Introducción a la paleontologíA



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8 - La Era Cuaternaria



"¿De qué seno sale el hielo?" job. 38:29.
La Era Cuaternaria difiere de la Terciaria, principalmente, por la existencia de enormes glaciares que cubrieron extensas regiones de globo terráqueo. El desarrollo de la vida en esta Era, no es una simple prolongación de la del Terciario, sino que tiene especial interés por una serie de circunstancias:


  1. la gran talla de los Mamíferos;

  2. la existencia de especies ahora extinguidas, pero que fueron contemporáneas de los primeros hombres;

  3. la aparición del hombre;

  4. las reacciones de los seres vivos, ante las repentinas y profundas fluctuaciones del clima en esta Era.

Antes de tratar con detalle estas cuestiones, debemos considerar el caso que ha llegado a ser clásico, de las variaciones de las faunas de Moluscos en el Mar Báltico (véase la Figura 36), y de su reacción ante los acontecimientos que tuvieron lugar durante e retroceso de la última glaciación. Durante ésta, en las épocas de máximo rigor del clima todo d Noroeste de Europa estuvo cubierto por una enorme capa de hielo, 1 embargo, en los últimos años, el hielo fue disminuyendo, como consecuencia de la elevación de la temperatura ambiente, que continúa en la actualidad, y las siguientes observaciones corresponden a las últimas etapas de este retroceso del hielo.

1) Durante una de las últimas fases de la regresión glaciar en Escandinava, se formó un lago de origen glaciar donde ahora está situado el Mar Báltico, que se fue llenando de agua procedente de la fusión del hielo, hasta que desbordó por el Sur de Suecia comunicando con el Mar del Norte. En el Suroeste de Suecia, se han encontrado morsas y osos polares fósiles; estas especies viven actualmente en Spitzberg, en Groenlandia y en las regiones árticas de la U.R.S.S.

2) En la fase del Mar de Yoldia, aproximadamente 8.000 años antes de Cristo, encontramos en el Suroeste de Suecia, yacimientos de estos Moluscos, característicos de aguas salobres y más frías que las actuales, aunque no tanto como en la fase ártica anterior. El Mar de Yoldia ocupó gran parte del área báltica, uniéndose al Mar del Norte y al Atlántico, a través de la región meridional de Suecia, y caracterizándose por la presencia del Molusco bivalvo Yoldia, al que debe su nombre.

3) En la fase de Ancylus, el Báltico volvió a ser un gran lago poblado por este Gasterópodo de agua dulce al que debe su nombre. Este cambio fue consecuencia del levantamiento de Escandinavia, ocasionado por el deshielo del casquete glaciar que la cubría: el levantamiento de la corteza terrestre, es más lento que la fusión del hielo, de forma que aquél se produce con cierto retraso, y Escandinavia aún se está elevando en la actualidad, a razón de 1 cm. por año. En la costa suroeste de Suecia, se encuentran fósiles de moluscos marinos, que indican una temperatura del Atlántico similar a la actual.

4) El Mar de Littorina ocupaba, aproximadamente, la misma extensión que actualmente ocupa el Báltico, y su nombre se debe a este Gasterópodo que actualmente vive en las costas atlánticas. La invasión del mar en el lago de Ancylus, se debió a la elevación del nivel general del océano, a causa del aumento de volumen de agua por la fusión de los glaciares, que fue más rápido que la elevación de Escandinavia al disminuir la presión del hielo. El deshielo debió producirse como consecuencia de la elevación de temperatura media, en una época aproximadamente 5.000-2.000 a. C, cuando la temperatura era de unos 2° C. superior a la actual, y el nivel del mar estaba más elevado. El género Littorina se encuentra fósil en regiones más internas del Báltico que en la actualidad lo cual nos indica que el Mar de Littorina era más salado que el Báltico actual; además, otras especies de Moluscos, que aún persisten en el Báltico, eran entonces de mayor tamaño, como corresponde a un ambiente más marino, lo cual se puede comprobar actualmente, observando que las conchas del Atlántico son también mayores que las del Báltico. Por otra parte, ciertas especies de Moluscos, hoy frecuentes en las costas de las Islas Británicas y Escandinavia, vivían más al Norte, en Spitzberg, durante esta época de clima más benigno.


Figura 36. — Historia geológica reciente de la región del Báltico.


5) Hoy, después de sucesivas variaciones de su salinidad, el agua del Báltico es menos salina que en la época de Littorina, siendo de carácter más marino en aguas de Dinamarca, y casi de agua dulce en las bahías del interior, de forma que, en su parte Norte, se congela durante el invierno.

Los cambios climáticos durante el Cuaternario, se ponen de manifiesto de muy diversas maneras; una de ellas, es la historia del Mar Báltico que acabamos de referir, y con frecuencia encontramos datos análogos que proceden del estudio de los Moluscos fósiles, aunque estos datos suelen ser indirectos. También el estudio de los Mamíferos fósiles, puede darnos indicaciones precisas, y de hecho, todos los fósiles pueden considerarse como indicadores de estos cambios ambientales durante el Cuaternario. La conclusión general a la que se llega, es que, durante el Cuaternario, el hielo se extendió periódicamente en amplias áreas (véase la Figura 37), y que ahora se encuentra en una fase de retroceso, aunque aún existen extensiones importantes cubiertas por el hielo, en Antártida, Groenlandia y otras regiones, sin que se pueda asegurar si el hielo volverá o no, a ocupar la extensión que anteriormente tuvo.


Figura. 37. — Cronología y acontecimientos del Cuaternario e historia del hombre.


Posiblemente resultará una sorpresa para el principiante, saber que la mayor parte de Canadá estuvo cubierta de hielo, que el Atlántico Norte estuvo invadido por témpanos flotantes, entre las Islas Británicas y Norteamérica; que el actual glaciar del Ródano, en los Alpes, tuvo entonces una longitud de 160 Km. (actualmente tiene apenas 13 kilómetros), llegando hasta Lyon, y que las montañas de Australia y Tasmania también tuvieron sus correspondientes glaciares.

Los fósiles no suelen probar la existencia del hielo, pero en cambio, aportan datos sobre cambios ambientales, en la forma que ahora veremos, y la existencia de grandes glaciaciones se puede deducir de la presencia de fósiles que acusen estos cambios ambientales:

1. La temperatura del agua fría se puede calcular a base del estudio de las proporciones de isótopos del oxígeno en los fósiles (véanse las páginas. 39-40).

2. La distribución de especies y subespecies no extinguidas, conociendo sus condiciones ecológicas actuales, proporciona datos sobre el clima.

3. La distribución de géneros (y ocasionalmente, de grupos sistemáticos de mayor categoría), no extinguidos, condicionada por la latitud geográfica, también proporciona datos sobre estas condiciones en el pasado (véase la página 136).

4. Los procesos de atrofia y otros trastornos fisiológicos, ocurren como consecuencia de los cambios ambientales.

Sin embargo, se tropieza con muchas dificultades, cuando se trata de interpretar los cambios de temperatura mediante el estudio de los fósiles; entre otras:

A) Los fósiles pueden ser transportados y de nuevo sedimentados, quedando asociados a rocas de edad geológica distinta de la suya propia;

B) rara vez se encuentran los fósiles en el mismo sitio donde vivían los organismos: los restos vegetales flotan, las conchas son frecuentemente arrastradas por las corrientes litorales, los cadáveres de vertebrados terrestres pueden ser arrastrados hasta el mar, y sus huesos pueden depositarse en un ambiente que no les corresponde;

C) las especies pueden cambiar de ambiente, aunque esto no ocurra con frecuencia (véase la página 38), ya que normalmente, un cambio ambiental provoca la aparición evolutiva de nuevas especies.

Además, la evidencia de cambios de temperatura, puede no ser siempre un indicio de la existencia de una glaciación, puesto que,

a) una glaciación se produce cuando simultáneamente tienen lugar, un descenso de la temperatura y un aumento de las precipitaciones, pero no por un simple enfriamiento del clima; así ocurre, que siendo Siberia más fría que Islandia, los glaciares están más desarrollados en esta última, por tener un clima más húmedo, mientras que en Siberia es más seco);



b) El descenso de la temperatura del agua del mar, puede ser consecuencia de un descenso en el nivel del mar, que hace aflorar obstáculos que impiden la circulación de las corrientes de agua templada; o bien por una elevación del nivel del mar, que puede dar origen a la apertura de estrechos que dejan pasar las corrientes frías;

c) el agua fría es más densa y, por lo tanto, se acumula en los fondos oceánicos, por lo cual, la temperatura del agua del mar puede descender, si el mar se hace más profundo, aunque el clima permanezca constante.

De todo lo que antecede, resulta sorprendente que los fósiles puedan, a pesar de todo, usarse como indicadores de temperaturas en épocas pasadas; sin embargo, mediante un trabajo paciente, y con un amplio conocimiento de los hechos, el paleontólogo puede llegar a conclusiones, a base de considerar simultáneamente todo el conjunto de pruebas. Estas conclusiones, rara vez se basan en el estudio de una sola especie, ya que sería probable cometer graves errores; en cambio, si se consideran muchas especies fósiles, pueden deducirse varias conclusiones sobre el medio ambiente en que vivían.

Además, existen otros indicios que no proceden de los fósiles, como son las estrías glaciares o los depósitos de sal, y de todo ello resulta que las glaciaciones periódicas, durante el Cuaternario, se pueden considerar como definitivamente establecidas, y aunque pueden existir variaciones locales, que complican la cuestión, en líneas generales, el proceso está suficientemente claro. Así, por ejemplo, en los Alpes han existido 4 glaciaciones principales, mientras que en las Islas Británicas sólo ha habido 3. La Antártida, aunque ahora estemos en un período interglaciar, sigue cubierta por un casquete de hielo, de manera que allí no han existido propiamente períodos interglaciares, y puede darnos un ejemplo, de cómo pueden faltar ciertos indicios de glaciares durante el Cuaternario.

En realidad, los principios antes mencionados, pueden aplicarse a la Era Cenozoica en conjunto, y es interesante comprobar cómo va descendiendo la temperatura, a partir del Eoceno, como si fuese preparándose para las próximas glaciaciones del Cuaternario. Un libro de Paleontología no es lugar adecuado para discutir las causas de las glaciaciones o de su periodicidad; basta decir que hay numerosas hipótesis sobre este asunto, que varían, desde el pretendido enfriamiento del sol, hasta la deriva continental y los efectos causados por las corrientes oceánicas. Por su parte, los fósiles son tan mudos para esclarecer estas cuestiones, como elocuentes para demostrar las consecuencias de las glaciaciones.



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