Hojas de estilo con kompozer



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HOJAS DE ESTILO CON KOMPOZER

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Esta práctica corresponde al tema: DISEÑO WEB

Nº de práctica: 12

Se realiza: INDIVIDUAL

Fecha límite de entrega:

Nº estimado de horas de clase: 1

Nº estimado de horas de trabajo personal: 0

1.objetivos

Diseñar hojas de estilo, con los títulos H1, H2, y H3, dando formatos de texto diferenciados, fondos…



2.práctica a realizar

A partir del texto que se indica a continuación, el alumno deberá copiarlo y pegarlo en Kompozer, y generar hojas de estilo diferenciados para los títulos H1, H2, y H3.



SANTOÑA


Santoña es una villa y municipio que se encuentra en la zona oriental de Cantabria (España), en la comarca de Trasmiera; está situada en la bahía de su nombre, al pie del monte Buciero. Dista unos 48 km de la capital autonómica, Santander. Santoña era conocida en la Edad Media con el nombre de Puerto o Puerto de Santoña, y así consta en muchos documentos.
Su actividad económica se basa en una importante industria pesquera y conservera. Es una villa marinera que fue patria natal de Juan de la Cosa, con playas y marismas que lo han convertido en un centro turístico de primer orden. Sus principales monumentos son la iglesia de Santa María del Puerto (siglo XIII, con una pila bautismal del siglo IX y un retablo mayor neogótico), los palacios del marqués de Chiloeches y de los duques de Santoña. También se encuentra aquí el penal del Dueso. El convento de Montehano (en el que se encuentran los restos de Barbara Blomberg, madre de don Juan de Austria) se halla en el municipio vecino de Escalante.
El topónimo
El origen del topónimo es incierto. Según el estudio de algunos historiadores el topónimo de Santoña es anterior a la conquista romana, anterior al nombre de Portus que le dieron los romanos. El origen de la palabra podría ser celta, derivado de una gens de la tribu de los sanntones o Sántonos (los sántonos, Santones o Santoni, Σάντονες, Σάντονοι, Σάντωνες), asentada en el suroeste de la Galia.1 La misma teoría aplican para la ciudad francesa de Saintonge.2
Geografía
Hidrografía: La acción del curso bajo del río Asón formó la llamada ría de Treto que desemboca en el estuario y cuyos sedimentos de abundantes limos formaron el ecosistema de la marisma santoñesa.
Orografía
El monte de Santoña ocupa una superficie mayor que la mitad del total del municipio. En tiempos pasados sus laderas estaban roturadas con terrazas que se aprovechaban para el cultivo. Los cultivos desaparecieron y su vegetación ha crecido como sotobosque y matorral, con laureles, endrinos, avellanos, hayas, robles, encinas, acebos, madroños, con gran presencia del brezo y argoma que en Cantabria se llama escajo. La base del monte por el lado que da al mar está configurada por una costa irregular y sinuosa que ofrece un gran acantilado. Rodeando el monte por su lado sur se encuentra la playa de San Martín, que es la entrada a la bahía. Con la playa de San Martín comienza la ciudad por la parte sur.

Núcleos de población


El municipio de Santoña está formado por tres núcleos de población: Santoña, El Dueso y Piedrahita. El Dueso y Piedrahita son dos barriosnota 1 mientras que Santoña forma el núcleo principal. En la Edad Media el poblamiento principal de Santoña estaba compuesto por barrios próximos unos de otros y unidos por una serie de caminos que iban a dar a la calzada principal. Esta calzada empezaba en la iglesia de Nuestra Señora del Puerto y llegaba hasta las afueras del término municipal.
Estos núcleos urbanos están situados al pie de la gran elevación que hay al este, conocida como Monte de Santoña.

Historia


La bahía de Santoña estuvo habitada por el hombre desde el Paleolítico Superior, según indican los yacimientos encontrados en el monte santoñés, estudiados minuciosamente en los últimos años del siglo XX. Se han hallado utensilios sobre soporte de piedra y arte rupestre en las cuevas del Perro y de San Carlos.6
La romanización se llevó a cabo en Santoña a la par que en toda la costa cántabra. Según mención de las fuentes clásicas, este lugar pudo ser Portus Vereasueca, Portus Blendium o Portus Victoriae, no sabiendo hasta la fecha cuál fue exactamente. Por las excavaciones hechas en la zona de la iglesia y por el nivel romano sellado encontrado, con la suma de restos de cerámica de gran valor y monedas, se sabe que hubo un asentamiento importante en la segunda mitad del siglo I, sin duda al amparo de las actividades del puerto desde el que se tenía comercio con el sur de la Galia.7
En la Edad Moderna, Santoña participó con hombres y con naves en la hazaña del Descubrimiento de América. Juan de la Cosa (del linaje santoñés de la Cosa) tomó parte activa en este acontecimiento, siendo el maestre de su propia nao Santa María (o Marigalante según algunos autores9 ) acompañado de otros 3 lugareños.10
En el siglo XX, durante la Guerra Civil Española fue escenario de un hecho que llegaría a alcanzar gran trascendencia política e ideológica: la rendición de los batallones nacionalistas vascos en el denominado Pacto de Santoña (1937).

Santoña como Villa Real

Se considera al abad Paterno como el verdadero fundador de la villa de Santoña por ser él quien llevó a cabo en el año 1038 el resurgimiento y restauración del monasterio de Puerto, la reorganización de su vida religiosa, la repoblación de gentes y la puesta en marcha de una importante economía agrícola. Los problemas que el abad pudo tener para llevar a cabo tal empresa, al carecer la ciudad de reconocimiento, fueron subsanados por el rey García de Nájera, quien otorgó un fuero llamado "Privilegio Viejo de Santoña", con fecha de 1074, que hizo de Santa María de Puerto un abadengo, cuyo señor sería el abad y sus sucesores, otorgándole los correspondientes derechos como señorío abacial: posesiones del monasterio, inmunidad jurisdiccional, refugio y franquicias de comercio y plaza de mercado.nota 2

Pertenencia a Nájera


Desde la época de los reyes asturianos, las comarcas cántabras de Liébana, Asturias de Santillana, Campoo y Trasmiera pertenecían al reino de Asturias. Después fueron patrimonio de los condes de Castilla y de los reyes de Navarra. El rey de Navarra Sancho III el Mayor (también conocido como Sancho Garcés III de Pamplona) heredó el condado de Castilla, siendo por tanto dueño de las comarcas cántabras aquí citadas. A su muerte repartió el reino entre sus hijos, con el consiguiente enfrentamiento entre García de Navarra (o de Pamplona) y Fernando de Castilla. García Sánchez III de Pamplona (conocido también como García Sánchez el de Nájera), creó el obispado de Nájera, incluyendo en este obispado algunas zonas de la Castilla condal, entre otras el abadengo de Puerto, que pasó a depender del monasterio de Santa María la Real de Nájera.
La historia sigue con Fernando I de Castilla, que al vencer en la batalla de Atapuerca a su hermano García el de Nájera, incorporó a su corona los territorios cántabros anexionados anteriormente a Navarra, con excepción de Trasmiera, por lo que Puerto, que pertenecía a Trasmiera, siguió estando sujeto a Nájera. El sucesor de Fernando I en el reino de Castilla fue su hijo Sancho II de Castilla. Este rey recobró el territorio de Trasmiera y desde ese momento el monasterio de Puerto dejó de pertenecer a Nájera, hasta que Sancho III de Castilla cedió de nuevo en 1158 el monasterio de Santa María de Puerto a Raimundo, abad de Santa María la Real de Nájera.
Las relaciones entre Puerto y Nájera no fueron nunca muy amistosas. Tanto la nobleza santoñesa como el abad del monasterio hicieron todo lo posible por romper el vínculo de unión. En el siglo XV se elevó una petición al respecto a los Reyes Católicos que fue desestimada. En el reinado de Felipe II, el monasterio de Santoña consiguió la independencia del de Nájera, así como el estatus de Villa Real.

Evolución hacia Villa Real


Durante toda la Edad Media, las ciudades, villas o núcleos de población regidos e integrados por monasterios eran lugares eclesiásticos y deudores de dichos abadengos, es decir, todas las ventas y derechos recaían sobre el monasterio. Así era la costumbre y así eran las leyes hasta el reinado de Felipe II. Este rey tuvo necesidad en un momento dado de sanear la Hacienda y uno de los objetivos para este fin fue la enajenación de villas y lugares eclesiásticos, para lo cual tuvo que pedir el visto bueno al papa Gregorio XIII, quien otorgó el permiso enviando un Breve Apostólico el 6 de abril de 1574. En este documento se daba permiso para que dicha enajenación pudiera tener lugar sin el consentimiento de los abades.
Según la ley vigente, el Concejo y los vecinos de los lugares en venta o enajenación tenían el derecho de comprar a su vez la Jurisdicción Real y esto fue lo que hizo el Concejo de Santoña, que siguiendo estas normas y reuniendo el dinero necesario consiguió que se llevara a cabo el asiento de venta el 20 de mayo de 1579, entre Santoña y la Corona, representando al Concejo Pedro Solórzano y Juan del Castillo, que entregaron a la Corona 16.000 maravedises por cada uno de sus vecinos, tanto del núcleo de la población como de los barrios y aldeas, pagando además una buena cantidad al monasterio de Nájera, que desde ese momento dejaba de tener poder sobre el abadengo de Santa María de Puerto. El 4 de junio de 1579, Felipe II firmó la Cédula Real, tras lo cual Santoña quedó incorporada a la Corona como Villa Real. Tomó posesión de la Jurisdicción en nombre del rey, Gonzalo de Salamanca.
Después de las firmas, el escribano Juan del Castillo y el comisario del rey Gonzalo de Salamanca convocaron al Concejo para su constitución en villa. Hubo una sesión especial en la que se celebró una ceremonia de reconocimiento del Rey como señor de la villa, además de hacerse los repartos y nombramientos de varios justicias, oficios públicos, etc. El Concejo tomó posesión de los barrios de El Dueso, Piedrahita, Margotedo y Fuentecilla. El pregonero lanzó la noticia de que Santoña era a partir de ese día Villa Real, advirtiendo además que ya no había que abonar rentas a Nájera.
Transcurrieron así 36 años pero, por una mala economía y muchas deudas contraídas, la villa de Santoña se vio en la necesidad de vender y enajenar de nuevo la Jurisdicción, no sin gran oposición de un gran número de vecinos, cuyo optimismo les llevaba a creer que podrían superar la crisis. Compró la Jurisdicción el duque de Lerma que pudo sacar de apuros a sus habitantes durante 90 años.11
En el siglo XVIII y bajo el reinado de Felipe V, la villa volvió a comprar la Jurisdicción Real por el importe de 12.000 ducados. El 10 de septiembre de 1705, el rey otorgó una Real Facultad (norma dictada por el Rey o su Cámara para disponer sobre los bienes, inferior en rango a la Real Cédula) por la que de nuevo Santoña era Villa Real, con todos los beneficios que ello pudiera llevar.nota 3

Prensa local. Finales del siglo XIX y principios del XX

Desde fines del siglo XIX Santoña tuvo su propio periódico donde se escribía sobre la vida y acontecimientos del pueblo. Este periódico se llamaba El Eco de Santoña. Se estrenó el 10 de diciembre de 1891, siendo su propietario y director José Bravo. Salía cada tres meses. Colaboraban Emilio Pascual y Luis, hijo de José Bravo. Los primeros dos años la publicación salió de la imprenta de A. Quesada en Santander. Cuando en Santoña se inauguró la primera imprenta, cuyo propietario era Ricardo Meléndez, salió un número extraordinario de este periódico.
En 1893 Fernando Bravo Moreno compró El Eco, haciendo equipo con Emiliano Pascual Rodríguez y su hijo Luis Pascual Ruiz. Tras un paréntesis de dos años el periódico reapareció el 9 de agosto de 1906 bajo la dirección de Ricardo Meléndez, el propietario de la imprenta de Santander. En esta segunda época se convirtió en Semanario de intereses locales, en competencia con el nuevo periódico El Avisador con el que mantuvo algunas diferencias. Dejó de existir el 9 de mayo de 1912.
El Avisador se anunciaba como semanario de intereses de Santoña y su comarca y empezó a editar el 19 de mayo de 1895.12 Su director y propietario era Fermín Hernández. Uno de sus redactores fue Anselmo Ortiz Dou, que escribía con el pseudónimo de Sancho Abarca. Su información se basaba sobre todo en los intereses de los pescadores. En 1903 apoyó la campaña del duque de Santoña que se presentaba a diputado por el distrito de Castro Urdiales.13
A las 4 de la tarde del 11 de noviembre de 1933 amerizó en la bahía de Santoña el aviador norteamericano Charles Augustus Lindbergh.14 El aviador y su esposa Anne Spencer Morrow estaban realizando una vuelta al mundo en su hidroplano Albatros. Ese mismo día habían salido del lago de Constanza, entre Suiza y Alemania, con la intención de llegar hasta Lisboa, pero las condiciones atmosféricas obligaron al piloto a pedir ayuda y permiso para un amerizaje forzoso, para lo que se puso en contacto con el embajador americano en Madrid. Éste a su vez pidió permiso al Gobierno español para que Lindbergh pudiera amerizar en cualquier punto del Cantábrico. Fue así como el piloto llegó a la bahía de Santoña ante el asombro de la gente que en ese momento paseaba por el Pasaje. El marinero Zoilo Fernández se acercó con su lancha al hidroplano y trasladó a Lindbergh a tierra.

Casa de la familia Albo en Santoña.


Fue conducido a la cercana fábrica de Albo, donde se encontraba Roberto González de Córdoba que hablaba inglés y que podía servir de intérprete. Venancio Albo se prestó a ser su anfitrión ofreciendo su casona edificada en la calle de Alfonso XII. Tras estas gestiones se dirigieron de nuevo al Albatros, donde esperaba la esposa de Lindbergh con el equipaje. Después de hacer las oportunas maniobras para dejar el hidro bien amarrado en lugar seguro y bajo la vigilancia del Cuerpo de Carabineros, volvieron a tierra. Por la noche se desató una galerna y el ancla del hidroplano garreó, por lo que Lindbergh tuvo que ocuparse nuevamente del aparato y asegurarlo con la ayuda de dos marineros, mientras gente voluntaria alumbraba la faena con los faros de sus automóviles.15
Al día siguiente, domingo, a las 12 de la mañana, Lindbergh y su esposa acompañados de la familia Albo se dirigieron al Ayuntamiento, recibiendo a su llegada una fuerte ovación de casi todo el pueblo que había acudido a la plaza, recordando como años antes, con el Spirit of St. Louis, Lindbergh había realizado la primera travesía del Atlántico en solitario y sin escalas, entre Nueva York y París. Fue todo un acontecimiento. Fueron recibidos por todas las personalidades de Santoña, militares y civiles e invitados en el salón de sesiones a un ágape que, según las cuentas registradas en los archivos del Ayuntamiento, fue un gasto extra que el municipio tardó un año en poder pagar. A continuación fueron acompañados a una visita turística.16
Por parte del Gobierno y altos cargos de la Aeronáutica Militar Española, recibió Lindbergh telegramas y cartas de simpatía y ofrecimientos constantes de ayuda. El lunes 13 de noviembre, Lindbergh y su avión ya estaban preparados para emprender el vuelo. El pueblo santoñés en pleno acudió a la despedida. A las 10:50 el Albatros, tras hacer unas evoluciones para calentar motores, emprendió el vuelo rumbo a Lisboa. Hizo un alto en el río Miño, cerca de Tuy, desde donde mandó un telegrama a la familia Albo. El día 17, reunido el Ayuntamiento de Santoña en sesión plenaria, fue leída (traducida) por el alcalde Gumersindo Valle la nota de agradecimiento17 que el aviador había dejado:
Apreciable señor alcalde: Antes de abandonar Santoña, deseamos expresarle nuestra gratitud por las grandes atenciones y la hospitalidad que hemos recibido en esta villa. Hemos encontrado el puerto en condiciones excelentes para amerizar en la oscuridad que estaba ya encima. Queremos agradecer a usted y al vecindario de Santoña la gratitud y hospitalidad dispensadas, muy particularmente por el auxilio que encontramos, a nuestra llegada durante la tempestad. Afectuosamente Charles A. Lindbergh.
Ramón Franco
El domingo 8 de julio de 1934, a las 10:30 de la mañana, amerizaba en la bahía de Santoña la escuadrilla nº 6 de hidros, que tenía su base en Los Alcázares (Mar Menor, Murcia), bajo el mando del comandante Ramón Franco, el primer hombre en realizar la travesía aérea del Atlántico sur. A la escuadrilla le acompañaba la Patrulla del Grupo nº 10 del Atalayón de Melilla. Estaban realizando un viaje de reconocimiento por la costa española con el propósito de estudiarla para fines militares. La escuadrilla fue recibida por las autoridades civiles y militares, organizando actos festivos y homenajes en los que participó todo el pueblo.18
La escuadrilla levantó el vuelo el miércoles 11, en marea baja y viento racheado del sureste, lo que dificultó el despegue. La despedida fue multitudinaria y la gente disfrutó con las evoluciones artísticas con que les regalaron los pilotos en el aire antes de partir. El periódico de la villa había escrito esta reseña:
La operación de amerizaje se realizó con entera normalidad, quedando demostradas las excelentes condiciones de nuestra bahía como base de refugio.
La muralla
Hacia el año 1861 se consideró oportuna la construcción de una muralla; en 1895 se declaró la obra como inútil. El proyecto inicial era que, partiendo del fuerte de San Martín, recorriera todo el lado sur, siguiera por el lado oeste hasta rematar (a lo largo del lado norte), en la batería de la Cueva, situada en el extremo este de la playa de Berria. De todo este recorrido sólo llegó a levantarse un km por todo lo largo del Pasaje, más dos baluartes y los cimientos de un tercero. Uno de estos baluartes, el central, estaba en el lugar que después ocuparía el monumento a Carrero Blanco y el otro más hacia el oeste, donde se estableció el Parque infantil, cerca del monumento a Juan de la Cosa. Este baluarte tomó el nombre de Isabel II porque allí se encontraba una batería conocida con esa denominación. Los dos baluartes tenían puertas orientadas al oeste. La puerta del baluarte de Isabel II se llamaba Puerta de Santa Isabel; sus sillares sirvieron más tarde para construir la entrada de sombra de la plaza de toros. Los cimientos del tercer baluarte sirvieron como arranque para construir encima la plaza taurina.19
En vista de la inutilidad de la muralla y de los gastos que acarreaba su construcción, el Ayuntamiento decidió el cese de las obras. Para recuperar en parte los gastos, el pleno municipal aprobó la venta del material de piedra, cuyas condiciones fueron fijadas por la comisión de Fomento. Además, el Ayuntamiento empleó parte de la piedra para la construcción de la escollera, edificar la plaza de toros (1903-1907) y ampliar algunas calles como González Ahedo, en este caso con escombros. Por otro lado cedió mucho material (piedra y escombros) a Obras Públicas de la Provincia que se encargaría del arreglo del muelle-escollera y del relleno de la Maruca.
Muchos particulares compraron piedra del desmonte de la muralla, como el salazonero Giovanni Vella, que empleó los sillares adquiridos para los muros de la fábrica de la empresa Parodi.nota 4 20

Economía
Destaca del municipio, su puerto pesquero, que es uno de los más importantes de Cantabria. Es el principal motor de la economía de Santoña y alrededor de él se han desarrollado a lo largo de la historia las industrias conserveras más importantes del la costa cantábrica.21


La población del municipio se dedica al sector primario, a la construcción, a la industria y al sector terciario.

Configuración del puerto de Santoña


El puerto de Santoña (sus diques, sus muelles, pantalanes, atraques, etc.) fue configurándose desde el siglo XIX hasta llegar a la estructura que presenta en los primeros años del siglo XXI. La base de toda esta estructura hay que buscarla en las obras de cimentación de los diques mandados hacer por orden del Gobierno con la participación económica del Ministerio de Marina y del Ministerio de Guerra y en el proyecto militar de construir una escollera en la playa sur (del Pasaje). La infraestructura creada con fuertes inversiones por el Gobierno en general y los militares en particular (dársena, escolleras, terrenos para la expansión de la población, extracción de piedra y puesta a punto desde las canteras) dio como resultado un puerto con unas características especiales que le hacen ser uno de los más importantes de la costa cantábrica en su aspecto de puerto pesquero.22

Los astilleros del Encinar


Desde la Baja Edad Media se venían construyendo en Santoña embarcaciones destinadas a la pesca y al tráfico comercial. Estas actividades fueron creciendo durante los siglos XV XVI y con ellas la demanda de barcos. Por otra parte, en el siglo XVII hubo un aumento en la actividad de los astilleros como consecuencia de la construcción de galeones para la Armada Española que tenía lugar en Colindres. Estos galeones eran conducidos por la ría hasta llegar a Santoña donde se les daba el toque final de aparejos para la navegación. Los carpinteros de ribera santoñeses (aquellos que se dedican a hacer trabajos de carpintería en los astilleros) tenían fama de su buen hacer y eran requeridos y muy apreciados. Su fama se desarrolló a lo largo de los siglos XVI y XVII. Junto a ellos había todo un grupo de especialistas relacionados con el trabajo de terminación y puesta a punto de los galeones.
Los astilleros destinados a estos menesteres estaban situados en el arenal de la ribera sur, lo que hoy es el Pasaje. Tomó el nombre de El Encinar por la plantación de encinas que servían de protección a la zona.

Durante los años 1717-1718 Santoña vivió tiempos muy prósperos al establecerse en la villa un Real Astillero con el proyecto de construir 15 navíos para la Armada de Felipe V. Con este motivo se empezaron las obras de unos diques permanentes, bajo la supervisión de los comisionados reales Pedro Boyer y Cipriano Autrán. Mientras se llevaba a cabo la obra con bastante prisa, en el astillero de El Encinar estaban construyendo los navíos, los mismos que fueron quemados por la expedición anglo-francesa en su incursión de 1719 al mando del caballero Quire (o Guiry). Quemaron también el material almacenado para la construcción de otros 7 barcos y se llevaron como botín, entre otras cosas, 50 cañones en activo. Tras estos desastres, en 1724 se inició el proyecto de ejecutar grandes diques en que se pudieron construir hasta 8 navíos para la Armada, por considerar estos astilleros poco protegidos. En 1734 hubo un proyecto más ambicioso de tres diques destinados a barcos de guerra, pero las obras no pasaron de los cimientos. A partir de entonces los astilleros santoñeses se dedicaron sólo a los barcos de pesca y mercantes, volviendo a lo que había sido tradicional.23

Muelle-escollera del sur
En 1855 se presentó el proyecto para construir una escollera en la parte sur de Santoña (lo que se conoce como El Pasaje), que sirviera al mismo tiempo como muelle. El proyecto, que comprendía la construcción de rampas, escaleras y machinas para facilitar el atraque y carga y descarga de barcos de pesca y mercantes, se aprobó en 1862 y una Real Orden del 13 de febrero de ese mismo año dispuso que los costes corrieran a cargo del Ministerio de Guerra. El muelle-escollera recorrería el gran tramo sur, desde el fuerte de San Martín hasta el edificio de la cárcel (ubicado frente al actual puerto deportivo, en terrenos donde después se construirían edificios de fábricas y otros menesteres). En 1865 se terminaron las obras de relleno y escollera, aunque quedó un espacio sin rellenar entre la línea de costa y la escollera, espacio conocido como la charca o la maruca que años más tarde sería el secadero de redes; en el siglo XXI se destinó este lugar a pistas deportivas.24

Negociaciones


En 1895 el Ayuntamiento de Santoña firmó un documento de permuta con los militares por el cual (además de otros asuntos) el muelle sur-escollera pasaba a ser propiedad municipal. Pero más tarde se vio el gran esfuerzo de mantenimiento que esto suponía y en 1907 el Ayuntamiento negoció con el Estado cediéndole la escollera para que así costease parte de las obras realizadas y su mantenimiento. Por su parte el Ayuntamiento facilitaba la construcción del nuevo penal (El Dueso). El Estado se hizo cargo de los muelles, escollera, machina y mantenimiento de obras.



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