Informe final ambiental calarcá Cajamarca Conexión con Armenia



Descargar 2.6 Mb.
Página12/39
Fecha de conversión14.01.2019
Tamaño2.6 Mb.
1   ...   8   9   10   11   12   13   14   15   ...   39

7.4COMPONENTE SOCIOECONÓMICO


Fuente: Análisis Socio Predial del Estructurador Integral, 2013

De acuerdo con el Análisis Socio Predial elaborado por el Estructurador, se observa que por ser actividades de Rehabilitación y Mantenimiento, no se requerirá de adquisición de predios; en el aspecto social no se identifica la presencia de minorías étnicas.

Se adjunta copia de la Certificación expedida por INCODER, sobre la NO presencia de Comunidades en el área de influencia del Proyecto.

Del municipio de Calarcá, la vía continúa hacia el Alto de La Línea, donde la dinámica económica es menos estructurada, por lo que se identifican una cantidad considerable de actividades informales que se realizan al borde de la carretera, así como personas que ayudan a dar movilidad al tráfico automotor, a cambio de bajas cantidades de dinero; quienes realizan esta actividad son generalmente residentes de las poblaciones cercanas más que los mismos residentes de la carretera, relativamente personas jóvenes y adolescentes, con una minoría de personas adultas o de la tercera edad, usualmente son hombres quienes realizan esta actividad, sin embargo se identifican mujeres las cuales van acompañadas de menores, pero éstas en menor proporción.

Igualmente, se desarrollan actividades económicas básicas de servicios, como: lavadero de vehículos, talleres de mecánica, hostales, restaurantes, tiendas, venta de frutas nativas de la región, billares, canchas de tejo, entre otras. Predomina a nivel de infraestructura, predios Tipo 1 y 2 con actividades mixtas, en donde se comparte el establecimiento comercial con la vivienda y generalmente en la parte de la ladera hay cultivos de “pan coger” que permite una economía familiar básica. En todo caso, es importante resaltar que, a diferencia de los demás sectores, se identifican unidades sociales viviendo en la indigencia, en cambuches totalmente improvisados, con materiales casi inservibles y en unas condiciones socio económicas paupérrimas, que les obliga a vivir de la caridad de las personas que transitan por la carretera y la de sus vecinos, no es alta la población en estas condiciones, no obstante, es preocupante la situación pues la población más vulnerable que se evidenció son menores de edad y personas de la tercera edad; al parecer procedentes de los departamentos del Tolima y del Quindío, en situación de desplazamiento forzoso por conflictos armados y por haber estado ubicados en zonas de alto riesgo.

El municipio de Cajamarca cuenta en la actualidad con 21.000 habitantes de acuerdo con la información de la Oficina de Planeación Municipal. Se estima que la población rural representa cerca del 60% del total.

Según información suministrada por el SISBEN, de 16.123 personas encuestadas el 41% (9.057 personas) pertenecen a la zona rural y 7.066 personas a la urbana, es decir el 76% de la población, se encuentran clasificados en los Estratos 1 y 2. Las entidades prestadoras del servicio de salud son: Comcaja, Unimec y Cafesalud. De la población encuestada se encuentra carnetizada el 21%, es decir 1.934 personas de la zona urbana y 1.503 personas de la zona rural.

En cuanto a pertenencia étnica, tenemos que tan solo el 0.1% de la población se reconoce como negro, mulato, afrocolombiano o afrodescenciente.

Este tramo cuenta con el servicio de transporte de la cooperativa de Transporte de Anaime –COTRANAIME - que cuenta con un grupo de camperos que sirven a las veredas circunvecinas.

Se aprecia una mayor proporción de población rural de Estratos 1 y 2 con dependencia de actividades agropecuarias, con viviendas unifamiliares y con una alta utilización de mano de obra familiar.

Todas las veredas cuentan con Junta de Acción Comunal y Asociación de Padres de Familia, organizaciones que se convierten en los más importantes mecanismos de representación comunitaria y cívica.

Los conflictos al interior de la comunidad se registran entre los que lavan carros, por competencia por el agua y por los turnos de trabajo. Estas personas, todos jóvenes de la zona, se han organizado en la Asociación de Lavaderos de Carros -ASOLCA- con Personería Jurídica de 1999, agrupando cerca de 120 personas que desde hace 6 años han trabajado juntos. Así mismo, existe la Asociación de Campesinos de Cajamarca.

Según información de la Administración Municipal, se aprecia un alto porcentaje de primaria incompleta y de analfabetismo entre la población mayor de 40 años y un alto porcentaje de obreros o empleados (especialmente en Cajamarca), así como una alta proporción de mano de obra familiar. Se aprecia un alto porcentaje de familias que no han accedido a las fuentes de crédito a pesar de que se considera que cerca del 50% de los propietarios de fincas podrían atender sus obligaciones.

Sector Portal Bermellón - Cajamarca

Este sector perteneciente al departamento del Tolima y al municipio de Cajamarca, está localizado entre el Portal Bermellón y el casco urbano de Cajamarca y está conformado por 4 veredas.

Este sector presenta una mayor tendencia a la producción agropecuaria como medio de subsistencia familiar, comparado con el sector tolimense de La Línea, dado que se localiza en una zona de menor altura, con pendiente relativamente moderada y con mejores condiciones climáticas.

Sobre el corredor existen pequeñas cafeterías, tiendas con venta de lácteos, ventas de hortalizas y se ha desarrollado una oferta de servicios representada en montallantas y reparaciones menores dirigidas a los usuarios de la carretera, así como lavaderos de carros.

Los establecimientos de mayor importancia en este sector son La Paloma, El Parador y Doña Olga. Los dos últimos orientados a atender los servicios de restaurante y cafetería, complementados con alojamiento y parqueadero. Estos establecimientos proveen cerca de 60 empleos directos en tres turnos y cerca de 30 empleos indirectos.

Las escuelas se localizan sobre la carretera y no cuentan con un paso peatonal para los niños y demás personas de la comunidad. Las instalaciones se encuentran en relativo buen estado y con dotación académica suficiente y física, restringida especialmente para la recreación de los niños.

Las veredas están conectadas al corredor vial por caminos de herradura como único medio de acceso a las viviendas y fincas, y de tránsito de bestias de carga y la comunidad se ve abocada a transitar por la vía, con los riesgos que esta circunstancia reporta.

Las actividades agropecuarias se orientan a la producción de hortalizas, maíz, café y al levante de cerdos y gallinas alternados con el manejo de ganado de doble propósito, en minifundios y pequeña propiedad. La producción se mercadea en Cajamarca.

Existen altos niveles de amenaza por derrumbes y deslizamientos, ocasionados por la inestabilidad del suelo, determinada por la pendiente y los efectos de las prácticas culturales orientadas a la subsistencia, mediante el uso y usufructo del suelo.

7.4.1Antecedentes Arqueológicos2


La zona en donde se ejecutará este proyecto, cuenta con varias investigaciones que indican una moderada potencialidad arqueológica, consistente en yacimientos asociados a las fuentes hídricas de la región. Esto se evidencia desde el piedemonte hasta las cotas más altas de la cordillera Central. En este sentido, estudios realizados por Hernández (2011) a lo largo del proyecto de la doble calzada Ibagué - Cajamarca, tramo Combeima - Boquerón y por Chacín (2011) en el sitio La Colosa en Cajamarca, muestran sitios de asentamiento y enterramiento asociados a diferentes temporalidades de la época prehispánica.

La región del eje cafetero se encuentra inmersa dentro de lo que se conoce como el Cauca Medio, división tripartita del cauce del río Cauca que nace en el macizo Colombiano y desemboca en el río Magdalena al norte, en el departamento de Bolívar. La ocupación se remonta según dataciones de radiocarbono al 8.000 a.C.:


De acuerdo con las dataciones de C-14 la región se pobló entre el c. 9700 y el 9500 B.P. por grupos de cazadores-recolectores que, sin tener claridad sobre su procedencia, desarrollaron una cultura de selva de montaña con rasgos similares a las descritas por Gnecco, en el valle de Popayán; y Castillo y Aceituno, en el valle medio del río Porce. Basados en datos de polen, fitolitos y almidones, en las cuencas de los ríos San Eugenio y Campoalegre, se afirma que hay evidencias de perturbación del bosque desde el c. 9000 B.P, manifestadas en un incremento de la diversidad de las taxas, de rastrojos bajos (Piperáceas), de plantas pioneras (Cecropias, asteráceas y melastomatáceas) y de palmas. La identificación de las anteriores familias coincide con la presencia de restos de plantas con un alto valor alimenticio y, potencialmente, indicadoras de prácticas hortícolas” (Loaiza 2005: 7).
Asociados a tales prácticas hortícolas se encuentra gran material lítico, fundamentado en lascas, núcleos, raspadores, yunques, azadas, hachas de mano entre otros. Esta postura rompe con la tradicional mirada de los primeros cazadores recolectores que dependían sobremanera de la caza especializada de mega fauna. Según Aceituno (2002), el cambio de enfoque tradicional aplicado en el Magdalena Medio y altiplano Cundiboyacense, da como resultado una nueva interpretación y un nuevo conocimiento que hasta entonces era subestimado:
Se presentan los resultados de un proyecto de investigación en el Cauca Medio, financiado por la Universidad de Antioquia, cuyo objetivo principal se centró en la reconstrucción del manejo de los recursos vegetales por parte de los cazadores-recolectores que habitaron la región desde el Holoceno temprano al Holoceno Medio…se aplicaron análisis microbotánicos de polen, fitolitos y almidones, recuperados de contextos arqueológicos, a fin de estimar la fitocenosis local, así como la identificación de las plantas manipuladas y sus posibles estrategias de obtención” (Aceituno 2002: 89).
Karen Olsen Bruhns (1979) encontró una punta de proyectil en los terrenos de la finca El Edén, en Armenia. Este hecho la llevó a plantear de la forma tradicional (muy propia de la época), que el eje cafetero, fue ocupado para el período paleoindio3 propuesto por Reichel Dolmatoff. Genero entonces una cronología para este período que va del 8.000 a.C hasta el 2.000 a.C. Dentro de esta fecha es donde se han hallado muestras microbotánicas que sumadas a estas han contextualizado profundamente las primeras ocupaciones del lugar.

Fuera de indagar sobre este primer período de ocupación en el eje cafetero, vienen las definiciones, búsquedas cronológicas y diferencias culturales en el terreno vasto que fue denominado simplistamente como zona Quimbaya. Es allí donde en los años cuarenta aparece Wendel Bennet, quien agrupando una buena parte de los materiales de la zona define el estilo y más tarde complejo “Marrón Inciso”, compuesto por un conjunto de vasijas provenientes de una amplia área que abarcaba desde Medellín, al norte, hasta Buga, al sur, siguiendo el eje del río Cauca. (Bennet, 1944). Estos conjuntos materiales, similares a los establecidos por Duque Gómez a partir de criterios geográficos y estilísticos de las muestras, no tenía un soporte cronológico basado en dataciones absolutas (Duque, 1970).

Es hasta finales de la década de los sesenta cuando Karen Bruhns mediante estudios físico químicos data las muestras halladas en el Cauca Medio. El primero de los complejos que redefinió fue el Marrón Inciso, correspondiente a los primeros alfareros datados para la zona, con una cronología de va del siglo V a.C. al siglo V d. C. y quienes tenían una dispersión de amplio espectro que iba del norte del Valle del Cauca, hasta el centro de Antioquía:

“…de acuerdo con la dispersión de la cerámica Marrón Inciso, debió hacer parte de un poblamiento más amplio de la cuenca del Cauca que involucraría las regiones del Cauca Medio y de Antioquia” (Colección Museo Universitario, Universidad de Antioquia. 1993: 41)

Este estilo cerámico ha sido asociado a la riqueza orfebre del lugar (Bruhns 1970), lo mismo que las tumbas de cancel y los enterramientos secundarios en urnas funerarias, llamados por muchos como Quimbaya Clásico o temprano. Así mismo, tenemos coexistiendo con el marrón inciso al complejo cerámico tricolor, de formas plásticas muy expresivas y gran riqueza visual. Podría decirse que fue la época de esplendor cultural de la nación Quimbaya.

Luego aparece el complejo “Cauca Medio” quien al igual que el marrón inciso presenta una dispersión de amplio espectro llegando hasta el sur de Antioquia. Para muchos en este período ya teníamos cacicazgos consolidados, su cronología va del siglo VII d.C. hasta el siglo XII d.C. En este período aparecen los enterramientos de pozo con cámara lateral, de una o dos cámaras.

Luego viene el complejo Caldas, quien al parecer es una prolongación del complejo Cauca Medio. Son grupos del Quimbaya tardío que se ubican en una cronología que va del siglo XII d.C al siglo XVI d.C. posterior o coexistente con este último período, tenemos al aplicado inciso que es un estilo cerámico que está presente en la conquista y la colonia. Además de estos estilos, algunos hablan de la presencia de cerámicas emparentadas con el Valle del Cauca, como la guabas-buga, para el período tardío (Cabal 2010), las cuales tendrían que manejarse con mucha precaución, aunque por su cercanía es viable una intervención cultural desde estos focos culturales.

Al igual que en otros lugares de Colombia, se proponen otros modelos explicativos más refinados y sintéticos, los cuales permiten abarcar sin maniobras extratextuales todas las preguntas que yacen en un contexto arqueológico. Es por eso que se asume la posición de Briceño (2006) la cual mediante la descripción general de los elementos constitutivos de los cinco períodos que veremos a continuación, se incluyen a su vez las otras categorías analíticas de los otros investigadores que han emanado resultados del área de estudio, veamos:



Período 1, Precerámico o Temprano 1

ca 9800 AP a 4000 AP

Artefactos de molienda elaborados en rocas granulares: molinos, yunques, placas y azadas, elementos tallados por percusión y retoque controlados (en este período caben las investigaciones de Aceituno 2002).

Período 2, Temprano 2

Siglos V AC a V DC

Cerámicas Marrón Inciso y Tricolor de Bruhns (1990, 1995), La Aguada de Otero (1992), y de la “Clase Fina” tipos 1 y 2 propuestos por Tabares y Rojas (2000). Estilo Orfebre Quimbaya Clásico (Pérez de Barradas, 1966). Tumbas de pozo sencillo. Tumbas de Cancel4 (Chacín 2009; 2011).

Período 3, Tardío 1

VII a XII DC

Cerámicas Cauca Medio “típica” y tipo acanalado de Bruhns, (1995: 23), y de la “Clase Fina”, tipos 3 y 4 de Tabares y Rojas (2000). Así mismo, pequeñas cantidades de Aplicado Inciso de Bruhns (1990). Tumbas de pozo y cámara lateral.

Período 4, Tardío 2

XII DC a XVI DC

Cerámicas Caldas “típica”, especialmente del tipo dos colores y Aplicado Inciso de Bruhns (1995), La Giralda de Santos (1993) y de la “Clase Burda”, tipos 3 y 4 de Tabares y Rojas (2000) y Estilo orfebre invasionista o Tardío (Pérez de Barradas, 1966). Tumbas de pozo y cámara lateral. Cabe aquí la cerámica Guabas-Buga del Valle del Cauca como un estilo invasionista (Cabal 2010).

Período 5, Colonial

XVI a XVIII

Cerámica Aplicado Inciso de Bruhns (1995), cerámica y loza hispánica.

Etnohistóricos

Al llegar los españoles al Quindío encontraron una región ampliamente poblada en la planicie, cuya superficie alcanzaba cerca de los 5.000 Km2 (Friede, 1993: 12). Este vasto territorio fue identificado por los conquistadores como Provincia de Quimbaya, compuesta por 40 pueblos: Pión, Ocare, Orovi, Consota, Conche, Mato, Permasy, Pindaná, Yagua, Cavecas, Bía, Paragua, Tamambi, Permoso, Co, Tagambi, Pomarca, Catamá, Cuitamá, Tataqui, Utapa, Cacaguavi, Turcunda, Papaná, Cajamo, Tarirá, Cumbati, Guaname, Pichiana, Calima, Yayoyago, Bao, Chinchiná, Carrapa, Gorrón, Picarra, Pozo, Pácora (o Paucura), Cucuy y Quindío (Arcila, 1951: 421).

El territorio ocupado por los Quimbaya comprendía la vertiente occidental de la Cordillera Central que desciende al río Cauca en la zona, abarcando la quebrada de los Micos al sur, limitando con Quindos y Bugas, al norte colindaba con los Ansermas y Carrapas por el río Guacaya, en el occidente, el río Cauca fue la barrera natural donde los gorrones ocupaban el margen izquierdo y al oriente por la parte alta de la Cordillera Central la tierra se hallaba despoblada pues separaba a Pijaos, Putimaes y Panches (Rodríguez, 2005: 28).

La expedición que culminó con la fundación de Anserma en la franja occidental del Cauca y de Cartago en la zona oriental fue encomendada por Lorenzo de Aldana al capitán Jorge Robledo en 1539. Robledo partió de Cali el 18 de julio de 1539 con el propósito de colonizar la zona que en 1536 había recorrido Sebastían de Belalcázar. El descubrimiento y conquista española en el territorio de los Quimbaya la emprendió Robledo tras seguir la corriente del río Cauca por la orilla occidental. En este trayecto y con el fin de servir de base para futuras empresas fundó el 15 de agosto de 1539 la villa de Santa Ana de los Caballeros, más conocida como Anserma (Restrepo, 1912: 15).

Partiendo de Anserma llegó a Irrá, donde tuvo noticia de los Quimbayas por el jefe Cananao quién le regaló una vasija de oro, declarando que procedía de una tribu cuyos señores: “se servía con oro y tenían ollas y todo servicio de oro” (Friede, 1963: 37). Luego, cruzó el Cauca y llegó a las tierras de los carrapas, picaras, paucuras y armas, estos eran grupos indígenas belicosos a los que sometió obligándolos a luchar entre sí. De Arma llegó por el oriente al pueblo de Martamac y de allí pasó a la provincia de los Quimbaya. De esta zona Robledo se dirigió hacia el norte y envió a Suer de Nava al sur. Según los relatos Suer de Nava regresó cargado de oro y haciendo grandes elogios de las riquezas que encerraba aquella provincia (Restrepo, 1912: 16). En 1540 Robledo fundó San Jorge de Cartago para pacificar a las tribus belicosas siendo Suer de Nava su primer gobernador (Trimborn, 1949: 35).

Los Quimbaya son descritos como pacíficos, laboriosos, cazadores y pescadores, cultivaron el tabaco, el plátano, el maíz, la yuca, la arracacha y el frijol. Para el cronista Cieza de León:

los señores son en extremo regalados, tienen muchas mujeres, y son todos los de esta provincia amigos y confederados. No comen carne humana, sino es por una muy gran fiesta y los señores solamente eran muy ricos de oro, de todas las cosas que por los ojos eran vistas” (Cieza de León, 2005: 69).

Tenían abundantes colmenas de distintas clases de abejas que les proveían de miel y cera. Eran tejedores, dibujantes, ceramistas y fundidores:

sus trabajos de orfebrería en oro y “tumbaga” (combinación de oro y cobre), al igual que sus cerámicas, ostentan hermosos jeroglíficos en relieve que predican sus especiales dotes artísticas” (Bermúdez, 1992: 22).

Rindieron culto a sus muertos a los que sepultaban con sus riquezas. Cieza de León describe sus creencias y rituales:

bien tiene esta gente entendimiento de pensar que hay en el hombre más que cuerpo mortal, no tienen tampoco que sea ánima sino alguna transfiguración que ellos piensan. Y creen que los cuerpos todos han de resucitar. Pero el demonio les hace entender que será en parte que ellos han de tener placer y descanso, por lo cual les echan en las sepulturas mucha cantidad de vino y maíz, pescado y otras cosas, y juntamente con ellos sus armas, como que fuesen poderosas como para los librar de las penas infernales”. (Cieza de León, 2005: 72).

Según Juan Friede, de todas las tribus que había conquistado Jorge Robledo, la Quimbaya fue la que menos resistencia opuso a la dominación española (Friede, 1963: 22). El carácter pacífico de los Quimbaya lo atribuyen a su organización social, basada en un cacicazgo de orden hereditario. En 1542 la estructura social de los Quimbaya descansaba en la existencia de un cacique principal, Tacurumbí, ya anciano, quien era escudado por Yamba, un cacique más joven. Dos caciques principales habitaban en la región meridional. Lo anterior evidencia la existencia de un régimen de cacicazgo bien establecido y de carácter hereditario liderados por un cacique principal:

los numerosos caciques que aparecen en los documentos atestiguan la existencia entre los Quimbayas de una capa social predominante, la que decide la suerte de toda la tribu. Las mujeres, esposas o viudas y los hijos suceden en el cacicazgo y tienen derecho a voz y voto en las juntas de la guerra”. (Friede, 1963: 23).

A pesar de su carácter pacífico el principal problema que afrontaron los Quimbayas fue la guerra que emprendieron los españoles contra los Pijaos. Antes de la llegada de los conquistadores, el Quindío no sobrepasaba el río del mismo nombre, pero con la llegada de éstos y posteriormente con la apertura del camino real que desde Cartago cruzaba la zona y pasando la cordillera alcanzaba a Ibagué, el Quindío entró a constituir una unidad geográfica que abarcaba toda la planicie hasta el pie de la montaña y por esta llegaba al filo de la cordillera central. Esta segunda zona estaba ocupada por los indios pijao (o Pinao). Por casi un siglo los Pijao obstaculizaron el tránsito de españoles e indígenas sometidos por el páramo del Quindío, paso obligado entre Santa Fe y Popayán.

A diferencia de los Quimbayas, los Pijao se caracterizaban por su belicosidad, por ser guerreros, caníbales, feroces, crueles y de tendencia nómada. El cronista Fray Pedro Simón cuenta que durante la guerra contra los conquistadores, los Pijaos se comieron “más de cuatrocientos españoles y más de cuarenta mil indios de paz” (Simón, 1981: 446).

La resistencia a la dominación española en la Cordillera Central fue ejercida por varios grupos étnicos, de la que hacían parte los Pijaos pero también los Paeces, Toribíos, Yalcones, Bugas, Putimaes, Panches y Sutagaes, pueblos indios en cuyos dominios se fundaron las villas de Ibagué, Anserma, Neiva, Buga, Cartago, Cali, Popayán, Caloto y La Plata. Sin embargo, los españoles generalizaron el término Pijao para referirse a cualquier grupo étnico belicoso que habitara la Cordillera Central.

Los Pijaos y los Paeces por ser las poblaciones belicosas más representativas, tenían zonas de guerra definidas:

la del Quindío, que comprendía el dominio de los Pijaos que con colaboración de los Bugas y Putimaes se encargaban de las acciones contra Ibagué, Neiva, Cartago, Anserma y Buga, y el sector sur que era controlado por los Paeces y Yalconas, quienes con participación muy frecuente de los Pijaos incursionaban contra Timaná, La Plata y sectores aledaños a Popayán” (Bermúdez, 1992: 27).

La pacificación de esta zona requirió de numerosas expediciones en las cuales se logró someter los Timanaes y Yalcones y posteriormente los Paez, pero no sucedió lo mismo con los Pijaos. Fray Pedro Simón enumera 52 expediciones que desde la época de Belalcázar hasta el siglo XVII habían emprendido los españoles con el fin de acabar con la resistencia de los Pijaos (Friede, 1963: 159). Liderados por el cacique Calarcá, los Pijaos fueron el tormento de las autoridades españolas a las que siempre vencieron hasta 1607. Las poblaciones de Cali, Buga, Toro, Ibagué, Cartago, Caloto, Timaná, se quejaban por los constantes asaltos y pedían una intervención oficial pues los Pijaos impedían el tránsito y el comercio entre el Nuevo Reino y las provincias de Popayán y Quito.

El sometimiento de los Pijaos se le atribuye al Capitán General y Presidente de Gobierno don Juan de Borja quien ayudado por Combeima, cacique de los Coyaimas y Natagaimas, bautizado posteriormente en forma cristiana como Baltasar, se enfrentó al cacique Calarcá y le dio muerte atravesándole con una lanza. La confrontación entre los caciques Calarcá y Baltasar simboliza el enfrentamiento entre dos mundos. Baltasar, representa un indígena convertido a la religión cristiana, ayudante de la dominación española, mientras Calarcá personificaba las costumbres propias de los nativos, el guerrero, el jefe que no se sometía al gobierno español.

El enfrentamiento entre estos dos caciques ha sido objeto de diversas versiones, la historiografía tradicional atribuye la derrota y muerte de Calarcá y posterior sometimiento de los Pijaos a las conductas bárbaras de Calarcá contra Baltasar más que a su actitud contra los conquistadores. Calarcá repudiaba la afrenta que había cometido Baltasar al casarse con una viuda española con la cual tuvo un hijo, como castigo Calarcá raptó al niño, lo sacrificó y envío a Baltasar los huesos roídos. Este hecho marcó el cambio de conducta de Baltasar y su posterior alianza con Borja. Al matar a Calarcá con una lanza, Baltasar le facilitó al presidente Borgia la victoria contra los Pijaos (Henao & Arrubla, 1926: 197).

Sin embargo, el cronista Fray Pedro Simón refiere que Calarcá fue herido de muerte en 1607 por el coronel Diego de Ospina y Maldonado:

le dio a Calarcá en los pechos con cuatro postas hechas de un bola, engrasadas con tocino, como las acostumbraba a traer de ordinario, por ser de muerte las heridas, y dándole también con todo el fuego en la cara al indio, cayó en tierra desatinado; a gatas, ayudándole al Coyara, se fue saliendo la puerta afuera del rancho (fuerte) y desde allí al palenque con ayuda que tuvo de los demás indios, sin sentirlo español alguno que se lo estorbase e ir todavía con algunos alientos, no habiendo sido penetrantes las heridas, por ser el tiro tan cerca, si bien a los cinco días de camino, volviéndose a sus tierras, murió en ellas” (Simón, 1981: 292).

Sin Calarcá, los Pijaos continuaron su campaña bélica uniéndose a los Paeces y Bugas en la gobernación de Popayán, desaparecieron como organización social y las pocas agrupaciones que había en 1611 fueron absorbidas por los Paeces y los Bugas.

Los Quimbaya sobrevivieron hasta las primeras décadas del siglo XVIII, Fray Gregorio Arcila Robledo señala su ocaso en 1717 (Arcila, 1951: 417). Su extinción se atribuye a varias causas, especialmente al extenuante trabajo en las encomiendas y las frecuentes muertes por epidemias como la viruela, el sarampión, el tifo.

Fueron muchas las muertes causadas por las guerras de conquista, pero fue a partir del establecimiento de ciudades y encomiendas como ejes de dominación español cuando se genera la mayor catástrofe demográfica indígena. Según Víctor Álvarez, la zona de los Quimbaya o provincia de Cartago tenía en 1559 un total de 18.000 indígenas de los cuales solo quedaban 140 tributarios en 1605 (Álvarez, 1997: 68).


1   ...   8   9   10   11   12   13   14   15   ...   39


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal