Henri barbusse



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IX


PATRIA Y LIBERTAD


Las amargas quejas que se oyen en América latina en contra de Wall Street se igualan por los ataques constantes, sin cuartel, hechos por los liberales en los Estados Unidos y publicados diariamente en los muchos periódicos radicales de nuestro país. De otra manera, ya estos trusts se habrían tragado por completo la vida latinoamericana. Porque no hay que olvidar que estos derechos se compran en los países del sur, porque hay quienes los venden. Recuerdo que hace tres años hice un viaje... dando conferencias sobre relaciones interamericanas... Pues bien: al llegar a Nueva York... abrí el Herald Tribune para hallar una entrevista con el nuevo ministro nicaragüense en Washington. Este caballero, hace un año, había sido arrojado de la presidencia, ayudado por la influencia de los marinos nuestros. El apeló entonces a las fuerzas liberales de los Estados Unidos para ayudarle a conseguir justicia. De un lado de la nación a otro se organizaron reuniones para enviar protestas a Washington. Pero se arregla la cosa en Managua, el caudillo liberal que había asegurado a los liberales en Norteamérica que no buscaba más que "justicia", acepta el puesto de ministro en Washington que su antiguo enemigo le ofrece. Y, ¡bonita cosa! Declara él en la entrevista mencionada que los marinos yanquis eran todos unos gentlemen, que no hacían más que prestar servicios muy útiles a Nicaragua y que el retirarlos de su país sería un acto inhospitalario de parte de los Estados Unidos. 1

SAMUEL GUY INMAN


1 Inman, Samuel Guy. Prólogo para América Revolucionaria, págs. 17/18. Edit. Javier Morata, Madrid, 1933.
Mucho se ha hablado de las "rarezas" de Sandino en cuanto a sus convicciones religiosas. Lo cierto es que durante su estada en Tampico se había relacionado con la masonería, frecuentando además organizaciones teosóficas y espiritistas. Su espíritu, predispuesto con mayor fuerza al misticismo y a la metafísica, a despecho de su posterior acción realista y emprendedora, se inclinaba de mayor grado ante las intuiciones que a los razonamientos.

El ya citado periodista vasco refiere que en cierta oportunidad le dijo: "Déjeme que le abrace en vez de darle la mano. Es éste nuestro saludo. Así los fluidos se transmiten mucho mejor". Era el abrazo, en efecto, el saludo entre los soldados sandinistas fuera de las formaciones militares, donde era de rigor la venia. Se trataban unos a otros de "hermanos".

En San Rafael del Norte, Sandino utilizaba para sus paseos el interior de una oscura habitación contigua a la guardia, custodiada por soldados con ametralladoras de mano. Era una habitación en uno de cuyos rincones había gran cantidad de fusiles; el mobiliario lo constituía una mesa, algunas sillas y un largo banco donde solían sentarse en silencio, para escucharle o para asistir a sus conferencias con los visitantes, los jefes de su estado mayor, o los campesinos y trabajadores que acudían en pos de un consejo o una ayuda. Las paredes, en la semipenumbra, sólo ostentaban un modesto almanaque y la reproducción fotográfica de un paisaje. Su silla favorita era una mecedora.

La voz de Sandino era suave. Tenía inflexiones de persuasión más que de mando. Su rostro ovalado, huesoso, tenía un acentuado prognatismo; su fuerte y desarrollada mandíbula refirmaba el firme trazo de sus labios finos y apretados en una boca ancha, que en concordancia con el pronunciado surco de las comisuras le daba un aire de obstinación y energía. Su mirada era triste, con esa tristeza característica de los indios y mestizos que recordaban, en sus ojos pequeños de un negro intenso, incisivo, una larga tradición de esclavitud y dolor. Su frente era mediana, terminando en cejas escasamente pobladas; su nariz, de base ancha, sobresalía en su extremidad inferior; era de estatura pequeña, como la mayor parte de los centroamericanos, y su rostro oscuro denotaba con la mayor facilidad la preponderancia de los elementos étnicos indígenas


que la de los europeos.

Belausteguigoitia le describiría así:
...su cara, ensombrecida por arrugas prematuras, reflejaba, con una expresión tan suya, yo no sé si una reflexión profunda o un íntimo dolor. Su vista parecía fijarse, más que en los pobres soldados, que, batidos por las privaciones, pasaban por delante, en algo lejano e invisible. Sandino no tenía el aire fiero del guerrero a quien la lucha endurece el semblante y a quien el peligro y las necesarias crueldades de la guerra acucian sus nervios y dan una inexorable inflexibilidad a la mirada. Su rostro reflejaba la psicología del hombre hecho para el pensamiento y para la fantasía, del hombre espiritual, convertido en cabecilla por obra de la fatalidad... Aquella mirada vaga y profunda... saliendo del marco de una cara macerada, mitad de santo, mitad de pensador, nos revelaba al hombre... de espíritu atormentado, pero preciso y definido en sus convicciones... La impresión que da el general Sandino, lo mismo en su aspecto que en su conversación, es de una gran elevación espiritual. Es, sin duda, un cultivador de la "yoga", un discípulo de Oriente.
Su gesto habitual es frotarse las manos teniendo en ellas un pañuelo. Rara vez acciona ni cambia la tonalidad serena de su voz. Despide a sus soldados con un que Dios le guarde. Cuando Belausteguigoitia laméntase de que sus compatriotas no hubieran enviado hombres y armas, Sandino responde: "Nos han dado algo superior, las ondas que vienen con el apoyo moral. Vale más eso que si nos hubieran enviado un cañonero con soldados y parque".

Quizás la mejor descripción que de él se haya hecho sea la del escritor peruano César Falcón, que le conoció en México, en 1930:


[...] y todas las miradas convergieron sobre un hombrecillo flacucho y bien peinado, que gracias a que llevaba pistola y otro cinturón de tiros, yo no le hubiera dejado entrar en el estado mayor del general Sandino. Más había que rendirse a la evidencia: aquel gran hombrecito era el general Sandino. Pero dejémosle hablar; siempre hablará de él; no hay temor de perder su autobiografía: en todo el discurso nos la repetirá. “Yo, compañeros", han sido sus primeras palabras. Ya en esta oportunidad no nos dirá otra cosa. Ahora olvidemos lo que nos puede contar él, para intentar su retrato, ya que es imposible


una caricatura de este hombre que no tiene un solo rasgo característico. De baja estatura (sin que tengamos que alargar la vista hasta el suelo, para verle), delgado sin ser flaco, nervudo, diríase que todo es músculos. Su rostro es seco, duro, desteñido; uno de esos trapos que se han secado mucho tiempo al sol; pudiéramos decir que la intemperie en que le han obligado a vivir los aviones yanquis, ha desteñido su rostro. Sus ojos no dicen nada, dijérase que nunca han visto nada. No sabe sonreír, aunque ríe a menudo; es entonces cuando sus ojos adquieren cierto brillo, pero su cara queda seria; solamente su boca se ríe; diríase que su risa no se ríe: esto no es trágico, pero sí es muy antipático; es solamente anodino, extraordinariamente parecido a los demás.

Ahora oigámosle hablar; veámosle gesticular. Todavía nos habla de él. Cuando habla, sus manos, su patria y su corazón no tienen un momento de reposo. No nos dirá jamás los yankis o los americanos; dirá "el gringo", como los españoles decían "el moro". "No abandonaré mis montañas mientras quede un gringo en Nicaragua; no abandonaré mi lucha mientras falte a mi pueblo un Derecho por enderezar. Mi causa es la causa de mi pueblo, la causa de América, la causa de todos los pueblos oprimidos". Aunque no sabe hablar, es expresivo, fogoso, dice todo lo que siente; algunas veces hasta lo que no siente (pues, como buen americano, es muy nicaragüense); es el tipo del criollo ciento por ciento, hablador, en general un poquito fanfarrón. No se lo he preguntado, pero estoy seguro que debe tener una gran debilidad: los gallos. Sólo haciendo un gran esfuerzo puedo recordar lo que dijo textualmente y en su rostro no vi nada que revelara la formidable energía de este incansable luchador; todo el peso de su fama sólo le ha hecho engolar la voz; después es un hombre sencillo, natural, un verdadero criollo. De no engolar la voz, diríase que no tiene nada de general.
No cabe duda de que la ironía algo sangrienta del peruano Falcón no logra disminuir la exactitud de la pintura, que, por el contrario, se enriquece con el detalle sobre la insistencia con que Sandino machaca sobre su propia historia. Ya hemos hecho referencia a ese aspecto de su carácter, bien entendido que su relato se hacía abundante sólo en relación con su gesta, ya que sobre su vida privada mantenía el más absoluto mutismo.

También el aspecto referente a la vida religiosa de Sandino era satirizado por la prensa quislinguista. Las iglesias se hacían


eco de la maledicencia, y cultivaban su apoyo a la intervención con una crítica despiadada a la resistencia, a la que atribuían desde todos los pulpitos características bolcheviques y ateas. La leyenda forjada sobre su persona agrega la mención de sus dotes de clarividencia, aplicadas al terreno militar. Sus predicciones, con tener una explicación lógica, no dejaban de impresionar a sus soldados y contribuían a rodear a su persona de cierto hálito misterioso. El general Carlos N. Quezada, que sirvió bajo sus órdenes, refiere este hecho:


Recuerdo que cuando estábamos en el campamento de La Culebra, en la zona de Chipotón, llegó un correo del retén de Las Carretas informando del avance de una columna de 250 marinos yanquis, que se movilizaba desde el Jícaro rumbo al cuartel de Sandino. Con la serenidad que caracteriza al general, éste dijo: "No temo a esa columna, porque es albur tapado. Estos quieren llamarme la atención por la vanguardia y sorprenderme con otras columnas movilizadas con rumbo que todavía ignoro". Y como por encanto, mandó reunir sus contingentes y los distribuyó con los siguientes rumbos: al cerro de Ventía, desde donde se divisa el puerto fluvial de Wiwilí, y a Santa Cruz, también un puerto del río Coco. Al siguiente día, ambas columnas rechazaban, cada una por su parte, a las columnas yanquis que avanzaban por las montañas. En cambio la columna que había salido del Jícaro y de que informaba el correo quedaba acampamentada en las alturas de Santa Rosa, tal como lo había previsto el general Sandino.
¿Es de admirar que el resultado de una simple intuición se proyecte en el ánimo sencillo de sus gentes con caracteres de clarividencia? ¿Es de extrañar que la admiración que le profesaban sus soldados le haya imbuido de sentimientos de predestinación, en cuanto a su misión se refiere, y que esos sentimientos mezclados con lecturas apresuradas y una predisposición al misticismo, le hayan inclinado al fanatismo mesiánico, que informa toda su lucha? En todo caso, gracias a ese férreo fanatismo pudo subsistir sin quebrantos la resistencia a los invasores; él lo dirá con sus palabras:
Sí; cada uno cumple con su destino; yo tengo la convicción de que mis soldados y yo cumplimos con el que se nos ha señalado. Aquí nos ha reunido esa voluntad suprema para conseguir la libertad de Nicaragua... En un principio era el amor.


Ese amor crea, evoluciona. Pero todo es eterno. Y nosotros tendemos a que la vida sea no un momento pasajero, sino transitorio..., estamos compenetrados en nuestro papel; todos somos hermanos en nuestro ejército...
No dejaría tampoco de referirse a intuiciones y a sueños premonitorios:
En varias ocasiones he sentido una especie de trepidación mental, palpitaciones, algo extraño dentro de mí. Una vez soñaba que se acercaban las tropas enemigas y que venía con ellos un tal Pompillo, que había estado antes conmigo. Me levanté inmediatamente y di la voz de alarma, poniendo a todos en plan de defensa. Dos horas después, todavía sin amanecer, los norteamericanos estaban allí, iniciando el combate. Hay una parte de nuestro organismo donde existe el órgano del presentimiento.

[...] hablándoles muchas veces (a los soldados) sobre los ideales de la justicia y sobre nuestro destino, inculcándoles la idea de que todos somos hermanos. Sobre todo cuando el cuerpo desfallece es cuando he procurado elevar su espíritu. A veces hasta los más valientes decaen. Es necesario conocerlos, seleccionarlos. Y alejar el temor, haciéndoles ver que la muerte es un ligero dolor, un tránsito. Pero esas ideas se asimilan por compenetración; sí, estamos compenetrados de nuestra misión, y por eso mis ideas y hasta mi voz puede ir a ellos más directamente. El magnetismo de un pensamiento se trasmite. Las ondas fluyen y son copadas por aquellos que están dispuestos a entenderlas. En los combates, con el sistema nervioso en tensión, una voz con sentido magnético tiene una enorme resonancia... También los espíritus combaten encarnados y sin encarnar... Desde el origen del mundo la tierra viene en evolución continua. Pero aquí, en Centroamérica, es donde yo veo una formidable transformación... Yo veo algo que no lo he dicho nunca... No creo que se haya escrito sobre eso... En toda esta América Central, en la parte inferior, como si el agua penetrara de un océano en otro... Veo Nicaragua envuelto en agua. Una sola depresión que viene del Pacífico... Los volcanes arriba únicamente... Es como si un mar se vaciara en otro.


Y a Belausteguigoitía le diría:


La fe pienso yoes eternamente infantil y creadora; infantil, porque une al mundo real el de lo maravilloso, y apartando la duda, que es escepticismo y vejez, nos lleva al mundo del ensueño de esos primeros años, en los que quizá, como dice el poeta Wordsworth, los hombres conservan todavía el reflejo de una inmortalidad o de una encarnación, como dirían los teósofos, que todavía no se ha borrado de la mente, con los años y la baja realidad de los sentidos. Y es creadora, porque el hombre se siente no como un mísero aparcero de una vida transitoria, que se disipa como el humo, sino como el propietario, mejor dicho como el actor, de un drama eterno y siempre renovado.
Todas estas opiniones, que conforman un credo espiritualista marcado, ofrecían un notable contraste con ese otro aspecto de Sandino, el del luchador. Además de sus condiciones natas de militar, de las que los invasores tenían motivos para admirarse, poseía una percepción singular para compenetrarse de los problemas sociales y políticos, tanto nacionales como mundiales, que hubieran hecho de él un buen discípulo de cualquier tendencia; eso, a despecho de ciertas ingenuidades de que son testigos sus propios documentos públicos, imputables a su generosidad de corazón y a su espíritu limpio de toda malicia, tanto como a su deficiente como tardía educación política.

Pero había percibido perfectamente lo principal, esto es, que ninguna lucha en Iberoamérica, en pos de la liberación de cualquier pueblo, podía llevarse a cabo sin la participación efectiva de todos los demás. Que desde que España cediera su Imperio colonial, sus herederos anglosajones se habían constituido en el factor fundamental que obstaculizaba su desenvolvimiento total, trabando, mediante la expresión de su imperialismo económico, el desarrollo y el progreso de su civilización y de su cultura. Y que de ese imperialismo, por sus proyecciones negativas para la libertad de nuestros pueblos de América, la expresión más brutal era la representada por los círculos financieros y económicos de los Estados Unidos.



A ese convencimiento obedeció el que Sandino enviara a todos los gobernantes de América que él suponía libres de la férula imperialista, el siguiente mensaje:
Señores Presidentes;

Por ser los intereses de esos quince pueblos los que más


afectados resultarían si se permite a los yanquis hacer de Nicaragua una colonia del Tío Samuel, me tomo la facultad de dirigiros la presente, dictado no por hipócritas y falaces cortesías diplomáticas, sino con la ruda franqueza del soldado.

Los yanquis, por un resto de pudor, quieren disfrazarse con el proyecto de construcción de un canal interoceánico a través del territorio nicaragüense, lo que daría por resultado el aislamiento de las repúblicas; los yanquis, que no desperdician oportunidad, se aprovechan del alejamiento de nuestros pueblos para hacer una realidad el sueño que en sus escuelas primarias inculcan a los niños, esto es, que cuando toda la América latina haya pasado a ser colonia anglosajona, el cielo de su bandera tendrá una sola estrella.

Por quince meses, el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua, ante la fría indiferencia de los gobiernos latinoamericanos y entregado a sus propios recursos y esfuerzos, ha sabido, con honor y brillantez, enfrentarse a las terribles bestias rubias y ala terrible caterva de traidores renegados nicaragüenses que apoyan al invasor en sus siniestros designios.

Durante este tiempo, señores Presidentes, vosotros no habéis correspondido al cumplimiento de vuestro deber, porque como representantes que sois de pueblos libres y soberanos, estáis en la obligación de protestar diplomáticamente, o con las armas que el pueblo os ha confiado, si fuere preciso, ante los crímenes sin nombre que el Gobierno de la Casa Blanca manda con sangre fría a consumar en nuestra desventurada Nicaragua, sin ningún derecho y sin tener más culpa, nuestro país, que no querer besar el látigo con que le azota ni el puño yanqui que le abofetea. ¿Acaso piensan los gobiernos latinoamericanos que los yanquis sólo quieren y se contentarían con la conquista de Nicaragua? ¿Acaso a estos gobiernos se les habrá olvidado que de veintiuna repúblicas iberoamericanas han perdido ya seis su soberanía? Panamá, Puerto Rico, Cuba, Haití, Santo Domingo y Nicaragua, son las seis desgraciadas repúblicas que perdieron su independencia y que han pasado a ser colonias del imperialismo yanqui. Los gobiernos de esos seis pueblos no defienden los intereses colectivos de sus connacionales, porque ellos llegaron al poder, no por la voluntad popular, sino por la imposición del imperialismo, y de aquí que quienes ascienden a la Presidencia apoyados por los magnates de Wall Street, defiendan los intereses de los banqueros de Norteamérica. En esos seis desventurados pueblos hispanoamericanos sólo habrá quedado


el recuerdo de que fueron independientes y la lejana esperanza de conquistar su libertad mediante el formidable esfuerzo de unos pocos de sus hijos que luchan infatigablemente por sacar a su patria del oprobio en que los renegados la han hundido.

La colonización yanqui avanza con rapidez sobre nuestros pueblos, sin encontrar a su paso murallas erizadas de bayonetas, y así cada uno de nuestros países a quien llega su turno, es vencido con pocos esfuerzos por el conquistador, ya que hasta hoy cada uno se ha defendido por sí mismo. Si los gobiernos de las naciones que van a la cabeza de la América latina estuvieran presididos por un Simón Bolívar, un Benito Juárez o un San Martín, otro sería nuestro destino, porque ellos sabrían que cuando la América Central estuviese dominada por los piratas rubios, seguirían su turno México, Colombia, Venezuela, etc.

¿Qué sería de México si los yanquis lograran sus bastardos designios de colonizar Centroamérica? El heroico pueblo mexicano nada podría hacer a pesar de su virilidad, porque de antemano acogotado por la tenaza del Tío Samuel, y el apoyo que esperara recibir de las naciones hermanas no podría llegarle por impedirlo el Canal de Nicaragua y la Base Naval del Golfo de Fonseca; y quedaría sujeto a luchar con el imperio yanqui, aislado de los otros pueblos de la América latina y con sus propios recursos, tal como nos está sucediendo a nosotros ahora.

La célebre Doctrina Carranza expresa que México tiene por su posición geográfica que ser y en realidad lo esel centinela avanzado del latinismo en la América. ¿Cuál será la opinión del actual gobierno mexicano respecto a la política que desarrollan los yanquis en Centroamérica? ¿Acaso no habrán comprendido los gobiernos de Iberoamérica que los yanquis se burlan de su prudente política adoptada en casos como el de Nicaragua? Es verdad que por el momento el Brasil, Venezuela y el Perú no tienen problema de intervención tal como lo manifestaron en la discusión del derecho de intervención en la Conferencia Panamericana celebrada en La Habana en el año actual, por medio de sus representantes; pero si esos gobiernos tuvieran más conciencia de su responsabilidad histórica no esperarían que la conquista hiciera sus estragos en su propio suelo, y acudirían a la defensa de un pueblo hermano que lucha con el valor y la tenacidad que dan la desesperación contra un enemigo criminal cien veces mayor y armado de todos los elementos modernos. Lo gobiernos que se expresan en horas


tan trágicas y culminantes de la historia en los términos en que lo hicieron Brasil, Venezuela, Perú y Cuba, ¿podrán tener mañana autoridad moral suficiente sobre los demás pueblos hermanos? ¿Tendrán derecho a ser oídos?

Hoy es con los pueblos de la América Hispana con quienes hablo. Cuando un gobierno no corresponde a las aspiraciones de sus connacionales, éstos, que le dieron el poder, tienen el derecho de hacerse representar por hombres viriles y con ideas de efectiva democracia, y no por mandones inútiles, faltos de valor moral y de patriotismo, que avergüenzan el orgullo de una raza.

Somos noventa millones de latinoamericanos y sólo debemos pensar en nuestra unificación y comprender que el imperialismo yanqui es el más brutal enemigo que nos amenaza y el único que está propuesto a terminar por medio de la conquista con nuestro honor racial y con la libertad de nuestros pueblos.

Los tiranos no representan a las naciones y a la libertad no se la conquista con flores.

Por eso es que para formar un Frente Único y contener el avance del conquistador sobre nuestras patrias, debemos principiar por darnos a respetar en nuestra propia casa y no permitir que déspotas sanguinarios como Juan Vicente Gómez y degenerados como Leguía, Machado y otros, nos ridiculicen ante el mundo como lo hicieron en la pantomima de La Habana.

Los hombres dignos de la América latina debemos imitar a Bolívar, Hidalgo y San Martín, y a los niños mexicanos que el día

13 de setiembre de 1847 cayeron acribillados por las balas yanquis en Chapultepec, y sucumbieron en defensa de la patria y de la raza antes que aceptar sumisos una vida llena de oprobio y de vergüenza en que nos quiere sumir el imperialismo yanqui. Patria y Libertad. Augusto C. Sandino. 2

Este documento, que constituye toda una acusación para el mundo oficial latinoamericano de la época, dejaba a salvo de toda crítica la conducta observada por esos mismos pueblos, que mediante voluntarios estaban en su mayoría representados en el ejército sandinista. Pero, ¿podía una lucha de este carácter continuar indefinidamente? Teniendo en cuenta que sus objetivos eran restringidos, limitados a la sola obtención del retiro de las tropas extranjeras de Nicaragua, sus posibilidades, aunque remotas, no eran dudosas. Es cierto que la sordera e


2 La Correspondencia Sudamericana, 2ª época, Nº 7, págs. 17/18, Buenos Aires, 19 de enero de 1929.

insensibilidad de los gobiernos de América tornaban más difíciles las circunstancias de su lucha y obligaban a Sandino a una reducción de objetivos a alcanzar; pero si éstos hubieran sido ampliados, su repercusión y su eficacia —teniendo en cuenta experiencias anteriores y posteriores— hubieran sido distintas.

Sandino debió haber proyectado la lucha militar al plano político; debió asegurar la supervivencia de su gesta mediante la exposición de un programa integral de reivindicaciones sociales, con objetivos mediatos e inmediatos, que trascendieran su propia persona o la contingencia de un desastre militar. Esto suponía, a su vez, la adopción de un plan de lucha que contemplara el previsible cambio de táctica del imperialismo norteamericano que, como lo analiza certeramente García Naranjo en el artículo suyo que hemos transcripto, iba a trocar las bombas de los aviones por los suaves modos de Mr. Morrow.

La necesidad de tal proyección no fue ajena a Sandino, como lo prueban muchos de sus manifiestos. Pero, equivocadamente, optó por recurrir a los gobiernos latinoamericanos, con resultado negativo, a pesar de que algún gesto amistoso le había hecho abrigar esperanzas.

Sandino enfrentó la coyuntura a raíz de la creciente disminución de su poderío militar. Por otra parte, la defección de Turcios le había privado de todo contacto con el exterior, lo que era aprovechado por los diarios reaccionarios para proclamar su muerte, en un intento de liquidar los movimientos americanos de simpatía con el libertador. Es posible que, unidos estos factores a la necesidad que tenía el caudillo de reparar su quebrantada salud y a su deseo de buscar personalmente apoyo entre los gobiernos amigos —y sobre todo el de México— le hayan inducido a resignar el mando de sus tropas y abandonar Las Segovias. Es también posible que abrigara la idea de poder llegar hasta los Estados Unidos para abogar allí mismo ante el pueblo norteamericano por su causa; ya su hermano Sócrates le había precedido, pronunciando en Nueva York conferencias.

Sean cuales fueren las versiones circulantes, 3 lo cierto es que Sandino arribó en 2 de julio de 1929 a México.


3 César Falcón diría lo siguiente: "Yo le conocí cuando venía de México para volver a Nicaragua. Cuando la maledicencia interesada del imperialismo del Norte hacía circular por toda la prensa la calumnia, varias veces vil, de que se había vendido. Cuando después de agotar el último cartucho y el último hombre, convencido en aquel momento de la inutilidad antirrevolucionaria que era hacerse matar en las montañas, dejaba su campamento de Las Segovias, cuando todos

Pero antes de que esa partida se verificara, y siguiendo con su tentativa de lograr para su lucha la colaboración o por lo menos la simpatía de los gobiernos hispanoamericanos, escribía a los presidentes de distintas repúblicas en ese sentido. Así, con fecha 12 de marzo manifestaba al presidente de El Salvador, don Pío Romero Bosque:



El Chipotón, Nicaragua, marzo 12 de 1929. — En el afán de libertar a mi patria, he querido hacerme representar ante los cuatro gobiernos que todavía quedan en Centro América. En la misma forma que tengo el honor de dirigirme a usted, lo hago con los otros tres. No pudiendo llegar en persona, llego en símbolo. Adjunta se servirá encontrar una hoja de las selvas segovianas, donde se encuentra resistente el honor de Nicaragua. El nombre del árbol de esta hoja, es palanca. En estos momentos Nicaragua tiene una palanca como la que tenía Arquímedes, y necesita un punto de apoyo igual al que él pedía. Ruégole consultar a su pueblo si allí estará el punto de apoyo que esta sección de la patria grande busca por mi medio. Arquímedes podía volcar al mundo. Nosotros juntos podemos no ser humillados por el yankee. Si Nicaragua no encuentra en ese pueblo hermano el punto de apoyo que busca, tal vez esta nota encuentre un lugar en su historia. Con mis mejores deseos de progreso colectivo para Centro América, en el período que usted dirige, afectísimo y seguro servidor, Patria y Libertad.— A. C. Sandino.
La carta más importante, por las proyecciones que implicaba su contenido, fue sin embargo la que Sandino envió al presidente argentino Hipólito Yrigoyen, la que tuvo insospechadas derivaciones. En efecto, escrita con fecha 20 de marzo, ni Yrigoyen ni la cancillería dieron cuenta de su recepción, que en cambio fue conocida cuando el diario La

creíamos que dejaba de hacer la guerra para empezar la revolución. Pero Sandino es un hombre de honor, tanto que tomó en consideración la calumnia inventada por los yanquis a su salida de Nicaragua. Se creyó en el deber ineludible de demostrar a la América, que estaba convencida de ello, que él era incapaz de venderse al oro nórdico.



"Pero América, ya hemos dicho, no estaba convencida de lo contrario; todos los pueblos americanos, más que justificaron, celebraron su salida de Nicaragua, pues Sandino, en Las Segovias, luchaba por Nicaragua; fuera de Nicaragua podía hacerlo por América. Basta reconocer el efectivo de su ejército para justificar hasta la saciedad su actitud. Con trescientos hombres un cheque de mil dólares enviado por hermanos fuera de Nicaragua y muchas banderas de seda que enviara la América reconocida, no podía Sandino prolongar indefinidamente su acción."


Nación, con fecha 5 de abril, la reprodujo precedida de un comentario dando cuenta que ya a principios de 1927 Sandino había formulado al gobierno argentino la proposición de que mediara en el asunto nicaragüense. Como tanto el gobierno de Alvear como el de su sucesor Yrigoyen habían ocultado celosamente la propuesta, los diarios de izquierda censuraron violentamente ese secreto, no obstante lo cual ni siquiera lograron que el caudillo nicaragüense obtuviera respuesta alguna a su nota, cuyo texto era:

Me cabe la honra de poner en su conocimiento, en nombre del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional y en el mío propio, que nuestro ejército tendrá el honor de proponer a los gobiernos latinos de América y a los Estados Unidos la celebración de una conferencia en Buenos Aires entre los representantes de toda América y yo como representante del ejército autonomista. Con este propósito, me dirijo con esta misma fecha a los gobiernos de Méjico, Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Panamá, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Brasil, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Chile, Cuba, República Dominicana, Puerto Rico y los Estados Unidos. Nicaragua irá representada, como dije, por mí y por separado irán los representantes del que reconocen como gobierno de nuestra república los gobiernos de América, en el caso de que acepte la invitación.

Esa conferencia tendrá por objeto la exposición del proyecto original de nuestro ejército, que si se ve realizado afianzará la soberanía y la independencia indohispana y la amistad de nuestra América racial con los Estados Unidos sobre bases de equidad. Ese proyecto presentará nuestro ejército y probará el derecho que tienen a externar su opinión los pueblos indohispanos sobre la libertad y la independencia de las repúblicas latinoamericanas, hoy intervenidas por los Estados Unidos, así como sobre los bellos privilegios naturales que Dios ha dado a estos países y que son la causa por la cual se les pretende oprimir.

Dicho proyecto expondrá también lo relativo a la construcción del canal interoceánico de Nicaragua. En el destino de nuestros pueblos está dicho que la humilde y ultrajada Nicaragua será la autorizada para llamarnos a la unificación con un abrazo fraternal. Ella ha sido la sacrificada y gustosa dejará romper sus entrañas si con ello se consigue la libertad y la independencia absolutas de nuestros pueblos latinos de la


América continental y antillana. El proyecto está concebido en una forma tal que Nicaragua no venderá su derecho sobre el canal que se trata de abrir en su territorio. El canal de Nicaragua debe ser abierto por reclamarlo así la civilización actual; pero esa apertura no puede resolverla sólo Nicaragua con los Estados Unidos, porque una obra de tal naturaleza es de alta trascendencia para los habitantes de todo el globo terrestre. Para efectuarse tal obra necesita ser consultada toda nuestra América latina continental y antillana, ya que nuestra América racial progresa cada día en las industrias y en el comercio. No podemos negar a noventa millones de latinoamericanos el derecho de opinión que les asiste en lo relativo a las condiciones en que debe ser construido el canal de Nicaragua. Ya se cometió un primer error con nuestra América indohispana al no haberla consultado para la apertura del canal de Panamá; pero todavía podemos evitar un error más con el canal de Nicaragua.

En la conferencia a que invitamos a todos los gobiernos de América se tratará si conviene o no que solamente con capital norteamericano sea abierto el canal de Nicaragua. En el caso de que en la conferencia se apruebe conceder ese privilegio a los Estados Unidos, éstos deberán a cambio de ese privilegio firmar el compromiso solemne ante los representantes de las veintiuna repúblicas latinoamericanas de que cesará toda intervención norteamericana en nuestras repúblicas y no se entrometería en ninguno de sus asuntos internos, comprometiéndose, igualmente los Estados Unidos a no fomentar revoluciones contra los gobiernos de la América latina, que no quieran convertirse en sirvientes en manos de los Estados Unidos de Norte América.

Con compromisos de tal naturaleza, evitaremos el contagio del servilismo en nuestros gobiernos y quedaremos independientes. Si nosotros permitiéramos que los Estados Unidos abrieran nuestro canal de Nicaragua, sin ningún compromiso de parte de ellos de respetar la soberanía y la independencia de nuestros pueblos, haríamos un mal aun a los mismos Estados Unidos. Con el canal de Nicaragua ellos se sentirán más fuertes que el mismo Dios y desafiarían a todo el mundo lo que traería como consecuencia la destrucción de la gran nación de la América del Norte.

Señor presidente: me será honroso que su gobierno se sirva aceptar la invitación que hoy le hace nuestro ejército de nombrar sus representantes a la conferencia que proponemos y a la vez honre con su contestación en cuanto a lo que resuelva


sobre la verificación de la reunión en esa ciudad capital, comunicándolo por cable a su representante en Honduras, para que él lo comunique al correo especial de nuestro ejército, que irá oportunamente a informarse de lo que su gobierno haya resuelto. Si tuviéramos el honor de que su gobierno asistiera a dicha conferencia, así como que sea celebrada en esa república hermana, nuestro ejército le ruega aceptar al mismo tiempo su delegación para que se digne fijar a los gobiernos de América la fecha en que se verificará la reunión, participándolo también a sus representantes en Honduras, de manera que en la fecha fijada por usted yo llegaré a esa cuidada capital.

A mi llegada a Tegucigalpa tendré el honor de ponerme bajo la bandera argentina y bajo su garantía continuaré hasta que se verifique la conferencia. Una vez presentado el proyecto de nuestro ejército, saldré de esa república hermana acompañado solamente de mis ayudantes, para dirigirme, si fuera todavía necesario, al mismo campo de lucha en que hoy me encuentro. Me es honroso suscribirme de usted y del pueblo argentino, su afectísimo y seguro servidor. Patria y Libertad. Augusto C. Sandino. 4

Resuelta, pues, su partida a invitación del entonces mandatario de México, Portes Gil, notifica así a sus subordinados la última orden:



El Chipotón, Las Segovias, julio 1 de 1929. Generales Pedro Altamirano, Ismael Peralta y Carlos Quezada.

Estimados compañeros y amigos: Tengo el honor de saludar a ustedes, ratificándoles mi otra dirigida a ustedes con fecha 20 de mayo último. Me permito también hacer del conocimiento de ustedes que en esta fecha quedan nombrados jefes de nuestras fuerzas autonomistas, los generales Francisco Estrada, Pedro Antonio Irías y José León Díaz, de la manera siguiente: primer jefe el general Estrada, segundo jefe el general Irías y tercer jefe el general Díaz. Serán los referidos generales quienes explicarán a ustedes el plan que estamos desarrollando, de acuerdo con nuestras aspiraciones de ver completamente libre a nuestra patria, las resoluciones tomadas por ellos, serán tenidas en cuenta como si yo mismo las tomara. El plan que desarrollaremos va de acuerdo con todo lo que hemos realizado en bien de la soberanía de nuestra nación, y ustedes

4 La Correspondencia Sudamericana, pág. 3, 2ª época, Nº 10, Buenos Aires, 30 de abril de 1929.


comprenderán que no puedo ser explícito en forma escrita, pero los generales Estrada y Díaz les explicarán todo lo que se debe hacer. Fraternalmente, Patria y Libertad.— A. C. Sandino.

Al día siguiente se dirige hacia la frontera: penetra en Honduras el día 4, acompañado de Martí, los capitanes Rubén Ardila Gómez, José de Reyes y Gregorio Gilbert, y del teniente Tranquilino Jarquin. Los países centroamericanos le vieron pasar casi en secreto. Los gobiernos, en la suposición de que Sandino huía, abandonando su causa, le facilitaron todos los medios para su tránsito. Así, se detuvo en Tegucigalpa, Honduras, desde donde viajó hasta el puerto de San Lorenzo, donde embarcó para La Unión, San Salvador. Allí le esperaba un tren especial que le condujo hasta La Garita, desde donde se dirigió a El Congo, todavía en territorio salvadoreño. 5 En automóvil pasó luego a Guatemala, donde un tren expreso puesto a su disposición en la estación del ferrocarril de Morán le transportó hasta la frontera mexicana. El director de la policía guatemalteca, Herlindo Solórzano, tuvo el buen cuidado de que Sandino no organizara revolución alguna a su paso, y en persona le acompañó solícitamente desde que entró hasta que salió del país.



Su estada en México, que él creyó sería de escasa duración, se prolongó durante casi un año. De ella nos habla quien mantuvo con él prolongada correspondencia, G. Alemán Bolaños. Cuando arribó a Veracruz su intención era seguir viaje hasta la capital mexicana, pero le fue prohibido seguir adelante, "invitándosele" a residir en Mérida, Yucatán. En carta del 16 de julio, confía en que "nuestra permanencia en esta ciudad no será muy larga". Pero en la del 4 de agosto prevé estada mayor:
Estoy viendo opaca la esperanza de adquirir elementos en esta república, para continuar la guerra libertadora de Nicaragua; pero buscaré los recursos económicos aquí en México, a efecto de conseguir en otras fuentes los elementos

5 El Diario del Salvador del 22 de julio, dice: "¡Era Sandino! Un sombrero de fieltro de anchas alas, cubría su cabeza. Llevaba un elegante pañuelo rojo y negro, atado con desenvoltura y calzaba unas botas altas dé montar, color amarillo oscuro. Una humilde señora del barrio Cisneros se dio cuenta de que estaba cerca del general Sandino, quiso abrazarle y le bendijo, con acento de voz muy conmovedora. Llegó a saludarle el ministro de la guerra, doctor Gómez Zarate, y el general Antonio Claramount. El oficial mayor del ministerio de la guerra. Daniel Montalvo, después de que estrechó la diestra de Sandino, dijo estas palabras: "No me la lavaré para no borrar la huella de la mano del héroe".


bélicos que necesitamos. El hecho de que se haya aceptado mi entrada a territorio mexicano, se debe a una solicitud que hice al presidente Portes Gil, el 6 de enero de este año. Ningún compromiso tiene este gobierno de ayudarnos; pero para mí fue una oportunidad la llegada a esta república, a fin de realizar las gestiones que estoy llevando a cabo. Otras versiones que el enemigo haga circular, no tienen nada de valedero.

En la consecución de los recursos económicos que expreso arriba, tengo muy en cuenta el refrán aquel de no cambiar de montura para poner aparejo. De acuerdo con eso, no contraeré compromiso político, y todo lo busco a base de fraternidad latinoamericana, o por conveniencia de quien nos apoye, para que las obras proyectadas en Nicaragua no sean propiedad de la piratería yankee. Pero, repito, nada de cambiar de montura para ponerse aparejo... Si a base de eso no consigo nada, prefiero regresar a Las Segovias y continuar defendiendo a sombrerazos y escupitazos la integridad de nuestra soberanía.
El 8 de agosto la carta a Alemán Bolaños refleja mayor pesimismo:
(...) le informaba de mi pronto regreso a Las Segovias. Pero los acontecimientos van tomando otro giro, y a ello se debe que he decidido permanecer en esta república por un tiempo necesario para resolver muchos asuntos relacionados con Nicaragua... Estaba propuesto a salir para nuestros campamentos en esta semana, pero como hasta hoy no hemos encontrado ni medio centavo partido por la mitad, ni un cartucho de pistola para la causa de la libertad de Nicaragua, tendré que retrasarme un poco, siquiera para mientras recibo algunas contestaciones que juzgo de esperanzas para nuestra lucha. Ya tengo algo ofrecido para la compra del armamento que nos llevará al triunfo de nuestra causa. Posiblemente habrá ligera desmoralización de nuestras fuerzas que dejé organizadas en las Segovias, pero todo quedó previsto en forma minuciosa.
El 6 de setiembre, ante una sugestión de su corresponsal, Sandino lanza un manifiesto dirigido a los nicaragüenses. He aquí su texto:
¡Animo, nicaragüenses! Llego hasta vosotros con la autoridad de quien ha sabido aceptar el reto que el invasor yankee lanzó al ejército nicaragüense, cuando le vio aniquilado


en una guerra que fraguó él mismo. Hoy como ayer, el vínculo de la nacionalidad me da el derecho de asumir la responsabilidad de mis actos, ante vosotros y ante la historia, en el sostenimiento del honor nacional.

En mayo de 1927, los hijos espurios de Nicaragua, Adolfo Díaz y José María Moncada (Chamorro andaba fuera del país), lograron la confusión mental del pueblo nicaragüense, y pretendieron obligarle a doblar su dignidad ante los miserables invasores yankees; pero en aquel momento de claudicaciones y de confusión, la columna segoviana que estaba a mis órdenes, se convirtió en el Ejército Defensor de la Soberanía de Nicaragua, y ha rechazado con energía la afrenta que el gobierno de la Casa Blanca trató de imponer al pueblo nicaragüense.

Mientras Nicaragua tenga hijos que la amen, Nicaragua será libre. Han sido y son hijos que la aman, quienes en representación de todo el pueblo la han convertido, de pesadilla que era para las hermanas públicas de Latino América, en la hermana digna de todo aprecio, mediante la lucha que contra la piratería yankee entabló aquella columna el 4 de mayo de 1927.

¡Animo, nicaragüenses! Se acerca la hora de la liberación; pero en ella sólo estaremos compactos, cuando vosotros sepáis corresponder al ejército defensor de vuestra soberanía, formando en sus filas como soldados dispuestos a todo, inclusive a dar o recibir la muerte. Se acerca la hora de la liberación. Ya el invasor trata de levantar el campo, convencido de que nuestro ejército aumenta cada día, y que si sus filas solo estuvieron en Las Segovias, hoy están en las ciudades del interior. Cada uno de vosotros, nicaragüenses, es un soldado de ese ejército, porque en cada uno de vosotros se está despertando el amor a la patria en la forma de la dignidad, en la forma de la energía, en la forma de la reivindicación.

¡Animo, nicaragüenses! Ellos, los bárbaros del norte, quieren despedirse de vosotros dejando sus bofetadas impresas en vuestros rostros. Pues bien, ¡sea! Para que la acción reivindicadora no se haga esperar más, y para que se cobre la cuenta golpe por golpe, ojo por ojo, y así sepan los yankees el respeto que se debe a la libertad de los pueblos. Jamás se os perdonaría, nicaragüenses, que presentarais la otra mejilla al invasor; vuestras manos, nicaragüenses, deben de ser ciclón sobre los descendientes de William Walker. Ya nuestro ejército autonomista ha probado hasta dónde puede llegar la fuerza del derecho contra el derecho de la fuerza.


¡Animo, nicaragüenses! Yo estaré con vosotros en una hora que se acerca. Ya el invasor se amilana y presiente el peso de la ira popular. Ya el invasor lía sus maletas y se retira, repartiendo bofetadas. Dichosamente, ya habéis dado ejemplos de que no estáis dispuestos a presentar la otra mejilla. Ese es vuestro deber.

También a los instrumentos de la intervención yankee y a los que la llamaron y se han empeñado en mantenerla, se les acerca la hora de ajustar cuentas. A vosotros, nicaragüenses, os toca ir arreglándolas, para mientras el ejército defensor de nuestra soberanía, reanude sus actividades. No desmayéis. Mi salida temporal de Las Segovias significa el triunfo absoluto de la libertad de Nicaragua. El día que menos lo penséis, estaré a vuestro lado. Nicaragua será libre mientras tenga hijos que la amen.

Pero a pesar de que el gobierno de México pagaba los gastos de Sandino y de sus acompañantes, el libertador se sentía sobre ascuas en un territorio que no era el suyo, impotente para socorrer a quienes, fuera de las Segovias, en ciudades y pueblos de su patria, iniciaban por su cuenta movimientos de guerrillas contra el invasor, o desarrollaban métodos de resistencia pasiva. 6



Esa prisión dorada le resultaba tanto más odiosa cuanto que se prestaba a la maledicencia o a las versiones interesadas que le hacían aparecer como en convivencia con el enemigo. Sobre ese particular se referirá en su carta del 8 de setiembre:

Respecto a quienes crean que ya nuestra bandera reivindicadora ha sido arriada, he formado mi juicio desde hace mucho tiempo, y ese juicio me permite calificarles como los eternos pesimistas y pequeños de espíritu. No es de ahora que oigo las voces de "nada se puede hacer", y sin embargo no

6 Jaime Suárez Silva comentaba en el Diario de la Marina, de La Habana, Cuba: "Basta pensar por un solo instante en la larga permanencia de la revolución sandinista para dudar de los éxitos de la marinería yanqui en aquel territorio. Sandino cuenta con el apoyo de todo el continente. Las mujeres nicaragüenses han demostrado su ira contra la intromisión extranjera, asesinando en los burdeles a los marinos. Los niños se han rehusado a aprender inglés en las escuelas, y en una parada militar norteamericana a donde se les obligó a concurrir, rehusaron cantar el himno yanqui y entonaron sin miedo y desafiantes el grito de guerra de Sandino: '¡Mueran los vendepatria!'. Los ancianos se niegan a usar los productos yanquis que se les regala en los asilos de inválidos. Cuando el último terremoto que azotó a Managua, prefirieron dormir a la intemperie antes que cobijarse bajo una carpa importada de los Estados Unidos. Esto es la expresión, el sentir del pueblo humilde."


he oído tales voces más que como una expresión de pusilanimidad. Son esos mismos pesimistas los que cuando ven una obra terminada contra todas las dificultades, se llevan las manos a la cara, queriendo explicarse lo que para ellos será siempre inexplicable.
Como algunas agencias noticiosas informaran que Sandino había abandonado Mérida subrepticiamente; escribe al respecto el 9 de setiembre:
No ha habido tal intento de salida de que habla la prensa, ni ha habido tampoco nada que se parezca a incógnito. Siempre estoy a la vista del público. Ya les he manifestado que aquí permaneceré por el tiempo necesario, y tengo tomadas las medidas del caso para que nada me detenga en el momento llegado. Solamente espero a otros compañeros (por su orden debían reunírseles los generales Estrada, Irías, Días, Peralta y Quezada, los coroneles Reyes López, Dionisio Centeno y Pedro Blandón, y varios capitanes) ya usted comprende cuál es el objeto de que se reconcentren aquí desde las Segovias—, para que salga el coronel Martí, quien ya tomó nota de la dirección de usted.

Tengo entendido que la dirección sincera de nuestra lucha (y es necesario hacerse cargo de la palabra sinceridad), nos permitirá reorientar a los desorientados, a los equivocados, a los confundidos, y es en verdad interesante, como usted afirma, no perder el contacto con los patriotas cortos de alcance, y ya a ello contribuirá el manifiesto lanzado.
En la misma carta dejaría sentadas importantes premisas políticas:
No me dejo llevar por insinuaciones de presidenciables. Conducimos con cordura hasta los menores detalles de nuestra orientación, en lo público y en lo privado... Ni extrema derecha ni extrema izquierda sino Frente Único es nuestro lema. Siendo así, no resulta ilógico que en nuestra lucha procuremos la cooperación de todas las clases sociales sin clasificaciones "istas".

Siendo así; también es muy lógico que nos acuerpen las organizaciones de la extrema izquierda, como son las que pudieran hacer pensar a algunos que predicamos doctrinas sociales determinadas. Debe usted estar con plena confianza de


que ésa será la orientación que llevaremos. De las bases que se le habrán presentado al traidor Moncada, y de las cuales envié copia a usted, verá que presentamos un programa que creemos apropiado para Nicaragua en sus problemas sociales, y además para los obreros ineptos que se dejan engañar por los ambiciosos y comprendan su posición en la lucha nacionalista. Sin esa orientación hacia sus verdaderos problemas, siempre serán pasto de políticos rastreros. Practicando la rectitud en nuestra actuación, siempre estaremos en la posibilidad de calificar el patriotismo y el falso patriotismo.
Al remitir a Alemán Bolaños el folleto de Emigdio Maraboto, Sandino Ante el Coloso, le aclara: "Es un folleto que contiene en esencia toda nuestra actuación. Adolece de dos errores: el de decir que Sócrates Sandino y yo somos hermanos de padre y madre, y el que el vendepatria Díaz es el ministro de Nicaragua en Washington. Respecto al primero, le aclaro a usted que soy el primogénito de mi padre y que mi madre es Margarita Calderón, siendo la madre de Sócrates doña América de Sandino. En cuanto al segundo error, ya sabe usted quién es el que representa a los traidores en Washington: el pelele Sacasa." En efecto, meses antes, en 1º de febrero, La Prensa de Guatemala informaba que en un discurso, el doctor Juan B. Sacasa había llamado "magnífico visionario" al traidor Moncada; y el día 6, el mismo diario consignaba la noticia de que Sacasa recibía la justa recompensa de su pleitesía, en forma de seis mil dólares "para los preparativos de su viaje a Washington, sobre los siete mil quinientos que se le deben entregar". A propósito de esa embajada, el liberal Inman se quejaría años más tarde con las palabras que figuran como acápite de este capítulo.

Cuando Martí enferma en Mérida, Sandino se ve privado de su más conspicuo emisario para las naciones centroamericanas; pero aunque es reemplazado en su misión por el joven colombiano Ardila Gómez, el caudillo deplora su imposibilidad física como la pérdida de una batalla. No obstante, su optimismo no decrece. El 26 de setiembre escribe:


Cada día que Dios nos da la luz, tenemos mayores probabilidades de éxito en la empresa de que hemos estado tratando, pues nos llueve correspondencia importante de diferentes lugares... La vida de anacoreta que yo llevo, según nuestros enemigos, es algo que paso a explicarle. Por naturaleza, mi carácter es retraído, y solamente hablo mucho


cuando me tocan la glándula de latinoamericanitis aguda que me tengo. Ciertamente casi no salgo, pero es porque no necesito salir y más me gusta estar en mi observatorio, y no que crean que ando explotando la popularidad...
Y el 8 de octubre:
Con motivo de la llegada a Mérida, anteayer, del aguilucho de la Casa Blanca, Lindbergh, consideramos oportuno publicar en la prensa local la dedicatoria a usted de la máquina de escribir que me acompañó en la primer campaña.

Téngase presente que cuando la captura de esa máquina, se efectuaba la pantomima panamericanista de La Habana, y poco antes fue el llamado viaje de "buena voluntad". Y hermosa cuanto oportuna coincidencia: el mismo día que aterrizó Lindbergh en Managua, los aviones blindados de Norteamérica volaban día y noche desesperadamente, llevando piratas muertos y heridos de Quilalí a Managua. El mismo "enviado de buena voluntad" es testigo de mi afirmación, pues él, Lindbergh, ayudó a bajar de los aviones aquellos muertos y heridos. Por eso seguramente el aviador no mencionó a Nicaragua en los relatos de su gira. Muy bien.
Siempre a Alemán Bolaños, a raíz de nuevas versiones que corren sobre su persona, Sandino le escribe en 19 de octubre negando hallarse prisionero y afirmando que, por el contrario tiene "libertad de acción en todo sentido" y de que "no habrá ninguna dificultad para nuestra salida, cuando el momento se presente".

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