In defence of Savage civilization: Tom Harrison, cultural studies and anthropology



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Universidad Bolivariana

Escuela de Antropología Social



Antropología social
Stanton, Gareth: "In defence of Savage civilization: Tom Harrison, cultural studies and anthropology", en: Nugent,S. & C.Shore: Anthropology and Cultural Studies, 1997, Pluto Press, G.B.-U.S.A.; pp.11-33.

pp. 13-20: "A revolution in British social Antropology?"
En los círculos anglosajones de la historia de la antropología moderna es bastante simple, o al menos lo fue hasta la publicación de los diarios de campo de Malinowski en 1967. Hasta ese punto se sostenía, por lo general, que una parte crucial del mito fundacional de la antropología social británica estaba más allá de duda. Como resultado de una enfermedad, un joven estudioso polaco empezó a leer trabajos de antropología en su lecho de enfermo. Una versión de la Leyenda del héroe dice que el contacto de Malinowski con la antropología de la época condujo al polaco a dejar sus estudios de química y física y dirigirse a la London School of Economics para estudiar con académicos como Westermarck y Seligman. La rama de la etnografía que estos hombres practicaban implicaba trabajo de campo, es decir períodos prolongados de tiempo pasados en el mundo del "otro" etnográfico, pero el tiempo pasado no estaba restringido habitualmente a una sola región localizada y tenía, /.../, una estrecha relación con la tradición del siglo diecinueve del explorador/viajero. Los así llamados antropólogos "de poltrona" tales como Frazer simplemente mantenían correspondencia con gente en el terreno (misioneros, funcionarios coloniales, etc.), creando sus teorías en base a tal información combinada con su conocimiento de mitología antigua y folklore. Westermarck, él mismo también un emigrado, pero de Finlandia, sirve como un paradigma del modelo de investigador que está cercano al tipo explorador, pero que se está aproximando al modelo de trabajo de campo que habría sido reconocible para los etnógrafos funcionalistas clásicos. El viajó extensamente en un país, Marruecos, y trabajó en el vernacular, usando informantes "nativos".
En contraste con la mayoría de los antropólogos anteriores, Seligman y Westermarck por lo menos procuraron aprender los lenguajes de y hacer contacto directo con las gentes que estaban estudiando. El mismo Malinowski fue varios pasos más allá, o así lo dice el mito. El insistió en que el suyo era el modo adecuado y único de proceder, y entregó reglas para la conducta de trabajo de campo antropológico, basadas en su propio trabajo en las Trobriand. /.../. De acuerdo a Malinowski, la meta es comprender el modo en que el "nativo" ve el mundo, su (porque éste tiende a ser el caso) comprensión de su realidad. Para resumir su actitud, Malinowskí animaba a que:
"El antropólogo debe abandonar su cómoda posición en el sillón en la veranda del asentamiento misionero, la estación gubernamental, o el bungalow del plantador, donde, armado con lápiz y libreta de notas y a veces con un whiskey con soda, ha estado acostumbrado a recoger declaraciones de informantes, escribir historias, y llenar papeles con textos salvajes".
Se ha sugerido que la actitud fomentada por Malinowski y su propio autobombo personal durante su vida resultó en una visión del antropólogo como héroe, pero como ha argumentado Stocking, el rol de Malinowski es más complicado de lo que las versiones simples de este mito podrían sugerir:
"La emergencia del trabajo de campo fue un proceso multifacético al cual contribuyeron muchos individuos antes y después de Malinowski. Pero la deliberada arquetipificación de Malinowski del rol del "etnógrafo" ofreció, tanto para los antropólogos venideros como a los variados públicos en los límites de la disciplina en desarrollo, una imagen poderosamente condensada (aunque expansiva) del antropólogo como el procurador de conocimiento esotérico exótico de gran valor potencial" (1989).
Pese a tales variadas apreciaciones del desarrollo de la antropología ciertamente fue el caso que, a principios de los 50, los estudiosos de los fundadores funcionalistas de la antropología social británica moderna pudieron recitar sus propósitos y objetivos con algún grado de claridad. Fuerte en método, sin embargo Malinowski fue a menudo considerado como débil con respecto a teoría general pese a lo cual comentadores posteriores, como Bloch, argumentan que la antropología británica, aunque en desorganización teórica y casi enteramente ignorante de las corrientes intelectuales tales como el marxismo, realmente tuvieron sus "días de gloria" en los años 1920-60. Bloch argumenta que la antropología británica era única "debido a sus estudios detallados de sociedades reales en operación, y por relacionar variedades totales de fenómenos para crear una síntesis" (1983), pero esto sólo puede ser entendido como una referencia a las innovaciones metodológicas introducidas por Malinowski. Esto no significa sugerir que ciertos problemas con sus prescripciones no hubieran aparecido previamente. El mismo Malinowski reconoció que la acumulación de datos simplemente conducía a que hubiera lotes de datos que requerían interpretación para llegar a "Leyes y generalizaciones"./.../.
Aunque este relato está simplificado, las consecuencias para el desarrollo de la antropología social británica fueron las siguientes: un hombre, Malinowski, proclamó una revolución en el método para el tema. Denunció todos los esfuerzos previos como defectuosos y dispuestos para producir una racionalidad para la antropología que era científica y humanista. Estableciendo un piso seguro dentro de la academia británica (y la fuerza de su personalidad no pasó desapercibida), él pudo reclutar y mantener un grupo de devotos acólitos que publicaron y propagaron su visión de la antropología. Aunque se reconocieron problemas, la mayoría aceptaba a Malinowski en su valor nominal y estaban preparados para seguir cl camino metodológico en cl cual pensaban que él se había embarcado. Malinowski estaba incluso preparado para endosar la utilidad de la antropología al frente hogareño./.../ un grupo de escritores e investigadores, en base a los principios malinowskianos, intentó generar una "antropología de nosotros mismos" para el contexto británico /...!.

Con la atenuación del colonialismo, la disciplina de la antropología ha sido forzada a reconsiderar su propia posición dada la estrecha conexión en relación con la empresa colonial total. Implícitas en las discusiones entre antropología y colonialismo están lo que denominaría una crítica "fuerte" y una versión "débil". En una detallada discusión de una versión de la crítica "débil" Kuklick: ( 1991 ) hace una cantidad de interesantes observaciones respecto del acercamiento malinowskiano al trabajo de campo del "antropólogo como héroe". Discutiendo la carrera de un oficial colonial típico, ella señala que las carreras empezaban probablemente en áreas rurales a menudo distantes de otros funcionarios coloniales. Sugiere que en algunos aspectos fue la visión romántica que tenían la que facilitó el triunfo de la antropología funcionalista. Las descripciones que ofrecían los antropólogos funcionalistas de sus métodos de investigación "eran muy probablemente informes de sus procedimientos administrativos hechos por funcionarios políticos" ( 1991 ). Los antropólogos podrían considerarse ahora como "espíritus hermanos". La discusión de Kuklick acerca de la compatibilidad entre el antropólogo "héroe" y cl funcionario colonial - Y por extensión todo cl intento del colonialismo - es interesante. Sin embargo, es imposible cuestionar que con cl colapso de los regímenes coloniales, se hizo evidente una cierta animosidad hacia la figura del antropólogo. Mientras un antiguo líder nacionalista tal como Jomo Kenyata se sentaba en el seminario de Malinowski en la London School of Economics, otros como Nkrumah ahora consideraban a los antropólogos con profunda sospecha. Sin embargo, la discusión de Kuklick pone un giro interesante en la aseveración de Kuper de que había, de hecho, un lazo my poco efectivo entre las finanzas coloniales y el trabajo de campo antropológico, siendo mas probable que los administradores coloniales consideraran a los antropólogos con desdén que cualquier otra cosa. En otro contexto, Kuklick (1984) argumenta que el trabajo de los funcionalistas influenciados por Malinowski "pueda ser mejor apreciado como un himno a los méritos de la democracia igualitaria más que como una apología para el colonialismo". Esto es mas claro en cl trabajo de Evans-Pritchard sobre los nuer. Como a señalado Renato Rosaldo, los nuer, en el relato de Evans-Pritchard, "representan un ideal de libertad humana, incluso en medio de la dominación colonial" (1986). En este sentido, los nuer fueron retratados simplemente como una versión idealizada de nosotros mismos.


Estas críticas "débiles" de la relación entre antropología y colonialismo no destruyen necesariamente el imperativo malinowskiano, pero las críticas desarrolladas a principios de los 70s iban a tomar una posición mucho más fuerte sobre la relación. La antropología Llegó a ser pintada ampliamente como la criada/asistenta del colonialismo o imperialismo, o en realidad de ambos. En el contexto británico, el trabajo que estableció más enérgicamente la línea argumental fue Anthopology and the Colonial Encouter (1973), de Asad. Fue este trabajo el que puso el piso, dentro de la antropología en Britain, para el propio encuentro de ésta con la economía política y el marxismo-estructural francés. Este análisis del rol de la antropología dentro del sistema colonial iba a ser unido en años posteriores con una cantidad de formulaciones que venían inicialmente de estudios literarios comparativos y que utilizaban la retórica de Foucault (y otros), tendencias que fusionaron en una "crisis de la representación" más general. La plausibilidad de la. crítica fue reforzada por el colapso de la fe en la formulación malinowskiana original. Este fue un proceso que puesto en marcha, en gran parte, por la publicación en 1967 de los propios diarios de trabajo de campo de Malinowski./.../.
La poco ortodoxa valoración de Geertz de la carrera de Malinowski insinúa que su revolución en la metodología antropológica fue sospechosa (1988). En la época de la publicación del diario, Geertz describió a su autor, en un escrito en el New York Review of Books como un "avinagrado, preocupado de sí mismo, hipocondríaco narcisista, cuyo sentimiento correspondiente por la gente con quien vivía era limitado en extremo". Como comenta Young, más que el antropólogo-como-héroe ahora tenemos al antropólogo como anti-héroe, una progresión propiamente dialéctica. Entonces, ¿de qué modos se extralimitó Malinowski? Como sugiere Young, expresiones como la siguiente: "En cuanto a la etnología: veo la vida de los nativos como completamente desprovista de interés o importancia, algo tan remoto como la vida de un perro", probablemente iban a causar alarma entre quienes habían tomado sus prescripciones metodológicas en su valor nominal. En realidad, el tono total del diario podía ser interpretado como sugiriendo un grado de desdén totalmente inadecuado para quien construyera su carrera defendiendo al "racional hombre trobriandés" como una corrección para las formulaciones ingenuas y las especulaciones de generaciones previas de antropólogos respecto de la forma y naturaleza del pensamiento y los procesos mentales "salvajes" Ciertamente, sus repetidas referencias a los trobriandeses como "negros" ["niggers"] debían crear una conmoción (aunque habría que señalar que Leach, en una reseña temprana en el Guardian, destacó lo absurdo de traducir nigrami como niggers en vez de blacks, juzgado un uso más aceptable por Leach). Dejando de lado esto, y dadas las explosiones que ningún argumento de "mala traducción" puede aminorar, Firth señaló, en su introducción original, que tales momentos revelan "un lado más oscuro de la relación de un antropólogo con su material humano" ( 1988). Esta misma discusión de "material humano" podría causar ahora un estremecimiento, pero Firth perdonó los lapsos a Malinowski. Inscribiendo una nueva introducción en 1988, Firth reseña el debate estimulado por la publicación del diario. Aquí estaba preparado para reconocer que la publicación del diario destruyó el aura de "desapego olímpico" que es dado por las etnografías funcionalistas clásicas, sugiriendo que "el antropólogo llegó, vio, registró y se retiró a escribir el material, aparentemente intocado por sus experiencias". Para. Firth entonces, es este elemento de desapego, más que la noción de antropólogo-heroe, la que el diario destruyó. Sin embargo, éste no es más que un punto de vista. Como hizo notar Stocking, "la reacción al diario no ha ido más allá de las referencias desilusionantes a los "niggers" trobriandeses". Stocking mismo iba a intentar probar los diarios en relación con el encuentro de Malinowski con el psicoanálisis freudiano, pero otros escritores iban a adoptar un acercamiento algo diferente a la humanidad de los traba-jadores de campo en general, e iban a intentar transformar la empresa antropológica en una forma más reflexiva y literaria.

Una clave para esta transición se da en la "reseña" de reseñas de Firth, ofrecida en la segunda edición del diario de Malinowski. Una figura que resalta es el historiador y crítico cultural americano James Clifford, quien, señala Firth, en su acercamiento a la escritura etnográfica se ha "fascinado por la noción de ficción y tiende a tratar cualquier texto con un elemento de subjetividad personal como "ficción"". Es con los escritos de Clifford y una cantidad de sus colegas que vemos la coalescencia de una cantidad de voces en algo que se aproxima a un movimiento coherente en antropología. Si tuviéramos que señalar un momento en este proceso sería la publicación de la colección de Clifford y Marcus Writing Culture en 1986. Clifford, siguiendo al crítico literario Steven Greenblatt, él mismo un escritor que en ocasiones se apoya en la antropología, y su noción de Renacimiento autoformante, discute el acertijo de Malinowski bajo la rúbrica de "autoformación etnográfica". Describe el mundo en que ahora vivimos corno "sincrético", "postcultural". Empezando con un epigrama de la Victory de Conrad, Clifford desarrolla una extensa comparación de los dos polacos reformando sus identidades en relación con el mundo alrededor de ellos. Argonauts of the Western Pacific (1922), el primer libro Trobriand de Malinowski, dice Clifford, fue parte de este proceso de reformación, un texto en el que está excluido el diario y escrito en limpio "en el proceso de dar totalidad a una cultura (Trobriand) y a un yo (el etnógrafo científico)", Este antropólogo quintaesencial de la etnografía se desintegraría con las revelaciones del diario que "una vez introducido en el registro público de la ciencia antropológica, sacudió la ficción de relativismo cultural como una subjetividad estable, un punto de vista para un yo que entiende y representa a un otro cultural". Para Clifford, la aparición del diario hizo posible que los años de fines de los 70 y principios de los 80 fueran testigos de la aparición de nuevas formas de realismo etnográfico - más dialógicas que en el pasado y mas resistentes al cierre -, tendencias bien representadas en la colección de 1986. Sugiere que tales trabajos se balancean precariamente entre el realismo y el modernismo, sugestión que, sin embargo, nos lleva a turbias aguas definicionales.


Para Geertz (1988), la escritura de Evans-Pritchard constituye "realismo etnográfico", una forma construida rigurosamente para dar la impresión de realidad. La discusión de Geertz del diario de Malinowski, sin embargo, lo lleva a meditar sobre lo que denomina etnografías "Yo-testificales ["I-witnessing"] de época más reciente, escritos que no aspiran a las formas de realismo usadas por autores corno Evans-Pritchard. Menciona un trío de etnógrafos americanos que han trabajado en Marruecos, Paul Rabinow, Kevin Dwyer y Vincent Crapanzano, cuyo trabajo ha sido citado frecuentemente en el contexto de una nueva etnografía experimental o incluso bajo la rúbrica de etnografía "posmoderna". (como uno de sus supuestos proponentes, Crapanzano es algo escéptico respecto de tales desarrollos. "En los últimos años", escribe, "se ha hablado mucho /.../ acerca de desarrollar modos experimentales de escribir etnografía" (1992). Marcus y Fisher anunciaron en 1986 que lo que esta pasando "nos parece ser un momento fecundo en el que cada proyecto humano de investigación y escritura etnográfica es potencialmente un experimento". En términos más generales, y siguiendo a Rabinow, Fardon señala que se están produciendo textos antropológicos por medio de textos más que por trabajo de campo ( 1990).
Tal descripción de un desafío a versiones más antiguas de "hacer antropología' hace alusión a la disputa que tiene el posmodernismo con formas de realismo y ensaya la regresión infinita de significado de Braudillard. Sin embargo parece haber algunos problemas. En realidad, parece haber alguna confusión respecto de lo que es posmodernismo o posmoderno, como ha demostrado Robert Pool (1991). Un crítico como Scott puede describir la colección Writing Culture como "meta-antropológicas" y de atmósfera posmodernista declarando que la cultura es móvil, que es ilimitada y conjetural (1992), aunque Tyler, el mismo contribuyente al volumen Writing culture, escribe que la colección "no es posmoderna, sus autores no invierten la relación entre estética y epistemología ni revolucionan la triple jerarquía de epistemología, política y estética" (1987).
Scholte argumenta que la historia reciente de "los estudios culturales Angloamericanos" es definida mayormente por tres movimientos: una "antropología crítica", de la cual cita a Hymes (1974) como una variedad temprana, aunque sin duda también podría incluir a Asad (1973) y Wolf (1982); una antropología feminista, por ejemplo Nisa! de Shostak es un clásico reciente; y finalmente la antropología simbólica, con la cual une los desarrollos alrededor de la colección de Writing Culture y la revista Cultural Anthopology (1987). El núcleo de esta colección para Sholte es, sin embargo una transición posmoderna "desde una idea única de la autoridad etnográfica a una multiplicidad de experimentos descriptivos y paradigmas interpretativos".

En tanto que sería erróneo sugerir de alguna manera que la etnografía "experimental" (o como quiera que la denominemos) tiene agarrada por el cuello a la antropología en general, las negaciones de su importancia en ciertos cuarteles sugiere que hay algo que vale la pena examinar. Como ha señalado Knauft: "Hay un sentimiento palpable aunque algo reaccionario entre los antropólogos acerca de que el intenso desarrollo de los estudios culturales ha usurpado la noción antropológica de "cultura" (1994). En realidad, como argumenta el antropólogo Nicholas Thomas en una declaración del estado actual del flujo académico, el trabajo reciente "casi ha creado un campo de humanidades postdisciplinarias, en el cual las historias, los estudios culturales, la política cultural, las narrativas y las etnografías se intersectan y están todas abiertas a ser desafiadas" (1994).


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