Historia del Arte (Comentario) Arte románico Contexto del arte románico



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Historia del Arte (Comentario)
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Arte románico

Contexto del arte románico

El término románico fue acuñado (o inventado) por el arqueólogo francés Charles de Gerville en el siglo XIX, al descubrir que los edificios de la Alta Edad Media en Europa se parecían a las construcciones romanas tanto en sus formas como elementos constructivos. Consideró, por tanto, que el arte era una fusión de la tradición clásica con las aportaciones de los pueblos bárbaros.

En la actualidad, el Románico se define como un estilo autóctono que nace y se desarrolla durante el siglo XI y la primera mitad del XII. Surge en la Europa medieval, feudal, rústica y pobre, acechada por el hambre y el miedo ante la espera del Juicio Final, coincidiendo con el renacimiento de la orden monástica benedictina y sus iglesias y monasterios cluniacenses y cistercienses, el flujo de las peregrinaciones para rendir culto a las reliquias y las Cruzadas. También recibe influencias del arte califal de Córdoba y orientales de Bizancio, especialmente en el uso de la cúpula.


  1. La arquitectura románica: elementos.

Durante el periodo románico, la arquitectura es el arte principal. Los edificios más representativos son las iglesias y monasterios, decorados con esculturas en las portadas y capiteles historiados en los claustros, y la pintura mural.

La bóveda de cañón es el elemento característico del Románico. Por seguridad y estética, la bóveda se construía en piedra, para proteger al edificio del fuego, y permitía estructuras más perfectas y acústicas. Para combatir los empujes del peso, la cubierta se fragmentó en tramos mediante arcos fajones, que se sostenían sobre pilares, de esta manera, se elevaba la altura y aumentaba la longitud del edificio. Cuando la iglesia tiene tres naves, las laterales se cubren con bóvedas de arista, y en el exterior se añaden contrafuertes en el exterior, coincidiendo con los arcos fajones. Los muros eran gruesos y con pocos vanos.

Los laterales de las iglesias tenían dos pisos, nave inferior y galería alta o tribuna que duplicaba el aforo y la iluminación.

La iglesia románica presenta planta de cruz latina, orientada hacia la aurora y simbolizando el cuerpo de Cristo en la Cruz: el ábside es la cabeza; el transepto los brazos; el crucero, el corazón; y las naves, los pies.

Con el culto a las reliquias, aparecieron soluciones para evitar que los peregrinos interrumpiesen las misas y la oración en la nave central: la cabecera con absidiolos o capillas secundarias en torno al ábside, la girola o deambulatorio, un pasillo semicircular que rodea al altar mayor y se prolonga en las naves. Apareció en las iglesias de peregrinación románicas para facilitar el tránsito de los fieles por el recinto, y se mantuvo en las catedrales góticas. A los pies se añadió un pórtico o nártex para proteger a los peregrinos de las inclemencias del tiempo mientras esperaban su entrada a la iglesia.


  1. Santiago de Compostela.

La tradición cuenta que el apóstol de Jesucristo, Santiago el Mayor vino a predicar el Evangelio a España; luego regresó a Palestina, donde fue martirizado. El cuerpo fue trasladado por sus discípulos hasta Galicia, pero la tumba fue abandonada. A comienzos del siglo XI, el ermitaño Pelayo descubrió el sepulcro por la aparición milagrosa de “luces ardientes” que indicaban su ubicación. Con la aprobación del obispo Teodomiro y el rey Alfonso II, se funda la ciudad de Compostela, en honor del Apóstol, debe su nombre al “campus stellae” o campo de estrellas (por aquellas luces que aparecieron sobre la tumba).

A raíz de la tradición, la tumba de Santiago se convierte en lugar de peregrinación, abriéndose el Camino de Santiago. Las cabeceras de ruta serán las ciudades de Tours (para peregrinos de los Países Bajos), Vézelay (alemanes), Le Puy (Centroeuropa) y Arlés (italianos). Desde estas ciudades los peregrinos atravesaban Francia aprovechando las calzadas romanas hasta cruzar los Pirineos y llegar a Puente de la Reina (Navarra), localidad donde se unificaba el camino. En 1130, se publicó la primera guía del camino que llegó a convertirse en un catálogo del arte románico, puesto que la ruta era una vía para la cultura y el arte.

A lo largo del Camino fueron apareciendo iglesias de peregrinación, entre las que destacan: San Martín de Tours, San Marcial de Limognes, Santa Fe de Conques, San Saturnino de Tolosa y Santiago de Compostela; siendo ésta última la más importante y representativa de la arquitectura típica del románico. Reunían una serie de características que nos permiten identificarlas: grandes dimensiones para acoger al máximo número de fieles, perfecta circulación desde la entrada hasta la salida que se hacía por las naves laterales, después de haber recorrido el transepto y el deambulatorio o girola alrededor de la capilla y el altar mayor donde se encontraban los restos de Santiago, para visitar las reliquias secundarias. De este modo se evitaban interrupciones en las ceremonias de la nave principal. El material de construcción era la piedra y las naves estaban cubiertas por bóvedas de cañón y de arista sobre columnas y arcos de medio punto, siguiendo el trazado de la planta de cruz latina

Fases de construcción:

La iglesia de Santiago de Compostela se inició en el año 1075 bajo la autoridad del obispo Diego Peláez y la dirección de los maestros de obras, Bernardo el Viejo y Roberto. Se interrumpió el proceso en 1088 por el arresto del prelado y se retomaron en 1100 con el obispo Diego Gelmírez y el Maestro Esteban. En 1105 se consagró el presbítero con las reliquias que el obispo había robado de Portugal para las capillas de la girola. En 1112 se abrieron las puestas de Platerías y Azabachería, en el transepto. Las naves se concluyeron en 1128 y se colocó el coro en el crucero (solía estar en el altar mayor). Entre 1168 y 1188, el Maestro Mateo ampliaba los pies del templo y construía el Pórtico de la Gloria, con el tema del Juicio Final en el tímpano principal: Cristo en su segunda venida como Juez, rodeado de los Evangelistas con sus símbolos, muestra las heridas de sus manos. Sobre Cristo y en las arquivoltas, se hallan los 24 ancianos del Apocalipsis y en los laterales, el Paraíso y el Infierno. La composición se enriquece con los Profetas del Antiguo Testamento y los Apóstoles del Nuevo en las Jambas, y la figura de Santiago en el parteluz, recibiendo a los peregrinos con un pergamino que reza: “Dios me envió”.



  1. El monasterio

El monje cluniacense Roberto de Molesmes, reformó en 1098 la orden de San Benito, fundando una abadía en Cîtaux y una nueva rama: el Cister. Los monjes cistercienses eran pobres en el vestido, austeros en la comida y severos en la vivienda. Los monasterios se construían a las afueras de las ciudades, lejos del hombre y donde había agua para los molinos y los huertos. Las puertas de las iglesias se pintaban en blanco y las torres no eran altas.

Crearon un prototipo de monasterio que se extendió por toda Europa: la iglesia es el núcleo principal, que presenta diferencias con las abadías cluniacenses. Éstas tenían cabeceras con deambulatorio y absidiolos, mientras que las cistercienses presentaban la cabecera plana y prohibían la entrada al pueblo. También instalaron rejas para separar el templo en dos mitades: una para los monjes profesos y otra para los hermanos legos, que provenían de estratos sociales inferiores y a los cuales se les prohibía cantar misa. Se encargaban de las tareas mecánicas como atender los huertos y las granjas, y debían vestir más corto y dejarse barba.

Junto a la iglesia, se encontraba el claustro, un patio que simbolizaba el paraíso terrenal con cuatro canalillos que lo cruzan formando un ángulo recto simulando los cuatro ríos del Edén. Es un lugar de paseo y meditación, con capiteles lisos, sin relieves, para evitar distracciones.

Alrededor del claustro se distribuyen las dependencias monásticas: la sala capitular, donde se congregaba la comunidad, presidida por el abad, para discutir asuntos del monasterio y acusarse públicamente las faltas. Junto a ella, el armariolum o biblioteca, el locutorium, para conversar en privado con el superior, la sala de trabajos manuales, las letrinas, un pasillo hacia el huerto y una escalera para acceder al dormitorio común.

El refectorio era el comedor y en la cocina se hallaba el horno de pan y el calefactorio con una gran chimenea central. Sobre el refectorio se elevaba la alcoba del abad.

La cilla o granero contenía las oficinas de administración y las dependencias de los hermanos legos. Existía también un banco corrido donde los monjes se sentaban para recibir las órdenes del abad y un libro cada año.

Otros establecimientos eran: la enfermería, el cementerio, las bodegas, los establos y cuadras, hospedería para transeúntes y una capilla para el pueblo.



  1. Escultura y pintura

El principal papel de la escultura y de la pintura románica fue instructivo, pedagógico y aleccionador (para enseñar). El clero utilizó las artes visuales para que la población iletrada, que no sabía leer, aprendiese las doctrinas de la Iglesia acerca de la Salvación. El soporte utilizado: las portadas de piedra y los muros pintados en el interior de las iglesias.

Además de su valor didáctico, se utilizaron como revestimiento arquitectónico, decorando los monumentos medievales, con relieves en los tímpanos abocinados y pinturas en el ábside.

La composición de estos espacios se adapta al marco arquitectónico y es similar en escultura y pintura: en el centro, a mayor tamaño y aureolado por una mandorla (marco en forma de almendra que en el arte románico y bizantino, circunda algunas imágenes), símbolo del poder divino, destaca la imagen de Jesús; el resto del espacio se fragmenta en frisos horizontales y superpuestos donde aparecen los personajes que secundan a Cristo, a menor tamaño.

La temática es apocalíptica, y para intensificar el expresivismo, las figuras presentan un alargamiento desmesurado (exagerado) y anatomías defectuosas, desproporcionadas y extrañas perspectivas. Retorna la frontalidad y el hieratismo de otros periodos debido a la ausencia de movimiento y el desnudo desaparece. El naturalismo también se pierde debido a la superioridad del significado sobre la forma. De este modo, las representaciones son más simples y esquemáticas, cercanas a la abstracción y a la simetría. Se observan convencionalismos como los pies formando una “v”, repetición de gestos en algunas figuras o los pliegues simétricos.

El tema predilecto es la Maiestas Domini: Jesucristo sentado en un trono, con el Evangelio en la mano izquierda y bendiciendo con la derecha. Aparece rodeado de los cuatro animales del tetramorfos: el ángel de San Mateo, el león de San Marcos, el toro de San Lucas y el águila de San Juan. A su alrededor, serafines (ángeles) y veinticuatro figuras, los ancianos, que tocan instrumentos y cantan alabanzas. Así aparece esculpido en el tímpano de San Pedro de Moissac (1115-1130) y pintado al fresco en el ábside de San Clemente de Tahüll en Lérida, así como en la bóveda del Panteón Real de San Isidoro de León.

También es típica la representación de Cristo como juez en el Juicio Final: sentado en el trono, recibiendo a los redimidos y justos con la mano derecha y a la izquierda, los condenados al Infierno, sufriendo el tormento y el castigo eterno. Se puede contemplar esta escena en las iglesias de Santa Fe de Conques y San Lázaro de Autun.

La imagen de la Virgen ocupa un lugar secundario, y cuando se la representa, adopta la forma de Maiestas Mariae o Trono de Dios, con el Niño sentado sobre las rodillas. Este tema deriva de la Theotocos bizantina. En el mural de Santa María de Tahüll, aparece rodeada por la mandorla, en el ábside, recibiendo a los magos que ofrendan al Niño. A sus pies, los apóstoles.

En estas pinturas el fondo se limita a franjas horizontales de colores planos vivos, sin paisajes ni elementos arquitectónicos. Gruesos contornos delimitan los personajes.

En Cataluña se utilizaba la técnica mural al fresco, consistente en pintar sobre una capa fresca de cal aplicada a la pared; y también el temple sobre tabla en los frontales de los altares. En estos últimos, el espacio se fragmenta en registros, reservando en núcleo central para la Maiestas Domini o Mariae, y rellenando los laterales con escenas de milagros, historias y martirios de santos.

La escasa escultura de bulto redondo se centra en la producción de crucifijos de madera, con sotana, ojos muy abiertos y ajenos al dolor de la muerte, como el hierático Crucifijo de Batlló, en el Museo Nacional de Arte de Cataluña.





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