Historia del movimiento obrero chileno Humberto Valenzuela



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En 1925 levantó la candidatura presidencial de José Santos Salas. Dicha candidatura prendió rápidamente en los sectores populares, siendo un reflejo distorsionado de los intereses de los asalariados.
Este paso político de la USRACH, más la represión de la burguesía desencadenada en su contra, determinó su rápido desaparecimiento.
Hasta aquí hemos hecho una apretada síntesis del movimiento sindical independiente o del sindicalismo libre, de las organizaciones que marcan en el proceso del movimiento sindical chileno una de las etapas mas difíciles y combativas de toda su historia. Pasemos ahora a preocuparnos de los sindicatos legales que surgen como una consecuencia del desarrollo de la industria nacional y de la necesidad de la burguesía de tratar de penetrar y controlar el movimiento sindical chileno.

CAPITULO IV


EL SINDICALISMO LEGAL
1. INTRODUCCIÓN
En Junio de 1921, el Presidente de la República Arturo Alessandri Palma, envió al Parlamento un Proyecto de Código del Trabajo, en el cual estaba contemplado el Proyecto de sindicalización legal. Al referirse a esta última, dijo en su fundamentación; "Como lo demuestra una experiencia muchas veces secular, las medidas represivas han resultado siempre impotentes o absolutamente ineficaces. Más aún, han tenido invariablemente una consecuencia funesta: la de convertir asociaciones políticas, que viven a la luz del día y sujetas directa o indirectamente a la vigilancia del Estado, en organizaciones secretas que viven en la sombra y en el misterio, al margen de las leyes comunes y que tarde o temprano, se hacen conspiradores permanentes en contra del orden público y social".
Así resumía Alessandri el pánico de la burguesía frente al avance del movimiento obrero agrupado en los sindicatos libres de esa época. El proyecto enviado al Parlamento constituyó una seria tentativa de la burguesía para evitar su desarrollo y contener su combatividad, haciéndoles algunas concesiones y tratando de intervenirlo a través de la legalización de los sindicatos. Había que impedir que el proletariado de la incipiente industria nacional se uniera a los sindicatos libres y adoptara sus formas explosivas de lucha.
El proyecto de Alessandri reflejaba también, la presión que ejercían los trabajadores industriales, especialmente los fabriles que buscaban una forma de organización que les permitiera defenderse de la rapiña patronal.
La burguesía y su gobierno pensaron que mediante la legalización de los sindicatos estarían en mejores condiciones de controlar sus actividades y de encauzar el movimiento dentro de las normas establecidas. Como señuelo, la ley establecía el reparto de una parte insignificante de las utilidades de las industrias entre los miembros de los sindicatos legales, el descuento por planilla de las cuotas sociales y la inmovilidad de los dirigentes. De esta manera la burguesía y su gobierno trataron de atraer al seno de los sindicatos legales a la mayoría de los militantes de los sindicatos libres.
Dicho proyecto de ley durmió en el Parlamento durante tres años, hasta que llegó el mes de Septiembre de 1924 y con ello el golpe militar del General Luis Altamirano, que derrocó a Alessandri. La Junta Militar presionó sobre el Parlamento para que se reuniera y despachara los proyectos pendientes y el 8 de Septiembre de ese año salió la ley de sindicalización legal, con el número 4057.
Durante el período que va desde 1924 a 1926, el sindicalismo legal se desarrolló muy débilmente a causa de la gran desconfianza de los obreros con respecto a dicha ley.
La persecución desatada en contra del movimiento obrero por el gobierno de Ibañez, desde los años 1927 a 1929, determinó un retroceso de los sindicatos libres y la baja consiguiente de sus luchas.
Como un medio de evitar las presiones, muchos obreros pasaron a las filas de los sindicatos legales. Ibañez quiso controlar desde la partida dicho movimiento, para lo cual se valió de los oportunistas de turno, quienes en Noviembre de 1929 y en el nombre de un supuesto Congreso Obrero constituyeron la Confederación Republicana de Acción Cívica (CRAC), cuya sede social fue llamada La Casa del Pueblo. Sus dirigentes principales fueron, entre otros, los Diputados Luis Moreno y Humberto Martones. Después de la caída de Ibañez, dicha organización se disolvió como la espuma y su local fue incendiado por los trabajadores.
En Noviembre de 1931 se constituyó la Confederación de Sindicatos Industriales de Santiago, de carácter legalista, al igual que la Federación Nacional Sindical y la Organización del Trabajo de Chile. Estas organizaciones se unificaron en Marzo de 1934. Así surgió la Confederación de Sindicatos Legales, siendo su secretario general Luis Solis Solis. Esta organización convocó a un congreso de unidad el que se llevó a efecto en Valparaíso durante los días 1, 2 y 3 de Junio de 1935. Su resultado fue un rotundo fracaso debido al cerrado sectarismo de la F.O.CH. que no quería saber nada con los sindicatos legales, a los cuales llamaba indiscriminadamente "amarillos y apatronados".
En Enero y Febrero de 1936, se desató una de las más potentes huelgas ferroviarias. La represión del gobierno de Alessandri no se hizo esperar y el comando de huelga fue diezmado. En mi calidad de dirigente de la construcción había tomado contacto con los huelguistas y me correspondió ayudar a la reorganización del comando de huelga, para cuyo efecto nos reunimos en un local de la Izquierda Comunista en la población Bulnes. Por resolución de los propios huelguistas quedó integrado dicho comando. La Confederación de Sindicatos Legales decretó la huelga general en apoyo a los ferroviarios y por tal motivo se vio obligada a enfrentar la ola represiva. Frente a estos acontecimientos, la comisión designada en el último congreso de la F.O.CH. en 1934, tomó contacto con algunos dirigentes de la Confederación y contribuyó a organizar un Frente de Unidad Sindical, el que convocó a un congreso de unidad para los días 24, 25 y 26 de Diciembre de 1936, congreso del cual surgió la Confederación de Trabajadores de Chile, (C.T.CH.), siendo su primer secretario general Juan Diaz Martínez y subsecretario Salvador Ocampo. A este congreso concurrió una delegación de la C.G.T. pero no se integró a la nueva central.

2. LA C.T.CH.


Como ya dijimos, esta Central surgió de la unificación de la F.O.CH. con la Confederación de Sindicatos Legales en Diciembre de 1936 y como muy bien apunta Luis Vitale en su "Historia del Movimiento Obrero" (Edición P.O.R. 1962), la declaración de principios de la C.T.CH. se aparta de la tradición revolucionaria abierta por la F.O.CH. de Luis Emilio Recabarren.
En ninguna de sus partes se establecía la necesidad de que la clase obrera luchara por tomar el poder en sus manos, implantando el gobierno obrero y campesino, sustituyendo así al sistema capitalista.
Aquí se nota claramente la desviación capitulante del Partido Comunista que tira por la borda los planteamientos de Luis Emilio Recabarren, establecidos en la declaración de principios de la F.O.CH. Si bien es cierto que la constitución de la C.T.CH. marcó un paso positivo desde el punto de vista organizativo, ya que agrupo en sus filas a la mayoría de la clase trabajadora organizada, incluyendo a los empleados y obreros, no es menos cierto que significó una baja notoria desde el punto de vista direccional de las luchas de los trabajadores. Al lado de la representación de las tendencias obreras, que formaron parte de la dirección, empezaron a actuar también los representantes de las tendencias burguesas (Partido Radical y Falange Nacional hoy Democracia Cristiana). En su seno, se incubó la burocracia sindical, la misma que preconizó el respeto al Código burgués del Trabajo y a la legalidad burguesa, ante la cual se ha mantenido arrodillada como camello, para que se monten sobre su joroba. El movimiento obrero empezó a ser enredado en la maraña legal. Ya no fueron los grandes movimientos masivos los soportes de las luchas reivindicativas de las masas, sino las huelgas aisladas de cada sindicato, de acuerdo con las disposiciones legales.
Principiaron los trajines de los dirigentes obreros en las Juntas de Conciliación, los Ministerios, el Parlamento y la Presidencia de la República. Ya la solución no se buscaba a través del combate, como en la época anterior, sino en los conciliábulos y componendas.
Muy luego los sindicatos fueron arrastrados de frentón a la colaboración de clase con el gobierno, cuando la C.T.CH. se incorporó al Frente Popular en Junio de 1937, nombrando como delegados ante ese organismo a Juan Diaz Martínez y a Salvador Ocampo. Pronto los obreros iban a sentir en carne propia los efectos de esta política colaboracionista que, en los hechos, significó un verdadero muro de contención para sus luchas. Salvador Ocampo, stalinista y Bernardo Ibañez, socialista, ambos dirigentes de la C.T.CH. fueron los niños cantores de turno, que recorrieron los sindicatos entonando esa canción que decía: "no hay que hacer huelgas, porque hacer huelgas es crearle dificultades al gobierno y hacerle el juego a la burguesía y al fascismo". En buen romance, le decían a los trabajadores que tenían que quedarse quietos, cruzados de brazos y consentir que se les explotara mansamente. Jamás los patrones, la burguesía y el imperialismo habían tenido mejores aliados.
La C.T.CH. central sindical embarcada en la colaboración de clases dentro del Frente Popular, aceptó el convenio suscrito entre la Sociedad Nacional de Agricultura y el gobierno de Pedro Aguirre Cerda en el sentido de suspender por cinco años la tramitación del proyecto de Ley que existía sobre organización sindical del campesinado. Situación que fue aprovechada por los latifundistas para arrasar con las organizaciones libres del campesinado, agrupados en la Liga de Campesinos Pobres.
Durante los nueve años en que la C.T.CH. navegó en las aguas de la colaboración de clases, desde 1937 hasta 1946, fecha en que se dividió, fue postergando y frenando las luchas reivindicativas de las masas trabajadoras. Durante estos nueve años jamás planificó ni realizó una huelga general. Sólo en 1936, a raíz de la huelga de los obreros salitreros de la oficina Humberston, a los cuales se les había caducado la personería jurídica de su sindicato, la C.T.CH. realizó un paro nacional de solidaridad, en defensa del derecho de organización. A raíz de este paro, se produjo la masacre de la Plaza Bulnes bajo el gobierno del radical Alfredo Duhalde.
En el seno de la C.T.CH. se dio una pugna entre la fracción comunista y la fracción socialista. Los primeros querían continuar el paro mientras los socialistas se negaban a ello. Esta pugna determinó la división de la C.T.CH. en dos fracciones: una dirigida por Bernardo Araya, comunista y la otra por Bernardo Ibañez, socialista. Así la C.T.CH. que con la realización de su Congreso Constituyente había logrado superar todo un período de fragmentación del movimiento obrero, frustró una vez más las esperanzas que la clase obrera había depositado en ella.
En el período de represión, abierto por González Videla, se declaró la huelga carbonífera  14 de Octubre de 1947  dirigida por la fracción de Bernardo Araya. El gobierno decretó la reanudación de faenas. Los obreros, bajo la dirección de Reinos, respondieron con la ocupación de las minas. Bernardo Araya les aseguró que vendría un paro nacional en su ayuda, paro que no llegó nunca. El gobierno en uso de sus facultades extraordinarias, procedió a reprimir el movimiento, entregándole el control de la zona del carbón a las Fuerzas Armadas, procediendo a apresar y deportar a los obreros carboníferos, especialmente a sus dirigentes. De esta situación se aprovechó el partido socialista, haciendo el papel de rompe-huelga, tratando de ocupar los puestos de dirección de los sindicatos dejados vacantes por los dirigentes que partían rumbo a los campos de concentración de Pisagua. Por su parte, la fracción de la C.T.CH. dirigida por Bernardo Ibañez, no hizo absolutamente nada por ir en ayuda de los camaradas del carbón, simplemente los dejó entregados a su suerte.
Quiero dejar en claro que por esa época, Bernardo Ibañez era el Secretario General del Partido Socialista Auténtico, organización que había surgido como producto de la división del P.S. llevada a efecto por Grove el año 1944.
La persecución desatada en contra del movimiento obrero se acentuó con el dictado de la Ley número 8987 del 3 de Septiembre de 1948, denominada Ley de Defensa de la Democracia. A raíz de esta persecución, el movimiento obrero acusó una mayor baja en su combatividad. A principios de 1950 se produjo la huelga del magisterio. Durante su desarrollo se reunieron con dirigentes de ese gremio, Ernesto Miranda de la Federación del Cuero y del Calzado, algunos dirigentes ferroviarios y el que escribe, en representación de la Unión de Obreros Municipales de Chile y tomamos el acuerdo de ir a la organización de un movimiento unificador de las fuerzas sindicales; así nació el CUS. (Comité de Unidad Sindical). Este acuerdo fué ratificado por las respectivas organizaciones y el CUS. Salió a la palestra a dar la gran batalla por la unidad del movimiento sindical. Después de llevar a cabo varios actos masivos, se realizó una amplia reunión del CUS y en ella se acordó ampliar el movimiento bajo el nombre de MUS (Movimiento de Unidad Sindical). Del seno de este movimiento se designó una comisión para que se pusiera en contacto con las dos fracciones de la C.T.CH. De estas conversaciones surgió la Comisión de los 15, llamada así porque 15 eran sus integrantes, entre ellos el compañero Clotario Blest, el que después sería el primer presidente de la CUT.
La Comisión de los 15 tuvo a su cargo la preparación de un acto unitario para celebrar el 1° de Mayo, acto que se efectuó en la Plaza Tirso de Molina y en el cual a petición del compañero Blest se procedió a nombrar la Comisión que tendría a su cargo la preparación del congreso de unidad, congreso que se efectuó en Santiago durante los días 13, 14 y 15 de Febrero de 1953, dando vida a la Central Única de Trabajadores de Chile (CUT).

3. LA CENTRAL ÚNICA DE TRABAJADORES DE CHILE (C.U.T.)


En el Congreso Constituyente de la Central Única se aprobó una declaración de principios que, en sus aspectos fundamentales, expresaba lo siguiente:
"La Central Única de Trabajadores declara: Que el régimen capitalista actual, fundado en la propiedad privada de la tierra, de los instrumentos y medios de producción y en la explotación del hombre por el hombre, que divide a la sociedad en clases antagónicas: explotados y explotadores, debe ser sustituido por un régimen económico social que liquide la propiedad privada hasta llegar a la sociedad sin clases, en la que se asegure al hombre y a la humanidad su pleno desarrollo.
"Que el Estado capitalista es una expresión de la lucha de clases, y por lo tanto, mientras subsista el capitalismo en cualquiera de sus formas, éste será instrumento de explotación. Que frente al régimen capitalista, la Central Única de Trabajadores realizará una acción reivindicativa encuadrada dentro de los principios y métodos de la lucha de clases, conservando su plena independencia de todos los gobiernos y sectarismo políticos y partidarios. Sin embargo, la Central Única no es una central apolítica, por el contrario, representa la conjunción de todos los sectores de las masas trabajadoras. Su acción emancipadora la desarrollará por sobre los partidos políticos a fin de mantener su cohesión orgánica".
"Que la Central Única de Trabajadores tiene como finalidad primordial la organización de todos los trabajadores de la ciudad y del campo sin distinciones de credos políticos, religiosos, nacionalidad, color, sexo o edad para la lucha contra la explotación del hombre por el hombre, hasta llegar al socialismo integral".
"Que la Central Única de Trabajadores considera que la lucha sindical es parte integral del movimiento general de clases del proletariado y de las masas explotadas y en esta virtud no puede ni debe permanecer neutral en la lucha social y debe asumir el rol de dirección que le corresponde. En consecuencia, declara que los sindicatos son órganos de defensa de los intereses y fines de los trabajadores dentro del sistema capitalista. Pero, al mismo tiempo, son organismos clasistas de lucha que se señalan como meta para la emancipación económica de los mismos, o sea, la transformación socialista de la sociedad, la abolición de las clases y la organización de la vida humana mediante la supresión del Estado opresor".
No cabe la menor duda que esta declaración de principios, desarrolla y enriquece en su contenido la declaración de principios que Recabarren estableció para la Gran Federación Obrera de Chile, pero hay un aspecto en que no logra superarla, ni siquiera igualarla. Me refiero a la parte de la declaración de principios de la Gran Federación redactada por el compañero Recabarren en que sostuvo que sería la F.O.CH. (central sindical de aquella época) la que tomaría en sus manos el poder con todas sus consecuencias... Esta decisión no la encontramos en ningún párrafo de la declaración de principios de la CUT, actual central sindical de los trabajadores chilenos.
La CUT dice que luchará por el socialismo, pero en ninguna parte dice que para ello es necesario que los trabajadores tomen el poder en sus manos y establezcan su propia norma de gobierno. Recabarren sí lo dice: será la F.O.CH. la que tomará el poder y, por lo tanto, habrá un gobierno de los obreros y campesinos. En esto consiste el gran vacío en la declaración de principios de la CUT con relación a la de la Gran F.O.CH.
La declaración de principios de la CUT no va a durar mucho. En su primer congreso ordinario efectuado en Agosto de 1957, bajo la presión de los radicales y demócratas cristianos, se le hicieron las primeras modificaciones; una de ellas fue quitar de su texto el punto que decía que la CUT lucharía por la implantación del socialismo integral. Los "socialistas" y los "comunistas" capitularon frente a estas tendencias burguesas y aceptaron quitar ese punto en referencia empezando así a castrar de todo su rico contenido clasista a la Central Única de Trabajadores de Chile.
Estas tendencias capitulantes del movimiento obrero culminaron su obra en el segundo congreso de la CUT, efectuado en Diciembre de 1959. En dicho congreso terminaron por hacer desaparecer la declaración del Congreso Constituyente, en aras de la unidad con las corrientes burguesas, radicales y demócratas cristianos. Lo acordado también por ese congreso fue lo siguiente:
1- La consolidación de las relaciones fraternales y democráticas en el seno de los gremios y sindicatos.
2 La unidad de acción de los trabajadores en el plano mundial y particularmente con los países de América Latina, para luchar con mayor efectividad contra el enemigo de clases. La CUT condena la guerra como método irracional de dirimir las diferencias entre naciones. Luchará por la Paz permanente entre el mundo, basada en la justicia, la autodeterminación de los pueblos e igualdad de derechos en la vida internacional.
3 La irreductible oposición al sistema capitalista, que se basa en la propiedad privada de la tierra y de los medios de producción, distribución y de cambio de las riquezas, y en la explotación del hombre por el hombre. La Central Única de Trabajadores plantea como objetivos inaplazables, la reforma agraria y la defensa de las riquezas naturales del país, como patrimonio del Estado Chileno y luchará por la recuperación de todas aquellas que han sido arrebatadas a su control y usufructo.
4 La implantación de un régimen político social y económico que elimine los antagonismos de clases y asegure a la comunidad de trabajadores y al hombre como individuo y como miembro de tal comunidad, el pleno desarrollo de sus facultades, la seguridad y el bienestar económico.

5 El fortalecimiento de las organizaciones gremiales y sindicales como armas de defensa de los intereses de las masas asalariadas dentro del Estado capitalista y como órgano de lucha clasista para lograr la emancipación de los trabajadores y la supresión del Estado opresor.


Comparen los trabajadores esta declaración de principios con la que dio origen a la CUT en su congreso constituyente y verán que de la primera ya no queda nada. Ya no se habla de socialismo, pues eso asusta a los radicales y demócratas cristianos y hay que mantener la unidad con ellos. Sólo habrá oposición al sistema capitalista, no habrá lucha por sustituirlo por un régimen socialista. Nada de eso, como se puede apreciar, la capitulación fue en toda la línea. Como se podía esperar de una organización, cuya dirección estaba en manos de corrientes políticas dispuestas a capitular frente a las tendencias burguesas. Muy poco o nada en beneficio directo de los intereses históricos de las masas explotadas. La actividad de la CUT dirigida y orientada por estas tendencias, nos demostrará a continuación cual fue su derrota.

4. ACTUACIÓN DE LA CUT


La CUT se organizó en pleno período de ascenso del movimiento obrero. Su primer paro nacional se realizó en el mes de Mayo de 1954, paro que estaba destinado a obtener la libertad de su presidente, el compañero Clotario Blest, que por decisión del gobierno se encontraba en la cárcel. En la concentración realizada en la Plaza Ercilla los obreros exigían la continuación del paro hasta obtener la libertad del compañero Blest. Juan Vargas Puebla, comunista, que había tomado la dirección del movimiento, se vió en duros aprietos para sacarle el cuerpo a la resolución de los trabajadores y el paro continuó. Días después, el compañero Blest obtenía la libertad.
El 7 de Julio de 1955 la CUT realizó un paro nacional de 24 horas como protesta por la congelación de sueldos y salarios, impuesta por el gobierno de Ibañez. Aunque los obreros respondieron no se consiguió absolutamente nada. La CUT acordó realizar un nuevo paro para el día 18 de Julio. Ibañez llamó a los dirigentes a la Moneda y consiguió que estos suspendieran el tal anunciado paro. En Septiembre, estalló el poderoso movimiento de los trabajadores de la Salud. La CUT acordó realizar un paro el 5 de Septiembre, pero este paro fue suspendido entre gallos y media noche a través de un convenio firmado por gente que nada tenía que ver con la dirección de la CUT, como Juan Chacón Corona y Volodia Teitelboin, ambos miembros del Partido Comunista y, por otro lado, el representante del gobierno Cuevas Mackenna. Este convenio contó con el visto bueno de los dirigentes de la CUT que eran militantes del P.C. Había que acatar la línea. Así se dejó a los compañeros de la Salud enterrados a su propia suerte. Con este paso, la CUT empezó a mostrar su hilacha reformista, y los trabajadores comenzaron a demostrar su desconfianza hacia tal dirección; y no podía ser de otra manera, pues anteriormente, el 12 de Febrero, los compañeros del Cuero y Calzado habían efectuado una de sus más combativas huelgas, llegando a ocupar 160 fábricas. Los marítimos, los ferroviarios y los municipales también habían llevado adelante poderosos movimientos reivindicativos a escala nacional. Los estudiantes también habían llevado adelante un importante movimiento defendiendo el derecho de Asilo. Todas estas luchas no tuvieron el debido respaldo de la dirección de la CUT, salvo las consabidas declaraciones platónicas de apoyo moral.
Comprendiendo el gobierno la debilidad del movimiento obrero, debilidad que concretamente se reflejaba en su dirección, lanzó el Plan Herrera, de estabilización de sueldos y salarios.
La CUT, sin ninguna preparación, sin la más elemental consulta a las bases, decretó el paro nacional del 9 de Enero de 1956, el que en estas condiciones precarias resultó un soberano fracaso. Quiero dejar claramente establecido que, en mi calidad de miembro del Consejo Nacional de Federaciones de la CUT, estuve planteando hasta el cansancio que era necesario dar un plazo al gobierno y al Parlamento, para que se aprobara como primera reivindicación inmediata al salario vital obrero y se derogara la Ley Maldita. Mientras el plazo corría, la CUT debía ir preparando cuidadosamente el paro nacional, cosa que una vez vencido el plazo fijado por la propia CUT, ésta debía hacer efectivo el paro hasta obtener los primeros puntos ya señalados. Pero todo fue en vano. La dirección de la CUT ya estaba lanzada por el tobogán de la capitulación sin combate. El compañero Blest que había compartido nuestros planteamientos, estuvo solicitando en forma insistente que se abriera discusión sobre las causas que habían motivado estos fracasos de la CUT, como dirección de los trabajadores chilenos. Pero los responsables de estos fracasos nunca dieron la cara al enjuiciamiento de su conducta como dirigentes.
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