Introducción Definiciones de violencia de género



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Materiales Didácticos para la prevención de la Violencia de Género


Presentación

  1. Introducción

  2. Definiciones de violencia de género:

    1. Abuso psicológico-emocional

    2. Abuso sexual-agresión sexual

    3. Violencia de pareja

    4. Violencia familiar

  3. Enfoques, estudios actuales y guía para el profesorado

  4. Mitos que perpetúan la violencia de género:

    1. Violencia doméstica

    2. Agresiones sexuales y violación

    3. Abuso sexual a la infancia

  5. Dimensiones, objetivos y metodología

  6. Orientaciones y recomendaciones:

    1. En la infancia en edad preescolar

    2. En la infancia en la escuela primaria

    3. En la adolescencia

    4. En las mujeres

  7. Bibliografía

  8. Recursos



Presentación
La Constitución Española encomienda a los poderes públicos para que promuevan la condiciones y remuevan los obstáculos para que el derecho a la Educación sea disfrutado en condiciones de libertad e igualdad.

El Estatuto de Autonomía de Andalucía, por su parte, determina en su artículo 12.2 que la Comunidad Autónoma propiciará la efectiva igualdad del hombre y la mujer andaluces, promoviendo la plena incorporación de ésta en la vida social y superando cualquier discriminación laboral, económica, cultural o política.

La LOGSE y los Decretos de Enseñanza de Andalucía señalan, en el mismo sentido, objetivos y capacidades a adquirir por el alumnado, siendo algunas de ellas:

"Apreciar la importancia de los valores básicos que rigen la vida y la convivencia humana y actuar de acuerdo con ellos".

"Analizar los mecanismos y valores que rigen el funcionamiento de las sociedades especialmente los relativos a los derechos y deberes de los ciudadanos".

La Educación en Valores en todas las etapas, ha sido por tanto, preocupación y objetivo fundamental de la Consejería de Educación y Ciencia.

Los malos tratos es un problema que ha afectado a las mujeres en todas las edades a lo largo de la historia. Es un fenómeno cotidiano para muchas de ellas, que además, hasta hace poco no tenían posibilidades de defensa al considerarse un problema privado e ignorado socialmente.

Aunque en general la mejora en la situación de las mujeres ha sido notable, las agresiones continúan y los sucesos que últimamente se han producido, sin el mínimo respeto a los derechos humanos, han producido una importante sensibilización de la sociedad y los medios de comunicación sobre la necesidad de poner fin a este sufrimiento injustificable.

La educación es el medio más válido para luchar contra cualquier tipo de violencia. Para conseguir los objetivos es necesario,, por tanto, la formación y sensibilización de tosa la población, pero fundamentalmente del alumnado que desde tempranas debe ser educado para conocer y respetar los derechos humanos y rechazar cualquier tipo de discriminación. Igualmente las mujeres que por distintas circunstancias no tuvieron acceso a la educación deben conocer los mecanismos que les permitan defenderse y protegerse de cualquier tipo de agresión.

En este sentido ha trabajado siempre la Consejería de Educación y Ciencia dando prioridad a la educación en valores incluyéndolos de manera transversal en todas las etapas y áreas curriculares.

Al presente documento acompañan materiales elaborados para Educación Primaria, Secundaria y de Personas Adultas recogen una guía para el profesorado y actividades para el alumnado que les harán reconocer la violencia de género, luchar contra ella y conocer los medios de protección a su alcance, pero sobre todo, y en los más jóvenes tomar conciencia para no reproducir estos comportamientos cuando sean adultos y tengan responsabilidades familiares, sociales.
Introducción
En 1975, Naciones Unidas fue el primer organismo que reparó en la gravedad de la violencia ejercida contra las mujeres. En 1980 se reconoció que la violencia contra las mujeres es el crimen encubierto más frecuente en el mundo.

La preocupación de la comunidad internacional sobre la violencia siguió reflejándose en distintas Resoluciones en 1982, 1984 y 1985.

El 11 de junio de 1986 el Parlamento Europeo, en su Resolución sobre agresiones a mujeres, recomendaba a los estados miembros un conjunto de medidas que iban desde reformas legislativas hasta pautas de actuación de la justicia, con formación especializada en este campo e información continua a la perjudicada, pasando por políticas de la administración encaminadas a dotar de recursos a través de bolsas de ayuda, creación de casas de refugio y partidas presupuestarias específicas para campañas de concienciación y asesoramiento.

La Comisión de Derechos Humanos del Senado, después de un riguroso estudio sobre el tema, emitió en mayo de 1989 un informe en el que, entre otras cosas, se reconocía que los malos tratos son interclasistas en todo el mundo y se ejercen sobre mujeres y niños. Los hombres que los utilizan lo hacen desde la perspectiva de estimarlos como una forma de demostración de su autoridad en el seno de la familia y su dominio sobre la mujer.

Los problemas de violencia en todas sus manifestaciones (entre iguales, de género, etc.) ha sido siempre preocupación de la Junta de Andalucía que no ha escatimado esfuerzos para elevar la calidad de vida de los hombres y las mujeres andaluces y sobre todo de los colectivos más necesitados.

Uno de los colectivos son las mujeres. Las investigaciones llevadas a cabo indican que la violencia es sufrida fundamentalmente por la población femenina en sus casas, centros educativos, centros de trabajo y sus raíces se encuentran en el proceso socializador que desde siglos ha adjudicado a las mujeres un papel secundario en la sociedad.

Para paliar esta situación el Gobierno Andaluz aprobó, en enero de 1990, el primer Plan de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres, elaborado por el Instituto Andaluz de la Mujer que recoge diversas acciones contra la violencia de género. Esto supuso un avance en la lucha contra cualquier tipo de discriminación y desarrollo de una importante red de servicios y ayudas para las mujeres que sufren violencia. En enero de 1995 se aprueba el II Plan de Igualdad que consolida las medidas dirigidas a prevenir la violencia contra las mujeres y desarrolla programas de atención a dichas mujeres.

Pese a todas estas medidas, la realidad cotidiana viene demostrando que se sigue produciendo un número importante de casos de agresiones a mujeres (contabilizándose, en concreto, en 1997, 91 muertes de mujeres por tal motivo producidas por su parejas o exparejas).

Haciéndose eco de la sensibilización de la sociedad ante estos problemas, el Parlamento de Andalucía aprueba el 12 de febrero de 1998 una serie de medidas incorporadas en el "Plan de actuación para avanzar en la erradicación de la violencia contra las mujeres", impulsado por el Gobierno andaluz a través de sus distintas consejerías y coordinado por el Instituto andaluz de la Mujer.

Este Plan de actuación prevé la elaboración de un Procedimiento de Coordinación de los ámbitos judicial, policial, sanitario, social y de los servicios de información a la mujer implicados en la atención a las mujeres que sufren violencia y también comprende el desarrollo de directrices que faciliten la intervención profesional.

Dentro de la medidas dirigidas a la población en general, de sensibilización y prevención, la medida nº 5 corresponde a la Consejería de Educación y Ciencia y pretende potenciar en el ámbito educativo comportamientos igualitarios y solidarios.

Para ello, junto a estos materiales se están desarrollando otras acciones en el ámbito educativo como son:



  • Desarrollo en el curriculum de la educación afectiva y sexual.

  • Reforzar la supervisión de los proyectos editoriales para evitar la transmisión de contenidos que generen actitudes discriminatorias por razón de sexo.


Definiciones de violencia de género
En 1993 la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre Derechos Humanos reconoció los derechos de las mujeres como derechos humanos y, en consecuencia, definió el uso de la violencia como una violación de tales derechos. La violencia sexual es la violencia que ataca los derechos fundamentales, la libertad individual y la integridad física de las mujeres.

La Asamblea General de las Naciones Unidas en 1993, aprobó la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra las mujeres que en su artículo primero define la violencia contra las mujeres como aquella basada en el sexo y dirigida contra la mujer porque es mujer o que le afecta de forma despreocupada. Se incluyen actos que infligen daño o sufrimiento de índole físico, mental o sexual, incluidas las amenazas de tales actos, la coerción o las privaciones arbitrarias de libertad, ya ocurran en la vida pública o en la privada.

También en 1993 la Conferencia Ministerial Europea del Consejo de Europa sobre la igualdad entre hombres y mujeres celebrada en Roma, adoptó una definición más descriptiva de la violencia contra las mujeres, concepto que engloba la violencia física, sexual y psicológica empleada por hombres contra mujeres jóvenes o adultas en la familia, en el lugar de trabajo o en la sociedad, los malos tratos físicos, la mutilación genital y sexual, el incesto, el acoso sexual, el abuso sexual, el tráfico de mujeres y la violación.

En 1994, se celebra la Convención Interamericana sobre la prevención, el castigo y la erradicación de la violencia contra las mujeres. Distingue tres tipos de violencia contra las mujeres: física, sexual y psicológica.

En el documento Declaración de Beijing y Plataforma para la Acción de la IV Conferencia Mundial sobre las Mujeres (1995), se afirma que la violencia contra las mujeres se refiere a todo acto de violencia sexista que tiene como resultado posible o real un daño de naturaleza física, sexual o psicológica, incluyendo las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de la libertad para las mujeres, ya se produzcan en la vida pública o en la privada.

Es importante tener una idea clara de lo que tenemos entre manos cuando nos proponemos trabajar con este fenómeno, ya que todas las personas, sin exclusión, estamos influenciadas por los mitos culturales que favorecen la supremacía y violencia masculina en sociedades donde los privilegios y poder adjudicados a un sexo, no se adjudican al otro, es decir, donde se cultiva la desigualdad sexual. Esta culturización es propia de las sociedades patriarcales, donde la autoridad, necesidades y bienestar del "pater familiae" prevalecen sobre los derechos de todos los miembros de la unidad familiar.

A continuación se enumeran tipos de violencia seleccionados de los trabajos de Mary Ann Reilly y Carole Warshaw, en colaboración con el Centro para la Investigación de la Mujer y el Género de la Universidad de Ilinois en Chicago, Sandra Horley, fundadora de la primera casa de acogida en Gran Bretaña y la Clínica del Juzgado de Familia de Ontario, Canadá (1). Pueden variar dependiendo de que se hagan desde una perspectiva legal o sanitaria, pero lo que una educadora o un educador necesitan saber son las acciones que causan trauma de algún tipo.
1.- Abuso psicológico/emocional

Siempre existe un componente psicológico en toda forma de violencia. Esta forma de violencia se define a menudo por los incidentes que resultan de la misma, efectos tales que pueden ser observados y registrados. Es el caso del maltrato a la infancia donde se observan los daños psicológicos. En violencia de pareja suele definirse por ciertos comportamientos por parte del agresor, como amenazas, tácticas de aislamiento, críticas, insultos, etc. (2). En definitiva, el uso de coerciones y amenazas, intimidación, abuso emocional (hacerla sentir culpable, humillándola, etc.), aislamiento controlando lo que hace y a quien ve, justificándose con celos, minimizando, negando o culpándola por el abuso, usando hijas e hijos para presionarla, practicando privilegios masculinos (tratándola como a una esclava), abuso económico (prohibiéndole que trabaje para mantenerla dependiente, haciéndole pedir dinero, pidiendo que justifique todo lo que gasta, dándole un presupuesto límite, haciendo la compra para que ella no controle el presupuesto, etc.)

El abuso psicológico/emocional se refiere también al acto de forzarla a realizar actos degradantes, mintiendo constantemente, atemorizándola con ademanes violentos, mostrando armas, prohibiendo el uso del coche, el que tenga relaciones con familiares y amistades, cambios bruscos de ánimo, la encierra, se irrita con facilidad por cosas nimias, manteniéndola en un estado de alerta constante, dicta lo que hay que hacer, se pone de víctima cuando la otra persona no hace lo que él quiere, amenaza con el suicidio, asesinato, hacer daño a hijas e hijo, quitarle hijos e hijas.

El abuso psicológico/emocional tiene graves consecuencias para la autoestima de la persona y por consiguiente en otros aspectos de su vida, desde la salud mental hasta la física, y por supuesto, tendrá impacto en la calidad de relación entre madre hijas e hijos.


2.- Abuso sexual/agresión sexual

Se puede definir como un acto que va, desde una caricia, hasta la penetración anal/vaginal, y va asociado al uso de amenazas, insistencia, fuerza física, intimidación o engaño. Lo realiza alguien conocido o desconocido. La violación a manos de un extraño, marital y en citas, pueden considerarse agresiones sexuales sexual. Una forma común de abuso sexual entre parejas establecidas o incipientes (en primeras citas) es la del varón que insiste en tener relaciones con su pareja a pesar de los sentimientos de ésta, sin que ella quiera o esté preparada. Otras formas de abuso sexual consisten en hacer que la pareja presencie sexo con otras mujeres, forzarla sexualmente frente a hijas e hijos, impedirle que use anticonceptivos y lesionarla durante el acto sexual.

El abuso sexual de la infancia incluye el incesto, y en sentido amplio, es todo contacto sexual de un o una menor con un adulto que puede ser el padre, abuelo, familiar, amigo, conocido y personas en posición de autoridad, como profesores, sacerdotes, instituciones varias, y también con alguien desconocido de la víctima. La diferencia de edad para considerarlo abuso por el impacto que tiene en la víctima, es de cinco años.


3.- Violencia de pareja

La violencia de pareja se refiere casi siempre a un patrón regular de conductas violentas y coercitivas, con la función de conseguir la conformidad o el control sobre la víctima. Implica la amenaza con intención o ejecución de daños físicos, psicológicos (que por sí solos pueden ser de gran gravedad) y sexuales en la persona, con una relación heterosexual adulta o adolescente y parejas homosexuales (2). Puede aparecer en citas donde todavía no se ha establecido una relación, en relaciones establecidas, en separaciones y matrimonios. Las agresiones físicas y sexuales a la pareja, suelen ir acompañadas de intimidación verbal, degradación, humillación, destrucción de propiedad, amenazas a personas significativas, amenazas de abandono, acecho y aislamiento social progresivo, incluyendo la restricción de acceso a alimentos, ropa, transporte y servicios médicos.

El abuso de pareja es producto de la convicción del varón de tener más privilegios y autoridad que la mujer. Un gran número de violaciones en citas de adolescentes ocurre como resultado directo de esta convicción, y de la idea culturalmente transmitida de que, cuando una joven dice no, no ha de tomarse en cuenta porque lo hace para hacerse la decente y quiere decir sí. Pero aunque quiera decir no, se merece que la fuercen por haber actuado incitando al varón dándole falsas esperanzas. Por tanto, debido a su sexualidad "incontenible", con la que se justifica, el hombre se siente con derecho a hacer daño para conseguir sus fines.

La violencia de pareja puede ser el ambiente en el que la infancia pasa toda su vida. Los centros educativos tienen una posición única en las comunidades para la educación por la igualdad. Es evidente que el alumnado muestra y actúa sus frustraciones en el ambiente educativo. La rabia y el miedo que experimentan en su hogar la descargan en su centro.

Los centros educativos tienen las herramientas para identificar el sufrimiento del alumnado y crear un medio seguro en el que se pueden desarrollar conductas de respeto e igualdad, actuando desde las raíces de la violencia.


4.- Violencia familiar

La violencia familiar es abuso de poder, de confianza o dependencia en relaciones familiares. Se manifiesta por diferentes tipos de conductas abusivas:

  • Emocional/psicológica

  • Explotación económica

  • Agresiones físicas

  • Agresiones sexuales

  • Homicidio

La palabra "familia" se usa aquí para referirse a individuos en relación consanguínea, en relaciones íntimas o en cualquier relación que tenga características similares a los grupos más tradicionales donde el bienestar de algunas personas dependen del uso-abuso de poder que hagan otras. Por ejemplo, una persona con una invalidez de la que cuide un ayudante, se puede considerar una familia si la o el ayudante tiene considerable control sobre la otra persona. En relaciones íntimas la definición no varía aunque sean del mismo sexo o no, estén o no casados, o cómo hayan estructurado su convivencia".

(1) Mary Ann Reilly y Carole Warshaw y Centre for Research con Women and Gender, Univ. Illinois, Chicago: Health Aspects of Violence against Women.


(2) Bonino Méndez. Luis. "Micromachismos: La Violencia Invisible en la Pareja". Primeras Jornadas sobre Violencia de Género en la Sociedad Actual. Gneralitat Valenciana, 1996.
Enfoques, investigaciones y estudios actuales
Los estudios sobre el fenómeno del maltrato conyugal empezó a mediados de los años sesenta con la incorporación masiva de la mujer al trabajo.

En años posteriores las Conferencias Mundiales celebradas en distintas ciudades propusieron Planes de Acción Mundial para la igualdad, el desarrollo y la paz y la promoción de las investigaciones sobre la amplitud y las causas de violencia en el hogar.

Según datos de la ONU, Violencia contra la mujer en la familia, Nueva York, 1989, el maltrato es un fenómeno universal.

Estudios realizados en la década de los 70 y 80 en distintos países de Europa y América del Norte y del Sur (Violencia en la familia a las mujeres, documento elaborado por el Consejo de Europa, Fundación Encuentro; Violencia en familia, de Grosman, Masterman, Adamo y Browne y Williams en USA.) confirman la amplitud del fenómeno.



Los noventa han sido años de crucial importancia en el conocimiento sobre el fenómeno de la violencia de género. La Conferencia de Beijing (1995), en su plataforma de acción afirma categóricamente que:

"Las mujeres de todo el mundo tienen derecho a vivir libres de violencia y cualquier forma de violencia contra las mujeres, representa una privación de los derechos humanos más primordiales"

La violencia de género contra las mujeres y la infancia está muy extendida e incluye una serie de conductas opresivas que implican el abuso psicológico y emocional, violencia física y agresión sexual. La mayor parte de la violencia ejercida sobre las mujeres la perpetran hombres conocidos de las mujeres en sus hogares. Es de enorme importancia enfatizar las coincidencias y yuxtaposiciones que existen entre el abuso sexual y la violencia doméstica, así como entre violencia doméstica y violación. Se incluye también el abuso emocional que supone para niños y niñas el hacerla testigo de violencia a la madre. En el 90% de los casos de violencia doméstica, están en la misma habitación o en una habitación contigua. Varios estudios norteamericanos muestran que el 70% de los hombres que abusan físicamente de sus parejas, abusan también de hijas o hijos (1).

Estudios comparados de los efectos de ser testigos de violencia a la madre de niñas y niños, nos muestran que pueden sufrir serios problemas conductuales. Estos problemas son 17 veces más probables en niños y 10 veces en niñas que son testigos de violencia que los que no lo han sido (2).

Sabemos que los niños y niñas testigos de violencia sufren a menudo Síndrome de Estrés Postraumático, que en la escuela puede manifestarse en una serie de conductas difíciles o aisladas acompañadas de síntomas que se parecen a un ataque de pánico, ansiedad, con problemas del sueño, etc. (3). Todas las escuelas cuentan, sin ninguna duda, con alumnas y alumnos que serán testigos y/o víctimas de una de estas formas de violencia.

La violencia a mujeres es endémica en casi todas las culturas y en sociedades patriarcales donde el derecho y privilegio masculino está por encima del bienestar de otros seres humanos: niños, niñas y mujeres, afectando a estas en todas las etapas de su vida. Las sociedades patriarcales se establecieron en el Mediterráneo desde los comienzos de la Grecia Clásica y quizás antes. Estos roles se han establecido con el uso de la violencia a lo largo de 4.000 o 5.000 años. La Conferencia de Beijing hizo patente que la violencia a mujeres es un problema ínter e intracultural. Esta conferencia estableció claramente que no se puede pensar en este fenómeno como algo aislado de otras formas de violencia, por lo que se concluyó que:


  • El abuso a la infancia, la violencia doméstica las agresiones sexuales y otras formas de violencia, están directamente conectadas con el lugar que las mujeres ocupan en la sociedad.

  • Es imposible atajar el problema de la violencia a mujeres desconectándolo de las condiciones sociales que la perpetúan. (Informe Univ. de Illinois, USA,1998).

En los gabinetes de psicología dedicados a reparar daños, que son producto de la violencia familiar, se observa que:

  • "Los niños y niñas que viven sujetos a violencia o es testigo de violencia a su madre, sufren traumas producto del miedo, rabia y dolor reprimidos que conlleva la experiencia. Si estos traumas no son superados descargarán las tensiones traumáticas en la edad adulta, tomando posiciones aprendidas en su infancia. Las niñas tenderán a posicionarse más como víctimas respecto a los varones y los niños irán tomando posiciones de agresor o dominancia hacia lo femenino.

  • En la adolescencia esto es tan patente que, en Canadá y Estados Unidos los grupos de reforma de violadores están repletos de jóvenes varones que no han cumplido todavía 18 años. La violación en citas de jóvenes es uno los problemas encontrados en las escuelas secundarias y universidades".

Es importante hacer hincapié en que el abuso de poder masculino busca justificaciones variadas. Una de las más usadas actualmente procede de malentendidos sobre la salud mental, que asume que los agresores han sufrido agresiones en la infancia cuyos traumas les fuerzan a actuar así. No existe una relación causa-efecto, ya que, si existiera, debería haber muchas más mujeres violentas contra su pareja que hombres violentos, así como abusadoras sexuales. El número de niñas maltratadas y abusadas sexualmente es mayor que el de niños. En todo caso, podríamos decir que la violencia vivida en la infancia se canaliza culturalmente permitiendo al hombre expresarla en el abuso de poder, polarizando los roles de género en base a los papeles de víctima-agresor. (4)

Estos roles los canaliza la cultura inhibiendo a las mujeres de tomar roles de poder para expresar su dolor y facilitando esta vía de descarga a los hombres. En este punto empieza la "tolerancia a la violencia masculina".

Con respecto al abuso sexual a niñas y niños tenemos una situación similar. Los estudios muestran que hay entre un 95-99% de perpetradores masculinos (5). Sin embargo con las víctimas ocurre lo contrario. Nueve de cada diez son niñas. Si hubiera una causa-efecto, debería haber muchas más agresiones sexuales perpetradas por mujeres.

A la pregunta ¿Por qué abusan los hombres? Podemos dar las siguientes respuestas:


  • Porque han aprendido este comportamiento en su familia de origen. (75% de agresores han sido testigos del abuso de su madre a manos de su padre) (6).

  • Porque viven en una sociedad donde el abuso de mujeres tiene pocas o ninguna consecuencia.

  • Porque tienen la creencia de que estos comportamientos son una expresión adecuada de su poder y control.

  • Porque quieren que su pareja dependa de ellos para controlarla.

  • Porque están afectados y reforzados por imágenes masculinas dominantes reforzadas por la sociedad y los medios de comunicación.

El trabajo desde el sistema educativo se hace absolutamente necesario cuando descubrimos el impacto que el abuso de mujeres tiene en el alumnado. Los niños y niñas que son testigo de abuso masculino a mujeres termina creyendo que:

  • Es aceptable que un hombre se imponga por la fuerza y use la violencia con una mujer si es necesario.

  • La violencia es una forma efectiva de resolver problemas.

  • Está justificado el atacar a alguien cuando nos enfadamos.

  • Los hombres son fuertes, las mujeres débiles.

  • La desigualdad en las relaciones de pareja es normal y es normal que los hombres tengan poder y control sobre las mujeres.

  • Hay pocas o ninguna consecuencia negativa por cometer abusos.

  • Se sienten responsables o culpables del abuso.

  • Son responsables de ayudar a su madre, lo cual hacen a veces con graves consecuencias (7).

La investigación realizada por medio de las instituciones sanitarias, está revelando la conexión entre enfermedades y abuso presente o pasado en algún momento de la vida de la persona, ya haya sido de manera intensa, traumática y aislada o haya sido menos intensa, pero regular, a lo largo de años en una relación. Este último sería el caso de los abusos psicológicos. Este último sería el caso de los abusos psicológicos. También se recogen desde las instituciones jurídicas, gabinetes profesionales de abogadas y abogados, psicólogas y psicólogos, asociaciones de mujeres, etc.

El dolor sufrido se puede manifestar en enfermedades físicas, psicológicas, trastornos sociales, vagabundeo, maltrato de animales, embarazos adolescentes, depresión, abuso del alcohol y de otras drogas y riesgo de suicidio.

Con respecto a la salud psicológica, las mujeres agredidas padecen lo que se podría denominar "Síndrome traumático": pasividad, no saben obrar por su propia cuanta, fatigas y amodorras, crecen de energía.(8)

Los delitos contra la libertad sexual constituyen una parte importante de la violencia de género. En Andalucía, según los datos del Ministerio del Interior, el número de delitos conocidos contra la libertad sexual han sido en 1997 de 1.123 y en 1998 de 1.212.

La distribución por provincias es la siguiente:


provincia

año 1997

año 1998

Almería

92

112

Cádiz

202

197

Córdoba

99

102

Granada

104

108

Huelva

69

78

Jaén

73

102

Málaga

242

250

Sevilla

242

263

totales

1.123

1.212

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