Historia del movimiento obrero chileno Humberto Valenzuela



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Si los trabajadores toman conciencia del aspecto negativo de estas experiencias, si llegan a comprender en que medida fueron perjudicados en sus intereses de clase por el sectarismo y la colaboración de clase, entonces estarán asimilando el aspecto positivo de dichas experiencias y ello significará un gran paso hacia adelante, pues estarán en condiciones de luchar por impedir la repetición de una política que les dejó un saldo desfavorable para sus intereses de clase.

El sectarismo, aplicado en el seno del movimiento obrero impide toda posibilidad de una plataforma programática común y, consecuencialmente, una acción de conjunto tras objetivos comunes. Si consideramos la importancia que tiene la movilización conjunta de la clase trabajadora tras objetivos comunes, aún cuando estos sean de carácter reformistas, y todo esto se malogra por el sectarismo predominante impuesto por los sectores mayoritarios que son los que deciden, entonces se comprenderá el daño que tal política sectaria causa a los intereses de los trabajadores, ni que decir, si la movilización de masas que se malogra está basada en objetivos revolucionarios, entonces el daño es infinitamente mayor.

Desgraciadamente en la actualidad, hay organizaciones obreras de importancia que continúan llevando a cabo las perniciosas prácticas del sectarismo, entre ellas, está el P.C. que no quiere saber nada con las organizaciones de la izquierda revolucionaria, igual que en el pasado, cuando no quiso saber nada con los sindicatos legales ni con los militantes socialistas, a los cuales llegó a calificar de Social-fascistas, pero que sin embargo tiene manga ancha para entenderse con corrientes y partidos de la burguesía, tales como el radical, el API, y pololear a la propia democracia cristiana.

Por otro lado el MIR no lo hace nada mal, al no entrar en tratativas con otras organizaciones de la izquierda revolucionaria. Con su política sectaria impidió el desarrollo masivo y centralizado del movimiento de los Pobladores Sin Casa, e igualmente paralizó el desarrollo y accionar del F.T.R.

La historia demuestra como el sectarismo ha determinado que situaciones políticas coyunturales de importancia no sean aprovechadas en beneficio del proceso revolucionario de las masas. Así ocurrió en Chile durante la sublevación de la Escuadra, cuando el P.C. condicionó en forma sectaria el apoyo que solicitaba la marinería, exigiendo que dicho movimiento se declarara comunista.

Las perniciosas prácticas del sectarismo deben ser vigorosa y definitivamente rechazadas por los trabajadores, pues corroe como el cáncer la existencia misma del movimiento obrero e impide que éste avance por la senda del proceso revolucionario. Pero al rechazar el sectarismo hay que tener cuidado de no caer en el otro extremo, en la capitulación y en el entreguismo, en la colaboración de clases con el enemigo. Lenin decía: "tenemos que ser como el buen acero, que se dobla pero no se rompe, tenemos que ser duros en los principios y flexible en las tácticas".

La otra experiencia a la cual quiero referirme, es la que se llevó a efecto bajo la política de colaboración de clases y que adquirió su expresión concreta a través del Frente Popular. Toda la experiencia internacional y nacional demuestra que la colaboración de clases jamás ha beneficiado a los trabajadores; muy por el contrario siempre ha beneficiado a la clase enemiga. No hay un solo ejemplo que pueda demostrar lo contrario.

Cuando los trabajadores son arrastrados a la colaboración de clases con la burguesía o sectores de la burguesía, bajo la mentira del carácter progresista de la clase enemiga, se esta obteniendo el apoyo de los trabajadores a la política de la burguesía, se le esta enseñando a confiar en sus enemigos de clase, y con ellos, se desarma política y ideológicamente a las masas.

Cuando en el siglo pasado, los explotados del campo y de la ciudad apoyaron a la naciente burguesía en su lucha contra el feudalismo y la monarquía, siempre fueron burlados en sus intereses de clase por sus aliados burgueses. Ahí está como testimonio histórico de esta afirmación, la traición de la burguesía a las masas del campo y de la ciudad durante la Revolución Francesa de 1789, cuando logró arrastrarlas bajo sus banderas tras la trilogía de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Si esto ocurrió cuando la burguesía era progresista con relación al feudalismo y a la monarquía, con tanta o mayor razón seguirá ocurriendo ahora cuando ya la burguesía desde hace muchos años es una clase totalmente reaccionaria; cuando sostiene una lucha a muerte en defensa de sus privilegios y en contra de las masas trabajadoras del campo y de la ciudad. A mayor abundamiento podemos citar la experiencia española. Cuando el Frente Popular estaba en el gobierno y contaba con la colaboración del P.C. y el P.S., permitió con su política colaboracionista, la organización, desarrollo y fortalecimiento del fascismo, mientras por otro lado frenaba la lucha de las masas, hasta que vino el levantamiento de los generales fascistas y España se convirtió en un infierno. Mientras tanto, en Francia, el gobierno del Frente Popular, con el partido Radical Socialista a la cabeza y la complicidad del P.C. organizaba el Comité de No Intervención e implantaba el embargo sobre el armamento que iba destinado a los compañeros de las milicias españolas que estaban enfrentando al fascismo. Así se produce lo paradoja. El Frente Popular, que según sus impulsadores  los estalinistas  se organizaba para detener y aplastar al fascismo, permitía con su política traidora, el triunfo del fascismo, y la derrota de las masas trabajadoras de España. Pero esta paradoja tiene su explicación política. La burguesía no es enemiga del fascismo, al contrario, lo incuba y lo amamanta pues ve en el, al perro guardián de sus intereses de clase. De ahí entonces que decirle a los trabajadores que hay que aliarse con la burguesía o sectores de la misma, so pretexto de que ésta es progresista, no solamente es una mentira sino que es una abierta traición a las masas trabajadoras.

Quiero dejar en claro, que no sólo hay colaboración de clase cuando las organizaciones políticas de la clase trabajadora participan en los gobiernos de la burguesía, como ocurrió durante los gobiernos de Pedro Aguirre Cerda, Juan Antonio Ríos y Gabriel González Videla, que contaron con la colaboración entusiasta y decidida del P.C. y del P.S., sino que también hay colaboración cuando las organizaciones obreras, sin estar en el gobierno, brindan a éste su apoyo y frenan las luchas de las masas. Esto lo comprendió perfectamente bien el compañero Luis Emilio Recabarren y de ahí su lucha intransigente en contra de la política de colaboración de clases que Paul Marin Pinuet le había impreso desde un principio a la Gran Federación Obrera de Chile.

También hay colaboración cuando las direcciones obreras, a nombre de los trabajadores y a espalda de los mismos llegan a acuerdos con gobiernos burgueses como ocurrió cuando Luis Figueroa y Hernán del Canto, en el nombre de la CUT y de los trabajadores transaron un acuerdo con el gobierno de Frei, sobre aumento de sueldos y salarios, a espalda de las masas y en contra de lo que estas mismas habían acordado en una concentración realizada por la propia CUT.

Pero aún hay más; el solo hecho que conscientemente se mantenga al movimiento obrero dando vueltas en el círculo vicioso de las simples demandas económicas o de las reformas, sin que se les haga visualizar cual es su destino histórico como clase, y no se orienten sus luchas tras la conquista del poder y el aplastamiento del capitalismo y la implantación del socialismo, este solo hecho, significa también colaboración de clases, por cuanto tal política se permite la supervivencia del sistema capitalista y por ende, la explotación del hombre por el hombre y con ello, el estado de miseria creciente de las masas. No prepararse para conducir a las masas hacia la toma del poder y no hacer nada por crear las condiciones favorables que permitan desencadenar la ofensiva en tal sentido y su culminación victoriosa, es propio de los reformistas, que hacen de las luchas por las reformas un fin en sí, y no un medio para hacer avanzar a las masas por el camino de la revolución. De ahí entonces que el reformismo como corriente política incrustada en el movimiento obrero, sea en su esencia, contra revolucionario, por cuanto con su política tiende a perpetuar la explotación del hombre por el hombre y en tal sentido están colaborando con los enemigos de los trabajadores, los explotadores de todos los pelajes. La lucha por las reformas tiene que servir para hacer que la clase trabajadora avance cada vez hacia el enfrentamiento final, agudizando la lucha de clases, no conciliando con el enemigo, no transando con sus explotadores, sino enfrentándolos en todos los terrenos.

Luchar incansablemente para que los trabajadores tomen plena conciencia del significado real que tiene para sus intereses la política de colaboración de clase, que en todos sus aspectos impulsa y sostiene el reformismo, es una tarea urgente y permanente de los sectores de vanguardia que se precian de revolucionarios. Esta lucha ideológica por desenmascarar frente a las masas el carácter oportunista y capitulante del reformismo, tiene que ir acompañada de una política y de un programa que interpretando científicamente las necesidades de las masas, sea capaz de movilizarlas en forma progresiva hasta llegar a la toma del poder y la implantación del gobierno obrero y campesino asentado en la dictadura del proletariado.

Lo anterior no tiene nada que ver con el sectarismo; muy por el contrario dentro de su contexto revolucionario la política más arriba enunciada, plantea la necesidad de la más amplia movilización de masas, aún cuando dicha movilización se dé bajo objetivos reformistas. Lo importante es que las masas vayan ganando experiencia y a través de ella vayan comprendiendo la necesidad de derrocar al capitalismo y de tomar el poder en sus manos. Dentro de este marco, no se excluye de manera alguna la posibilidad del Frente Único con las organizaciones reformistas sobre puntos programáticos concretos, resguardando siempre la más absoluta independencia de clase.

Estas conclusiones son extraídas, no ya del simple planteo teórico que nos han entregado los clásicos del marxismo, como Marx, Engels, Lenin y Troksky, sino de la experiencia viva, realizada a través de todo el proceso de la lucha de clases, tanto a escala internacional como nacional.

La toma de conciencia plena de ella, sumada a la elaboración de una política y un accionar independiente de clase contra clase, por parte del movimiento obrero, especialmente de sus sectores de vanguardia, permitirá que las experiencias colaboracionistas y sectarias vividas en Chile, adquieran todo su aspecto positivo en beneficio de los intereses históricos de la clase trabajadora.

Pero todas estas conclusiones sacadas al calor de las experiencias vividas y del análisis marxista de las mismas servirán de muy poco si los sectores de vanguardia no son capaces de estructurar en forma definitiva y en el más breve plazo posible, un auténtico y real partido revolucionario, que por su política y por su programa, por su táctica y estrategia, sumada a su accionar permanente en el seno de la clase, sea capaz de acaudillarla y conducirla con pasos seguros y firmes por el camino de la insurrección armada y hacia la conquista del poder. Hay que reemprender la tarea que dejara inconclusa el compañero Luis Emilio Recabarren, la construcción del Partido Revolucionario, que con tanta urgencia sigue reclamando el presente y el porvenir del movimiento obrero.



Para la construcción del partido revolucionario no tenemos por delante largos años plazo. La descomposición acelerada del sistema capitalista y los acontecimientos políticos que de ella se deducen, se precipitan con suma rapidez y van creando las condiciones para la agudización de las luchas entre las clases y su enfrentamiento final y decisivo; por tanto, es tarea urgente e inmediata, emprender ya, ahora mismo, la construcción del partido de la revolución chilena y socialista. Para ello existe lo fundamental, el programa, y este es el programa de demandas transitorias de la Cuarta Internacional, enriquecido por todos los aportes de todo el proceso revolucionario de los últimos treinta años. Existe también la levadura necesaria para la formación de dicho partido y ella la encontramos en las nuevas generaciones revolucionarias, cuyos elementos militan en las filas de las distintas organizaciones de la izquierda revolucionaria y en las propias filas del P.C. y del P.S. como así también, aunque en forma inorgánica en el seno mismo del movimiento obrero y campesino y en las filas del estudiantado. Sobretodo la juventud, a la cual le ha correspondido conocer aunque de lejos la experiencia heroica de la guerra revolucionaria del Vietnam y de la revolución cubana triunfante, que supieron de la entrega total a la causa revolucionaria del Comandante Che Guevara; sobre ella, en conjunto con los viejos tercios revolucionarios que aún quedan, recae la gran responsabilidad histórica de reemprender ahora y sin vacilaciones, la tarea de la construcción del partido de la revolución chilena y socialista. Y no puedo ocultarlo; tengo plena confianza en que estas nuevas generaciones revolucionarias sabrán cumplir con éxito esta misión histórica. Tengo plena fé en el potencial creador de mi clase.
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