Jardín de acracia



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Jardín de acracia” de Solano Palacio y Astru Astur

JARDÍN DE ACRACIA*

Solano Palacio y Astru Astur



PORTADILLA1

Este libro fue escrito por Solano Palacio, en el año de 1935, en la cárcel de Oviedo, por habérselo pedido Diego Abad de Santillán que era entonces director de Tierra y Libertad: fue publicado con el seudónimo de Ignotus.


Al poco tiempo de haber aparecido el mencionado libro, durante la guerra, en Barcelona, se comentó la muerte de Solano en los frentes de Asturias, y fue entonces cuando Manuel Villar, quien nunca había estado en Asturias, publicó una segunda edición con su nombre, cambiándole el título. Le puso. El Anarquismo en la revolución de Asturias.
Últimamente hemos recibido una carta del compañero Ángel Fernández, de EE. UU. De América en la que nos dice que en París, Solidaridad Obrera hizo otra edición de este libro, con el nombre del usurpador, en vez de el nombre del compañero Solano Palacio que es el verdadero autor de este libro; y se lamenta de la poca responsabilidad de los editores, quienes no contestaron a una carta que, protestando de este hecho, les escribió.
A juicio nuestro, no tanto por haber empleado este nombre falso en la edición, que podía obedecer a desconocimiento de esta usurpación como por el hecho de no haber contestado esa carta indica que también en París hay alguno de los muchos emboscados en el seno de la CNT, que tanto daño nos han causado. El compañero Ángel Fernández quien dedicó, con sacrificios, toda su vida a la defensa y propaganda de nuestras ideas merecía otro trato.
En la obra de la compañera Renée Lamberet; Mouvements Ouvries L’Espagne (1750-1936), aparece Solano Palacio como autor de “15 días de comunismo libertario en Asturias” e Ignotus (Manuel Villar). El anarquismo en la Revolución de Asturias y La Represión de Asturias de Octubre. Documentos sobre la Barbarie en nuestra Civilización.
Al leer el mencionado libro, el compañero Solano Palacio escribió una carta a la compañera Renée Lamberet, la que le contestó, diciendo: “He sabido después de la publicación de mi libro que Manuel Villar no era el autor de El Anarquismo en la Revolución de Asturias pero era ya demasiado tarde. Así que todo lo que me aclaras me es muy útil y lo reservo para otra edición de la obra mencionada”.
No es solo esta falsa información, de la cual la compañera Renée Lamberet no es responsable, sino que ha habido otras: Peirats, en su obra “La CNT En la Revolución Española”, habla de este libro poniendo a Villar como autor, sin nombrar para nada al compañero Solano, autor de varios libros en aquella época.
El grupo Editor

PRÓLOGO

El que se dispone a hacer el prólogo de una obra, esta obligado a decir la verdad sobre el tema que trata. Eso es precisamente lo que me propongo hacer en este prólogo que abre la puerta por donde el querido lector habrá de pasar al parnaso, al que pertenece Solano Palacio.


Los versos que escribe Solano en este libro que edita, en colaboración con el poeta yanqui. Astru Astur, son, como todos los suyos, poseedores de una chispa de sabiduría y de sinceridad, cuando no de genio. No hay duda de que el talento campea sereno y fecundo al través de toda la obra de este inspirado compañero. Así también en Jardín de Acracia, escrito en dos partes, la primera de él y la segunda del mencionado poeta norteamericano, inspirado en las luchas sociales.
Si la generalidad de los llamados productores y el público lector de sus pamplinas, no lo ha reconocido todavía, ello se debe solo y exclusivamente a que la mayoría de los lectores viven del engaño y la mentita propagada en los medio ambientes que soportamos.
Los sabihondos que manejas la llamada cultura, lectores bíblicos y palaciegos, no es posible que conozcan las obras de Solano Palacio, más conocido en los países extranjeros que en su propio país; España. Como prueba de ello tenemos el valor de sus obras sociales y novelescas. Una de ellas, Entre dos Fascismos, editada primeramente en París y después en Chile, además de otras ediciones, en el año de 1949, desde Chengtu Sze, china, el compañero Lu Chien Bo, le escribió pidiéndole autorización para traducir al chino esta obra famosa.
Por eso es que impone una vez más dejar bien aclarada esta cuestión del talento de Solano Palacio, combatido permanentemente por muchos de los que se creen príncipes de las letras internacionales, protegidos por los partidos políticos o sectas religiosas.
En esto hemos de decir también, para ser sinceros, que son muchos los compatriotas suyos que con mayor tesón han pretendido apagar este faro del arte, revelado tanto en sus acciones como en sus trabajos literarios, que alumbra el corazón de los seres humanos desde hace cuarenta años, y al que odian con un rencor ancestral, porque nunca se quiso someter a sus mandatos arbitrales e injustos. Tal es el odio que engendró en ellos la verdad, la valentía y el sentimiento de avanzada de la producción del autor que les estamos presentando.
Uno de los hechos que han demostrado la capacidad y el valor de Solano Palacio, fue la publicación de dos sonetos, en la revista Cenit de Toulouse (Francia), contra el tirano opresor y criminal que oprime a los españoles, protegido por el clero. El dictador comprendió que entre los diferentes ataques que al través de más de veinte años, los republicanos le había dirigido, nada le hicieron tanto daño como los sonetos titulados: Un criminal arrepentido. Su temor y su odio lo demostró Franco en el acto, ordenando en forma diplomática, abrir un juicio contra el autor y la revista que los publicara.
La poesía de Solano se parece en muchos casos a la de Bécquer, y además de superar al autor de las Ritmas, en profundidad y sabiduría, no pierde ello nada de la belleza de la poesía bequeriana. ¿Acaso no será suficiente para demostrar nuestras opiniones, realizar una concienzuda lectura de las poesías que van en el presente libro? Creemos que sí, y en esto, como en la mayoría de las cosas, el lector tiene la palabra.
Pero si esto fuera poco, para nosotros, la actividad, la obra y otros detalles de la biografía de Solano, nos dice mucho; pues tiene una cualidad ética que lo coloca muy por encima de muchos escritores, a quienes la sociedad, por sus prejuicios y errores da fama. El es distinto a ellos: sus escritos, tanto en prosa como en verso, tienen un sentido perfectamente humanitario, revelador de su lucha contra las injusticias sociales.
Además de las obras ya publicadas por este autor, conocemos muchas inéditas, de una producción extraordinaria, que algún día verán la luz para beneficio de la humanidad,
El es uno de los que a pesar de todo, no ha recibido ningún premio, ni alicientes por su esfuerzo; al contrario de esto, ha sido, al través de su vida, martirizado cruelmente. En Madrid, fue dejado por muerto por la policía de la República, que lo apaleó ferozmente, y como resultado de su obra enjundiosa y famosa: La tragedia del Norte, fue varias veces perseguido por los traidores al derecho humano, para matarlo.
No lo lograron por causas verdaderamente sorprendentes: Una vez, porque el Comité Regional de la FAI de Cataluña salió en su defensa de una manera honrosa e inolvidable; otra porque los esbirros comisionados para darle el “paseo”, mandados por los traidores incrustados en el seno de la CNT, para destruirla, se negaron a hacerlo, por estimar que era imposible que Solano fuese un traidor a la causa del antifascismo, según aseguraban los instigadores en su contra; en otra ocasión fue un comandante asturiano, paisano suyo, apellidado Rozas, de la Felguera, el cual había combatido a su lado en los frentes de Asturias, contra el franquismo, el que se presentó en un ministerio, durante la guerra, el año de 1938, para decirles dignidad:
- El día que por su causa a Solano le suceda algún daño, vendré con una compañía de mi batallón para vengarlo…
Para que seguir. Creemos que con lo dicho es bastante para hacer una presentación del autor de una parte d este libro, quien, unido a otro buen poeta Astru Astur, ofrecen sus producciones poéticas.
Para finalizar, los que gustan exclusivamente del arte por el arte, no sigan adelante y dejen el libro a un lado; porque solamente aquellos que buscan en el arte la expresión de una voluntad puesta al servicio de sus semejantes, leyendo Jardín de Acracia encontraran la satisfacción del deber cumplido, para actuar en consecuencia.
Cosme Paules

PRIMERA PARTE

Solano Palacio




DE ASTURIAS

YO SÉ UN CANTO…
Yo se un canto sublime y heroico,

un himno que lleva en sus blancas alas

desdén y entusiasmo, risas y sollozos,

que tienen perdones y tienen venganzas.

Es el himno del pueblo doliente,

que sufre, que gime, que solloza y canta,

y en confuso murmullo llega a mis oídos

cual grito ahogado, de angustia y de rabia.


Es el himno rebelde que entona

los mil sufrimientos, escritos con lágrimas,

con imprecaciones, con triste silencio

(elocuencia muda de las grandes almas).


¡Que vengan los tristes a cantar conmigo

sus duelos sombríos, sus penas amargas!

¡Agrúpense todos bajo este lábaro

para emprender luego, cantando la marcha!


¡Yo se un canto de odios y amores

que lleva escondido detrás de una máscara

todos los pesares del hombre que sufre,

que llora en silencio, que odia y que ama!



ASTURIAS
Asturias: Hondos Valles, gargantas y cabañas,

con sus altivas rocas, de nieve coronadas:

sus torrentes ruidosos, de aguas claras y frías;

sus hondos socavones, de oscuras galerías;

hondos desfiladeros; amplias landas marinas,

empinadas colladas, cielos de bocaminas…

sus mineros sombríos y fuertes montañeses

han seguido el ejemplo de los aragoneses.


Nada arredra a esos seres que suben el calvario

de la vida, inspirados en sentir libertario:

Ni el odio de los guarias, que de sangre sedientos

inventan refinados y sádicos tormentos;

ni la miseria fiera que han sabido llevar,

fueron causas bastantes para doblegar.

Han sido en la pelea esforzados titanes

que en Olloniego, Mieres, Oviedo y Campomanes

lucharon con denuedo e inaudito valor

por el advenimiento de un régimen mejor.


Surgieron de los pozos profundos los mineros;

las obras y talleres dejaron los obreros,

cansados de una vida llena de sinsabores,

rebelándose en contra de sus explotadores.

Desde lejanos pueblos acudían a miles

campesinos valientes, osados y viriles

al campo de lucha, y aquellos compañeros,

de las guerrillas eran siempre de los primeros.


Llevaban en sus pechos anhelos libertarios

los parias del trabajo, todos los proletarios.

El símbolo de lucha encarnada en la Idea;

desde el taller sombrío a la lejana aldea

había una corriente de justicia y amor

entre los productores, unidos y hermanados

por intereses mutuos; todos mancomunados,

a una vida aspiraban más humana y mejor.


Primero fue el estruendo, la horrísona pelea

que anunció a los obreros la lucha por la Idea.

Como un clarín de guerra, del valle a la collada

corrió la voz de alarma de esta gran asonada

U. H. P la consigna de la insurgencia fue:

se oían dondequiera los gritos de: ¡U. H. P!2

Los esclavos del agro, los siervos seculares,

empujados por odios de ocultos avatares,

llegaban entusiastas desde pueblos lejanos,

jurando el exterminio de todos los tiranos.


Llegaban en camiones desde Riosa y Morcín

de Quirós, La Felguera, de Sama y Carbayín,

de Grado, de Teverga, de Laviana y Aller,

los obreros, dispuestos a morir o vencer.

Iban a los cuarteles de los guardias civiles,

armados de escopetas, en busca de fusiles.


¿No visteis los fantoches de Asalto paseando

borrachos y ostentosos, al pueblo provocando?

¿No los visteis del pueblo compensar el trabajo

con injurias soeces y a golpes de vergajo?

A estas fieras sombrías les siguen los sabuesos

del orden, que a estacazos suelen romper los huesos.

Estos son los que todo lo husmean, tan serviles,

tan bajos, tan abyectos, miserables y viles

que a la especie canina deshonran: son los tales

inferiores de todos los pobres animales.


Todos estos bichejos, aves de mal agüero

se escondían cobardes e cualquier agujero

cuando el pueblo, cansado de esperar tanto en vano

se tomó la justicia, obrando por su mano,

desafiando impávido la chusma de opresores:

guardias, frailes y curas, caciques y señores.
¿No visteis esos hombres rudos de la montaña

descender a los valles? Son la savia de España;

son los rudos mineros, los simples campesinos

que no quieren mandones ni dioses asesinos;

es el pueblo insurrecto que arremete de cuajo

contra cuantos vivieron de su esfuerzos y trabajo.

Mercedes, privilegios, honores y grandezas;

los palacios, el oro, las cuantiosas riquezas

nada valdrán, se dice porque los que luchamos

llevamos por divisa: “no más dioses ni amos”,

y aspiramos a una futura sociedad,

basada en la justicia, el amor y la verdad.


Cárcel de Oviedo, 1935.

¡MADRE!
¡Madre! Palabra sagrada;

que en tu seno nos llevaste,

que cual nadie nos amaste;

digna eres de ser amada!


Tú que al hombre diste el ser,

criándole cariñosa;

eres, ya amante o esposa,

o madre, ¡bella mujer!


En las horas de pesar

de incertidumbre y dolor,

nos convidas el amor

que una madre sabe dar.


Nadie como tú da al niño

el amor y la ternura;

y al hombre triste, el cariño,

y al desdichado, ventura.


Eres madre cariñosa

besando al niño inocente

en la mejilla, en la frente

y en su boquita rosa.


Y dice el niño travieso,

meciéndose en tu regazo

mientras que con un brazo

maternal, le das un beso;


“¡Mamita, te quiero mucho…!”

le dice el niño y la besa.

“¿Qué dices, hijo? que escucho…?

¡Merecer una princesa!”


Dice la madre, y se calla

con pena, porque ha sabido

que su esposo muerto a sido,

luchando, en una batalla.


¿Quién no escuchó la canción

suave y sentida de alguna

madre que mece en la cuna

al hijo de su corazón?


DOLOR DE MADRE
I
A altas horas de la noche

llegan a casa los guardias,

y golpean a la puerta,

del fusil con la culata.

“Levántense pronto” gritan;

a ver… ¡esa puerta abran!”


Entran y todos miran,

lo revuelven y lo palpan:

las ollas de la cocina,

los colchones de las camas,

la alacena, los armarios

que rompen y descerrajan.


“¿Dónde está su hijo?” preguntan

furibundos a la anciana.

“¿Mi hijo? ¡ay! no lo se

porque hace días que falta”


Acósanla con preguntas,

con insultos y amenazas;

y, cuando quieren con hechos

sustituir las palabras,

el hijo, como un felino,

ágil, desde arriba salta,

gritando lleno de ira

y de odio, a la canalla:


¡No la toquéis! ¡es mi madre!

¡Aquí estoy yo; si hace falta

matadme, pues, pero a ella,

ante todo, respetadla!”


Le rodean y feroces

apúntanle con las armas,

y en las muñecas le ponen

esposas americanas.

Le conducen al camino,

pegándole bofetadas,

mientras que la pobre madre

cae al suelo desmayada.


II
Es ya tarde de la noche,

es ya la noche avanzada,

cuando por el mal camino,

a la carretera bajan.

Todos marchan en silencio,

en silencio todos marchan,

por el áspero camino

que baja de la montaña.

En el valle grita un búho

en la aldea, un perro ladra,

mientras bajan en silencio,

mientras que en silencio bajan,

adonde el camión espera,

con el motor puesto en marcha.


III
Llegan al cuartel sombrío,

pasan al cuarto de guardia;

y allí se mezclan con risas

los insultos y amenazas.


Un sombrío cancerbero

al calabozo lo baja,

donde lo dejan sin ropa,

y el suelo le dan por cama.

Se cierra la férrea puerta,

y se oyen las pisadas

del esbirro que se aleja…

Reina el silencio en la estancia,

silencio que a veces turba

una blasfemia lejana…


IV
Abrese por fin la puerta

y lo llevan a una sala,

donde como veinte esbirros,

con sus vergajos le aguardan:

amárranle a una columna,

con las manos a la espalda,

y luego le hacen preguntas,

con insultantes palabras

pero, él, cual si nada oyese,

ni viera lo que allí pasa,

permanece indiferente

al insulto y la amenaza


Un sayón que se le acerca,

con una goma alambrada,

le pega en la cabeza,

en el pecho y en la espalda,

y de nuevo le preguntan,

y de nuevo le amenazan;

pero, ante la negativa,

ante el silencio que guarda,

despreciando a sus verdugos

esta víctima inmolada

en aras de la justicia;

uno le escupe en la cara,

otro, le tira del pelo,

otro cobarde le llama.


Enarbolan los bergajos

y le golpean con saña,

¿cuánto tiempo? No lo sabe,

Que al fin cae y se desmaya…


Para que pase el desmayo,

le arrojan un cubo de agua;

y lo cuelgan por las manos,

esposadas a la espalda.

Y otra vez vuelven los palos,

las burlas y carcajadas!


V
Es de noche. Es posible,

que sea de madrugada,

cuando vienen a buscarlo,

y medio muerto lo sacan

del calabozo, y lo meten

en un coche que le aguarda


Salen a la carretera

sin decir una palabra,

y en un lugar, apartado

de todo poblado, paran.


Lo llevan entre fusiles,

medio andando, medio arrastras,

de la carretera a un lado,

a una pequeña explanada;

y, allí, cerca del ribazo,

con una pared por tapia,

le vendan, y después de esto

repercuten en la montaña,

como un eco pavoroso,

el eco de una descarga...

Y regresan al cuartel

ya casi de madrugada:

son de asalto, van contentos,

y hasta gritan: ¡Viña Azaña!

Satisfechos de sus obras…

¡Allí no ha pasado nada!


VI
La madre busca a su hijo,

llena de pena, angustiada;

y entre suspiros y llantos,

va contando sus desgracias.


“Fui al cuartel a buscarlo,

y allí pregunté a los guardias

por el hijo de mi amor,

el hijo de mis entrañas,

por el hijo que una noche

me lo sacaron de casa.

Y todos, a mis preguntas,

decían no saber nada;

y me pasé en el rastrillo,

esperando la mañana”


A todos los que veía,

a todos les preguntaba,

si sabían de mi hijo,

¡Y nadie me contestaba!


Unos miraban con pena,

otros miraban con lástima,

mientras que yo les decía:

¿Dónde está mi hijo? y lloraba.

A mis lloros y a mis penas,

los guardias que allí se hallaban

decían: “Meterla presa,

que está loca esta aldeana”



CANTO DE CUNA
“Madre”, cántame la copla

que me solías cantar,

meciéndome en tu regazo,

cuando me ibas a acostar.


¿Por qué no cantas ahora

como cantabas? ¿Será

porque no vienen a besarnos

desde hace tiempo papá?


Mira a la niña la madre,

con deseos de llorar;

quiere venir y no puede,

porque la embarga el pesar.


Pero ¿lloras? qué te pasa?

¿Por qué suspiras, mamá?

“¡No es nada! ¡Duérmete, hija!;

duerme, que voy a cantar!...”


Cántame, madre una copla,

que otra vez quiero escuchar

la canción que me contabas

cuando me ibas a acostar…


La madre canta la copla,

mientras siente resbalar

dos lágrimas en silencio

por su marchitada faz.


Y meciendo en su regazo

la nena que duerme ya,

canta una canción de cuna,

con acento regional.



MOROS EN ESPAÑA
¡Moros que a España han venido

moros que a España han llegado;

no son tan perversos ellos

como el que ha España los trajo!


De los que dicen a Dios

servir con su fe y entusiasmo:

estos son sus defensores

más ardientes y probados:

que en España ya no existen

como antaño, los soldados

dispuestos a defender

una doctrina de engaño.


Moros que de allende el mar,

desde el desierto africano,

habéis llegado a esta tierra,

a verter sangre de hermanos,

que es sangre de hijos del pueblo,

sangre del proletariado.


No os odio por ser moros,

ni por ser negros ni blancos;

que otros tienen almas negras,

aunque se llamen cristianos.


Moros que fuistéis de España

en otro tiempo expulsados

por esos mismo que hoy

os traen para matarnos.

Como obediente mesnada,

como rebaño de esclavos,

os traen en las bodegas

de algún barco aherrojados.


Moros que venís de lejos,

de allá, donde habréis dejado

el cariño de los vuestros,

los afectos más preciados,

¿no comprendéis que venís

a defender los tiranos?


Tarik, en busca de gloria,

desembarcó en suelo hispano,

por Julián, el godo infame

y otros traidores guiado;

más, vosotros ¿qué esperáis

del triunfo de los tiranos?


Moros que venís de lejos,

desde el desierto africano,

a defender la opresión,

a matar vuestros hermanos,

contra el déspota luchad,

que también sois explotados.



LA NIÑA PIENSA EN LA GUERRA
La niña pensaba triste,

oyendo el bronco rumor

de los bélicos aprestos

y el redoble del tambor,

la causa del desaliento

y de tanta desazón

como existía en el pueblo,

y a su madre pregunto:

“Madre, dime ¿de las guerras

cuál es la causa y razón?

¿Por qué se matan los hombres?

¿por qué tan bárbaros son?

Si se aman como ellos dicen,

en el nombre de ese amor

¿cómo es que siembran la muerte,

el espanto, y el horror?


La madre quedó confusa

un instante, y respondió;

”Nuestra causa es tan sagrada,

porque es la cusa de Dios;

nuestros soldados defienden

la bandera y el honor,

nuestras santas tradiciones,

nuestras santa religión

nuestra libertad, el suelo

que nos vio nacer, el sol

que nos calienta y alumbra,

en fin, la propia nación…


Más, la niña, cabilosa,

dijo: ”No me explico yo

esas cosas que me dices,

porque comprendo que no

es la patria la que ahora

se defiende con tesón,

ni tampoco es la honra

y menos la religión,

porque lucháis entre hermanos,

porque lucháis los que sois

hermanos fieles en Cristo,

hijos del único Dios,

y os aliáis con los que adoran

al que ordena la opresión.

¿No lloras tú por los tuyos?

y ¿no lloramos las dos

por mi papá que se ha ido

a la guerra y no volvió?

Lloran por sus tiernos hijos

las madres con aflicción.

La alegría de los rostros

hacia tiempo que marchó;

caras tristes y dolientes

encuentro por donde voy,

a cambio de la alegría,

del contento y del buen humor

que antes sentíamos todos

cuando tocaba el tambor

u otra música cualquiera

o se oía una canción.

Donde quiera había contento:

desde el pájaro cantor,

que la floresta alegraba

hasta el confuso rumor

de élitros con murmullos

de insectos, hoy se trocó

en doloridos lamentos

y en blasfemias de dolor.

Dices, madre, que la guerra

la hacen por servir a Dios;

no comprendo que a un Dios que ordena

nuestra propia destrucción”


“¡Hija mía, no preguntas

Cosas que no las se yo!”


“¡Madre, yo quiero saberlas;

porque saber debo yo

cómo siendo Dios tan justo,

tan excelso y bienhechor

permite que el hombre mate

a sus hermanos sin razón!”

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Quedó la madre callada,

triste la madre quedó,

pensando si aquella niña

de pensamiento precoz,

que como un interrogante

preguntaba la razón

del por qué de muchas cosas,

y dudaba hasta de dios,

¿no estaría más acerada

que ella en su necio fervor

de adorar cosas que nunca

nadie supo o comprendió?
Y entonces fue cuando ella

también de su Dios dudó,

viendo como permitía

la terrible destrucción

de las cosas que los hombres

llaman civilización.


Y cuando estaba pensando

estas cosas, escuchó

algo así como un silbido

horrísono que zumbó

en los aires, espantable,

seguido de una explosión.


Las brigadas que llegaron

cuando el estruendo pasó,

intrépidas, se encargaron

de recoger, del montón

de humanos despojos, algo

que nadie identificó…


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