Introducción a la paleontologíA



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OTRAS EVIDENCIAS DE VIDA EN EL MESOZOICO

Con cierta frecuencia leemos noticias de fósiles significativos del Mesozoico. Una de estas ocasiones, fue el descubrimiento de un "nido" con huevos de Dinosaurios, en el Desierto de Gobi (Mongolia), por la expedición del Prof. R. C. Andrews, algunos de los cuales contenían incluso restos del embrión de un Reptil, Protoceratops, al parecer relacionados con los famosos dinosaurios de tres cuernos, Triceratops.

Otro ejemplo de este tipo, fue el descubrimiento en unas areniscas, en Alemania, de huellas de un gran Reptil, junto a otras más pequeñas atribuidas a un Insecto; y algo más adelante, en el mismo rastro, la siniestra presencia de sólo unas huellas, las grandes.

7 - La Era Cenozoica



"Un camello es un caballo proyectado por un comité" anón.
La Era Cenozoica se divide, un tanto arbitrariamente, en dos partes: La Era Terciaria y la "Era Cuaternaria"; esta última comprende aproximadamente los dos últimos millones de años, y el principal interés en estudiarla por separado, radica en la gran extensión que cubren sus sedimentos, aunque sean poco potentes. Su duración es comparable a la de un par de zonas de Ammonites en el Jurásico. En cambio, la Era Terciaria, que precede a la Cuaternaria, tiene una duración de unos 70 millones de años; el Cenozoico, en conjunto, puede considerarse como la "Era de los Mamíferos".

La crisis sufrida por los seres vivos mesozoicos, al final del Cretácico, ya fue considerada en el Capítulo anterior, así como los problemas que plantea esta crisis; nos queda ahora por estudiar el desarrollo de la vida subsiguiente, en el Cenozoico.

Uno de los fenómenos más característicos del Cenozoico, es el apreciable, si bien desigual, descenso de la temperatura, en el transcurso de esta Era. La explicación de este fenómeno, por ahora, no se conoce en forma adecuada, pero es algo que se puede observar repetidamente, en los diferentes estudios llevados a cabo en el Cenozoico, y que culmina con las glaciaciones del Cuaternario.

INFORMACIÓN APORTADA POR LOS INVERTEBRADOS Y LAS PLANTAS DEL TERCIARIO

Después de la extinción de los Ammonites y Belemnites, los únicos Cefalópodos que continúan habitando el mar, durante el Cenozoico, a parte de los últimos representantes de los Nautiloideos, son los Dibranquides (Calamares, Sepias, Pulpos, etc.), en cierto modo descendientes de los Belemnites. Sin duda, estos Cefalópodos nos habrían proporcionado un interesante ejemplo de desarrollo evolutivo, pero la tendencia a la reducción de la concha, es tan pronunciada, que su registro fósil es muy escaso, comparado con el de otros Moluscos. Es tal la abundancia de Pelecípodos y Gasterópodos, que cabría preguntarse si no debería llamarse con propiedad, el Cenozoico, la "Era de los Pelecípodos y Gasterópodos". Estos Moluscos, parece que han alcanzado su mayor tamaño en la actualidad, de tal manera, que el tamaño y la variedad de las modernas especies indo-pacíficas, desanimaría a cualquier coleccionista de conchas que disponga de un espacio limitado para almacenarlas. Se conocen más de 120.000 especies de estos Moluscos (actuales y fósiles), en su mayoría cenozoicos, en comparación con sólo unas 60.000 especies de Vertebrados. Sólo los Insectos y las plantas, los exceden en número de especies: aproximadamente se conocen unas 250.000 especies de plantas y 800.000 especies de Insectos, y constantemente se están describiendo nuevas especies.

La evolución de los Pelecípodos y Gasterópodos, se puede seguir bien en los fósiles, aunque resulte difícil apreciar una tendencia evolutiva general dentro de estos grupos. Los Rudistas se extinguieron al final del Mesozoico, pero en tamaño con estos bivalvos, rivalizan las Tridacnas gigantes, que pueden llegar a tener 1 m. de largo y pesar más de 100 Kg. (incluyendo las partes blandas). Los Pelecípodos adultos, nunca han tenido éxito en la vida planctónica, pero en cambio, ciertas regiones del océano actual, están materialmente plagadas de Gasterópodos planctónicos: los Pterópodos (que se alimentan de algas) y los Heterópodos (carnívoros), estos últimos, se alimentan con frecuencia de los primeros. Así se pueden formar acumulaciones de las conchas de estos moluscos, cuando muerto el animal, caen al fondo del mar, y aunque son frágiles y pequeñas, en condiciones favorables pueden fosilizar. Sin embargo, en su conjunto, los Pelecípodos y los Gasterópodos son bentónicos, es decir, que viven arrastrándose sobre el fondo del mar, excavando los sedimentos o fijos sobre las rocas del fondo, y suelen estar confinados en ambientes particulares, por lo cual, no son útiles en gran escala, para los estudios estratigráficos, aunque siempre proporcionan datos de utilidad, para los estudios ecológicos locales. Ambos grupos, proporcionan datos complementarios sobre ecología, por cuanto ciertas formas se han adaptado a la vida en las aguas continentales, y los Gasterópodos, incluso a la vida aérea, como es el caso de los caracoles de huerta. Los yacimientos de Gasterópodos continentales in situ, son poco frecuentes; lo corriente es encontrarlos en sedimentos lacustres o fluviales, a donde fueron transportados por las aguas corrientes superficiales.

Los Artrópodos aparecen ocasionalmente fósiles con sus variadas formas; los Crustáceos (cangrejos y langostas), se encuentran en sedimentos marinos, mientras los Insectos son a veces frecuentes en los sedimentos continentales. Los Ostrácodos, pequeños Crustáceos con caparazón bivalvo, son muy numerosos e importantes en los sedimentos, tanto marinos como continentales, y son muy útiles para los micropaleontólogos, como fósiles guía, tanto en estratigrafía como en ecología. En ciertos aspectos, pueden suplir con ventaja a los Foraminíferos, seres unicelulares que, pese a la simplicidad de su organización, pueden segregar caparazones de ornamentación y forma muy variadas, pudiendo llegar a sobrepasar los 12 cm. de diámetro, algunas formas gigantes como los Nummulites. Las pirámides de Egipto, están construidas principalmente con calizas terciarias ricas en Nummulites, que pueden verse a simple vista; Herodoto, en el siglo v antes de Cristo, ya hace notar su presencia. Las recientes investigaciones en Micropaleontología, se han ocupado del estudio del llamado "nannoplancton", formado por los restos fósiles de ciertos microorganismos planctónicos, que con frecuencia aportan valiosos datos estratigráficos, si bien han de ser estudiados mediante técnicas especiales y con auxilio de un potente microscopio.

Los Corales han sido buenos constructores de arrecifes durante el Cenozoico, pero se han ido restringiendo, cada vez más, a las áreas del Caribe y de la región Indo-pacífica, debido en parte a la transformación de muchas regiones marinas en continentales, a consecuencia de la orogenia alpina. Los Equinodermos presentan una distribución más uniforme, pero también muestran una cierta tendencia a desplazarse hacia latitudes más bajas, con el transcurso del tiempo.

El progresivo enfriamiento del clima, queda bien reflejado en las plantas: en el Eoceno, las palmeras florecían en latitudes análogas a la de Londres (51° N); al final del Mioceno habían desaparecido ya de Alemania central (50° N), y en los comienzos del Plioceno, del Sur de Alemania (48° N); en la actualidad sólo crecen en latitudes inferiores a los 40° N. Por supuesto, que pueden crecer, con cierta dificultad, en latitudes más altas, pero ya no germinan allí, si no es en condiciones artificiales, en invernaderos.

Además de este enfriamiento progresivo experimentado por el clima, tuvo lugar otro importante acontecimiento, durante la Era Terciaria: la desaparición del Mar de Tethys y la formación de cadenas montañosas llamadas "alpinas". Este mar, se extendía, durante el Mesozoico, desde lo que ahora es Indonesia, por las regiones del Himalaya, el Cáucaso y los Alpes, hasta el Atlántico, con una parte adicional, correspondiente a Centroamérica (25). El actual Mediterráneo, es un pequeño resto de este gran océano, y es curioso comprobar, que estas cadenas montañosas, que comprenden las cimas más altas del mundo, están formadas en parte, por materiales que, por la fauna fósil que contienen, se puede demostrar que han estado bajo el nivel del mar hace relativamente poco tiempo. Por ejemplo, en los Alpes, en la región del Mont Blanc, donde concurren las fronteras entre Francia, Italia y Suiza, el estudio de los fósiles contenidos en los estratos, nos ha llevado a las siguientes conclusiones :

1) Las rocas sedimentarias que forman los Alpes, presentan con frecuencia, clara evidencia de haberse formado en el mar, a bastantes metros de profundidad.

2) La edad geológica de los sedimentos que formaron estas rocas, abarca desde los comienzos del Mesozoico, hasta mediados de la Era Terciaria.

3) Los movimientos orogénicos, responsables de las estructuras alpinas, parece que alcanzaron su máxima intensidad ya en el Cenozoico.

4) Gran parte de estas montañas "alpinas", están formadas por conjuntos de rocas sedimentarias que, una vez levantadas por los movimientos orogénicos, se han deslizado "por gravedad", como si se tratase de grandes "balsas", en ocasiones, de muchos kilómetros cúbicos.

Esta información, ha sido elaborada, después de numerosas investigaciones llevadas a cabo por los geólogos. Los fósiles, no sólo se utilizan para determinar la cronología de los procesos que han tenido lugar en los Alpes, sino también, para llegar a conocer la geografía de los mares de esta región, en un momento dado. Así, por ejemplo, el Terciario inferior o Paleógeno, se caracteriza por la presencia de Nummulites (Foraminíferos gigantes, ya extinguidos), mientras que la profundidad del mar y la distancia a la costa, puede deducirse de los datos aportados por diversos fósiles: Ostrácodos, Foraminíferos, Moluscos, Corales, Algas calcáreas, etc. A partir de estos elementos de información, podemos deducir que los Alpes se fueron levantando progresivamente, y fueron emergiendo del Tethys, el cual se fue reduciendo lentamente, hasta quedar convertido en un conjunto de cuencas y fosas, perfectamente comparables, por ejemplo, a las que existen en la región de Indonesia, si bien los Alpes, no presentan un volcanismo tan intenso. También se puede comprobar, cómo estas estructuras se fueron desplazando hacia el Norte, al correr del tiempo, hasta que al final del Paleógeno, el Macizo Alpino había emergido prácticamente en su totalidad, del mar de Tethys, quedando flanqueado únicamente, por el Norte y por el Oeste, por un estrecho brazo de mar, que es todo lo que quedaba del antiguo mar alpino. Todos estos cambios, fueron consecuencia de los movimientos orogénicos, que provocaron el levantamiento de los grandes macizos montañosos que vemos en la actualidad.

De todas maneras, ni el levantamiento de estas montañas, ni el progresivo enfriamiento del clima, fueron un hecho sin precedentes en la Historia de la Tierra y, por lo tanto, lo que verdaderamente caracteriza la Era Terciaria, como un período distinto de los demás, fue la enorme expansión de los Mamíferos.

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