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Condiciones sociales del lugar de residencia


El riesgo de morir por enfermedades del sistema respiratorio antes de los cinco años de edad fue diferente según las condiciones sociales de las jurisdicciones y de los departamentos y se observó un riesgo mayor en las áreas con condiciones sociales menos favorables.

Mortalidad por jurisdicción y condiciones sociales


La desigualdad en la distribución de la mortalidad por enfermedades del sistema respiratorio en menores de cinco años está asociada a las condiciones sociales: la mortalidad en las jurisdicciones con peores condiciones sociales fue mayor que en los departamentos con condiciones sociales más favorables. A su vez, esta asociación es más fuerte para las enfermedades del sistema respiratorio que para el total de muertes.
Las seis jurisdicciones con mayor proporción de población en hogares con necesidades básicas insatisfechas (NBI), entre 20,6% y 25,4% de la población, tienen, en promedio, una tasa de mortalidad por enfermedades del sistema respiratorio en menores de cinco años 2,7 veces superior a las seis jurisdicciones con menor proporción de población en hogares con NBI: entre 5,9% y 10,7%. La tasa de mortalidad por esta causa se incrementa 7,2% por cada punto de aumento del NBI (coeficiente de regresión = 0,0691; R2 = 0,95; p = 0,026).
El aumento es mayor que el que se registra en la mortalidad total, que se incrementa 2,3% por cada punto de aumento del NBI (coeficiente de regresión = 0,023; R2 = 0,98; p = 0,010.
La asociación entre la desigualdad en la distribución de la mortalidad por enfermedades del sistema respiratorio y las condiciones sociales también se verifica con el índice y la curva de concentración, y también se observa que su valor es mayor para esta causa que para la mortalidad total (Figura 13).

El índice de concentración para la mortalidad por enfermedades del sistema respiratorio fue 2,3 veces más alto que para la mortalidad total en el trienio 2012-2014: 0,159 (0,047; 0,271) y 0,069 (0,031; 0,106), respectivamente.
Las seis jurisdicciones con peores condiciones sociales aportaron 13,6% de los nacidos vivos, pero 20,3% de las muertes por esta causa, mientras que las seis jurisdicciones con mejores condiciones sociales aportaron 26,9% de los nacidos vivos y 13,6% de las muertes. La diferencia fue menor para las muertes totales ya que el primer grupo contribuyó con 17,0% de las muertes y el segundo con 23,7% de las muertes. De este modo, mientras que para las enfermedades del sistema respiratorio la tasa de mortalidad fue 2,7 veces más alta en las seis jurisdicciones con peores condiciones sociales que en las que tuvieron mejores condiciones sociales, la diferencia fue de 1,4 veces para la mortalidad total.

Mortalidad por departamento y condiciones sociales


La asociación entre la condición social y la mortalidad por enfermedades del sistema respiratorio en menores de cinco años también se observa al realizar el análisis de la desigualdad en la tasa de mortalidad por enfermedades del sistema respiratorio por departamentos. Al igual que lo observado al realizar el análisis por jurisdicción, la asociación entre condiciones sociales desfavorables y mayor mortalidad de menores de cinco años es más fuerte para las enfermedades del sistema respiratorio que para la mortalidad total.
Mientras la tasa de mortalidad total se incrementa 1,90% (1,28; 2,54) por cada punto de aumento de la proporción de población en hogares con NBI, el aumento es de 4,14% (2,82; 5,49) para la tasa de mortalidad por enfermedades del sistema respiratorio. De este modo, los 11 departamentos cuya población se encuentra en peores condiciones sociales (con 41,7%, en promedio, de su población en hogares con NBI; rango de 29,8% a 76,3%) registran una tasa de mortalidad por enfermedades del sistema respiratorio en menores de cinco años de 3,5 por 1.000 nacidos vivos, en promedio (rango de 1,03 a 6,87 por 1.000). La tasa de estos departamentos es 4,0 veces superior a la de once departamentos con condiciones sociales más favorables (con un promedio de 4,8% de su población en hogares con NBI; rango de 1,9% a 6,2%), que registran una tasa de mortalidad de 0,9 por 1.000 nacidos vivos en promedio (rango de 0,40 a 1,51).
La asociación se refleja en el índice y la curva de concentración, que también muestra una mayor fuerza de asociación para la mortalidad por enfermedades del sistema respiratorio que para la mortalidad total (Figura 14).
El índice de concentración registrado para la distribución de la mortalidad por enfermedades del sistema respiratorio fue, -0,234 (-0,170; -0,297) para el trienio 2012-2014, cifra tres veces mayor que la registrada para la mortalidad total: -0,078 (-0,055; -0,102).


Tendencia de la mortalidad


El número de defunciones de menores de cinco años por enfermedades del sistema respiratorio se redujo 76,6% entre 1980 y 2014, pasando de 3.002 muertes por esta causa a 703 y, en el mismo período, la tasa de mortalidad se redujo 79,3%, pasando de 4,37 por 1.000 nacidos vivos a 0,90 por 1.000 nacidos vivos (Figura 15).

La tendencia global de la mortalidad por enfermedades del sistema respiratorio en menores de cinco años en todo ese período fue al descenso: -3,95% (-4,32; -3,57; p<0,0001; R2=0,93), y fue similar a la que registró la mortalidad por todas las causas: -3,48% (3,62; -3,33; p<0,0001; R2=0,98). La tendencia fue continua para la mortalidad por enfermedades del sistema respiratoria, y no hubo períodos que pudieran diferenciarse con una mayor o menor tendencia al descenso (p=0,0978).
Esta situación contrasta con la observada para la mortalidad total (por todas las causas) que, si bien también se redujo durante todo el período 1980-2014, no tuvo una tendencia uniforme (p=0,0029), sino que tuvo un período de mayor descenso a partir de 1992 y hasta 2014: -3,8% (-4,0; -3,5); que fue superior al que se registró entre 1980 y 1992: -2,68 (-3,33; -2,03; p<0,0001; R2=87,9).
Las diferencias observadas entre las 24 jurisdicciones al analizar la distribución de la mortalidad por enfermedades del sistema respiratorio en menores de cinco años, también se encuentran al analizar la tendencia que registró la mortalidad por esta causa en cada una de ellas.
En 19 de las 24 jurisdicciones, la variación anual promedio (VAP) de la tasa de mortalidad fue negativa, indicando un descenso de la mortalidad entre 2004 y 2014 (Figura 16), pero solamente en ocho de ellas, tanto el valor central de la VAP como su intervalo de confianza del 95% fueron negativos (indicando un descenso de la mortalidad); en los once restantes, el intervalo de confianza no descarta la posibilidad de que la tendencia haya sido estable.

En contraste con la situación anterior, cinco jurisdicciones tuvieron un valor central de la VAP de signo positivo, indicando un aumento de la mortalidad durante el período 2004-2014; pero en todas ellas el intervalo de confianza incluyó el cero, indicando también la posibilidad de que la tendencia haya sido estable.
El descenso registrado en la mortalidad por enfermedades del sistema respiratorio en menores de cinco años durante el período 2004-2014 no logró reducir la brecha entre las jurisdicciones; y el índice de Gini se incrementó de 0,229 (0,143; 0,315) en el bienio 2003-2004 a 0,287 (0,193; 0,380) en el bienio 2013-2014, un aumento de 25,3%, aunque los intervalos de confianza de ambos índices se superponen (Figura 17).
El 20% de los nacidos vivos en las jurisdicciones con mayor tasa de mortalidad por enfermedades del sistema respiratorio antes de los cinco años de edad pasó, de aportar el 33,4% de las muertes en 2003-2004 a aportar el 37,6% de las muertes en 2013-2014. En contraste, el 20% de los nacidos vivos en las jurisdicciones con menor tasa pasó, de aportar el 11,0% de las muertes en 2003-2004 a aportar el 9,3% de las muertes en 2013-2014. Como resultado, mientras la tasa de mortalidad se redujo 36,6% en el primer grupo, la reducción fue de 52,7% en el segundo grupo, y la brecha entre ambos grupos de nacidos vivos se incrementó: mientras tenían una tasa de mortalidad 3,0 veces mayor en 2003-2004, tuvieron una tasa de mortalidad 4,1 veces superior en 2013-2014.
Esta evolución contrasta con la observada para la mortalidad total, por todas las causas de defunción, en la que se observó una reducción del índice de Gini, que pasó de 0,129 (0,075; 0,183) en 2003-2004 a 0,077 (0,044; 0,111) en 2013-2014. Esto significó una reducción del valor central del índice de Gini de 40,3%, aunque los intervalos de confianza están superpuestos.
En la mortalidad total, el 20% de los nacidos vivos en las jurisdicciones con mayor tasa pasó, de aportar el 26,9% de las muertes en 2003-2004 a aportar el 24,0% de las muertes en 2013-2014; mientras que el 20% de los nacidos vivos en las jurisdicciones con menor tasa pasó, de aportar el 12,9% a aportar el 10,2%, respectivamente, en ambos bienios. Esto representó una reducción mayor, 37,4%, en el grupo de mayor tasa que en el grupo de menor tasa: 20,9%; lo que contribuyó a reducir la brecha entre ambos grupos. La diferencia entre las tasas de mortalidad total entre ambos grupos pasó de ser de 1,8 veces en 2003-2004 a ser de 1,5 veces en 2013-2014.

Una situación similar se observa al analizar la evolución de la desigualdad entre departamentos, entre el trienio 2002-2004 y el trienio 2012-2014 (Figura 18).

La desigualdad en la distribución de la mortalidad por enfermedades del sistema respiratorio en menores de cinco años, medida mediante el índice de Gini, se mantuvo prácticamente estable: 0,329 (0,306; 0,352) en el trienio 2002-2004 y 0,359 (0,331; 0,386) en el trienio 2012-2014, lo que representó un incremento del valor central de 9,1%.
El 20% de los nacidos vivos en los departamentos con mayor tasa de mortalidad por enfermedades del sistema respiratorio aportó en 2002-2004 el 40,9% de las muertas, mientras que aportó un porcentaje mayor, 43,4%, en 2012-2014. En contraste, la contribución a la mortalidad disminuyó para el 20% de los nacidos vivos en los departamentos con menor mortalidad: pasó de 9,2% en 2002-2004 a 7,5% en 2012-2014. La brecha entre ambos grupos de departamentos se incrementó, por lo tanto, entre ambos trienios: la tasa del primer grupo pasó de ser 4,4 veces la del segundo en 2002-2004 a ser 5,6 veces mayor en 2012-2014.
En este caso, también contrastó esta evolución con la que registró la mortalidad por todas las causas. Entre 2002-2004 y 2012-2014 la desigualdad se redujo y el índice de Gini pasó de 0,168 (0,154; 0,182) a 0,128 (0,117; 0,139), una disminución de 23,8%, aunque se superponen los intervalos de confianza. La contribución a la mortalidad total del 20% de los nacidos vivos en los departamentos con mayor tasa pasó de 26,6% a 16,8% entre ambos trienios, mientras que la contribución a la mortalidad del 20% de los nacidos vivos en los departamentos con menor tasa bajó de 11,8% a 9,0%: una reducción del 36,8% en el primer caso y del 23,7% en el segundo. Como consecuencia, la brecha entre ambos grupos se redujo y la tasa de mortalidad pasó de ser 1,6 veces mayor a ser 1,3 veces mayor entre los dos trienios.
El descenso de la mortalidad registrada entre 2003 y 2014 tampoco contribuyó a reducir la desigualdad en la distribución de la mortalidad por enfermedades del sistema respiratorio en menores de cinco años asociada a las condiciones sociales de la población (Figura 19).

El índice de concentración de la mortalidad por esta causa, asociado al porcentaje de población en hogares con necesidades básicas (NBI) se incrementó 29,4% desde el trienio 2002-2004 al trienio 2012-2014; y su valor pasó de -0,163 (-0,200; -0,126) a -0,231 (-0,273; -0,188). Este aumento puede observarse al comparar las curvas de concentración, ya que la que corresponde al trienio 2012-2014 se encuentra más apartada de la línea de equidad que la de 2002-2004 (Figura 19).
El 20% de los nacidos vivos de los departamentos con mayor NBI aportaron, en 2002-2004, el 29,4% de las muertes por enfermedades del sistema respiratorio, mientras que este porcentaje se elevó al 33,5% en 2012-2014. Al contrario, el 20% de los departamentos con menor NBI redujo su aporte proporcional a la mortalidad por esta causa entre ambos trienios: pasó de aportar 13,2% en 2002-2004 a aportar 11,0% en 2012-2014. Entre ambos trienios, la tasa de mortalidad del primer grupo pasó, de ser 2,2 veces más alta que la del segundo grupo en 2002-2004, a ser 3,0 veces más alta en 2012-2014.
También en este caso esta evolución fue diferente de la que registró la mortalidad total. La desigualdad en la distribución asociada a las condiciones sociales se redujo y el índice de concentración bajó 20,6% entre el trienio 2002-2004 y el trienio 2012-2014: -0,107 (-0,123; -0,091) y -0,085 (-0,098; -0,072), respectivamente. El 20% de los nacidos vivos en los departamentos con peores condiciones sociales pasó de aportar el 25,6% de la mortalidad total a aportar el 24,4%, mientras que el 20% de los nacidos vivos en los departamentos con mejores condiciones sociales aumentó su contribución a la mortalidad, que pasó de 15,3% en 2002-2004 a 16,2% en 2012-2014. La reducción del 40,2% en la contribución a la mortalidad del primer grupo, frente al aumento de 5,9% del segundo, produjo una reducción en la brecha y la tasa de mortalidad pasó de ser 1,7 veces más alta a ser 1,5 veces más alta entre 2002-2004 y 2012-2014.

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