapa el 25 de octubre de 1925, no está claro si fue de acuerdo con el ministro norteamericano, bajo el entendido de que el caudillo conservador sustituiría a Don Carlos, o que, al eliminar a Solórzano, le entregaría inmediatamente la presidencia a don Adolfo Díaz, cosa que el general Chamorro no hizo puesto que se hizo designar presidente por el Congreso. El caso es que el Departamento de Estado no lo reconoció, aunque los oficiales de la intervención, en el aspecto económico, no le pusieron ningún obstáculo, ni en las aduanas, ni en el Banco ni en el ferrocarril."

Aunque sin conexión con el tema central de este libro, conozcamos una última perla acerca de este pájaro de cuenta, suministrada por su compatriota George Seldes, quien en Mil Norteamericanos (pág. 115) relata: "Una investigación del American Mercury durante el período que duró la dirección conjunta de Palmer y Spivak revela que el primer artículo en favor de un movimiento fascista norteamericano apareció en esta revista. Su autor fue Lawrence Dennis, que empleó en parte el material de su libro The Comming American Fascism (Harper Bross., 1936) y que más tarde figuró en el grupo de personas acusadas de sedición, el único "intelectual" de ese núcleo, según lo señaló la prensa. El Sr. De Witt Wallace (dueño del Reader's Digest) desmintió indignado las acusaciones de que apoyaba puntos del programa de Hitler y Mussolini, como lo denunció Infact en 1942, y afirmó que las declaraciones que se le atribuían eran 'totalmente falsas'. En 1947, ante una declaración de O. John Rogge, agente fiscal en el juicio contra los presuntos sediciosos, el Sr. Wallace se vio obligado a admitir que después de que Dennis publicó sus artículos en el American Mercury, fue contratado por el Reader's Digest."




Todavía no se ha declarado zona neutral a toda la costa oriental de Nicaragua. 12

La nueva intervención comenzó cuando el almirante Julián Latimer, en 24 de diciembre de 1926, ordenó a los marinos desembarcar en Puerto Cabezas, a fin de obtener el desarme de las fuerzas de Sacasa o su inmediato abandono de la posición. Un atentado contra el quisling, quien resultó ileso, decidió el desembarco, que fue seguido de una orden de Latimer a las compañías exportadoras de caoba para que solamente pagaran impuestos al gobierno conservador. El Cleveland y el Denver garantizaban el buen éxito de la operación que, según el Departamento de Estado al confirmar oficialmente el desembarco, se verificaba "con objeto de proteger los intereses norteamericanos y extranjeros allí residentes". Como lo hacía notar Carter Field, corresponsal en Washington del New York Herald Tribune, partidario de la intervención, "el Departamento de Estado tampoco ha respondido directamente a la acusación publicada por el general liberal nicaragüense en México, de que no se había pedido protección para los ciudadanos y las compañías norteamericanas en Puerto Cabezas, limitándose únicamente a repetir su declaración de que el Departamento recibió pedidos de dicho punto para que se enviaran marinos, sin dar a publicidad los nombres de los que hicieron el pedido. 13 A toda costa se trataba de conectar la revolución patriota con el conflicto que en esos momentos se desarrollaba entre Calles, presidente de México, y las compañías petroleras norteamericanas. 14 El quisling no perdía ocasión de manifestar que sus adversarios estaban apoyados por México, y el Departamento de Estado hacía como si en verdad lo creyera y se preocupara. Pero no sólo en América latina no se tomaban en serio tales pretextos. En la propia Unión, hubo senadores, corresponsales, diarios y organizaciones obreras, que sin pelos en la lengua denunciaron a los verdaderos promotores de la intervención. Leamos por ejemplo el editorial de The Evening World, titulado "La política exterior a merced del almirante

Latimer":

12 La Nación, de Buenos Aires, diciembre 29 de 1926.

13 La Nación, de Buenos Aires, diciembre 28 de 1926.

14 Para mayores detalles de esta campaña y para una explicación más exhaustiva del porqué de la intervención yanqui en Nicaragua véase la obra del autor El pequeño ejército loco (Operación México-Nicaragua), Editorial Triángulo, Buenos Aires, 1958.


Los marinos norteamericanos desembarcaron en Nicaragua y asumieron el poder político a pesar de los atenuados desmentidos del Departamento de Estado, "que sin previo aviso” anuncia complacido que tiene confianza en la discreción del almirante Latimer. Mr. Borah, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores, que no es tan complaciente, se propone exigir una explicación, y en caso de que ella no sea dada satisfactoriamente, ordenará que se practique una investigación parlamentaria. Debiera precederse a la investigación por la razón de que el pueblo norteamericano y el mundo latinoamericano deben saber qué significan esos extraños sucesos.

La vaga excusa de que los marinos fueron desembarcados y que al almirante se le han conferido poderes discrecionales para la protección de la propiedad norteamericana, sería más impresionante si no fuera por nuestra bien conocida parcialidad en favor de Díaz. El presidente Díaz sería más impresionante como gobernador "constitucional" si no fuese que por sus actos admite que debe depender de las bayonetas norteamericanas para mantenerse en el poder.

Si el gobierno constitucional significara en Nicaragua lo mismo que en los Estados Unidos, Sacasa habría sido gobernante constitucional, puesto que como vicepresidente tenía el derecho de ser sucesor del presidente que renunció. Tanta es la necesidad de que se den explicaciones, que el senador Borah procedería sabiamente si insistiese en una explicación o en una investigación.

A ningún norteamericano que se precie de recto le satisfará el anuncio del Departamento de Estado de que las fuerzas de marinería desembarcaron en un país extranjero para intervenir en una controversia de índole política y que, habiéndose conferido "poderes discrecionales" al almirante, el gobierno de Washington sólo espera ver qué resultados tendrán. Es imposible creer que el gobierno de Washington no esté detalladamente informado. La supuesta denegación de las autoridades norteamericanas al ministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua del derecho de emplear una clave para los radiogramas a los representantes oficiales nicaragüenses no hace que sea más amable el cuadro que se nos ofrece. 15

15 La Nación, de Buenos Aires, diciembre 29 de 1926.

El diario El Universal, de México, con fecha 28 de diciembre, hacia notar irónicamente que "los Estados Unidos han construido una Marina de guerra igual a la de la potencia naval más fuerte del mundo, con el único objeto de utilizar ese prodigioso instrumento para consumar la invasión de las costas de Nicaragua". Agregaba que "la indignación de las repúblicas hispanoamericanas ha crecido tanto más a causa de que se está formando una telaraña de malas interpretaciones, con la que el Departamento de Estado de la Unión oculta sus propósitos, desde la propaganda del Subsecretario acerca de México, con la que se intentó extender el bolcheviquismo a la América Central hasta el último pretexto ideado, de que la invasión de Nicaragua se hace con el propósito de proteger la propiedad y los derechos de norteamericanos residentes en Puerto Cabezas".

Era muy sugestivo el hecho de que la intervención se iniciara al entrar en receso el Congreso de la Unión. Así lo hacía notar el Dr. Vaca, representante de Sacasa en Washington. Por su parte, De La Selva, secretario de la Federación Nicaragüense del Trabajo, declaraba públicamente: "Nos hemos organizado y desenvuelto bajo el patrocinio de la Federación [norte] Americana del Trabajo y únicamente en el caso de que este gran baluarte de la democracia sea bolchevique podríamos ser nosotros también bolcheviques. La Federación Nicaragüense del Trabajo espera un movimiento obrerista en los Estados Unidos para que ejerza influencia contra el desembarco..." Una de las censuras más francas a la política de Kellogg, fue la formulada por el veterano corresponsal de The Brooklyn Eagle en Washington, Mr. Henry Suydam, 16 (actual jefe del servicio de

16 Reproducida por la Nación, de Buenos Aires, el 29 de diciembre de 1926:

"La intervención por la fuerza de los Estados Unidos en la política de Nicaragua so pretexto de proteger las propiedades de los ciudadanos norteamericanos, constituye un ejemplo singular de la incapacidad del secretario de Estado, Mr. Frank

B. Kellogg. No hay un solo diplomático latinoamericano en Washington que no se muestre desesperado por la actitud que observa actualmente nuestro Departamento de Estado. Además, la diplomacia de Mr. Kellogg está destinada a producir precisamente los resultados que desearía evitar a toda costa, porque Méjico, cada vez más, y gracias a la torpeza de Mr. Kellogg, se está colocando en la situación de portaestandarte de las demás repúblicas de este hemisferio. Esto es tanto más lamentable si se tiene en cuenta el hecho de que Mr. Charles Evans Hughes, durante los cuatro años que desempeñó el cargo de secretario de Estado, trató de eliminar todas las causas de irritación y de demostrar que el gobierno de los Estados Unidos, al poseer un poder gigantesco, sólo se proponía utilizarlo provisionalmente. Durante la inteligente y fuerte administración de Mr. Hughes, la luz iba disipando cada vez más las tinieblas, y se iba llegando definitivamente al reinado de la buena voluntad. Bajo la administración de Mr. Kellogg, en cambio, los temores, las suspicacias y las desconfianzas se extienden en el Mar Caribe y en

prensa del Departamento de Estado). Del mal efecto que los hechos habían producido en el mundo parlamentario de Washington, se hacía eco el corresponsal en esa ciudad del New York Times 17.

todas las repúblicas latinoamericanas.

"La intervención norteamericana en la política nicaragüense, que se lleva a efecto con el propósito de contrarrestar la influencia de Méjico en Nicaragua, no puede tener otro efecto que el de aumentar las oportunidades que se ofrecen a Méjico para que su influencia crezca en aquel país. Aunque momentáneamente se elimine al Sr. Sacasa y a su gabinete liberal, está destinada a crear simpatías y apoyo para el señor Sacasa entre los nicaragüenses que, de otro modo, hubieran permanecido indiferentes u hostiles. Además, no entramos en el terreno de las especulaciones al afirmar que Mr. Hughes hubiera ido hasta el extremo para evitar el uso de la fuerza en la América latina. Intrínsecamente, importa poco el hecho de que unos cuantos marinos sean desembarcados, pero las repercusiones que tiene llegan a oírse en toda la América latina, que ya había empezado a mirar con suspicacia a los Estados Unidos, a causa de otras recientes intervenciones norteamericanas. Mr. Kellogg ha planteado ya un dilema en lo que respecta a Méjico. Su técnica en la cuestión de Tacna y Arica no es de ninguna manera agradable para los interesados, y para complicar la situación ha ordenado la intervención en Nicaragua.

"Varios de los más grandes países sudamericanos, descubren ahora que se han impuesto embargos seudocientíficos a la entrada de sus productos, y eso no es más que un plan para aumentar, por medio de un acto administrativo, las barreras proteccionistas, de suyo elevadas, y que no han podido satisfacer, en cierto modo, al comercio norteamericano.

"El reciente tratado que se firmó en Panamá constituye otro motivo de irritación.

"El deseo del Departamento de Estado, de negociar 'incondicionalmente' con la América latina tratados con la cláusula de la nación más favorecida, antes de garantizar tratamientos especiales y recíprocos, ha contribuido también a tocar otra llaga.

"Detrás de todos estos acontecimientos se encuentra la fuerte presión del avance externo del comercio norteamericano, lo que suele llamarse a veces el imperialismo económico. Este avance externo es, en sí mismo, bastante legítimo, pero jamás se realizará con éxito en medio de una atmósfera de irritaciones y suspicacias. Los elementos que trabajan en favor de la conciliación con la América latina comprenden que nuestros mercados en el sur nunca podrían ensancharse en todas sus posibilidades si se permite que una diplomacia errónea nos malquiste con nuestros vecinos del sur. Si se permite que sigan sucediendo las cosas que ahora ocurren bajo la administración de Mr. Kellogg, se destruirán hasta las últimas huellas de la tarea útil de Mr. Hughes: las relaciones de los Estados Unidos con la América latina se desarrollarán en medio de una atmósfera malsana, sin que la situación mejore durante muchos años, y Méjico se erigirá como el país protector y portaestandarte de todas las demás repúblicas del hemisferio.

"Las manos de los diplomáticos latinoamericanos en Washington están atadas, pero no pasará mucho tiempo antes de que el senado de la Unión intervenga para descubrir hacia qué fines Mr. Kellogg está conduciendo a este país."
17 Reproducido por La Nación, de Buenos Aires, el 29 de diciembre de 1926.

NUEVA YORK, 28 (AP) — The New York Times publicará mañana el siguiente despacho de su corresponsal en Washington:


Pero todo fue inútil. Cuando Latimer comprobó que a pesar de declarar zona neutral a Puerto Cabezas, Bluefields y demás puntos importantes de la región del Atlántico, la rebelión triunfaba en el Pacífico y se extendía como reguero en todo el resto del país, victoriosamente, decidió que sus tropas ocuparan toda Nicaragua. El 6 de enero de 1927 comenzó el desembarco: los elementos de guerra convoyados fueron tan cuantiosos, que durante toda la noche y parte de la mañana del día 7 desfilaron desde la estación del ferrocarril hasta el Campo de Marte. Las fuerzas de Latimer se componían de 16 barcos de guerra, 215


"El presidente Coolidge está profundamente preocupado con motivo de la actitud de los países sudamericanos hacia las actividades de las fuerzas norteamericanas en Nicaragua. Se entrevé la posibilidad de que se inicie alguna política nueva después de los debates de hoy que siguieron a las crecientes censuras por parte de los senadores más destacados, quienes declaran que debe procederse a una investigación a fin de establecer si hubo violación de tratados.

"Se ha guardado mucha reserva de lo que pasó en la conferencia celebrada en la Casa Blanca, pero el hecho de que haya sido la más extensa que el presidente ha celebrado en muchos meses se ha interpretado como un presagio de un cambio de actitud en Nicaragua o de una política aún más enérgica: Mientras se celebraba la conferencia, Mr. Kellogg envió por los tratados con América Central relativos al reconocimiento de los Gobiernos que surgiesen mediante un golpe de Estado o de una revolución. La aseveración de Mr. Coolidge de que el desembarco de las fuerzas norteamericanas en Nicaragua no tenía significado político fue seguida por acontecimientos que se produjeron tan rápidamente que se convocó la conferencia para satisfacer al presidente acerca de si la posición de la Unión estaba dentro del Derecho Internacional y los derechos estipulados en el tratado, o si la situación requería que se impartiesen nuevas órdenes en la América Central.

"Algunos críticos declaran que dichos tratados, que se encuentran en vigor, han sido violados. Al salir de la conferencia, Mr. Kellogg manifestó que la política norteamericana en Nicaragua no será modificada. Al parecer, la cuestión nicaragüense viene ocupando rápidamente el primer plano. Se ha oído insinuar a los senadores que en el Congreso se investigará detenidamente la cuestión, y que aquellos que están enterados acerca de la situación concurrirán a declarar. Si fuera posible convencer a los testigos de que vengan a Washington, sería probable que una moción pidiendo que sea ampliamente ventilada la actitud de los Estados Unidos hacia Nicaragua fuera informada favorablemente por la Comisión de Relaciones Exteriores cuanto antes. Los senadores ya se han puesto en comunicación con los testigos. Esta noche el senador Borah se negó a hacer más comentarios sobre la situación, diciendo que esperaba los acontecimientos, pero que estaba lejos de estar convencido de que las vidas y los bienes norteamericanos en Nicaragua habían corrido un serio peligro. El senador por Utah, Mr. King, hizo una fuerte censura a los Gobiernos de Mr. Harding y Mr. Coolidge por sus presuntas tácticas de saqueo en la América latina. El senador por Nebraska, Mr. Morris, también censuró al actual gobierno por su política en la América Central.

"Los demás senadores están muy preocupados a causa de la situación en Nicaragua; temen que el desembarco del almirante Latimer sea interpretado como una intervención destinada a causar recelos en contra de la Unión en la América latina y socavar la confianza que se tiene en este país. No les preocupa cuál es la facción victoriosa en Nicaragua, sino que insisten en que se les debe permitir que arreglen sus asuntos entre ellos, sin ayuda de la Unión para ninguna de las dos


oficiales, 3.900 soldados y 865 marinos. Y en tanto se iniciaban las "operaciones de limpieza", Coolidge declaraba muy contrito:



La administración de este país lamenta las constantes revoluciones en Centroamérica, habiendo hecho siempre los mayores esfuerzos por prevenirlas y evitarlas. Ellas retardan el progreso y mantienen a los nativos en penosa indigencia. Los gobiernos centroamericanos se comprometieron a no permitir conspiraciones contra Chamorro en sus respectivos territorios y a evitar, por consiguiente, que llegasen armas a los revolucionarios. México en cambio, no quiso aceptar nuestras recomendaciones, porque el régimen de Calles ha desafiado y continúa desafiando a la Unión ocasión tras ocasión. Pretende confiscar millones de dólares de propiedades norteamericanas con una ley retroactiva, pero usaré de todas las fuerzas y recursos del Gobierno para proteger a nuestros ciudadanos, en cualquier parte del globo.

Partes. Era obvio que esos senadores consideraban los relatos acerca de las amenazas a los bienes y a las vidas norteamericanas como propaganda en su mayor parte, lanzada por varios intereses que están deseosos de un tratamiento preferente en Nicaragua y de ayuda especial de la Unión. Los senadores que sostienen este punto de vista arguyen que los norteamericanos que salen al extranjero con propósitos comerciales deben reconocer las dificultades que entraña el vivir bajo otros Gobiernos y leyes extranjeros, y no debieran actuar sin pedir al Gobierno de la Unión que les preste su protección habitual.

"El senador King manifestó lo siguiente:

"—Nuestra política exterior durante las presidencias de Harding y Coolidge ha sido errónea. Si bien la Constitución confiere la dirección de las relaciones exteriores a la rama ejecutiva del Gobierno, a Dios gracias, la legislativa es el verdadero gobierno. La política que amenace al país con un probable desastre, se supedita adecuadamente al debate parlamentario. Tan pronto como celebre sesión el Congreso, se la hará objeto de una discusión en el recinto del Senado. Decimos que no hemos intervenido en Nicaragua, y sin embargo, tenemos tropas en aquel país, y no tenemos por qué tenerlas allí; esto es un acto de guerra. No tenemos por qué ser los agentes de policía del mundo; si esos países quieren la guerra intestina, es asunto de ellos. Nuestros compatriotas se dirigen a aquellos países para hacer inversiones y fomentar los desórdenes para luego pedirnos nuestra protección. Que hayamos intervenido o no, el resultado fue que se ha levantado toda la América latina contra nosotros; que se censura abiertamente nuestra política y que las amistades que nos hemos esforzado por hacer son destruidas en un momento. Además, nuestros toscos esfuerzos por recuperar el terreno perdido han acrecentado los recelos y el desagrado de la América latina. Hemos tratado de dirimir el pleito de Tacna y Arica; hemos ganado el desagrado del Perú, Bolivia y Chile a causa de nuestros errores. Hemos emprendido el arreglo de la disputa entre Panamá y Honduras, y nos hemos granjeado el desagrado de ambas. El más reciente error en Nicaragua ha venido a coronarlos a todos. Es esto sólo un rápido esbozo de una situación enormemente grave. Gozábamos de la amistad del mundo; hoy sólo tenemos la de unas pocas naciones. Esta situación nos amenaza con peligros, y por dondequiera que miremos hay errores."


El quisling Díaz, por su parte, en telegrama dirigido al New York Times el 9 de enero, justificando lo injustificable, decía:



Para mí, como para Estados Unidos, la cuestión de constitucionalidad ha sido satisfactoriamente arreglada, de acuerdo con los tratados centroamericanos de Paz y Amistad de 1923. Pero no puedo responder de lo que suceda, ni de las consecuencias que tengamos que lamentar, en lo que a vidas e intereses extranjeros se refiere, si al gobierno de México se le permite suministrar dinero, armas y hombres a una pequeña minoría que se levanta contra mi administración. Nicaragua es un país débil y pobre que no puede resistir a los invasores y agentes del bolcheviquismo mexicano. Así lo hice saber a varios diplomáticos, quienes después de oírme se penetraron muy bien de la lógica de la situación. Entonces los representantes de Italia y de la Gran Bretaña fueron a visitar al ministro de Estados Unidos, con objeto de pedir protección para sus amenazados connacionales, a quienes yo no puedo dar las garantías que necesitan. 18

De las declaraciones de Coolidge, Kellogg y el quisling se burlaba en un editorial del 8 de enero The Evening World. 19 El día 9, el New York Times publicaba el mensaje mediante el cual Su Ilustrísima, monseñor José Lezcano y Ortega, arzobispo de Managua, pedía al cardenal Dougherty, de Filadelfia —y por su intermedio a los católicos de Estados Unidos—, "que recen fervorosamente para que Dios, Nuestro Señor, proteja con su misericordia y dé su divino amparo al ejemplar estadista y digno presidente Adolfo Díaz". El día 10 y en coincidencia con el secretario de Estado Kellogg ("Hemos otorgado nuestro reconocimiento a Adolfo Díaz, razón por la cual quienquiera que



18 Reproducido por Vicente Sáenz en Rompiendo Cadenas, pág. 41, 2ª edición. Edit. Unión Democrática Centroamericana, México, 1951.

19 "...bolcheviquismo es la palabra que está de moda en Washington para definir todo aquello que pretenda hacer un país más o menos débil, a disgusto de los intereses comerciales o políticos norteamericanos. Por ejemplo, algunas grandes compañías petroleras rehúsan obedecer las nuevas disposiciones de la ley mexicana sobre petróleo, y entonces los señores Coolidge y Kellogg, respaldando la actitud de estos poderosos intereses que no quieren someterse a las leyes de México, claman contra el bolcheviquismo de su gobierno. Pero debe tomarse como absolutamente cierto que el petróleo, y nada más que el petróleo, es la causa de esta condenación oficial de lo que ha dado en llamarse bolcheviquismo mexicano. Si el presidente Calles se doblegara y concediese a los petroleros de este país todo lo que desean, los funcionarios de Washington haría de él los mayores elogios y cantarían en honor suyo villancicos de Nochebuena."

asegure que no es el presidente constitucional de Nicaragua, está equivocado"), el presidente Coolidge declaraba ante el Congreso:

"Mi administración no puede dejar de preocuparse con todo empeño, en cualquier amenaza contra la estabilidad de un gobierno constitucional, amenaza que tienda a la anarquía y ponga en peligro los grandes intereses de los Estados Unidos. Siempre ha sido y será nuestra política la de adoptar en tales circunstancias iguales medidas, pues se ha considerado y se considera necesario proteger la vida, la propiedad y cualesquier intereses de los ciudadanos norteamericanos y aun los del Gobierno mismo. A este respecto me propongo seguir la pauta de mis antecesores."

El día 12 y para contestar a las críticas de que era objeto, Kellogg presentaba un memorándum al Comité de Relaciones Exteriores del Senado, presidido por Mr. Borah, en el que alegaba la existencia de actividades comunistas contra Estados Unidos en "México y otros países latinoamericanos", lo que mereció a The Evening World de fecha 14 de enero este comentario:


"Mr. Kellogg es un pobre espíritu, nervioso, mal informado e inadecuado anciano, que no tiene la fuerza mental ni la entereza de carácter necesarias para enfrentarse a la tremenda presión que se está ejerciendo para romper con México, derrocar a Calles y establecer —si es preciso por medio de la intervención armada, un gobierno de mexicanos que se someta a los intereses de este país. El memorándum al Senado fue escrito con el objeto preconcebido de envenenar la mente del pueblo norteamericano y de llevarlo a la guerra..."
El día 9 de febrero, La Prensa de Nueva York reproducía la declaración del quisling Díaz a Associated Press: Si los Estados Unidos pensaran que es mejor que yo le ceda el puesto a cualquiera otra persona, lo haría inmediatamente... Siempre me opuse a la retirada de los marinos de Nicaragua, y les doy la bienvenida a su regreso en ayuda de nuestra nación... En tanto sea yo Presidente, y en los gobiernos que me sigan, los marinos de la Unión deben permanecer en mi país. Si estas declaraciones no fueran de por sí suficientemente ilustrativas de la catadura del infame Díaz, bastaría esta otra muestra, que en forma de cable publicaron los principales diarios de Nueva York el 24 de febrero:


Managua, febrero 23.El presidente conservador, Adolfo Díaz, reconocido por Washington, desea que los Estados Unidos asuman la protección de Nicaragua durante cien años prorrogables. El proyecto será presentado al Congreso nicaragüense mañana jueves, teniendo seguridad el señor Díaz de que será aprobado. Al hacer público anoche un bosquejo de la proposición, declaró Díaz que el tratado respectivo dará a los Estados Unidos el derecho de intervenir cuando sea necesario, con objeto de mantener un gobierno responsable y asegurar elecciones libres en su patria. Los Estados Unidos garantizarán también la soberanía de Nicaragua y retendrán los acuerdos del convenio Bryan-Chamorro, actualmente en vigor, inclusive el derecho de construir un canal a través del territorio centroamericano. El Presidente de Estados Unidos nombrará un consultor financiero, con autoridad suprema sobre los gastos fiscales y con derecho a vetar toda clase de erogaciones. Habrá además, un colector norteamericano de todas las rentas nacionales. Los Estados Unidos prepararán planes para la formación de constabularios nicaragüenses, bajo el comando de oficiales de la marina norteamericana, y reorganizarán y manejarán la sanidad, la administración fiscal y el sistema de crédito.

Parecía que los marines, a quienes el traidor máximo no sólo abría las puertas de su patria sino que la entregaba además atada de pies y manos, trataran —además de quedarse en el país, quedarse con el país: "Poco después se posesionaron de la Fortaleza de Tiscapa, y el 23 de febrero se vio ondear la bandera de las barras y las estrellas en ese fuerte. Pero a los pocos días no se vio más flotar la bandera estrellada en esa fortaleza, que era la principal del país. Se dijo entonces que, haciendo la reflexión de esta última circunstancia, el encargado de negocios británico había hecho oficialmente la pregunta de si la República de Nicaragua había dejado de existir." 20

Los banqueros no permanecieron ociosos. Previo el visto bueno de la Casa Blanca, el 21 de marzo de 1927 The Guaranty Trust Co. y J. & W. Seligman & Co. celebraban un contrato con Joaquín Cuadra Zavala, agente del quisling en Washington, mediante el cual aquéllos acordaban a Nicaragua crédito por un millón de dólares, que debería ser utilizado en el mantenimiento y equipo del ejército cipayo, en la compra de provisiones o en lo

20 Salvatierra, Sofonías. Sandino o La tragedia de un pueblo, pág. 40. Imprenta Europea, Madrid, 1934.

que determinase una junta integrada por Roscoe Hill —alto comisionado norteamericano—, Louis Rosenthal —agente del Banco Nacional—y por un nicaragüense, que podría ser el secretario de Hacienda.

El precio total del embarque de armas se fijó en $ 217.718, al 6% de interés, transacción gestionada esta vez por Alejandro César, mediando consulta telegráfica entre la Casa Blanca y el ministro en Managua, Charles E. Eberhart. El día antes, Kellogg había declarado al corresponsal del New York Herald Tribune: "Estos son los mismos términos en los cuales el Departamento de Guerra vendió a Nicaragua, en noviembre de 1921, diez mil rifles, cincuenta ametralladoras y siete millones de fajas de tiros, operación que por aquel entonces se verificó —también al interés del 6%— por la suma de $ 170.585." Esta vez el precio era mayor, las ametralladoras eran doscientas, los rifles tres mil y las fajas de tiros tres millones.

El día 25 los diarios publicaban la opinión del senador Borah: Este acto deshonesto del Gobierno de los Estados Unidos es tan censurable, que no tengo frases para comentarlo. Lo que yo quisiera expresar no se podría imprimir en los periódicos. 21

Por el millón que "prestaban", los banqueros obtenían estas "compensaciones": gravamen sobre los dividendos, existencias y propiedades del Ferrocarril al Pacífico, por un valor de 4 millones de dólares; gravamen sobre los dividendos, existencias y propiedades del Banco Nacional de Nicaragua, cuyo valor total superaba los 600.000 dólares; concesión de la recaudación de la renta creada el 21 de enero de 1927 por el Congreso del país, para ayudar a los pequeños agricultores; entrega de todas las acciones del ferrocarril y del Banco Nacional, previa a todo uso del crédito acordado, con autorización a los banqueros de transferirlas o venderlas en el caso de que Nicaragua no

21 Sáenz, Vicente. Op. cit. pág. 36, donde agrega: "La pequeña república está obligada a cancelar hasta su total liquidación, centavo sobre centavo, la deuda que contrajo por los rifles, las ametralladoras y los millones de cartuchos que recibió de los Estados Unidos en prueba de cordial amistad, el régimen impuesto por la Casa Blanca; amortizaciones e intereses sobre los empréstitos que contrató el llamado presidente Díaz; todas las fuertes sumas que emplearon el coronel Stimson y sus ayudantes en la adquisición de aquellas mismas armas, que casi en su totalidad habían caído en poder de los rebeldes; e indemnizaciones, por supuesto, a ciudadanos norteamericanos por daños sufridos en la revolución. Washington atizó y prolongó el movimiento revolucionario, de manera que, en estricta justicia, el Tesoro de Estados Unidos debería hacer efectivas las reclamaciones de los suyos. Estas reclamaciones se hicieron ascender en mayo de 1927 a ocho millones de dólares, debiendo resolverlas tribunales mixtos integrados, como de costumbre, por dos norteamericanos y un nicaragüense."

cancelara el empréstito.

La primera medida que adoptaron los banqueros fue traspasar al Guaranty Trust y a los Seligman los fondos en custodia y reserva del Banco Nacional, así como los valores en efectivo del ferrocarril, transferencia que precisó de la previa cancelación de un contrato de depósito existente hasta entonces en el Royal Bank of Canadá.

¡Era una operación exquisita! ¡El colmo de la desfachatez en materia político-financiera! ¡Antes de que el títere pudiera hacer uso del crédito, ya los prestamistas, por su millón recibían tres y medio en efectivo, representados por los valores del ferrocarril y del Banco y por el fondo de reserva de los billetes papel! Es decir, que en realidad los banqueros prestaban a Nicaragua el propio dinero del país y encima éste debía pagar un 6% de interés, en tanto que los tres y medio millones retirados por los banqueros como garantía, iban a redituar un 2%.

El corolario de esta repugnante transacción en la cual intervino sin tapujos y según su costumbre el Departamento de Estado, lo constituye la noticia que publicaron el 4 de junio de 1927 el New York Times y el New York Herald Tribune: Lawrence Dennis, ex embajador especial de los Estados Unidos ante el gobierno de Managua y conocido agente financiero de Wall Street, ingresaba al servicio de J. & W. Seligman & Co.

A semejantes embajadores... tales embajadas. No cabía duda de que Dennis había cumplido satisfactoriamente su cometido.


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