Informe y entrevistas del viaje realizado en Noviembre del 2000 por Alfons Bech en nombre de la Comisión de ayuda a la reconstrucción de los sindicatos de los Balcanes, constituída por Pau I Solidaridat-cooo, Josep Comaposada-ugt



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Las privatizaciones


Uno de los temas que surgen en todas las discusiones con los obreros y los sindicalistas es el de la privatización. Hasta ahora Milosevic había empezado tímidamente la privatización en la mayoría de las empresas. En el 91 las empresas privatizaron un 6% de su capital. En el 2000 estaba previsto que se privatizara un 60% más, lo que hubiera dado el 66%. Los obreros pretendían obtener aproximadamente esa parte. El resto debía distribuirse en un 10% para el Estado, para asegurar las pensiones, y un 24% a oferta pública. En el 2005 se completaría el plan de privatización.

Sin embargo todo esto está por definir aún. Hacia la primavera del próximo año, el 2001, se prevé que el nuevo Parlamento saque una ley de privatización. La posición de Nezavisnost es favorable a una privatización, pero en la que los obreros tengan la mayoría de las acciones para poder controlar la fábrica. Sería ese 66% o, en general, la mayoría. Uno de los problemas que me manifiestan es que la valoración de las fábricas se hace muy a la baja. Por ejemplo la fábrica “Vatosprem” de Belgrado, que produce material antiincendios, desde extintores hasta camiones de bomberos e instalaciones industriales, consideran que tiene un valor de 14 millones de marcos alemanes; sin embargo para la privatización el gobierno había calculado pagar a los obreros 2,4 millones, lo que no llega ni al 20% del valor. El cálculo para pagar es el siguiente: 400 marcos alemanes por obrero y año trabajado. Es decir, si los obreros llevan de media unos 20 años trabajando, eso daría para cada uno unos 8.000 marcos, que multiplicados por los 300 obreros dan los 2,4 millones. La posición de los dirigentes sindicales de esa fábrica es clara: no están por la desvaloración pero, sea el valor que sea el que se le da a la fábrica, ellos quieren tener la mayoría de las acciones, un mínimo del 51%.

Cuando les pregunto si conocen cómo está yendo la privatización en Rusia, donde los obreros recibieron también acciones pero, para poder atender sus mínimas necesidades, se las terminan vendiendo al propio director o al monopolista mafioso, responden que saben el caso ruso y que van a tratar de que no les ocurra lo mismo.

En general los líderes de Nezavisnost saben que están en una situación delicada. De un lado Serbia necesita abrir el mercado hacia occidente. Esto comporta que allí domina el mercado libre, capitalista, y que las multinacionales desean hacerse con las empresas más rentables. A la vez necesitan modernizar sus productos y por ello defienden trabajar con licencias alemanas como Siemens, Mercedes, etc. Ellos quieren combinar lo mejor del sistema que tenían con lo mejor del sistema occidental. Quieren combinar las leyes más avanzadas socialmente, el control de las acciones por los obreros, el control sobre los directores y la autogestión de la producción en la fábrica, con el libre mercado, la competencia, las multinacionales. No saben exactamente cómo, pero no quieren perder derechos y quieren ganar en nivel de vida, volver a acercarse al que tenían antes de la desaparición de Yugoslavia. Para ello también cuentan con la ayuda de los obreros y los sindicatos occidentales, para que les orienten, les den formación, y les muestren cómo actúan las multinacionales.

Para Nezavisnost la nueva situación exigirá un sindicalismo más fuerte e independiente pues los obreros deben estar bien organizados frente a la futura ley de privatizaciones que llegará posiblemente en primavera, a fin de controlar el proceso y que los obreros queden como accionistas mayoritarios. También quieren subir los salarios y participar en la búsqueda de soluciones para elevar la producción, buscar nuevos mercados o reanudar los antiguos.

Un elemento de esa participación es la facultad que tiene la asamblea de trabajadores para cambiar los directores de fábricas y empresas. La oposición hizo un llamamiento general a la huelga y al cambio de directores posteriormente al 5 de octubre, pretendiendo crear los llamados “comités de crisis”. El argumento era esencialmente político: ya que ha caído Milosevic hay que cambiar todos los directores que estaban ligados a los partidos del anterior gobierno (básicamente del PS). Pero Nezavisnost no defendió la misma posición sino sólo apoyó aquellos cambios que realmente podían mejorar los obreros porque fueran mejores directores, más capaces de aumentar la producción, más cualificados técnicamente, etc. Lo otro, es decir ayudar simplemente a poner directores ligados a la DOS, podía ser incluso contraproducente para la producción. Más aún: había que vigilar si, entre esos nuevos directores, no empezaba a tomar posición gente que quisiera aprovecharse de su situación de dirección para cuando se apruebe la ley de privatización.

En general los dirigentes de Nezavisnost son partidarios de aprovechar todos los elementos legales, por ejemplo para cambiar un director. En ese caso se abre un periodo de exposición de los planes de producción, de los cambios que se desean hacer, de las condiciones de trabajo y de salario, donde los obreros lo discuten, luego lo votan y luego lo trasladan al comité de dirección de la empresa. “Es un proceso más lento –decía un dirigente de una fábrica- pero más ordenado. En cambio el decretar los “comités de crisis” es ilegal y puede que después de armar la huelga los obreros se encuentren con un director peor porque no lo habían pensado ni previsto”. Milan Nikolic resumía así su posición: “el sindicato ha de hacer de sindicato y defender los intereses de los trabajadores, sea cual sea su director. Todos estos cambios son meramente políticos. Es cambiar directores del PS por directores del DOS”.

“Nezavisnost ha sido un sindicato independiente del poder y lo seguirá siendo” afirman orgullosos. Me cuentan que la oposición intentó que Nezavisnost se convirtiera en “su” sindicato y, como lo rechazaron, buscaron el acuerdo de un pequeño sindicato que dirige Dragan Milanovic. Cosa nunca vista, este señor se presentó como sindicato a las elecciones y ganó su escaño así, no como líder de un partido sino de un sindicato. Ahora forma parte del nuevo poder. Este pequeño sindicato que era antiguamente opositor está llegando a acuerdos con los antiguos sindicatos oficiales, como reconocen éstos últimos, en particular para el cambio de algunos directores de fábricas.


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