Introducción a la paleontologíA



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TIBURONES Y RAYAS

Probablemente, a partir de los Placodermos surgieron los dos grandes grupos de peces que, en contraste con los Placodermos y sus antecesores los Agnatos, persisten en su mayor parte hasta la actualidad. Son los Peces cartilaginosos (Tiburones y Rayas) y los Peces óseos; estos últimos, constituyen la mayoría de los peces que pueblan actualmente los mares y los ríos.

Del grupo de los Tiburones, como cabría esperar, después de haber visto lo que ocurre con los precedentes grupos de peces que tenían esqueleto cartilaginoso, no ha quedado una documentación fósil muy precisa. Sin embargo, podemos decir que el grupo es, en su casi totalidad, marino, al menos desde su aparición en la documentación fósil, en el Devónico medio. Parece como si la calcificación del esqueleto interno de los Placodermos, que suele ser incompleta, se hubiese detenido completamente o incluso sufriese una regresión con la aparición de los primeros tiburones y, aunque es cierto que los dientes de estos Selaceos, en perfecto estado de conservación, constituyen la obligada introducción del principiante en el mundo de los peces fósiles, no lo es menos que rara vez se encuentra algo más que dientes, constituyendo el único resto que nos muestra donde estaba el tiburón, al desprenderse de sus mandíbulas y caer al fondo del mar.

LOS PECES ÓSEOS

Con los Peces óseos, la situación es completamente diferente, pues contamos con una buena documentación fósil de su historia, debido a que su esqueleto interno suele ser casi siempre fosilizable. Parece que, en sus comienzos, los Peces óseos eran de agua dulce, y que no pasaron al hábitat marino hasta finales del Paleozoico.

Desde sus comienzos, nos encontramos con dos grupos diferenciados: Actinopterigios y Sarcopterigios; los primeros enormemente diversificados y muy numerosos en todas las épocas; algunos incluso, como el "caballito de mar" o el "pez piedra", se parecen muy poco a lo que puede llamarse "pez". Un tercer grupo, relativamente menos importante, el de los Acantódidos, exclusivamente paleozoico, se caracterizaba por unas espinas óseas situadas en la parte anterior de sus aletas, que forman láminas cortantes.

SARCOPTERIGIOS

Desde el punto de vista evolutivo, los Peces pulmonados y los Coelacántidos, son mucho más importantes, porque pertenecen a este grupo, los que dieron origen a los Anfibios. Los Peces pulmonados, de los que quedan tres grupos actuales, viven en los lagos tropicales, y cuando estos se secan en la estación cálida, quedan semienterrados en el fango y aletargados, respirando el aire mediante un pulmón rudimentario. La presencia de este órgano en tales peces, pueden parecemos extraña, pero de hecho, también en los Actinopterigios existe un saco aéreo o "vejiga", que funciona como órgano hidrostático, y el "pulmón" de los Peces pulmonados es, sin duda, un órgano homólogo a esta vejiga. De hecho, se han encontrado estos "sacos aéreos" en grupos de peces tan antiguos como los Antiárquidos, y en relación con esto, no hay que olvidar que también ciertos Gasterópodos han adquirido la facultad de respirar el aire atmosférico (véase la página 83). Por otra parte, en el Coelacántido Latimeria, es donde encontramos los datos más interesantes, en relación con la transición de Peces a Anfibios, que tuvo lugar en el Paleozoico.

Los Coelacántidos constituyen un grupo de Peces Sarcopterigios, que se creía extinguido desde el Cretácico, hasta que se encontró un primer ejemplar vivo, apenas a 80 m. de profundidad, del género Latimeria, junto a las costas de Madagascar en 1938. El rasgo más característico de estos peces, es que presentan las aletas "lobuladas" en vez de "radiadas" (véase la Figura 23), es decir, que poseen un lóbulo carnoso, formado por huesos y músculos, en la base de sus aletas, en su unión con el cuerpo del pez, las cuales se mueven precisamente por las contracciones de este lóbulo, mientras que en los Actinopterigios, la aleta forma una simple prolongación de la piel, con una serie de "espinas" o radios que la mantienen tersa, y sólo existe una pequeña base de sustentación.

Figura 23. — El «Coelacanto» (Latimeria chalumnae).


Aunque ambos tipos de peces óseos, y consiguientemente también algunos Placodermos, tuvieron las mismas probabilidades de sobrevivir en las lagunas desecadas de los continentes en el Devónico superior, respirando mediante sus sacos aéreos, los que poseían aletas lobuladas, los Crosopterigios, tenían una notable ventaja con relación a los demás, puesto que podían arrastrarse mediante sus aletas musculosas, desde una laguna desecada a otra, lo cual les permitía encontrar finalmente agua, mientras que sus rivales, morirían cuando la sequía se prolongase más de lo normal. Así se desarrollaron y vivieron los primeros Anfibios, durante parte del Devónico superior o quizás durante más tiempo, a consecuencia de la mayor tendencia del pez, a volver al agua, más que a salir de ella.

En realidad, no fueron los mismos Coelacántidos los que dieron el paso definitivo hacia la tierra firme, sino los Rhipidistios, un grupo de peces muy próximos a ellos (19); y si bien ocurre que cierto pez Actinopterigio, el "saltador del fango", puede verse actualmente trepando por las raíces de los manglares, utilizando sus aletas de estructura "radiada" a modo de patas (aunque tiene que volver periódicamente al agua, para renovar el agua en sus branquias), también lo es, que este nicho ecológico ha sido ya definitivamente ocupado por los Anfibios. Latimeria, el famoso "fósil viviente", tiene de todas formas el interés de que, con sus aletas lobuladas, nos muestra claramente el proceso evolutivo que dio origen a las extremidades de los Anfibios.



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