Henri barbusse



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VIII


INTERVENCIONES PARA ASEGURAR INVERSIONES


Managua, octubre 16 (AP El Presidente de Nicaragua, general José María Moncada, entregó hoy la medalla del mérito nicaragüense y la medalla de honor a 37 oficiales y hombres de la flota norteamericana, como premio por la ayuda que ofrecieron al país, para restablecer la ley y el orden durante las elecciones. Concediéronse medallas, como homenaje póstumo, a 7 oficiales y 32 hombres del cuerpo de infantería de marina de los Estados Unidos, que murieron en los combates sostenidos con los revolucionarios nicaragüenses. Al contralmirante Sellers y al jefe de la misma graduación, Latimer, el Presidente les concedió la medalla del mérito.1
La Sexta Conferencia Panamericana tuvo comienzo el 16 de enero de 1928. Se realizaba en La Habana, en la Cuba del "carnicero" Machado, como veintiséis años después se celebraría en Caracas en la Venezuela de su compañero de profesión, Pérez Jiménez, la comedia trágica que constituyó el preludio de la intervención en Guatemala contra el gobierno revolucionario de Arbenz.

Nuestro compatriota Pueyrredón, entonces embajador en Washington, no tardaría en perder su puesto con motivo de sostener la tesis defensora de la exportación de las carnes enfriadas en contraposición a la tesis de los ganaderos norteamericanos del Medio Oeste. Gobernaba Yrigoyen, y era fama que nuestra política internacional tenía un sello de orgullo e hidalguía.



1 Excelsior, México, octubre 17 de 1929. 182

La reunión de la Habana estaba presidida por el internacionalista Antonio Sánchez de Bustamante, asesor de las más importantes empresas azucareras norteamericanas que operaban en Cuba y que, al decir de Vicente Sáenz, "es el padre legítimo del Código Americano de Derecho Internacional, en el que se facilita y apoya la penetración del capitalismo extranjero en América latina; y cerebro orientador de la asamblea que prorrogó el período presidencial del tirano Machado, a quien los estudiantes llaman la bestia política de Cuba .

Con la asistencia del jurisconsulto máximo del imperialismo, Mr. Charles Evans Hughes, de Charles Lindbergh y del presidente de los Estados Unidos Coolidge, comenzó la reunión, signada por la sombra de Sandino. La Unión Panamericana, engendro engañabobos, obtuvo allí status jurídico, bien que se la privara de toda función política. En pleno desarrollo de los debates, se hizo repentinamente un profundo silencio: acababa de entrar la delegación de Nicaragua, la de Moncada, y eso sólo bastó para que por contraste se colara, de rondón, la presencia incorpórea de Sandino, 2 acallando las voces y perturbando los ánimos.

Y en tanto el salvadoreño J. Gustavo Guerrero, el defensor más denodado de la disuelta Corte de Justicia Centroamericana, era abucheado o acallado mediante ostentosos e intencionados aplausos, Kellogg y Coolidge actuaban, como Hughes, a la manera de "vedettes" y el plumífero de Machado, Orestes Ferrara, oraba loas en favor de quien pagaba su sueldo, el Dr. Salomón —canciller peruano durante la dictadura de Leguía— ensalzaba donosamente la "galantería" de Coolidge al condescender a visitar a los nativos de Cuba: "El viaje del presidente Coolidge a La Habana —manifestó—, es la negación


2 Alemán Bolaños, Gustavo (Op. di., pág. 31), publicó en El Heraldo de Cuba un artículo valiente, en momentos en que se celebraba la Conferencia, en el cual entre otras cosas, expresaba: "Cada vez que se habla... y sale a colación alguna frase hecha, la sombra de Sandino aparece. Cada vez que en el más puro amor confraternal se confunden las aspiraciones de los señores delegados y cuando no ven... 'una sola nube parda en el claro cielo de América', se presenta la sombra de Sandino. Y así que el himno al fuerte resuena en sus mejores tonalidades... hete ahí que Sandino llega a turbar a los asambleístas con su presencia reflejada desde lo alto de una montaña del Istmo de América. Sandino no deja tomar a gusto la sopa panamericana. Penetra al local de las sesiones algún miembro de la delegación 'de Nicaragua', y Sandino ha entrado al propio tiempo, colándose su sombra, que algo ha de tener de acusadora para los señores delegados cuando el guerrillero se llama precisamente Augusto, y ha de serlo, siquiera por su decidida brega libertaria. Y esa presencia así, en forma de proyección, no les asusta, no. Apenas les desconcierta. Les viene a recordar que hay algo de aquello que un príncipe dinamarqués recogió del ambiente con la punta de su nariz."

absoluta del imperialismo. El gobierno de Estados Unidos no tiene, nunca ha tenido, propósitos imperialistas, y ahora el presidente señor Coolidge va a proclamar, en la VI Conferencia Panamericana, que tampoco los tendrá en el futuro. Esa es la mejor respuesta a la propaganda que hacen elementos extraviados contra lo que ellos llaman política de agresión."

Este jugoso cable de AP se anticipaba a la presencia de la sombra de Sandino en el cordial ágape donde la aquiescencia latinoamericana oficial tenía una nueva oportunidad de manifestarse ante las sugestiones norteamericanas. La ardua defensa que de los Estados Unidos realizaron algunos cancilleres era la mejor prueba de una conciencia intranquila, la demostración más cabal de que la lucha de Sandino no se libraba en vano. Había otro detalle más que pesaba en la mente de los delegados: de las veintiún repúblicas americanas, sólo Estados Unidos, Honduras y El Salvador habían aceptado reconocer al gobierno oficial de Nicaragua, hasta ese momento. Sin embargo, pesó más el veto de ese trío que la retracción de las diecisiete repúblicas restantes, y la delegación oficial nicaragüense tuvo asiento en la Conferencia, que con todo no resultó ser una nueva comida de camaradería entre los buenos colegas latinoamericanos. La Prensa de Buenos Aires publicaría el 9 de marzo de 1928 un notable pensamiento del dictador Leguía hecho público en la Conferencia: "La invariable e inalterable política de mi gobierno será siempre favorable a la actitud civilizadora de los Estados Unidos respecto a los países americanos, cuya libertad defienden y cuyo progreso protegen sin motivos ulteriores o egoístas. Creo que las intervenciones no constituyen un peligro para América, sino una ayuda para las naciones débiles que las piden, dadas sus luchas internas".

A pesar de que las delegaciones de las dictaduras rivalizaron en bajezas y denodadas defensas de la intervención norteamericana, la sombra de Sandino, proyectada sobre la Conferencia, obtuvo un triunfo resonante. Como lo refiere Flagg Bemis, la intervención fue el motivo de desavenencias en la Conferencia:


Los debates más ásperos de todos los magistrados en la historia de las conferencias panamericanas hasta entonces tuvieron lugar en un subcomité especial al que pasó este tópico. El resultado fue un aplazamiento del problema: una resolución de llevar los proyectos en disputa y otros asuntos relacionados con la codificación a otras reuniones de la comisión de


jurisconsultos bajo los auspicios de la Unión Panamericana, para su estudio, y cuyos resultados debían examinarse en la próxima (séptima) conferencia panamericana en Montecarlo. 3
La bomba había estallado, en efecto, cuando el Dr. Guerrero, de El Salvador, propuso se aprobara, entre los doce proyectos de derecho internacional público y un código de derecho internacional privado presentados, la declaración siguiente: "Ningún Estado tiene derecho a intervenir en los asuntos internos de otro." Mr. Hughes paró bien el golpe. Lo que le faltaba de latino le sobraba de ladino. Sostuvo que la intervención, "cuando es inoperante la soberanía, es un principio de derecho internacional, y el derecho internacional no puede ser modificado por las resoluciones de esta Conferencia. El derecho internacional sigue rigiendo. Los derechos de las naciones siguen en vigor, pero las naciones tienen deberes a la vez que derechos". Justamente. Por eso, los puritanos Estados Unidos se sacrificaban con mansedumbre para cuidar al rebaño, fagocitándose a toda oveja que se mostrara díscola o renuente a su protectorado.

La batahola iberoamericana que siguió a esta desembozada doctrina intervencionista, que ponía en peligro la soberanía de cualquier país a pretexto de resguardo del orden, 4 obligó a las autoridades de la Conferencia a postergar para la siguiente


3 Bemis, Samuel Flagg. Op. cit., págs. 258/259, donde además puede leerse: "La Conferencia de La Habana representó, pues, un campo de batalla diplomático entre los derechos y los deberes de los Estados. A pesar de la oposición a este programa, dirigida por Argentina, El Salvador, Chile y México, Hughes consiguió reducir las discusiones a los lemas que figuraban en el programa preparado de antemano, incluidos los proyectos de Río, y bloquear los dos pactos, recusables, en especial el referente a la doctrina de la no-intervención incondicional."
4 En Europa y América circuló profusamente este manifiesto de Manuel Ugarte y los estudiantes latinoamericanos:

"Después del Congreso Panamericano de La Habana, que puso en evidencia la incapacidad de la mayor parte de nuestros dirigentes, se anuncia el simulacro de elección en Nicaragua, que implica un nuevo desprestigio para la América de origen hispano.

"El patriotismo ha consistido a menudo, en ciertos círculos, en negar las realidades. Es patriota, quien sostiene que la intervención extranjera no importa limitación de soberanía. Es patriota, quien arguye que la nacionalidad queda intacta aunque se hallen las aduanas en poder de otro país. Es patriota, quien cultiva la confianza jactanciosa de las naciones débiles. Así han creído algunos suprimir los peligros, fingiendo no verlos; así han disimulado las derrotas, negándose a mirarlas; así nos han traído hasta esta situación de vasallaje económico y político, que los directores de la opinión, en nuestras repúblicas, nunca advirtieron ni denunciaron y que pone hoy al borde del abismo la existencia autónoma de Centro

reunión el estudio de las "Bases Fundamentales del Derecho Internacional y de los Estados". Cuando en 1933 se reunió en Montevideo la Séptima Conferencia, era ya presidente de los Estados Unidos Mr. Franklin D. Roosevelt; también allí la augusta sombra de Sandino presionaba el ánimo de la asamblea. Se conocía de sobra la simpatía que profesaba el nuevo Presidente a Sandino y a su gesta, por lo que no llamó demasiado la atención el que el nuevo secretario de Estado, Cordell Hull, hiciera la solemne promesa: "Me siento seguro al declarar que con nuestro apoyo el principio general de no intervención, tal como se ha propuesto, ningún gobierno debe temer intervención alguna por parte de los Estados Unidos bajo la administración de Roosevelt."

y Sud América.

"Rechazamos, a la vez la politiquería que desquició nuestro porvenir y la disimulación, a veces interesada, que envenenó nuestra atmósfera. Queremos afrontar las realidades, por penosas que ellas sean, con los ojos puestos en la Patria Grande del futuro.

"La crisis de Nicaragua deriva de tres factores evidentes. Primero: la ambición de la plutocracia de los Estados Unidos, ansiosa de acentuar su irradiación imperialista. Segundo: la indiferencia de los gobiernos oligárquicos de la América nuestra, incapaces de comprender los problemas del Continente. Tercero: la exigüidad de visión de los políticos nicaragüenses, afanosos de llegar al poder, aunque sea con desmedro de los intereses de su patria. La simple enunciación de estos fenómenos, basta para dictarnos una actitud frente al problema de Nicaragua. Invadido como se halla gran parte del territorio de esa república por tropas extranjeras, imposibilitados como están para votar los elementos patriotas que forman en las guerrillas defensoras de la tierra natal, toda tentativa de elección resulta una injuria para la dignidad de ese pueblo. Que la masa incontaminada de nuestras repúblicas no se deje engañar por una rivalidad de avideces entre dos bandos tradicionalmente sujetos a la influencia de los Estados Unidos. No nos deslumbre el sofisma de unas elecciones triplemente falseadas; primero, por la presencia de tropas de desembarco; segundo, por el sometimiento de los dos grupos a los intereses del invasor, y tercero, por el mutismo a que se hallan condenados los elementos más dignos de respeto. Fiscalizar esas elecciones o discutir sobre ellas, sería darles apariencia de legalidad y conceder jerarquía a minorías claudicantes, que se disputan el poder amparadas por el enemigo

nacional.

"El caso de Nicaragua no se puede resolver electoralmente. No hay más que dos divisiones en aquel país: de un lado, los que aceptan la dominación extranjera; del otro, los que la rechazan. Como estos últimos no pueden votar, no cabe engañar a la opinión con vanos simulacros. No admitamos, pues, diferencia entre liberales y conservadores y hagamos bloque contra todas las encarnaciones que toma en nuestras repúblicas el mísero egoísmo de los caudillos subalternos.

"El único que merece nuestra entusiasta adhesión es el general Sandino, porque el general Sandino representa, con sus heroicos guerrilleros, la reacción popular de nuestra América contra el imperialismo anglosajón. La comedia de las elecciones nicaragüenses no hace más que poner de manifiesto la caída irremediable de los que, entre su interés y la patria, optaron por su interés. El porvenir dejará caer sobre ellos la reprobación que merecen. Y ese mismo porvenir sabrá también elevar la figura altruista de Sandino.


La propuesta del Dr. Guerrero había sido finalmente aceptada, figurando en el artículo VIII de la Convención firmada, de esta manera: "Ningún Estado tiene derecho a intervenir en los asuntos internos o externos de otro." Cierto es que proscribía la intervención de tipo militar, y que de la otra clase de intervenciones nada se decía; cierto también que esa proscripción quedaba sujeta —como lo pronosticó acertadamente Hull— a la vigencia de la administración de Roosevelt; cierto por último, que la no intervención resultó tan mala como la intervención, pues convenía más a la vuelta de tuerca operada en la política de los Estados Unidos y de paso halagaba el orgullo latinoamericano. Pero de todas maneras, ya era algo, y no tan despreciable, como se comprobaría años después, cuando la miserable patraña de John Foster Dulles derribaría al régimen-milagro de América, el gobierno de Guatemala.

Lo cierto es que toda América no dejó de notar, tanto en los resultados de una conferencia como en los de la otra, la influencia ejercida por la lucha que Sandino llevaba a cabo en las montañas de Nicaragua.

Porque, en efecto, la gesta patriota no decayó. El 27 de febrero de 1928, Sandino obtenía una resonante victoria en El Bramadero:


Ya nosotros conocíamos la táctica yankee, a quienes dimos por su juego —relató a Maraboto—. Emplazamos nuestras ametralladoras en lugares estratégicos, y nos pusimos a esperar, la brigada completa se colocó en el sitio deseado. Llegó el momento y... nuestras máquinas de guerra trepidaron hasta fundirse al calor. Los pobrecitos yankees caían como chapulines.
"La sangre nuestra fue derrochada hasta ahora en luchas civiles que sólo trajeron ventaja para los tiranos o para las oligarquías. La acometividad, el valor, el espíritu de sacrificio de nuestros pueblos, todo lo que tiene de grande el alma iberoamericana, se malogró en agitaciones suicidas, que ora pusieron frente a frente a dos fracciones dentro del mismo país, ora devastaron a dos o más repúblicas limítrofes. Si fuera posible reunir en un haz de heroísmos todas las inmolaciones inútiles, habría fuerza para nivelar los Andes. Pero los hombres que tuvieron en sus manos ese tesoro popular, en vez de emplearlo en favor del bien común, lo malgastaron al servicio de sus egoísmos personales. Por la primera vez desde hace largas décadas, corre esa sangre al margen de las ambiciones mezquinas, y en beneficio de todos. Por eso estamos con Sandino, que al defender la libertad de su pueblo, presagia la redención continental.

"Manuel Ugarte. Federación Universitaria Hispanoamericana (Madrid). Asociación General de Estudiantes Latinoamericanos (París). Asociación General de Estudiantes Latinoamericanos (Berlín)". En Amauta, Nº 16, julio de 1928, pág. 34. Lima, Perú.”




Fue la matanza más grande que vi en mi vida. Desesperados, disparaban al azar, como locos; se subían a los árboles y luego se caían perforados por las balas de las ametralladoras; se lanzaban al ataque de los lugares de donde partían los fuegos, y no lograban llegar. Iban a pecho descubierto y ofrecían un blanco admirable a nuestras balas. Esas armas, las armas que bendijo el obispo de Granada, no les sirvieron para nada. Huyeron en dispersión. El triunfo nuestro fue completo. El campo, un cañaveral inmenso, resecado por los vientos, cobijaba centenares de muertos y heridos. Por los cuatro costados se puso fuego a las hojas secas del cañaveral. ¡Era preciso acabar con las alimañas! Las llamas se alzaron pronto, avivadas por el aire. Un olor a carne quemada se esparció en el espacio. Y en la historia de nuestras luchas, ése se llama el combate del Bramadero.
La referencia al obispo de Granada, Canuto Reyes, era exacta. A mediados de febrero ese sacerdote bendijo las armas del batallón norteamericano que partía a acabar con el bandido Sandino, lo que no fue obstáculo para que este batallón, a su paso por el pueblo de Yalí, saqueara la iglesia y secuestrara un incensario de oro. En cuanto al fuego en el cañaveral, Maraboto aclara que Sandino, sin embargo, modificó su orden y que, considerando crueldad inútil la de quemar a los heridos, ordenó apagar los fuegos y recoger a las víctimas "porque a pesar de todo, son mis hermanos". Y aclarará Sandino: "antes de retirarnos del Bramadero, recogimos un botín de guerra magnífico: ametralladoras Lewis y Colt, rifles automáticos, gran número de pistolas Thompson y cartuchos en enorme cantidad. Además recogí el incensario de oro robado en la iglesia de Yalí, y procedí a entregarlo a los vecinos más caracterizados de El Bramadero, para que lo restituyeran a aquel templo".

El combate del Bramadero fue el más importante de cuantos tuvieron lugar en ese año de 1928. Los restantes encuentros, aunque numerosos, tuvieron características de escaramuzas, con pérdidas para ambos bandos, de los cuales el mundo tuvo escasa referencia, ya que el intermediario y más directo receptor y difusor de las informaciones de Sandino, Froylán Turcios, renunció a seguir desempeñando esa tarea.

Una de las razones posibles de la defección de Turcios fue suministrada por Maraboto: "...Apenas aceptada la renuncia de Turcios por el general Sandino, aquél salió, en efecto, para Europa, pero como cónsul de su país en Francia. Ahora radica

en París. Todos dicen que la delegación de Turcios fue el premio de su separación del héroe y en ello se ve la mano del imperialismo yanqui, que logró esa designación de Turcios valiéndose del gobierno hondureño de Mejía Colindres".

Turcios era el director de la afamada revista Ariel, pero su importancia fundamental para la causa de Sandino consistía en que era el elemento de enlace entre él y los que deseaban enviar armas y hombres a Las Segovias por la única ruta posible de Honduras. A Turcios no sólo llegaban las informaciones enviadas por Sandino acerca de sus campañas, sus mensajes a los gobiernos y a los pueblos de América, sino también las que europeos, americanos y asiáticos hacían llegar al caudillo. Por sus manos pasaban todos los mensajes, dinero y armas; por su intermedio se ponían en contacto con Sandino los voluntarios deseosos de colaborar con su misión. A eso se debe que el héroe sintiera tanto su defección y comentara: "Y la lucha ha seguido ruda, cada vez más intensa, pero el dinero norteamericano compra y se interpone entre nosotros y el mundo exterior, y se ha hecho el silencio sobre nuestra lucha. Por eso es que desde que Turcios renunció a ser nuestro vocero, poco se ha dicho de lo que pasa en Nicaragua. Y allí seguiremos, hasta que obtengamos la libertad o caigamos en la lucha."

Tiempo después, a raíz de haber querido Turcios adoptar una airosa actitud al comentar el papel que le cabía en la lucha de los patriotas, Sandino aclararía:


He leído la entrevista que dio el señor Turcios, quien parece que trata de ocultar su error; pero publicando la correspondencia cruzada con él, le obligaré a que confiese la verdad. Lejos de haber sido el señor Turcios nuestro director intelectual y doctrinario, más bien, con fecha 10 de julio de 1928, en forma amistosa le llamamos la atención con motivo del avisito permanente que publicaba en la revista "Ariel", poniéndose en papel de terruñista, muy lamentable por cierto, en la disputa de límites entre Honduras y Guatemala. Por cierto Turcios retiró inmediatamente el malhadado avisito.
Se trataba de un aviso de la Cuyamel Fruit Company, el imperio bananero de Samuel Zemurray. Es del caso recordar que por aquel entonces existió un peligro de guerra inminente entre Honduras y Guatemala. Honduras, apoyada por la Cuyamel —que tenía interés en cultivar el territorio en litigio— reivindicaba como suyos los terrenos explotados desde las

márgenes del río Motagua, en Guatemala, hasta la frontera, a través de una extensión de 64 millas hacia el mar, que casualmente habían sido objeto de una concesión de los gobiernos guatemaltecos de Orellana y Chacón a la United Fruit Co.

Si bien esta última tenía intereses en ambos países, por lo cual su actitud fue prudente y hasta conciliadora, la Cuyamel sólo los tenía en Honduras y se veía trabada en sus ambiciones expansionistas, por lo cual no vaciló hasta en fomentar la guerra, exacerbando el nacionalismo de aquélla. 5 La intervención de Roy David, embajador de Estados Unidos en Costa Rica, evitó que la guerra "fría" entre ambos países, que no era sino una guerra de compañías bananeras, se convirtiera en un conflicto armado. Lo chistoso era que Sam Zemurray, tan celoso de la soberanía de Honduras en su litigio con Guatemala apoyara a Nicaragua contra Honduras cuando ésta trató de reivindicar como suyos los territorios de la Mosquitia que estaban siendo satisfactoriamente explotados por una subsidiaria maderera de la Cuyamel, la Lousiana Nicaragua Lumber Company. 6 Lo cierto es que Sandino no dejó de ver claro en este asunto, y no sólo reprochó a Turcios su "papel de terruñista" sino que, mirando más lejos, le envió una extensa nota que causó enorme sensación en toda Centroamérica. En la misma, si bien persiste el típico lenguaje del caudillo, se advierte un profundo adelanto en cuanto a sus convicciones ideológicas, a lo cual no era ajeno el plantel de hombres de que se había rodeado en los últimos tiempos. Por su valor político, bien vale la pena su reproducción completa:

5 El 1º de julio de 1928 La Tribuna, de San José de Costa Rica, publicaba al mismo tiempo la opinión de las dos compañías bananeras sobre el litigio. La United manifestaba: "La United Fruit Company respetará cualquier decisión o arreglo que se haga, ya sea temporal o permanente, confiando plenamente que continuará disfrutando en el futuro, como en el pasado, de la confianza de los gobiernos de los países en los cuales trabaja."

Veamos ahora la otra opinión: "La Coyamel Fruit Company, está dispuesta, y desea, cooperar y ayudar por todos los medios a su alcance al gobierno de Honduras, en cualquier situación en que se encuentre, en lo que respecta a la disputa fronteriza con Guatemala, con el fin de que como desea la compañía, el resultado de la controversia pueda ser un merecido triunfo hondureño; y que Honduras no pierda una sola pulgada de tierra, no sólo en la faja disputada sino también en cualquier zona hondureña no en disputa."


6 Kepner, Ch. D. y J. H. Soothill. El imperio del banano. Ediciones del Caribe, México, 1949, donde se lee en la página 124: "En respuesta a los ataques de la prensa hondureña, Zemurray dijo que esto se había hecho porque, debido a la nueva discusión en Nicaragua poniendo en tela de juicio la decisión arbitral, los banqueros (norteamericanos) insistían en que se revalidara la concesión."


El Chipotón, 10 de junio de 1928. A Froylán. Turcios.

Tegucigalpa. Grande estimado maestro y amigo:

Con profunda sorpresa leí en Ariel del 1º de mayo último, sus palabras editoriales, relativas al peligro en que se halla la integridad territorial de Honduras, en lo que respecta a la cuestión de límites con Guatemala. Tanto sus palabras, como las que reproduce del editorial de El Cronista de esa ciudad, hicieron que sintiera por un momento helada mi sangre. Pronto comprendí qué personajes de la política imperialista yankee son los atizadores de esa hoguera centroamericana.

En estos instantes me preocupan más las graves dificultades entre ustedes, los dirigentes de Centro-América, o sea la Patria Grande, que la causa que yo mismo estoy defendiendo con mis pocos centenares de bravos: porque me convenzo que con nuestra firmeza de ánimo y el terror que hemos logrado sembrar en el corazón de los piratas, nuestro final será evidente, mientras tanto que ustedes están rodeados de patricidas, que siempre andan al olfato de las causas grandes, para dejar en ellas la semilla de la traición.

En nombre de Nicaragua, de Honduras, de Guatemala y en el nombre de Dios, querido amigo mío, yo le suplico a usted y a todos los hombres de entendimiento y claro patriotismo de la América Central, traten de evitar por todos los medios posibles, el acaloramiento de ánimos y la ruptura de nosotros mismos. Ustedes están en la obligación de hacer comprender al pueblo de la América latina que entre nosotros no deben de existir fronteras y que todos estamos en el deber preciso de preocuparnos por la suerte de cada uno de los pueblos de la América Hispana, porque todos estamos corriendo la misma suerte ante la política colonizadora y absorbente de los imperialistas yankees.

Las bestias rubias están colocadas en uno de los extremos de la América latina y desde allí observan ávidas nuestros movimientos políticos y económicos: ellos conocen nuestra ligereza de carácter y procuran mantener latente entre uno y otro país nuestros graves problemas sin resolver. Por ejemplo, la cuestión de límites entre Guatemala y Honduras, entre Honduras y Nicaragua; el asunto canalero entre Nicaragua y Costa Rica, la cuestión del Golfo de Fonseca entre El Salvador, Honduras y Nicaragua; la cuestión de Tacna y Arica entre Perú y Chile. Y así por el estilo, hay un encadenamiento de importantes asuntos en resolución entre nosotros. Los yankees nos tienen bien estudiados y se aprovechan de nuestro estado de cultura y


de la ligereza de nuestros caracteres para hacernos peligrar siempre que a los intereses de ellos conviene.

Los yankees son los peores enemigos de nuestros pueblos, y cuando nos miran en momentos de inspiración patriótica y que nos buscamos con sinceros impulsos de unificación, ellos remueven hondamente nuestros asuntos pendientes, de manera que se encienda el odio entre nosotros y continuemos desunidos y débiles, y por lo mismo, fáciles de colonizarnos.

Estamos en pleno siglo XX, y la época ha llegado a probar al mundo entero que los yankees hasta hoy pudieron tener tergiversada la frase de su lema. Hablando de la Doctrina de Monroe dicen: América para los americanos. Bueno: está bien dicho. Todos los que nacemos en América somos americanos. La equivocación que han tenido los imperialistas es que han interpretado la Doctrina Monroe así: América para los yankees. Ahora bien: para que la bestias rubias no continúen engañadas, yo reformo la frase en los términos siguientes: Los Estados Unidos de Norte América para los yankees. La América latina para los indolatinos.

Tomando, como se debe, por lema las frases anteriores, los yankees sólo pueden venir a nuestra América latina como huéspedes; pero nunca como amos y señores, como pretenden hacerlo. No será extraño que a mí y a mi ejército se nos encuentre en cualquier país de la América latina donde el invasor asesino fije sus plantas en actitud de conquista.

Sandino es indohispano y no tiene fronteras en la América latina.



Sin más que recomendarle por ahora, querido maestro le envío mi corazón, con el cual le hablo en esta carta. Patria y Libertad. — A. C. Sandino.
En este año de 1928 fue apresado por los norteamericanos el general guatemalteco Manuel María Girón Ruano, que había ingresado al ejército de Sandino renunciando al de su patria. Entregado por los invasores a la Guardia Nacional con grilletes en los pies, fue sumariamente ejecutado por orden de Augusto Caldera. Cuando los secretarios de Moncada, Cordero Reyes y Anastasio Somoza informaron de esa muerte al dictador guatemalteco Chacón, lo hicieron en términos tan insultantes para la memoria de Girón Ruano, que Sandino escribió:
En cuanto a los pingüinos Cordero Reyes y Somoza, ya habrá oportunidad de disponer que vengan a pie hasta Las


Segovias, a exhumar con sus manos el cadáver del general Girón Ruano, y a llevarlo sobre sus lomos hasta el puerto de Corinto, cuando cumplamos con el deber de repatriar los restos del valeroso compañero, para que descanse en el panteón de Guatemala. Y, quitadas las cadenas con que le encadenaron y fue enterrado, esas cadenas serán leontinas para algunos que yo me sé.

Originada en el entusiasmo que despertaban en Europa sus batallas y sus ideales, de los cuales eran portavoces José Vasconcelos y Manuel Ugarte, habría de ser enviada a Sandino, en julio de ese año, una carta que constituía para él un motivo de orgullo; la enviaba Henri Barbusse, y decía:



General: Yo envío a Vd. con mi saludo de homenaje, el del proletariado y los intelectuales revolucionarios de Francia y Europa, que en muchas circunstancias ya me han autorizado para hablar en su nombre, para decirle que nuestra atención se fija con entusiasmo en la heroica figura de Sandino y en sus admirables tropas.

Saludamos en Vd. a un libertador, al soldado magnífico de una causa que, sobrepasando cuestiones de raza y nacionalidades, es la causa de los oprimidos, de los explotados, de los pueblos contra los magnates. Saludamos en Vd. a toda la ardorosa juventud hispanoamericana que se conmueve y se levanta frente a los verdugos del Norte, "las bestias de Oro", y a toda la multitud de trabajadores y de indios que a lo largo del continente se agitan impacientes por ponerse en marcha para rechazar la maquinaria imperialista y capitalista venidas del extranjero y en su lugar crear un bello mundo nuevo sobre las tierras que les pertenecen.

A la vanguardia de la lucha y del Continente que se disputa, usted, Sandino, general de los hombres libres, está representando un papel histórico, imborrable, por su ejemplo luminoso y sus espléndidos sacrificios. Nosotros estamos de corazón con usted. Henri Barbusse, director del Hebdomadario Internacional Monde. 7

Y el socialista español Luis Araquistain, diría en alguna oportunidad que entre los documentos más preciados de su archivo particular figuraba la carta que le enviara Sandino el 31 de julio de 1928, cuyo texto era:



7 Barbusse, Henri. En Amauta, Nº 19, noviembre-diciembre de 1928, pág. 92. Lima, Perú.


Es en mi poder la importante obra de usted titulada La agonía antillana y que me envía con su honroso autógrafo en términos que me llenan de legítima satisfacción ante el reconocimiento que usted hace en lo que concierne a mi personalidad.

La refinada honradez y profundidad de visión con que usted presenta en ese libro los problemas que el imperialismo yankee plantea a nuestras hermanas Repúblicas Antillanas, y que habrá de ser resuelto en el sentido de la independencia nacional de ellas, me mueven a expresarle mis calurosas felicitaciones.

Aunque el estudio se concreta a las condiciones de las Repúblicas Antillanas, por ser un tratado fundado en observaciones personales, ya en él se hacen referencias a la situación de dependencia en que se encuentran Nicaragua y el resto de Centro América, lo que no podía ser de otra manera, dada la identidad de condiciones en que nos encontramos frente al expansionismo imperialista norteamericano y que no pueden menos que ser captadas por espíritus honrados como el que le caracteriza a usted.

Es alentador que los hombres de la nueva generación de España suscriban tratados de tanta trascendencia como el suyo porque ya es el signo de que la España reaccionaria entrará en las orientaciones que marcan las ciencias sociales. No pasa desapercibido para los que en este Continente se preocupan de los altos fines humanos que en España hay una pugna entre el pasado y el porvenir, entre los que llevan muy profundo los sentimientos ancestrales de dominación y los que tienen la mente libre de prejuicios.

Es con ustedes que deseamos darnos el abrazo fraternal los que aspiramos a una total revisión de valores humanos y hoy que la ocasión es propicia, por tratarse de España, hago a Vd. la declaración de que si en los actuales momentos históricos nuestra lucha es nacional y racial, ella devendrá internacional conforme se unifiquen los pueblos coloniales y semicoloniales con los pueblos de las metrópolis imperialistas.

Con muestras de la mayor consideración, me es honroso suscribirme de Vd. atto. S. Patria y Libertad. Augusto C. Sandino. 8

Antes de que terminara el año 1928, otra carta iba a dar la vuelta al mundo. Era la que enviara a Sandino el almirante Sellers, quien condescendía por primera vez a apear



8 En Amauta, N9 20, enero de 1929, pág. 94. Lima, Perú.

el nominativo de "bandido" aplicado hasta entonces al jefe patriota y le manifestaba:


Comandancia de Escuadra del Servicio Especial de los Estados Unidos, Buque Insignia de la Marina de los Estados Unidos, "Rochester". Corinto, Nicaragua 30 de noviembre de 1928. General Augusto C. Sandino. Las Segovias.

Señor: Aunque todos los esfuerzos previos que para entrar en comunicación con usted por medios pacíficos han fracasado, de nuevo me siento impelido a apelar a su patriotismo para determinar la posibilidad de concluir la resistencia a las fuerzas bajo mi mando. En vista de la situación existente, tanto política como de otra naturaleza, es de prever que proseguir la resistencia armada sería inútil y por ello usted debería considerar la conveniencia de la terminación de sus actividades militares, con sus consiguientes beneficios. Cualquier comunicación que usted se sirva enviamos, tendrá una cuidadosa atención. — D. Sellers, etc. 9
La respuesta de Sandino no fue menos famosa:
Cuartel General del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua. El Chipote, Nicaragua, enero 1º de 1929. Almirante D. F. Sellers, de la Armada de los Estados Unidos. Corinto.

Señor: Fue en mi poder su comunicación fechada en ese puerto. El patriotismo a que usted apela es el que me ha mantenido repeliendo la fuerza contra la fuerza, desconociendo
9 Commander, United States Service Squadron, U. S. S. "Rochester" Flagship. Corinto, Nicaragua, November 30, 1928. General Augusto C. Sandino, Las Segovias.

Sir: Although all previous efforts to get into communication with you, by peaceful means, have failed. I am again impelled to appeal to your patriotism to ascertain if it is not now possible to terminate the armed resistance to the forces under my command. In view of the situation, political and otherwise, now existing, there would seem to be ample proof that continued armed resistance serves unuseful purpose and should you desire to consider a cessation of your activities or struggle with its attendant benefits, any communication from you may care to send will be given attention and careful consideration. (0. F. Sellers, Rear Admiral, U. S. Navy, Commander, Special Service Squadron.




asuntos de nuestra nación, y demostrando que la soberanía de un pueblo no se discute, sino que se defiende con las armas en la mano. Sin llenar ese requisito, no habrá paz, y aunque usted en su comunicación dice que no serviría para ningún propósito la continuación de mi resistencia armada, le hago la formal declaración de que solamente la continuación de esa resistencia armada traerá los beneficios a que usted alude, exactamente como toda intromisión extranjera en nuestros asuntos, trae la pérdida de la paz y provoca la ira del pueblo. Patria y Libertad. (Fdo.): Augusto C. Sandino.
El método que se probaba ahora para doblegar a Sandino era el diplomático. En virtud de ello Sandino se considera obligado a contestar de la misma manera, y el 5 de enero hace públicas las condiciones bajo las cuales acordaría el cese del fuego; entre ellas, la ineludible de exigir al gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica el retiro inmediato y completo de sus fuerza invasoras, por la razón o por la fuerza; la de no aceptar ningún empréstito leonino yankee; la de declarar nulos el tratado Bryan-Chamorro y todos los tratados, pactos o convenios derivados; y la de rechazar con virilidad cualquier intromisión de los Estados Unidos de Norteamérica en elecciones o en lo que fuere.

Vista la actitud poco razonable de Sandino, el ejército interventor resuelve extremar las acciones. Es así que La Prensa de Nueva York publica en 15 de enero de 1929 el siguiente cable de Associated Press:


Los informes que se reciben de los destacamentos avanzados indican que cuarenta soldados más de los capitaneados por el jefe, general Sandino, perecieron ayer víctimas de los ataques de las fuerzas norteamericanas, en las inmediaciones de El Chipote.

Los ataques contra los rebeldes serán conducidos en adelante por medio de aeroplanos, en lugar de fuerzas de tierra, ya que éstas corren el riesgo de caer en emboscadas. Los ataques aéreos han sido hasta ahora muy efectivos según las declaraciones del coronel Louis Masón Gulick, comandante de las fuerzas de ocupación en Nicaragua, quien dijo que los alzados se iban dispersando por temor a los efectos de las bombas explosivas. Los marinos tienen el propósito de cortar la retirada al caudillo rebelde, para que no pueda escapar por el río Coco hacia el mar de las Antillas.


El general Chamorro ha ofrecido al coronel Gulick la ayuda de las fuerzas conservadoras, declarando que éstas serán más efectivas que las norteamericanas, debido a lo quebrado del terreno en Nueva Segovia.
Ahora los aviones confluyen hacia El Chipote, cuartel general del ejército libertador. Es un cerro no muy elevado en la parte más abrupta de la montaña, eminencia solitaria que avanza sobre un pequeño llano, cubierto por un bosquecillo. Está flanqueado por dos riachuelos, y sobre sus faldas han sido cavados refugios que a la larga, cuando arrecie la ofensiva aérea, se tornarán perfectamente inútiles. Porque ese cerro es el objetivo más castigado de toda la guerra. Día tras día las escuadrillas dejaban caer allí su mortífera carga de bombas, que eran contrarrestadas con un vivo fuego de fusilería y ametralladoras; a causa de la baja altura a que volaban para poder asimismo ametrallar a los patriotas, se exponían de tal manera que éstos pudieron derribar no menos de siete aviones, citándose el caso de un aeroplano derribado con una Lewis por el propio Sandino.

Los aviones, dado lo abrupto del terreno, sólo podían hostilizar, ametrallándolas, a las columnas sandinistas, que cuando eran sorprendidas en los llanos, se dispersaban para volver a concentrarse en zonas arboladas. Otras veces, cuando eran pocos, se mantenían de pie, erectos como los árboles, inmóviles, para pasar desapercibidos. Cuando caía algún aviador, defendía su vida hasta último momento, resistiéndose a la captura, que consideraba infamante.

Los invasores contaban normalmente con unos treinta aviones en Nicaragua, cantidad que con ser extraordinaria para la época, se acrecentó en algún momento hasta alcanzar la cifra de setenta. Con las prácticas aéreas se perdió todo control en cuanto a leyes de guerra. Los invasores, exasperados por esa resistencia que les ponía en ridículo, comenzaron a fusilar a todo patriota que cayera en sus manos. Hasta entonces Sandino prefería poner en libertad a los prisioneros como medio de propaganda y para ganarse su buena voluntad; pero al constatar el trato que recibían los suyos y aun los que no formando parte de sus fuerzas veían sus casas destruidas y sus tierras arrasadas —en una táctica de exterminio indiscriminado que era el mejor síntoma de su impotencia—, resolvió proceder de la misma manera.

Así como los invasores se jactaban de "dar la libertad que


pedían", fusilándolos, Sandino resolvió "perder en el camino" a los invasores que caían prisioneros. La guerra fue desde entonces despiadada por ambas partes. Sandino aplicaba a los norteamericanos sus propias concepciones expeditivas de moral combatiente. Toda la montaña segoviana, erguida como línea Maginot, hierve contra él como conspiran sus criaturas vivientes. No siempre había sido así.

Los invasores los convirtieron en beligerantes cuando comenzaron a tratarlos como a bestias rabiosas. Los montañeses no tenían ideología alguna y al principio observaron nada más que con curiosa mansedumbre a esos soldados altos y rubios que les trataban con sospechosa reserva.

Pero cuando se desató en los norteamericanos el furor del aniquilamiento, veían en cada cabaña un centro de vida hostil y en cada habitante un guerrillero o espía. "Con frecuencia enfilan sus ametralladoras contra las casas que encuentran en el camino o contra las reses que topan en algunos puntos, con la idea de llevar el terror o la desolación al territorio rebelde y de hacer imposible la vida al enemigo", comenta Belausteguigoitía. Así, llega un momento en que toda la montaña o está luchando con Sandino o coopera con él en su incesante espionaje. La pasión guerrera despertaba, envuelta en el odio y en la desesperación:


Un aviador [norte] americano, que hacía el recorrido ordinario de guerra, se encontró de pronto con un hombre en un llano, en actitud de cortar el zacate con el machete. Ello le pareció una treta de un soldado sandinista, y empezó a dispararle con una ametralladora. Efectivamente, el hombre aquel agarró pronto su rifle y comenzó a disparar contra el avión, dando saltos y carreras para desviar las bombas que el aviador comenzaba a dejar caer. Una de éstas le voló un brazo y el rifle, y entonces vio el piloto que aquel hombre levantaba su brazo crispado hacia el avión con un gesto de desesperación y de rabia. Así estuvo hasta que una nueva bomba lo hizo pedazos. El aviador que contaba este incidente añadía que aquel gesto le dio la impresión de toda la protesta de la tierra contra la ocupación armada.
Esta conmovedora historia, relatada por un aviador norteamericano, era en verdad el símbolo de la gesta de Sandino. Claro está que cuando las agencias noticiosas se referían a las "atrocidades" del patriota, para nada mencionaban

que la misma rigidez inexorable que aquél utilizaba para castigar a los invasores, estaba en vigor dentro de su propio ejército, en resguardo de la disciplina, del decoro y de la honestidad de la causa. Así, sólo los periódicos liberales dieron cuenta del fusilamiento del coronel Antonio Galeano, "valiente y leal en la pelea", ordenado por el propio Sandino porque "cometió graves abusos, porque se embriagó y llegó hasta la violación de una doncella". No obstante tener mando de tropa y ejercer la jefatura de una plaza, fue ejecutado sumariamente. Sandino comentaría sobre el suceso: "Respetamos a las mujeres y a la propiedad privada adquirida honradamente. Los ladrones y los violadores son los yankees".

Por razones parecidas fueron fusilados dos generales, un sargento y un soldado. El del general José Santos Sequeira tuvo amplia publicidad por su fama adquirida dentro y fuera del país. Sandino explicaría así las razones:
En una madrugada llegué a cierta choza en un claro del bosque que me servía de abrigo. Estaba rendido de la fatiga de una jornada en la noche y, bien lo recuerdo, vestía un traje blanco de montar. Apenas había entrado a la casa a descansar, cuando los aviadores norteamericanos iniciaron un raid de bombardeo. Cubierto con una capa negra, me oculté entre los matorrales vecinos, y allí permanecí esquivando el ataque, mientras por otros rumbos mis soldados ametrallaban los aviones, cuando apercibí muy cerca al general José Santos Sequeira, jefe por aquel entonces de mi estado mayor, que, pistola en mano, me apuntaba. Empuñé rápidamente mi revólver y exigí a Sequeira que se colocase en otro lugar. Repetí la orden y pistola en mano hice cumplirla. Más tarde, Sequeira quedó convicto de traición, y aunque quedó sin mando, participaba en las operaciones. Cuando fue sorprendido en un nuevo intento de traición, logró escapar en dirección al campamento norteamericano; abandonó las filas como desertor y fue capturado y ejecutado para ejemplo de los demás, algunas semanas después.
A cambio de estos ejemplos de franqueza, podrían llenarse varios volúmenes con la enumeración de actos vergonzosos y despiadados cometidos por los invasores y sus auxiliares de la Constabularia Nacional. Hubo un folleto de Napoleón Parrales, La barbarie yanqui y la vileza criolla, que, además de ser el relato de un director de escuela, parece ser el clamor agrandado

de los millares de víctimas del terror invasor y de sus colaboradores nacionales.

Los asaltos de los marinos borrachos, los asesinatos por cuestiones nimias, las violaciones, la crueldad sádica con que trataban a los campesinos, fueran o no sandinistas, las complicadas muertes que inventaban para los prisioneros para satisfacer su refinado sentido del humor, empalidecen cualquier desenfreno de las fuerzas de la resistencia, que, en todo caso, encontrarían justificación en el hecho de que defendían su suelo y su libertad contra un poder extraño. Porque en ningún momento, en medio de las luchas o en pleno descanso o en la mesa de las conferencias, jamás dejó Sandino de hacer constar la legítima razón que le asistía, en su simple condición de nicaragüense, para resistir a la intervención y luchar contra ella por todos los medios a su alcance.

Por contraste, léase esta información, aparecida en El Gráfico, de Nueva York, en 10 de marzo de 1929: Managua, marzo 10. En el paraje La Pita (Jinotega) un grupo de marinos norteamericanos llegó a casa de Cruz García, y registrando sus muebles le encontraron unos tiros Springfield. Esto fue bastante para que a García, que se hallaba trabajando, lo capturaran y lo culatearan hasta hacerle brotar sangre. Lo condujeron a casa de Salvador Picado, como a tres mil varas de distancia de la de García, y lo fusilaron sin llenar ninguna fórmula.



El grupo de marinos autor del homicidio forma parte del destacamento que permanece en Poteca. De esta clase de asesinatos han ocurrido en todos los caseríos y montañas, tanto en Jinoteca como en otras partes, y esto ha contribuido a que se haya hecho más encarnizada y dilatada la lucha de Sandino. La Guardia Nacional, manejada por marinos, ejerce a su vez toda suerte de violencias con los habitantes de los pueblos, caseríos y haciendas.

La estadística que se lleva acerca de las actividades de las tropas de Estados Unidos en Nicaragua, desde que el general Sandino enarboló la bandera de la oposición contra los norteamericanos, da la lista de setenta pueblos y aldeas incendiadas por los marinos extranjeros, desde el 31 de mayo del año pasado hasta la fecha. En esa lista están las siguientes poblaciones: Quilalí, Jabalí, Plan Grande, Buena Vista, San Lucas, Ula, Esquinay, Susucován, Jumuyca, Santa Rita, Sabana Grande, Loma, Choto, San José, Santa Rosa, Manchones, San Jerónimo, Chipote, Remango, La Branca, La Virginia, La


Conchita, El Barro, Santa Cruz, Pata Blanca, Palo Pristo, Ventillas, Murra, Los Limones, California, Casas Viejas, Carrizal, El Pastoreo, Renacuajo, El Cacao, Santa María, La Paz, Pie de Cuesta, El Quebracho y otros muchos sitios.
Como para que no quede duda de que la información precedente no era maliciosa, podría mencionarse, por ejemplo, la del diario intervencionista New York Times, que con fecha 8 de abril de 1929 publicaba un cable de AP desde Tegucigalpa, Honduras, dando cuenta de que "aeroplanos norteamericanos procedentes de Managua, Nicaragua, que bombardearon sospechosos campamentos de rebeldes en la frontera, también lanzaron hoy varias bombas sobre la ciudad de Las Limas, en Honduras; la ciudad fue casi completamente destruida".

Para no ser menos que sus camaradas aviadores, el 5 de junio marinos borrachos asaltaron el cementerio de Managua y profanaron las tumbas. A raíz de este hecho, que hasta los propios diarios oficialistas censuraron, el presidente Moncada disculpaba así a sus protectores: "Quiero decir que los nicaragüenses tienen grandes deberes que cumplir con el cuerpo de marinos de los Estados Unidos... Pecar es humano. Los soldados de todo el mundo hacen eso, y no debemos decir nada por lo del cementerio de esta capital..."



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