Introducción a la paleontologíA



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LOS MAMÍFEROS

Desde el punto de vista evolutivo, los Mamíferos del Cuaternario son simplemente la continuación de los de la Era Terciaria, pero vale la pena hacer algunas observaciones adicionales, sobre algunos muy divulgados, bien sea por su gran tamaño o por sus especiales relaciones con el hombre. El gran tamaño de los Mamíferos del Cuaternario, es un asunto difícil de interpretar: ante todo, no es fácil decidir lo que debe entenderse por "gran tamaño", pues aunque muchos Mamíferos cuaternarios han sido de mayor talla que sus antecesores terciarios, esta tendencia al aumento de tamaño es más bien confusa, y en conjunto, la talla media de los Mamíferos del Cuaternario, puede haber disminuido respecto a los del Terciario, debido a la preponderancia de los Roedores: el mayor Mamífero terrestre que ha existido, el Baluchitherium, corresponde al Terciario. De todas formas, es sorprendente, cómo existen tantos Mamíferos que tengan parientes gigantescos en el Pleistoceno, pero lo cierto es que los Mamíferos de pequeño tamaño, también pueden sobrevivir en climas fríos y, en cualquier caso, el frío intenso es sólo una característica temporal y variable del Cuaternario. De todas formas, podemos indicar los siguientes ejemplos de Mamíferos gigantescos cuaternarios:

Entre los Marsupiales, el Diprotodon era parecido al Wombat actual, pero del tamaño de un rinoceronte, tan grande, que sus huesos se confundieron con los de un elefante.

Entre los Primates, el gigantesco "hombre-mono" Meganthropus del Pleistoceno de Java, pero los restos fósiles encontrados son muy incompletos, y podría tratarse simplemente de un individuo especialmente corpulento de Homo (Pithecanthropus) erectus.

Entre los Artiodáctilos destaca el Alce irlandés, Megaceros (Figura 38), que era un ciervo gigante provisto de las mayores astas conocidas, que podían llegar a medir hasta cerca de 4 m. de envergadura. Que el hombre primitivo lo llegó a conocer, es evidente por las pinturas rupestres de Cougnac (Francia), que datan probablemente del año 15.000 a. C., y se encuentra desde Irlanda hasta Siberia. El Alce americano y su congénere europeo, son la misma especie Alces alces, mientras que el Alce irlandés, pertenece al género Magaceros y propiamente no es un "Alce". El Bisonte americano que vivió durante el Pleistoceno, llegó a tener cuernos de más de 3 m. de envergadura.

Los Desdentados, mamíferos con dentición reducida, que se han desarrollado principalmente en Sudamérica, comprenden, entre otros, Glyptodon, una especie de Armadillo gigante, que llegó a tener 3 m. de largo y debió ser uno de los mayores animales acorazados post-mesozoicos; un género afín, Doedicurus, tenía la cola en forma de maza, notablemente similar a la de los Ankylosauros del Cretácico. Megatherium, el Perezoso gigante (Figura 32), llegó a alcanzar 6 m. de largo, un tamaño similar al de ciertos Dinosaurios; otro perezoso gigante, Grypotherium, se encontró en una caverna de Patagonia, y las condiciones del yacimiento sugieren que estos animales pudieron haber sido criados en rebaños por el hombre, y sacrificados para alimentarse con su carne, hace algunos siglos.



Figura 38. — El Alce irlandés» (Megaceros), cuya cornamenta llegaba a medir casi 4 m. de envergadura.


Entre los Proboscídeos, el "Mastodonte" americano, no era excesivamente grande, para lo que es corriente entre los elefantes; el "Mamut" (Mammuthus primigenius), tampoco era mayor que los elefantes actuales, pero tenía la piel cubierta de largo pelo, parecido al "yak", con una enorme cabeza y colmillos descomunales y retorcidos (Figura 39). En cambio, el "Elefante antiguo", Palaeoloxodon antiquus, llegó a medir más de 4 m. de altura, mientras que los mayores elefantes africanos apenas alcanzan 3,4 m.; un ejemplar hallado en Inglaterra, midió 4,18 m., y no era todavía adulto (27).

Los Carnívoros comprenden varias formas importantes: el famoso "oso de las cavernas", Ursus spelaeus, sólo era algo mayor que los osos actuales; el "tigre de dientes de sable", Smilodon, tampoco era mayor que los tigres actuales, y sus patas cortas y fuertes sugieren que se trata de un animal que cazaba al acecho, en vez de atacar a sus presas como los felinos actuales. En el Pleistoceno inferior del viejo mundo, vivió un Guepardo gigante, Acinonyx jubatus, del que descienden los guepardos actuales que, aunque no muy grandes, son los animales terrestres más veloces.

Los Roedores no han sido nunca muy grandes, pero Eumegamys del Pleistoceno de Sudamérica, bien pudo alcanzar la talla de un buey, o en tono caso, un tamaño mayor que el mayor roedor actual, el Capybara, que mide más de un metro de largo.

Figura 39. — El «Mamut» (Mammuthus), el famoso elefante lanudo del Pleistoceno, contemporáneo del hombre primitivo.

No debe extrañar que hayamos omitido muchas formas de la lista anterior; los caballos y las ballenas, presentan actualmente su mayor tamaño, y otros órdenes de Mamíferos, desarrollaron sus formas gigantes en el Terciario. En cambio, los felinos que se desarrollaron notablemente en la línea evolutiva de los "dientes de sable", han sido reemplazados en la actualidad por otros que no están directamente emparentados con ellos, y que tienen una talla similar.

Más sorprendente que la talla desacostumbrada de los Mamíferos cuaternarios, es el hecho de que se hayan extinguido en la actualidad, sin que existan razones convincentes para ello, pues aunque la acción predadora del hombre puede haber influido en algunos casos, no ha sido éste el único factor.

Los camellos y los caballos, son oriundos de Norteamérica, y se extendieron por el Viejo Mundo, atravesando el "istmo de Behring" que reemplazó al actual estrecho durante gran parte del Cuaternario, desarrollándose aquí cuando ya se había establecido el hombre; sin embargo, se extinguieron en Norteamérica, y ya no existían cuando llegaron los primeros pobladores, siendo introducido posteriormente el caballo por los colonizadores, tanto en Norte como Sudamérica, desarrollándose de nuevo en su propio ambiente. Es indudable que el hombre ha cazado los caballos para alimentarse, como lo demuestra el haberse encontrado miles de esqueletos, al pie de un acantilado de 300 m. en Francia, a donde eran conducidos por los cazadores para despeñarlos, y existen muchos ejemplos de extinciones de especies, que se han debido claramente al hombre, sobre todo entre ciertas Aves que no vuelan: las plumas del "Moa", un Ave de Nueva Zelanda parecida al Avestruz, se encontraron adornando las empalizadas de los poblados nativos, por los primeros exploradores blancos, aunque nunca pudieron ver un "Moa" vivo. El "Dodo" desapareció de su último refugio en la Isla Mauricio, en pleno siglo XVII, como consecuencia de la llegada a dicha isla, de marinos europeos, que no tenían otra cosa mejor de qué alimentarse. El último lobo, en Inglaterra, fue cazado en el año 1743.

Sin embargo, algunos Mamíferos se extinguieron al principio del Pleistoceno, cuando los hombres eran poco numerosos y demasiado primitivos para que pudiesen ejercer cualquier tipo de influencia en las condiciones ecológicas del ambiente; actualmente se trabaja en el estudio de diversos factores que han podido influir en la extinción de grupos biológicos: factores climáticos, geográficos, relaciones predador/presa, y simple competencia entre tipos biológicos semejantes, con el triunfo de los mejor desarrollados.

Desde nuestro punto de vista, resulta especialmente interesante la prueba de la coexistencia del hombre primitivo, con animales ya extinguidos o relegados a otros ambientes lejanos. Por ejemplo, en la caverna de Kent, en Inglaterra, existen dos accesos: en uno de ellos se encuentran pruebas de la presencia del hombre paleolítico, mientras en la otra entrada encontramos los típicos huesos roídos y fragmentados por las hienas, junto con restos de estas mismas hienas y de un refugio de lobos. No suele ser fácil establecer la contemporaneidad exacta de sucesos en Paleontología, pero se ha pretendido que, las gruesas capas de carbón encontradas en una galería, que separa las partes de esta cueva ocupadas por el hombre y por las bestias, son el resto que ha quedado de una barrera de fuego, establecida por el hombre, para mantener a las hienas y los lobos en el exterior, mientras ellos habitaban la cueva, facilitándoles tal vez, una reserva de caza, cuando el alimento escasease en invierno. Todo esto puede parecemos una existencia horriblemente precaria, pero de cualquier forma, resulta evidente que el hombre, las hienas y los lobos, vivieron simultáneamente en este tranquilo rincón de Inglaterra, durante el Pleistoceno.

La prueba definitiva de la coexistencia del hombre con los mamíferos ya extinguidos, nos la proporcionan las cuevas con pinturas rupestres en Francia y en España, de finales del Pleistoceno, en las que se pueden reconocer, ejecutadas por una mano maestra, imágenes del Mamut y del Rinoceronte lanudo, junto a otras especies aún no extinguidas, pero que ya no se encuentran en estas regiones, como son el Bisonte, la Hiena y el Reno, aunque sin duda eran familiares a los artistas del Paleolítico en Francia y en España. Actualmente, el Bisonte sólo se encuentra en Europa oriental, la Hiena ha quedado relegada a Asia y África, y el Reno ha emigrado hacia el Ártico.






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