I-introduccion



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LA PARODIA BÁRBARA.
I-INTRODUCCION.

La parodia, la imitación burlesca de una obra de carácter serio, es un género que existe desde que existe la literatura; la oportunidad de burlarse o de buscar el prisma oculto a lo establecido se ha esgrimido desde antiguo y cuando la cosa seria fue puesta en solfa por descreídos u otros que se aventuraron en las dobles lecturas, la parodia surgió por sí misma. Eso ha ocurrido con todo tipo de novelas de calidad mediocre, con géneros que no gozaron del beneplácito de muchos, con personajes que han suscitado cierta polémica, con figuras popularizadas por su propia frivolidad o que no están a la altura intelectual de su oficio, y hacia los que han ascendido hasta un cargo de responsabilidad donde demuestran su poca valía (en cumplimiento de la ley más importante de la Jerarquiología, fundada por Peter y Hull, que estipula que “todo profesional asciende de categoría hasta alcanzar su nivel de incompetencia”).

En los cómics tampoco ha faltado la parodia. Con las obras de abolengo, prístinas, históricas, rancias incluso para los lectores de generaciones posteriores, como Flash Gordon, Prince Valiant o Peanuts, no se suele recurrir por lo general a la parodia, sino al pastiche, a la imitación de su excelencia o ingenio. Cuando surgen otros géneros, como el western, el bélico, el terror, o la ciencia ficción, algunos círculos críticos vieron aquellos tebeos como representantes de una deformación del folclor y la mitología autóctona. Muchas obras supeditadas a un género recibieron varapalos por ello, aunque muchas veces en sentido más mordaz que paródico, e incluso se llegó a la autoparodia dentro de los mismos cómics que las publicaban.

La mayor risa se desató, por supuesto, con el advenimiento del comic book de superhéroes, subgénero que germinó como un escape colorista y relumbrón de una amalgama de las tradiciones mitológicas ajustadas al ecotipo urbanita del siglo XX, y que prosiguió con el superdetective que pilla a los pillos y vigila a los vigilantes y que calza capa así como de murciélago. Los superhéroes llevaban inherente el paradigma de lo ridículo: el colorismo chillón (necesario para distinguirlos unos de otro en la batahola que se multiplicó en poco tiempo), la moralidad robada al manual del perfecto boy-scout, la castidad como fórmula de beatitud, la razón práctica y el racionalismo científico en sus acciones siempre moralizantes, la asunción del deber y el amor por las barras y estrellas, etcétera, entre otros muchos lados más de este prisma que sí convierten algunos de esos tebeos en cómics de culto (por su crítica social, el análisis de la evolución de las generaciones americanas, los mensajes morales, la denuncia, la emoción, la aventura, la fantasía, la evasión, el didactismo...). A los superhéroes los han parodiado desde que un lector del primer número de Action Comics, en 1938, se preguntó dónde demonios metía el supertipo la capa en su traje de paisano. Tan apetitoso ha resultado siempre el chascarrillo que los productores de cómics se han parodiado a sí mismos desde el principio: ya lo hizo Mad desde los años cincuenta, Marvel en variadas secciones de las publicaciones de su abanico editorial (Fred Hembeck era un maestro en eso), diversificándose luego hasta alcanzar la maestría con la serie de triste éxito 1963, con guiones de Alan Moore y publicada por Image.

Con los cómics de espada y brujería no podía ser menos. El género, depositario de truculencias, sexismos y apologías varias, pedía a gritos la chanza incluso antes de que fuese adaptado a la Historieta. En América, Paul Anderson con su relato “El Bárbaro” fue uno de los primeros en parodiar la literatura de fantasía heroica definida por Robert E. Howard (en España fue Ignacio Romero con su relato “Conan el sifilítico”, fanedición de Carlos Yáñez, 1985). Y cuando los tebeos de Conan comenzaron a publicarse, a partir de octubre de 1970, muchos detractores de los héroes violentos y salvajes vieron la oportunidad para desarrollar una crítica visceral sobre un género que agotaba desde un principio su propio planteamiento. Ya se sabe: el bárbaro, el fortachón, termina siendo el estúpido, el salvaje que no usa la inteligencia, sino la fuerza bruta, para lograr sus propósitos.

Lo cierto es que no sé de qué manga se han sacado este asunto. Es verdad que en la literatura, en vez de detenerse a reflexionar, en ocasiones el héroe se lanza a la batalla pegando un grito de espanto por aquello de decir que es el más bravío; pero también muestra la literatura que estos héroes se mueven en un mundo demasiado inhóspito como para tildarlos de zotes a la primera de cambio. La experiencia que da la supervivencia, la astucia, la inteligencia sibilina, y muchos otros factores apostarían a Conan por encima de la media de cociente de inteligencia de la población. Pero hete aquí que no, el semidesnudo de dos metros es un tontaina cuando se le parodia, y normalmente aquejado de un más que posible déficit sexual. ¿Quizá es una representación de nuestra propia envidia, porque ni somos tan fuertes, ni tan listos, ni tan afortunados con las mujeres como el héroe? Es más que posible que la parodia, en este caso, sea una venganza froidiana. Los prototipos posteriores, la mitología popular instalada en el imaginario general con relación a los action heroes del cine como Stallone y Schwarzenegger, que en sus películas primeras y / o por razón de sus papeles eran tipos con mucho músculo y poco seso (su guión constaba de pocas frases), reforzaron el tópico y, tras incorporar Arnold el papel de Conan, el público terminó por asociar a los personajes de ficción de laya bárbara con un bravucón lelo y adicto a los anabolizantes.

Echemos un vistazo a lo más representativo de las viñetas que se han ideado con vistas a parodiar bárbaros y, de paso, a los pastiches y aquellos homenajes revestidos de ironía o humor. La historia de los tebeos suele despreciar estos materiales y no viene mal recordarlos.
II- BÁRBAROS FESTIVOS DE ALLÁ.

Conan the Barbarian es el más representativo de los cómics de espada y brujería. No fue la primera vez que se apareció en viñetas un personaje del estilo (en los años cincuenta existieron adaptaciones en los Estados Unidos, en los sesenta, en México), pero sí el primer comic book que perduró un tiempo, consiguiendo mantenerse incólume en el mercado americano durante veinticinco años quizá por adaptar a un personaje que los aficionados al género literario tenían en cierta estima.

Al poco de su aparición, la competencia puso a remojar su barba a ver si crecía. Entre algunas de las series más interesantes que copiaron impunemente el personaje de Marvel se puede citar la nacida en 1972 Dagar de Invincible, de Gold Key, de tono más festivo que Conan por su humor blanco, o las que quisieron emular el éxito de Conan descaradamente como fue el caso de la serie de DC Claw the Unconquered. Ninguna de estas dos, ni otra docena de comic books que trataron de imitar el modelo de Marvel perduraron mucho tiempo (excepción hecha de Arak, son of Thunder o Warlod, que sí sobrepasaron la cincuentena de números, pero no alcanzaron los logros de Conan the Barbarian y posteriores series del mismo personaje).

Resulta curioso que uno de los primeros que parodiaron a Conan fue su primer artífice gráfico, Barry Smith, quien entre 1971 y 1972 quiso probar suerte en otros mercados simultáneamente a su trabajo en Marvel. Una de esas tentativas fue la historieta publicada en la revista crítico-satírica National Lampoon titulada "Gomorrah, the World", que incidía con rajásico humor en aspectos sociales y políticos para lo cual Smith parodió el espíritu de Conan y su diseño para los cómics. El protagonista se llamaba Norman the Barbarian, un bárbaro obeso que tras ser asaltado por un grupo de marimachos recalcitrantes se interna en la ciudad de Cap-ados, capital de Mass Media, donde despacha a los adoradores de Unisex y vence a un octópodo llamado La Diosa Cabrona. El cómic es un verdadero desaguisado iconoclasta, una sátira ácida del movimiento feminista (las amazonas), de los iconos asexuados de los comic books (los Unisex), de los medios de comunicación de masas y la facción conservadora de la sociedad yanqui (el pulpo), a la que humilla explícitamente (“la jode” pues derrota el pulpo con su miembro viril).

En el seno de Marvel también se operó en alguna ocasión la parodia del cimmerio por medio de la caricatura (el filipino Alfredo Alcalá, en 1973 y 1974, elaboró caricaturas de Conan para los anuncios publicitarios de Savage Sword of Conan y Savage Tales). Y en los magazines publicados por Warren también se utilizó en ocasiones a los bárbaros para protagonizar historietas en las que salían mal parados, aunque en este caso no debiera hablarse de parodia sino de una suerte de “metafantasía heroica”. Por ello, ha de buscarse en las editoriales minoritarias, las llamadas independientes, las evidencias más preclaras de la parodia del género.

Eso nos lleva a la empresa Aardvark-Vanheim, fundada por el canadiense Dave Sim, quien generó una parodia de Conan en su obra Cerebus the Aardvark, cuyo protagonista es un héroe bárbaro con el físico de un cerdo. Su creador utilizó el zoomorfismo para ello basándose en la creación de Steve Gerber Howard the Duck a la vez que utilizaba los estilemas del mencionado Smith. Así, en diciembre de 1977 apareció Cerebus the Aardvark en Canadá, fanzine cuyas primeras entregas no eran otra cosa que un pastiche de las primeras aventuras ofrecidas en la serie de Marvel Conan the Barbarian. Sim declaró abiertamente que decidió dibujar su propia serie en un mercado tan vulnerable en su tiempo como el independiente porque le gustó como Smith había dibujado la nieve en el episodio "Frost Giant's Daughter". Así, el número uno de Cerebus, sustrajo parte del argumento de la historieta de Conan "The Tower of the Elephant" y, el dos, supuso una especie de secuela de "The Frost Giant's Daughter", y en ella calcó el ambiente que había propuesto Smith. En los siguientes números de Cerebus siguió incorporando parodias de la cantera de bárbaros howardianos popularizados por Marvel como Red Sophia (en referencia a la heroína Red Sonja), Elrod (un remedo del Elric de Michael Moorcock), Bran Mak Mufin (en referencia al picto Bran Mak Morn de Howard), Cromag Macs Milc (de igual modo, pero del personaje Cormac Mac Art) o Krull (otro calco de Conan). Antes de alcanzar el número veinte de su publicación, el faneditor dio un viraje en su forma de narrar: utilizó sus páginas para esgrimir una sutil ironía sobre la sociedad en general y una reflexión sarcástica sobre los comic books en particular, dejó de mamar de la teta estilística de Smith e incorporó viñetas con un estilo propio que las ha elevado a la categoría de serie de culto.

Desde los años sesenta vivieron gran auge los cómics llamados undergroud, generados desde la marginalidad cultural, distribuidos desde la independencia, y abanderados de lo iconoclasta y lo respondón. En los tebeos de esa índole tuvieron cabida todo tipo de parodias, a veces ácidas, a veces crueles, de los estamentos sociales y, por descontado, de todo modelo de narración estandarizado, también el historietístico. La espada y brujería no se libró del denuesto, y es posible que la figura más representativa que hizo de la fantasía heroica su referencia para desarrollar sátiras del mito del héroe sito en parajes fantásticos sea Richard Corben, quien dedicó gran parte de su producción a satirizar el subgénero, recayendo de nuevo en el tópico de utilizar la estrategia de la burla por lo sexual o la estulticia, como demuestra su obra más famosa, Den, y bastantes de sus historietas cortas.

El cómic underground fue el asidero perfecto para todo tipo de autores deseosos de vilipendiar la vertiente manida de la fantasía heroica, y de entre toda la producción paupérrima que vio la luz resultan destacables dos trabajos. “The Tower of Valhalla”, dibujada por T. Bird, muestra al personaje Crnch de C’mere, quien jura por Crumb (apellido de una de las figuras palmarias del cómic underground, aquí utilizado en recuerdo a Crom) y que parodia la historieta mítica “La Torre del Elefante” con un humor en principio ramplón pero luego con inteligente mordacidad, y con un dibujo elegante y una narratividad muy conseguida (existe traducción al castellano en el número 76 de Nueva Dimensión, de abril de 1976). La segunda historieta sobre la que quiero llamar la atención recibió el título en castellano “Testiculos el tautólogo”; dibujada por Jason, resulta llamativa porque enfrenta a dos personajes bárbaros, uno de ellos retratado como el Conan de Smith y, el otro, como el Conan de Frank Frazetta.

El interés por la parodia no tardó en saltar el charco, y en los países europeos pronto surgieron historietistas que desearon realizar su propia versión cómica del bárbaro. Existen bastantes ejemplos sobre parodias europeas de Conan y personajes afines, y de todas ellas es reseñable la creación francesa de Coucho y Pailler Déconan le Barbaresque, donde explotan el tópico del salvajismo y la estupidez mezclando los espíritus del americano Kurtzman y del francés Gotlib, con lo que, a tenor del crítico galo Jacques Goimard, echan un vistazo a la sociedad humana más desde los ojos de Cervantes que desde los de Conan. En su país natal se recogió en álbum en 1979, en España disfrutamos de cinco historietas del personaje publicadas en la revista Vértigo.

Volviendo a América, no pueden dejarse de lado dos casos inéditos, en España al menos. En 1982, Paul Smith, uno de los imitadores de Barry Smith y que cosechó luego gran éxito en los comic books de mutantes, escribió y dibujó la historieta con formato de daily-strip titulada “Conan the Conmuter”, donde situaba a un bárbaro prototípico en el Nueva York contemporáneo. Para terminar este repaso foráneo, es de rigor citar el ejemplar de la publicación autoparódica de Marvel What The...?, nacida en 1988, que dedicó un ejemplar monográfico a los bárbaros bajo el título “The Savage Wit of What The...?”, donde el protagonista de la mayoría de las historietas es un tal Moanin’ the Barbarian, que también caía en desgracia por estúpido, borrachuzo y sesicorto.
III- BÁRBAROS FESTIVOS DE AQUÍ.

No han sido muy abundantes las aportaciones a la espada y brujería de españoles, y más escasas resultan las creaciones de héroes bárbaros que se alejaran lo suficiente del modelo Conan como para no resultar sospechosas de plagio. Las más brillantes aportaciones en este sentido han sido las del asturiano Víctor de la Fuente, genio indiscutible de nuestra historieta, cuyas obras Mathai-Dor, Haggarth y Haxtur fueron elaboradas desde el compromiso social. También es destacable la creación de Alfonso Azpiri Zephyd, que soslaya el modelo contestatario pero que no alcanza tampoco a alimentar el desdén hacia un género del que traza un magnífico retrato. Finalmente, Esteban Maroto inició en 1971 el serial Wolff a partir del número 3 de la revista Drácula, una historieta de fantasía heroica tintada de sutil erotismo, una suerte de alucinación Pop que se acerca algo más al conjunto de parodias heroicas.

Un caso especial, ineludible, es el de Sergio Aragonés. Castellonense de nacimiento que pasó su pubertad en México y que se estableció en los Estados Unidos desde 1960, donde creó para la editorial Pacific Comics al personaje Groo the Wanderer en colaboración con Mark Evanier. Groo, prototipo de la inutilidad humana, es un bárbaro muy lejanamente basado en la efigie Conan; es posible que Aragonés lo idease como parodia inteligente del género, mas tras su dilatada andadura editorial y el genial tono humorístico que exhibe lo han colocado en un aparte de los tebeos meramente paródicos y como uno de los clásicos del cómic yanqui.

No podemos dejar de lado las (a veces) divertidas parodias de corte degradante pasto de los adictos del hobby de Onán y que ciertos autores españoles han realizado del personaje Conan (el juego de los anagramas Conan / Onán resulta fácil y ha habido astutos detractores de la literatura de espada y brujería que no han tardado mucho en tildar a los lectores de tales relatos de “conanistas”). Estas historietas de calidad mísera han servido a alguno que otro como trampolín de sus afanes profesiones, caso del autor que ha dibujado durante 1996 y 1997 al verdadero Conan para publicaciones del sello italiano Marvel Internacional Mike Ratera, uno de cuyos primeros trabajos publicados, “Coñan” (en el mítico fanzine Zero) fue de este cariz.

Otros casos ni de trampolín sirvieron. Me refiero a las parodias zafias y sexistas “La Espada Chalvaje de Coñan el Bárbaro” y “La Pilila Salvaje de Coñan el Bestia” de los dibujantes Xavi y Kike, respectivamente, para las revistas La Judia Verde y El Cuervo, sin duda anecdóticas para el iniciado en la cosmología particular del cimmerio, pero poco más. La mentada revista El Cuervo dedicó dos especiales a caricaturizar de modo harto salaz todo genéro historietístico, El Erotismo en el Comic Mundial, en cuyo primer número se parodió el género objeto de este artículo. En sus páginas, Xavi incluyó una de sus entregas de “La Espada Chalvaje de Coñan”, permitiendo que la tal tizona se corra de gusto con la posibilidad del ansia de batalla (hasta sus armas son eyaculadoras precoces), y el autor Manel Ferrer realizó la tira “Coñan”, donde también la deficiencia sexual es utilizada como germen de la risa bufa.

En el comienzo de la década de 1980, el mismo Manel hizo uso de la parodia de un modo inteligente en la revista editada por el fallecido Josep Toutain Ilustración + Comix Internacional. Construyó una serie de medias páginas excelentes en lo de ridiculizar bárbaros y sus tópicos hábitos que comenzó titulando “Los Héroes” (en el número 17 del tebeo) para llamarlas “Maneladas” desde el número siguiente, dando cabida a todo tipo de parodias, como del western o de los superhéroes, hasta su conclusión en el número 38 (a la parodia del fantasy dedicó Manel las entregas publicadas en los número 17 a 21, 25, 26, 29, 32, 33 y 37). Más recientemente éste autor ha incluido una parodia sobre el particular en el número 19 de publicación Penthouse Comix, de junio de 1997, llamada “Coñan el Barbarillo”. El pobre guerrero demuestra en un coito / enfrentamiento contra Conxyta la Cafre que es un pésimo amante y que su nivel intelectual es el de un imbécil. La historieta se canaliza en torno a la cuestión sexual también, pero resulta muy divertida.

Hoy mismo, aunque se nos recuerda desde todos los frentes teóricos que el género tebeístico de la fantasía heroica está agotado, la parodia bárbara pervive en el ánimo y la ilusión de historietistas, tanto neófitos como experimentados. En el momento en que escrito estas líneas son ejemplo de ello las historietas “Cohonan”, de los cántabros Yeyo, Chechu y Fede, y “Oorg el bárbaro”, del experimentado Joseba Acebes Acha, quienes combinan buenos dibujos con buen humor en el número 1 de la publicación santanderina Manicomic (distribuido en noviembre de 1997).


IV- GAÑÁN.

Gañán, la obra de este jienense bonancible, honrado y gran amigo de sus amigos que es Francisco Nájera Ortega, se adscribe también al género de la fantasía heroica.

El personaje de Gañán surgió como deseo expreso del autor de participar en la corriente jolgoriosa del cómic de humor que utiliza la parodia como presupuesto de partida. Se trata de un personaje que satiriza al bárbaro de Marvel en cuanto a su fisonomía, su entorno y su porte vagabundo, pero revistiéndolo de casticismo netamente hispano: Gañán esgrime una cheira, se expresa como un personaje secundario de El Quijote y frecuenta lugares donde la picaresca anida por doquier.

Las primeras apariciones de este peculiar bárbaro vieron la luz en algunos fanzines españoles de raigambre como Comiguía, El Círculo de Lhork y Barcelona Comic. Pero Nájera no ha querido detenerse ahí y, tras haber publicado dos álbumes con su firma, Iconomías Sumergidas y 6 postdatas a un tiempo, ha querido ampliar su proyecto Gañán hasta el número de páginas que se publican gracias de los afanes nunca en su justa medida ponderados de Diego Cara y su proyecto D.Tebeos.

El dibujo de Nájera no admite tacha. Mucho le debe a Carlos Giménez, Albert Uderzo y gran parte de la escuela Bruguera. Pero, en la actualidad, ha conseguido acaudalar una personalidad definida que convierte cada uno de sus parsimoniosos pases de lápiz y cada titánico esfuerzo con el entintado en un dechado de limpieza, en hábiles encuadres. Ya las portadas diseñadas para presentar estos episodios evidencian la anterior afirmación. Sus composiciones son técnicamente perfectas, cargadas de detalles que no obstaculizan el conjunto, dotadas de una fuerza en la que comulgan la caricatura y un férreo control de la anatomía. ¿Y qué otro autor puede eludir la luz como lo hace Nájera, sin que se resienta el resultado por ello? Pocos.

Nájera compone páginas con una facilidad pasmosa, en las que la narratividad discurre quieta pero trufada de innumerables y acertados golpes de efecto: los planos que se alternan en busca de la amenidad, los ángulos de cámara elegidos desde puntos de vista enormemente originales, las viñetas abiertas, los escorzos abundantes, los detallados y a la vez límpidos planos generales, y ese manejo de la perspectiva tan grato a la vista y tan ausente en muchos de los cómics que estamos acostumbrados a leer, donde el efectismo y la pose se bastan por sí solos para validar la narración, o eso pretenden. Nájera es un constructor de espacios, un objetivo vertiginoso que se mueve como un demonio para hacer de cada escena un logro. Todo ello, sumado a su aseado estilo, hacen de esta obra un cómic imprescindible para los aficionados, tanto a los tebeos humorísticos como a los tebeos de fantasía heroica.

En lo argumental, Gañán supera con creces los hitos de historieta paródica publicados con anterioridad en nuestro país. El humor de Nájera es un humor básico, de andar por casa, pero nunca frisa lo exclusivamente zafio. Por sus viñetas desfilan tipismos y tópicos que siempre han obligado a la sonrisa, y el autor jienense los colusiona en un relato fántástico que le permite jugar con el homenaje, el chiste local, la denuncia velada, los dobles sentidos y el hábil juego de palabras.

En la epopeya que transcurre en la ciudad de Kaymán consigue hacer referencia a todos los tópicos propios del bárbaro popularizado por Marvel con destreza inimitable. Aparecen la taberna, el imprevisto aliado, el tirano habitual (muy, pero que muy parecido a un alcalde de cierta localidad costera española), la prueba del tormento, el verdugo repelente, la arena gladiadora, y la meretriz complaciente que, por desdicha, descubre sus pocas cualidades amatorias. Un repaso gozoso, un guiño constante para el iniciado en bárbaros, una carcajada continua.

En la historieta que comienza en los desolados horizontes de Zequedá, se homenajea al Conan esclavo, se logra el cenit de la comicidad con el mercadeo entre Adi Poso y Ali Kates, la elección del burro resulta hilarante y, luego, la búsqueda del jumento por parte del bárbaro también va sucediéndose en episodios que implican sendas risotadas. En esta segunda historieta los episodios de cariz sexual son más habituales y no voy a negar que eso envilece el relato, pero el transcurso del mismo hasta la lucha de poderes en la corte es muy inteligente. Aparte de que el dibujo en esta ocasión gana enteros y las perspectivas fluyen con todavía más riesgo, deviniendo trepidante la acción.



Gañán es sin duda la mejor obra de Nájera hasta el momento, su grafismo puede que evolucione más allá, pero aquí está definido plenamente su estilo. Y sus tebeos... sus tebeos están bien narrados, son absorbentes, entretenidos y divertidos.

Hay pocos que reúnan tantas condiciones. / Manuel Barrero


[Este texto fue primeramente publicado en el fanzine Weird Tales de Lhork, núm. 21, Círculo de Lhork, 1999. Ha sido corregido levemente para esta ocasión]


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