Iv encuentro del consejo de rectores y representantes de la red marista internacional de instituciones de educación superior



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IV ENCUENTRO DEL CONSEJO DE RECTORES Y REPRESENTANTES DE LA RED MARISTA INTERNACIONAL DE INSTITUCIONES DE EDUCACIÓN SUPERIOR

Algunos sueños para el futuro
de las IES maristas

Quisiera empezar esta reflexión en voz alta saludando a todas las personas participantes en este IV Encuentro de rectores y representantes de la Red Marista Internacional de Instituciones de Educación Superior. Muchos de los que hoy estamos aquí estábamos también hace 6 años en Curitiba, participando en el primero de estos encuentros, en aquel momento con más interrogantes que respuestas. Creo que desde entonces se ha hecho un camino muy positivo, con frutos evidentes. Nos conocemos más y mejor; hemos empezado a colaborar y a trabajar juntos; hemos profundizado en la identidad de las IES en el seno del Instituto Marista.

Gracias, pues, por estar todos ustedes de nuevo hoy aquí y por la invitación que me han hecho a que les comparta mi reflexión.

El título asignado a esta ponencia en el programa del encuentro me pareció desde el primer momento muy ambicioso, ya que se me pedía hablar sobre “lo que espera el Instituto marista de sus IES”. Lo podía haber cambiado por “lo que espera el Superior general del Instituto marista de sus IES”, pero no quería que mis palabras sonaran como imperativos, sino más bien como una manifestación sencilla de lo que me dice la sensibilidad del corazón en relación con la educación superior; algunos sueños e intuiciones de un hermano entre hermanos, en sintonía con el documento Misión marista en la Educación superior, que se propone “suscitar un ejercicio de interpelación y discernimiento” que “sirva de guía para el camino y ayude a señalar con claridad la naturaleza, funciones y finalidad de la educación superior marista”1.

No traigo, pues, la palabra del Instituto, ni siquiera la del Consejo general, con el que trabajo, sino el deseo de compartir algunos sueños que nos conduzcan a un discernimiento del futuro de nuestras IES al servicio del carisma y la misión maristas.

“Somos del mismo material del que se tejen nuestros sueños”, afirma uno de los protagonistas de la obra “La tempestad” de Shakespeare. En efecto: “Somos lo que soñamos ser. La pregunta acerca de la identidad tiene pleno sentido. Ahora bien, soy un convencido de que la identidad nos viene dada por lo que somos, desde luego, pero sobre todo, por lo que queremos ser. Nuestra identidad se define más por nuestros proyectos que por nuestras realizaciones, más por nuestros sueños que por nuestra realidad”.2

Voy a compartir con ustedes, pues, algunos de mis sueños para las IES Maristas. Por ello, no voy a hablar de todo, de manera global, sino tan sólo subrayar algunos elementos que me parecen especialmente significativos en el momento actual. E invitar al diálogo y al compartir.


  1. UN PUNTO PREVIO: RAZÓN DE SER DE LAS IES MARISTAS

Antes de entrar a desarrollar cinco puntos de futuro en los que voy a detenerme más adelante, quisiera decir que asumo que todas las IES maristas se esfuerzan por ser coherentes con su Ideario, con aquello que afirman sobre sí mismas en sus documentos. En otras palabras, que trabajan para ser lo que dicen ser.

Estamos presentes en la educación superior católica y marista. En las últimas décadas, se advierte un movimiento significativo del Instituto marista para asumir frentes diferenciados de trabajo apostólico dentro de la educación superior, convencidos de la importancia de nuestra presencia en ese campo.

Pero tenemos la obligación moral de hacernos presentes con estilo propio, encarnando el carisma que nos identifica. Hacer lo mismo que hacen todos no vale la pena. Si aportamos algo es porque hay un hecho diferencial, es decir, que la presencia marista aporta algo que otras instituciones públicas o privadas no ofrecen. ¿Qué es lo que distingue a las IES?

Aunque nuestro reciente documento Misión marista en la Educación superior es un buen punto de referencia para responder a esa pregunta, no me resisto a ofrecerles un par de reflexiones.



En primer lugar, un hecho diferencial nos viene dado porque nos situamos en la tradición intelectual católica. Monika Helwig3 ofrece una serie de características propias de esa tradición, que encontré muy sugerentes:

  1. La conexión entre fe y razón. La necesidad de pensar en la coherencia entre la fe y los retos que se nos presentan a través de eventos seculares y de nuevos saberes de hoy. Esta práctica filosófica no se opone a la fe, ni la niega. La robustece.

  2. El aspecto acumulativo de la sabiduría. No nos limitamos a la Sagrada Escritura o al legado pre-Constantino. Cada época de la historia ha tenido hombres y mujeres que han respondido y que han entendido su fe en nuevas culturas.

  3. Preferimos un enfoque anti-elitista. Se requiere una gran humildad para aceptar que no sólo los intelectuales católicos buscan la verdad. No elitismo significa responsabilidad ante toda la comunidad cuando escogemos temas de investigación, escritores, recursos. No elitismo significa apertura a los no especialistas, a los menos dotados. No elitismo significa que hacemos la Universidad accesible a personas con menos medios económicos, los no privilegiados, los excluidos. Significa respetar todas las culturas.

  4. Somos comunidad. Esto significa que todos los grupos de afinidad y los grupos institucionales se abren a la misión general, creciendo hacia ser una comunidad que investiga y que enseña aquello que ha descubierto. Significa que todas las disciplinas desarrollan sus estudios con impacto social y que lo que aprendemos lo aplicamos para el bien común en la sociedad. Significa que nos preparamos para un servicio efectivo en las comunidades en las que viviremos en el futuro.

  5. Estos conocimientos y la sabiduría son para vivirlos. El desarrollo humano y el desarrollo profesional van a la par con el desarrollo espiritual. Todos estos saberes integrados no han de conducir a una vida madura de autosuficiencia y de repliegue sobre sí mismo, sino que debe llevar a una vida orientada al servicio de los demás, a partir de una filosofía de vida coherente que crea un sistema con sus prioridades, una jerarquía de valores, y una actitud de humildad.

  6. El principio sacramental. Una mirada a la historia y a toda la creación, como signo que apunta hacia otra realidad. Por la memoria recordamos y por la imaginación disponemos de lo que recordamos para dar nueva significación. La creación y la historia están llenas de miles de signos. La comunidad de memoria y de esperanza los reconoce, los celebra en relato, en arte, música, arquitectura y liturgia, y lleva a la contemplación.

Ahí tenemos, me parece, algunas referencias que pueden acompañar a nuestro discernimiento institucional, como Instituciones Católicas. Pero tenemos, también, en segundo lugar, las características propias como Instituciones Maristas. Misión marista en la Educación superior las recoge muy bien, y yo no voy a repetirlas aquí.

Me parece que en todo ello hay una fuerte llamada a ser coherentes, es decir, a fomentar la creatividad para incorporar nuestros valores diferenciales a nuestro currículum y aplicarlos a través de las metodologías, así como a nuestra manera de funcionar y de organizarnos.

He aquí la pregunta que nos podríamos hacer: “¿Por qué características queremos que se nos distinga?”. Y junto a ésta, hay otra pregunta paralela: “¿Por qué características se nos distingue hoy?”. La respuesta a estas dos preguntas nos dará nuestro nivel de coherencia con aquello que afirmamos querer ser.

Hace unas semanas puse la expresión “Aprender sirviendo” en el buscador de Google, y el primero de 768.000 resultados correspondió a la Universidad Marista de Mérida. Seguí el link propuesto, y allí pude leer que ese programa es “un pilar de nuestro Modelo educativo y parte del marco curricular de cada carrera o Programa Académico”. No sé cómo andará hoy la aplicación de ese programa, pero hace unos años, cuando tuve ocasión de estar en Mérida, me impresionó porque me pareció un esfuerzo extraordinario para aplicar nuestras características diferenciales a toda una Universidad. Por otra parte, ¿no les parece maravilloso que una Universidad Marista destaque dentro del mundo de Internet porque quiere enseñar a través del servicio?

“La actitud de María de ponerse en camino hacia la casa de Isabel para servirla, es una invitación a las instituciones maristas de educación superior para salir de sí mismas e ir al encuentro de quienes más las necesitan. Ese es el sentido de la extensión universitaria y de los programas de acción comunitaria, que asumen también significado cristiano. Al ultrapasar sus muros, la institución de educación superior marista, se pone en camino hacia los que son excluidos y marginados por la sociedad. El ejemplo de María nos interroga sobre si contribuimos a construir únicamente la ciudad de los hombres, o también la ciudad de Dios”4.

¿No es éste el tipo de excelencia por el que debieran luchar nuestras IES? Hace unos años, Michel Freyssenet, director de investigación en el CNR francés, decía en un artículo que la idea de considerar la universidad como un polo de excelencia es ridícula, escandalosa y excluyente. Y afirmaba: “No son polos de excelencia lo que se necesita, sino polos de cuestionamiento capaces de poner en marcha la inteligencia, la imaginación y el trabajo de los investigadores”5.

San Alberto Hurtado, el jesuita chileno, no andaba muy lejos de esa apreciación: “La primera misión de la Universidad es inquietar al mundo, y la primera misión del universitario es sentir esa inquietud, ese inconformismo frente al mundo prisionero, su deseo muy sincero de participar en la gran lucha humana… Nuestra vida entera al servicio de la justicia y de la libertad… Luchemos porque en el mundo la fuerza sirva a la justicia; porque en la tierra siempre viva la justicia y la libertad”6.

Empecé diciendo que daba por supuesto que todas las IES maristas se esfuerzan por ser coherentes con su Ideario, y creo que así es, aunque éste es un aspecto que corre el peligro de quedar en segundo plano. Frecuentemente, lo urgente acaba pasando por encima de lo verdaderamente importante.

¿Podrían las IES maristas establecer algún tipo de mecanismo de “control de calidad” a propósito de los principios que definen su identidad y hacer seguimiento de cómo se aplican concretamente, especialmente cuando éstos son contraculturales?


  1. CINCO SUEÑOS PARA EL FUTURO DE LAS IES MARISTAS

Como ya dije al principio, voy a detenerme en cinco aspectos que me parecen importantes actualmente para el futuro de las IES maristas, a la luz de las llamadas del último Capítulo general y de mi conocimiento del Instituto marista. No pretendo ser exhaustivo, sino sugerir algunos cuestionamientos.

  1. Referentes en temas educativos y maristas

Se ha publicado hace poco el ranking académico de universidades del mundo. Se trata del ARWU 2010 (Academic Ranking of World Universities), conocido como ranking de Shanghai, que tiene en cuenta seis variables: alumnos y personal con premios Nobel u otras medallas académicas; investigadores altamente citados en 21 campos del saber; artículos en Nature & Science; artículos indexados en Science Citation Index; y desempeño académico per cápita de cada institución7.

El “ranking” de las universidades empuja a comparar, rendir cuentas y evaluar las políticas universitarias y competir. Unos los ven como una operación de marketing, otros valoran su papel en la internacionalización de la universidad o porque hace públicos los resultados y fomenta la ganancia en excelencia. Los rankings externos son incentivos bienvenidos, pero no miden la calidad de la docencia universitaria o su contribución al desarrollo socioeconómico del país. Muchos rankings, por otra parte, miden solamente un tipo de ciencia, y, en cambio, una universidad puede ser muy buena en otros ámbitos.

En nuestro caso, como maristas, ¿no debiera ser privilegiado todo lo relacionado con el campo educativo, como algo que nos es propio?; ¿no debiéramos sobresalir en el “ranking” de las Ciencias de la Educación?

Me decía una persona comprometida en una de nuestras obras educativas: “En varias oportunidades he manifestado mi extrañeza de que nuestra institución no sea un referente en temas de niñez, juventud y familia, siendo que trabajamos con ellos y para ellos. A menudo no conocemos a los destinatarios, desconocemos las circunstancias de su existencia y por tanto nuestra oferta educativa puede no ser relevante y pertinente para ellos”.

Creo que el Instituto Marista agradecería que sus IES tuvieran un lugar destacado en la producción de conocimiento, docencia, investigación y extensión en temas de niñez, adolescencia y familia.

Creo igualmente que se agradecería el hecho de que las IES fomentaran la investigación y difusión de las intuiciones pedagógicas de Champagnat y de sus hermanos para fundamentar la formación inicial y continua de docentes en los principios y valores maristas, en comunión con las llamadas del Espíritu al Instituto en estos últimos años. “Las instituciones maristas de educación superior cumplen un papel fundamental en la formación de profesores en la pedagogía marista específica. Tales profesores ejercerán en la propia institución o en otras escuelas del Instituto o del sistema educativo de los países que cuentan con presencia marista”8.

En efecto, el XIX Capítulo General nos llamó a empeñarnos en la revitalización del carisma marista. El XX comprobó que “muchos laicos se sienten atraídos por el carisma y el proyecto de Marcelino”9. El XXI nos convoca a suscitar el “nacimiento de una nueva época para el carisma marista” y, por ello, “sentimos la necesidad de desarrollar procesos que permitan a todos los maristas ser corresponsables de la vida, la espiritualidad y la misión”10.

Cabe señalar aquí las palabras del hermano Seán Sammon, recordándonos que el carisma de Marcelino Champagnat representa “mucho más que una asignación de tareas concretas que respondan a su sueño original [...]. El carisma de nuestro Instituto es nada menos que la presencia viva del Espíritu Santo. Dejar que el Espíritu actúe dentro de nosotros y por nuestro medio puede dar lugar a resultados sorprendentes”11.

Llegar a ser referentes en temas educativos y maristas. He ahí mi primer sueño.

¿Es muy ambicioso? Aunque el ranking ARWU, con el que empecé este apartado, quede muy lejos de nuestras realidades, hay una enseñanza que sí podemos aprender de su experiencia. Según ellos, las universidades que llegan más alto son las que se unen para trabajar con otras, como es el caso de la universidad de Manchester12. A nosotros corresponde sacar las conclusiones pertinentes.



2. Expertos en evangelización de los niños y jóvenes, y en educación solidaria

El hermano Seán Sammon, en su Circular de convocatoria del XXI Capítulo general, planteó a los maristas un reto interesante: “Llegar a convertirnos en los expertos de la Iglesia por lo que se refiere a la evangelización de los niños y jóvenes pobres, donde quiera que se hallen”13.

¿Dónde estamos como Instituto en relación a este reto?

En el informe del hermano Superior general y su Consejo al XXI Capítulo general acerca de cómo se había dinamizado y vivido en el Instituto la llamada del anterior Capítulo sobre la misión y la solidaridad, se afirma que “la llamada es absolutamente clara en su objetivo y no deja mucho lugar para las interpretaciones: Avanzar… en la cercanía a los niños y jóvenes más pobres y excluidos”. No obstante, la percepción recogida por los autores del informe es que “se dan entre los hermanos ‘profundas diferencias de opinión’ sobre esta cuestión”. La llamada pretendía unir y no dividir, “aunar fuerzas más que para gastarlas en discusiones estériles; todos estamos llamados a ‘avanzar… en la cercanía a los niños y jóvenes más pobres y excluidos, aunque no todos estamos llamados a hacerlo de la misma forma”, pues “no hay más que una sola misión, que se manifiesta a través de rostros y formas diferentes”14.

Los autores del informe reconocen que “se han dado avances significativos en el Instituto, en primer lugar a través de una progresiva identificación de hermanos y laicos con esa llamada, independientemente del lugar donde desarrollen su misión marista. Pero también se ha avanzado gracias a la creación de nuevas presencias al servicio de esos niños y jóvenes, así como a través del trabajo llevado a cabo en el seno de nuestras actuales instituciones: educación para la solidaridad, tanto teórica como práctica; mayor apertura en las admisiones a los centros, dando preferencia a los más necesitados; atención cuidada a alumnos con necesidades educativas especiales, etc.”15.

En el mismo informe se reconoce que “se han hecho esfuerzos notables para identificar nuestras obras educativas como centros de evangelización para los niños y jóvenes: dedicación de personas y medios a nivel provincial; establecimientos de equipos de pastoral en los centros; creación de materiales propios para la formación religiosa, celebraciones, retiros; evaluación de los centros siguiendo criterios de evangelización establecidos previamente; promoción de la pastoral juvenil, etc. Lamentablemente, todavía existen algunos lugares donde cuesta imaginar que la evangelización sea la prioridad y el corazón de nuestras obras educativas”16.

Finalmente, en la parte conclusiva del informe se afirma que “al destacar los avances hechos tanto en favor de la evangelización de los jóvenes como por una educación solidaria, consideramos que ambos aspectos, esenciales en nuestra misión, son retos permanentes que debieran vivirse como prioritarios en todas nuestras obras”17.

Una de las descripciones más completas de lo que la Iglesia entiende por evangelización es, sin duda, la que hizo Pablo VI en su exhortación apostólica una vez concluido el Sínodo de los obispos sobre la evangelización y que ha sido recogida textualmente en la Ex Corde Eclesiae (Constitución Apostólica del Papa Juan Pablo II sobre las Universidades Católicas). “Para la Iglesia no se trata solamente de predicar el Evangelio en zonas geográficas cada vez más vastas o poblaciones cada vez más numerosas, sino de alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la Palabra de Dios y con el designio de salvación”18. La propuesta es especialmente significativa para los ámbitos universitarios comprometidos en la evangelización.

Por eso mismo, “la pastoral en la educación superior no es un mero servicio de apoyo, sino la actividad a través de la que la institución declara de modo explícito su identidad”19. Tiene, pues, que ocupar un lugar destacado en el corazón de nuestras IES, ya que es la actividad que ofrece a los miembros de la propia comunidad la ocasión de armonizar las actividades académicas y paraacadémicas con los principios religiosos y morales, de modo que se integren la vida, la cultura y la fe.

Como nos recordaba la Conferencia de Aparecida, “es necesaria una pastoral universitaria que acompañe la vida y el caminar de todos los miembros de la comunidad universitaria, promoviendo un encuentro personal y comprometido con Jesucristo y múltiples iniciativas solidarias y misioneras”20.

Creo que hay una invitación muy seria a profundizar en lo que significa evangelizar en el contexto universitario, y también aquí la colaboración de unas instituciones con otras puede ayudarnos a hacer más luz.

Hay otro aspecto en el que creo que las IES podrían ayudar al Instituto marista. Se trata de la Pastoral Juvenil Marista (PJM). “En más de la mitad de las Unidades administrativas del Instituto, existe la Pastoral Juvenil Marista (PJM) de manera organizada y sistemática y, a menudo, con un largo recorrido. La experiencia nos dice que la PJM es un lugar privilegiado para la evangelización de los jóvenes, ya que trata de promover su crecimiento integral, acompañándoles en su camino para llegar a ser discípulos activos de Jesús”21.

Dentro de poco va a salir publicado un documento de referencia sobre la PJM. En su presentación, yo mismo he escrito: “El recientemente clausurado Capítulo general recogió de la Asamblea Internacional de la Misión Marista (Mendes, 2007), la afirmación de que “la evangelización es el centro y la prioridad de nuestras acciones apostólicas, proclamando a Jesucristo y su mensaje”. Creo firmemente que la PJM es un medio privilegiado para esa evangelización, aunque ciertamente no es el único. Por ello desearía que al final de nuestro mandato, en la celebración de los 200 años de la fundación del Instituto, los maristas de Champagnat pudiéramos ser reconocidos como “expertos” en PJM, como dije en mis palabras al final del Capítulo general. Quizás el objetivo pueda parecer muy ambicioso; no lo será si en todas las unidades administrativas hay un esfuerzo ya sea para hacer nacer o para continuar desarrollando la PJM”22.

¿Podrían las IES maristas colaborar en ese esfuerzo, ayudándonos a todos, por ejemplo, a comprender mejor el mundo de los jóvenes; o a profundizar en las bases y fundamentos de la PJM; o a encontrar las mejores metodologías adaptadas a las distintas realidades…?

En cuanto al segundo aspecto de esta evangelización, que podríamos llamar “educación solidaria”, permítanme que les recuerde un texto del P. Ignacio Ellacuría, rector de la UCA, que, como sabemos, firmó sus palabras con sangre: “Una universidad cristiana tiene que tener en cuenta la preferencia del evangelio por el pobre. Esto no significa que sean sólo los más pobres los que deban entrar a cursar sus estudios en la universidad, ni que la universidad deba dejar de cultivar toda aquella excelencia académica que se necesita para resolver los problemas reales que afectan a su contexto social. Significa más bien que la universidad debe encarnarse intelectualmente entre los pobres para ser ciencia de los que no tienen voz, el respaldo intelectual de los que en su realidad misma tienen la verdad y la razón, aunque sea a veces a modo de despojo, pero que no cuentan con las razones académicas que justifiquen y legitimen su verdad y su razón”23.

Con contundencia similar se manifiesta nuestro documento “Misión marista en la Educación superior”: “El sentido marista más radical de la educación superior se refleja (…) en su capacidad de responder al reto de contribuir de manera decisiva a la construcción de un mundo más justo y fraterno, donde se manifieste la compasión y misericordia en favor de los excluidos de los beneficios del desarrollo”24.

Yo mismo, en mis palabras al final del XXI Capítulo general, invitaba a todo el Instituto a hacer todo lo posible para seguir avanzando en el camino de poner al Instituto, prioritaria y visiblemente, al servicio de los niños y jóvenes pobres, cualquiera que sea el rostro de esa pobreza. En nuestras obras actuales, en obras nuevas… hacer todo lo posible”25.

Concluyendo, podemos hablar de la opción evangélica por el pobre como línea transversal en nuestras IES, pero también a través de opciones concretas que visualicen esa nuestra preferencia. De alguna manera, los dos siguientes puntos van a ser un desarrollo de este tema.



3. Expertos en la defensa de los derechos de los niños y jóvenes

El hermano Superior general y su Consejo, en el Informe de actividades entregado al XXI Capítulo general reconoce que “uno de los frutos más sobresalientes de este tiempo de reflexión (elaboración de un Plan Estratégico) fue el compromiso efectivo en favor de la defensa de los derechos del niño, en nombre del Instituto, como tarea primordial para el BIS (Bureau Internacional de Solidaridad). Con esta finalidad, se nombró en 2005 al H. César Henríquez como ‘Delegado de promoción y defensa de los derechos del niño’ ante el organismo correspondiente de las Naciones Unidas, con sede en Ginebra; seguíamos una recomendación del XX Capítulo general, que animaba a ‘la representación ante organismos internacionales de educación y solidaridad’. El nuevo delegado pasó a residir en esa ciudad en septiembre de 2006, incardinándose en una comunidad de la Provincia de l’Hermitage”26.

“Todo el equipo del BIS (Roma y Ginebra) ha trabajado con ilusión y entusiasmo para que la FMSI pudiera ser creada y reconocida, y actualmente están apoyando con mucha creatividad los primeros pasos de esta nueva ONG marista, que representa a todo el Instituto”27.

Lo que empezó como una decisión del Consejo general fue corroborado por los hermanos y laicos reunidos en Mendes, quienes, en su documento final proponen trabajar “en defensa y promoción de los derechos de los niños”28.



Y ésta ha sido, de manera muy clara, una opción del XXI Capítulo general: “Nos sentimos impulsados a actuar con urgencia para encontrar estilos nuevos y creativos de educar, evangelizar, defender los derechos de los niños y jóvenes pobres, mostrándonos solidarios con ellos”29. “Acordémonos de María y José huyendo rápidamente a Egipto para proteger al niño Jesús. Esta imagen nos inspira a convertirnos en expertos y defensores de los derechos de los niños y jóvenes de manera valiente y profética en los foros públicos. Nos sentimos impulsados a desafiar las políticas sociales, económicas, culturales y religiosas que oprimen a los niños y jóvenes. Ahora es el momento para todos nosotros de unirnos a los esfuerzos de la Fundación Marista para la Solidaridad Internacional (FMSI)”30. Entre sus propuestas de acción consta la de “promover los derechos de los niños y jóvenes desde todos los ámbitos de nuestro Instituto, defendiendo estos derechos ante los gobiernos, organizaciones no gubernamentales y otras instituciones públicas”31.

Actualmente, como probablemente saben, nuestro nuevo Delegado en Ginebra es, desde hace algo más de un año, el H. Jim Jolley, de la provincia de Melbourne. El actual Consejo general, en su voluntad de subrayar su compromiso con esta nueva expresión de la misión del Instituto, ha nombrado a un nuevo hermano para ese trabajo, el H. Vicente Falqueto (Brasil Centro Norte), y ha pedido al H. Manel Mendoza (L’Hermitage), que ya estaba en la comunidad de Ginebra, que trabaje también a tiempo completo en ese servicio. Tenemos pues, en Ginebra, una comunidad de 4 hermanos con la misión explícita de promover la defensa de los derechos de los niños y jóvenes, 3 de los cuales trabajarán a tiempo completo para ello.

El hermano Seán Sammon nos recordaba en una de sus circulares que “nuestras instituciones tienen el potencial de ser medios poderosos de cambio social”32.

¿No les parece que la defensa de los derechos de los niños y jóvenes es una manera concreta de expresar nuestro compromiso en línea con la opción evangélica por el pobre?

Creo que aquí se abre un campo de acción muy grande para nuestras IES, con muchas posibilidades. Permítanme sugerirles algunas iniciativas, aunque sé que su creatividad será capaz de ir mucho más allá y mucho más profundamente:


  • Como primera acción y más importante, asegurarse de que las Universidades tienen un “enfoque” basado en los Derechos Humanos tanto en su filosofía como en su organización; y en lo que se refiere a los niños, guiados por los 4 grandes principios de la Convención de los Derechos de los Niños: la no discriminación; la dedicación al interés superior del niño; el derecho a la vida, la supervivencia y desarrollo; y el respeto por los puntos de vista del niño.

  • Ofrecer alguna titulación sobre el tema, como ya está haciendo alguna de nuestras IES, por ejemplo el “Diploma en derechos y necesidades de las niñas, niños y adolescentes”.

  • Promover campañas públicas que ayuden a sensibilizar sobre el tema de los Derechos Humanos, especialmente de los Niños.

  • Si no lo están haciendo ya, ofrecer en las Facultades de Ciencias Políticas o Facultades de Derecho (u otras), unidades sobre los mecanismos de las Naciones Unidas, en los tratados sobre Derechos Humanos, etc.

  • Constituir un grupo de investigación de los derechos de los niños en los diversos países.

  • Establecer un “Observatorio de los Derechos Humanos” a través de la red de IES para monitorear lo que los Gobiernos están haciendo en el área de Derechos Humanos, especialmente de los niños.

  • Comprometerse con las ONG’s y los organismos de solidaridad maristas para el seguimiento de la “Revisión Periódica Universal” y las revisiones de los Tratados Internacionales, especialmente en Derechos de los Niños.

  • Etc.

Como ven, las posibilidades son enormes. En cualquier caso, lo importante es que seamos capaces, a nuestra medida, de colaborar para que podamos llegar a ser “expertos en la defensa de los derechos de los niños y de los jóvenes. Ojalá que dentro de ocho años, cuando miremos hacia atrás, podamos decir que el Instituto ha dado pasos muy significativos en esta dirección”33.

4. Establecer puentes de diálogo y reconciliación en nuestras sociedades

Tuve en mis manos recientemente algunos álbumes de fotos correspondientes a la historia de nuestros Capítulos generales. Se puede apreciar claramente, atendiendo sólo a la configuración de la sala, un cambio importante entre las dinámicas de los Capítulos celebrados antes y después del Concilio Vaticano II. Quien, en el futuro, mire las fotos del último Capítulo general, hablará también de una nueva época. Mesas redondas, todos al mismo nivel, uso de tecnología moderna… en una palabra: diálogo y consenso, o mejor todavía, diálogo fraterno. “Alrededor de una mesa redonda, la dinámica y la pedagogía de este Capítulo, nos han ayudado a vivir en escucha evangélica del otro para llegar en diálogo fraterno a tomar decisiones y a ponerlas en práctica”34.

A lo largo de este año (¡sí, ya hace un año que terminó el Capítulo general!) me pregunté más de una vez si ese cambio de metodología encerraba algún mensaje para el Instituto o se trataba simplemente de una cuestión técnica. A medida que he ido visitando el Instituto se ha ido confirmando en mí la certeza de que ese cambio es una poderosa invitación para que todos entremos en una dinámica de diálogo fraterno, con todas las exigencias que ello conlleva.

Las sociedades donde están insertas nuestras IES, especialmente en América Latina, están muy polarizadas y nos encontramos con grandes distancias entre las clases sociales. A menudo digo que un buen indicador de las diferencias sociales de un país es la altura de las vallas protectoras de las casas y propiedades. A mayor altura, más diferencia social. Y, ciertamente, en este mismo país donde estamos, creo que es obvio que nos encontramos con grandes muros, no sólo altos, sino además a menudo electrificados o con guardias armados.

Es evidente la falta de encuentro entre las personas, el miedo al pobre o al que es diferente, la ausencia de diálogo. En ese contexto, ¿no les parece profética la llamada del Capítulo a ser personas de escucha, diálogo, acogida, respeto…?

Sin embargo, la tendencia espontánea parece llevarnos a reproducir en el seno de nuestras provincias e instituciones, las divisiones sociales que existen en la sociedad. Hemos generado separación entre los que se hacen presentes entre las clases acomodadas y aquellos que se hacen presentes entre los más pobres. A menudo no hemos contribuido a superar esta división social sino que, más bien, la hemos reproducido entre nosotros. En lugar de ser profetas de unidad y reivindicar este profetismo, nos hemos limitado a reproducir el esquema social existente.

Decía el H. Seán en su Circular sobre la vida apostólica marista: “Como propietarios de entidades educativas, también nos hemos ido convirtiendo, país a país, en parte integrante del orden establecido, ganándonos el respeto en torno nuestro por la calidad de la enseñanza que ofrecemos. Con el respeto viene el privilegio, y con el paso del tiempo a muchos les cuesta desprenderse de esto último. En consecuencia, podemos sucumbir a la tentación de preservar las estructuras principales de las sociedades en las que estamos, incluso cuando el cambio sea más que necesario”35. Y esto creo que puede aplicarse a todas nuestras obras, independientemente del contexto social en que se encuentren.

¿Podemos cambiar esa tendencia? Claro que podemos cambiarla, siempre que nos hagamos conscientes de ella y estemos dispuestos a construir puentes de diálogo y de encuentro, primero entre nosotros mismos, y luego a nivel social.

Como Institución Marista tenemos el privilegio de estar presentes entre las distintas franjas sociales. Sí, dije privilegio, porque creo que así es. Aunque tiene que poder verse claramente en todas nuestras obras –y comunidades– nuestra preferencia por los niños y jóvenes que quedan en los márgenes de la sociedad, estamos realmente presentes ya, de hecho, entre las distintas clases sociales. ¿Por qué no usar esa presencia para facilitar el diálogo y el encuentro, para romper barreras en el seno de nuestras sociedades?

Sé que muchas de nuestras IES están ya llevando a cabo ese diálogo social, sea por la promoción de personas con menos recursos económicos, sea favoreciendo el acercamiento personal de muchos jóvenes de familias de clases medias o altas a barrios que desconocían totalmente. En esos encuentros personales es donde se gestan los cambios sociales que deseamos.

Edgar Morin usó recientemente la imagen de la metamorfosis para describir su propia posición y compromiso: “hay que comenzar de nuevo. De hecho, todo ha comenzado, pero sin que nos hayamos dado cuenta. Estamos en los comienzos, modestos, invisibles, marginales, dispersos. Pues ya existe, en todos los continentes, una efervescencia creativa, una multitud de iniciativas locales en el sentido de la regeneración económica, social, política, cognitiva, educativa, étnica o de reforma de la vida. Estas iniciativas no se conocen unas a otras; ninguna Administración las enumera, ningún partido se da por enterado. Pero son el vivero del futuro. Se trata de conocerlas, de censarlas, de compararlas, de catalogarlas y de conjugarlas para formar la vía nueva que podría conducirnos hacia la todavía invisible e inconcebible metamorfosis”36.

En este proceso de metamorfosis, afirma Edgar Morin, “la orientación despliegue-repliegue significa que el objetivo ya no es fundamentalmente el desarrollo de los bienes materiales, la eficacia, la rentabilidad y lo calculable, sino el retorno de cada uno a sus necesidades interiores, el gran regreso a la vida interior y a la primacía de la comprensión del prójimo, el amor y la amistad”37.

¿No es ésta una propuesta maravillosa a la que todos podemos apuntarnos?

5. Actuar como miembros de una sociedad globalizada

Éste es el quinto de los sueños que hoy quería compartir con ustedes.

“Hemos sido un Instituto internacional durante más de un siglo, -afirma el hermano Seán Sammon- pero no siempre hemos actuado como tal”38. Desarrollando esta idea, el anterior Consejo general decía en su Informe al Capítulo: “Ha sido interés del Consejo general el potenciar el sentido de pertenencia a un Instituto internacional, así como aprovechar las posibilidades que esa realidad nos ofrece. La Comisión de Misión, desde el convencimiento de que la internacionalidad es una riqueza que debe ser aprovechada, ha potenciado el trabajo en red a nivel continental… Podemos citar como ejemplos del trabajo en red en el área de la Misión, superando los límites geográficos de las Unidades administrativas, la consolidación de una Red internacional de Instituciones Maristas que trabajan en la Educación superior, así como la producción de un documento sobre su identidad y misión, y la oferta en común de un Postgrado sobre Misión y Espiritualidad Maristas a través de Internet para todo el mundo marista con el apoyo de las Universidades maristas de Brasil…; la creación de un equipo internacional para acompañar la Pastoral Juvenil Marista en las Américas; la constitución de un Equipo internacional para elaborar un documento orientador sobre la Pastoral Juvenil Marista para todo el Instituto, etc.”39.

Como ven, las IES maristas fueron citadas en el Informe del Consejo general anterior, lo cual creo que es un signo de su creciente implicación en la vida del Instituto a nivel internacional. Por ello, quiero aprovechar la ocasión para agradecerles su apertura y deseo de colaborar, así como su voluntad de contribuir a la vida del Instituto.

Fruto del caminar de todos estos últimos años, en que nuestra internacionalidad se ha vivido de una manera más intensa, los miembros del XXI Capítulo general reconocían una llamada a ser “hermanos universales, abiertos y disponibles para acoger la diversidad de nuestro Instituto. Interpelados para ir más allá de nuestras fronteras, dejándonos evangelizar por el otro”40. Y “como hermanos y laicos maristas que vivimos en el mundo globalizado de hoy, estamos llamados a tener un horizonte internacional en nuestras mentes y corazones”41.

Yo mismo les decía a los hermanos capitulares antes de que regresaran a sus casas: “Creo que hemos vivido como nunca este factor de la internacionalidad de manera abierta y profunda. Creo que es el gesto profético de que otra globalización es posible. Nos llevamos… esta tarea de la internacionalidad a nuestra casa. La pregunta es si estoy dispuesto a pagar el precio para que nuestro Instituto sea cada día más global, más solidario internamente, con una mayor interacción entre todos.”42 ¿Están también las IES dispuestas a pagar ese precio?



A mí me parece que, en este campo, hay al menos dos aspectos en los cuales las IES maristas debieran continuar trabajando: en primer lugar, su oferta de servicios al Instituto (sobre lo cual ya hablé anteriormente, al hacer referencia al Postgrado en Misión y Espiritualidad Maristas, o a través de muchas de las sugerencias incluidas en los cuatro puntos anteriores), y, segundo, su propia manera de organizarse, como Red internacional, para colaborar y trabajar juntas.

Es cierto que esa Red incluye Instituciones muy diversas. No todas hablan el mismo lenguaje ni tienen los mismos recursos. Creo que la Red debiera dejar de ser simplemente una asociación de encuentro y de compartir fraterno, para crear, a partir de lo que ya tenemos, una estructura que permita afirmar, apoyar y transformar efectivamente la misión educativa en este nivel educativo, a partir de nuestra fidelidad a la herencia de Champagnat.

Creo que no debemos dejar pasar esta hora y la posibilidad que tenemos de crear una Red más coherente y efectiva. No les invito a crear una superestructura pesada que controle y que paralice, que exija grandes recursos, pero entre esto y que todo dependa de la buena voluntad de algunas personas, probablemente hay algún camino intermedio que, estoy seguro, ustedes sabrán encontrar.

Conclusión

En el horizonte cronológico se insinúa ya la meta de nuestro segundo centenario de vida como Instituto. Puede ser un referente para nuestras iniciativas y un momento importante de evaluación de nuestro camino. También, por supuesto, para las IES maristas.

Sabemos bien que ninguna de nuestras Instituciones es inmune a la tentación del elitismo, del crecimiento insostenible, de aparentar lo que no somos, de contentarnos con una excelencia de tipo empresarial. Por ello, estamos llamados a una constante revisión de nuestro ser y actuar, a la luz de la misión que nos ha convocado. Esto implica, me parece, que debemos estar más intencionalmente conscientes de esa misión, al menos con la misma intensidad con la que atendemos a la calidad académica y a los recursos financieros para la obra. La excelencia evangélica es la que nos debe distinguir, y para continuar trabajando en ella me he atrevido a compartir con ustedes algunos de mis sueños.

Empecé citando a Shakespeare: “Somos del mismo material del que se tejen nuestros sueños”. Quisiera terminar trayendo las palabras del gran Albert Schweitzer, quien quizás pudiera ser un buen modelo para quienes trabajan en el mundo de la educación terciaria, tanto por la calidad de su investigación y de su práctica, como por la coherencia de su vida:

“Cuando era joven oía conversaciones entre los adultos que me llenaban de tristeza. Reconocían aquel idealismo y entusiasmo de juventud como un bien precioso que no tuvieron más remedio que dejar atrás. Temí que también yo, algún día, miraría hacia mi pasado con esa misma carga de añoranza. Y me hice el firme propósito de no someterme a la trágica necesidad de convertirme en un hombre razonable. Desde entonces he intentado orientar mi vida guiado por ese voto que, surgió así en un arranque de juventud.

Los adultos se esfuerzan en hacer ver a los jóvenes que aquello que aman y desean no son más que ilusiones. Pero yo he entendido que hay otra manera de salir en ayuda de los jóvenes en su inexperiencia. Es cuestión de animarlos a fortalecer y a desarrollar aquellas ideas que laten en su corazón. La persona madura de verdad, la persona "hecha", certifica que el idealismo juvenil es un precioso tesoro que no hay que abandonar por nada del mundo. Todos pasamos por instantes en los que parece que la vida pueda arrancarnos el entusiasmo y la fe en el bien y la verdad. Pero nada nos obliga a sacrificarlos. Si el ideal queda derrotado ante la embestida de la realidad, no quiere decir eso que aquel ideal fuera falso sino que estaba falto de fuerza; no quiere decir más que no era todavía lo suficiente explícito, puro, ni lo bastante arraigado en nuestro corazón.

La fuerza del ideal puede llegar a ser incalculable. Los ideales son pensamientos; mientras los mantenemos sólo a nivel mental su fuerza interna no es operativa, aunque le pongamos ilusión. Sólo alcanzan operatividad cuando esos ideales se encarnan, se enraízan, en un ser humano que ha trabajado por purificar sus sentimientos.

La lección vital que los adultos deberían poder transmitir a los jóvenes no será: ‘la realidad barrerá pronto tu idealismo’, sino ‘¡que tu ideal se fortalezca tan profundamente en tu interior que nada en esta vida pueda arrebatártelo nunca!”43.



Ese es mi deseo también para cada uno de ustedes.

Muchas gracias, y que Dios les bendiga.



Porto Alegre, 7 de octubre de 2010

H. Emili Turú,
Superior general


1 Misión marista en la Educación superior, Introducción.

2 ROMERO RODRÍGUEZ SJ, José J. (2007), "Misión de una Universidad jesuita: retos y líneas de futuro", en Revista de Fomento Social nº 247 (julio-septiembre 2007), pp. 393-418.

3 Cfr. AA. VV.: “Examining the Catholic Intellectual Tradition”, Sacred Heart University Press, 2000. La aportación de Monika K. Hellwig se titula: “The Catholic Intellectual Tradition in the Catholic University” y puede encontrarse en http://www.sacredheart.edu/pages/2525_cit_in_the_catholic_university.cfm


4 Misión marista en la Educación superior, 32

5 « La recherche, sport collectif : conditionner la recherche au résultat, c'est malmener le processus de la découverte ». Libération, Rubrique Rebonds, 20.10.2004

6 Citado en AA. VV., “Crónicas de una Iglesia liberadora”, LOM Ediciones, Santiago de Chile, 2000, p. 204.

7 http://www.arwu.org/

8 Misión marista en la Educación superior, 25.

9 Optamos por la vida, 10.

10 INSTITUTO DE LOS HERMANOS MARISTAS. ¡Con María, salid deprisa a una nueva tierra! Documento del 21 Capítulo general, p. 21.

11 SAMMON, Seán. Dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar - La vida apostólica marista hoy, p. 29.

12 La Vanguardia de Barcelona, 11 de septiembre de 2010.

13 SAMMON, Seán. Convocatoria al XXI Capítulo general de los Hermanitos de María, fundados por Marcelino Champagnat, p. 36

14 Informe del hermano Superior general y su Consejo al XXI Capítulo general (2009), p. 56-59

15 Informe del hermano Superior general y su Consejo al XXI Capítulo general (2009), p. 56-59

16 Informe del hermano Superior general y su Consejo al XXI Capítulo general (2009), p. 59

17 Informe del hermano Superior general y su Consejo al XXI Capítulo general (2009), p. 97

18 PABLO VI, Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 19

19 Misión marista en la Educación superior, 21

20 V CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINO AMERICANO Y DEL CARIBE, Aparecida, 13-31 de mayo de 2007. Documento Conclusivo, n. 343.

21 Informe del hermano Superior general y su Consejo al 21 Capítulo general (2009), p. 59.

22 “Evangelizadores entre los jóvenes”, Documento de referencia para el Instituto Marista, 2010.

23 Ignacio Ellacuría, S.J., “La tarea de una universidad católica,” Discurso en la Universidad de Santa Clara, 12 junio 1982.

24 Misión marista en la Educación superior, 27.

25 H. Emili Turú, Superior general. Palabras en la clausura del XXI Capítulo general, Roma, 10 octubre 2009.

26 Informe del hermano Superior general y su Consejo al 21 Capítulo general (2009), p. 60.

27 Informe del hermano Superior general y su Consejo al 21 Capítulo general (2009), p. 61.

28 ASAMBLEA INTERNACIONAL DE LA MISIÓN, Mendes, 2007. Un corazón una misión. FMS Mensaje 38, p. 85.

29 INSTITUTO DE LOS HERMANOS MARISTAS. ¡Con María, salid deprisa a una nueva tierra! Documento del 21 Capítulo general, p. 40.

30 INSTITUTO DE LOS HERMANOS MARISTAS. ¡Con María, salid deprisa a una nueva tierra! Documento del 21 Capítulo general, p. 23.

31 INSTITUTO DE LOS HERMANOS MARISTAS. ¡Con María, salid deprisa a una nueva tierra! Documento del 21 Capítulo general, p. 41.

32 SAMMON, Seán. Dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar - La vida apostólica marista hoy, p. 60

33 H. Emili Turú, Superior general. Palabras en la clausura del XXI Capítulo general, Roma, 10 octubre 2009

34 INSTITUTO DE LOS HERMANOS MARISTAS. ¡Con María, salid deprisa a una nueva tierra! Documento del 21 Capítulo general, p. 14

35 SAMMON, Seán. Dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar - La vida apostólica marista hoy, p. 82

36 EDGAR MORIN, Elogio de la metamorfosis, El País (31-8-2010).

37 EDGAR MORIN, Elogio de la metamorfosis, El País (31-8-2010).

38 SAMMON, Seán. Carta de convocatoria de la Conferencia general de 2005, pág. 12

39 Informe del hermano Superior general y su Consejo al 21 Capítulo general (2009), p. 62

40 INSTITUTO DE LOS HERMANOS MARISTAS. ¡Con María, salid deprisa a una nueva tierra! Documento del 21 Capítulo general, p. 19

41 INSTITUTO DE LOS HERMANOS MARISTAS. ¡Con María, salid deprisa a una nueva tierra! Documento del 21 Capítulo general, p. 40

42 H. Emili Turú, Superior general. Palabras en la clausura del XXI Capítulo general, Roma, 10 octubre 2009

43 Albert Schweitzer : « Souvenirs de mon enfance », Librairie Istra, Paris, 1951

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