Historia de la filosofía medieval



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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL


Y DEL RENACIMIENTO

INTRODUCCIÓN

Atendiendo al tiempo, se puede decir que la Filosofía Medioeval es aquel pensamiento filosófico de occidente que va desde el final de la antigüedad, caída del Imperio Romano de Occidente (476) y el apuntar de la Edad Moderna, tomada desde la caída de Constantinopla (1453), o desde el comienzo de la reforma protestante. Generalmente se llama Filosofía Medieval a la Filosofía Escolástica, pero ésta no aparece propiamente sino hasta el s.XI y es precedida por el pensamiento de los Padres de la Iglesia, y sucedida por el Renacimiento que da paso a la Modernidad. distinguimos entonces para nuestro estudio tres períodos: a) Filosofía Patrística; b) Filosofía Escolástica; c) Filosofía del Renacimiento.


Atendiendo al contenido, o a su fisonomía espiritual, se considera Filosofía Medieval al pensamiento filosófico que desde San Agustín (354-430), pero más exactamente desde San Anselmo de Cantorbery (1033-1109) sigue el lema: “Intellige ut credas, crede ut intelligas” (entiende para que puedas creer; cree para que puedas entender). La expresión implica una unidad y mutua exigencia entre CIENCIA Y FE, pero también significa que el pensador cristiano no rechaza la filosofía sino que quiere cultivarla. Los pensadores cristianos no pretenden apoyarse sólo en la Revelación, sino también en la razón humana. La síntesis de Fe y saber en el pensamiento medieval tiene como base y explicación la UNIDAD IDEOLÓGICA, ningún otro período de la filosofía occidental vivió una unidad tan profunda como la Edad Media; había plena seguridad en ideas sobre: DIOS: su existencia, saber, poder, bondad; sobre el MUNDO: su origen, orden y gobierno; sobre el HOMBRE: su esencia, puesto en el cosmos, el sentido de la vida, dignidad, libertad e inmortalidad. También la Edad Media se caracterizó por su unidad en los fundamentos del Derecho, la función del Estado y el sentido de la historia. Unidad y orden son los signos de este tiempo. Es innegable que la unidad en este período se debió al cristianismo que interesó todos los órdenes de la vida.
La Filosofía Medioeval es considerada como un PUENTE entre la Antigüedad y la Modernidad. La Época Medieval copió los códigos y manuscritos de los antiguos y con ello se ha conservado el saber de los primeros filósofos. La Edad Media ha conservado en sus escuelas los principales problemas filosóficos {substancia, causalidad, finalidad, alma, entendimiento, mundo, Dios, etc.}, de tal manera que es imposible entender a los filósofos modernos sin tener el conocimiento de los conceptos y problemas del medioevo.
La filosofía Medioeval aparece también como modelo en muchos aspectos, principalmente por la precisión lógica y el rigor de sus razonamientos, por la concepción de la ciencia y de la persona humana. La Edad Media logró síntesis y doctrinas admirables como: la teoría del derecho natural, la substancia, la realidad, el alma, la verdad, los derechos del hombre, el Estado, etc., que tienen un valor imperecedero y que hacen que al núcleo central de la Filosofía Medieval se la pueda llamar una “Philosophia perennis” (Filosofía perenne).

PRELIMINARES
IDEAS BÍBLICAS FUNDAMENTALES CON IMPORTANCIA FILOSÓFICA

“MÁS ALLÁ DEL HORIZONTE DE LOS GRIEGOS”


1. El alcance revolucionario del mensaje bíblico
La Biblia se presenta como Palabra de Dios y como tal su mensaje es objeto de fe. Quien pretenda poner la fe entre paréntesis y leer la Biblia como científico puro, igual que se lee un texto de Platón o Aristóteles, llevaría una operación contraria al espíritu de dicha escritura. Aunque la Biblia no constituya una FILOSOFÍA en el sentido griego del término, la visión general que ofrece sobre la realidad y el hombre implica una serie

de ideas fundamentales que poseen también importancia filosófica de primer orden, hasta el punto de que el mensaje bíblico modifica de manera irreversible el rostro espiritual de occidente. Después de la difusión del mensaje Bíblico y particularmente del mensaje de Cristo, sólo podrán adoptarse estas posturas: a) Filosofar desde la fe, es decir, creyendo. b) Filosofar tratando de distinguir entre el ámbito de la razón y el de la fe, creyendo también. c) Filosofar desde fuera, de la fe y contra la fe, es decir, no creyendo. Ya no será posible filosofar desde fuera de la fe en el sentido de filosofar como si el mensaje bíblico jamás hubiera existido, por esta razón podemos decir que estructuralmente el horizonte bíblico continúa siendo un horizonte imposible de superar, un horizonte más allá del cual uno no puede colocarse.


2. El monoteísmo
La filosofía griega había llegado a concebir la unidad de lo divino como la unidad de una esfera que por esencia admitía en su propio ámbito una pluralidad de entidades, de fuerzas, de manifestaciones con grados y planos jerárquicos diferentes. No había llegado a concebir la unicidad de Dios y por lo tanto jamás se había planteado el dilema de si Dios era uno o muchos, y por consiguiente había permanecido siempre más acá de una concepción monoteísta. Sólo mediante la difusión del mensaje bíblico en occidente, se impone la idea de un Dios uno y único, con un poder absoluto y totalmente distinto a todo lo demás, con esta concepción de Dios, nace una nueva y radical noción de TRASCENDENCIA y se elimina cualquier posibilidad de considerar como divino en el sentido más fuerte del término a ninguna otra cosa. Incluso los máximos pensadores griegos como Platón y Aristóteles habían admitido como divinos o como dioses a los astros. La Biblia rechaza en bloque toda forma de politeísmo e idolatría. Leemos en el Deuteronomio: Y cuando levantes tu mirada al cielo y veas el sol, la luna y las estrellas, no te dejes arrastrar, no te prosternes ante ellos ni les rindas culto. La unicidad de Dios y su trascendencia tal como aparece en el ambiente bíblico fue siempre una noción ajena e impensable para los griegos.
3. El creacionismo
En el tratado de Historia de la Filosofía Antigua vimos cuántos y cuáles fueron los diversos tipos de solución propuestos por los griegos en lo que concierne al problema del origen de los seres: desde Parménides que negaba cualquier forma de devenir, a los pluralistas que postulaban unas combinaciones de elementos eternos; Platón proponía un Demiurgo con una actividad demiúrgica y Aristóteles se refería a la atracción de un Motor inmóvil; Los estoicos por su parte proponían una forma de monismo panteísta. Como vimos, todas estas soluciones encierran contradicciones y por lo tanto no aclaran totalmente el problema.
El mensaje bíblico desde el comienzo mismo ofrece su propia solución al problema del origen de los seres: EN EL PRINCIPIO DIOS CREO LOS CIELOS Y LA TIERRA. Y los creó a través de su palabra, Dios dijo, y las cosas fueron. Dios no se sirvió de algo preexistente como el Demiurgo platónico, ni se valió de intermediarios en la creación, todo se produjo de la nada. Gracias a esta concepción de la creación de la nada, caían por la base la mayor parte de las aporías que desde la época de Parménides habían obstaculizado la filosofía griega. Dios crea libremente , mediante un acto de su voluntad, por causa del bien. Produce las cosas como un don gratuito. Lo creado, pues, es algo positivo: "Vio Dios que todo era bueno". El creacionismo se impondrá como la solución por excelencia al antiguo problema de cómo y por qué los muchos derivan del Uno y lo finito de lo infinito. La definición que Dios da de sí mismo a Moisés: "Yo soy el que soy", será interpretada como la clave para entender ontológicamente la doctrina de la creación: Dios es el SER por su misma esencia, y la creación es una participación del ser.

4. El antropocentrismo


La concepción antropocéntrica entre los filósofos griegos manifestó un alcance bastante limitado, a pesar de los avances logrados por Sócrates y las escuelas helenísticas, de todas maneras, el antropocentrismo no es un rasgo característico del pensamiento griego, que siempre se mostró COSMOCÉNTRICO: El hombre es visto siempre como parte del cosmos y éste al igual que el hombre está de dotado de alma y de vida. El hombre nunca fue visto como la realidad más elevada del cosmos, así lo afirma Aristóteles: "Existen muchas cosas que por naturaleza son más divinas y perfectas que el hombre como los astros que componen el universo.
En la Biblia, por el contrario, el hombre no es considerado como un elemento mas del cosmos, sino como una privilegiada criatura de Dios, hecha a imagen del mismo Dios y señora de todas las demás cosas creadas por Dios. Puesto que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios, debe esforzarse por todos los medios para asemejarse a él. También los griegos hablaban de asemejarse a lo divino pero mediante el intelecto, mediante el conocimiento, la Biblia en cambio, emplea la voluntad como camino de asimilación. Asemejarse a Dios, santificarse, significa hacer la voluntad de Dios, esto es, querer lo que Dios quiere, y esta capacidad de hacer libremente la voluntad de Dios es lo que eleva al hombre por encima de todas las cosas creadas.
5. El Dios legislador y la ley de la psysis
Los griegos habían considerado la ley moral como la ley de la physis, la ley de la naturaleza misma: una ley que se impone, al mismo tiempo, a Dios y a los hombres, en la medida en que no ha sido formulada por Dios, sino que Dios e halla vinculado a ella. La noción de un Dios que prescribe una ley moral, un Dios legislador, es algo totalmente ajeno a los filósofos griegos. Por el contrario, el Dios bíblico entrega al hombre la ley como mandato. Dios escribe directamente los mandamientos.
La virtud, el supremo bien moral, consiste en la obediencia a los mandatos de Dios, y esta obediencia coincide con la santidad, virtud que la visión naturalista de los griegos colocaba en un segundo plano. Por lo contrario, el pecado, el supremo mal moral, consiste en una desobediencia a Dios, y se dirige contra Dios, al ir en contra de sus mandatos. La vida de Cristo, su pasión y su muerte, se desarrollan por completo bajo el signo de hacer la voluntad del Padre que lo ha enviado. El antiguo intelectualismo griego se transforma así del todo en un voluntarismo. La ley moral es el "querer de Dios", y la virtud del hombre consiste en querer lo que quiere Dios. La buena voluntad se convierte en el signo distintivo del hombre moral.
6. La providencia personal
Sócrates y Platón habían mencionado a Dios providencia: el primero de modo intuitivo y el segundo al referirse al Demiurgo que construye y gobierna el mundo. Aristóteles, en cambio, ignora esta noción al igual que la mayoría de los filósofos griegos, exceptuando a los estoicos. De todas maneras, la providencia de los griegos nunca se refiere al hombre individual, en cambio, la Providencia bíblica no sólo es la propia de un Dios personal en grado sumo, sino que, además de velar por todas las cosas creadas, se dirige de una manera especial al hombre individual, a los más humildes y más necesitados, y a los pecadores mismos, v.gr: las parábolas del hijo pródigo y de la oveja perdida...mirad los lirios del campo...mirad las aves del cielo. Es éste un mensaje de seguridad total, destinado a imponerse sobre las frágiles seguridades humanas que habían construido los sistemas de la época helenística.
7. El pecado original, sus consecuencias y su

redención.


Al igual que cualquier otro pecado, el pecado original constituye una desobediencia al mandato divino original de no comer el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. La raíz de esta desobediencia estuvo el la soberbia del hombre, el no tolerar ninguna limitación, el rechazar los vínculos del bien y del mal (los mandatos), y por lo tanto querer ser como Dios. A la culpa de Adán y Eva le sigue en calidad de castigo divino, la expulsión del Paraíso terrenal con sus consecuencias de dolor, mal, muerte y alejamiento de Dios. En Adán pecó toda la humanidad, el pecado se introdujo en la historia de los hombres lo mismo que sus consecuencias. Pablo escribe a los Romanos: "Por obra de un solo hombre entró el pecado en el mundo y a través del pecado la muerte; así pasó la muerte a todos los hombres porque todos pecaron".
El hombre solo no habría podido salvarse del pecado original y sus consecuencias. Y así como la creación fue un don, al igual que fue un don la Antigua Alianza tantas veces traicionada por el hombre, la Redención constituyó también un don, el más grande de todos: Dios se hace hombre y con su pasión y muerte redimió el pecado de la humanidad, y con su resurrección venció a la propia muerte, consecuencia del pecado.
La venida de Cristo, su pasión que sirvió para expiar el antiguo pecado, y su resurrección resume todo el sentido del mensaje cristiano, que invierte totalmente el marco característico del pensamiento griego. Los filósofos griegos habían mencionado una culpa originaria, extrayendo esta noción de los misterios órficos, y habían vinculado en cierta forma el mal que padece el hombre con esta culpa, pero se distancian totalmente del pensamiento bíblico porque: 1. Se hallaban muy lejor se explicar cuál era la naturaleza de esa culpa. 2. Los filósofos griegos estaban convencidos de que: a) El ciclo de los nacimientos (metempsicosis), anularía naturalmente la culpa en los hombres corrientes. b) Los filósofos podrían liberarse de la culpa en virtud del conocimiento, es decir, por el propio esfuerzo humano, de manera autónoma. El nuevo mensaje propuesto por la Biblia no sólo muestra la realidad de la culpa como una rebelión contra Dios, sino que enfatiza en la imposibilidad de redención autónoma del hombre, es necesaria la intervención de Dios mismo hecho hombre y la participación del hombre en la pasión de Cristo mediante la dimensión de la fe.
8. La nueva dimensión de la fe y el espíritu
La filosofía griega había minusvalorado la fe o creencia (pistis) desde el punto de vista cognoscitivo. Es cierto que Platón le daba importancia como componente del mito, pero en conjunto el ideal de la filosofía griega es la EPISTEME, el conocimiento. Todos los pensadores griegos consideraron que el conocimiento era la virtud por excelencia del hombre y la realización de la esencia misma del hombre. El nuevo mensaje cristiano exige que el hombre trascienda esta dimensión y coloque la fe por encima de la ciencia. Esto no significa que la fe no posea su propio valor cognoscitivo, pero se trata de un valor cognoscitivo de una naturaleza muy diferente al del conocimiento racional e intelectual y que sólo se impone a quien posea dicha fe, lo cual se constituye en una auténtica provocación para el intelecto y la razón ya que el hombre ya no es visto solamente como cuerpo y alma (entendiendo alma como intelecto o razón), sino que el hombre es también ESPÍRITU, el cual consiste en la participación de lo divino por la FE. La apertura del hombre a la Palabra y a la sabiduría divinas le colman de una nueva fuerza y le otorgan en cierto sentido una nueva estatura ontológica. Los griegos habían conocido la dimensión del NOUS (alma), pero no la del PNEUMA (espíritu) que será, en cambio, la dimensión de los cristianos.
9. El eros griego, el amor cristiano y la gracia
En uno de sus puntos culminantes, y sobre todo con Platón, el pensamiento griego creó la admirable teoría del EROS, sin embargo, el eros no es Dios, porque es deseo de perfección, tensión mediadora que posibilita el ascenso desde lo sensible hasta lo inteligible, fuerza que tiende a adquirir la dimensión de lo divino. El nuevo concepto bíblico de amor (AGAPE), es de una naturaleza muy distinta, ya que el amor no es un ascenso del hombre sino un descenso de Dios hasta los hombres, el amor no es algo adquirido sino un don, el amor es espontáneo y gratuito.
Mientras que para los griegos es el hombre el que ama y no Dios (recordemos que el amor era considerado como una pasión y las pasiones son imperfecciones, por lo tanto Dios no podía amar, Cfr. Aristóteles), para el cristiano es sobre todo Dios el que ama y el hombre puede amar en la medida en que se esfuerza en vivir la vida divina por la fe. El amor de Dios es infinito, sin límites, llega hasta el extremo del sacrificio en la cruz. Dios ama al hombre incluso en sus debilidades, y es precisamente en ellas en que más se manifiesta la gratuidad y el don del amor divino. En el mandamiento del amor Cristo resume la esencia de los mandamientos y la ley en su conjunto
10. La revolución de los valores
Sin lugar a dudas, el mensaje cristiano señaló la revolución más radical de los valores en la historia humana. La formulación de los nuevos valores se encuentra en el Sermón de la Montaña (las bienaventuranzas). De acuerdo con la nueva escala de valores, es preciso retornar a la sencillez y a la pureza del niño, porque el que sea primero según el juicio del mundo, será el último según el juicio de Dios, y viceversa. "Si alguno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos". La humildad se convierte en la virtud fundamental para el cristiano: el camino estrecho que permite entrar en el Reino de los cielos: "Si alguno quiere venir en pos de mí , que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz".
Para el filósofo griego este planteamiento resultaría sencillamente incomprensible. Cae por su base el ideal del sabio helenístico que había comprendido la vanidad del mundo y de todos los bienes externos y del cuerpo, pero que se atribuía a sí mismo la certidumbre suprema, proclamándose autárquico, absolutamente autosuficiente, capaz de alcanzar por sí solo el fin último. Este ideal del hombre griego era sin duda un ideal noble, pero el mensaje cristiano lo convierte en ilusorio: la salvación no puede venir de las cosas pero tampoco de uno mismo: "Sin mi ayuda nada podréis hacer...mi gracia te basta..."
11. La inmortalidad del alma y la resurrección de

los muertos


La noción de ALMA es una creación griega y hemos seguido su evolución a partir de Sócrates, que la considera como esencia del hombre y Platón que fundamenta su inmortalidad con pruebas racionales. La "psyche" es sin duda uno de los rasgos más característicos del pensamiento griego, incluso los estoicos que hacían profesión de un materialismo radical, admitían la supervivencia del alma. Después de Sócrates, los griegos no han sabido pensarse a sí mismos si no es en términos de alma y cuerpo, considerando generalmente que el alma es inmortal por naturaleza.
El mensaje cristiano planteó el problema del hombre en términos completamente distintos. En la Biblia el término ALMA no aparece en sus acepciones griegas. El cristianismo no niega que, al morir el hombre sobreviva algo de él: al contrario, afirma expresamente que los muertos son acogidos en el seno de Abraham, sin embrgo, el cristianismo no insiste para nada en la inmortalidad del alma, sino en la resurrección de los muertos, y la resurrección implica que el cuerpo también vuelva a la vida. Precisamente estos debía constituir un gravísimo obstáculo para los filósofos griegos: les parecía absurdo que aquel cuerpo que ellos consideraban como obstáculo, que era despreciable y fuente de males, tuviese que renacer (Cfr. Pablo en el Areópago de Atenas).
12. El nuevo sentido de la historia y de la vida

del hombre.


Los griegos no poseyeron un sentido preciso de la historia, por lo que su pensamiento resulta substancialmente ahistórico, en general no les fue familiar la idea de PROGRESO, que casi todos explicaban el devenir histórico de una manera cíclica y repetitiva. Por lo contrario, la concepción de la historia que se manifiesta en el mensaje bíblico posee un carácter RECTILÍNEO, no cíclico. En el transcurso del tiempo tienen lugar acontecimientos decisivos e irrepetibles, que constituyen una especie de etapas que señalan el sentido de la historia. El final de la historia es también el fin para el que han sido creados: el juicio de Dios y la venida del Reino de Dios en su plenitud. De este modo la historia que avanza desde la creación hasta el juicio final, pasando por todas las etapas de la Historia de Salvación, adquiere un sentido de conjunto y un sentido en cada una de sus fases. Como consecuencia el hombre se comprende a sí mismo mucho mejor: comprende mejor de dónde viene, dónde se encuentra ahora y dónde está llamado a llegar.
El griego antiguo vivía en la dimensión de la POLIS y para la polis y sólo podía imaginarse en su seno. Una vez destruida la Polis (Cfr. consecuencias de la conquista de Alejandro Magno), el filósofo griego se refugia en el individualismo sin descubrir un nuevo tipo de sociedad. En cambio, el cristiano vive en la Iglesia, que no es una sociedad política, ni tampoco una sociedad puramente natural. Es por así decirlo, una sociedad horizontal y vertical al mismo tiempo: vive en este mundo pero no para este mundo se manifiesta en este mundo natural pero posee raíces sobrenaturales. El cristiano, en la Iglesia de Cristo, vive la vida de Cristo en la gracia de Cristo (Cfr. Parábola de la vid y los sarmientos).
13. Pensamiento griego y mensaje cristiano
En el pensamiento griego existe indudablemente una gran riqueza, no obstante, el mensaje cristiano va mucho más allá, superándolo en los puntos claves. Sería un grave error, empero, creer que esta enorme diferencia sólo implica antítesis insolubles, y aunque algunos piensan así en la actualidad, no fue esta la actitud de los primeros cristianos, quienes después de un choque frontal, trabajaron por construir una síntesis entre filosofía griega y mensaje cristiano.
Los griegos con mucha rectitud anhelaron y buscaron la Verdad, pero se equivocaron cuando quisieron hallar en el hombre lo que sólo encontrarían en Dios. Otro error de fondo de los griegos consistió en negar dialécticamente las realidades que no se ajustaban a sus esquemas racionales perfectos, así unos negaron el movimiento, otros la muerte, el dolor, etc.
Después del mensaje cristiano, la medida griega del hombre adquiere una nueva dimensión. El hombre a quien tanto habían exaltado los griegos resulta para el cristiano mucho más grande de lo que lo habían concebido los griegos, pero por razones distintas y en una dimensión diferente: Dios decidió confiar a los hombres la difusión de su propio mensaje y, además, se hizo hombre para salvar al hombre.

PRIMERA UNIDAD
EL PROBLEMA DE LA FILOSOFÍA CRISTIANA
El pensamiento de los Padres


  1. Actitud de los Padres ante la filosofía griega

La expresión "Filosofía cristiana" a nosotros nos parece normal y común por el uso que la iglesia ha hecho de ella, pero si se reflexiona un poco, en realidad la noción no resulta tan clara y fácil de definir. La cuestión no es simplemente de un nivel histórico, es decir, comprobar si hubo o no filosofías que se puedan llamar cristianas, así como durante la edad media hubo también filosofías árabes o judías; el verdadero problema no está ahí, sino que es de orden filosófico y con una gran profundidad. Reducido a su más simple formulación el problema es el siguiente: La noción de filosofía cristiana tiene un sentido y corresponde a una realidad ?. No se trata se saber si ha habido cristianos filósofos, sino saber si puede haber cristianos filósofos. En este sentido el problema se plantearía de la misma manera para los árabes que para los judíos. Bien sabemos que la civilización medieval se caracteriza por la extraordinaria importancia que en ella toma el elemento religioso. Los cristianos, los árabes y los judíos produjeron cuerpos de doctrinas en los que la filosofía se combinaba más o menos felizmente con el dogma religioso, esto es lo que comúnmente se designa con el nombre de escolástica. La cuestión está en saber su a esas escolásticas, ya sean judías, musulmanas, o cristianas, se les pueda llamar verdaderamente FILOSOFÍAS.


Planteado el problema tal como lo acabamos de hacer, la filosofía cristiana deja de ser evidente y se vuelve una noción problemática, tanto que no pocos historiadores niegan radicalmente que haya existido y que pueda existir una filosofía cristiana. Veamos la siguiente crítica: Lo que comúnmente se llama filosofía cristiana no es más que fragmentos de doctrinas griegas más o menos torpemente cosidos a una teología, eso es casi todo lo que nos han dejado los "pensadores" cristianos. Ora acuden a Platón, ora a Aristóteles, a menos que, aún peor, no intenten unirlos en una imposible síntesis, tratando de reconciliar muertos que no cesaron de disputarse mientras vivieron, nunca vemos alzar el vuelo a un pensamiento que sea a la vez profundamente cristiano y verdaderamente creador; el cristianismo, pues, no ha contribuido en nada a enriquecer el patrimonio filosófico de la humanidad.
Algunos filósofos consideran que si nunca hubo una filosofía cristiana es porque las nociones son opuestas e irreconciliables, es decir, entre la religión y la filosofía hay una diferencia de esencia, que hace imposible cualquier colaboración entre sí; se considera pues. que la religión no es del orden de la razón, mientras que el orden de la razón es precisamente el de la filosofía. Esta posición es la de los llamados "racionalistas puros".
Existe también otra posición extrema representada por algunos hombres de fe como Tertuliano, San Bernardo de Claraval o San Pedro Damián, que se muestran resueltamente antidialécticos, es decir, consideran que la filosofía nada tiene que aportar a la fe. Veamos las palabras de San Pedro Damián: La vida del cristiano no tiene sino un fin, lograr la salvación y ésta se logra por la fe. Aplicar la razón a la fe es disolverla. De modo que no queda sino prohibir al cristiano la investigación del conocimiento racional como una empresa peligrosa para la obra de su salvación.
Ahora bien, lo que hemos dejado en claro, según las notas introductorias, es que entre los filósofos griegos y nosotros ha habido la Revelación cristiana y que ésta ha modificado profundamente las condiciones en las que se ejercita la razón. Y, Cómo los que poseen dicha Revelación podrían filosofar cual si no la tuvieran?. Los errores de Platón y Aristóteles son precisamente los de la razón pura; toda filosofía que pretenda bastarse a sí misma caerá en los mismos errores, o en otros peores. Quienes admiten la luz de la Revelación saben que dejarse guiar por ella, es el único método seguro para a la vez hacer inteligible la Revelación. Es este el programa de la filosofía medieval, Fides quaerens intellectum, la fe que busca ser entendida. Este es el esfuerzo de la mayor parte de los pensadores medievales, un esfuerzo, que como veremos dio mucho fruto, así algunos opinen que este intento de conciliar filosofía y teología, no trajo sino como consecuencia la ruina de la propia filosofía.
Dejemos de un lado las discusiones y centrémonos en lo que la historia misma de la filosofía nos presenta sobre la existencia o no de un "pensamiento cristiano". Partamos de esta pregunta: Es el cristianismo especulativo? Es decir, la fe admite discusión, admite razonamientos?. Si con esta pregunta queremos significar que el Cristianismo sea una filosofía, la respuesta sería lógicamente negativa; pero si con esa pregunta queremos afirmar que la fe si admite especulación, es decir, que es discutible y hasta controvertible, la respuesta es afirmativa ya que incluso eso es lo que nos presenta la misma Sagrada Escritura, de lo contrario, tendríamos que suprimir la Primera Epístola de San Juan en la que se polemiza contra el gnosticismo, suprimir la doctrina de la Gracia en las cartas de Pablo, suprimir el Evangelio de Juan con la doctrina del Verbo contenida en el Prólogo, y más aún, suprimir la misma doctrina de Jesucristo que se muestra también en muchos aspectos especulativa, v.gr. la doctrina sobre la Providencia del Padre Celestial. Podemos decir que en sí la Biblia contenía una multitud de nociones sobre Dios y el mundo, que sin tener un carácter propiamente filosófico, sólo esperaban un terreno propicio para enunciarse explícitamente en consecuencias filosóficas. El Hecho de que no haya filosofía propiamente dicha en la Escritura no autoriza a sostener que ésta no puede haber ejercido ninguna influencia en la evolución de la filosofía. Honestamente decimos que no hay una razón cristiana pero, ¿es que no puede haber un ejercicio cristiano de la razón?. Un vistazo rápido a algunos filósofos modernos nos dará la respuesta de si en la Edad Media hubo o no filosofía:
-Sobre René Descartes, el reformador filosófico por excelencia, algún comentarista se atreve a decir, que se coloca después de los antiguos casi como si nada hubiese entre ellos y él, pero qué significa ese "casi"?, no es acaso el pensamiento cristiano?. Bastaría examinar la doctrina Metafísica de Descartes, de Malebranche o de Leibniz, para decir que estas no pudieron constituirse como tales si no es con la influencia de la religión cristiana; así pues, es muy probable que la noción de filosofía cristiana tenga sentido porque la influencia del cristianismo es una realidad.
Vamos ahora a interrogar a los mismos filósofos cristianos sobre el sentido de la filosofía cristiana y el provecho que hallaba su razón inspirándose en la Revelación.- Empezaremos con san Pablo, que sin ser un filósofo expone sus puntos de vista sobre la filosofía, luego recibiremos el testimonio de algunos Padres de la Iglesia, que precisamente en el comienzo, fueron filósofos griegos que se convirtieron a la fe cristiana y luego se sirvieron de la filosofía para exponer y defender la doctrina cristiana (apologístas).
En SAN PABLO puede decirse que ya está planteado el principio de solución definitiva al problema de las relaciones entre Fe y Razón, y los filósofos cristianos no hacen sino desarrollar sus consecuencias. Según el Apóstol, el cristianismo no es en modo alguno una filosofía sino una religión. Pablo no sabe nada, no predica nada excepto a Jesús crucificado y la redención del hombre pecador por la gracia. Sería pues absurdo tratar de definir una filosofía en Pablo y, aun cuando en sus escritos se encuentran fragmentos de filosofía griega éstos no son lo fundamental. El cristianismo de Pablo no es una filosofía que se añada a otras filosofías, ni siquiera viene a reemplazarlas: es simplemente una religión que hace inútil lo que de ordinario llamamos filosofía, y de ella nos dispensa. El cristianismo es un camino de salvación más que un método de conocimiento. Leemos en la Primera carta a los Corintios: "Porque está escrito, destruiré la sabiduría de los sabios y reprobaré la prudencia de los prudentes. ¿Dónde está el sabio...dónde está el filósofo...acaso Dios no ha vuelto necedad la sabiduría de este mundo?. Pues ya que el mundo no ha sabido, por la sabiduría, conocer a Dios en la sabiduría de Dios, plugo a Dios salvar a los que creen por la locura de la predicación. Los judíos piden signos y los griegos sabiduría, nosotros en cambio, predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los gentiles." Nada más categórico pues que las palabras de Pablo, parece definitivo, a primera vista, que la filosofía griega queda eliminada en beneficio de la nueva fe. Resumimos pues, la postura de Pablo diciendo que el Evangelio es una salvación no una sabiduría (en el concepto griego).
De las palabras de Pablo se puede deducir que toma una actitud de rechazo y negación del valor de la razón para alcanzar la verdad, pero en realidad la actitud es diferente, a pesar de la despreciativa condenación de la falsa sabiduría de los filósofos griegos, el Apóstol no condena la razón, pues quiere reconocerles a los gentiles cierto conocimiento natural de Dios. En Romanos I,19-20 leemos: "...pues lo que de Dios se puede conocer, está en ellos manifiesto. Porque lo invisible de Dios desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia, a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, de forma que son inexcusables". De esta manera San Pablo afirma implícitamente la posibilidad de un conocimiento puramente racional de Dios en los griegos, y que al mismo tiempo pone el fundamento de todas las teologías naturales que más tarde habrían de constituirse en el seno mismo del cristianismo.
SAN JUSTINO (+165): Se convirtió al cristianismo hacia el año 130. Se conservan de él dos Apologías y el Diálogo con Trifón en el cual relata su conversión. Justino consideraba desde el comienzo que la filosofía tiene como objeto conducirnos hacia Dios y unirnos a El. Así pues, emprende una búsqueda de la filosofía que le ayude a encontrar a Dios, así es adoctrinado por los estoicos, por los peripatéticos, por los pitagóricos y finalmente por los platónicos..."frecuenté cuanto más pude a los platónicos y con ellos hice progresos admirables...hasta llegué a creer que ya era un sabio y fui lo bastante necio para pensar que llegaría a ver a Dios, pues tal es el fin de la filosofía de Platón". Todo iba bien hasta cuando Justino encontró a un anciano que le interrogó sobre Dios y sobre el alma, descubriendo las contradicciones de su pensamiento, al interrogarle Justino sobre dónde había adquirido los conocimientos sobre aquellas materias el anciano respondió: "Hubo en tiempos remotos, y más antiguos que esos supuestos filósofos, hombres felices, justos y queridos por Dios, que hablaban por el Espíritu Santo y daban sobre el porvenir oráculos que ahora se han cumplido. se les llama profetas...sus escritos subsisten todavía hoy, y quienes los leen pueden, si tienen fe en ellos, sacar toda clase de provechos, tanto sobre los principios como sobre el fin, acerca de todo lo que debe conocer el filósofo." Al escuchar estas palabras, un fuego súbito se encendió en el corazón de Justino, y dice: "reflexionando a solas en esas palabras, encontré que esa filosofía era la única segura y provechosa. He aquí cómo y por qué soy filósofo."
Nos detenemos en el relato de la conversión de Justino por algunos aspectos que vale la pena destacar:

Un hombre busca la verdad con la sola ayuda de la razón, y fracasa. La fe le ofrece la verdad, la acepta, y luego de aceptarla, la halla satisfactoria a la razón. Lo que Justino encuentra en el cristianismo, junto con otras muchas cosas, es la llegada de verdades filosóficas por vías no filosóficas. Donde reina el desorden de la razón, la Revelación hace reinar el orden. Justino acepta que los filósofos griegos alcanzaron a conocer parte de la Verdad que contiene la Revelación, pero ¿cómo explicar esto?.


Una primera explicación fue ofrecida por FILÓN DE ALEJANDRÍA (10-15 a.C), el primer judío que trató de conciliar la ley mosaica con la filosofía griega. La solución consiste en afirmar que los filósofos griegos tuvieron acceso a la Revelación bíblica y que a ella deben la verdad que expusieron siempre mezclada con bastantes errores. Esta propuesta fue acogida y sostenida por largo tiempo en la tradición cristiana, v.gr.
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