Introducción a la paleontologíA



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3 - Los primeros comienzos

"Y dijo Dios: engendren las aguas" john milton, El paraíso perdido.



LA ATMÓSFERA PRECÁMBRICA

El origen de la vida es un problema de difícil e incierta solución. Los fósiles claramente identificables comienzan en el Cámbrico; es cierto que también los hay en el Precámbrico, pero son raros, suelen estar mal conservados y por lo general es difícil correlacionarlos con las clasificaciones vigentes. Por otra parte, aún los fósiles más sencillos del Precámbrico, lo único que demuestran es la existencia de seres vivos en una etapa muy temprana de la historia de la Tierra, y de esta forma, no estamos más cerca de descifrar el origen de la vida, de lo que podríamos estarlo del origen del lenguaje, estudiando la literatura más antigua conocida.

Hay sin embargo, ciertos indicios que, unidos a una serie de conjeturas (si bien en algunos casos bastante razonables), pueden servir de base a una hipótesis sobre el origen de la vida. El primer paso que hay que dar, para tratar de responder a una cuestión de este tipo, es decidir dónde hay más probabilidad de encontrar estos indicios, y si consideramos el origen de la vida, debemos considerar también el medio ambiente en el que apareció. ¿Estuvo la Tierra más caliente en la Era Arcaica, o estaba cubierta por glaciares? — ¿Abundaban los volcanes? — El mar, ¿era salado? — La atmósfera, ¿era como la actual? — Todas estas cuestiones, son realmente dudosas, y nosotros aquí, sólo trataremos de la última.

Se ha escrito una novela de ciencia-ficción, en la que, como consecuencia de una guerra nuclear, la Tierra cambia de órbita, pasando a otra más elíptica (de mayor excentricidad) que la que tiene ahora, de manera que, cada vez que pasaba cerca del Sol, perdía parte de la atmósfera por efecto de la atracción solar, y en consecuencia, el aire se iba enrareciendo progresivamente, hasta que los supervivientes de la guerra nuclear, se fueron asfixiando lentamente. Esto, por supuesto, es una fantasía, pero los datos geológicos disponibles, nos hacen pensar en una atmósfera igualmente irrespirable, en el pasado.

Existen unos conglomerados precámbricos, depositados por una corriente de agua, que han estado en contacto directo con la atmósfera o con sus gases disueltos en el agua, que presentan ciertas diferencias con respecto a los conglomerados actuales; la principal diferencia está en los minerales que contienen: En ambos hay granos de cuarzo, pero mientras los conglomerados modernos contienen óxidos de hierro, los del Precámbrico contienen pirita (sulfuro de hierro), que ha sido, evidentemente, transportado por el agua en forma de granos de tamaño análogo al de los del cuarzo, hasta su actual situación. En la actualidad, la pirita es moderadamente estable en la atmósfera, pero nunca forma parte de las rocas sedimentarias, porque el oxígeno del aire o el disuelto en el agua, altera los sulfuros y provoca la formación de óxidos de hierro. Según esto, los conglomerados precámbricos se deben haber formado en aguas carentes de oxígeno: estas condiciones se pueden dar en aguas estancadas, pero las aguas corrientes (como las que depositaron los conglomerados), inevitablemente llevarían en disolución el oxígeno atmosférico, por lo que, los conglomerados piritosos sugieren la existencia de una atmósfera carente de oxígeno.

La existencia de una atmósfera carente de oxígeno, tiene importantes implicaciones, a parte de la incapacidad de los animales para respirarla. La estratosfera, situada por encima de la troposfera hasta una altura de 50 km., contiene en su parte superior una zona donde se concentra el ozono (forma alotrópica, especial, del oxígeno, O3), que aunque muy rarificado, es de vital importancia para nosotros, puesto que nos protege de los rayos ultravioleta, que emite constantemente el Sol. Una pequeña parte de estos rayos ultravioleta, ciertamente, atraviesan la capa de ozono, y son la causa de que se ponga morena la piel, pero si toda la radiación de este tipo, atravesase la atmósfera, moriríamos quemados en poco tiempo. El oxígeno, por otra parte, mediante descargas eléctricas, es el productor del ozono, de tal manera que, una atmósfera carente de oxígeno, dejaría pasar fácilmente los rayos ultravioleta hasta la Tierra. Esto nos lleva aparentemente a una paradoja: si los rayos ultravioleta son letales, y si no había oxígeno que respirar, ¿cómo pudo la vida, tal como la conocemos actualmente, haber existido? La respuesta tiene dos partes:

En primer lugar, la vida anaerobia (que se desarrolla sin necesidad de consumir oxígeno), es bien conocida, incluso actualmente: ciertos ambientes carentes de oxígeno libre, son ricos en bacterias anaerobias, las cuales se desarrollan a base de ciertos compuestos que contienen oxígeno únicamente en estado combinado, como p. ej., los sulfatos.

— En segundo lugar, las radiaciones ultravioletas, aunque sean letales para nosotros, son un importante activador de las reacciones químicas. Se han llevado a cabo una serie de experiencias con radiación ultravioleta y descargas eléctricas (que bien pudieron tener lugar en forma de rayos o relámpagos en la atmósfera primitiva), y se ha comprobado que estos agentes dan lugar a la formación de moléculas orgánicas bastante complejas, a partir de simples compuestos inorgánicos (dióxido de carbono, amoniaco, agua, metano).

De hecho, nadie ha creado aún vida por este procedimiento, pero en la inmensidad del tiempo geológico, la vida bien pudo haberse originado mediante estos procesos, actuando sobre sustancias químicas formadas naturalmente.

El siguiente paso, sería la formación de oxígeno libre a partir de su estado combinado, del mismo modo que lo hacen las plantas en la fotosíntesis, probablemente por la acción de algas (muchas de ellas unicelulares), y a continuación se formaría el ozono, que protegería a la Tierra de los rayos ultravioleta, haciendo posible el desarrollo de la vida, tal como ahora la conocemos, incapaz de resistir las radiaciones ultravioleta que anteriormente llegaban a la Tierra.

Ahora se nos presenta otra pregunta: ¿cuándo ocurrió todo esto? La edad de las rocas que no contienen fósiles es muy difícil de calcular, pero las rocas que nos han proporcionado evidencia de una atmósfera carente de oxígeno, vienen seguidas por otras, de tipo más moderno, cuya edad se estima en unos 1.000-2.000 millones de años, es decir, aproximadamente de una edad triple que el Cámbrico, y este punto puede ser un momento crucial, puesto que marca el límite entre la vida anaerobia y la aerobia, como un rasgo muy característico de la historia de nuestro planeta.

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