Homenaje a Toledo



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HOMENAJE A TOLEDO
El poema “Homenaje a Toledo” nació por encargo de Paco Llorca, actor, juglar y quijote alicantino que mereció mucha mejor suerte de la que tuvo. Mes y pico antes del Recital que iba a ofrecer en el Teatro de Rojas de Toledo (26-12-91), me llamó para decirme que quería homenajear a una ciudad que le había cobijado tan hospitalariamente durante el año que había vivido en ella y en la que tenía tantos amigos. Buscó entre los autores toledanos, pero tuvo poca paciencia y me terminó sugiriendo:

- “No sé, en El Huésped del Sevillano hay un fragmento que... Claro que es tan cortito... dos estrofas tan sólo ¿Por qué no haces tú algo a partir de esa idea?”

Dichas estrofas, que aparecen en el poema en cursiva, pertenecen, efectivamente, a la famosa zarzuela El Huésped del Sevillano, “cuya letra es de Enrique Reoyo y Juan I. Luca de Tena y cuya música es de don Jacinto Guerrero, el Maestro Guerrero. Y éste sí es toledano. O sea que hasta aquí íbamos bien. No lo fuimos tanto al leer yo el libreto, y especialmente las estrofas a las que Paco aludía, pues en ellas resaltaba claramente un patriotismo excesivo, al menos para estos tiempos que corren, por más que fueran puestas en los labios exquisitos y gloriosos de don Miguel de Cervantes. Pero luego me di cuenta de que Toledo había gozado de increíbles períodos históricos y ante ellos era fácil rendirse, pues, a fin de cuentas, ¿a quién amarga la gloria o el laurel? ¿Quién es insensible a la púrpura? ¿A quién no ahueca el halago, aunque emane de un remoto reflejo? ¿Quién no ha fundido su yo con alguna suerte de patria? ¿Quién no ha llevado en su alma la inconsistencia de un ídolo, el sueño vanidoso de una u otra bandera? ¿Quién no ha entonado algún día los epinicios más necios, más ufanos? Y, por último, ¿quién no ha encendido la antorcha para cantar abiertamente a los dioses?

Y si se hacen estas cosas, ¿por qué no iba a cantar yo sinceramente a Toledo, siendo como es tan extraordinario y tan grande?...

Pero volviendo al ínclito Huésped, por medio de unos cálamos currentes apasionados, encendidos, entregados sin tapujos al laurel y a la magnificencia (y, eso sí, un tanto extemporáneamente), Cervantes anunciaba una ilusión que ya había cumplido en su día (Recuérdese La Ilustre Fregona): la de “escribir una historia en un mesón de Toledo”.

Bien, pues de ahí me agarré yo para escribir no una gesta heroica de su gloriosa epopeya, que acaso fuera empeño imposible, sino un poema sencillo que, bajo el título de “Homenaje a Toledo”, pretende recordar a los toledanos, aunque no sólo a ellos, aspectos de su arte y de su historia verdaderamente grandiosos...”

En el próximo mes de abril (2005) se cumplen 13 años de la muerte de Paco Llorca. Suyo fue el encargo, suya la idea, mío es el recuerdo.
HOMENAJE A TOLEDO
(Escrito expresamente para ser declamado por Paco Llorca en el teatro De Rojas)
Aunque es verdad que el acero

tiene que ser toledano,

para cantar a Toledo

se puede ser zamorano


O complutense enjundioso

y Huésped de un Sevillano,

de Benidorm, del Toboso,

judío, moro o cristiano


Pero es verdad que el acero

tiene que ser toledano.


Una espada, bien templada,

no puede ser de Granada,

ni de León, ni de Oviedo.

Tiene que ser toledana:

De Toledo.
Escrito está con acordes

de don Jacinto Guerrero:


Forja la espada, espadero,

y no des paz a la mano,

porque la forjas de acero

toledano.
Y si algún sable galano

presume de hoja gloriosa,

aunque venciera en Tolosa

o es de Toledo o es vano.


Esta verdad fue notoria

para el mortal que a una mano

quiso escribir una historia

en un mesón toledano.


Y más allá del acero,

que es insensible a lo humano,

glosó el honor de Toledo

con estos versos ufanos:


Toledo, solar hispano,

crisol de la raza ibera,

dichoso aquel que naciera

español y toledano.
Oh, Toledo, si yo puedo,

para tu honor y mi gloria,

he de escribir una historia

en un mesón de Toledo.
En este enclave glorioso

pusieron lentos los años

mezquitas para los moros,

para los reyes palacios.


Conventos y sinagogas,

alcázares, santuarios,

basílicas, juderías

y algunos puentes romanos.


Castillos con torreones,

adarves, plazas y patios,

murallas de humilde piedra

y grandes sueños arábigos.


Y muchas puertas ilustres

por las que tantos pasaron:

Cambrón, Bisagra, Almofala,

Albadaquín, Doce Cantos...


La catedral, que es un mundo,

con imafronte y pináculos,

campana grande, girola,

triforio, puertas, ochavo.


Con chapitel y capillas,

con Transparente y con claustro,

con sacristía, custodia y

museo de artes muy varios.


Pinturas, rejas, vidrieras,

orfebrerías, retablos:

Rivera, Goya, Carducho,

Juan Guas, Donoso, Bassano.


El Greco con El Expolio,

Velázquez con El Retrato,

y Berruguete en el coro

y con El Cristo Tiziano.


Iglesias, templos, ermitas

de devociones y amparos:

Santo Tomé y su Capilla

con ese Entierro magnánimo.


La Concepción, Tornerías,

El Arrabal, Miguel Alto,

San Sebastián, San Clemente,

Juan de los Reyes, El Tránsito...


Mezquitas de arte mudéjar,

cenobios de arte herreriano,

mozárabe, plateresco,

renacentista o románico.


En todos ellos retumban

las oraciones y cánticos

de muecines, rabinos

o sacerdotes hieráticos,

con sus talmudes o biblias,

con sus mementos coránicos,

jaculatorias, antífonas,

aleyas, preces o salmos.


Y personajes de alcurnia,

¡Bendito Dios, no sé cuántos!

Por muchos nombres que diga

son muchos más los que callo.


El Cid, Eurico, Suintila,

Carlos Primero, don Sancho,

doña Isabel La Católica

con su consorte Fernando,

y entre un puñado de Alfonsos,

Alfonso Décimo El Sabio.


Hay tantas cosas, Toledo,

que sin nombrarlas ensalzo:

El Hospital de Tavera,

Castillo de San Servando,

Zocodover, Covachuelas,

el viejo Circo Romano,

la escuela de Traductores,

el Capitán Garcilaso...


Entre estas glorias, Toledo,

tú sigues, pero yo acabo,

porque tu historia es muy larga

y mi caudal no es el Tajo.


Tan sólo quiero decirte,

con el decir de lo llano,

que aunque es verdad que el acero

tiene que ser toledano,

para cantar a Toledo

se puede ser zamorano.


O complutense enjundioso

y Huésped de un Sevillano,

de Benidorm, del Toboso,

judío, moro o cristiano.


Pero es verdad que Toledo,

universal y sagrado,

merece todas las glorias

que puedan darle los cantos.


Por ello han sido estos versos

escritos y declamados

por una mano rendida,

con una voz de entusiasmo.


Aquí el juglar: Paco Llorca.

Ahí el poeta: Mariano.


Mariano Estrada. 17-11-91

(Tanto los párrafos entrecomillados como el Poema pertenecen al libro “Paco Llorca: semblanzas del arte”)


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