Introducción a la paleontologíA



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"ESLABONES PERDIDOS" Y "FÓSILES VIVIENTES"

Las cuestiones más interesantes, desde el punto de vista paleontológico, en materia de evolución, son las que se relacionan con grupos biológicos extinguidos, o que se suponen extinguidos: esta última reserva, es necesaria por la propia experiencia sobre el Coelacanto (Figura 23), un pez perteneciente al grupo de los Crosopterigios, que se suponía extinguido a la vez que los Dinosaurios, al final del Cretácico, y se ha encontrado vivo en 1938.

El principal interés de este descubrimiento, radica en el estudio de su esqueleto, porque los Crosopterigios se llaman así, por sus "aletas lobuladas", que presentan un lóbulo o base carnosa, en cuyo interior los huesos están dispuestos de tal forma, que preconizan la estructura de las patas de los Anfibios, es decir, el quiridio que luego se encuentra en todos los Vertebrados terrestres y aéreos. En realidad, fue un solo grupo de estos Crosopterigios (13), el que se adaptó a la vida sobre tierra firme, a finales del Devónico y principios del Carbonífero, comenzando a respirar el aire atmosférico, y dando origen de tal manera a los Anfibios. Los demás peces (la mayoría son Actinopterigios), no lograron abandonar el medio acuático, aparte de algunos que pueden respirar fuera del agua, temporalmente, como los Dipnoos actuales.

En Paleontología evolutiva, las cuestiones rara vez quedan completamente zanjadas, y aunque con frecuencia es posible conocer detalles convincentes de la evolución, en un reducido número de fósiles, rara vez se pueden enlazar estos datos parciales para formar una serie evolutiva completa, que suponga una progresión, a través de cambios sucesivos. Más pronto o más tarde, aparece una laguna en la sucesión: tal vez no se han encontrado los fósiles más significativos, o si se han encontrado, no están completos, o la evolución fue tan rápida en ese momento preciso, que los fósiles no muestran todos los estados intermedios.

Este problema es particularmente enojoso, cuando se trata del origen de los grupos mayores, como por ejemplo, los Peces. Sin embargo, en algunas ocasiones, algún hallazgo afortunado de estos "eslabones perdidos", puede servir para completar líneas evolutivas que de otra forma resultarían discontinuas.

Uno de estos descubrimientos afortunados fue el del Archaeopteryx, un auténtico reptil-ave, del que sólo se conocen dos ejemplares. En el adjunto cuadro, se comparan las características de Archaeopteryx con las que son propias de los Reptiles y de las Aves.




COMPARACIÓN ENTRE REPTILES, ARCHAEOPTERYX Y AVES

REPTILES :

ARCHAEOPTERYX :

AVES:

1) Larga cola, vértebras independientes, en general.

Larga cola con vértebras independientes.

Cola corta, con vértebras unidas.

2) Huesos macizos, en general.

Huesos macizos.

Huesos huecos.

3) Extremidades anteriores análogas a las posteriores.

Extremidades anteriores, parecidas a las posteriores y de igual longitud.

Las alas son las extremidades anteriores profundamente diferenciadas de las posteriores.

4) Cavidad craneal pequeña.

Cavidad craneal amplia.

Cavidad craneal amplia.

5) Por lo general, tienen dientes.

Tiene dientes.

No tienen dientes.

6) No tienen plumas.

Tiene plumas

Tienen plumas.

7) Área de inserción para los músculos pectorales más bien reducida.

Área de inserción para los músculos pectorales reducida.

Área de inserción para los músculos pectorales muy desarrollada.

En este cuadro, puede comprobarse que según los caracteres 1, 2, 5 y 7, el Archaeopteryx se asemeja a los Reptiles, mientras que por los caracteres 4 y 6 (que consideramos como los más importantes), se asemeja a las Aves, y por lo que respecta al carácter 3, ocupa una posición intermedia. En realidad, el Archaeopteryx (Figura 7), no debía ser buen volador; probablemente planeaba (como los Pterodáctilos y otros auténticos Reptiles voladores), más que volar como las verdaderas Aves. La estructura de sus extremidades posteriores sugiere que podría trepar por los árboles, y de hecho, se supone que el medio arbóreo, con sus condicionamientos de agilidad y ligereza, debe haber sido el precursor del medio aéreo. En definitiva, que los Archaeopteryx, se encuentran a medio camino evolutivo entre los Reptiles y las Aves.



INTERPRETACIÓN DE UN AMBIENTE PRETÉRITO, EN FUNCIÓN DE LOS FÓSILES

Resultaría de gran utilidad para el paleontólogo, que cualquier grupo de animales o plantas fósiles, fuese un indicador seguro del clima y demás condiciones ambientales del pasado, pero por desgracia, tal cosa pocas veces resulta posible. Si, por ejemplo, un futuro paleontólogo, dijese de todos los tigres, que fueron habitantes de la jungla tropical, tendría que hacer la salvedad de que, el más corpulento de todos, el "tigre de Manchuria", habitó el SE de Siberia, donde existe un clima nada tropical: en realidad, este tigre se encuentra tan al Norte como la ciudad de Irkutsk, a una latitud de 53 °N.

Si describiésemos los Limulus actuales, que viven en las costas, como habitantes de "aguas marinas someras", tal cosa no serviría de gran ayuda cuando quisiéramos interpretar su historia: En el Devónico, los Limulus eran principalmente marinos, en el Carbonífero, habitaban de preferencia las aguas dulces; en el Mesozoico, también poblaban abundantemente las aguas dulces, pero algunos se adaptaron a vivir en las aguas salobres de los estuarios; y ahora, han vuelto a ser marinos.

Sin embargo, algunos grupos sí que nos proporcionan una información segura: así, por todo lo que sabemos, ningún Cefalópodo (pulpos, calamares, etc.), puede vivir en aguas dulces. Por tanto, la presencia de Cefalópodos fósiles, es una indicación segura del medio marino.


Figura 7. — Reconstrucción del Archaeopteryx.


Entre esta maraña de datos, unos fidedignos y otros dudosos, el paleontólogo tantea, con vistas a la reconstrucción del pasado, tarea que, afortunadamente, se suele simplificar con el aporte de datos que no proceden precisamente de los fósiles. Así, las huellas de gotas de lluvia o las grietas de retracción por sequedad, pueden conservarse en la superficie de una capa de arcilla, proporcionando un buen indicio sobre el clima de aquélla época. Los cristales de sales formados por evaporación en los lagos salados, sugieren un clima árido o semiárido. Las cenizas volcánicas, depositadas junto con los fósiles, nos indican la proximidad de volcanes.

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