Introducción a la paleontologíA



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LOS HÁBITATS PASADOS Y ACTUALES

La determinación del hábitat de organismos fósiles, a partir del correspondiente a sus parientes más cercanos que viven actualmente, no es tarea fácil, y la dificultad aumenta, proporcionalmente a la edad geológica de los fósiles. La interpretación de las especies fósiles que aún tienen representantes actuales, es relativamente sencilla, pero pocas especies actuales se encuentran fósiles más allá del Pleistoceno. En la Era Terciaria, encontramos con frecuencia géneros que tienen especies actuales, pero no resulta fácil determinar cuál puede haber sido la variación de hábitat, para las especies anteriores que sólo se conocen fósiles.

Consideremos el caso de los elefantes, actualmente representados por dos especies, Elephas maximus, el elefante índico, y Loxodonta africana, el elefante africano; ambos viven en ambientes tropicales, como la sabana y la jungla. Cabría esperar, que las especies fósiles próximas, lógicamente, hubiesen vivido en habitáis parecidos; sin embargo, esto no es cierto, especialmente refiriéndonos al mamut, el Elephas primigenius (ahora denominado Mammuthus primigenius), que vivió en la tundra ártica. Es evidente, que los representantes del género Elephas (en sentido amplio), han tenido y tienen una gran variedad de habitáis.

En algunas ocasiones, además, ciertas especies pueden variar sus necesidades ecológicas, y de hecho, de otra forma, no se comprende cómo habría tenido lugar su evolución. Tenemos un famoso ejemplo de este cambio, en un pequeño caracol acuático, Potamopyrgus jenkinsi, que hasta finales del siglo XIX vivía en los estuarios y actualmente puebla los ríos: este cambio de hábitat, de agua salobre a dulce es muy notable, por cuanto ha sucedido en menos de un siglo. Cambios como éste, pueden haber afectado a muchos animales: la mayoría de los tiburones son marinos, pero en ocasiones, pueden encontrarse en las aguas continentales, por ejemplo, en el Lago Nicaragua. También las ballenas que se encuentran en los lagos de China, probablemente han remontado los grandes ríos que desembocan en el Pacífico. Entre los Invertebrados, recordemos los casos del "cangrejo de los cocoteros", que trepa por el tronco de los árboles, en la región indo-pacífica, el cual muere por asfixia si se le priva del aire atmosférico, y los Ditiscus (escarabajos acuáticos), que normalmente viven en el agua. Sin embargo, a pesar de tales anomalías, suele ser posible, con un conocimiento exacto de los hechos, llegar a deducir el hábitat en que vivieron las especies fósiles.

Un ejemplo clásico de la deducción de las condiciones del medio ambiente, en función de los fósiles, lo constituye el estudio de los Mamíferos fósiles del "Great Basin", situado en las tierras altas de la Cordillera Americana, al NE de California. De esta región, se han estudiado unos 20.000 fósiles de Mamíferos, número que tiene gran importancia, porque en los estudios de este tipo, al disponer de mayor número de fósiles, estadísticamente, los resultados obtenidos son más seguros. Se observa una notable desaparición de los Perisodáctilos (del tipo del caballo), y una reducida invasión de los Desdentados (como el Perezoso, etc.), durante la Era Terciaria: este último fenómeno es debido a la reapertura del istmo de Panamá, a finales del Terciario, después de un largo período (desde el Eoceno al Plioceno inferior), de aislamiento por el mar entre Norte y Sur América. Por otra parte, los datos obtenidos del estudio de los fósiles, muestran que, durante el Terciario, se desarrolló una tendencia, parcialmente invertida durante el Cuaternario, hacia una mayor sequedad ambiental en el Norte del "Great Basin", con el consecuente aumento de las diferencias entre las temperaturas extremas. La tendencia general, fue la transformación del bosque en sabana y de ésta en pradera: sólo sobrevivieron, sin grandes alteraciones, durante este período, las comunidades establecidas en las márgenes de los ríos. Cuál haya sido la causa de esta progresiva sequía, es otra cuestión, pero una posible explicación, puede residir en la elevación del macizo montañoso hacia el Oeste, que fue causa de la progresiva escasez de lluvia en el "Great Basin", mientras en el Cuaternario, la inversión del proceso, se debió seguramente al enfriamiento general y aumento de la humedad, consecuencia de las glaciaciones.

OTRAS INFORMACIONES APORTADAS POR LOS FÓSILES

Pocas veces se encuentran fósiles con indicaciones sobre las causas de su muerte. Cerca de mi propia ciudad de Portsmouth (Inglaterra), se encontraron no hace mucho algunos huesos humanos de Sajones, que debieron ser asesinados, porque uno de ellos tenía un clavo metido en el oído. Retrocediendo a tiempos más remotos, podemos referirnos a los peces del Oligoceno de Rumania, que murieron con las bocas abiertas, por lo que, al parecer, perecieron asfixiados debido a las condiciones del agua contaminada, y es de notar, que cerca de esta localidad, se encuentra el campo petrolífero de Ploesti.

Las pruebas de carnivorismo en los fósiles, no son frecuentes, salvo por la estructura de la dentición. Los dientes son muy buenos fósiles, debido a que están formados por dentina recubierta de esmalte, y pueden interpretarse en relación con la clase de alimentación que corresponde a sus poseedores. De esta forma, podemos distinguir los dientes agudos y largos de los animales carnívoros (león, tiburones); los que tienen coronas planas, propios de los herbívoros (caballo); los de superficie rugosa, que corresponden a comedores de moluscos (rayas), y los dientes puntiagudos de los insectívoros (musarañas). Muchos mamíferos, como el hombre, poseen diversas clases de dientes, para abarcar una dieta variada, y sólo algunos, como los Roedores, tienen dientes de crecimiento continuo.

En el hombre, una vez que se forma la segunda dentición, cualquier pieza que se pierda, se pierde para siempre, lo cual contrasta con lo que ocurre en los elefantes: a parte de sus "colmillos", que son dientes muy modificados, en su mandíbula se forman continuamente nuevos molares, de modo que cuando uno se desgasta y cae, otro nuevo viene a reemplazarle (15).

Finalmente, es fascinante, aunque sea muy raro, encontrar marcas dejadas por los dientes de un carnívoro, en un hueso fósil, lo cual es una clara indicación de muerte violenta.

En algunas ocasiones, en los fósiles, se pueden encontrar indicios de otras funciones fisiológicas, a parte de la alimentación. Así, por ejemplo, la presencia de esqueletos de pequeños Ictiosauros, en el interior del cuerpo de otro mucho mayor, nos indica que estos reptiles marinos del Mesozoico eran vivíparos, es decir, que sus crías nacían ya vivas, en vez de poner huevos, como es normal en los Reptiles.

Algunos Cefalópodos paleozoicos, cuyas conchas están excepcionalmente bien conservadas, conservan bandas de coloración diversa, que deben corresponder a la coloración del animal vivo, tal como ocurre actualmente con la concha del Nautilus. En estos Cefalópodos, la parte superior de la concha, bien iluminada por la luz solar, presenta una brillante coloración, mientras que su parte inferior, que vista por otros animales marinos se proyecta contra la superficie brillante del mar, es de tonos pálidos; está claro que los Cefalópodos paleozoicos, a los que nos hemos referido, nadaban con el ápex de la concha en posición horizontal, y en otros casos, con la concha colocada hacia arriba, lo que concuerda notablemente con su posición durante la natación deducida por otras consideraciones.

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