Introducción a la paleontologíA



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AMÉRICA CENTRAL, COMO LAZO DE UNIÓN Y BARRERA, PARA LA VIDA MARINA

Podría esperarse una profunda diferencia entre las faunas marinas del Mar Caribe y del Pacífico tropical, pues no parece probable que animales como los Gasterópodos o las Estrellas de mar, hayan emigrado de un lado a otro de Centroamérica (el llamado istmo de Panamá), bien fuese rodeando por el Cabo de Hornos o por el Océano Ártico; tal sería el caso, como si los lagartos hubiesen pasado de la India a China, atravesando la Cordillera del Himalaya.

Sin embargo, los géneros de algunos grupos de animales, incluidos los Crustáceos y los Equinodermos, presentan un alto grado de semejanza a ambos lados, atlántico y pacífico, de Panamá; esta peculiaridad se acentúa más cuando se estudian las especies, comprobándose que el parecido es poco acentuado entre las especies más modernas, y como quiera que no han podido emigrar alrededor de todo el continente suramericano, parece más probable que, la semejanza que presentan los géneros, al Este y al Oeste de Panamá, sea debido a que esta región estuviese cubierta por el mar en el pasado. Los géneros se extenderían a través del istmo inundado, y cuando éste emergió del mar, los géneros quedaron los mismos a ambos lados, aunque se desarrollaron nuevas especies distintas a cada lado del istmo (la formación de nuevas especies, requiere menos tiempo en su evolución, que la formación de géneros nuevos). Resulta significativo que las especies comunes a ambos lados del istmo, sean las más antiguas, tanto como el istmo mismo; y que muchas especies sean gemelas, es decir, que estén íntimamente relacionadas entre sí, como si acabasen de diferenciarse. Estas observaciones, pueden ampliarse también a otros grupos de animales, como los Moluscos y los Peces.

En consecuencia, podemos concluir que Panamá ha estado cubierto por el mar con anterioridad a la época actual; los datos geológicos apoyan esta misma idea, y en definitiva, sabemos que Norte y Suramérica han estado separadas por un mar somero desde el Eoceno hasta el Plioceno superior, y que sólo en época relativamente reciente, han quedado unidas por el Istmo de Panamá. Esto explica la presencia de una fauna aislada y extraña, en Suramérica, durante el Terciario, que fue invadida repentinamente, desde el Norte, en el Plioceno superior. Como suele ocurrir en los casos de invasiones faunísticas, procedentes de áreas geográficas amplias, hacia otras más reducidas (en este caso, Norteamérica pertenece al conjunto Eurasia-África, conectada a través del estrecho de Behring, que con frecuencia formó un istmo durante el Terciario), la mayoría de los supervivientes de este intercambio faunístico, fueron los procedentes del área mayor; en el caso de Panamá, los Tigres-sable, Mastodontes, Mapaches, Caballos, Pécaris, Ratones y Ciervos, invadieron el área desde el Norte, mientras que los Armadillos y Perezosos lo hicieron desde el Sur.

Resulta interesante especular lo que ocurriría si, como bien pudiera suceder, desapareciese el Istmo de Suez, quedando invadido por el mar. La rica y variada fauna marina del Océano Indico, podría entonces invadir libremente el Mediterráneo a través del Mar Rojo, con lo que grandes y brillantemente coloreados Moluscos y Corales, se extenderían hacia el Norte. Por otra parte, el Mediterráneo es casi un lago confinado entre continentes; su fauna es pobre y escasa, comparada con la rica y exótica del extremo Oriente, de forma que, la desaparición del Istmo de Suez, sería causa de la entrada de numerosa fauna nueva en el Mediterráneo, mientras que el intercambio en sentido contrario sería mucho menor.

LA VIDA EN LOS MARES PROFUNDOS

El mar puede dividirse, a grandes rasgos, en tres regiones (Figura 15): la plataforma continental, que se extiende hasta los 200 m. de profundidad, aproximadamente; el talud continental, que llega hasta los 3.000 ó 4.000 m.; y el fondo oceánico, que puede llegar hasta los 10.000 ó 12.000 m. Esta distribución de regiones es debida, a que los bordes de los continentes, tal como se nos aparecen, pocas veces coinciden con sus verdaderos límites, y estos se encuentran en realidad, lejos de la costa, a unos 200 m. de profundidad, descendiendo a continuación el perfil del continente, con relativa rapidez, hasta la zona abisal, una región en que las extensas llanuras, están excavadas por profundas fosas o surcos, y surcadas por elevadas montañas submarinas.

La mayor parte de la vida, está concentrada en la plataforma continental. La luz solar no penetra más allá de los 100 m., en condiciones muy favorables, pues hacia los polos, la turbidez del agua y el pequeño ángulo de incidencia de la luz, disminuyen mucho su penetración; ésta es la región en que se desarrollan las algas y los corales, y también el plancton animal o vegetal puebla esta región, el último por razón de la función clorofílica. La fauna bentónica, que vive en el fondo del mar, está formada por Crustáceos, Moluscos, Equinodermos, etc.; a 200 metros de profundidad, la vida empieza a escasear, y la luz (si aún queda algo), es de un color azul-frío. Más allá de esta profundidad, las corrientes marinas son raras, las temperaturas son bajas, y reina la oscuridad; el fondo del mar es fangoso y blando, muy pocos seres vivos se aventuran en estas profundidades. En las grandes profundidades abisales, a más de 5.000 m., sólo hay fango y limos, y el agua es muy fría; el agua de las regiones polares, debido a su mayor densidad, penetra en estas regiones extendiéndose sobre el fondo oceánico, donde las temperaturas son próximas a los 4°, incluso en las regiones ecuatoriales.

En estas profundidades, la sedimentación suele ser muy lenta; los ríos depositan la mayor parte de los materiales arrastrados, sobre la plataforma continental o en sus proximidades, y aquí sólo se deposita el polvo meteórico y las cenizas volcánicas transportadas por el viento. Los dientes de los tiburones, que caen al fondo, quedan allí sin enterrar durante siglos; también se encuentran nódulos minerales acumulados sobre el fondo oceánico, y los restos de la desintegración de millones de organismos planctónicos, acumulados lentamente. En esta región donde domina la oscuridad, sólo viven a tientas unos cuantos grupos de seres vivos; la mayoría son ciegos, algunos son fosforescentes, su color suele ser blanco o negro, en algunas ocasiones de tonos rojizos y brillantes. Sus tejidos blandos, están mal adaptados para realizar una potente acción muscular; horribles peces con enormes mandíbulas y dientes como agujas, esperan una presa para clavarlos en ella. Se trata de una zona que, aunque va siendo bastante conocida por las exploraciones oceanográficas, es aún geológicamente mal conocida; pocos fósiles pueden realmente atribuirse con seguridad a esta región, y las mismas rocas abisales, son muy poco fosilíferas o no afloran en superficie con frecuencia.


Figura 15. — Regiones faunísticas consideradas en el mar.



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