I. estado del arte



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COMUNIDAD MARROQUÍ EN LA COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID: ¿DIÁSPORA O COMUNIDAD TRANSNACIONAL?

SUMARIO-I. ESTADO DEL ARTE. II. METODOLOGÍA. III. RESULTADOS. IV. CONCLUSIONES. V. BIBLIOGRAFÍA



I. ESTADO DEL ARTE

1.1 Diáspora y comunidad transnacional

La literatura anglosajona en Ciencia Política y Relaciones Internacionales denomina política de identidad, <> a lo que en España se llama cultura y relaciones interculturales (Calduch 2003, Ferreiro 2011, Valle, 2005). El objeto de estudio definido como “Identity politics” se aborda, bien desde la categoría de diáspora, bien desde el término de comunidad transnacional.

Ambos términos se utilizan indistintamente, lo cual genera una confusión conceptual y, muchas veces, se elige uno u otro en función de la disciplina desde la que se aborde o de la agenda que haya detrás de la utilización de un concepto u otro (Faist, 2010: 7). Como es obvio, cada agenda tiene una finalidad política distinta. Se puede utilizar el concepto de diáspora para enfatizar un papel más orientado a la acción política, ya sea con el propósito de atribuir al grupo una responsabilidad en la construcción de una nación, ya como modo de controlar las poblaciones en el extranjero (Faist, 2010:7). Cuando se enfoca desde una lógica económica, se construye un concepto de diáspora cuya finalidad es de financiación y se pretende hacer de la comunidad diásporica un agente en las políticas de desarrollo económico del país (Weinar, 2010). Ambas agendas instrumentalizan el término para sus propios fines, lo cual politiza el término de modo tal que no se puede utilizar como un concepto analítico inocuo (Faist, 2010: 12 Paerregaard, 2010: 91). A esta instrumentalización cabe añadir la securitización del término desde el 11-S (Cohen, 2008). Sin embargo, el concepto de comunidad transnacional tampoco está exento de politización. Como señala Faist, surge los años 90 con el objetivo de empoderar a los inmigrantes (Faist, 2010:12).

Parece claro inferir que ambos términos reflejan que los individuos como agregados sociales tienen una agencia, esto es, capacidad de acción, tanto transnacional como en las sociedades en las que residen y que dicho potencial se quiere explotar con finalidades políticas o económicas.

Al margen de las agendas, no ayuda a la falta de clarificación conceptual, la inexistencia de un consenso académico que distinga el transnacionalismo y las consiguientes minorías étnicas que se crean en los países de recepción de lo que es una comunidad diaspórica. A pesar de ello, se va a seguir a autores que sí hacen tal distinción para poder, de este modo, determinar la diferencia entre un concepto y otro.

Una definición clásica de diáspora es la hecha por Sheffer (2006): “una diáspora etno-nacional es una formación socio política creada como el resultado, de una migración, ya voluntaria, ya forzada cuyos miembros se ven a sí mismos como del mismo origen etnonacional y viven permanentemente como minorías en uno o varios países de acogida. Los miembros de esas entidades mantienen contactos regulares u ocasionales con lo que consideran sus patrias, así como con individuos o grupos con el mismo perfil que viven en otros países de acogida. Tomando como base las decisiones agregadas de asentarse permanentemente en los países de acogida, pero también en mantener una identidad común, las diásporas se identifican como tales mostrando solidaridad con su grupo y con la nación entera y se organizan y estando activas en esferas culturales, sociales, económicas y políticas. Entre sus diversas actividades, los miembros de dichas diásporas establecen redes trans-estatales que reflejan las complicadas relaciones entre las diásporas, los países de acogida, sus patrias y los actores internacionales” (Sheffer, 2006: 9 y 10).1

Sheffer enfatiza que la identificación de una diáspora debe tener en cuenta las acciones de acción colectiva tomadas por los inmigrantes, esto es, resulta necesario enfatizar el elemento de elección por parte de los inmigrantes y los grupos (Sheffer, 2006: 251). Faist define una diáspora como un grupo religioso o nacional que vive fuera de su patria (Faist, 2010: 7), mientras que el transnacionalismo hace referencia a los vínculos entre los países y, de forma más extensa, no sólo a las comunidades, sino a todo tipo de formaciones sociales, redes transnacionales activas, grupos y organizaciones (Faist, 2010: 7).

El estudio actual de las diásporas trata de evitar el esencialismo y, por ello, el constructivismo social apuesta por cambiar el foco de las comunidades a las prácticas (Faist, 2010: 19). En todo caso, parece que la investigación de índole transnacional presta una mayor atención a temas como la incorporación y la integración de los inmigrantes que la literatura sobre diáspora.

Para Faist, ambos conceptos se mueven en distintas dimensiones. La diáspora hace referencia a un grupo geográficamente disperso y, por tanto, la identidad colectiva surge con la finalidad de mantener los lazos entre el país de origen y el país de inmigración (Faist, 2010: 21) y suele hacer referencia a movimientos multigeneracionales (Faist, 20010: 21) que sedimentan a través de un largo periodo de tiempo (Bruneau, 2010: 47). Por su parte, el transnacionalismo hace referencia a la movilidad a través de las fronteras y se dedica a estudiar flujos de migración reciente (Faist, 2010: 22).

Debido al uso indistinto de los conceptos, no resulta fácil establecer los indicares qué determinen qué es una diáspora. En su clásica obra de 1986, Sheffer propuso los siguientes elementos como definidores de un grupo diaspórico:



  1. El grupo disperso debe tener una identidad colectiva distintiva.

  2. El grupo debe tener una organización propia.

  3. El grupo disperso debe mantener los vínculos con la patria, ya sean simbólicos o reales.

Actualmente, el segundo concepto se ha relajado con el paso de los años al sugerir Cohen (1997) que la identidad colectiva es suficiente en el mundo contemporáneo para mantener una diáspora unida.

1.2 La comunidad marroquí en la Comunidad Autónoma de Madrid: ¿una diáspora o una comunidad transnacional?

Sheffer pone en entredicho que exista una diáspora musulmana en Europa (Sheffer, 2006). En su opinión se trata de un fenómeno nuevo y, por tanto, aún no se puede saber si dichos grupos (muy diversos, pues proceden de países y continentes distintos) forjarán vínculos con otras comunidades musulmanas en otros lugares. Más bien, cree que dicha identificación responde a un intento de politizar este grupo de gente (Sheffer, 2006: 66).

El conocimiento del grupo de estudio adquirido durante la tesis doctoral, así como el trabajo de campo realizado en el seno del proyecto de investigación “Participación política, islam y transnacionalidad en el mundo árabo-islámico y en contexto migratorio” permiten concluir de forma decisiva que la comunidad marroquí en la Comunidad Autónoma de Madrid no es una diáspora. De hecho, esta aseveración es el punto de partida desde el cual se inicia este trabajo.

El objeto de estudio del trabajo que aquí se presenta es la comunidad marroquí en la Comunidad de Madrid (CAM) y su predisposición a la acción colectiva. El interés de la investigación se centra en averiguar cuáles son los motivos de la atomización social en la que se ven envueltos (Gest, 2010) cuando sí existe una identidad colectiva que les define como grupo (Ferreiro, 2011) y que comprende elementos más allá de la religión haciendo referencia a una cosmovisión común. Se trata de una ‘conciencia diaspórica’ tal y como lo definen Vertovec y Cohen, esto es, un “tipo particular de conciencia que se genera en las contemporáneas comunidades transnacionales. La particularidad está descrita como el estar marcada por una naturaleza paradójica o dual. Está constituida negativamente por las experiencias de la discriminación y la exclusión y, positivamente, por la identificación con una herencia histórica (como ‘India’ o ‘Civilización armenia’) o de fuerzas políticas o culturales contemporáneas (como el Islam)” (Vertovec y Cohen, 1999: xiii).

Dicho con otras palabras, se quiere investigar por qué estamos ante un grupo transnacional y no frente a una comunidad diaspórica, es decir, qué motivaciones subyacen a la falta de organización como colectivo.

Quizá, si nos referimos a la primera generación de marroquíes en la CAM, la respuesta es un tanto evidente y hacer alusión a su condición migrante es suficiente para dar cuenta de ello. La primera generación, aunque suele asentarse definitivamente en el país de recepción, no suele adoptar esta decisión de manera categórica, sino que la duda es una constante durante el asentamiento migratorio. Sin embargo, el trabajo realizado con el proyecto de investigación, en el cual se estudia a jóvenes nacidos en España, no muestra una mayor vinculación con una identidad colectiva que ejerza como elemento de cohesión social y contribuya a forjar una diáspora. Similar al Reino Unido (Gest, 2010) los nacidos en España se identifican como ciudadanos españoles, aunque a diferencia de Gran Bretaña, ello no implica una mayor predisposición a la acción colectiva por su parte.



Hipótesis

La hipótesis de esta investigación es que los marroquíes en la comunidad de Madrid son una comunidad transnacional y no una diáspora porque hay una serie de condicionantes que suponen un obstáculo para que esa predisposición cristalice en acción colectiva o ciudadana y, por tanto, se organicen, tanto a nivel nacional como internacional. Se argumenta que dichas condiciones afectan de manera desigual a la primera generación y a los nacidos en España, pero abarcan a ambos grupos y que dichos condicionantes son de tipo material e ideológico y se refuerzan mutuamente.

Desde el punto de vista material, la población marroquí en la CAM es una población pobre. En 2007 en pleno auge pre-crisis, el 77% de las mujeres y el 53% de los hombres trabajaba en empleos de baja o nula cualificación (Colectivo Ioé, 2012: 2). Tan sólo podían encuentrarse excepciones en un 10% de las mujeres con tienen ocupaciones en el sector técnico o profesional, especialmente educativo o en las administraciones públicas (Colectivo Ioé 2012:2). Ya en 2012 cuando la crisis estaba en sus peores momentos había 834.768 personas extranjeras en paro, de las cuales, 153.717 eran marroquíes, es decir, el 18, 4%. Entre los parados marroquíes, el 63.8% eran hombres (98.082) y el 36,1% (55.636) mujeres.2

Esto repercute en su día a día como colectivo, pues a nivel individual, su prioridad es sobrevivir. El enfoque de inmediatez derivado de las carencias materiales, así como la situación permanente de discriminación, desempodera a la gente para que cristalice una predisposición la acción colectiva.

La segunda condición que inhibe la predisposición a la acción ciudadana es ideológica y hace alusión al individualismo como modo de entenderse a sí mismos y sus relaciones en sociedad.

Relevancia de la investigación: Dado que España se ha convertido desde los años 90 en un país receptor de inmigración, resulta necesario conocer el tipo de sociedad multicultural que se está forjando y como están las minorías étnicas llevando a cabo este proceso de incorporación. En un caso cómo el aquí expuesto donde se sabe qué no es una diáspora, aunque el grupo tiene las condiciones para poder llegar a serlo eventualmente,3 resulta importante conocer qué elementos inciden en la falta de movilización para defender los propios intereses.

II. METODOLOGÍA

La investigación es de índole exploratoria y, por tanto, toma como criterio de base la representatividad sustantiva que, como define Corbetta, trata de “cubrir todas las situaciones sociales de interés principal para la investigación, más que de reproducir las características de la población en su totalidad” (Corbetta, 2003: 373).

Los grupos de discusión son escogidos frente a otras formas de conversación grupal, como la entrevista en grupo o el grupo enfocado, por entender que se trata de la metodología que responde de modo más adecuado a un paradigma interpretativo, esto es, a una lógica auténticamente cualitativa y no a una mera extensión de los datos cuantiativos.


  • Justificación metodológica

El trabajo de campo se realiza en Madrid capital en octubre de 2016 y utiliza los grupos de discusión como técnica de investigación. El uso de esta técnica, denominada práctica, por Ibañez o Martín Criado permite conocer la predisposición a la acción colectiva, no la acción colectiva en sí misma. El objetivo en los grupos era conocer si existe un reconocimiento por parte de la población musulmana de su estatus de sub-alternernidad, si tienen conciencia de ser un grupo estigmatizado, de tener menos posibilidades de movilidad social o más dificultad para acceder a los derechos, etc (Ramírez, Planet et al, 2016).

  • Criterios de composición de los grupos de discusión

La selección de los participantes del grupo de discusión tiene que representar todas las posiciones estructurales dentro de un discurso social, es decir, hay que incluir todas las relaciones relevantes porque cuánto más enfocada esté la selección, más definida será la información (Ibañez, 2003: 265).

La composición de todo grupo de discusión requiere de un equilibrio entre homogeneidad y heterogeneidad. Los criterios de homogeneidad tienen por objetivo proporcionar cierta similitud al grupo para permitir la interacción verbal. En esta investigación se aplican los siguientes: religión musulmana4 y clase social.5 Desde un punto de vista metodológico, el género es una relación de heterogeneidad excluyente, lo cual tiene sus consecuencias prácticas que dificultan, sino imposibilitan la interacción verbal entre los sujetos (Ibáñez, 2003: 276). Por este motivo, en el diseño de los grupos, dicha variable es un elemento de heterogeneidad. El otro criterio de heterogeneidad es ser primo-migrante o nacido en España. Dadas las experiencias tan diferentes que implica estar en uno u otra de estas categorías, se considera imprescindible no mezclar a gente en estas dos situaciones sociales tan distintas.



Tabla 1: Diseño de los grupos de discusión

GRUPO I

  • Trabajadoras no cualificadas, en paro y amas de casa

  • Sin estudios superiores

  • Mujeres primo-migrantes y nuevas musulmanas.

GRUPO II

  • Trabajadores no cualificados, en paro y amos de casa

  • Sin estudios superiores

  • Hombres primo-migrantes y nuevos musulmanes.




GRUPO III

  • Mujeres nacidas o socializadas en España

  • Hijas de familias migrantes que trabajan o trabajaron en empleos no cualificados (sin estudios universitarios).

GRUPO IV

  • Hombres nacidos o socializados en España

  • Hijos de familias migrantes que trabajan o trabajaron en empleos no cualificados

(sin estudios universitarios).


GRUPO V

  • Mujeres nacidas o socializadas en España y nuevas musulmanas.

  • Hijas de familias migrantes

  • Con estudios universitarios




GRUPO VI

  • Hombres nacidos o socializados en España y nuevos musulmanas.

  • Hijos de familias migrantes que trabajan o trabajaron en empleos no cualificados

  • Con estudios universitarios




  • Número de participantes por grupo

El número de participantes en cada grupo de discusión es libremente fijado por el investigador de acuerdo con las necesidades y los criterios de selección previamente establecidos. La práctica profesional sitúa el número ideal de participantes entre siete y nueve personas.

En los grupos realizados para la investigación, se contacta con 7 miembros.



  • Proceso de localización de individuos

Debido al problema que supone pagar por información (abonar una gratificación al participante de los grupos) en proyectos financiados por el Ministerio de Educación, resulta imprescindible subcontratar la contactación a una empresa especializada en estos temas. Se contrata a Centro de Reuniones, la empresa con la que trabajaba habitualmente el Colectivo Ioé y se abona una cantidad de 40 euros por persona a cada participante.

La cuestión de la pertinencia de una retribución monetaria para la investigación es polémica. En opinión de Ibánez no se debe hacer porque establece una lógica del don. Resulta, no obstante, curioso apuntar que pese a tener esta opinión, Ibañez que dedicó la mayor parte de su vida a realizar investigación de mercados, siempre pagaba a los participantes de los grupos. Martín Criado (1997) afirma que sin contraprestación económica no existe grupo posible. Es más, si la gente viene gratis implica que hay una relación de jerarquía profesor-alumno, jefe-trabajador u otras cuyas lógicas pueden generar consecuencias mucho peores para los resultados (deseo de complacer o quedar bien) de la investigación que el mero intercambio de dinero por tiempo.6



Transcripción y análisis de los grupos

Se realiza palabra por palabra y se marcan los silencios, el énfasis en las palabras, etc. La labor de transcripción se realiza por los dos investigadores que han sido moderador y asistente en cada grupo. Posteriormente, se revisa por una de las investigadoras principales y, por último, se vuelve a revisar por las mismas personas que han hecho la transcripción.



  1. RESULTADOS

Como se baraja en la hipótesis desde la que se parte para realizar el proyecto de investigación dentro del cual se realizan las reuniones, existe en todos los grupos una clara conciencia de sub-alternidad. El objeto de investigación de este trabajo es reflejar cuáles son los mecanismos existentes dentro de esa conciencia de subalternidad que inhiben la predisposición a la acción colectiva.

Los marroquíes en Madrid y sus hijos, tengan estudios universitarios o no, se “sienten menos que” el resto de la sociedad en la que viven y, en función de su situación social (género, nivel de estudios, ser o no español), despliegan estrategias de adaptación distintas. Por tanto, resulta difícil generalizar, pues los resultados han de interpretarse de acuerdo a las variables mencionadas haciendo especial hincapié en el hecho de ser primo-migrante o nacido en España, de tener estudios o no o ser hombre o mujer. Pese a estas importantes diferencias hay puntos en común que les unen como colectivo, pues todos sufren en mayor o menor medida la discriminación por parte de la sociedad española debido a su condición musulmana y ello tiene unas consecuencias a nivel personal (gestión de emociones y expectativas) y a nivel social (parálisis cívica).



Tabla 2: Fracciones discursivas encontradas en cada grupo de discusión

GRUPO I

  • Asimilacionista

Sustentada únicamente por una posición discursiva que desea distinguirse del resto del grupo, aludiendo al hecho de que su hijo estudió en un colegio concertado.

El proyecto migratorio está determinado por la búsqueda de trabajo y la mejora de las condiciones de vida.

Importancia de la categoría de “modernidad” que se asocia con Europa, versus Marruecos.


  • Subalternidad resignado- fatalista

Reconocen su estatus de subalternidad y se narran las múltiples discriminaciones que se sufren en la vida cotidiana, pero no se articulan estrategias activas para hacerlas frente. Por el contrario, la queja y/o la resignación son las actitudes de respuesta más común. A veces, se añade la frustración. La pasividad y el desempoderamiento tiñen esta cosmovisión.

Es la fracción mayoritaria en este grupo



  • Islam normativo

Posición minoritaria en el grupo y con enormes diferencias entre las dos participantes que las sustentan,7 tanto de índole cultural como en la propia opinión de los temas que se discuten.

El punto en común es que, a diferencia de las demás, parecen más orientadas, no por las necesidades del día a día, sino por hacer lo que se estima “correcto” de acuerdo a la interpretación que se hace del Islam. El Islam como ideal es algo que se aplica al propio modo de vida, pero no suscita participación cívica. Si bien, una nueva musulmana está dentro de esta fracción, el Islam no constituye una categoría aglutinadora para desarrollar el activismo.




GRUPO II

  • Asimilacionista:

Posición minoritaria en el grupo. Asimilacionismo como estrategia individual de mejorar la situación personal en la sociedad receptora. Ello implica que, aunque se sufran discriminaciones y se identifiquen como tales, se aguanta y se argumenta que quien no encuentra trabajo en España es porque no quiere.


  • Subalternidad impotente

Posición ampliamente mayoritaria.

La reunión comienza comparando la situación de España con la de Marruecos y la identificación que se hace de España con la idea de proyecto migratorio entendido como “progreso” con respecto a la situación anterior. La idea de “quedarse atrás” está muy presente y temen que sus hijos no gocen de la situación de mejora de las condiciones de vida con la que se ellos emprendieron el proyecto migratorio. La frustración de sus expectativas produce enfado en algunos, resentimiento en otros. Todos comparten una sensación de impotencia y desempoderamiento ante las circunstancias.

No existe predisposición hacia el asociacionismo. Se habla un general de un “representante” o voz que hable por ellos y les “saque” de esa situación. No se ven como actores del cambio.


GRUPO III

  • Asimilacionista modernizante

Posición minoritaria en el grupo. Sustentada por una fracción de las mujeres primo-migrantes. España/Europa aparece como vinculado a la Modernidad.

Esquemas rígidos de “aquí-allí” y de lo correcto en cada lugar. “Quieren hacer todo: quieren hacer religión y la vida en Europa (imponiendo su voz). Pues no estoy de acuerdo” (3 en p. 25) y “pero,¿ qué quieres?¿Trabajar o pañuelo?” (3 en p. 29).



  • Ciudadanía liberal:

Posición sustentada por quiénes son españolas de nacimiento y nacionalidad.

Creen en el cambio social producido a través de la actitud personal. Las charlas y la educación serían un paso para terminar con la discriminación de los musulmanes.




GRUPO IV

  • Asimilacionista organizativa8: (Ramírez, A. G4).

Mantiene los elementos de la musulmaneidad, pero en todo lo demás piensan que hay que adaptarse. Se ven como miembros de pleno derecho en la sociedad en la que viven, pues han nacido aquí.

Construcción de un ellos-“los españoles”-pero también otro ellos que son los marroquíes que hacen mal las cosas. Asunción del estigma.

Las asociaciones sí son vistas colectivamente como transformadoras de lo social, pero más desde una perspectiva cultural-folclórica que un lugar desde donde articular reivindicaciones de tipo político y económico. Su finalidad sería más bien, “darse a conocer”. Se enfatiza que el conocimiento de los marroquíes debe trascender el ámbito religioso y que los marroquíes también tendrían que llevar la iniciativa. No obstante, se deja ese momento de cambio a que haya gente “preparada”, “adecuada”,etc. No se ven ellos como artífices del cambio.

Se denomina la fracción asimilacionista porque se quieren integrar de este modo en la sociedad y organizativo por una predispoción positiva hacia la acción, per ésta no tiene lugar, sino que es un desiderátum y la pasividad es la actitud que sobrevuela.




  • Subalternidad asistencialista

Pasividad fatalista en donde la queja y la resignación actúan como mecanismos de defensa ante la frustración que les genera su situación.

El cambio tiene que venir desde fuera (medios de comunicación, instituciones del Estado). No se ven capaces de articular ellos mismos un cambio, ni de forma individual ni de manera colectiva.

-La concepción de las asociaciones es asistencialista y el migrante se ve a sí mismo como un receptor de ayudas.


GRUPO V

  • Asimilacionista

Se alía con el poder y acepta el estigma como modo de ser integrado. Esta posición no ve las discriminaciones como ejemplo de islamofobia, aunque dichas discriminaciones se padezcan.


  • Ciudadanía liberal

Cree en la acción como modo de cambio social, pero opera fundamentalmente desde el cambio individual y su impacto en personas concretas.

  • Subalternidad resignado fatalista

Posición caracterizada por una fatalidad ante las circunstancias que operan en contra en el seno de la sociedad. Ante la frustración que ello produce, se responde desde la crítica o la queja. Dichas actitudes absorben la energía para ver modos desde los cuales se puede llevar a cabo el cambio. La acción colectiva como modo de cambiar la realidad cotidiana no es contemplada como una opción.


GRUPO VI

  • Asimilacionismo

Dicen no haber tenido ningún problema de discriminación y asumen el estigma de la “mala imagen”.

Al hablar de la labor de las mezquitas creen que se debería hablar en castellano por defecto o en ambos, pero no creen en el árabe como lengua vehicular. La musulmaneidad es el único elemento étnico cultural que se quiere mantener en la diáspora.




  • Ciudadana liberal

-Sustentada por quienes son españolas de nacionalidad y nacimiento.

-Creen en el cambio, pero es visto como uno de actitud personal, no como una acción colectiva.




3.1 Posiciones discursivas entre los marroquíes en la CAM

Como se puede apreciar en la tabla-resumen que define las posiciones discursivas de los marroquíes participantes en los grupos, prácticamente todas están presentes en cada grupo, con dos excepciones, la fracción de Islam normativo (sólo presente en el G1) y la de ciudadanía liberal (ausente en G1, G2, y G3).

De los resultados extraídos, y como primera lectura, se puede hacer un compendio general -que no distingue las modulaciones de cada discurso- en donde se aprecian las siguientes posiciones discursivas:


  • Asimilacionista

Es una tendencia minoritaria, pero su presencia es constante, pues se encuentra representada en todos los grupos.

Pese a ser consciente de su condición subalterna, principalmente, interpretada como una condición de “inmigrante” y “pobre” se tiene tendencia a justificar las discriminaciones que se sufren. Esta “ceguera” no implica que dichas discriminaciones no sean identificadas como tales, que lo son, sino que la estrategia ante un ataque no se encuentra en enfrentarse al poder, sino en aliarse con el mismo; de modo tal que se logran las beneficios que de ello se derive. Por ejemplo, una percepción (subjetiva) de conseguir trabajo con mayor facilidad.

Desde esta posición las discriminaciones no interpretan como causa principal que la sociedad española es islamófoba, sino en la asunción de los estigmas que sobre ellos vierte la sociedad, tales como la “mala imagen” que determinados individuos o el terrorismo proyectan de la sociedad marroquí.

Se trata de una posición muy individualista que no ve en lo colectivo un modo de mejorar la situación del conjunto. Sólo se contemplan estrategias de mejoramiento individual, si uno se amolda a los requisitos. El individualismo tan inherente a esta fracción ha conllevado que se tilde a la posición de “asimilación individualista”. Se trata, en realidad, de unos individuos que adoptan unas estrategias que asumen el modo de incorporación deseado por la sociedad receptora.

Desde el punto de vista material, quienes sustentan este discurso pertenecen al mismo estrato socio-económico aunque, en ocasiones, se establece un discurso de cierta superioridad de clase. Un ejemplo lo constituye la mujer que en el grupo 1 presume de haber enviado a su hijo a un colegio concertado. En la tesis doctoral realizada (Ferreiro, 2011) se detectada en individuos que habían logrado una cierta prosperidad económica con respecto al resto del colectivo.


  • Subalternidad paralizante

Se ha decidido denominar de este modo a todas las fracciones que aparecen en cada grupo con nombres parecidos. Todas las modulaciones de la facción tienen en común la pasividad y el desempoderamiento como estrategia social de incorporación.

A diferencia de otras fracciones, resulta aquí necesario distinguir las modulaciones del discurso en torno a la variable del género. Común a los hombres y las mujeres es reaccionar con frustración ante su situación y que esta emotividad produzca respuestas que tienen el desempoderamiento como eje central, con la consiguiente pasividad que ello genera a nivel social. No obstante, las formas de expresar la frustración son distintas. Las mujeres tienden a la resignación (“hay que aguantar”) y al fatalismo (no se puede hacer nada) y, en menor número de ocasiones, al enfado. Por el contrario, las respuestas más comunes entre los hombres son el enfado o la impotencia (rabia vertida hacia dentro) y, en menor medida, la resignación y el fatalismo.

Este “no verse capaz” de mejorar la situación personal tiene como consecuencia que, menos aún, se vea posible la acción ciudadana para lograr unas condiciones distintas para el colectivo. En ocasiones sí se manifiesta como un deseo estar unidos y se puede hablar de su situación colectiva, pero se hace desde la carencia. Faltan líderes en la comunidad musulmana o no hay suficientes profesionales formados que tengan una representatividad en los medios de comunicación o en las instituciones, tampoco las instituciones españolas hacen nada por mejorar su situación. Se confiere a “otros” la responsabilidad de un cambio social. Se atribuyen causas varias a la discriminación que se sufre desde el racismo de los españoles, a la ignorancia o que los marroquíes no son un buen ejemplo. Lo cierto es que la situación permanente de discriminación y deprivación material tiene unas consecuencias de desempoderamiento profundo en la población. A diferencia de la fracción asimilacionista, el individualismo no es tan obvio, en el sentido de que no están articulando estrategias personales para mejorar su situación. Sin embargo, se encuentra implícito, pues lo común como categoría de pertenencia y definitoria de la identidad, sólo se encuentra como referencia cultural (árabes) o religiosa (los musulmanes). Si bien se identifican y, por tanto, se reconocen en tanto que “trabajadores” o “inmigrantes”, no se trata de categorías identitarias desde las cuales movilizar la acción común.


  • Ciudadanía liberal

Existe una posición discursiva de marroquíes que se sienten ciudadanos e integrados en la sociedad española y que se encuentra presente en mayor medida en los grupos de mujeres (G3, G5 y G6) y ausente en hombres y mujeres (G1 y G2) primo-migrantes y en peor situación de ocupación laboral.

Si bien, una perspectiva normativa entiende la inclusión de los ciudadanos a la sociedad a la que se pertenece como algo positivo, se es consciente de que dicho empoderamiento -el de sentirse miembros con derechos y obligaciones de la sociedad- no está exento de una coloración de pasividad, ya analizada en el conjunto de la población estudiada. Aunque se cree en el cambio social como mecanismo de transformación y en que la agentividad para propulsarlo, se ve de una manera totalmente individual, es decir, como una forma a través de la cual una persona, a través de su comportamiento, puede modificar la opinión de otro ser humano. Se tilda de liberal, pues la aproximación de cambio toma al individuo como referencia. Puede existir y, de hecho, hay una visión de las necesidades del grupo como colectivo concreto y formas colectivas a través de las cuales se puede mejorar (instituciones, asociaciones, etc), pero esa predisposición a la acción colectiva no cristaliza. Aunque en el G4 había dos personas que militaban o eran simpatizantes de dos asociaciones (de Jóvenes Musulmanes y Achime, respectivamente), los temas de organización colectiva siempre han salido a instancias de los moderadores respectivos. Como bien se sabe cuándo se utiliza la técnica del grupo de discusión, lo que no sale en un grupo no se encuentra en el imaginario colectivo. Cabe añadir, que la selección de los individuos que la empresa realiza a través de las asociaciones existentes repercute en la sobre-representación del asociacionismo. En pocas palabras, el asociacionismo es muy escaso y el poco que se ve, probablemente, viene determinado por la forma de selección de los participantes.

Aún con todo, tanto Jóvenes Musulmanes de España o Achime suelen ser asociaciones que reaccionan a acontecimientos. Esto es, se encuentran disponibles para los medios cuando estos lo desean o, en el caso de Achime, defiende los derechos de las mujeres con hiyab. Sin embargo, no hay un enfoque activo hacia la sociedad, sino que es más bien reactivo. En estos dos casos, la categoría en torno a la cual se produce la acción colectiva es el Islam.

3.2 La interrelación entre clase y etnicidad

Se comparte con Paerregaard (2010) que no se puede hablar de diáspora y aplicar el término de manera homogénea a toda una comunidad como si fuera válido para todo el mundo, pues las diferencias intra-comunitarias son muy notables. Analíticamente es más pertinente es distinguir qué grupos sustentan qué estrategias de incorporación en el seno de cada comunidad étnica. El trabajo de Paerregard sobre las comunidades peruanas en el extranjero concluye que sólo pueden ser consideradas como diásporas las clases medias-altas y altas que establecen vínculos de tipo profesional

Bumsoo (2008) no trabaja con la categoría de diáspora y, por tanto, no está interesada en determinar las cualidades de ésta, sino en ver la evolución que la clase ha tenido en la comunidad de koreanos en Japón. Señala que la importancia de ésta ha variado con el paso del tiempo. Si en los años 60, la discriminación étnica no podía diferenciarse de la de clase, en un tándem de reforzamiento mutuo, en la década de los 90 la clase comienza a independizarse de la etnicidad con la aparición de un nuevo grupo social formado por koreanos ricos. Mi propia tesis (Ferreiro, 2011) incide en la clase como un elemento fundamental a la hora de incorporarse de un modo u otro a la sociedad de acogida y apunta que la escasa clase media marroquí en la CAM se encuentra más abierta a hacer concesiones, encuentra menores dificultades y mucha menos discriminación por parte de la sociedad.

En la investigación presentada en este trabajo todo el mundo es de clase trabajadora. Por tanto, no se puede analizar dicha variable como independiente. Sin embargo, hay datos que apuntan que la falta de acción cívica y la pasividad de esperar que sea la “gente formada” o los profesionales quienes mejoren su situación apuntan, claramente, en la dirección de la clase como categoría clave para explicar la falta de acción cívica. Si a ello se suma, la extendida pasividad y desempoderamiento que se produce como resultado de las discriminaciones a las que se ven sometidos, además de su deprivación material, resulta factible concluir que las condiciones materiales de pobreza, precariedad y incertidumbre son un impedimento que inhibe la organización comunitaria y, por tanto, que el grupo étnico pueda ser identificado como una diáspora.

De hecho, en los grupos del mismo estrato social pero que han tenido la oportunidad de estudiar hay una percepción de mejora de estatus y es ahí donde se habla de asociacionismo o resistencia, si bien siempre desde un posicionamiento individual, mencionado en la sección anterior. Dicho posicionamiento individual corrobora el elemento ideológico que se baraja como hipótesis del presente trabajo. Desde el punto de vista material, las graves carencias que todos ellos sufren tiene como consecuencia mayoritaria una resignación que desempodera o, en los casos más orientados a la acción, un empoderamiento individual para lograr beneficios individuales.


  1. CONCLUSIONES

El trabajo realizado muestra que la combinación entre la pobreza y el (neo) liberalismo impiden que se forme una diáspora. En realidad, no sólo inhibe la formación de un grupo diaspórico que pueda ser denominado como tal, sino que inhibe prácticamente cualquier acción colectiva orientada a la consecución de objetivos como grupo.

Si bien, no se pretende hacer unas conclusiones de tipo normativo en donde ser una “diáspora” sea algo bueno por definición y la acción colectiva, “lo adecuado” para lograr cambios sociales, resulta pertinente pensar si el modelo que se está construyendo con los marroquíes en la CAM es el más adecuado para construir una sociedad con cierto grado de cohesión social. Actualmente, se trata de una comunidad formada por personas atomizadas y desmpoderadas con una sociedad que les discrimina. Cabe preguntarse si se trata de la mejor manera que, como sociedad, tenemos para incorporar a los primo-migrantes y a sus hijos. Como mínimo, se pierde el potencial humano en sentido más amplio (no sólo laboral) de unas personas cuya brillantez nunca se llegará a conocer. Pero, de forma más importante, se dificulta la integración y con ello se alimenta la islamofobia.



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1 Traducción propia (L.F.).

2 “Demandas de empleo pendientes de trabajadores extranjeros, total, paro registrado y demandas no incluidas en el paro registrado, según sexo, por país de nacionalidad”, Anuario del Ministerio de Empleo y Seguridad Social.

3 La población marroquí comparte unos rasgos comunes de religión (Islam), étnicos (su énfasis en su origen árabe, aunque también hay bereberes), así como nacionalidad (marroquí), condición social (clase obrera) que parecen suficientes para generar una identidad colectiva.


4 “Hemos incluido nuevas y nuevos musulmanes (conversos) porque tenemos la hipótesis de que la condición de musulmana o de musulmán puede activar la conciencia de la acción colectiva en combinación con otros estatutos como el de extranjería, desigualdad social y desigualdad de género” (Ramírez, A. y Planet, A. et al. 2016).

5 La distinción entre primo-migrante y nacidos en España tuvo como resultado el no incluir la edad como criterio de heterogenidad. Esto supuso algún problema en el grupo III, pues había una mujer de cincuenta y pico años y otra de 19. Normalmente, en estos casos, la gente más joven suele silenciarse. En este grupo, la animadversión entre ambas fue manifiesta desde el principio y se generó un deseado efecto de un grupo de confrontación, es decir, polarizado entre dos posiciones; lo cual supone un problema para detectar el discurso social.

6 Mi tesis doctoral (Ferreiro, 2011) supone un caso de buena práctica donde se muestra con todo detalle cómo llevar a cabo una investigación con grupos de discusión y pocos recursos económicos. Refleja, no obstante, que un buen proceso de contactación requiere una inversión de tiempo y energía enorme.

7 Una mujer es inmigrante de primera generación llegada en los 90 a España, mientras la otra persona es una española conversa.

8 El nombre de la categoría “individualista-fatatalista es de (Ramírez. G4).



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