Historia del movimiento obrero chileno Humberto Valenzuela



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Historia del movimiento obrero chileno

Humberto Valenzuela

http://historiadelmovimientoobrerochileno.blogspot.com/
Indice


  • Presentación de Luis Vitale.




  • Introducción

1. Palabras Iniciales

2. Caracterización Política de los Sindicatos


  • Capitulo I

Origen y Desarrollo de las Primeras Luchas de Clases de Chile


  • Capitulo II

El Mutualismo


  • Capitulo III

El Sindicalismo Libre
1. Las Sociedades En Resistencia

2. La Mancomunal Obrera

3. Así Lucho la Mancomunal Obrera

4. La Masacre de Santa María

5. Canto a la Pampa

6. La Gran Federación Obrera de Chile y la F.O.CH

7. Trayectoria de la Gran Federación y de la F.O.CH

8. Otras Organizaciones Libres




  • Capitulo IV

El Sindicalismo Legal
1. Introducción

2. La C.T.Ch.

3. La Central Única de Trabajadores de Chile (C.U.T.)

4. Actuación de la CUT

5. Dos Tácticas


  • Capitulo V

Análisis Crítico de la Situación del Movimiento Sindical
1. Introducción

2. Sector Privado

3. Los Sindicatos Únicos por Industria a Escala Nacional

4. El Movimiento Campesino

5. El Sector Público


  • Capitulo VI

Desarrollo de los Partidos Obreros
1. Introducción

2. Nace el Partido Comunista

3. Trayectoria del Partido Comunista

4. La Izquierda Comunista

5. Las Causas de la División

6. Después de la División

7. El Partido Socialista

8. La Candidatura de Ibañez y el P.S.P

9. El Partido Obrero Revolucionario

10. El P.O.R. y el Movimiento Sindical

11. El P.O.R. a Nivel Latinoamericano

12. El Movimiento de Izquierda Revolucionaria (M.I.R.)

13. El MIR y su Política en los Pobladores

14. El MIR y el Movimiento Sindical

15. El M.I.R. y la U.P.


  • Capitulo VII

La Unidad Popular

1. La Unidad Popular y su Gobierno

2. ¿Por Que Ganó Allende?


  • Capitulo VIII

Conclusiones

Presentación de LUIS VITALE


El libro que usted tiene en sus manos es la primera Historia del Movimiento Obrero chileno escrita por un obrero. Su autor es un viejo dirigente proletario, que me ha concedido el honor de redactar el presente prólogo.
Con esta pequeña contribución no hago más que retribuir en parte una gran deuda que tengo con el camarada Valenzuela. Junto a él, aprendí a trabajar políticamente dentro del movimiento obrero; me enseñó el cómo y para qué debe activarse en los sindicatos. Sus consejos me permitieron conocer la forma de actuar de los obreros chilenos. Gracias a su apoyo, llegué a ser dirigente nacional de la CUT en el período 1958-1962, bajo la presidencia del compañero Clotario Blest.
Yo tenía 26 años cuando conocí a Humberto en una calurosa tarde del febrero Santiaguino, en su modesta casa del barrio proletario de la calle Chiloé. Conversamos largamente sobre la concepción del partido marxista revolucionario. Valenzuela escuchaba pacientemente mis razonamientos, dándose cuenta de que eran repeticiones muy intelectualizadas de libros leídos a la ligera. Me invitó a tomar un trago de buen tinto chileno y comenzó a hablar no de libros sino de su experiencia viva en la lucha de clases. Quedé impresionado por su trayectoria de lucha, pero con la idea de que el camarada Humberto era básicamente un hombre práctico. Con el tiempo, me di cuenta de que era un lector permanente de las obras de los clásicos del marxismo, que guardaba como tesoro en una vieja biblioteca hecha con madera de cajones de manzanas. Pronto advertí que estaba al día en cuanto a información de los problemas mundiales y de la situación de la Cuarta Internacional.
Humberto no solamente poseía estas cualidades, sino también le gustaba escribir. Dirigía un periódico de los obreros Municipales y era autor de numerosas tesis presentadas a los Congresos y Conferencias del Partido Obrero Revolucionario. Recuerdo que me pasaba sus escritos teóricos para que les hiciera las modificaciones que estimara convenientes, pero debo confesar que nunca encontré errores fundamentales de contenido; sólo me limitaba a corregir las faltas de ortografía que Humberto cometía por no haber asistido regularmente a la escuela. Su padre, también obrero, no le había podido dar la educación necesaria. Cuando todavía era un adolescente, Humberto ya trabajaba en la pampa salitrera. Incorporado a la organización obrera, a los 15 años era secretario de actas del sindicato de la oficina salitrera de Huaras, afiliado a la Federación Obrera de Chile (FOCH), dirigida por el fundador del movimiento obrero chileno, Luis Emilio Racabarren, a quién Valenzuela conoció en un acto político de la calle San Pablo de Santiago.
El joven Humberto se dio cuenta de que no bastaba la acción sindical para derrocar al sistema capitalista sino que era necesario el partido marxista revolucionario. Y decidió ingresar en 1924 al Partido Comunista, cuando el PC era un auténtico partido revolucionario.
Hacia 1930, Humberto se trasladó de la zona salitrera a Santiago. Se hizo obrero de la construcción. Llegó a la capital en momentos en que dentro del PC había una lucha política entre los stalinistas y los trotskistas. Valenzuela se pronunció a favor de las posiciones trotskistas, sumándose a las filas de la Oposición, que luego rompió con el PC, formando la Izquierda Comunista. A Humberto Valenzuela le cabe el honor de haber sido uno de los fundadores del primer grupo trotskista chileno y latinoamericano, porque la Izquierda Comunista, junto a un grupo cubano, fue la primera organización trotskista en América Latina.
Uno de los principales sectores de la influencia sindical de la Izquierda Comunista fue el Comité Único de la Construcción en Santiago, donde Valenzuela llegó a ser uno de los principales dirigentes. También colaboró en 1935, al lado de Emilio Zapata, el primer diputado campesino de Chile, en la organización del campesinado de las comunas cercanas a Santiago. En 1937, Valenzuela reforzó la Liga de los Campesinos Pobres con la formación de numerosos sindicatos campesinos en la zona de Maipú, actividad que le significó estar preso en varias ocasiones.
En esa época, Humberto y numerosos compañeros de la Izquierda Comunista, del P.S. y del P.C. combatieron en las calles de Santiago contra los grupos de choque de los fascistas criollos.
Cuando la mayoría de la Izquierda Comunista resolvió ingresar al Partido Socialista, un grupo de compañeros, entre los cuales estaba Humberto, se opuso a esta línea liquidacionista, formando en 1938 el P.O.R. (Partido Obrero Revolucionario), que se convirtió en la sección chilena de la Cuarta Internacional. Valenzuela fue miembro del Comité Central del POR desde esa época hasta 1964.
Esta organización criticó vigorosamente la colaboración de clases que el PC y el PS practicaron en el Frente Popular apoyando a un partido burgués, como el Radical. Por eso, cuando murió Pedro Aguirre Cerda y se presentó la candidatura frente populista de Juan Antonio Ríos, el POR decidió levantar, en 1941, la candidatura de Humberto Valenzuela, quién obtuvo 5.732 votos computados legalmente, sin contar los votos escritos a lápiz que fueron declarados nulos. La postulación de Humberto Valenzuela puede ser considerada como la primera candidatura obrera a la Presidencia de la República de Chile que llega hasta el final. Hacemos esta aclaración porque en 1920, la FOCH y el POS (Partido Obrero Socialista) levantaron la candidatura presidencial de Luis Emilio Recabarren, pero fue retirada poco antes del día de las elecciones.
Posteriormente, Humberto entró a trabajar como obrero municipal, convirtiéndose a los pocos años en Dirigente Nacional de este gremio. Humberto también fue en ese período candidato a diputado y a regidor, participó en el Congreso de fundación de la CUT en Febrero de 1953 y fue delegado de los Obreros Municipales al Congreso de la Central Obrera Boliviana en 1954.
A fines de este año, la mayoría del POR resolvió ingresar al Partido Socialista. Humberto se opuso y, junto a un puñado de obreros, decidió mantener la bandera del POR. Precisamente, en esa época tuve el placer de entrar a colaborar con Humberto. Recuerdo que comenzamos esta ciclópea tarea con solamente una docena de compañeros. Pronto, regularizamos la edición del periódico "Frente Obrero" y logramos penetrar en numerosos sindicatos textiles, metalúrgicos, cuero y calzado, etc., y extendimos la organización a varias provincias, dándole una composición proletaria, pues el POR tenía en ese entonces un 90% de militantes obreros.
Esta influencia en el movimiento obrero nos permitió formar la Izquierda Sindical de 1956, que fue un frente de sectores sindicales revolucionarios. Con esta fuerza llegamos al Congreso Provincial de la CUT de Santiago en Noviembre de 1957, donde Valenzuela y otro compañero trotskista fueron elegidos dirigentes provinciales de la CUT. Con Humberto, participamos en la huelgas generales de la CUT y en las luchas callejeras del 3 de Noviembre de 1960. Al mismo tiempo, Humberto era Secretario General del POR, cargo que desempeñó desde 1955 hasta 1964. Hay que destacar que el POR era el único partido de la izquierda revolucionaria en aquella época, al cuál había ingresado un sector de compañeros que provenían del Movimiento 2 de Abril, formado por militantes que rompieron con el PC.
Al calor de la Revolución Cubana comenzaron a surgir varios grupos, como producto de la crisis de los partidos tradicionales de la izquierda. Valenzuela y otros compañeros planteamos entonces que el papel de los trotskistas era luchar por la unificación de los nuevos grupos revolucionarios. Consecuente con este criterio, el POR se unificó en 1964 con varios grupos, entre ellos la OSI (Oposición Socialista de Izquierda), "Polémica", la seccional "Héctor Barrueto" del PS de Coquimbo, un sector del PS de Talca y otros, dando nacimiento al PSP. Un año después, el PSP se fusionó con Vanguardia Revolucionaria Marxista, que a su vez había sido el producto de la unificación de varios grupos, dando nacimiento al MIR el 15 de Agosto de 1965, en un local obrero de la calle San Francisco de Santiago.
Es decir, el MIR fue el resultado de la fusión de dos organizaciones que habían unificado previamente a 8 grupos que venían trabajando desde hacía varios años en el movimiento obrero. Hacemos esta aclaración para terminar con el mito de que el MIR fue fundado por un grupo de estudiantes de Concepción. En honor a la verdad, el MIR fue el resultado de un paciente y meditado proceso de unificación de varios grupos revolucionarios, cuyos militantes no eran solamente estudiantes sino también obreros, empleados, e intelectuales. El MIR fue el producto de decenas de años de lucha de cuadros revolucionarios que entregaron lo mejor de sus energías para crear el partido marxista. El MIR no nació en la Universidad, sino que sus fundadores se forjaron en las luchas obreras de las décadas de 1930-40 uniéndose con las nuevas generaciones revolucionarias de los años 50 y 60. Clotario Blest participó en el Congreso de Fundación del MIR, siendo elegido miembro de su primer Comité Central. Valenzuela también ocupó el mismo puesto hasta el Tercer Congreso Nacional del MIR efectuado en Diciembre de 1967, en que recién se hizo cargo de la dirección del MIR el sector estudiantil de Concepción.
El 27 de Julio de 1969 se produjo la división del MIR en una insólita reunión del Comité Central. Cuando al día siguiente le conté este suceso al camarada Valenzuela no me quería creer porque no había existido ninguna discusión previa que justificase esa división. Humberto me dijo: ¿cómo es posible que la mayoría del Comité Central, encabezada por Miguel, pueda dividir un partido sin haber consultado a las bases, y sabiendo que estaba convocado el IV Congreso Nacional para el mes siguiente? Le respondí: no sólo se ha cometido esta arbitrariedad, sino que, por primera vez en la historia del movimiento obrero, la mayoría divide un Partido; porque las que siempre dividen los partidos son las minorías. Y en este caso, la minoría trotskista (6 miembros contra 9 de la mayoría) suscribió un documento en plena reunión de C.C. por el cuál acataba lo que resolviera la mayoría.
Humberto lamentó profundamente esta división del MIR porque con ello se venían al suelo decenas de años de trabajo para construir un partido revolucionario. No obstante, pronto estaba de nuevo en la línea de combate por levantar otra organización. Con un sector de compañeros marginados del MIR se formó el MIR (FR), que luego adoptó el nombre de Frente Revolucionario, del cual Valenzuela fue miembro del Comité Central.
Como esta organización no era sectaria, decidió participar en el Congreso de Pobladores Sin Casa, en 1970, convocado especialmente por los compañeros del MIR. Allí también tuvo destacada actuación Valenzuela, presentando varias ponencias y documentos para mejorar la táctica de lucha de los pobladores. Aplicando éste criterio de frente único, Humberto participó en el Congreso Nacional del FTR (Frente de Trabajadores Revolucionarios) en Diciembre de 1971, siendo elegido dirigente nacional de este organismo, junto a Clotario Blest y a la mayoría compuesta por los compañeros del MIR. Humberto participó en la lista que el FTR levantó para las elecciones nacionales de la CUT en 1972, lista que obtuvo más de 10.000 votos.
Consecuente con su línea de unir a los revolucionarios, Valenzuela propició el Congreso de Unificación del Frente Revolucionario con la Tendencia Revolucionaria Octubre, realizado en Noviembre de 1972, que dio nacimiento al Partido Socialista Revolucionaria (PRS), sección chilena de la Cuarta Internacional. El PSR, participó activamente en los Cordones Industriales y Comandos Comunales. En la sesión del 1º de Septiembre de 1973 del C.C. del PSR se aprobó la línea de que la política de la UP, de esperar el golpe, era suicida y que lo que correspondía era iniciar la lucha armada antes del golpe militar.
El "terremoto" grado 11 de Septiembre de 1973, que rompió todos los sismógrafos políticos tradicionales, obligó al compañero Valenzuela a pasar a la clandestinidad.
A través de estos apuntes biográficos hemos querido dar una semblanza de un hombre que podrá, como muchos, haber cometido errores tácticos, pero nadie puede desconocer los méritos de este luchador obrero que ha entregado su vida a la causa de los explotados.
El libro que hoy entrega el compañero Valenzuela, redactado en 1972, servirá de mucho para la educación política de los militantes de la izquierda, en el interior de Chile y en el exilio, que se preparan para la tarea de derrocar a la dictadura militar.
Este libro es muy valioso desde el punto de vista teórico porque contiene muchos sucesos omitidos o ignorados por otros autores de historias del movimiento obrero chileno. En este sentido, cabe destacar el análisis original que hace Valenzuela, del papel jugado por las Mancomunales, primeros organismos sindicales de Chile. También es un aporte, su descripción de la masacre de Iquique en 1907, sobre la cual el autor entrega una rica información, recogida en su adolescencia de los labios de los propios obreros salitreros que lograron escapar de la muerte. Su clasificación del movimiento sindical en dos etapas: sindicalismo libre y sindicalismo legal, también constituye una periodización novedosa. Pero, lo que más distingue esta Historia del Movimiento Obrero de otras es su análisis crítico de los partidos de izquierda y su trayectoria hasta la Unidad Popular.
Valenzuela vuelca en este libro no sólo sus conocimientos teóricos del marxismo sino también sus experiencias de cincuenta años de lucha. Por eso, esta es una historia distinta del movimiento obrero; ha sido escrita por alguien que ha vivido los hechos y que se esfuerza por sacar conclusiones para la acción práctica del presente. Cada capítulo del libro es tanto una exposición crítica del proceso histórico como una lección de política marxista revolucionaria. Son las conclusiones que deduce un hombre que ha luchado medio siglo junto a sus hermanos de clase y que hoy entrega generosamente esa experiencia para que las nuevas generaciones sigan enarbolando las banderas revolucionarias que levantaron los viejos tercios del proletariado desde la época de Luis Emilio Recabarren.
Por todas estas apreciaciones, el libro de Valenzuela no es una historia más del movimiento obrero. Es un libro de combate.

Luis VITALE

Abril 1976

INTRODUCCIÓN


1. PALABRAS INICIALES
Un grupo de trabajadores y estudiantes me pidió que les hiciera un curso sobre la historia del Movimiento Obrero Chileno. Al término del mismo, me solicitaron que lo escribiera porque, a juicio de ellos, se habían encontrado con una serie de antecedentes y hechos históricos que les eran totalmente desconocidos, a pesar de haber leído algunos libros que tratan sobre ésta materia. Además, consideraron que yo no tenía ningún derecho a guardarme este bagaje de conocimientos adquiridos a través del estudio y de la participación activa en la lucha de clases; que mi obligación como revolucionario era entregar todo esto a mis hermanos de clase, como una contribución más a la causa por la cuál tanto y tantos hemos luchado. Resultado: me decidí y aquí está el trabajo que hoy entrego a la publicidad.
En él me refiero al desarrollo del proceso del movimiento obrero organizado, tocando aquellos aspectos determinantes y de mayor importancia histórica. Para ello, parto concretamente enfocando las primeras organizaciones que se dieron los trabajadores, libres de tutelaje y dirección de los sectores liberales y radicales de la burguesía de esa época. No pretendo de manera alguna haber agotado el tema, ni ha sido ese mi propósito. Es sólo una contribución más, al análisis histórico y crítico del movimiento obrero con el fin de deducir todo lo que haya de positivo para que las masas continúen avanzando, hasta llegar en un día no lejano a la conquista del poder y a la implantación del socialismo.
Confieso que no fue tarea fácil. Tuve que revisar todos los antecedentes de los cuales dispongo sobre la materia y buscar otros que me permitieran hacer un trabajo más completo; también, me vi obligado a dar pasos retrospectivos, a volver al pasado, rememorando antiguas batallas ya casi olvidadas en el recuerdo de un lejano ayer y, al hacerlo, me reencontré a mi mismo; me vi de nuevo joven cruzando a pie la candente pampa del salitre, ora por las huellas, ora por la línea férrea, llevando al hombro un saco quintalero por bolso de equipaje y, en el pecho, la esperanza incierta de encontrar trabajo. Me vi de nuevo en el local de la FOCH en el pueblecito de Huaras; reviví de nuevo la noche de la masacre en aquél 25 de Junio de 1925, y sentí el mordisco caliente de la bala que sería el bautismo de fuego en mi iniciación en esta lucha que ya se prolonga por casi medio siglo.
Sé que a muchos no les va a agradar el lenguaje directo que empleo para referirme a ciertos hechos y emitir juicios sobre los mismos; más aún, no les va a agradar que recuerde ciertas cosas que los historiadores no han dicho, ya sea por ignorancia o, simplemente, por cobardía o conveniencia política. En verdad lo siento; pero las cosas se dicen o no se dicen. Es natural, que dentro del libre juego de las tendencias políticas que conforman el movimiento obrero, muchos podrán no estar de acuerdo con mis puntos de vista.

Si el presente enfoque del movimiento obrero abre alguna polémica, bienvenida ella sea, siempre y cuando contribuya a clarificar posiciones que permitan avanzar al movimiento obrero por el camino de su liberación integral.



2. CARACTERIZACIÓN POLÍTICA DE LOS SINDICATOS
Los sindicatos surgen como una consecuencia del advenimiento y desarrollo del sistema capitalista y como una necesidad de la clase trabajadora de tener un sistema de organización que le permita defenderse de la voracidad de los patrones y, a la vez, luchar por mejores condiciones económicas y de trabajo. En tal sentido, los sindicatos son organizaciones de carácter defensivo de la clase trabajadora y, como tal, luchan fundamentalmente, por obtener reivindicaciones de carácter económico y, algunas, de carácter social. No luchan por la abolición del sistema capitalista, causante de todos los males que aquejan a la clase obrera. No luchan por tomar el poder en sus manos e implantar una sociedad socialista que libere a las masas de la explotación. Y no lo hacen porque, en su seno, los sindicatos agrupan a obreros de distintas tendencias políticas y filosóficas, algunas de ellas diametralmente opuestas entre sí. Para mayor claridad, podemos citar algunas: la marxista que lucha por el derrocamiento del sistema capitalista y la implantación del socialismo; las corrientes reformistas de todos los pelajes que sólo luchan por algunas reformas o cambios, manteniendo el actual sistema económico; la anarquista que plantea la toma del poder exclusivamente por los sindicatos y, por último, las corrientes burguesas que se filtran en los sindicatos a través de los elementos mas retrasados de la clase trabajadora y que fomentan el "apoliticismo".
Todo esto determina que los sindicatos sean organizaciones de carácter heterogéneo desde el punto de vista de los principios, de la estrategia y de las tácticas de lucha a seguir, en relación con los intereses históricos de la clase obrera. De ahí entonces que los sindicatos no pueden sustituir al Partido Revolucionario en la lucha por la toma del poder.
Esto no quiere decir que los sindicatos, en un momento dado de lucha de clases, no puedan o no deban apoyar un movimiento revolucionario, máxime si dicho movimiento en su plataforma programática interpreta claramente las aspiraciones históricas de los trabajadores.
Que esto es posible, lo demostraron los sindicatos rusos que en su mayoría, entre ellos los de mayor importancia, apoyaron el movimiento insurreccional y revolucionario del Partido Bolchevique de 1917. Otro tanto hicieron los sindicatos chinos y cubanos que apoyaron el movimiento revolucionario en sus respectivos países.
Esto está sujeto, en primer lugar, a la justeza de la política del partido o movimiento revolucionario. En segundo lugar, al grado de influencia que dicho partido o movimiento tenga en el seno de la clase trabajadora organizada. En tercer lugar, al grado de agudización de la lucha de clases en un momento dado y a la combatividad de las masas y, finalmente, a una situación de coyuntura favorable que permita lanzar el ataque frontal en contra de la Bastilla capitalista.
En tales circunstancias, los sindicatos pueden y deben apoyar la lucha revolucionaria; pero para que esto ocurra, lo recalco, debe existir una dirección, llámese partido o movimiento, que tenga una política justa y un programa y tácticas de lucha en consonancia con los intereses históricos de la clase trabajadora.
La existencia de un partido o movimiento realmente revolucionario implica que dicha organización tenga como común denominador una concepción científica y política que le otorgue a su pensamiento y acción revolucionaria el carácter homogéneo que no tienen los sindicatos. De ahí entonces que reiteramos que los sindicatos no pueden reemplazar a la organización revolucionaria en la lucha por el poder.

CAPITULO I



ORIGEN Y DESARROLLO DE LAS PRIMERAS LUCHA DE CLASES EN CHILE.
El tipo de colonización efectuada por los españoles configuró una clase dominante dedicada a la explotación de metales preciosos y materias primas. Este capitalismo incipiente generado por la colonización española condicionó el nacimiento de un tipo especial de burguesía que no atravesó por el ciclo europeo  burguesía comercial, bancaria, manufacturera e industrial  sino que desde el comienzo de la Colonia, se constituyó en una burguesía productora y exportadora de materias primas. No se trata sólo de una burguesía comercial, mera intermediaria de artículos, sino de una burguesía que produce y financia empresas que crean nuevos valores de cambio. Esta clase social no se limita a comerciar productos elaborados en Europa; su existencia está directamente relacionada con la producción de metales preciosos y productos agropecuarios. Ha surgido y se ha desarrollado en una economía capitalista incipiente  no solo mercantilista  cuya función primordial es la producción de bienes de exportación.
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