I la conspiración veneciana. Por



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I

 

La conspiración veneciana.



 

 

 



 Por

Webster G. Tarpley


Conferencia pronunciada en el ICLC en 1981

Publicado en Campaigner en septiembre de 1981

 

 

 



 

 

 



 

 

 



Traducido al español por jota2016@gmail.com

Introducción


El periodo histórico presente está marcado por la convulsa inestabilidad de las instituciones y tiene una importancia muy especial para aquellos que quieran basar sus acciones en el conocimiento adecuado del proceso histórico. Este conocimiento sólo puede venir mirando la historia como el juego de dos conspiraciones contendientes entre los Platónicos y sus adversarios epistemológicos y políticos, y no hay mejor camino para comprenderlo que el estudio de la Historia a través de la Oligarquía Veneciana, ejemplo de despotismo y de maldad.

Venecia, era conocida por sus habitantes como la Serenissima Reppublica, pero no era una república en el sentido que tiene la institución americana, tal como James Fenimore Cooper escribe en el prefacio de su novela El Bravo. Sus siniestras instituciones se continuaron a lo largo de quince siglos o más, desde los últimos años del Imperio Romano en su escisión con Bizancio, hasta las Guerras Napoleónicas. Eso es decir ayer en términos históricos. Venecia supone el estilo de gobierno Babilónico, contagiado de decadente antigüedad, golpeando como un látigo en la espalda de los Estados modernos.


La continuidad de Venecia durante más de mil quinientos años, es la continuidad en primer lugar de sus oligarquías y del paraguas de su comediante gobierno. Pero le debe más aún a la implacable aplicación de un método característico de Stato y de su aparato de inteligencia. Venecia nunca sobrepasó apenas los cien mil habitantes, sin embargo se aupó hasta el grado de superpotencia en el siglo XIII, y consiguió mantenerse así hasta la Paz de Westfalia en 1648 gracias al magnífico desarrollo de su política exterior, sus embajadas, sus departamentos de inteligencia exterior e interior y su ingerencia en operaciones en otros países.


Como se demostrará en los detalles de éste texto, Venecia convirtió en el centro de sus aspiraciones destruir los avances de la civilización Europea de los siglos XI y XII, y lleva una aplastante carga de culpa sobre la ascendencia y predominio de los Black Guelphs y la llegada de la peste negra.


Los venecianos aportaron recursos de inteligencia al ejército mongol de Genghis Khan y sus herederos. También estuvieron involucrados en el saqueo de Bagdag y en la serie de impedimentos que retrasaron su renacimiento durante el siglo XIII.


Los venecianos fueron mortales enemigos del humanista Paleologue y de su dinastía en Bizancio. Intentaron destruir a Gemisthos Plethon, Cósimo de Medicci, Leonardo da Vinci, Niccolo Maquiavelo, y a todo el renacimiento dorado Florentino, conspirando con éxito para su destrucción. La influencia veneciana resultó decisiva para el fin de la era de Elisabeth I (aperturista y renacentista) y la llegada de la lúgubre era de Jacobo I.


Las relaciones públicas venecianas fueron responsables de la conversión del


hereje de provincias germano, Lutero, en gran heresiarca conductor de una jauría de iluminados. No contentos con hacer naufragar esta operación contra la iglesia, Venecia fue más tarde la "madre" para el insípido nómada Ignacio de Loyola y su Orden de los Jesuitas.

 
Después del Concilio de Trento, Venecia sirvió también como base de operaciones para la Filosofía Liberal, oscurantista y anti-Leibniziana. De éste modo utilizó a Thomas Malthus y Jeremy Bentham para, a través de la política económica británica, golpear con el radicalismo filosófico británico a toda la humanidad.

Aunque Napoleón Bonaparte tuvo el mérito de forzar la liquidación formal de éste odioso organismo durante la Campaña Italiana de 1797, su acción no tuvo el efecto deseado. El cáncer, por así decirlo, había tenido ya tiempo para extenderse por Génova, Ámsterdam, Londres y otras ciudades. Así, aunque el poder político soberano de Venecia se había extinguido, su método característico de actuación seguía con vida, sirviendo de incubadora a lo que más tarde, durante el siglo XX conoceríamos como fascismo, primero en su rol expansivo cultural protofascista de la mano de Wagner y Nietzsche, y luego sponsorizando a políticos fascistas como Gabrielle D´Annunzio y Benito Mussolini.

 

Los Venecianos tomaron parte en la acción del Plan Parvus para desmembrar Rusia, y es muy probable que fueran los únicos responsables, sorprendiendo a todo el mundo incluyendo al gobierno Británico, del desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial en los Balcanes.



 
Más importante aún, Venecia está todavía hoy profundamente involucrada en la Fundación Cini y la Sociedad Europea de Cultura, think thank y escenario para el Club de Roma y sus destacados asociados. Venecia es la patria supranacional del Gang de la Nueva Era Oscura, es el símbolo unificado de la más extremista, utópica y lunática sección de la comunidad de los servicios de inteligencia en la actualidad.

 
Reconozcamos a Venecia hoy. Tendremos que echar un vistazo desde la imbecilidad monetarista de Paul Volcker, hasta el fanatismo ideológico que recorre el Bank of America, el Chase Manhattan, el Bank for International Setlements y todos los demás. Reconoceremos el inconfundible hedor de los canales de Venecia pudriendo los palacios de mármol de generaciones de parásitos corroídos por el mayor cinismo y crueldad, que la humanidad haya conocido jamás. 

 

 



 

Los orígenes

 

En la Edad Media los venecianos eran conocidos como el arquetipo del parásito, “la gente que ni siembra ni cosecha”. Para los griegos eran el equivalente a los sapos de los pantanos. En Alemania una leyenda popular describía a los mercaderes de Venecia como una especie de titiriteros que robaban el corazón a los hombres dejando una fría piedra en su lugar.



 

La esencia de Venecia se encierra en el símbolo de la ciudad, el León Alado de San Marcos que llevaba la falaz inscripción “Pax tibi Marce, evangelista meus”. La quimérica figura venía de Oriente, de algún lugar entre Persia y China. Este símbolo es manifiestamente pagano y su relación con San Marcos se estableció tardíamente mediante una inscripción, tras una supuesta visita del santo a las lagunas venecianas. Para respaldar esta historia, los venecianos robaron el cuerpo de San Marcos de Alejandría, en Egipto, tal y como lo refleja el cuadro de Tintoretto que recuerda este momento.

 

Venecia mira al Este, hacia Levante, Asia Menor, Asia Central y el Lejano Oriente, hacia sus aliados de Asia, y especialmente, hacia las oligarquías chinas con quienes compartió negocios y guerras. Esto explica porque la vida en Venecia tenía en ocasiones rasgos semi-orientales. El rasgo más relevante era el status de las mujeres que el Dux Mocenigo exhibía ostentosamente como un harem.



 

Hoy Venecia se asienta en la línea que va desde Lübeck a Trieste, la demarcación que separa a La OTAN del Pacto de Varsovia, aproximadamente la misma demarcación que delimitaba a los campesinos libres de los siervos de la gleba en el siglo XVI. Con anterioridad también fue la demarcación entre el imperio Otomano en el Este y la Cristiandad en el Oeste; y aún antes había sido la demarcación entre el Sagrado Imperio Romano y el Imperio Bizantino. En esta parte del norte del Adriático fluye el río que viaja desde la cara sur de los Alpes Dolomitas y de los Alpes Julianos. Su nombre es el Po. Este río, 300 años antes de Cristo, se desplegaba al norte del Adriático formando un cinturón de pantanos, lagunas y marismas de unos 500 kilómetros cuadrados de extensión, desde la ciudad de Rávena hasta la base de la península de Istria, dónde confluyen hoy las fronteras entre Italia y Yugoslavia.

 

En el centro de este sistema estaba Aquilea, punto de partida de un importante trafico comercial que viajaba de Norte a Sur cruzando desde el Paso de Brenner al Valle del Danubio y Bohemia. En Aquilea se asentaba el patriarca de la Iglesia Cristiana, pero ésta tradición era eminentemente pagana y arropada por el ritual del antiguo culto egipcio a Isis. Para el año 404, Rávena, y no Roma, era la capital del Imperio Romano de Occidente. Tras la extinción de ésta sección del Imperio Romano, Rávena fue la sede del gobierno de Teodoríco el Ostrogodo, cuya corte visitó Boecio. Después Rávena fue la capital de la Italia vencida por los bizantinos.


Las islas de los pantanos resultaban invulnerables para la época (algo así como Suiza lo fue por su orografía durante la II Guerra Mundial) y se convirtieron en refugio de la aristocracia Romana que pretendía escapar tanto de los Godos, como de los Hunos o los Lombardos. Entre los años 300 y 400 después de Cristo, ya se registran apellidos de Grandes Familias cuyos nombres resultarían mas tarde infames: Candiano, Faliero, y Dandolo. La leyenda habla de la gran afluencia de refugiados durante las incursiones de Atila el Huno en 452 después de Cristo. Varias áreas fueron colonizadas incluyendo la actual ciudad de Torcello, después la administración se asentó en un lugar llamado Rivus Altus, nombre que con posterioridad degeneró a Rialto, que es dónde está la ubicación actual de Venecia.

El nacimiento oficial de la Urbe Condita se sitúa el 25 de marzo de 721 después de Cristo, habiendo sido elegido en 697 Paoluccio Anafesto, primer gobernador de la comunidad de los pantanos, recibiendo el nombre de Dogo, el equivalente veneciano de la palabra latina Dux o de la florentina Duce. El hecho más significativo de todo éste periodo es la supervivencia y posterior desarrollo de Venecia, gracias a la alianza con el torticero Emperador Justiniano de Constantinopla. Esta alianza fue fortaleciéndose con los años gracias al matrimonio endogámico entre el Dogo y una oligarca veneciana emparentada a su vez con la nobleza de Bizancio, donde una facción encarnó las siniestras tradiciones supervivientes del Senado Romano durante un milenio después de la caída de Roma en 476.

 

Las familias venecianas estaban divididas en dos categorías. Primero los herederos de las antiguas familias, los Longhi, quienes podían retrotraer sus orígenes con antelación al año mil. Los Longhi incluyen nombres tristemente célebres en la historia europea: Dandolo, Michael, Morosini, Contarini, Giustinian, (quizá emparentados con el emperador bizantino), Zeno, Cornaro, Gradenigo, Tiepolo y Faliero. Estas viejas familias mantuvieron el monopolio del Ducado, el cargo de Dogo, hasta 1382. A partir de entonces se vieron obligados a admitir a los Curti, una serie de familias advenedizas, en los más altos puestos del estado. Después de aquello nuevas familias como los Mocenigo, Foscari, Malipiero, Vendramin, Loredano, Gretti, Dona y Trevisano, se encaminaron hacia la ascendencia.



 

Estas familias y el Estado que construyeron crecieron en riqueza parasitando el comercio, especialmente el comercio entre Oriente y Occidente, que fluía profusamente hacia los mercados de Rialto. Pero la base de la opulencia veneciana provenía de la esclavitud practicada contra turcos, magrebíes, mongoles, sin excluir a griegos e italianos, que cotizaban muy alto como esclavos de galeras. Este mercado incluía germanos y rusos, que eran embarcados en Tana, puerto avanzado de los mercaderes venecianos en la desembocadura del Don, la más alejada esquina del mar de Azov. Después fueron los africanos los que llenaron las bodegas de los barcos de la nobleza de la Sereníssima República.



La política económica de la esclavitud.

 

Durante los años del imperio marítimo veneciano, islas como Creta, Chipre, Corfú y Naxos se convirtieron en pequeñas sucursales de un holding que se extendía por todo el Egeo, dedicado a la labor de la comercialización de la esclavitud, a veces directamente bajo el régimen veneciano y en otras ocasiones bajo administraciones privadas de la oligarquía veneciana, como por ejemplo el clan de los Corner, que obtuvieron su fabulosa fortuna de la esclavitud.



 

En siglos posteriores los harenes del Imperio Otomano, de los Balcanes a Marruecos fueron abastecidos con mercancía veneciana. Las tropas Turco-Otomanas también fueron abastecidas por mercaderes venecianos. Como recuerdo de aquella beneficiosa industria queda el nombre de una sección del puerto de Venecia llamado Riva Degli Schiavoni.

 

Hacia 1500, el oligarca veneciano Cristoforo da Canal, Almirante de la flota de la Sereníssima Reppublica del momento compuso lo que se ha descrito como un diálogo Platónico concerniente a los méritos de los esclavos de galeras:



 

Los italianos los peores, los dálmatas superiores, los griegos los mejores y más bravos, aunque apestosos y repulsivos.”

 

Durante los siglos XVII y XVIII, Venecia estableció tratados con otros Estados como Bavaria, por los cuales adquiría a la población reclusa de estas naciones para trabajar de por vida como esclavos de galeras.


Indistinguible de la trata de esclavos, la piratería era otro de los elementos propios de la economía veneciana. Las guerras con Génova y otras naciones eran esperadas con impaciencia, pues constituían la oportunidad de piratear sus naves, ya que la victoria o la derrota dependían más de que estas operaciones tuvieran éxito, que del combate de los navíos, o de los soldados que portaban.

 

La piratería oscureció perceptiblemente el comercio. Durante décadas llenas de violencia los venecianos extendieron su manto por el mundo mediterráneo liderando sus acciones. Venecia se convirtió en un lugar muy similar al Londres anterior a la Primera Guerra Mundial, cuando cientos de artículos provenientes de lugares estratégicos eran comercializados allí.



 

Los artículos más significativos eran las especias y las pieles de China e India, destinados a los mercados de la Europa Central y Occidental, quienes basaban su economía en la exportación a Oriente de su producción textil y metalúrgica, sin olvidar los metales preciosos. La producción de Venecia durante este periodo fue nula si exceptuamos las manufacturas de cristal de Murano. El rol habitual del típico mercader de Venecia era una mezcla entre usurero, comisionista e intermediario, protegido por el monopolio de las redes de distribución y transporte que las galeras de guerra proporcionaban.

 

La gestión veneciana del comercio fue irónicamente económico-dirigista.


Venecia sostuvo el monopolio de todo el comercio marítimo al norte del Adriático. Los funcionarios de la Serenissima Reppublica organizaron las flotas de galeras de tal modo que se enviaban una o dos veces al año a puertos de crucial importancia. Las galeras eran construidas en unos astilleros conocidos como el Arsenal, que durante siglos fueron los más grandes del mundo. Los astilleros arrendaban las galeras a los oligarcas y a sus socios mediante una especie de subasta, cada detalle de las operaciones de aquellas flotas de galeras, incluida la obligación de navegar en convoy, estaba estipulada en contratos regulados.

 

En el apogeo de Venecia las flotas de galeras eran enviadas a Tana y Trebizondo en el Mar Negro; a Creta, Rodas y Chipre en el tránsito a Beirut en el Levante; a Túnez, Trípoli, Argel, Orán y Alejandría en el Norte de África, así como a España, Francia y las ciudades costeras de Italia. Eran enviadas de manera especial al área correspondiente a la moderna Grecia. Otras flotas de galeras cubrían la ruta de Southampton, Londres, Brujas y Amberes a través del estrecho de Gibraltar.



 

Muchos de estos puertos continúan aún bajo la influencia de Venecia. En cada instancia, los venecianos buscan la creme de la creme de los negocios mundiales. Ellos continúan beneficiándose de su tradicional 20%, a través de la financiación de guerras y de las compensaciones de los seguros marítimos en los cuales fueron pioneros.


El Estado Veneciano

 

La proverbial estabilidad del régimen veneciano ha fascinado siempre a los historiadores. ¿Cómo es posible que mantuviesen tantísimo poder durante más de un milenio, sin que nunca enfrentaran una invasión externa o una rebelión interna?


Venecia permaneció ajena a cualquier tipo de invasión extranjera hasta el acuerdo de 1797. La monolítica iniquidad de las instituciones venecianas fue perturbada no más de media docena de veces a causa de revueltas interiores que eran ahogadas de modo expeditivo en baños de sangre. La estabilidad se conseguía eliminando con violencia a los protagonistas de las revueltas.

 

En este aspecto Venecia contrastó especialmente con su rival Génova, cuyos gobiernos desde 1300 a 1500, tuvieron una expectativa de vida similar a la de los gobiernos italianos de la segunda mitad del siglo XX. Venecia también se distinguió de los Estados Pontificios, cuyos máximos cargos solo duraban a lo sumo unas decenas de años, sin olvidar que en ocasiones las facciones humanistas conquistaron el poder. En Venecia, debido a los finales sangrientos, las discusiones internas entre diversas facciones de la oligarquía eran escasas y aquellas energías eran sublimadas hacia el mundo exterior.


En las clasificaciones expuestas en la República de Platón Venecia se define como una oligarquía:

 

“…Un reducido grupo se constituye como poder para regular las propiedades y nada más, donde los ricos ejercen su poder sobre los pobres sin que estos cuenten para nada en las tareas de gobierno…una constitución llena de maldad”.



 

La oligarquía es la perversión de la aristocracia, donde los gobernantes son los mejores y más honorables representantes de la sociedad. Pero al mismo tiempo que el régimen de Venecia era consciente de su ubicación en el catálogo platónico, también conocía la descripción de la transición posible de la oligarquía a la democracia y contra está evolución tomaban medidas.

 

Platón comenta en el libro VIII de La República:



 

La perversión de la forma de gobierno siempre empieza en el momento en que una facción interna de la clase gobernante así se lo propone. Ésta facción va captando mediante propuestas futuras de enriquecimiento al resto de la clase, que aunque es muy reducida resulta imposible de disolver….La palanca de la amenaza oligárquica se apoya en el afán de riquezas que todo hombre posee y por el que son tentados a destruir su forma de gobierno. Los oligarcas colocan una suma de dinero mayor o menor, según vaya cerrándose el círculo y finalmente proclaman que ninguna cuota del poder del gobierno está fuera de su control. Después se van cumplimentando sus objetivos por la fuerza de las armas, y es mediante el terror como establecen su nueva forma de gobierno.”

 

El poder de Venecia duró tanto gracias a la subordinación de las familias nobles a las necesidades de la oligarquía, delimitada por el acorazamiento del status de la primera y de sus descendientes varones obtenido ya en 1297. También colaboró a esta situación el continuado uso del terror contra las masas y contra la nobleza misma



 

Los varones del centenar y medio de familias pertenecientes a la nobleza veneciana tenían derecho a sentarse permanentemente en el Gran Consiglio. Hasta comienzos del siglo XVI eran aproximadamente dos mil individuos pero luego este número fue menguando poco a poco. Las votaciones de las diferentes facciones eran dirigidas por el jefe momentáneo de cada una de ellas. Algunos de ellos eran elegidos para ocupar cargos cruciales en las tareas de gobierno. Los primeros ciento veinte miembros de este consejo, llamados Pregadi, pertenecían al Senado, desde el que se dirigía la política exterior y la elección de embajadores. Hacia la mitad del siglo XV, Venecia era la única nación de la tierra que mantenía delegaciones permanentes en las principales cortes y capitales del mundo conocido. El Senado también elegía a los cinco ministros de la guerra, a los cinco ministros de la marina –llamados Savi- y a los seis Savi Grandi, que actuaban de consejo privado del Dogo. Bajo la dirección de éste formaban un órgano colegiado que cumplía la función de poder ejecutivo.

 

El Gran Consiglio elegía a su vez al Consejo de los Cuarenta, encargados de las finanzas y de la elaboración de los presupuestos, aunque con posterioridad se constituyeron en una suerte de fiscalía, encargada de la persecución de los delitos. A su vez eran elegidos otros tres fiscales con capacidad para investigar y enjuiciar a los cargos públicos, aunque el Dogo tenía el privilegio de obligar a la familia, después de la muerte del delincuente, a pagar una suma de dinero en concepto de multa.



 

El Gran Consiglio elegía al Dogo mismo, de por vida, a través de un complicadísimo método de procedencia Bizantina, empleado para asegurar que el designado representase a los electores. Primero treinta miembros del Gran Consiglio eran elegidos al azar utilizando unas bolas coloreadas que los venecianos denominaban ballot. Estos treinta elegidos empleando una especie de nuevo sorteo elegían a un grupo de otros cuarenta electores, quienes a su vez formaban nuevos electores constituidos en grupos de doce miembros. Este procedimiento se repetía varias veces hasta que finalmente terminaba en un grupo de cuarenta y un electores, de los cuales veinticinco acababan proponiendo una nominación a Dogo que posteriormente era aprobada por el Gran Consiglio. Un proceso igual de complicado se utilizaba para elegir a los Savi Grandi, los seis consejeros y supervisores privados del Dogo.

 

La más peculiar de las instituciones venecianas era el Consejo de los Diez, Consiglio dei Dieci, establecido en 1310, con la misión de coordinar las operaciones de inteligencia en los ámbitos exterior e interior. Reunidos en sesiones secretas con el Dogo y sus seis asesores, los Diez contaban con el poder de dictar actas contra cualquier persona o grupo de personas, tanto en la jurisdicción de Venecia como fuera de ella. El perseguido era estrangulado y esa misma noche su cuerpo era arrojado al Canale Degli Orfani.


Los Diez tenían a su disposición una vasta red de inteligencia tanto en el extranjero como en el interior de la mismísima Venecia. Disponían de tales recursos que eran capaces de penetrar cualquier conversación entre nobles y ciudadanos de tal modo que con frecuencia, su contenido era conocido por Los Diez en menos de veinticuatro horas gracias a la ubicuidad de sus informadores y espías. Aun hoy quienes visiten el Palacio del Dogo pueden ver unos buzones en forma de León con la inscripción Per denontie segrete, para que cualquiera pudiese denunciar anónimamente ante la monstruosa burocracia de Los Diez a aquellos individuos que estuviesen cometiendo delitos contra las arcas públicas o violando la Ley. Contra las sentencias de muerte de Los Diez, no cabía recurso alguno y sus deliberaciones y sentencias nunca se hacían públicas. Los acusados simplemente desaparecían.
El régimen de Venecia constituye un perverso ejemplo de Sistema de Poderes y Contrapoderes dentro de la Teoría del Estado. Los Savi Grandi, contrarrestaban el poder del Dogo, quien a su vez contrarrestaba el poder de los Savi Grandi, pero poco a poco cada vez más poder fue pasando al inquisidor del Estado, el jefe de Los Diez. Los fiscales actuaban como perros guardianes en muchas instituciones y materias, como el Senado, y en tiempos de crisis el Gran Consiglio intentaba hacer valer sus poderes. Los Diez permanecían siempre en un discreto segundo plano.

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