Jamas lei a onetti



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JAMAS LEI A ONETTI

Por supuesto, uno de los aspectos más valiosos de la colección,

que archiva la biblioteca son los manuscritos,

pero hay un papel dentro de esos manuscritos,

que es para mí, fascinante.

Es un mapa de Santa María,

hecho por el propio autor y,

en realidad, desechado

considerando que no reflejaba la Santa María real,

por no decir ficticia.


Onetti dijo alguna vez:
Santa María no existe más allá de mis libros,

si existiera realmente,

si pudiera vivir o viviera allá,

inventaría una ciudad llamada Montevideo”.
Yo creo que en realidad podemos invertir los términos y decir,

si yo viviera en Buenos Aires o, en Montevideo, o en Madrid

inventaría una ciudad llamada Santa María.
Es una necesidad fundamental de asentar su ficción

en un territorio ficticio,

una ciudad imaginaria,

como le llamaría su tan influyente amigo y maestro de pintura Joaquín Torres García.

Este mapa no refleja realmente Santa María,

y el propio Onetti lo reconoció.


Es imposible, porque según las novelas cambia la relación de los lugares,

pero es muy interesante verlo y estudiarlo.

Y verlo, además, como preside el río

preside en forma recta pese a la descripción de la ciudad.

Vamos a empezar con la plaza, la fuente.

Es fundamental una fuente, en las plazas.

Aquí es donde detuvieron a Brausen, por ejemplo.

Aquí es donde pasaron muchas cosas, en esta plaza.

El la describe como una plaza que tiene dos diagonales,

como casi todas las plazas de las ciudades del interior.

Frente a la plaza pasan casi todas las cosas más importantes de esta ciudad, por ejemplo

está el Hotel Plaza, está el Bar Plaza,

donde se juntaban esos muchachos.

La Moncha que se paseaba con su vestido de novia.

Buenas noches.
Hola, buenas noches.
¿Qué tal?
¿Dónde se dirige, el señor?
A Plaza de España me han dicho,

no sé si está bien dicho así.


Si correcto, Plaza de España, no está demasiado lejos,

Ud. no es de Madrid por su acento.


Estoy recién llegado de Montevideo, Uruguay.

Primera vez que estoy por aquí!


Ud. se me parece a un famoso.
No me diga.
Si, se me parece a Andrés Calamaro,

¿No será por casualidad?


Andrés Calamaro, no, no ese hombre es medio haragán,

habrá hecho dos o tres canciones a lo largo de toda su vida.


Ud. disculpe que lo haya confundido con él.
Mucho mayor que yo además.
Es que sí, un poco físicamente se parece.
¿Si le parece?

Ahora que te tengo,

quiero que me cuentes

sobre el documental y la música tuya.


Bueno, está todo todavía en proceso, ¿no?
Si.
Pero con unas cuantas cosas bastante adelantadas.

En este caso he preparado, y he traído de Montevideo,

a medio hacer una canción especialmente escrita para el documental,

que la estoy trabajando.


Es una historia bastante extensa

de un grupo de gente que cree que hay que salir,

a la vida, a la aventura, buscar el horizonte

y en eso se pasan la vida entera,

hasta que descubren que

que quizás, la noche es eterna,

como dice en un momento la canción.

por más que prendieran minúscula y breve



la tenue linterna.”

Bueno, y terminan diciendo que también

ser cauto requiere coraje, en la vida.
Si, si.
Algo por el estilo habla la canción.
Después también estoy trabajando en partes instrumentales,

atmósferas musicales, fragmentos de cosas

para varios instrumentos

Camerístico, no.


Si.
¿Esa es tu letra?
Eso, sí.
¿Puedo verla?
Bueno, sí. A ver. Acá tenés.
Tengo cantidad de carpetas de estos.

Estos son ejercicios que hago.


Si.
Por mi vicio que te contaba de copista.

Me gusta ver la música escrita.

¡Muy linda esta letra!
Más o menos.
Bueno, esta letra, estas notas.

La verdad es que en este centenario de Onetti

todo me suena a Onetti.

Los que le quisimos tanto y, somos tantos

los que le quisimos mucho,

vemos en muchísimas cosas de la vida,

y no sólo de la literatura, la sombra de Onetti.
El otro día me pidieron, para mi periódico, para El País,

un artículo sobre Montevideo.

La primera visión que me vino a la memoria

es la de un bar de la ciudad,

donde un hombre limpiaba obsesivamente

los vasos y yo entré.

Aquel era un bar polvoriento,

parecía un bar de Santa María,

el lugar donde Onetti creó la fantasía de su propio país literario.

Y le dije al hombre: “¿Me podría Ud. dar un vaso de agua?

y el tipo me dijo: “Este bar está cerrado”.

Y a mí me pareció paradójico.

y le dije: “ ¿Cerrado desde cuándo? ”

y me dijo muy seriamente,

con esos ojos tristes de los montevideanos,

“Está cerrado desde hace un siglo”.

Yo siempre guardé en mi memoria,

esa frase, ese lugar, ese ambiente

como un síntoma de Montevideo.
y no sólo de Montevideo, de la literatura de Onetti,

que está cubierta como las pinturas de José Hernández,

el pintor español nacido en Tanger,

como de una pátina de vejez,

está palpitando debajo una vida,

pero hay una pátina de vejez,

y eso es Montevideo.
Cuando ya iba a escribir el artículo estaba releyendo Rayuela,

y me encontré con un diálogo sobre Montevideo de la Maga y Gregorovius,

y decía Gregorovius, el ruso:
A mí me suena raro el Uruguay, Montevideo debe estar lleno de torres,

de campanas fundidas después de las batallas.

No me diga que en Montevide no hay grandísimos lagartos a la orilla del río.

Por supuesto, dijo la Maga, son cosas que se visitan tomando el ómnibus a Pocitos”.
y fíjense, Pocitos es la playa a la que iba Onetti,

de joven y de mayor.

Allí lucía las canillas blancas,

que él decía, que le mordía la Biche

cuando estaba en Madrid, en el exilio,

al que lo arrojó una decisión de la dictadura uruguaya.

Con esas imágenes, con las de Córtazar y con las de aquel bar

construí la imagen de Onetti.

Y había una foto, hay una foto, en la que Onetti

preside los 200 y pico metros cuadrados de la fachada o

de la azotea del Teatro Solís y

esta es la ilustración de este artículo que es muy simbólico de Onetti

mirando sobre Montevideo.

Tiene un detalle, además,

que esta fotografía fue tomada en los años ´50 por Menchi Sabat,

uno de los grandes dibujantes y artistas montevideanos que vive en Buenos Aires

trabajando desde siempre para Clarín.

Buenas Noches.


Hola.
Ta, ta bien, así con la espumita.

Bueno, gracias.


Siempre tuve miedo de dormir antes que ella,

sin saber la causa.

Aún adorándola, era algo así como dar la espalda a un enemigo.

No podía so­portar la idea de dormirme y dejarla a ella en la sombra,

lúcida, absolutamente libre, viva aún.

Es­peré a que se durmiera completamente, acaricián­dola siempre,

observando cómo el sueño se iba ma­nifestando por estremecimientos repentinos

de las rodillas y el nuevo olor, extraño, apenas tenebroso, de su aliento.

Después apagué la luz y me di vuel­ta esperando,

abierto al torrente de imágenes.

 Pero aquella noche no vino ninguna aventura para recompensarme el día.



Debajo de mis párpados se repetía, tercamente, una imagen ya lejana.

Era precisamente, la rambla a la altura de Eduardo Acevedo,

una noche de verano, antes de casarnos.

Yo la estaba esperando apoyado en la baranda

me­tido en la sombra que olía intensamente a mar.

El viento la golpeaba en la pollera, trabán­dole los pasos,

haciéndola inclinarse apenas, como un barco de vela

que viniera hacia mí desde la no­che.

Entonces tuve aquella idea idiota como una obse­sión.

La desperté, le dije que tenía que vestirse de blanco y acompañarme.

Había una esperanza, una posibilidad de tender redes y atrapar el pasado y la Ceci de entonces.

Yo no podía explicarle nada; era necesario que ella fuera sin plan,

no sabiendo para qué.

Tampoco podía perder tiempo, la hora del milagro era aquella, en seguida.

Todo esto era demasiado extraño y yo debía tener cara de loco.

Se asustó y fuimos.

Varias veces subió la calle y vino hacia mí con el vestido blanco don­de el viento golpeaba haciéndola inclinarse.

Pero allá arriba, en la calle empinada,

su paso era distinto, reposado y cauteloso,

y la cara que acercaba al atravesar la rambla debajo del farol era seria y amarga.

No había nada que hacer y nos volvimos”.

Otro aspecto fascinante que tiene esta colección

es el hecho de que podemos tener acceso a lo último que escribió Onetti.

Está en una agenda del año ´93,

y en el día que corresponde al 19 de enero

de ese año, hay primero una anotación,

que está escrita en una letra que

no es la de él, lo más probable,

que está fechada Sábado 27 de mayo del ´93
y dice: “ Tal vez mi sensación luctuosa nazca del derecho a escribir las últimas palabras de mis libros experimenté siempre una sensación de adiós. Que se las arreglen, nunca lo leeré, ni corregiré pruebas de imprenta.”
Que esto esté en la última página,

para todo el investigador que toque la colección

que tenemos de manuscritos, es fabuloso,

porque nos encontramos con una modalidad de creación

donde era la mano que empuñaba

un lápiz, una birome, una lapicera y, que

escribía sobre una agenda, casi sin correcciones.

Más que nada, la corrección más típica que tiene,

que se puede ver siempre es el tachado,

el despojar palabras del texto,

más que cambiarlas, aunque a veces también las cambia.

Un creador que se mantuvo siempre fiel

al contacto del papel y la lapicera.

Importa muchísimo este detalle,

porque se está realmente ante un original de Onetti.

Y sí, esta es la plaza Brausen,

Brausen fue el fundador de Santa Maria,

que seguramente peleaban en las batallas

de Calamuchita y no sé qué más.
¿Estaría a caballo Brausen? Eso me pregunto.
La casa celeste, él la describe de una planta,

pero habla de balcones.

Aquí es la casa donde seguramente,

muchos, pasaron noches preciosas.

Las chicas del barrio, las mujeres,

no queriendo tener esta casa en su pueblo,

eran una especie de manifestación en contra.
También me imagino los cuartitos del fondo,

con una especie de galería, con cuartos atrás

que es donde estaban las chicas atendiendo a los muchachos.
No nos olvidemos que aquí

se venía a hacer aquel ejercicio.

Entonces le voy a hacer como una especie de fondo con un patio.

Le puedo poner como una especie de santa rita, yo que sé,

si esto es una santa rita, pero…

y vemos la galería aquí adentro

que estan ahí las puertas de los cuartos.

Una vez cuando Onetti había

ya recibido el premio Cervantes

vivía en Madrid y yo en la costa catalana.

Un par de muchachos de la Universidad de Madrid,

que estaban trabajando en la tesis sobre Onetti

me pidieron que les hiciera el contacto

para hablar con él un rato, conocerlo.


Y, yo lo llamé a Onetti a Madrid

y le dije: “Mirá hay un par de chicos



parecen simpáticos, agradables,

no sé si querés recibirlos

Me dijo: “si como no, los recibo, si, si perfecto,



el jueves a las 4.”
El jueves a las 4 estuvieron ahí,

tocando el timbre en la Av. América, creo que 31,

si no recuerdo mal.

Ring, ring, ring, en la casa y,

nada, nada, nada.

Hasta que de repente se desliza

debajo de la puerta un papelito

con la letra inconfundible de Onetti,

y el papelito decía: “Onetti no está”.

Entonces los chicos me vuelven a llamar y

me dicen que les ha ocurrido esta ingrata experiencia

y yo lo vuelvo a llamar a Onetti

y le digo: “Mirá no seas malvado,

si decís que los vas a recibir, recibilos,

si no, ya les digo que nada, que se olviden.”
No, no, lo que pasa es que no estaba de humor,

deciles que vengan mañana”
Ahí fueron, al día siguiente.

Otra vez ring, ring, ring y nada.

Por fin aparece Onetti,

más dormido que despierto,

con el torso desnudo,

el pantalón del pijama atado con piolín,

que los mira y les dice:
Discúlpenme que los reciba con dos dientes,

pero los otros se los presté al Vargas Llosa”

Es seguro que cada día estará más viejo,



más lejos del tiempo en que se llamaba.

El pelo rubio colgado en la sien,

la sonrisa que ilustró sus ojos

de cuando entraba silencioso en la sala,

murmurando un saludo o

moviendo un poco la mano

cerca de la oreja,

e iba a sentarse bajo la lámpara,

cerca del piano con un libro o,

simplemente , quieto y aparte, abstraído,

mirando durante una hora sin un gesto en la cara,

moviendo de vez en cuando los dedos para manejar el cigarrillo

y limpiar las cenizas de las solapas de sus trajes claros.

Igualmente lejos, ahora que llama Roberto,

y se emborracha con cualquier cosa,

protegiéndose la boca con la mano sucia cuando tose,

del vago que tomaba cerveza,

dos vasos solamente. la más larga de la noches,

con una pila de monedas de diez sobre su mesa de la cantina del club

para gastar en la máquina de discos.

Casi siempre solo, escuchando jazz,

la cara soñolienta, dichosa e impávida,

moviendo apenas la cabeza para saludarme

cuando yo pasaba, siguiendo con los ojos tanto tiempo.”

Supieron por fin que la noche es eterna.

Ahora son libres como si lo fueran.
Supieron por fin que la noche es eterna.

Ahora son libres como si lo fueran.


Supieron por fin que la noche es eterna.

Tinieblas sin cambio por más que prendieron,

minúscula y breve la tenue linterna.
Minúscula y breve la tenue linterna.

Estas son dos hojas de un magnolio,

que William Faulkner plantó en su casa de Roman Oaks, en Oxford, Mississippi.

Entonces un amigo mío,

que conoce mi afición me las trajo, y yo les puse un marco.
Yo creo que el secreto de OnettI,

por definición no se puede saber,

claro, porque es un secreto.
Pero lo que yo intuyo leyéndolo es que

en él hay como un doble movimiento.

Por una parte, el momento de la escritura

es un momento soberano,

es un momento que en el que está improvisando,

igual que un músico de jazz.

Cuando se le lee, en el momento que se lee,

se nota el swing, se nota el hecho

de que esa escritura está siendo inventada en ese momento,

no es la traslación de algo que está largamente preparado,

es algo que está sucediendo ahí.

Entonces, sabemos que Santa María

es una, en parte, es una invención

causada por la nostalgia de Montevideo,

es decir, Santa María es una manera de imaginar

Montevideo o alguna zona de Uruguay desde Buenos Aires

cuando Onetti no podía viajar de Buenos Aires

por unas restricciones de viaje que había impuesto no sé qué dictadura militar.

En una época eso lo contaba él,

lo contó bastantes veces.

Que no podía viajar, viviendo en Buenos Aires, no podía viajar a Montevideo

y en parte de esa nostalgia surgió la invención de Santa María.

Y Montevideo me pareció,

el reverso, un poco el reverso de Buenos Aires.

es decir, todo lo que Buenos Aires es tan enfáticamente,

Montevideo no lo es,

y hace de la necesidad o de la realidad hace virtud.

El énfasis tremendo que todo lo que tiene Buenos Aires

se convierte en Montevideo en contención,

en tono medio, en tono gris,

y a mí eso me gusta mucho,

creo que tiene mucho que ver con la escritura de Onetti.


En Onetti yo creo que hay dos cosas que lo definen mucho.

Una, el hecho de nacer en un país que es mucho más laico

y mucho menos clasista que la mayor parte de los países en ese momento

y el hecho de ser una persona de clase media baja,

de clase trabajadora,

que tiene que ganarse la vida desde muy joven,

que no tiene estudios universitarios,

y que conoce de verdad la pobreza y el hambre.

Igual que un hombre que ha conocido de niño la felicidad.

Esas dos cosas yo creo que lo marcan mucho,

porque siempre hasta en sus últimos escritos hay un recuerdo que se repite

que es el de que él y su mujer, muy jóvenes en Buenos Aires,

no tenían para comer y cuando los invitaba alguien a cenar guardaban el bollo de pan,

ella guardaba el bollo de pan en el bolso

para el desayuno del día siguiente.

Es una cosa muy seria.

La experiencia de la pobreza en la gran ciudad es una experiencia muy seria.

Experiencia de la que carecían por supuesto todos los escritores del círculo de Victoria Ocampo.


Hizo algunas preguntas y tomó una botella de cerveza, de pie en el extremo más sombrío del mostrador, vuelta la cara, sobre un fondo de Alpargatas, el almanaque, embutidos blanqueados por los años, hacia afuera, hacia el sol del atardecer y la altura violeta de la sierra, mientras esperaba el ómnibus que lo llevaría a los portones del hotel viejo.”
Este libro tiene su historia porque

lo encontré en Montevideo,

en la calle, en un puesto callejero.

Está firmado, no por una persona, sino por dos personas,

y no sólo una vez, sino muchas veces.

En la primera página y luego cuando empieza el texto

y a lo largo del texto,

entre capítulo y capítulo,

al final, es decir, parece que es un libro

en el que ha habido una experiencia compartida de lectura

entre un hombre y una mujer que se llaman José y Lucy.

Parece como una obsesión de la pareja

por marcar su presencia doble en la lectura del libro.

Y como es un libro que trata de una historia de amor tan peculiar

uno se hace preguntas.

Buenas Noches.

¿Qué se va a servir?
Cerveza.
Bien.
¿Quién es?
Juan Carlos Onetti. Es una entrevista que le hice hace muchos años.
¿Y ese perro?
Era un perro de él, que estaba ahí cuando yo lo entrevistaba.
¡Qué bueno!
Sí, es viejísimo esto.
¿Qué sería para ti saber envejecer?
Yo diría que… eso de saber envejecer

es una cosa que viene espontáneamente,

y viene de saber vivir,
Saber vivir...
Si tuviera que buscar un adjetivo,
¿Un qué?
Un adjetivo que reflejara

quién soy yo o quién fui yo,

sería indiferencia.

Mi reino no es de este mundo.


Mirá, decís que el artista es un hombre capaz de soportar que la gente cuando más próxima, mejor se vaya al infierno siempre que el olor a carne quemada no le impida seguir con su obra.

Y que en el fondo la última profundidad no da importancia a su obra

Es una descripción de vos mismo esa.
¿De qué? No entendí la pregunta

¿Me la repite, por favor?


Ahora vos sabes que me pasa una cosa curiosa.

Ahora que te volví a leer, de golpe tuve la total seguridad de que tus personajes se mueven como si todo ya estuviera escrito, en algún lado,

que no sé siquiera si es tu cabeza.
Yo te vuelvo a repetir, bajo palabra de de honor,

que jamás leí a Onetti.


Es fantástico eso que decís, es fantástico porque yo te creo eso.

Te creo.


¿Y por qué estás acá? ¿Para creer?

¿Para qué te voy a mentir?


No te creo porque lo digas, te creo porque me doy cuenta

porque lo siento,

porque lo sentía en el momento que fuimos amigos hace años.
¿Cómo que fuimos amigos?
Bueno… novios, cuando tuvimos aquella cosa tu nunca hiciste nada.
Estoy totalmente de acuerdo contigo.
Bueno… creo que yo te escribí una carta en la que te decía que al cabo del tiempo me alegra no haber tenido relaciones sexuales contigo.
Si.
Haber conservado tu amistad en ese plan.

Claro que yo te deseaba, vamos, no era impotente.

Además tu eras una ricura.
Che, Juan ¿Cómo empezás una historia?

¿De qué te agarras?

¿Cómo empezás?
Contame ahora una historia cualquiera.
Ya la conté tantas veces, estoy podrido.

Mi mejor amigo es Onetti, pero en literatura me tiene harto ya.

Cuando lo conocí, yo era un chiquilín.

Tendría 17 años, una cosa así.

Y era sobre todo periodista pero,

también quería escribir cosas que a veces no cabían, o

que no obedecían a la urgencia de los periódicos,

y se las llevaba y él las leía

y un día me preguntó: “ ¿Y vos escribís a máquina?”
y yo le digo: “si, yo escribo a máquina, estoy muy hecho al ritmo de trabajo de los diarios, escribo a máquina”
Ta bien, no es por meterme en tu vida, pero te estás perdiendo uno de los grandes placeres de este mundo: escribir a mano. El contacto de la mano con el papel, la mano que se desliza descubriendo palabras, peleando con las palabras.

Yo no es por meterme pero te digo

probá, probá y después me decís”.
Probé y nunca más escribí a máquina.

Por acá tenemos también la aduana,

pero vamos a tirar una línea de costa,

que va a ser más o menos una cosa así.

Por ahí vamos a hacerle que el río pegue una vuelta acá,

y aquí va a tener una playa.

Aquí podría estar, sería el astillero.

Debe andar más o menos por ahí.

También puede pasar que aquí en la zona está a unos metros del muelle del astillero,

esto también era importante porque acá está el astillero sin muelle…


Vamos también a tirar un barco hundido que aparezca ahí,

un espolón o un pedazo de fierro y sobresale, por acá también


En una de las casas, así chozas, ponía Farruru y Farruru era, quería decir, lugar donde se hace el amor.

Y Juan, tenía, en uno de sus libros, El Lanza dice “Quiero ir a Farruru” y

Juan un poco quería, también, buscar esta isla en el fin del mundo,

totalmente natural y terminar su vida ahí, pero no se animó nunca.

Pero lo más cercano que yo podía hacerle era hacerle la casita en Lagomar,

que era sobre un enorme lago muy cerca de Montevideo para que él se pudiera desplazar.

Y bueno, eso tuvo un final muy triste

porque a través de los años

¿Vos sabés toda la historia de cuándo Juan estuvo preso, no?
Me voy a sentar en la silla de Juan

hay muchas fotos de Juan en esta silla

Bueno, la historia de Juan preso,

yo creo que todo el mundo la conoce...

lo de Mancha y el concurso literario

y como terminaron todos presos.


Entonces como yo conseguí,

gracias a Felix Grande, a Juan Ignacio Tena y a Luis Rosales

que estaban acá y ya lo habían conocido a Juan en el ´74

cuando vinimos por primera vez.


Mandaron muchas advertencias a la jefatura de allá,

de que Juan era un hombre de una salud muy precaria, es verdad.

Y Juan se había puesto muy flaco,

tan flaco que se le veían las costillas

por lo que le había pasado.
Y al final lo trasladamos gracias a eso

a un loquero, pero un loquero particular,

que era muy caro,

que era donde se trataba la gente….


Y cuando salió de ahí después de tres meses, la cuenta,

porque tuvimos que pagar la cuenta claro,

era la casa de Lagomar.

La tuve que vender y chau se acabó.

y bueno… voy a tomar un poco de coca que estoy seca.

Bueno, vamos a hacer acá la estación de tren.

La estación de tren,

lugar donde llegó, por ejemplo,

el Junta con las chicas,

con María Bonita y con la Nelly.

Ellas esperaban un recibimiento impresionante,

y en la estación estaban sólo dos personas nada más,

el Tito, apoyado en unas bolsas de maíz,
prontas para ser subidas al tren
Acá la estación de trenes, en estos pueblos,

y en esos tiempos, que no tienen tiempo,

son fundamentales, así que vamos a tratar de hacerla

lo más elegante posible.

¡Pero mirelo, al hombre,

Madrileño de adopción!


Aqui estoy.
¿Qué tal?

¿Como te va?


Bienvenido.
Bueno, voy a pasar por aquí, ya vamos a pasar directo al grano.
Total, aquí estoy, muy instalado en Madrid.
Te veo.
¡Joder tío!
¿Viste que ciudad?
Es impresionante.
Y es lo que no me canso de repetir desde que llegué

a cada taxista, a cada mozo, a cada madrileño que puedo lo felicito.


Yo creo que tiene que ver el grado de exposición solar que tiene la ciudad.

¿Viste como suenan las guitarras?

La sequedad.

Las guitarras quedan como un diapasón,

y creo que las personas también,

se secan así y quedan como resonantes,

como si le quitaras el agua.
Ahora qué hago, si me siento tan bien acá?
Y venite a pasar una temporada aquí. Acá tenés donde quedarte, de verdad.

Por eso, aparte digo, está dicho como si estuviéramos solos en esta habitación.


Vos me conoces y sabés que no me puedo alejar mucho de allá abajo por mucho tiempo.

Bueno y luego de eso vinimos acá,

gracias a Tena.
Juan siempre se sentía un poco culpable

tantos inmigrantes que lo tuvieron muy mal

y él lo tuvo en bandeja.

Porque lo trajeron, le dieron una beca y al poco tiempo encontré esta casa.


Juan estuvo muy mal hasta que llegó acá,

Juan era muy hogareño,

Signo de cáncer y necesitaba un hogar.

Y yo reconstruí todo lo que teníamos en Gonzalo Ramirez

un poco acá.

Tanto que una amiga que vino de Buenos Aires,

‘Pero es la misma habitación’, dice
Sí traté de hacerla igual.
Y él se sentía cómodo acá,

y un poco se apaciguó.

Madrid está especialmente indicado para gente que viene

del territorio de la melancolía.


Totalmente.
Del territorio geográfico y anímico también,

en el sentido, de que es una ciudad que ya climáticamente

tiene una estabilidad,

por ejemplo, viste que desde que llegaste,

no sé si habrá llovido, puede que no.
No, nada.

El clima ha sido el mismo.


Pero si llueve, de repente empieza a llover y llueve.

El clima es absolutamente estable.

Yo creo que tenés sin lugar a dudas,

en una mañana montevideana,

tenés más variaciones de luz,

que las que tenés en una semana aquí.

Entonces Montevideo tiene esa cosa maníaco depresiva.

La luz a través del agua.

Cuando sale el sol en Montevideo, el color es inigualable,

no lo ves aquí.

No es una ciudad que tenga,

ni ese olor, ni ese color que tiene Montevideo,

pero la sensación de confianza que te da el hecho de que a la vuelta de una esquina no te vas a encontrar con una neblina que te atrape.
¿Te da confianza eso?
Te da una alegría
A mi Madrid me produce eso,

me da una alegría espontánea, irracional

y como un tono de base de acción,

de ganas de hacer cosas aparte.


Me ha dado por el lado de la inspiración también, un poco, un poquito.

con el tema este del documental.

Aunque estoy atrancado en algunas ideas también.
¿Ya estás haciendo la parte de la música?
Estoy haciendo cosas, sí.

Una canción, una larga canción que te quería mostrar,

incluso pedir alguna sugerencia,

que estoy muy atrancado.

Una canción a cinco partes.
Ah! ¿cómo aquella que hiciste?
No tan larga, espero
Te acordás de aquella que era como: “happiness is a warm gun…..” con 48 partes diferentes.

Decía “she´s not a girl….”

Cómo era esa la que tenía el carro y…
Esa.
Ciudad de la Plata.
Ciudad de la Plata, que empieza….
Espero que está no sea tan larga, pero ya tiene, mirá.
Yo siempre quise hacer una canción en cinco partes.
La subdividí en cinco partes, ¿por qué?

Porque estas dos estrofas tienen el mismo metro,

la misma melodía sirve para las dos.

Acá ya hay una estrofa.


Estas dos tienen…tienen el mismo metro.
Aquí ya hay una diferente, que quiero que funcione como estribillo,

como un coro que puede volver.

En esta tercera es diferente también la métrica.

Acá hay tres que son iguales que ya tienen música

y está última que también.

Aunque todavía hay problemas de letra, pero este…


Wow.
Y pienso grabarlas también en partes independientes,

como cinco canciones.


Che, Fernando, ¿cómo haces cuando escribís una canción en 5 partes así?

¿Qué haces?


Es que esto fue derivando, o sea, era mucho más larga.
¿Vas primero con la música o…?
No, la letra.
La letra primero.
Le fui sacando estrofas porque era tan larga,

que le fui sacando, sacando, podando, achicando,

y quedaron estas cinco.

Igual es larga, no.

Tengo por acá, por otro lado tengo las estrofas

que le fui quitando.


Che, pero decime, y ¿siempre que escribís empezás por la letra primero?
No siempre, pero…
Esta circunstancia es buenísima para preguntarte.
Un 80 o 90% de las veces empiezo con el texto,

y luego trabajo el texto meses.


Entonces como estoy tanto tiempo con el texto en la cabeza,

la música se va haciendo sola,

sujeta a la musicalidad del verso,

de las palabras, de los acentos.

Entonces cuando me quiero acordar,

la música ya está hecha.


Pero ¿El impulso de escribir es hacia un cuaderno, no hacia la guitarra?
No, un cuaderno, sí.
El impulso que decís…
Salvo ese 20%, ese que te digo, 15%

que viene primero lo música.

Pero si no yo trabajo la letra así como ésta,

en una carpeta que tengo,

yo que sé,

cincuenta letras,

todas a medio terminar

y voy trabajando con ellas.

Tomo una, tomo otra,

cambio una palabra, agrego una, quito,

y así meses, meses, años.

Hay canciones con las que he estado más de dos años.


Viajar a la locura y volver, tal vez.

Viajar a la locura y volver.

Tal vez fuera el fin de este viaje,

misión del temerario entender,

ser cauto …

cautela precisa coraje

a veces cautela es coraje

ser cauto requiere coraje

Algo así.
Ser cauto precisa coraje, está buenísimo.
Es una oda.
Está buenísimo viajar a la locura, es espectacular!

Ahí en el apartamento montevideano de Onetti,

en la calle Gonzalo Ramirez y después en la Av. América en Madrid,

muchas veces yo lo visitaba y él siempre fue cariñoso conmigo.

Tenía fama de puercoespín, pero era un falso puercoespín.

Y bueno, ahí nos quedábamos,

a veces horas,

él en su cama perpetua

siempre cara al techo,

explorando las manchas de humedad, fumando

y convidándome con un vino,

que en Montevideo era un vino de cirrosis instantánea

y después mejoró, mejoró bastante.

allá en Madrid.

Hablando poco, pero yo me sentía muy bien

supongo que él también porque sino me hubiera hechado

como solía hacer, por cierto, con otra gente.

Por suerte conmigo siempre fue muy abierto,

no me daba consejos muy estimulantes.

Yo estaba empezando a escribir, tendría unos 17 años, 18.

No eran muy estimulantes los consejos, la verdad sea dicha.

Me decía por ejemplo: “mirá pibe si Beethoven hubiera nacido en Tacuarembó hubiera llegado a ser director de la banda del pueblo”.

Pero en cambio matizaba los silencios con frases terroristas

como: ‘Yo era tan rojo, tan de izquierda...’

frases por el estilo.

Una que recuerdo ahora pero eran muchas que lanzaba

así como proyectiles de provocación para ver como reaccionaba yo

y yo impávido.

Poniendo cara de Onetti, escuchaba a Onetti diciéndome:

Mirá pibe, la cosa se jodió el día que los milicos y las mujeres aprendieron a leer”.


Y yo callado,

porque además Onetti me dio algunas lecciones,

que jamás olvidé sobre el oficio de escribir.

Una, la más importante,

él decía que él era un proverbio chino

pero mentía,

mentía para dar prestigio a sus palabras

El proverbio era de Onetti nomás

y es el más sabio consejo que he recibido jamás.
No olvidar, no olvidar nunca

que las únicas palabras que merecen existir

son las palabras mejores que el silencio”

Quiero pedirte que cantes esto, mirá.


“Ahora son libres como si lo fueran.

Supieron por fin que la noche es eterna,

tinieblas sin cambios por más que prendieran,

minúscula y breve la tenue linterna.


Más que nada este último verso
minúscula y breve la tenue linterna.
¿Los acordes cómo son?
Este continuo.
Y repetimelo un poquito que yo quiero ver cómo queda montado con esto otro
“Ahora son libres como si lo fueran.

Supieron por fin que la noche es eterna,

tinieblas sin cambio por más que prendieran,

minúscula y breve la tenue linterna.


minúscula y breve la tenue linterna, varias veces.
minúscula y breve la tenue linterna.

minúscula y breve la tenue linterna.

minúscula y breve la tenue linterna.
Viajar a la locura y volver,

tal vez fuera el fin de este viaje,

misión del temerario entender.

ser cauto requiere coraje.


viajar a la locura y volver,

tal vez fuera el fin de este viaje,

misión del temerario entender,

ser cauto requiere coraje.


Queda muy confuso todo montado.
Sí.
Mucho palabrerío.
No es un contrapunto en realidad.

Que un día un dios

arriba de un monte

creyeron ser nuevos fundadores,

adelantados con capas

novatos innovadores de

sueños, metas y mapas

el mástil…


Yo tengo una música para todo esto.
Te dan ganas de meterle el diente con toda la fuerza.

¡Qué solazo!


Pelayo
Calle Pelayo.
Me acordaba de memoria de Montevideo.
Tengo una canción nueva que habla de la Plaza Chueca.
Esta plaza de aquí.
Escribí como cuatro o cinco canciones aquí, en esta casa.
Una de esas se llama “Las transeúntes”.

Hablando de posters, mirá,

tengo uno que me dieron, a ver,

en el Círculo de Lectores, que tienen que verlo

porque es maravilloso.

Es la tapa de uno de los libros,

pero es una foto preciosa de Juan fumando.

Muy hermosa, a mi me gusta mucho

me lo regaló Lola.

Bueno, y a través de todo eso,

yo seguía con mi música porque Juan siempre decía:

Es muy bueno que un matrimonio tenga dos oficios distintos



si los dos están en lo mismo,

peor si trabajan juntos

es bravísimo, no hay tregua.”
Entonces siempre yo me mantuve trabajando en orquesta

y hasta tuve... gracias... la gran suerte poder jubilarme,

acá en la orquesta, la sinfónica de Madrid.

La pasé bárbaro, porque hacíamos ópera,

sinfónico, era maravilloso.
Le daba a mi vida como el equilibrio de lo que pasaba con Juan. Ir y volver un poco.
Yo digo: “Yo tengo un ‘split personality’ porque una parte mía es Dorothea Mühr , la música y la otra soy la mujer de Juan, o sea que hay dos partes.
Todavía me lo estoy tratando con psiquiatra. Es bravo.
Podría contar algo del premio Cervantes.
Ahí Juan como es supersticioso ni siquiera se afeitó,

se quedó ahí en la cama esperando el teléfono.

Y cuando llamaron, salió rajando, se afeitó

y ya estaban tocando el timbre.

Y no teníamos nada,

porque hay que a los reporteros hay que festejarlos, ¿no?

Como los voy a festejar a Uds. después.

Y tuvimos que buscar cosas de apuro:

Y... una pregunta que le hicieron a Juan

¿Qué significa para usted este premio?

Esperando que diga, bueno… la literatura, con grandilocuencia.

No, significa 10 millones de pecetas”.


Entonces no les gustó demasiado

era la pura verdad.

Porque él sabía como escribía,

no precisaba de premios!


Entonces… Juan era muy responsable conmigo,

Por ejemplo, en el sentido que tenía más edad que yo

y obviamente iba a morir antes.

Quería estar seguro que yo estaba como protegida

y este premio significó eso, no.

Porque con ese premio en esa época compramos este piso

y dos oficinas de por ahí.

Era una locura, salimos en la primera página del ABC.

Te imaginas con 10 millones,

era todo un acontecimiento, bueno…

Bueno, la Isla La Torre

La isla tenía sólo una casa, acá,

con una torre, que Petrus quiso comprarse.

Esta casa justamente, para mirar la ciudad desde ahí

pero no la pudo comprar.

No sé porque no se la vendieron al muchacho.

Era como un palacio,

dicen que el palacio más grande,

después de Las Casuarinas.

Rodeado de árboles,

vamos a sacar una chimenea también,

y algún arbolito,

por ejemplo, Onetti decía que te daban unos 20 min.

El astillero era lejos no,

era más complicado ir por tierra,

en 40 min. dicen que llegabas en una lancha,

asi que esta es la lancha que está yendo hacia el astillero.

Hasta le podemos hacer un puff puff de humo

porque estas lanchas tiran un humo que es un infierno.

Bueno, aquí estoy mirando…

Yo saqué muchísimas fotos.

Aquí estamos en Montevideo con Alberto Solá,

que era gran amigo de Juan.

Cuando venía a casa se comía la corbata mientras hablaba,

era un gran economista.

Este es Juan Ignacio Tena y Paquita Aguirre,

que nos ayudó tanto.
Acá está Eduardo Galeano,

haciéndole una entrevista a Juan.


Está el famoso buda que ya habrán visto en otros lados.
Acá está Benedetti al lado de donde están las policíacas.
Hermoso.
La maravillosa Hortensia Campanella.

Acá en el dormitorio con Juan.


Y este es Julio Stein, que era argentino también,

un intelectual muy, muy amigo, de los grandes amigos de Juan.


Aquí estoy con Raquel y la perra Biche

y aqui está la perra Biche y la persona Biche,

que es la ahijada de Juan.
Juan adoraba a la Biche, mirala, es reina ella.

Siempre jugábamos de noche a ver quién iba a ganar,

yo o la Biche, porque se quería quedar y

dormir sobre la cama de Juan.


Acá está escribiendo en una mesa.
Aquí está conmigo.
Aquí está con la nieta, la nieta de Raquel.
Leyendo a Conrad.
Este es el hijo, Jorge Onetti. Que escribió varios libros

y una novela y murió muy joven,

4 años después de Juan.
Bueno, ya está.
Y aquí está con Raquel.
¿Dónde está Borges? Aquí está Borges.
Me olvidé de hablar de Borges.
Acá está Juan.

Bueno… yo le mostré esto a Juan, la foto.

Me dice: ¿Porqué hacía gestos con Borges si no me veía.?

Porque hablaba con las manos también.

Esto fue en Barcelona.
Creo que fue una conferencia de Borges, cenamos juntos,

y creo que fue la vez que más charlaron

fuera de la famosa conversación que tuvieron,

que Monegal había documentado.

Onetti y Juan Rulfo, el gran escritor mexicano no se conocían,

se encontraron en un congreso internacional de escritores.

en Las Palmas de Gran Canarias.

No recuerdo el año, pero sí recuerdo que los dos querían encontrar un espacio para ellos solos.

Habían bajado del avión y un autobús nos esperaba a todos para llevarnos hasta el hotel en Las Palmas.

Y los dos estaban como con pánico de ser invadidos,

de tener que encontrarse con gente pesada,

y querían... nada, aprovechar ese regalo del destino.


Se iban a conocer y entonces de algún modo me pidieron que yo los ayudara con eso.

Y yo les encontré un lugar a los dos juntos en el autobús,

y me puse atrás para evitar que las moscas se acercaran.
Y los dos pegados ahí, como dos estatuas,

tantos años que llevaban queriendo conocerse

ya sabían que se querían, pero además querían conocerse.

Fue largo el viaje desde el aeropuerto hasta el hotel,

no se cruzaron ni una sola palabra,

ni siquiera se miraron

y yo, atrás, calladito la boca,

los dejaba estar.


Rulfo era uno de los dos escritores latinoamericanos que

creo que Onetti más admiraba y quería,

los que sentía más próximos.

El otro era el peruano José Maria Arguedas.

Y años antes de este encuentro de Rulfo con Onetti,

tan peculiar encuentro entre dos personajes muy especiales,

como eran ellos dos.

Años antes, yo recuerdo que volví de un viaje,

no me acuerdo si de Perú o Chile.

Estábamos en Montevideo,

era mucho antes de los tiempos del exilio,

y traje un ejemplar de una novela, reciente,

uno novela, no, de un libro

un libro póstumo, un libro último de José Maria Arguedas

recién publicado que se llamaba,

se llama todavía “El Zorro de Arriba y el Zorro de Abajo”.

Ni bien dejé las valijas, sentí que tenía que decírselo a Onetti,

llevarle el libro y contarle, que en ese libro estaba él,

en ese libro que era el adiós final de Arguedas,

donde Arguedas decía todo lo que quería decir sobre sus colegas

y sobre el mundo, porque sabía que iba a morir,

porque sabía que se iba a matar como se mató,

pegándose un balazo.

Y ya se había matado cuando yo fui al apartamento de la calle Gonzalo Ramirez

con el libro para dejárselo a Onetti.

Le dije: “Mirá en este libro, en este adiós,



él habla de vos y si querés te leo lo que dice
y Onetti me dijo: “si, si, leeme lo que dice
Y enfrentó bien la cosa y yo le leí,

que Arguedas decía:


Ahora estoy en Santiago de Chile y no tengo fuerzas para hacer lo que quiero

y lo que quiero es irme a Montevideo y encontrar a Onetti para apretarle la mano con la que escribe
Y se lo leí.

y Onetti simuló por unos segundos nomás que podía poner cara de estatua,

pero no podía,

y yo bajé la mirada para no, por pudor no sé,

para no ver el tajo de humedad que le atravesaba la cara.

Y estuvo escribiendo hasta el final,

absolutamente.

No podía parar. Un poco, como todos ellos.

Al final sí que estaba muy mal,

estaba encerrado y supongo que sentía...

Casi no hablábamos, pero nos entendíamos,

como siempre, esa sensación de que bueno…

tuvo que internarse varias veces en el hospital

bueno no.

Murió muy en paz porque estuvo leyendo hasta el último momento.

Estaba Hortensia con él, conmigo y los hijos

bueno, el hijo Jorge con su mujer.

Y simplemente, de repente me dice Hortensia: “No te ve.”

Le hicimos así y ya no tenía vista, no veía.

Y así suspiró muy hondo.

Nunca me olvido de eso,

fue una sensación rarísima,

de un suspiro, como decir, el último suspiro y se quedó.

Y él me había dicho antes:

No quiero que nadie me vea,

no quiero funerales,

ningún tipo de esas cosas que hacen.

Desaparezco”

Entonces yo estaba de acuerdo y desapareció, asi.

Pero está conmigo, ya van casi 14 años y son tantas cosas

porque esto si ha sido una culminación, todo este año,

pero otros años hubo muchas cosas.

He viajado mucho a hablar de Juan

Y está siempre presente, siempre, siempre.

Y además tengo esa riqueza,

de que Juan me ha dejado todos sus libros

y siempre hay sorpresas.

Voy leyendo y encuentro pasajes

Ah! pensabas así de esto o de lo otro.

Las cartas de Payró son una maravilla.

A la salud a Juan.

Bueno, salud no pero...

TA! ta, como dicen los uruguayos

el vale no me gusta, me gusta el ta.

Y es interesante entonces saber,

que lo que sigue a continuación

que si es de su puño y letra

es lo último que en su vida escribió.

Por lo que se ve, son unas pocas líneas,

es un diálogo entre el homicida,

un reo de homicidio

y el juez.

Y el homicida dice: “Porque la quería, Señor Juez. Ella con su pasado, con su último pensamiento, para siempre oculto ¿Qué estaba pensando cuando murió?



El juez responde: no pensaba, Ud. la mató mientras dormía. Eso Sr. Juez, su último sueño”.
Y aquí en esta expresión, “Su último sueño”, terminan los sueños de Juan Carlos Onetti.
Esa es la evidencia que tenemos de acuerdo a los originales.
Viajar a la locura y volver,

tal vez fuera el fin de este viaje,

misión del temerario entender,

cautela requiere coraje.


Las canciones que gustan traer consigo los inmigrantes.

El pasado tiene tiempo.

Y el ayer se junta allí,

en mitad de la buena estación.

Un puñado de tierra natal.

Lejos, sus miradas, un dedo, un gesto en la cara,

dos distintas horas, los dos parajes,

moviendo de vez en cuando sus coros,

sus trajes claros.

Mi salvación, salto en el abismo,

cuerpo alargado, extremos sus vestigios.

Dije que sí

la palabra al fin encontrada

con tanta alegría y amor.

Se creyeron fundadores,

adelantados con capas,

novatos innovadores

de sueños metas y mapas.

olvidados tripulantes,

viejas tribus de bandidos,

por viajeros, por errantes...

Se creyeron fundadores,

adelantados con capas,

novatos innovadores

de sueños metas y mapas.
Olvidados tripulantes,

viejas tribus de navíos

por viajeros, por errantes.

Siempre dados por perdidos.

Olvidados tripulantes,

siempre dados por perdidos.


Un, dos, tres, va.

Un, dos, tres, va.


La historia comienza en un barco,

o en este guión escorado

ansioso de ser leído

pendiente de ser rodado

que anuncia el mar prometido

las nuevas islas que un día

un dios arriba de un monte

audaz predijo a su pueblo

inaugurando otra biblia.
El mástil con cuello espigado,

la luna tocada de estrellas.

El cielo parece otorgado al amor

y sus dulces querellas.


Quisieron ser reyes,

fundaron la tierra.

El sueño duró mientras ellos soñaban

después de un mal día

sufrieron la sierra.

El árbol del sueño y el sol ya no estaban.

Ahora son libres como si lo fueran

supieron por fin que la noche es eterna,

tinieblas sin cambio por más que prendieran,

minúscula y breve la tenue linterna.


Tinieblas sin cambio por más que prendieran,

minúscula y breve la tenue linterna.


Se creyeron fundadores,

adelantados con capas,

novatos innovadores

de sueños metas y mapas.

Olvidados tripulantes,

viejas tribus de bandidos,

por viajeros, por errantes

siempre dados por perdidos.

Olvidados tripulantes,

siempre dados por perdidos.


Viajar a la locura y volver,

tal vez fuera el fin de este viaje,

un sabio temerario es aquel

que suma cautela y coraje.


Viajar a la locura y volver,

tal vez fuera el fin de este viaje.

Misión del temerario aprender

cautela también es coraje



cautela también es coraje.


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