Issn 0718-1779 Cuadernos De Estudios Árabes



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Los orígenes del nacionalismo palestino

El nacionalismo como movimiento recreador, articulador y movilizador de la identidad nacional posee una doble acepción: la cultural y la política. La primera suele partir de una larga tradición de índole lingüística, histórica, social y religiosa, mientras que la segunda se asienta sobre un proyecto estatal de ciudadanía, tanto si parte de un mismo bagaje como si no107.


El origen del nacionalismo palestino sigue el itinerario histórico del mismo movimiento árabe emergente en Oriente Próximo. Registra sus diferentes fases de predominio otomanista, arabista, pansirio y local, siendo esta última vertiente la que finalmente se impuso en toda la región108. Pese a su inicial atractivo e indudable fuerza movilizadora, el nacionalismo panarabista quedó rebasado por la preponderancia del nacionalismo de base local o estatal. El actual sistema interestatal árabe es su mejor ejemplo.
En el desarrollo del movimiento nacional palestino cabe advertir dos grandes periodos. El primero abarca desde finales del siglo XIX hasta la primera mitad del XX. Esta fase se corresponde con la era del imperialismo europeo, lleno de aventuras y criaturas coloniales, entre las que destacó el sionismo en la región de Oriente Próximo. El movimiento sionista, bajo los auspicios del Mandato británico, protagonizó la colonización judía de Palestina durante el periodo de entreguerras. Frente a sus planes coloniales y a la complicidad neocolonial británica se opuso el movimiento nacionalista árabe-palestino. La versión israelí sobre la emergencia del nacionalismo palestino se reduce, primero, a que es una mera reacción al sionismo y, segundo, a que la identidad palestina es efímera o de muy reciente aparición. En su empeño por conquistar un territorio habitado, el sionismo no sólo acometió la limpieza étnica de la población árabe de Palestina, sino también intentó borrar todo vestigio de su presencia histórica e identitaria.
Sin duda, el proyecto colonial sionista fue un punto central de atención e inquietud del movimiento nacionalista palestino, pero no su creador. La emergencia del nacionalismo palestino es anterior. Responde a un proceso de concienciación nacional y nacionalista en las provincias árabes del Imperio otomano109. Una vez desaparecido dicho Imperio tras la Primera Guerra Mundial y reemplazado su dominio territorial en Oriente Medio por el europeo era lógico, por tanto, que los movimientos nacionalistas de la región centraran sus demandas en los nuevos poderes coloniales. En el caso del movimiento palestino, además del mandato británico, se sumaba la pugna con el sionismo por el control de su territorio.

El segundo periodo comprende desde la segunda mitad del siglo XX hasta finales de la misma centuria. El punto de inflexión entre ambas etapas es 1948, el año de la catástrofe o Nakba. Durante esta fase tuvo lugar la desaparición de la identidad palestina, pero también su reemergencia. Palestina fue borrada del mapa geopolítico mundial. No había ninguna entidad que pudiera ser señalada como Palestina al igual que antaño, aunque estuviese dominada por un poder foráneo. Su nombre y su lugar en la geografía política universal fue reemplazado por el de Israel. Del mismo modo, su historia fue reescrita por la versión oficial de los vencedores: por el incipiente Estado israelí y por las grandes potencias que apoyaron su emergencia, Gran Bretaña y Estados Unidos principalmente. La existencia palestina, individual y colectiva, fue negada. Para la primera ministra israelí, Golda Meir, no existía ninguna cosa equivalente a palestinos, por lo que llegó a afirmar que: “Ellos simplemente no existen”. Además de negada, la identidad palestina fue suplantada y falseada. El desafío palestino era ingente, afirmar su existencia mediante la reconstrucción de su negada identidad.




La reconstrucción de la identidad palestina

La identidad palestina parte de una doble definición: una generalista y otra particularista. Por una parte, la generalista se asienta sobre las identidades transnacionales del panarabismo y del panislamismo. En esta tesitura, la identidad palestina quedaría englobada dentro del mundo árabe e islámico. Esto es, su referencia identitaria sería de base étnico-cultural (árabe) y socioreligiosa (islámica). En consecuencia, los palestinos son árabes y, en su gran mayoría, musulmanes. Evidentemente, aquí la religión no debe ser entendida como un sistema de creencias, sino como parte del patrimonio cultural. De esta manera se permite la integración de aquellos árabes no musulmanes o, en este caso, de la minoría cristiana existente en Palestina, considerados también como cristianos árabes de cultura islámica.


Por otra parte, la particularista se define por la historia política específica de los palestinos y de la lectura subjetiva que de la misma hacen éstos110. La especificidad de la historia contemporánea palestina tiene que ver, a su vez, con la colonización de su territorio, una colonización de asentamiento de población foránea que desplazó a la autóctona, ocupando su lugar y sus propiedades, llegando incluso a falsear su historia. El desplazamiento forzado de los palestinos o simplemente su expulsión directa, a “punta de pistola”, está actualmente documentado. Su veracidad no se pone en duda como en tiempos pasados. Sus fuentes principales no responden sólo a los testimonios directos de los palestinos, sino al trabajo de revisión de la “historia oficial israelí” realizado por los denominados nuevos historiadores israelíes111. Ahora bien, los testimonios orales palestinos sobre estos trágicos acontecimientos han tenido un indudable valor, tanto en la reconstrucción de la historia palestina como en la recreación de su identidad colectiva. De una generación a otra se han ido sucediendo dichos testimonios. Pero también se ha legado la llave de la casa y el registro de las propiedades que quedaron en Palestina, así como numerosas costumbres que reconstruyeron simbólicamente sus señas de identidad.
La desposesión palestina por las fuerzas coloniales israelíes se centró tanto en sus bienes materiales o tangibles (tierras, aguas, casas, muebles, joyas...) como intangibles (identidad e historia, principalmente). Su dispersión y exilio fragmentó la original comunidad árabe de Palestina en tres grandes bolsas de población. Primero, la que quedó dentro de las fronteras del Estado israelí, los conocidos como árabes-israelíes o, igualmente, los palestinos de 1948. Segundo, la que habitaba el resto del territorio palestino de la Franja de Gaza administrada por Egipto, además de Cisjordania y Jerusalén Este anexionados por Jordania en 1950. Territorios que, en su totalidad, pasarían bajo administración militar israelí desde su ocupación durante la guerra de 1967. Por último, tercero, la que deambulaba por los campos de refugiados de la diáspora instalados en los países árabes limítrofes a Palestina/Israel.
De estas tres grandes agrupaciones de población especial atención merecen los refugiados, sobre todo durante este periodo de reconstrucción de la identidad palestina en los campos de la diáspora. Fruto de la expulsión directa o de la huída forzada, entre unos 750.000 a 800.000 palestinos se transformaron de la noche a la mañana en refugiados112. Su asiento principal y teóricamente provisional fue establecido en Jordania, Líbano y Siria, países limítrofes a su tierra ahora ocupada. Originarios en su gran mayoría de las aldeas rurales en Palestina, el campesinado palestino sufrió un traumático proceso de descampesinización que no se correspondió precisamente con una dinámica de proletarización. Por el contrario, significó el desarraigo de su medio socioeconómico y político. Su desposesión fue material e identitaria113. No tenían más bienes que lo puesto y su identidad no gozó de reconocimiento político significativo ni valor jurídico alguno. Su desclasamiento social se expresó en su desplazamiento a la periferia urbana y socioeconómica de las sociedades de acogida. Los refugiados eran el último peldaño en la escala social del Levante árabe.
Particular relevancia adquirió la lectura palestina de su propia situación e historia. En concreto, su marginación y discriminación en los Estados árabes receptores, donde los refugiados fueron objeto de una sistemática exclusión sociopolítica y opresión económica. Su interpretación era que semejantes prácticas de segregación se debían principalmente a su condición de palestinos y no a que, como refugiados, formaban parte del último escalón en la estratificación social de los países receptores. En definitiva, se realizó una lectura política subjetivada, fuertemente nacionalista, en lugar de atender igualmente a la explicación socioeconómica o clasista. De esta manera se contribuyó muy decisivamente a mantener y recrear la identidad colectiva palestina en la diáspora.


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