Informe y entrevistas del viaje realizado en Noviembre del 2000 por Alfons Bech en nombre de la Comisión de ayuda a la reconstrucción de los sindicatos de los Balcanes, constituída por Pau I Solidaridat-cooo, Josep Comaposada-ugt



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El nacimiento del sindicalismo independiente en Serbia


Entrevista con Milan Nikolic, presidente del sindicato independiente serbio del metal Nezavisnost

Voy a hablar del proceso de nacimiento del sindicalismo independiente en Serbia, es decir de lo que pasó concretamente entre los años 1988 a 1992.

Yo empecé en el sindicato de estado. Cuando un trabajador entraba a trabajar automáticamente pertenecía al sindicato del estado. Pertenecí también al partido comunista, como mucha gente. El sindicato estaba controlado por los miembros del partido comunista. Era imposible que alguien que dirigiera un sindicato estuviera fuera del partido, era una obligación. Por esta razón el partido comunista controlaba los sindicatos.

Yo empecé en la primavera del 88. Los obreros de mi fábrica quisieron que encabezara un movimiento para llevar a cabo esta idea. En el sistema antiguo todos los problemas de los obreros y de los sindicalistas estaban encerrados en el marco de la fábrica. Cuando ocurrían acontecimientos importantes se reunía a los obreros y éstos escuchaban, nada más. Los problemas de una fábrica jamás salían fuera de ella. Entonces los obreros de mi fábrica pensaron que yo debía hacer todo lo posible para que nuestros problemas fueran conocidos más allá de nuestra fábrica.

Como yo acepté empecé por convocar una reunión de todos los sindicalistas de Rakovica –importante zona industrial cercana a Belgrado- De esta manera empezó la posibilidad de conectarse entre ellos todos los sindicalistas de la zona, pues antes esta posibilidad jamás existió. Y constatamos que todos pensábamos de la misma manera. Todo empezó por ahí. Todos estuvimos de acuerdo en trabajar juntos y seriamente. Era 1988. Esta situación se prolongó hacia los sindicalistas de otras ramas, no sólo de la metalurgia. A partir del comité ejecutivo local convoqué a los sindicalistas de Rakovica y constatamos que todos los obreros teníamos los mismos problemas y hablábamos el mismo lenguaje.

El intento de reforma del sindicato oficial


Cuando terminamos esta primera fase de consultas hice un test a un nivel superior, en el ámbito de Belgrado. Había dieciséis municipalidades, entre ellas Belgrado y Rakovica. Pero eso no dio el resultado que yo había esperado. Los sindicalistas a ese nivel estaban burocratizados y no tenían mucho interés. Después yo intenté lo mismo a nivel de Serbia. No tenía derecho a hacerlo, pero lo hice. No acepté parar el proceso. Pedí que todos los sindicatos de Serbia se involucraran en esos problemas y trabajáramos juntos. Pero ocurrió lo mismo que a nivel de Belgrado. Después lo llevé en el ámbito de Yugoslavia, y ocurrió lo mismo también.

Volví a Rakovica y convoqué una asamblea general de los obreros de toda Rakovica. No sólo de sindicalistas, sino de todos los obreros. Los obreros conocieron lo que pasó, les hice un informe, y tuve un gran apoyo. Tuvimos entonces posibilidad de hablar en los periódicos y televisión, eran medios de información independientes, y pudimos dirigirnos no sólo a los obreros de Rakovica, sino a los de toda Serbia y toda Yugoslavia. En esa asamblea hubo alrededor de diez mil trabajadores. Decidimos dirigirnos de nuevo a todos los niveles de nuestra organización sindical, en Belgrado, Serbia, Yugoslavia, pero por escrito. Nosotros escribimos las siguientes peticiones: mejora de los salarios, mejora de las condiciones de trabajo, cese de la confrontación política entre los líderes de las diferentes repúblicas nacionales de Yugoslavia, es decir, demandas sobre cuestiones materiales y cuestiones democráticas.

Empezamos la discusión sobre cambios en la Constitución yugoslava para que se incluyera el derecho de los obreros a organizarse libremente. Queríamos que esto se pusiera dentro de nuestra Constitución. Era necesario para la función de sindicatos. En el Parlamento yugoslavo teníamos dos Consejos, uno civil, otro de las Repúblicas, y nosotros queríamos que se institucionalizara un tercero, el Consejo de los obreros y de la economía. Nuestra idea era de decidir sobre lo que concernía a nuestra economía, condiciones de trabajo, salario. Creo que lo que abordábamos era un cambio de todo el sistema, que afectaba a todas las instituciones: Parlamento, partido comunista, sindicatos. Era septiembre de 1988. Y en delegación, entregamos este documento a cada institución. Estábamos en un momento de democratización del partido comunista que había empezado en 1985. En ese momento el partido estaba abierto a discutir sobre todos los problemas.

Irrumpe la movilización de los trabajadores en la calle


Nosotros proponíamos un gran cambio y dimos un mes de tiempo para que nos respondieran a ese documento, es decir hasta el 16 de octubre. Pero dieciocho días después, el 3 de octubre, los obreros de mi fábrica de Rakovica se pusieron en huelga porque no les habían pagado ese día. Era una huelga espontánea. Y el 4 de octubre los obreros salieron a la calle. Era la primera vez que los obreros salían a la calle en una huelga. Yo salí con los obreros a la calle. Ese día yo envejecí cinco años. Les pregunté qué pasaba. Los obreros explicaron que les debían el salario desde hacía un día y que debíamos ir al Ayuntamiento, y me piden que yo vaya con ellos. ¿Al ayuntamiento?, les digo yo, ¡pues vamos! No sabía qué iba a pasar con la policía, si iban a reprimirnos o no. Quiero decir que esa huelga fue exactamente espontánea. Yo quería esperar el mes que habíamos dado para la respuesta a nuestro documento, pero salimos a la calle, los obreros de otras fábricas empezaron a salir con nosotros y llegamos a ser en ese momento unos diez mil obreros. Yo no sabía qué debíamos hacer. Me subí a un coche Skoda y pregunté “¿Qué hacemos?”. Los obreros contestaron “¡Iremos a Belgrado!” Les contesto: “De acuerdo, queréis ir a Belgrado, pues ¡vamos a Belgrado!” No olvidaré jamás esos momentos. Íbamos atravesando esta zona industrial y los obreros se iban uniendo a nuestra manifestación. Recorrimos diez kilómetros hasta la plaza de la República, donde está el Parlamento. Durante el recorrido nos organizamos un poco. Informé a todos los obreros y los periodistas que nos seguían el objetivo de nuestra manifestación: “iremos a todas las instituciones, les expondremos lo que queremos y veremos cuál es su respuesta”. Entonces fuimos hacia el Parlamento. Durante el trayecto dimos a todos los responsables de instituciones del partido y del sindicato nuestras demandas.

Ante el Parlamento no había nadie. Los responsables del partido, del sindicato y funcionarios se incluyeron dentro de la columna de la manifestación, pero los obreros no estuvieron de acuerdo y les echaron pues sabían que antes no habían aceptado hablar con nosotros. Durante la manifestación ya había aparecido el director de nuestra fábrica “21 de Mayo” ofreciéndonos el dinero que nos debían, el salario, todo lo que quisiéramos, con tal de que volviéramos a la fábrica. Cuando llegamos al Parlamento estaba la policía de seguridad y yo pedí megafonía para poder dirigirme a todos los obreros y periodistas que había en la calle. No querían dárnoslo. Entonces les dije: “si no nos ponéis megafonía en cinco minutos pasaremos a la fase D” ¿Qué era la “fase D”? ¡Ninguno de nosotros lo sabía! Sencillamente no existía tal fase D, pero funcionó porque nos pusieron los medios técnicos. Entonces repetí ante todos las razones de por qué estábamos allí. Naturalmente no dije que habíamos salido de las fábricas porque no nos habían pagado los salarios, sino por el conjunto de problemas.


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