Introducción a la paleontologíA



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CEFALÓPODOS

Los Cefalópodos se han desarrollado en el mar, y en su mayoría escogieron la natación, de manera que, las demás formas de vida han quedado reservadas a los Gasterópodos y Pelecípodos. Quizás no sea correcto decir que son "nadadores", pero lo cierto es que su concha, cónica y dividida en cámaras llenas de aire, ya sea recta o curvada o arrollada, está asociada por lo general, a un hábito principalmente nadador. En la mayoría de los grupos antiguos, la concha es externa y el animal se aloja en la última cámara de la concha. Durante su desarrollo, en sucesivas etapas, se van formando nuevos tabiques que forman nuevas cámaras de gas, alojándose siempre el animal en la última cámara.


Figura 17. — Interior de la concha del Nautilus, en sección sagital.


Una característica importante de los Cefalópolos, es la existencia de un tubo endurecido o sifón, que va desde la última cámara al ápice (o parte inicial) de la concha, atravesando todas las cámaras intermedias. Este órgano, que se adapta como un cable al interior de la concha, parece que sirve, entre otras cosas, para regular la presión interna del gas dentro de las cámaras. Sólo un único género de estos antiguos Cefalópodos, sobrevive en la actualidad; se trata del famoso Nautilus (Figura 17), que habita en el Suroeste del Pacífico. Se ha observado que el Nautilus, pasa gran parte del día sobre el fondo del mar, pero que durante la noche asciende, nadando con el cuerpo hacia abajo y la concha hacia arriba, en la forma tradicional de los Cefalópodos, manteniendo su gran concha en posición estable por estar llena de gas; en contra de lo que se creía, el Nautilus no nada ni navega por la superficie del mar.

Aunque la mayoría de los Cefalópodos antiguos, tenían concha del tipo de la del Nautilus y su misma forma de vida, a finales del Paleozoico empezaron a aparecen formas totalmente diferentes, los Dibranquiales, que son los más abundantes en la actualidad. Los más característicos fueron los Belemnites, muy abundantes en los mares mesozoicos, cuyos esqueletos internos en forma de "proyectil" (Figura 8), llegan a ser tan abundantes en los sedimentos, que la roca formada no es más que una masa compacta de "belemnites" (este término se emplea lo mismo para la parte conservada de su esqueleto, que para el animal completo).

Del estudio de la evolución de los Belemnoideos, se deduce que proceden de los Nautiloideos (probablemente en el Carbonífero), por un proceso mediante el cual, estos cefalópodos fueron recubriendo su propia concha con los tejidos blandos de su cuerpo; un órgano residual de esta evolución, lo podemos ver en las pequeñas cámaras vestigiales del esqueleto de los Belemnites, que se suelen conservar en el interior de la parte ensanchada de su concha, y que ésta era interna, se puede reconocer por las impresiones que, sus partes blandas, han dejado sobre el Belemnites. Del estudio de los Cefalópodos actuales, se deduce que, el esqueleto interno, permite al animal una mayor libertad de movimientos en el agua, sin la incómoda concha externa del Nautilus.

Ciertos calamares pueden salir del agua, saltando como los peces voladores y pueden recorrer, a veces, varios metros antes de volver a caer en el mar de nuevo: muchos calamares son predadores, persiguiendo sus presas como los peces. El pulpo tiende a ser más sedentario y prefiere esperar su presa acechando en su cueva en vez de nadar y atraparlas, pero su velocidad de desplazamiento, una vez en movimiento, es muy notable. En los pulpos, la concha ha sufrido un proceso de reducción, hasta llegar a desaparecer por completo. Otra característica especial, dentro del mismo grupo de los pulpos, la presenta el Argonauta, que aunque no tiene verdadera concha, la hembra puede segregar una frágil concha, a manera de "cáscara de huevo", para proteger la puesta, que a primera vista le da el aspecto de un Ammonites, si bien, esta concha se ha formado de manera completamente diferente a la de los Ammonites.



Figura 18. — Estructura de los Ammonites: a la izquierda, exterior de la concha; a la derecha, en sección sagital.


Los otros Cefalópodos son los Nautiloideos y los Ammonoideos, que incluyen el ya mencionado Nautilus. Los Ammonoideos constituyen un grupo extinguido de Cefalópodos que, durante la época de su desarrollo, desde el Devónico hasta finales del Cretácico, llenaron materialmente los sedimentos, de conchas de forma espiral, los llamados "Ammonites" (Figura 18), que debido a su enorme proliferación, fácil reconocimiento y escasa dispersión de las especies, constituyen excelentes "fósiles de zona", es decir, que a partir del estudio de los Ammonites que contenga una roca, es posible deducir con precisión su edad geológica. Claro que muchas rocas, no contienen Ammonites: es posible que no se formasen en el mar, o que sus conchas se hayan destruido por las aguas de infiltración, o que no hubiese Ammonites en aquel lugar, en el momento de su formación; pero en conjunto, los Ammonoideos, siendo, como eran, animales buenos nadadores de vida libre, se suelen encontrar fósiles con gran frecuencia, y están ampliamente distribuidos. El descubrimiento de un Ammonites constituye una experiencia inolvidable; a parte de la emoción producida por tratarse de un grupo de animales extinguidos, estas conchas presentan una gran belleza estructural, en la perfección matemática de su arrollamiento espiral.

Con frecuencia, los Ammonites alcanzan gran tamaño, y algunas veces se encuentran ejemplares del tamaño de una rueda de carro. El autor de este libro, durante una estancia en la Isla de Wight (Inglaterra), con unos compañeros, encontró un ejemplar conservado en arenisca ferruginosa, que pesaba más de 100 Kg. y medía unos 45 cm. de diámetro. El trabajo necesario para conseguir elevar el fósil hasta lo alto del farallón del que se había desprendido, no fue menor que el que costó convencer a la tripulación del Ferry, de que tal objeto podía pasar como "equipaje de mano" (y por lo tanto, más barato), en vez de facturarlo como "carga" (que habría necesitado un elevado sobreprecio). Sin embargo, este ejemplar, resulta pequeño en comparación con algunos del Cretácico superior, del género Pachydiscus, que pueden alcanzar hasta 2,5 m. de diámetro.

Algunos Ammonites triásicos y cretácicos, presentan curiosas formas de arrollamiento en sus conchas: son los llamados "heteromorfos" (de forma distinta), y parecen estar peor dotados a la natación. Los estudios realizados en un recipiente de agua, con modelos de conchas, convenientemente lastradas para simular las condiciones del animal vivo, parecen indicar que estos Ammonites "heteromorfos" estaban mejor adaptados a la vida epibentónica, como los Gasterópodos, o quizás flotando, como las medusas, de acuerdo con la relación peso/capacidad de movimiento (véase la Figura 19).

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