Jianne Carlo Serie Guerreros Vikingos 3- el Pacificador Argumento



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Epílogo
Veo que ya no cojeas, Luca. – Bettina deseaba abrazar al muchacho, pero él había crecido mucho, ahora tenía vello en la barbilla, y ella evitó cualquier demostración de afecto o abrazos que le avergonzaran.
– Sí, mi señora. – Luca estiró la pierna para acercarla al fuego. – Es su turno.
Bettina suspiró. El Zorro y el Ganso se habían convertido en una pasión en Arbroath durante el largo invierno y el castillo ahora contaba con más de una docena de tableros de juego. Ella miró hacia la puerta cuando el sonido de cascos tronando sobre el patio de armas, llegaron a sus oídos.
Luca movió los pies. – Deben de ser el señor y sus hermanos.
Pero fueron su madre y Leofric los que entraron en el salón antes de que hubieran recogido el juego. Bettina lanzó cuatro gansos en un cubo y corrió atravesando el salón para abrazar a su madre.
– Mamá. ¿Cómo estás?
Bettina se retiró para estudiar las mejillas sonrojadas de su madre. – ¿Todo va bien?

– Por supuesto que si. – Respondió Lady Gwen poniendo sus manos sobre su redondeado vientre. – El bebé crece y yo estoy sana.


Leofric envolvió con sus brazos la cintura ampliada de su esposa y la atrajo hacia su pecho.
– ¿Y tú cómo estás, hija?
Gwen casi había perdido dos veces al bebé y Leofric no la había dejado viajar antes.
– Estoy bien. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué estás aquí?
Leofric besó la parte superior de la cabeza de Gwen.
– Mi esposa insistió en una última visita antes de que tenga que guardar reposo. ¿Te puedes creer que quería venir cabalgando? Lo que quiere es volverme loco de preocupación.

– ¡Bah, esposo!. Ya basta con eso. Tú si que me estás volviendo loca. – Gwen giró los ojos. – Hemos viajado en carreta y ha conducido tan despacio que me han dado ganas de gritar. ¡Salimos al amanecer y ya es mediodía!


Suprimiendo una sonrisa al darse cuenta de que el viaje había durado tres veces más tiempo que el normal, Bettina dijo. – Tu antiguo cuarto está preparado. Por favor, pasad al menos esta noche con nosotros. Njal querrá hablar contigo cuando regrese acerca de los tratados, y no te he visto desde hace mucho tiempo, mamá.
Leofric asintió. – Nos quedaremos tres días en Arbroath, ni uno más.
– ¿Quién ha llegado a caballo si vosotros habéis venido en carreta? Bettina miró hacia la puerta.
– Tu marido y sus hermanos galoparon hacia los establos antes de que entráramos en el castillo. – Gwen se frotó la parte baja de su espalda.
Leofric gruñó, la cogió en sus brazos y se dirigió hacia la silla frente a la chimenea.
– ¡Por el amor de Dios, Leofric! Sólo estoy llevando un niño. No he perdido el uso de las piernas.

– Te duele la espalda. Vas a descansar. ¿Tienes una manta caliente? –Leofric gruñó, mirando sobre su hombro a Bettina.


– Luca, por favor, ve a buscar una manta.
– En seguida, mi señora. – Luca trajo una manta de lana de una alcoba y se la dio a Leofric, que cubrió a su esposa, metiendo la tela debajo de sus pies y de sus hombros.
Bettina frunció la boca divertida cuando vio como su madre le daba un suave golpe a su marido.

¿Como reaccionará mamá con la noticia de nuestro bebé?

A pesar de que sabía que muchas cejas se levantarían por el hecho de que madre e hija tuvieran bebés al mismo tiempo, a ella le gustaba la idea de que sus dos hijos jugasen juntos.


Bettina no se había dado cuenta del retraso de sus periodos hasta que Njal había partido para encontrarse con el rey, cinco semanas antes. Si no hubiese escuchado por casualidad, a la cocinera y a su nueva criada discutiendo el asunto, podría no haberse dado cuenta aun de su condición. De hecho, ella no sentía ninguna diferencia, excepto que su apetito había aumentado tres veces o más, su vientre gruñía y se quejaba en el momento en que olía los alimentos cocinándose.

La puerta de la habitación se abrió y un sonriente Njal entró en el gran salón, lanzándole su yelmo a un escudero que iba corriendo para seguir el paso rápido de su Lord. Detrás de Njal, Bettina divisó a Jarvik y a Magnus. Ella frunció el ceño y estudió a los dos hermanos, preguntándose por qué Jarvik lucía una amplia sonrisa, mientras que Magnus tenía el ceño tan fruncido que podría hacer que un feroz guerrero se desmayase de miedo, y no digamos lo que le causaría a un paje o a una criada.


A pesar de que trató de esperar pacientemente a que Njal llegase hasta ella, Bettina se rindió y corrió hacia él.
Njal abrió los brazos y ella se estrelló contra su pecho. Olía tan bien, a cuero, a caballo, y a… Njal.
– Te he extrañado mucho, esposa guerrera.
– Y yo a ti. – Ella se apartó un poco para encontrar su mirada.
– Dentro de muy poco Magnus, tú también estarás disfrutando de esta felicidad conyugal. – Gritó Jarvik rompiendo el silencio de la sala.
Bettina parpadeó. – ¿Magnus?

– Es verdad. – Confirmó Njal con los labios contraidos. – El destino de Laufsblað Fjllóttr ya ha sido decidido.


– El rey Mael Coluim ha prometido a Magnus con una princesa de las Highlands. – Jarvik sonrió como un zorro avistando una bandada de gansos. – Laufsblað Fjllóttr será suyo cuando se casen.
***

– ¿Eres feliz esposo, al saber que tu hermano va a ser nuestro vecino?.


Había pasado bastante tiempo, mucho después de que la cena hubiera terminado, hasta que Bettina y Njal se retiraron a su cámara. Le gustaría gritarle la noticia, pero quería decirle lo del bebé que iba a venir, como lo haría una dama de la corte.

– Sí. Aunque Magnus ha manifestado muchas veces su intención de no casarse. Y me temo que no está satisfecho con la orden del rey.


Njal se sentó en la cama y se desató una bota.
– Tu madre brilla mientras el bebé crece. Leofric está fuera de sí por la preocupación. Es divertido ver la forma en que él está alrededor de ella.
Bettina se quitó el vestido y lo dejó en una cesta.
– No lo hagas. –  Los brazos de Njal la envolvieron por detrás, y él puso sus manos en las cintas de su camisa, quitándosela. –  Durante cinco largas semanas he esperado por el placer de desvestir a mi esposa. ¿Crees que voy a privarme de eso ahora?
Ella se dio la vuelta, cerró los brazos alrededor de su cuello y se frotó contra su pecho desnudo.

– No dejé que las criadas lavaran tu túnica… Me acosté con la nariz enterrada en ella. Y no sé que parte de ti me gusta más. Tu olor. - Oliendo su cuello, ella continuó. – O el tacto de tus manos en mis pechos. – Excitada por el calor que irradiaban sus fuertes músculos, Bettina le llevó las manos para que ahuecaran sus pechos y cerró los ojos mientras sus pulgares rozaban sus pezones. – Es increíble que cuando me tocas, siento que mis partes femeninas arden.


Cuando Bettina abrió sus párpados, los sintió pesados ​​y vio el deseo de Njal rugiendo en el oscurecimiento de sus ojos azules.

Poniéndose de puntillas, Bettina apoyó las manos sobre sus hombros.

– ¿Quieres saber el sabor que más me gusta a mi? – Gruñó él mientras lamía el contorno de su boca, agarrando sus nalgas mientras ella chupaba y mordisqueaba su labio inferior. Sus brazos la apretaron y la acercaron a su pecho, aplastándole los senos, mientras profundizaba el beso enredando su lengua con la de ella.
– No. – Ella se alejó. – Espera Njal.
– Bettina…
Presionando la mano sobre su boca, ella sonrió.

– Espera. Tengo una sorpresa preparada para ti. Te gustará, te lo prometo.


– No sé cuánto tiempo puedo esperar. Mi semilla está a punto de derramarse…
– Estoy embarazada. – Susurró.
El rostro de él perdió todo su color. Sus brazos se aflojaron, para volver a apretarla en seguida. El brillo de sus ojos azules desapareció y gotas de sudor aparecieron en sus sienes.
– ¿Estás embarazada?
– Sí.
– ¡Por Odin! ¿Y por qué estás de pie? – Le preguntó cogiendola en brazos y atrayendola contra su pecho. – Esta noche fuiste corriendo por el salón para saludarme. ¿Es que no sabes cuidarte a ti misma o al bebé?
Bettina estaba mareada mientras Njal caminaba furiosamente en círculos, por delante de la chimenea, primero en una dirección y luego en la otra.

– Nada de cabalgar. Tenemos que encontrar un catador de alimentos. No puedes comer carne en mal estado. La Reina Emma nos prestará a su partera. Ella sabe mucho. – Njal se detuvo, poniéndola en el colchón de paja con tanto cuidado que ella no pudo dejar de sonreír. – Tu rostro tiene buen color. ¿Estás comiendo? ¿Tienes náuseas matutinas? Necesitas vestidos de lana, tal vez una docena de chales abrigados, más pieles en la cama, más…


Colocando dos dedos en sus labios, ella dijo. – ¿Eres el mismo hombre al que le hizo gracia ver a Leofric alrededor de mi madre?
– No. Ese hombre está definitivamente loco. ¿Crees que yo te permitiría viajar? ¿En tu estado? ¿En una desvencijada carreta? – Njal movió la cabeza negando. – De ninguna manera. En mis brazos será la única manera en la que viajarás en el futuro.

Sólo sabía una manera de distraerlo y Bettina le preguntó.


– ¿No quieres saber cual es mi otra sorpresa?
El rostro de Njal adquirió un extraño tinte verdoso.
– ¿Más?

– Sí. – Ella giró la cabeza hacia la vasija de barro de la mesa que estaba a pocos centímetros de su cabeza. – Leofric me compró el cacao de la corte de Dinamarca que a ti tanto te gusta. Había pensado en sumergir tu pene en cacao caliente y luego lamerlo.


La mirada de Njal se dirigió a la vasija, luego a su virilidad, para terminar mirando los pechos de su esposa.
– No, no, no. No voy a dejar que me distraigas… Debo mantenerte segura y saludable.
Bettina bañó sus dedos en el cacao caliente, pintando sus pezones con el líquido pegajoso, alzando la vista para mirarlo a los ojos mientras Njal gemía. Una caliente languidez corría por sus venas haciendo que el botón entre sus piernas latiese. Un cosquilleo delicioso la recorrió desde la cabeza hasta los pies, deslizándose entre sus muslos y dejando sus pechos hinchados y palpitantes.
Ella le lanzó una mirada con los ojos entrecerrados, cuando pasó los dedos mojados en cacao por el centro de su sexo, cubriendo sus pliegues con el líquido.
Njal dejó de respirar, pero sus ojos nunca se apartaron de sus piernas entreabiertas, de su coño manchado del negro cacao.

– ¿No necesitas probar un dulce antes de acostarte, mi señor?


– Esposa guerrera… – Njal se rasgó las ropas, lanzando a un lado su túnica, y los pantalones al otro. – Eso sí, es la última vez que dejo que te salgas con la tuya.
Ah, él no sabía que Leofric no había conseguido sólo el cacao, sino también un aceite afrodisíaco que podía mantener a un hombre duro y erecto durante horas, y una poción que según decían, atraía a un hombre hacia su compañera como las sirenas atraían a los barcos hacia las rocas.
Cuando Njal puso una rodilla sobre la cama, Bettina agarró su palpitante polla entre sus manos cubiertas de cacao. Lamiendo la cabeza púrpura, le envió una mirada de soslayo, y antes de cubrir su miembro con la boca, Bettina le murmuró.
– Te amo, mi marido pacificador.

FIN

Títulos de la Serie Guerreros Vikingos:
1 - El Oso y la Novia
2 - El Cazador de Dragones
3 - El Pacificador


4 - EL DESTRUCTOR




Para el guerrero vikingo Magnus, el matrimonio no es más que un contrato, un negocio para acumular tierras y títulos. Rechaza el amor considerándolo cosa de hombres débiles. Pero tres días antes de casarse con una princesa highlander, queda seducido por los hermosos ojos de una criada. Su apasionado encuentro le obliga a replantearse sus ideas y a luchar para encontrar una manera de mantener a la seductora Daisy, al tiempo que respeta el contrato de matrimonio que ha acordado con el padre de su prometida.
Deidra no puede dar un paseo por el bosque sin encontrar un animal herido. Dedicada al cuidado de una variedad de osos heridos, pavos reales y lobos, ella desobedece a su padre cuando la promete a un guerrero nórdico conocido como El Destructor. Hasta que, disfrazada de criada, es rescatada de un malhechor por el propio Magnus. ¿Cómo ha podido pensar que él era malvado o cruel? Si la trata como si estuviera hecha del cristal más fino, y le enseña los mágicos placeres de la carne.

Pero Magnus se enfurece cuando descubre que la mujer de la que está tan profundamente cautivado, no es otra que su prometida. Porque no hay nada que desprecie más que una mujer mentirosa… excepto, tal vez, dos de ellas…
Sobre la autora Jianne Carlo
Soy una viciada de Iron Chef America y Law and Order, que adora cocinar, comer y leer. Desearía poder quemar una tonelada de calorías comiendo y siendo sedentaria. ¿Tú no?

Casada hace treinta y cuatro años con un hombre increíble que aun me sorprende cada día, y también soy la orgullosa madre de tres fantásticos hijos, ahora todos mayores de edad.

Crecí en la isla Caribeña de Trinidad, donde la población está representada por casi todas las razas y naciones del planeta.

Aunque de niña asistí a una escuela católica dirigida por monjas, también se enseñaban todas las religiones, el hinduismo, el islam, el budismo, y se celebraban todas las fiestas relacionadas con esas religiones. ¿Sabías que muchos alimentos se derivan de las fiestas religiosas?

Los machos alfa, las heroínas fuertes, los lugares exóticos, y las diferencias culturales son mi fuerte. De Mónaco, a Trinidad en la época de Carnaval, a las zonas rurales de Washington, en Denali National Park, en Alaska, en Sleeping Dog, en Texas y en Noruega en 1028 dC, yo viajo por el mundo a través de mis libros, y comparto mi visión con los lectores.

Mi carrera como escritora comenzó en 2008, y desde entonces he tenido la suerte de publicar nueve libros, incluyendo mi primer histórico, lanzado a finales de 2010, y actualmente tengo seis manuscritos en curso.



Uno de los aspectos más gratificantes de escribir, es escuchar a los lectores, y nada me alegra más el día, que un correo electrónico de alguien que haya leído uno de mis libros. Me gusta escuchar la fantasía que agrada a las personas.
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