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Spanish

Literature




SIGLO XIV A XVI
EAHS

AGOSTO


2009 – 2010

Mr. Pedroni



INDICE
PÁGINA
El Conde Lucanor Don Juan Manuel 3

Romances Anónimo Romance del rey moro que perdió la Alhama 13 Romance El infante Arnaldos 19 Romance Abenámar 21

El Lazarillo de Tormes Anonimo 23


Don Juan Manuel


Género Medieval
España
1282-1348
Temas
El desafío y perseverancia: la tenacidad del individuo ante los retos de la vida

El machismo, la lucha por el poder entre los sexos

Ganar y perder en el juego el amor: la pasión entre el hombre y la mujer

Lecciones de la vida y el repudio del error



Época
El Medioevo de los siglos XIV y XV


El prosista de más personalidad en este siglo fue don Juan Manuel (1282-1348), hijo del infante don Manuel, hermano de Alonso X.    Nació en Escalona y, quizá por ser huérfano con muy pocos años, despliega en su vida una serie de estrategias para defender sus posesiones, influir sobre el futuro rey de Castilla o acrecentar sus riquezas. No dudó, en ocasiones, en luchar contra su rey o aliarse con el moro para lograrlo. Su obra más conocida es el Libro de los enxiemplos del Conde Lucanor e de Patronio, conocido como El Conde Lucanor y compuesto en 1335. Consta de dos prólogos y cinco partes, la primera de las cuales es la más célebre por sus cincuenta y un ejemplos o cuentos, tomados de fuentes diversas: árabes, latinas o de crónicas castellanas. Las otras partes ofrecen sentencias en un estilo oscuro y la salvación final de las almas.


Nota literaria

Los árabes introdujeron a la Península Ibérica una tradición de cuentos didácticos. La colección más famosa es Las mil y una noches (de orígenes remotos, pero ya en forma de libro en árabe en 860) en que Scheherazade, para salvar la vida, le cuenta una historia cada noche al sultán, pero no la termina hasta la noche siguiente, cuando empieza una historia nueva. Otra forma que tomaba la colección de cuentos era la de consejos, y ésta es la que sigue Juan Manuel. En su colección de “ejemplos” titulada El conde Lucanor, el Conde le pide a su consejero Patronio que le dé consejos respecto a algún problema que tiene. Patronio le contesta con un cuentito. Aunque muchos de los cuentos de la colección de Juan Manuel no so originales, otros sí, y éstos forman el primer paso que da la prosa ficticia en España.

En este cuento el conde le pregunta a Patronio qué debe aconsejar a un criado al que le han propuesto casarse con una mujer rica pero difícil y brava (colérica, de mal carácter). Patronio le dice que su criado deberá comportarse como el hijo de un buen moro, si quiere tener éxito en su matrimonio, y le cuenta la historia.
Tema: La muestra del propio carácter en cualquier ocasión, incluso exagerándolo en aras de obtener algún fin plausible —en este caso particular, la paz y armonía conyugales, perseguidos para mejorar situaciones económicas—, puede incidir y reconvertir otros caracteres.
Personajes: El triángulo de personajes está formado por el mancebo que se casa con la chica arisca, los dos amigos consuegros y el matrimonio de los suegros del muchacho.


Exemplo XXXV° Lo que sucedió a un mozo que se casó con una moza de muy mal carácter


Otra vez, hablando el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, díjole así:

-Patronio, uno de mis deudos me ha dicho que le están tratando de casar con una mujer muy rica y más noble que é1, y que este casamiento le convendría mucho si no fuera porque le aseguran que es la mujer de peor carácter que hay en el mundo. Os ruego que me digáis si he de aconsejarle que se case con ella, conociendo su genio, o si habré de aconsejarle que no lo haga.

--Señor Conde--respondió Patronio--, Si él es capaz de hacer lo que hizo un mancebo moro, aconsejadle que se case con ella; si no lo es, no se lo aconsejéis.

El Conde le rogó que le refiriera qué había hecho aquel moro.

Patronio le dijo que en un pueblo había un hombre honrado que tenía un hijo que era muy bueno, pero que no tenía dinero para vivir como él deseaba. Por ello andaba el mancebo muy preocupado, pues tenía el querer, pero no el poder.

En aquel mismo pueblo había otro vecino más importante y rico que su padre, que tenía una sola hija, que era muy contraria del mozo, pues todo lo que éste tenía de buen carácter, lo tenía ella de malo, por lo que nadie quería casarse con aquel demonio. Aquel mozo tan bueno vino un día a su padre y le dijo que bien sabía que “el no era tan rico que pudiera dejarle con qué vivir decentemente, y que, pues tenía que pasar miserias o irse de allí, había pensado, con su beneplácito, buscarse algún partido con que poder salir de pobreza. El padre le respondió que le agradaría mucho que pudiera hallar algún partido que le conviniera. Entonces le dijo el mancebo que, si él quería, podría pedirle a aquel honrado vecino su hija. Cuando el padre lo oyó se asombró mucho y le preguntó que cómo se le había ocurrido una cosa así, que no había nadie que la conociera que, por pobre que fuese, se quisiera casar con ella. Pidióle el hijo, como un favor, que le tratara aquel casamiento. Tanto le rogó que, aunque el padre lo encontraba muy raro, le dijo lo haría.

Fuese en seguida a ver a su vecino, que era muy amigo suyo, y le dijo lo que el mancebo le había pedido, y le rogó que, pues se atrevía a casar con su hija, accediera a ello. Cuando el otro oyó la petición le contestó diciéndole:

--Por Dios, amigo, que si yo hiciera esto os haría a vos muy flaco servicio, pues vos tenéis un hijo muy bueno y yo cometería una maldad muy grande si permitiera su desgracia o su muerte, pues estoy seguro que si se casa con mi hija, ésta le matará o le hará pasar una vida mucho peor que la muerte. Y no creáis que os digo esto por desairaros, pues, si os empeñáis, yo tendré mucho gusto en darla a vuestro hijo o a cualquier otro que la saque de casa.

El padre del mancebo le dijo que le agradecía mucho lo que le decía y que, pues su hijo quería casarse con ella, le tomaba la palabra.

Se celebró la boda y llevaron a la novia a casa del marido. Los moros tienen la costumbre de prepararles la cena a los novios, ponerles la mesa y dejarlos solos en su casa hasta el día siguiente. Así lo hicieron, pero estaban los padres y parientes de los novios con mucho miedo, temiendo que al otro día le encontrarían a él muerto o malherido.

En cuanto se quedaron solos en su casa se sentaron a la mesa, más antes que ella abriera la boca miró el novio alrededor de sí, vio un perro y le dijo muy airadamente:

--¡Perro, danos agua a las manos!

El perro no lo hizo. El mancebo comenzó a enfadarse y a decirle aún con más enojo que les diese agua a las manos. El perro no lo hizo. Al ver el mancebo que no lo hacía, se levantó de la mesa muy enfadado, sacó la espada y se dirigió al perro. Cuando el perro le vio venir empezó a huir y el mozo a perseguirle, saltando ambos sobre los muebles y el fuego, hasta que lo alcanzó y le cortó la cabeza y las patas y lo hizo pedazos, ensangrentando toda la casa.

Muy enojado y lleno de sangre se volvió a sentar y miró alrededor. Vio entonces un gato, al cual le dijo que les diese agua a las manos. Como no lo hizo, volvió a decirle:

--¿Cómo, traidor, no has visto lo que hice con el perro porque no quiso obedecerme? Te aseguro que, si un poco o más conmigo porfiáis, lo mismo haré contigo que hice con el perro.

El gato no lo hizo, pues tiene tan poca costumbre de dar agua a las manos como el perro. Viendo que no lo hacía, se levantó el mancebo, lo cogió por las patas, dio con él en la pared y lo hizo pedazos con mucha más rabia que al perro. Muy indignado y con la faz torva se volvió a la mesa y miró a todas partes. La mujer, que le veía hacer esto, creía que estaba loco y no le decía nada.

Cuando hubo mirado por todas partes vio un caballo que tenía en su casa, que era el único que poseía y le dijo lleno de furor que les diese agua a las manos. El caballo no lo hizo. Al ver el mancebo que no lo hacía, le dijo al caballo:

--¿Cómo, don caballo? ¿Pensáis que por que no tengo otro caballo os dejaré hacer lo que queráis? Desengañaos, que si por vuestra mala ventura no hacéis lo que os mando, juro a Dios que os he de dar tan mala muerte como a los otros; y no hay en el mundo nadie que a mí me desobedezca con el que yo no haga otro tanto.

El caballo se quedó quieto. Cuando vio el mancebo que no le obedecía, se fue a él y le cortó la cabeza y lo hizo pedazos. Al ver la mujer que mataba el caballo, aunque no tenía otro, y que decía que lo mismo haría con todo el que le desobedeciera, comprendió que no era una broma, y le entró tanto miedo que ya no sabía si estaba muerta o viva.

Bravo, furioso y ensangrentado se volvió el marido a la mesa, jurando que si hubiera en casa más caballos, hombres o mujeres que le desobedecieran, los mataría a todos. Se sentó y miró a todas partes, teniendo la espada llena de sangre entre las rodillas.

Cuando hubo mirado a un lado y a otro sin ver a ninguna otra criatura viviente, volvió los ojos muy airadamente hacia su mujer y le dijo con furia, la espada en la mano:

--Levántate y dame agua a las manos.

La mujer, que esperaba de un momento a otro ser despedazada, se levantó muy de prisa y le dio agua a las manos.

Díjole el marido:

¡Ay, cómo agradezco a Dios el que hayas hecho lo que te mandé! Si no, por el enojo que me han causado estos majaderos, hubiera hecho contigo lo mismo.

Después le mandó que le diese de comer. Hízolo la mujer. Cada vez que le mandaba una cosa, lo hacía con tanto enfado y tal tono de voz que ella creía que su cabeza andaba por el suelo. Así pasaron la noche los dos, sin hablar la mujer, pero haciendo siempre lo que él mandaba. Se pusieron a dormir y, cuando ya habían dormido un rato, le dijo el mancebo:

--Con la ira que tengo no he podido dormir bien esta noche; ten cuidado de que no me despierte nadie mañana y de prepararme un buen desayuno.

A media mañana los padres y parientes de los dos fueron a la casa, y, al no oír a nadie, temieron que el novio estuviera muerto o herido. Viendo por entre las puertas a ella y no a él, se alarmaron más. Pero cuando la novia les vio a la puerta se les acercó silenciosamente y les dijo con mucho miedo:

--Pillos, granujas, ¿qué hacéis aquí? ¿Cómo os atrevéis a llegar a esta puerta ni a rechistar? Callad, que si no, todos seremos muertos.

Cuando oyeron esto se llenaron de asombro. Al enterarse de cómo habían pasado la noche, estimaron en mucho al mancebo, que sí había sabido, desde el principio, gobernar su casa. Desde aquel día en adelante fue la muchacha muy obediente y vivieron juntos con mucha paz.

A los pocos días el suegro quiso hacer lo mismo que el yerno y mató un gallo que no obedecía. Su mujer le dijo:

--La verdad, don Fulano, que te has acordado tarde, pues ya de nada te valdrá matar cien caballos; antes tendrías que haber empezado, que ahora te conozco.

Vos, señor conde, si ese deudo vuestro quiere casarse con esa mujer y es capaz de hacer lo que hizo este mancebo, aconsejadle que se case, que él sabrá cómo gobernar su casa, pero si no fuere capaz de hacerlo, dejadle que sufra su pobreza sin querer salir de ella. Y aun os aconsejo que a todos los que hubieren de tratar con vos les deis a entender desde el principio cómo han de portarse.

El conde tuvo este consejo por bueno, obró según él y le salió muy bien.

Como don Juan vio que este cuento era bueno, lo hizo escribir en este libro y compuso unos versos que dicen así:

Si al principio no te muestras cómo eres, no podrás hacerlo cuando tú quisieres.

EJEMPLO X


DE LO QUE ACONTECIÓ A DOS HOMBRES
QUE FUERON MUY RICOS

–Patronio, bien reconozco a Dios que me ha hecho muchas mercedes, más de lo que yo le podría servir, y en todas las otras cosas entiendo que está la mi hacienda asaz con bien y con honra. Pero algunas veces me acontece estar tan apremiado por la pobreza que me parece que querría tanto la muerte como la vida. Y ruégoos que algún consuelo me deis para esto.

–Señor conde–dijo Patronio–, para que os consoléis cuando tal cosa os acaezca, sería muy bien que supieseis lo que acaeció a dos hombres que fueron muy ricos.

El conde le rogó que le dijese cómo había sido aquello.

–Señor conde Lucanor–dijo Patronio–, de estos dos hombres, el uno de ellos llegó a tan gran pobreza que no le quedó en el mundo cosa que pudiese comer. Y desde que hizo mucho por buscar alguna cosa que comiese no pudo haber otra cosa sino una escudilla de altramuces. Y acordándose de cuán rico solía ser y que ahora con hambre y con mengua había de comer los altramuces que son tan amargos y de tan mal sabor comenzó a llorar muy fieramente; pero con la gran hambre comenzó a comer los altramuces, y en comiéndolos estaba llorando y echaba las cortezas de los altramuces en pos de sí. Y él, estando en este pesar y en esta cuita, sintió que estaba otro hombre en pos de él y volvió la cabeza y vio a un hombre cerca de él, que estaba comiendo las cortezas de los altramuces que él echaba en pos de sí y era aquél de quien os hablé arriba.

Y cuando aquello vio el que comía los altramuces, preguntó a aquel que comía las cortezas que por qué hacía aquello. Y él dijo que supiese que había sido mucho más rico que él, y que ahora había llegado a tan gran pobreza y a tan gran hambre que le placía mucho cuando hallaba aquellas cortezas que él dejaba. Y cuando esto vio el que comía los altramuces, consolóse, pues entendió que otro había más pobre que él y que había menos razón por la que lo debía ser. Y con este consuelo, esforzóse y ayudóle Dios y buscó manera cómo saliese de aquella pobreza, y salió de ella y fue muy bienandante.

Y vos, señor conde Lucanor, debéis saber que el mundo es tal, y además, que nuestro Señor Dios lo tiene por bien, que ningún hombre haya cumplidamente todas las cosas. Mas, pues en todo lo otro os hace Dios merced y estáis con bien y con honra si alguna vez os menguan dineros y estáis en algún apremio, no desmayéis por ello, y creed por cierto que otros más honrados y más ricos que vos están tan apremiados, que se tendrían por pagados si pudiesen dar a sus gentes. y les diesen, aun mucho menos de cuanto vos les dais a las vuestras.

Al conde plugo mucho esto que Patronio dijo, y consolóse y ayudóse a sí mismo y ayudóle Dios, y salió muy bien de aquel apuro en que estaba.

Y entendiendo don Juan que este ejemplo era muy bueno, hízolo poner en este libro e hizo estos versos que dicen así:

Por pobreza nunca desmayéis,
pues otros más pobres que vos veis.


Preguntas de comprensión para el exemplo XXXV

El conde le pide a Patronio consejos, y éste le responde con un cuento. ¿Por qué desea el conde consejos?

¿Qué semejanzas hay entre el dilema del amigo del conde y el mancebo moro del cuento?

A pesar de la mala fama de ambas mujeres (la del amigo y la del cuento de Patronio), los dos mancebos desean casarse. ¿Por qué?

¿Se ve hoy día a gente que se casa por las mismas razones?

El cuento de Patronio contiene humor. Por ejemplo, ¿cómo reacciona el padre de la chica al saber que el hijo de su amigo desea casarse con su hija? Cita otros ejemplos de humor en el cuento.


En la primera noche del matrimonio el moro va a enseñarle a su nueva esposa cómo comportarse. ¿Qué le pide el mancebo moro a los animales?

¿Por qué razón crees que les pide tal cosa?

Las reacciones del mancebo moro a los animales toman una forma violenta y sangrienta. Explica lo que hace con cada uno.

En dos ocasiones se menciona que sólo tenía un caballo, y sin embargo, lo mató. ¿Qué mensaje saca su esposa de este acto?

¿Cómo reacciona la mujer cuando le pide el mancebo moro que le traiga agua para lavarse las manos, o luego cuando le pide la cena?

¿De qué se asombraron los padres y parientes del mancebo a la mañana siguiente cuando fueron a su casa?

¿Por qué admiraron tanto al mancebo?

¿Qué hizo el padre de la muchacha al ver el éxito de su yerno?

¿Por qué no tuvo el viejo el mismo éxito que el joven?


¿Cuál piensas que seria la moraleja de este cuento?

¿Cuál es la moraleja que escribe el autor, D. Juan Manuel, al final de la narración?

A pesa de su aparente sencillez, los puntos de vista narrativos de esta narración son sumamente complejos pues contiene cuatro narradores
¿Quién narra la primera línea?
¿Quién pide el consejo?
¿Quién da los consejos?
¿Quién compone la moraleja?
¿Crees que nosotros los lectores somos los destinatarios del cuento de PATRONIO?

¿A quién dirige su narración Patronio?

Nota que el mancebo del cuento de Patronio es moro y la mujer con quien se casa lo tendría que ser también. ¿Qué ventaja podía haber en hacer que el personaje no fuera cristiano?

En muchos casos, la literatura puede servir como documento antropológico.

¿Qué aprendemos en este cuento sobre las costumbres musulmanas?

Interpreta el siguiente párrafo: “Después le mandó [a su mujer] que le diese de comer. Hízolo la mujer... Así pasaron la noche los dos, sin hablar la mujer, pero haciendo siempre lo que él mandaba.” ¿Qué opinas tú de la manera en que el mancebo llegó a dominar a la mujer?

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