Indice analitico: Procesos Electorales y Democracia



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NUMERO: 65

FECHA: Noviembre 1994

TITULO DE LA REVISTA: Proceso Electoral 1994

INDICE ANALITICO: Procesos Electorales y Democracia


AUTOR: Noemí Luján Ponce [*]

TITULO: Tecnología Electoral y Democracia en México (1988-1994)

ABSTRACT:


El Programa Padrón Electoral 1991, el Programa Credencial para Votar con Fotografía, la realización de verificaciones y auditorías al padrón y a los listados nominales, el Programa de Resultados Electorales Preliminares y el Conteo Rápido fueron el resultado de acuerdos políticos destinados a dar credibilidad a los procesos electorales. Desde la óptica gubernamental, estos ambiciosos y costosos programas buscaban convencer a los partidos políticos a los líderes de opinión y a la ciudadanía de que los instrumentos electorales resultantes serían factores fundamentales para la realización de elecciones confiables. Para los partidos de oposición, la aplicación de tecnología de punta en la elaboración y verificación de estos instrumentos permitiría avanzar en la búsqueda de controles que impidieran el fraude electoral.
TEXTO:
La forma de gobierno que ha mostrado históricamente ser la más adecuada para las modernas sociedades de masas es la democracia. [1] Esto es así porque en las sociedades de masas sólo la democracia ha podido constituirse en una fuente de legitimidad con pretensiones de permanencia y reproducción suficientes para conformar regímenes políticos estables en el largo plazo, fundados en principios y reglas básicas compartidos por los ciudadanos y rectores de las instituciones políticas. Los procesos de secularización y racionalización que han acompañado a la modernidad han puesto en crisis los principios que sirvieron de base para la legitimidad en otras épocas. La tradición, la ascendencia real, la fuerza o el carisma han ido cediendo terreno, o por lo menos, han ido encontrando una articulación subordinada frente a la fuerza del ideal democrático como fundamento de legitimidad del Estado moderno.
Si bien es cierto que los orígenes de la democracia se remontan a la antigüedad griega, cuando se incorporaban todos los ciudadanos a la toma de decisiones, la moderna es fundamentalmente una democracia representativa. A pesar de ello, los sistemas democráticos del mundo reservan ciertos espacios a ejercicios de democracia directa. La existencia de las figuras del plebiscito y el referéndum en las legislaciones electorales de varios países es una prueba de ello. Sin embargo, este tipo de procesos están acotados a decisiones especiales y constituyen procedimientos de excepción. El funcionamiento regular del gobierno y la administración en las democracias modernas se fundamenta en el principio de la representación política, y se realiza en correspondencia con el tipo de régimen político, ya sea parlamentario o presidencialista, o alguna de sus múltiples variantes.
Aun cuando la democracia no se agota en los procesos electorales, son éstos el mecanismo por antonomasia para conformar gobiernos democráticos. Las elecciones desempeñan funciones de gran importancia para el mantenimiento y la reproducción de los sistemas políticos democráticos. Algunas de las funciones sustantivas de los procesos electorales en las sociedades democráticas de masas son: renovación y reclutamiento de las élites políticas; relevo pacífico de los gobernantes a través de procedimientos reglamentados de consulta a los ciudadanos; conformación de gobiernos legítimos mediante la integración de las instituciones de representación y de gobierno; posibilitar la sanción de los ciudadanos acerca de la gestión gubernamental; generar espacios institucionales para la disputa política; contribuir a la estabilidad y la gobernabilidad de los regímenes y los sistemas políticos, y permitir la conformación de una cultura política democrática. [2]
La realización de elecciones en sociedades de masas, esto es, con millones de electores (ver Cuadro 1 ) representa un esfuerzo de gran magnitud y complejidad. Si a esto añadimos que las elecciones deben ser confiables, es decir, que deben garantizar que todos los ciudadanos tengan oportunidad de votar, que lo hagan en una sola ocasión y que el sufragio se respete, la complejidad del reto aumenta significativamente. Así, se plantea un problema de una magnitud que no se debe subestimar: ¿cómo llevar a cabo procesos electorales democráticos, y por ende confiables, que involucran a millones de electores, y cuyo sufragio se emite en una sola jornada comicial? [3]
Cuadro 1. Población y Electores en Países Seleccionados[H-]
Esta pregunta alude evidentemente a la dimensión técnica de los medios para la realización de los procesos electorales masivos, de grandes dimensiones, lo que viene a plantear el ejercicio de la democracia representativa moderna en un plano totalmente diferente al de la democracia de la ciudad griega que se efectuaba en la plaza pública. [4]
Diversos elementos han confluido para hacer posible la democracia moderna, de masas. Uno de ellos, que llama nuestra atención e interés, es el tecnológico. La incorporación de desarrollos tecnológicos en distintos aspectos y etapas de los procesos electorales ha permitido enfrentar el reto de la viabilidad de la democracia en las modernas sociedades de masas.
Tecnología electoral en México
No obstante, la utilización de tecnología en los procesos electorales no ha sido un fenómeno homogéneo ni acorde necesariamente con el nivel de desarrollo social o político. Por el contrario, los procesos de incorporación tecnológica a este ámbito han sido desiguales y en ocasiones paradójicos, ya que se dan casos de utilización de tecnología de punta en países subdesarrollados y de procedimientos "rudimentarios" en países desarrollados. En Estados Unidos, por ejemplo, la incorporación tecnológica en el ámbito electoral se ha desarrollado particularmente en las estrategias de mercado para el manejo de las campañas electorales, que se manifiesta destacadamente en las encuestas y en los medios electrónicos de información. En Europa, por el contrario, sólo recientemente se nota este fenómeno, para lo que han tenido que recurrir a la asesoría de especialistas norteamericanos en materia electoral. No obstante, aun con ritmos e intensidades diversos, la irrupción de la tecnología en los procesos electorales muestra una tendencia creciente a nivel mundial. [5]
En los últimos seis años, México ha vivido un conjunto de transformaciones de orden político, una de las cuales ha sido precisamente un proceso de incorporación tecnológica a los procesos electorales, que llama la atención por su acelerado ritmo y por su gran dimensión.
Hasta antes de las elecciones de 1988, el nivel tecnológico de los procesos electorales en México era significativamente inferior al actual. Uno de los puntos de partida de la incorporación de tecnología en las elecciones se registra con el programa adoptado por la Secretaría de Gobernación para dar a conocer los resultados por casilla en las elecciones federales de 1988. [6]
La madrugada del 7 de julio de 1988, el entonces Secretario de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz, informó de un problema en el sistema de información que impidió conocer los resultados de más de 30 mil casillas. A seis años de esta caída del sistema continúan sin conocerse los resultados de esas casillas, y permanece la duda sobre si la caída fue de tipo informático o se trató de una decisión política para manipular los resultados del que ha sido uno de los procesos electorales con mayores cuestionamientos en la historia del país. La importancia de la caída del sistema se da no sólo en términos tecnológicos, sino fundamentalmente en términos políticos, en la medida que marca el inicio de un acelerado proceso de cambios, particularmente en el ámbito político-electoral.
Señalaremos a continuación algunos de los aspectos donde la incorporación de tecnología en los últimos seis años se ha manifestado con mayor claridad.
1. Padrón electoral. El padrón electoral, o listado de ciudadanos que cumplen con las condiciones para votar, es uno de los instrumentos electorales que permiten planear y organizar el proceso electoral, y controlar la emisión del sufragio. El acuerdo tomado por la Comisión Federal Electoral el 4 de mayo de 1990 en el sentido de elaborar un padrón totalmente nuevo desencadenó un conjunto de acciones y programas que han modificado sustancialmente el carácter de este importante aspecto del proceso electoral. El padrón electoral actual no sólo es el listado de ciudadanos en edad de votar, es una de las bases de datos e imágenes más grandes del mundo, soportada en una infraestructura de cómputo que consta de 18 centros regionales y un centro nacional de cómputo; es el resultado de un gran esfuerzo humano y financiero para el cual se utilizó la tecnología más avanzada; es la articulación de un conjunto de programas de comunicación, cartografía, informática, operativos de campo, de actualización y depuración en donde se ha hecho gala de un despliegue tecnológico inédito en este ámbito a nivel mundial. Los partidos políticos representados en la comisiones nacional y locales de vigilancia del Registro Federal de Electores tienen acceso al padrón electoral a través de un sistema de consulta con 32 centros estatales y uno nacional, en donde se ha cargado la base de datos para realizar una gran variedad de búsquedas a nivel nominativo o para el conocimiento de estadísticas. [7]
2. Listas nominales. El listado nominal de electores es un producto electoral derivado del padrón que contiene los nombres de los ciudadanos inscritos en éste, que recibieron su credencial para votar. Para la conformación de las listas que son las que se utilizan en las casillas electorales el día de la elección, se empleó una infraestructura informática con alto nivel de sofisticación tecnológica. Incluso se exploró la factibilidad técnica para la emisión de un listado nominal con fotografía para las elecciones federales de 1994; sin embargo, por problemas de tiempo, esta petición de algunos partidos políticos no pudo realizarse.
3. Credencial para votar con fotografía. Vieja demanda de la oposición, la credencial para votar con fotografía constituye un concentrado tecnológico. En tan sólo seis años, los ciudadanos mexicanos han tenido que cambiar en dos ocasiones este instrumento: de la mica café que se utilizó en las elecciones de 1988, se pasó a la credencial naranja que se elaboró junto con el nuevo padrón en 1991, y de ésta a la credencial con fotografía que se ha utilizado en los comicios locales de 1993 y que se utilizó por primera vez a nivel nacional en las elecciones federales de agosto último. La credencial para votar con fotografía, cuyo modelo fue aprobado por el Consejo General del IFE el 19 de julio de 1992, cuenta con los siguientes elementos de seguridad:
a) Una trama de seguridad invisible en el anverso del laminado de la credencial.

b) Dos tramas, una visible y otra invisible, en el papel fotográfico.

c) Holograma con el logotipo del padrón electoral, que cubre parcialmente la parte inferior izquierda de la fotografía.

d) Fotografía del titular.

e) Integración molecular de sus componentes que provoca su destrucción en cualquier intento de alteración.

f) Firma del titular.

g) Código de barras cubierto por una banda negra sensible a la luz infrarroja.

h) Número único consecutivo que permite el control individual de cada credencial.

i) Huella digital del titular.

j) Espacio para marcar las votaciones realizadas en cada elección.

k) Nombre del ciudadano, sexo, edad y domicilio.

l) Folio nacional que corresponde a la solicitud de inscripción.

m) Año de registro en el padrón.

n) Número de credencial emitido al mismo ciudadano por extravío o cambio de domicilio.

o) Clave de elector.

p) Información geo-electoral con la clave del estado, municipio, localidad y sección electoral del ciudadano.


Con el propósito de facilitar la redistritación del país en fecha posterior, no se imprimió el número de distrito correspondiente al domicilio del ciudadano (ver Figura 1).
Figura 1. Imagen de una Credencial de Elector[H-]
La mica que obtuvieron los millones de ciudadanos que acudieron a los módulos para "tomarse la foto", tiene tras de sí un itinerario sumamente complejo, que inicia con la fabricación del formato en la Planta de Polaroid en Oklahoma, pasa por la impresión de los datos de cada ciudadano en el Centro Nacional de Impresión del Registro Federal de Electores, continúa con el ensamble del laminado en la planta Polaroid de Querétaro, la concentración en el Centro Nacional de Distribución del RFE para su distribución a los módulos, acompañado en cada una de sus etapas con controles notariales del envío y recepción de cada credencial.
4. Auditorías. A pesar de los controles operativos e informáticos con que han sido elaborados los instrumentos electorales, partidos políticos y distintos sectores de la opinión pública señalaron su desconfianza en el padrón, la credencial y las listas nominales. En respuesta a los cuestionamientos se practicaron 36 auditorías al padrón, tanto por los grupos técnicos de la Comisión Nacional de Vigilancia (CNV) del Registro Federal de Electores (RFE) como por firmas privadas o instituciones de educación superior (ver Cuadro 2). Las verificaciones y las auditorías emplearon técnicas estadísticas para la selección de las muestras, metodologías diversas para el establecimiento de los indicadores sujetos a verificación y tipos diferentes de revisión, tanto documentales como de campo.
Cuadro 2. Auditorías Estatales[H-]
5. Encuestas. Las encuestas, como instrumento para medir y prever el comportamiento electoral, han tenido una gran difusión, particularmente en el período preelectoral. [8] Los instrumentos para la realización de encuestas pueden ser tan rudimentarios como lápiz y papel o tan complejos como programas de captura de resultados computarizados; las metodologías para el diseño muestral pueden variar de las que se realizan en forma aleatoria y con un alcance local, hasta las que se componen de muestras estratificadas y con representatividad nacional.
Con alcances y metodologías diversas, realizadas por instituciones gubernamentales, los partidos políticos, universidades, organizaciones cívicas y empresariales, las encuestas han producido una danza de cifras que compite con el cálculo de manifestantes como criterio fundamental para proyectar tendencias electorales. No son pocos los analistas que conceden a las encuestas un papel adicional de inducción del voto ciudadano, al cuestionar su cientificidad y su carácter eminentemente técnico, es decir, pretendidamente neutral.
6. Conteo rápido y resultados preliminares. La difusión de los resultados electorales ha ocupado la atención de la opinión pública en las últimas semanas. El Instituto Federal Electoral y su Consejo General ofrecieron dos alternativas al respecto: el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) y el Conteo Rápido. El PREP se basó en una técnica censal para reportar los resultados de las actas, conforme llegaron a los consejos distritales; el Conteo Rápido lo hizo en una técnica muestral, a partir de una muestra representativa a nivel nacional de 2,400 casillas. En consecuencia, el PREP ofreció resultados absolutos y acumulativos, mientras que el Conteo Rápido sólo estableció tendencias.
La estructura del PREP, diseñada por personal del Conalep, se compone de 300 centros distritales de acopio y transmisión (CEDAT) instalados en las sedes de igual número de consejos distritales, y de un Centro Nacional de Integración y Procesamiento de la Información (CENIP) localizado en las instalaciones del Instituto Federal Electoral. Para evitar la congestión de la información de los CEDAT al CENIP, se previó la instalación de 10 centros o nodos concentradores regionales. Para capturar y transmitir la información en los CEDAT, se utilizaron terminales de captura remota (TCR), que son instrumentos transmisores por vía telefónica. Las TCR, que se emplean por la banca internacional para operaciones mercantiles con tarjeta de crédito, cuentan con dispositivos tecnológicos de vanguardia que les permiten validar la información antes de transmitirla y establecer claves de acceso restringido, ya que están equipadas con memoria indeleble, autónoma e inviolable, y permiten "encriptar" la información que se transmite. Para la transmisión de la información se emplearon líneas de fibra óptica especiales para este efecto. [9]
Diversas organizaciones y empresas presentaron al IFE para su aprobación, el diseño de conteos rápidos. Las metodologías autorizadas por el Grupo Consultor para el Conteo Rápido del IFE correspondieron a las siguientes organizaciones: 1. Indemerc/Louis Harris/Mitovfsky Internacional/BlMSA (Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión); 2. Consejo Nacional de Asociaciones de Observación Electoral; 3. Organización Nacional de Observación Electoral del Magisterio; 4. Alianza Cívica; 5. Televisión Azteca; 6. COPARMEX; 7. Cruzada Democrática Nacional por el Sufragio Efectivo; 8. Presencia Ciudadana; 9. Diario "Reforma"; 10. Partido Verde Ecologista de México; 11. Partido Revolucionario Institucional; 12. Partido Acción Nacional, y 13. Partido Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional. [10]
La aplicación de exit poll (encuesta de salida), inventada por el científico Warren Mitovfsky, que consiste en la aplicación de una encuesta a una muestra representativa de electores a la salida de las casillas, se utilizó en el programa de difusión de resultados de la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión (CIRT), y tuvo un costo de 2 millones de dólares.
7. Mercadotecnia electoral. En el terreno de la mercadotecnia electoral y del uso de los medios de comunicación para la difusión de las campañas electorales también se han dado cambios interesantes. La transmisión por televisión del debate entre los candidatos de los tres principales partidos políticos, del país es un acontecimiento novedoso que tuvo un impacto importante. El manejo de técnicas publicitarias y de la imagen de los candidatos a la presidencia, así como la sustitución de las consignas por los slogans y las frases publicitarias, muestran cambios en las estrategias de campaña de la mayoría de los partidos políticos, que pasan por los modernos medios de comunicación, especialmente los electrónicos.
Otros aspectos del proceso electoral en los que se ha incorporado tecnología de punta son: el Programa de Digitalización de la Cartografía Electoral, que permitirá observar en la computadora o imprimir en planos la geografía electoral de todo el país con distintos niveles de desagregación y que se concluirá en 1995, y el Programa de Capacitación Electoral a Distancia por medio de televisión en circuito cerrado vía satélite, que se utilizó para la primera capacitación de funcionarios de casilla en mayo de este año. En la fabricación de tinta indeleble, también tuvo un papel destacado la tecnología.
En términos económicos, la incorporación de tecnología ha tenido un fuerte impacto. El Programa Nuevo Padrón y la expedición de la credencial naranja tuvieron un costo aproximado de un billón de viejos pesos; el Programa Credencial para Votar con Fotografía costó 2 mil millones de nuevos pesos y consumió, sólo en el ejercicio de 1993, más del 60 por ciento del presupuesto anual del IFE; el Consejo Coordinador Empresarial y el gobierno federal crearon un fideicomiso de 2 millones de dólares para apoyar las labores de observación electoral. El dispendio de recursos también ha estado presente, tal es el caso de la inutilización de más de 36 millones de credenciales naranjas con un costo aproximado de un dólar por credencial, que se planearon para durar 10 años y que sólo se utilizaron en las elecciones de 1991. Los contratos celebrados por la autoridad electoral con las transnacionales que se han encargado de la elaboración del padrón y las credenciales han representado jugosos negocios. Kodak, IBM y la empresa integradora Booz Allen & Hamilton en el Programa Nuevo Padrón, e IBM y Polaroid en el Programa Credencial Para Votar con Fotografía, han sido las firmas beneficiadas con contratos multimillonarios.
La dimensión y la complejidad de los requerimientos de los programas anteriores han sido superiores a las posibilidades de las mayores empresas del mundo. Prueba de ello es que el concurso para la elaboración del Padrón 1991 fue declarado desierto; lo mismo sucedió con el Programa Credencial para Votar con Fotografía y con la primera convocatoria para la auditoría externa al padrón.
La experiencia mexicana en la elaboración de nuevos instrumentos electorales con tecnología de punta y en plazos record ha captado la atención de los gobiernos y de las instituciones electorales del mundo. Llama aún más la atención que un esfuerzo como el realizado provenga de un país subdesarrollado, dependiente tecnológicamente y con una larga tradición de cuestionamientos en materia electoral.
Tecnología y credibilidad
El carácter de la tecnología conduce frecuentemente a considerar que su desarrollo y su incorporación a los diversos ámbitos de la vida social obedecen a un proceso objetivo, casi "natural"; sin embargo, como puede constatarse en el caso mexicano, el proceso de incorporación tecnológica a los procesos electorales obedece en gran medida a razones de orden político.
En términos generales, las coordenadas al interior de las cuales adquiere sentido la incorporación de tecnología son las de una transición política marcada por el declinamiento de los fundamentos de legitimidad del Estado surgido de la Revolución Mexicana y la emergencia del paradigma democrático como fuente alternativa de legitimidad. [11] Sin embargo, las instituciones en las que se ha fundamentado el sistema político mexicano no han permitido la consolidación de un régimen efectivamente democrático. El presidencialismo, el corporativismo y el partido de Estado se han constituido en obstáculos serios para la conformación de un sistema de partidos y de procesos electorales democráticos. La persistencia de prácticas electorales fraudulentas ha generado altos niveles de desconfianza ciudadana en las elecciones, situación que resulta particularmente problemática en el contexto de debilitamiento de la legitimidad revolucionaria.
El Programa Padrón Electoral 1991, el Programa Credencial para Votar con Fotografía, la realización de verificaciones y auditorías al padrón y a los listados nominales, el Programa de Resultados Electorales Preliminares y el Conteo Rápido fueron el resultado de acuerdos políticos destinados a dar credibilidad a los procesos electorales. Desde la óptica gubernamental, estos ambiciosos y costosos programas buscaban convencer a los partidos políticos, a los líderes de opinión y a la ciudadanía de que los instrumentos electorales resultantes serían factores fundamentales para la realización de elecciones confiables. Para los partidos de oposición, la aplicación de tecnología de punta en la elaboración y verificación de estos instrumentos permitiría avanzar en la búsqueda de controles que impidieran el fraude electoral.
Aun cuando asumimos que en el caso mexicano la incorporación de cierto tipo de desarrollos tecnológicos al ámbito electoral es el resultado de un acuerdo político para dar credibilidad a los comicios, no en todos los casos los desarrollos tecnológicos responden a este tipo de necesidades. El ejemplo norteamericano es muy ilustrativo al respecto, ya que la innovación tecnológica en este caso ha venido por la vía del manejo de campañas publicitarias de los partidos y sus candidatos. En otros países que han efectuado procesos electorales de importancia histórica, como Nicaragua y Sudáfrica, la cuestión de la credibilidad en los resultados electorales se ha resuelto por vías no tecnológicas, por ejemplo, a partir de la participación de personalidades con amplio prestigio.
En la determinación de la incorporación de tecnología de punta ha incidido, además del problema de la confiabilidad, otro tipo de factores como los intereses y preferencias de los actores políticos relevantes para la toma de este tipo de decisiones. A este respecto resulta interesante analizar la actitud de encantamiento por la tecnología que han mostrado algunos de los protagonistas de estas decisiones.
En la incorporación de tecnología a los instrumentos electorales han estado presentes no sólo factores puramente racionales, sino consideraciones valóricas sobre la ciencia y la técnica. Como ejemplo de este tipo de actitudes está la decisión de sustituir la nueva credencial naranja por la "más nueva" credencial gris, así como la incorporación de elementos de control hasta el exceso en la segunda versión de la nueva credencial. Además de que esta decisión significó un gran despilfarro de recursos, ya que se desecharon no sólo los 36 y medio millones de credenciales naranja sino la máquinas con las que fueron elaboradas, los problemas de fondo por los que los instrumentos electorales mantienen niveles considerables de incertidumbre, como el carácter de buena fe con la que se recibe la información de los ciudadanos para conformar la base de datos del padrón y expedir las credenciales de elector, no han sido modificados.
En lugar de avanzar en la conformación de fuentes fidedignas sobre los datos de los ciudadanos, como podría ser una reforma sustancial a los registros civiles o la creación del Registro Nacional Ciudadano, se optó por la saturación de elementos de seguridad con tecnología de punta (holograma, tramas de seguridad visibles e invisibles, código de barras, etc.) a una credencial que proviene de la misma base de datos que la anterior y para cuya obtención se permite, incluso, una simple declaración de que los datos que aporta el ciudadano son válidos; o bien, por la aplicación de una lista casi interminable de verificaciones, reverificaciones y auditorías al padrón y a los listados que adolecieron de los mismos defectos que la elaboración del padrón, esto es, se fundaron en la buena fe de la información aportada por los ciudadanos.
La carencia de fuentes fidedignas de la identidad de los ciudadanos es un problema que afecta el fundamento para la conformación del nuevo padrón, ya que en un país como el nuestro, con una larga tradición de falsificación de la voluntad ciudadana, resulta prácticamente imposible impedir el empadronamiento múltiple y la obtención de credenciales espúreas, sobre la única base de la buena fe de la información que proporcionan los interesados en obtener su credencial. A pesar de que los nuevos instrumentos cuentan con controles y obstáculos para estos fines, y de que existen sanciones para quienes falsifiquen la información, el problema de la credibilidad en este vital y costoso instrumento no ha sido resuelto plenamente. Podemos concluir que a pesar de los indiscutibles avances en su estructura, en sus procesos de actualización, el padrón electoral es un gigante con pies de barro. Gigante en su dimensión tecnológica y con pies de barro por la incapacidad de sus innumerables elementos de control y validación para impedir que quienes se lo propongan puedan obtener credenciales falsas.
Otro claro ejemplo de "irracionalidad" tecnológica es la creación de la base de imágenes, que supuestamente será utilizada para apoyar la creación del Registro Nacional Ciudadano y que pretendía ser utilizada para la petición del PAN de elaboración de listas nominales con fotografía, la cual fue rechazada con la curiosa argumentación de la falta de tiempo, no por ser un despilfarro inútil de recursos. Decimos supuestamente, porque de aquí a que se reglamente y se aplique el Registro Nacional Ciudadano, la base de imágenes será obsoleta.
El que partidos como Acción Nacional hayan apoyado vehementemente la sustitución de la credencial naranJa, el que hayan insistido en la mayor cantidad y en los más sofisticados controles, en la creación de la base de imágenes para ponerla en las listas nominales, etc. nos está dando cuenta de que más allá de la utilidad efectiva de la tecnología para dar credibilidad a los instrumentos electorales, en algunas fuerzas políticas y en sectores gubernamentales se ha generado la opinión de que "a mayor tecnología, mayor confiabilidad". Sin descartar que esos controles han contribuido a que el padrón sea más confiable -indudablemente que no en la misma medida en que se han beneficiado las firmas internacionales con los contratos multimillonarios para la elaboración de la nueva credencial-, esa ecuación no ha resultado cierta del todo, ya que hemos observado que en distintos sectores de la opinión pública se han reproducido imágenes del fraude a través de la tecnología. Se habla de "fraude cibernético", de un fraude invisible -por obra de la tecnología-, de un conJunto de pequeños fraudes en donde el rasurado del padrón y la utilización de credenciales falsas reaparecen persistentemente. Estamos, en consecuencia, en una nueva espiral de desconfianza en donde la tecnología se ha incorporado como un factor más de la duda.
Este tipo de opiniones se ve reforzado por el proceso de enajenación a que se ven sometidos ya no sólo la gran mayoría de los ciudadanos, sino incluso las autoridades electorales y los partidos políticos, de una parte sustantiva del proceso electoral que ha sido copada por la tecnología y los expertos en su manejo. Estamos en presencia de una clara manifestación de una de las paradojas de la democracia, señalada por Norberto Bobbio, referida a la creciente tecnificación de las decisiones políticas, [12] sólo que en este caso el proceso de tecnificación se lleva a cabo precisamente en el sistema que permite renovar a las élites encargadas de tomar las decisiones, que está, como el mismo Bobbio lo señala, en la esfera de las reglas del juego que deben ser aceptadas por el conjunto de los ciudadanos. La pregunta aquí es ¿cómo aceptar unas reglas del juego donde nadie sabe -excepto los especialistas- qué sucede con una parte sustantiva del proceso para la configuración de los instrumentos electorales?
Más allá del problema de la credibilidad, que hasta el momento ha sido la motivación central para la incorporación de tecnología a lo electoral en México, valdría la pena preguntarse si este tipo de procesos que se colocan como espacios de mediación de la relaciones humanas permiten avanzar en la consolidación de los valores sustantivos de la democracia, como la libertad, o por el contrario, se están convirtiendo en una cada vez más gruesa cortina de humo tras la que se esconden formas de control y dominación políticas para las que todavía carecemos de referentes y de respuestas.
CITAS:
[*] Maestra en Sociología Política por el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora.
[1] Cfr. Cerroni, Umberto, "La democracia como problema de la sociedad de masas" en Estudios Políticos, núm. 2, nueva época, vol. 5, abril-junio, 1986.
[2] Aunque estas funciones están en el fundamento jurídico y teórico de las elecciones, los procesos electorales de muchos sistemas políticos, incluso de los considerados como democracias desarrolladas, muestran realidades que distan mucho de los señalamientos teóricos. Esta distancia se manifiesta con particular agudeza en los sistemas totalitarios o autoritarios que recurren también a las elecciones como fundamento de legitimidad. En estos casos, aunque se verifiquen procesos electorales, sus funciones y contenidos obedecen a una estructura de relaciones políticas distinta a la de los sistemas democráticos. Para consultar sobre las funciones de las elecciones en regímenes no democráticos, ver Linz y Rouquie. ¿Para qué sirven las elecciones? México, FCE, 1987. También puede consultarse Nohlen, Dieter. Elecciones y sistemas electorales, Friedrich Ebert Stiftung, s.l., s.f.
[3] Para ilustrar la dimensión del problema prestemos atención a los siguientes datos del proceso electoral federal mexicano de 1994: electores en el padrón, 47'480,159; electores en listas nominales, 45'729,053; secciones, 63,589; casillas, 96,415; urnas, 327,000; boletas, 151'841,028; funcionarios de casilla, 771,352; total de candidatos, 5,620; observadores electorales registrados, 81,620. Ver "Algunos datos del proceso electoral federal". IFE, mimeo, 1994, pp. 4.
[4] Se calcula que Atenas, por ejemplo, llegó a un máximo de 30 o 35 mil ciudadanos, de un total de 300 mil habitantes. Ver Giovanni Sartori, ¿Qué es la democracia? México, TFE/IFE, 1994, p. 139.
[5] Roland Perry realiza un interesante estudio de la incorporación tecnológica en la campaña para la elección de Ronald Reagan en 1980. Ver Perry, Roland, Elecciones por ordenador. Madrid, Fundesco-Tecnos, 1986. 194 pp. (Colección Hermes, 17).
[6] El equipo que se instaló para la captura de los resultados fueron computadoras de la Serie A, modelo A9-F de Borroughs, ahora Unysis. La discusión sobre la caída del sistema en 1988, que se reabrió a partir de las declaraciones recientes del Director General del Instituto Federal Electoral (IFE). Arturo Núñez Jiménez, ha planteado nuevas interrogantes en torno a este suceso, aún no aclarado suficientemente; por lo menos no en lo que significa una caída del sistema en términos informáticos. Políticamente, existen varias hipótesis sobre la famosa caída; todas ellas asociadas a decisiones políticas de alto nivel para garantizar el triunfo del entonces candidato oficial, Carlos Salinas de Gortari, a toda costa. La caída del sistema se presentó a la opinión pública como una explicación con pretensiones de validez técnica sobre un asunto eminentemente político.
[7] En estos centros se puede acceder a los siguientes sistemas de consulta: Consulta a Tablas de inconsistencia, que contiene los datos de los ciudadanos dados de baja por inconsistencias documentales; Reportes del Centro Nacional de impresión, con el registro de cada uno de los formatos de credenciales antes y después de su ingreso al Centro Nacional de impresión; Directorio de Módulos, que contiene la localización, horarios de funcionamiento, número de ciudadanos inscritos y avance en la entrega de credenciales; Sistema de Consulta Estadística, con la información del padrón actualizado, del padrón original y de las listas nominales hasta nivel seccional, y Sistema de Consulta al Padrón Electoral y Lista Nominal, con la información a nivel nominativo de los ciudadanos a los cuales se puede acceder por criterios de localización geoelectoral, clave de elector, apellido, nombre, domicilio, etc.
[8] Durante los siete meses anteriores a la jornada electoral federal se publicaron más de 40 encuestas electorales. Ver El Día, 25 de agosto de 1994, p. 9.
[9] La jornada, 16 de agosto de 1994, p. 38. Ver también Configuración General del Programa de Resultados Electorales Preliminares 1994. IFE, mimeo, 33 pp.
[10] Uno más uno, 20 de agosto de 1994, p. 22.
[11] Ver Salazar C., Luis, "Agotamiento de la hegemonía revolucionaria y transición política", en José Joaquín Blanco y José Woldenberg (comps.). México afines de siglo. t. 2. México, FCE, 1993. pp. 342-376.
[12] Sobre esta cuestión Bobbio señala que: "...Según el ideal democrático, la única persona competente en asuntos políticos es el ciudadano (y en este sentido, el ciudadano puede llamarse soberano). Pero a medida que las decisiones van haciéndose más técnicas y menos políticas, ¿acaso no se va restringiendo la esfera de competencia del ciudadano y, en consecuencia, su soberanía? Por tanto, ¿no es contradictorio pedir cada vez más democracia en una sociedad cada vez más tecnicizada? [...] El pedir más democracia significa pedir la extensión de las decisiones que son de la competencia de aquel que es -por las condiciones objetivas del desarrollo de las sociedades modernas- cada vez más incompetente..." Bobbio, Norberto. ¿Qué socialismo? Barcelona, Plaza y Janés, 1986. p. 93. (Tribuna de Plaza y Janés, Política, 64).


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