Hombre joven. Qué raro. Mujer joven. Qué



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ESCENA 1

HOMBRE JOVEN. Qué raro.

MUJER JOVEN. Qué.

HOMBRE JOVEN. Todo esto.

MUJER JOVEN. A qué te refieres.

HOMBRE JOVEN. No sé si te has dado cuenta.

MUJER JOVEN. No. De qué.

HOMBRE JOVEN. Tengo la sensación…

MUJER JOVEN. Di.

HOMBRE JOVEN. La extraña sensación…

MUJER JOVEN. Qué te pasa.

HOMBRE JOVEN. Es como si…

MUJER JOVEN. Como si qué…

HOMBRE JOVEN. Como si ya no…

MUJER JOVEN. No, qué.

HOMBRE JOVEN. Como si ya no tuviéramos…



Pausa

MUJER JOVEN. Qué.

HOMBRE JOVEN. Nada que decirnos.

Pausa

MUJER JOVEN. Sí.

HOMBRE JOVEN. Sí, qué.

MUJER JOVEN. Sí que tenemos algo que decirnos.

HOMBRE JOVEN. Ah, ¿si?

MUJER JOVEN. Sí.

HOMBRE JOVEN. Qué.

Pausa

HOMBRE JOVEN. Dí, qué.

MUJER JOVEN. Pues no sé, ahora no caigo.

HOMBRE JOVEN. ¿Lo ves? ¿Te das cuenta?

MUJER JOVEN. No. No lo veo. No me doy cuenta.

HOMBRE JOVEN. No quieres darte cuenta.

MUJER JOVEN. Pero, ¿de qué? Vamos a ver: ¿de qué?, dime, ¿de qué coño tengo que darme cuenta, si puede saberse?

HOMBRE JOVEN. ¿Quieres que te lo repita?

MUJER JOVEN. No, por favor. Si tienes que decir lo que ya has dicho antes, más vale que te calles.

HOMBRE JOVEN. Bueno, entonces, si más vale que me calle, me callo.



Pausa

MUJER JOVEN. Tenemos mucho que decirnos, todavía, lo sabes perfectamente. Sé que hay cosas que piensas y te callas porque no quieres decirlas, o no quieres decírmelas, sí decírmelas, a mí, por algún problema tuyo que ignoro, que hasta tú mismo ignoras, y eso me ofende, ¿sabes?, me ofende, me angustia, me duele, y me duele verte así, verme así, vernos así, llenando con vanas palabras todos estos vanos momentos de silencio, y luego los insultos, tus insultos, porque es nada que decirme.

HOMBRE JOVEN. Perdón. Un momento.

MUJER JOVEN. ¡¿Por qué me interrumpes?! ¡¡Siempre me interrumpes cuando empiezo a… a construir un… un discurso mínimamente coherente que sobrepase los… los monosílabos que tanto caracterizan nuestras charlas cotidianas!! ¡Te pareces a mi madre; y si me fui de su casa no fue precisamente para irme a vivir con otro como ella o peor todavía! ¡¡No hay perdón ni momento que valga!! ¡¡Estaba hablando yo y seré yo quien siga hablando!! ¡A ver si empiezan a cambiar ya las cosas en esta casa de mierda, al menos en ésta!



El la abofetea violentamente

HOMBRE JOVEN. Cuando una persona pide perdón, se le perdona, se calla y se le escucha, ¿me entiendes? Y yo acabo de pedirte perdón sólo para hacer un breve inciso en tu… estupendo discurso tan explícito y coherente y voy a hacerlo, ¿me oyes?, ¡¡voy a hacerlo, voy a hacerlo, voy a hacerlo!!



El vuelve a abofetearla, aún más violentamente.

HOMBRE JOVEN. No he dicho que yo ya no tenga nada que decirte, ¿me oyes?



Vuelve a abofetearla, salvajemente.

HOMBRE JOVEN. He dicho que ya no tenemos nada que decirnos. No yo. No tú. He dicho: nosotros.



Silencio.

MUJER JOVEN. ¿Qué quieres para cenar?

HOMBRE JOVEN. No sé. ¿Qué hay?

MUJER JOVEN. Carne, huevos, ensalada. Puedo hacer espaguetis, si lo prefieres.

HOMBRE JOVEN. No, no, pasta, de noche, no, que luego se me indigesta. Prefiero una ensalada de esas con muchos ingredientes y un buen postre.

MUJER JOVEN. Tenemos lechuga, tomate, zanahoria, maíz tierno, aceitunas, apio, cebolla.

HOMBRE JOVEN. No, no, nada de cebolla, que luego repite mucho.

MUJER JOVEN. Sí, porque te huele el aliento y luego dejas un pestazo en la cama que no hay quien lo aguante.

HOMBRE JOVEN. Podemos ponerle también cachitos de manzana y de piña, si hay, claro.

MUJER JOVEN. ¡Sí! ¡Una ensalada tropical! Me apetece mucho. Pero la piña es de lata.

HOMBRE JOVEN. Da igual.

MUJER JOVEN. Bueno, pues nada, manos a la obra. ¡Huy!, no sé si quedará algo para el postre.

HOMBRE JOVEN. ¿No queda ningún flan?

MUJER JOVEN. Ay, sí, qué despistada. Precisamente he comprado dos esta mañana. Ah, también hay yogur.

HOMBRE JOVEN. Prefiero un flan.

MUJER JOVEN. Pues yo un yogur.

HOMBRE JOVEN. Yo un flan.

MUJER JOVEN. Muy bien, tú te tomas un flan y yo me tomo un yogur, no pasa nada.

HOMBRE JOVEN. No pasa nada. ¿Te ayudo a preparar la ensalada?

MUJER JOVEN. Sí, así acabamos antes. ¿Vamos a la cocina?

HOMBRE JOVEN. Vamos.

Se disponen a salir. Ella se detiene.

MUJER JOVEN. Perdón. Un momento.

HOMBRE JOVEN. Qué

Ella le pega un puñetazo en el estómago y un golpe de rodilla en los testículos. El cae al suelo.

MUJER JOVEN. No hay aceite.

HOMBRE JOVEN. Ah.

MUJER JOVEN. Se nos ha acabado. Tendrás que ir a pedirle un poco a la vecina.

HOMBRE JOVEN. Ah, no puedo resp…

MUJER JOVEN. Venga, levántate, no podemos perder el tiempo tontamente.

HOMBRE JOVEN. Ah. Ah.

MUJER JOVEN. Venga, vamos, levántate, coge un vaso, y mientras yo pongo la lechuga en remojo, vas y le pides a la vecina que te lo llene de aceite de oliva. Pero que sea de oliva, ¿eh?, no soporto las ensaladas con aceite de girasol o de maíz, son insípidas.

HOMBRE JOVEN. Eres un monstruo.

MUJER JOVEN. Levántate ya y ve a la cocina.

HOMBRE JOVEN. Eres repugnante.

Ella le da otra patada en plena cara.

MUJER JOVEN. ¡¿Te levantas o no te levantas?!



Ella le da otra patada en plena cara.

MUJER JOVEN. ¡¡¿Vas a la cocina o no vas a la cocina?!!



Le da otra patada en la cara.

MUJER JOVEN. ¡¡¡¿Vas a ir a pedir aceite a la vecina o no vas a ir a pedir aceite a la vecina?!!!



Le da otra patada en la cara, ésta más fuerte.

MUJER JOVEN. ¡¡¡¡¿Quieres una ensalada tropical o no quieres una ensalada tropical?!!!!



Silencio.

HOMBRE JOVEN. Ah.

MUJER JOVEN. Qué.

HOMBRE JOVEN. Aah.

MUJER JOVEN. No entiendo lo que dices.

HOMBRE JOVEN. Aaah.

MUJER JOVEN. Perdón, es que si no articulas mejor…

HOMBRE JOVEN. Aaaah.

MUJER JOVEN. ¿Quieres decirme algo, quizá?

HOMBRE JOVEN. Mmm… ss… sí…

MUJER JOVEN. ¿Lo ves? ¿Te das cuenta? ¿Ves cómo todavía tienes algo que decirme?

ESCENA 2


Un parque. Un banco de piedra. Mujer Joven y Mujer Mayor.

MUJER JOVEN. Qué quieres.

MUJER MAYOR. Presta atención.

MUJER JOVEN. Que preste atención, ¿a qué?

MUJER MAYOR. A lo que voy a leer. Sabes que me cuesta hablar. Y lo que quiero decirte… Escúchame atentamente.

MUJER JOVEN. Qué es.

MUJER MAYOR. No tiene importancia. No importa quién lo haya escrito. No importa cómo esté escrito. Me importa más lo que dice. Palabras que nos atañen. Espero que las entiendas y entiendas por qué las leo.

Abre el libro que tiene sobre sus rodillas y lee:

MUJER MAYOR. “Cae la noche y el silencio… abandona la ciudad; porque en realidad no es cierto que el silencio sea la noche; es un tópico vulgar creer que todo se para cuando se para la gente, y luego la gente cree… que detenerse por fin después de tanta rutina supone parar el tiempo y penetrar en la calma, y piensa que eso es la noche: el reposo del guerrero, un teatro que bosteza, somnolencia aletargada, un paréntesis vacio, la nada tan necesaria.

MUJER JOVEN. ¡Coño, mamá, para el carro!

MUJER MAYOR. ¿Qué?

MUJER JOVEN. ¡Cállate ya, joder! ¡Me cago en dios, qué rollazo! ¿Qué coño intentas decirme, si es que tienes la intención de decirme lo que sea? ¿No me habrás hecho venir de tan lejos y tan tarde para darme la paliza con esas gilipolleces, con esas manías tuyas de palabras relamidas, frases sin pies ni cabeza y elevados pensamientos para cuatro subnormales que intentan dejar de serlo? ¡Déjate de cursiladas y suelta ya lo que quieres sin estúpidos rodeos, porque me tengo que ir, me esperan para cenar, no puedo perder el tiempo con un vieja aburrida!

MUJER MAYOR. ¡Vete!

MUJER JOVEN. Mamá, no empecemos.

MUJER MAYOR. Sólo te pido un minuto. Estoy tan sola, hija mía, ya hay tantas cosas que pienso… Desde el día que te fuiste, la casa no es lo que era. Sí, antes era un infierno, una batalla constante: riñas, gritos, malas caras, angustia, llanto, tensiones. Tengo que reconocer que quizá fuera culpa mía que se hubiera declarado una guerra entre nosotras, pequeña guerra, aunque hostil, a base de gestos mínimos y de mínimas palabras y de silencios eternos. Si la guerra más cruel es la guerra entre mujeres, es más cruel todavía entre una madre y su hija. Pero ahora que no estás, ¡la añoro tanto!

MUJER JOVEN. ¿Qué dices? ¿Te has vuelto loca?

MUJER MAYOR. Sí. Sí.

MUJER JOVEN. ¿Lo reconoces?

MUJER MAYOR. Sí. Sí.

MUJER JOVEN. ¿Y para eso me llamas, me citas con tanta urgencia, te atreves a molestarme y me ruegas que te escuche? ¿Para decir lo que se? ¿Que estás loca de atar?

MUJER MAYOR. No. Para decirte por fin lo que no te he dicho nunca. Sé que ha llegado el momento.

MUJER JOVEN. ¿Qué momento?

MUJER MAYOR. El momento

MUJER JOVEN. ¿De llevarte al manicomio?

MUJER MAYOR. De decirte la verdad.

MUJER JOVEN. Si en casa te sientes sola, si la vejez te da miedo y no tienes dónde pegarla, vete a vivir a un asilo, me han dicho que son preciosos, estupendos, confortables…

MUJER MAYOR. Yo… La culpa no fue mía.

MUJER JOVEN. Conocerías a gente, te lo pasarías bien. Son hotelitos muy monos, para viejos pero limpios, se puede entrar y salir, los horarios no son rígidos, ya hasta hacen excursiones…

MUJER MAYOR. Siento haber tardado tanto…

MUJER JOVEN. Hazme caso.

MUJER MAYOR. ..En decírtelo.

MUJER JOVEN. ¿Cómo puedo convencerte? Sé que…

MUJER MAYOR. No soy tu madre.

MUJER JOVEN. … el asilo es ideal. Es tu lugar ideal. Vete a un asilo.

Silencio

MUJER MAYOR. ¿Qué hora es?

MUJER JOVEN. Muy tarde.

MUJER MAYOR. Hija.

MUJER JOVEN. Qué.

MUJER MAYOR. Pensaba que este parque era un lugar ideal para decirte que por fin he tomado una determinación respecto a esa maní tuya de alejarme de tu lado y dejar de ser una carga para ti y para el mundo. Sé que soy joven todavía, pero también soy consciente de mi enfermedad y soy consciente de que todo me ahoga y de que miento, me miento, te miento para matar el tiempo o para recuperarlo, por eso te ruego…

MUJER JOVEN. Hablas como un libro.

MUJER MAYOR. Te ruego que te encargues tú de los trámites, así me ahorras trabajo y problemas de papeleo y de legalidades y llamadas y esfuerzos y visitas y no hagas ningún caso de lo que te digo, de lo que te he dicho. Ya me habías convencido.

MUJER JOVEN. Sí, tienes razón. Este es un lugar ideal. Es un parque tan tranquilo. Tan solitario, mamá. Tan solitario.

MUJER MAYOR. No te entiendo.

MUJER JOVEN. No te preocupes. Yo me encargaré de todo.

MUJER MAYOR. Gracias.



Pausa

MUJER JOVEN. Mamá.

MUJER MAYOR. Qué.

MUJER JOVEN. Tendrías que haber abortado.

MUJER MAYOR. Me encantará, estoy segura. El asilo me encantará.

MUJER JOVEN. Adiós.

MUJER MAYOR. Llámame.

MUJER JOVEN. Todavía más.

ESCENA 3

Salón de un asilo. Un sofá. Mujer Mayor y Mujer Vieja.

MUJER VIEJA. Me gustaba bailar el tango.

MUJER MAYOR. A mí, el rock and roll.

Pausa

MUJER MAYOR. Yo siempre bailaba el rock and roll, cada sábado y cada domingo, me escapaba de casa a escondidas por la ventana del patio, y él me esperaba en el callejón de detrás, detrás del patio, y nos cogíamos de la mano; él siempre tenía la mano caliente, la mía siempre estaba fría, y él me la calentaba, y nos poníamos a correr hacia el norte de la ciudad. Allí, desde la Avenida, ya se oía la música: rock del auténtico, y bailábamos como idiotas, y así un año entero, o quizá más, apretándonos las manos y los cuerpos apretados, cada fin de semana hasta que… hasta que… llegó la niña, la estúpida de la niña, no puedes imaginarte cuánto odiaba a esa niña mía asquerosa cuando estaba en mi vientre: ¡me impedía bailar! Y la barriga inflándoseme cada día más; pero una tarde, para desahogarme fui completamente sola a la Avenida, al salón de baile de la Avenida, completamente sola, él ya no estaba y nunca más volvió ni volví a verle y todavía me acuerdo de él: brazos musculosos y piernas robustas, vientre de bronce y manos abrasantes; huyó, pero aquella tarde yo bailé como nunca, era una droga, no podía parar y todos me miraban y yo bailando sola; la estúpida de mierda debía de tener ya siete meses de letargo aquí dentro, sorbiendo mi sangre, robando el alimento de mis entrañas, chocando contra el hígado y los huesos, el estómago y las tripas y contra mis riñones, porque era eso lo que yo quería; agitarla, marearla, vomitarla; mi venganza: casi seis meses, desde los primeros mareos, seis meses sin dejarme bailar el rock and roll, la imbécil, la traidora, la inoportuna criatura monstruosa, porque el rock se baila en pareja y él se largó; pero aquella tarde yo sola bailé como una loca delante de todos, y cuando sonó mi rock preferido, la sangre me llegaba ya hasta los tobillos…



Pausa

MUJER VIEJA. Me gustaba bailar el tango porque también odio a los hombres, yo también los odio; y cuando bailábamos, aquel pobre tonto ni se daba cuenta. Y era feliz, el infeliz, porque creía que me estaba dominando. Se ha dicho siempre… que el tango es dominio del macho… y yo sabía que no, y allí mismo dejé plantado yo al mío, en la sala de baile, cuando quiso meterme la mano entre las piernas después de haber bailado su tango favorito. Pobre chico, ya ni me acuerdo de su cara, sólo recuerdo sus manos peludas como orugas negras y el horror entre sus piernas. Pobrecito. Nunca más volví a bailar con ningún otro hombre, nunca más… y eso que me gustaba bailar el tango. Desde luego, qué cosa más rara… me gustaba el tango.



Pausa

MUJER MAYOR. No sabía que estabas aquí.

MUJER VIEJA. No tengas miedo. Acabarás acostumbrándote a este sitio.

Pausa

MUJER MAYOR. Cómo pasa el tiempo.

MUJER VIEJA. Eso dicen.

MUJER MAYOR. Pero tú estás muy bien.

MUJER VIEJA. No es verdad.

MUJER MAYOR. Te lo digo en serio.



Pausa. La Mujer Mayor mira fijamente a la Mujer Vieja, le coge la mano y se acerca. De repente, suena una música dulce, cursilona, pasada de moda. Sonido ligeramente defectuoso.

MUJER VIEJA. ¿Bailamos?

MUJER MAYOR. Intentémoslo.

Se levantan. Se abrazan. Bailan.

MUJER VIEJA. Es horrible.

MUJER MAYOR. Insoportable.

MUJER VIEJA. ¡Oh, basta ya!



Dejan de bailar.

MUJER MAYOR. Qué desastre.

MUJER VIEJA. ¡Que quiten eso!¡Que lo paren!

La música se para.

MUJER MAYOR. ¿Siempre es así?

MUJER VIEJA. Viejas monjas idiotas.

MUJER MAYOR ¿Siempre así?

MUJER VIEJA. No me canso de repetírselo, pero no hay nada que hacer.

MUJER MAYOR. Qué horror.

MUJER VIEJA. Si ese equipo de música fuera mío…

MUJER MAYOR. Si fuera… nuestro…

MUJER VIEJA. Nada. Nada. Música de asilo, música de asilo, para viejos chochos, a las monjas de mierda les gusta la música de asilo, les encanta, las vuelve locas y no les entra en la mollera que yo la detesto y no soy la única. Nada, nada, ¡volveré a quejarme!

MUJER MAYOR. Eso, vamos a quejarnos.

MUJER VIEJA. Sí, las dos juntas, mejor las dos juntas, unidas venceremos.

MUJER MAYOR. No te preocupes, estoy contigo.

MUJER VIEJA. Tendremos que ponernos duras, fuertes, intransigentes.

MUJER MAYOR. Pues seamos duras, fuertes, intransigentes.

MUJER VIEJA. Habrá que adoptar medidas drásticas.

MUJER MAYOR. ¿Cómo por ejemplo?

MUJER VIEJA. Huelga de hambre. Huelga de hambre.

MUJER MAYOR. ¡Eso! Hasta que no nos pongan la música que nos gusta.



Pausa.

MUJER VIEJA. Quizá nos dejarán morir.

MUJER MAYOR. Quizá sí.

MUJER VIEJA. A mí me falta ya poco tiempo...

MUJER MAYOR. ¡No!

MUJER VIEJA. Sí.



Pausa.

MUJER MAYOR. Nos tenemos la una a la otra.

MUJER VIEJA. No tengas miedo. Acabarás acostumbrándote a este sitio.

ESCENA 4


Una calle. Un container. Mujer Vieja y Hombre Viejo.

HOMBRE VIEJO. Puta vestida de vieja.

MUJER VIEJA. Qué estás buscando.

HOMBRE VIEJO. Comida.

MUJER VIEJA. Hace más de diez años que no nos veíamos.

HOMBRE VIEJO. Tengo hambre.

MUJER VIEJA. ¿No me dices nada?

HOMBRE VIEJO. Puta.

MUJER VIEJA. ¿No me dices nada?

HOMBRE VIEJO. Puta puta puta. Vete tengo hambre vete.



Pausa. El Hombre Viejo mete medio cuerpo en el container y hurga las bolsas de basura.

MUJER VIEJA. Me quedan sólo unos veinte minutos. Porque cierran el asilo a las nueve. Alguien me ha dicho que estabas aquí. Y hoy por fin he salido a buscarte. Diez años son muchos y no has cambiado. Ocho y media, ya son las ocho y media. Llevo más de cinco horas andando. Porque he salido después de comer. Y he estado dando vueltas y más vueltas. Me han dicho que estabas aquí. Ya sé que duermes en la calle. Que tus sábanas son periódicos. Hace diez años que lo sé y hoy por fin me he decidido. En realidad, no sé por qué. O sí lo sé, no sé.

HOMBRE VIEJO. ¡¡Una sardina!!

MUJER VIEJA. No me das lástima.

HOMBRE VIEJO. ¡¡Tres sardinas!!

El Hombre Viejo saca del container una bolsa que acaba de rasgar. Se sienta en el suelo y saca de la bolsa una lata de sardinas abierta.

MUJER VIEJA. No me das lástima.

HOMBRE VIEJO. Vete puta vete son mías.

MUJER VIEJA. No quiero comer.

HOMBRE VIEJO. Cabrona cabronaza sé quién eres sé quién eres.

MUJER VIEJA. Sabes quién soy.

HOMBRE VIEJO. Sí: puta vestida de vieja: un policía disfrazado. ¡No, no, no!

MUJER VIEJA. ¿Por qué no vienes conmigo al asilo?

HOMBRE VIEJO. Mi culito no quiere frío.

MUJER VIEJA. Por qué no vienes conmigo al asilo.

HOMBRE VIEJO. Eh. Ah. Mi hermana hermanita vivía en un asilo.

MUJER VIEJA. Tu hermana.

HOMBRE VIEJO. Puta vestida de vieja.

Pausa.

El Hombre Viejo como ávidamente una sardina.

MUJER VIEJA. Tengo que irme.

HOMBRE VIEJO. Sardinita sardinita. Sardinita bonita. La rica sardinica.

MUJER VIEJA. Ven conmigo.

HOMBRE VIEJO. ¡Tengo sed qué salada, qué salada!

Tira la sardina a la cara de la Mujer Vieja.

MUJER VIEJA. Ah. Qué haces.

HOMBRE VIEJO. Sardinitas saladas para las putas viejas tengo hambre tengo sed.

El Hombre Viejo vuelve a escarbar en el container.

MUJER VIEJA. ¿Y si fuera la última vez que nos vemos? Tú eres fuerte, estás loco, los locos son fuertes, demasiado fuertes para morir antes de tiempo. Yo estoy enferma y soy mayor que tú. No mucho, pero lo soy, sólo tres años, pero ya son años. Ahora sí, aunque antes… ¿qué eran antes tres años para nosotros? Nada. Y nos entendíamos. Siempre nos hemos entendido, nos habíamos entendido… antes… sobre todo antes… Cuando nos apagaban la luz de la habitación, hablábamos en voz baja, cuchicheábamos y nos moríamos de risa, nos entendíamos. No teníamos miedo, nos lo confesábamos todo.

HOMBRE VIEJO. ¡¡Pollo frito!!

MUJER VIEJA. No pretendas darme lástima.

HOMBRE VIEJO. ¡¡Un pollo frito entero sin rebañar!!

Coge otra bolsa de basura, ya rasgada. Saca de ella unos huesos de pollo. Se sienta en el suelo. Alrededor de él, desperdicios.

MUJER VIEJA. No pretendas darme lástima.

HOMBRE VIEJO. Pollito frito una pechuga y un muslito. No te voy a dar puta vieja camionera.

MUJER VIEJA. No quiero comer. No tengo hambre.



El come. Ella lo observa, se agacha y se sienta a su lado. El la mira, sorprendido.

HOMBRE VIEJO. Usted no es un policía.

MUJER VIEJA. No.

HOMBRE VIEJO. Es una vieja.

MUJER VIEJA. Sí.

HOMBRE VIEJO. Una vieja que fue joven.

MUJER VIEJA. Sí.

HOMBRE VIEJO. ¿Usted es buena?

MUJER VIEJA. Sí.

HOMBRE VIEJO. Entonces puedo decirle un secreto secretito.

MUJER VIEJA. Sí.

El le muestra una mano y señala un anillo.

HOMBRE VIEJO. ¿Le gusta?

MUJER VIEJA. Sí.

HOMBRE VIEJO. Yo tenía una mujer.

MUJER VIEJA. Ya lo sé.

HOMBRE VIEJO. Usted no sabe nada.

MUJER VIEJA. Vente al asilo.

HOMBRE VIEJO. Una mujer mía mía.

MUJER VIEJA. Tu mujer.

HOMBRE VIEJO. Se murió.

MUJER VIEJA. Hace ya tanto tiempo.

HOMBRE VIEJO. Me dejó.

MUJER VIEJA. Vente al asilo.

HOMBRE VIEJO. Me dejó.

MUJER VIEJA. Hace ya demasiado tiempo.

HOMBRE VIEJO. Me dejó antes de morirse.

MUJER VIEJA. No es verdad.

HOMBRE VIEJO. Vivíamos juntos.

MUJER VIEJA. Qué estás comiendo.

HOMBRE VIEJO. Nos veíamos poco.

MUJER VIEJA. No hables tanto.

HOMBRE VIEJO. Mi mujer tenía una novia. Ji ji.

MUJER VIEJA. Vente al asilo.

HOMBRE VIEJO. Qué pollo más bueno.

MUJER VIEJA. Yo soy buena.

HOMBRE VIEJO. Era yo quien cocinaba.

MUJER VIEJA. Me estoy muriendo.

HOMBRE VIEJO. Mi hermana.

MUJER VIEJA. Diez años sin verte.

HOMBRE VIEJO. Y mientras yo cocinaba…

MUJER VIEJA. Perdóname.

HOMBRE VIEJO. …Mi mujer tenía una novia: mi hermana.



Silencio

MUJER VIEJA. Tengo hambre.



El le alarga a ella un hueso de pollo sin rebañar. Comen. Miradas perdidas.

Pausa.

Ella se levanta con dificultades.

MUJER VIEJA. Menos cuarto, las nueve menos cuarto. El asilo cierra a las nueve. No quieres venir conmigo. Me voy.



El Hombre Viejo suelta una gran carcajada.

ESCENA 5


Una calle. Escalones de un bar cerrado.

Hombre Viejo y Niño.

NIÑO. Tú, qué llevas en los bolsillos.

HOMBRE VIEJO. A la cama nene a la cama.

NIÑO. Si es dinero, dámelo.

HOMBRE VIEJO. ¿Qué hora es? ¿No es muy tarde no es muy tarde?¿No son las tres no son las cuatro?

NIÑO. Cállate.

HOMBRE VIEJO. Oh cállome cállome…

NIÑO. ¿Qué es eso que llevas en los bolsillos?

HOMBRE VIEJO. Niño niño tú eres un niño y es de noche muy tarde muy tarde. El bar: cerrado.

NIÑO. Dámelo.

HOMBRE VIEJO. Ah hijoputa hijo de puta tu madre es una puta.

NIÑO. Mi madre no es una puta, imbécil.

HOMBRE VIEJO. Oh quieres robarme. Los hijoputas roban pegan roban y pegan.

Pausa.

NIÑO. Eh. ¿Por qué me miras tanto, viejo chocho? ¿Tengo monos en la cara o qué?

HOMBRE VIEJO. Mono no. Eres un niño. Los niños no viven de noche. Yo sí. Otros también. Entonces no eres un niño. Eres un demonio un animal.

NIÑO. Tú sí que eres un animal.

HOMBRE VIEJO. Ah no ah no ah no. Yo soy un hombre soy un hombre soy un hombre.

NIÑO. ¿Quieres un cigarro?



El Niño saca un cigarro y fuma.

NIÑO. Son buenísimos. Los mejores. Me han costado trescientas sesenta, porque son más buenos.

HOMBRE VIEJO. Un cigarro.

NIÑO. Toma, me caes repelente asqueroso pero te lo doy si no les dices nada a los polis cuando te vean y te pregunten por mí.

HOMBRE VIEJO. No digo nada no no no digo nada.

NIÑO. Toma, pero tú no me has visto, ¿eh?

HOMBRE VIEJO. Que no que no que no que no he visto nada.

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