Jianne Carlo Serie Guerreros Vikingos 5 – El Seductor Argumento



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Capítulo 6
Jarvik golpeó suavemente el trasero de Elaina cuando empezaron a subir a la torre.
– ¿Crees que podría golpear a la mujer que he reclamado como mía?
– Eso es lo que dijiste antes. – Elaina sujetó su falda y aceleró el paso. – Muchos maridos golpean a sus esposas.
– ¿Tu padre os pegaba?
Ella soltó un bufido.
– No. Mamá nunca habría permitido ese tratamiento y mi padre lo sabía.
Él la abrazó por detrás una vez que llegaron a la pequeña habitación de la torre redonda.
Y esa tristeza en tu voz, dulzura. ¿A qué se debe?
– Mi madre nunca entendió por que algunas personas la llamaban puta... y mucho más. Pero las mujeres de las Highlands la llamaban cosas peores, porque ella había sido la mujer de dos señores.
– Ni una sola vez durante mi entrenamiento, oí llamar a tu madre de otra manera que no fuera la de Lady del castillo o la de Reina de Strathclyde. – Jarvik metió un mechón de pelo detrás de la oreja de Elaina.
El profundo suspiro de ella, le causó a Jarvik una punzada de dolor en el pecho.

– Y no lo oirías nunca. Insultar a mi madre conllevaba la pena de muerte. Estábamos tan bien cuando no teníamos visitantes. Pero cuando llegaron, los nobles nos lanzaban miradas despectivas a ella y a mí. Eso ensombreció su alma. Ella nunca entendió lo que había hecho para ser tratada así.


Jarvik la encaminó hacia la cama y se sentó con ella en su regazo.
– Estuve en la fortaleza de tu padre por dos temporadas, y nunca vi ninguna infelicidad entre tu madre y tu padre. En realidad, me maravillaba de lo idílica que parecía su relación.
Moviendo la cabeza para verlo con claridad, Elaina dijo.
– Desde su nacimiento, mi madre fue entrenada para hacer sólo una cosa; dar placer a su amo. Hacerlo bien era motivo de orgullo y alegría. Cuando la gente la despreciaba, ella se sentía muy confundida. Mamá no se defendía, sólo inclinaba la cabeza y se retiraba a su cámara. Realmente creo que si no fuera por las mujeres de las Highlands, habría sido feliz.
–¿Y qué ha pasado esta noche? ¿Qué pensabas hacer? – Jarvik ahuecó su rostro con las manos y deseó tener más de una vela encendida, ya que las sombras ocultaban su expresión.

Cuando Elaina no respondió, Jarvik volvió el rostro de su esposa hacia la luz de la luna que entraba por la ventana y notó un rastro de lágrimas en sus ojos. Parpadeando, ella se aclaró la garganta.


– Por primera vez, tengo esperanzas. Pero Jarvik, Eogan no te dejará en paz. Me temo que te has equivocado mucho al casarte conmigo y reclamar a las niñas.
– ¿No te he dicho muchas veces que yo protejo lo que es mío hasta la muerte?
Ella le dio un golpecito en el hombro.
– Te quiero vivo. No quiero que luches para defenderme. No estoy preocupada por lo que digan de mí, pero me preocupa lo que hablen de Kateri y Kitti. Y lo que la gente diga de mí seguro que las afectará.
Jarvik le besó la nariz, la barbilla y la comisura de un ojo susurrándole.
– Ahora tú eres Elaina, La Virtuosa. Nadie lo negará. Nuestro pueblo, y todos los que vivan en los castillos de mis hermanos, te llamarán Elaina, La Virtuosa. Somos hombres poderosos y contamos con la lealtad del pueblo. Además, viviremos lejos de las Highlands. ¿Puedes confiar en mí, Elaina?
– Puedo intentarlo. Las esposas de tus hermanos... lo que hicieron esta noche... No esperaba eso. Y la Reina Aelfgifu... – Elaina sacudió la cabeza, y una gruesa lágrima rodó por su mejilla.

Jarvik lamió la lágrima de Elaina, sus pensamientos estaban divididos entre la ira que sentía hacia la gente y el deseo abrumador de protegerla. Su esposa no estaba acostumbrada a la bondad de los demás. Y no era de extrañar, ya que su padre estaba demasiado ocupado con su reino, su esposa, y más tarde con la enfermedad de su mujer. Elaina tuvo que aprender a defenderse por sí misma.


¡Pero, por los dedos de Loki! No lo tendría que hacer nunca más. Ainslin, Catriona, Bettina, y Deidra serían una muralla contra cualquier noble que tratara de herir a Elaina. Y sus hermanos y él se ocuparían de los hombres. Jarvik decidió hablar a solas con la Reina Aelfgifu antes de su partida y mostrarle su eterna gratitud.
Por el momento, necesitaba aligerar la situación.
– Nos marchamos antes de que sirviesen las bolas de cacao.
Ella se volvió hacia él y sonrió.
– ¿Los pensamientos de los hombres siempre están centrados en la comida?
– No. No, en todo momento. Bueno, tal vez si en todos. Cuando te alimentaba con el puerro, pensaba en tus tentadores muslos. – Moviéndose hacia un lado, Jarvik le bajó el vestido hasta la cintura. – Cuando te di de comer una zanahoria pequeña, mi lengua deseaba atormentar tu coño. – Jarvik le quitó el vestido del todo y frotó la nariz en su vientre, lamiéndola y dejando un rastro de humedad hasta sus rizos color caoba. Respiró profundamente. – Oh mi dulce, es el Paraíso el olor de tu miel. Es puro Valhalla, enterrar mi rostro entre tus muslos.

– Un momento, esposo. – Ella sujetó su rostro. – ¿Vas a tomarme mientras todavía estás enfadado conmigo?


– No. Nunca uniré nuestros cuerpos con ira o como un castigo. Es demasiado valioso lo que tenemos como para desperdiciarlo de ese modo. Me puse furioso porque no me dijiste lo que planeabas hacer. Dos cabezas piensan mejor que una, Elaina.
– Creí que no me hablarías cuando regresara al salón. – Elaina trazó con sus dedos la barbilla de Jarvik.
– Ah, pero Ainslin estuvo hablando conmigo mientras tú te estabas cambiando. Me explicó lo que las mujeres planeaban y me sugirió que actuara como el tonto enamorado que todos saben que soy. – Jarvik la estudió con los ojos entrecerrados. Los ojos de Elaina brillaron ante la mención de la palabra amor y lo empujó para acostarlo en la cama.

– Pero fue sugerencia mía mostrar las sábanas. Brillante, ¿no? – Jarvik pensó que ya habían hablado bastante. En menos de una hora, él tendría que irse, y hacer el amor estaba entre sus planes inmediatos. – Le pedí a mi paje que trajese aquí un cuenco de crema de leche y fresas.


La seductora sonrisa de sirena curvó los labios de Elaina.
– Y yo le pedí a una de las criadas de la cocina que nos enviara bolas de cacao.
Jarvik agarró la barbilla de Elaina.
– ¿Temías mi furia?
– Si. Estuve pensando varias formas para persuadirte de que me perdonaras.
Acercándola, Jarvik rozó su rostro con los labios, mordisqueándole el lóbulo de la oreja, mientras inspiraba profundamente el olor a lavanda que emanaba de su cabello.
– Creo que nunca tendré suficiente de ti, Elaina.
– Ni yo de ti, Jarvik. ¿Puedo pedirte un favor?
– ¿Sólo uno?
– Si, solo uno. ¿Puedo cambiarte las bolas de cacao por la crema y las fresas?
Elaina convenció a Jarvik para apostar a ver quien sacaba la paja más larga y el que venciera tendría que aceptar el cambio de postre. La sirena ganó.

***
Jarvik observó a su esposa, con el cabello suelto acariciando deliciosamente su piel desnuda, mientras que extendía una gran cantidad de crema en la punta de su polla.


– La crema no se mantiene allí... Dile a tu vigoroso compañero que deje de saltar.
– Creo que quiere que lo limpies para volver a comenzar todo de nuevo.
– Hum. Me gusta el sabor de la crema de leche y el sabor de la miel de un hombre. – Retirándose el cabello sobre un hombro, Elaina se inclinó para lamer suavemente la crema de su pene. Las bolas de Jarvik se endurecieron al mismo tiempo que su vigoroso compañero se engrosaba.

Jarvik gimió. – ¡Para, dulzura! – ¿Por qué había aceptado semejante tortura? La respuesta le llegó rápidamente, porque los ojos verdes de Elaina brillaron de deseo con esa idea. – Date la vuelta, Elaina. Déjame lamer tu coño. Siéntate en mi cara.


Ella lo miró por encima del hombro con los ojos muy abiertos y sonrió.
– Me parece una buena idea. Estoy un poco dolorida en ese lugar, necesita un poco de atención.

¡El Valhalla en la tierra! Su coño, sus rizos con su perfume de mujer en su rostro y la nariz enterrada en su centro. Intentó ignorar la cálida boca cubriendo su polla mientras ella exploraba lentamente su longitud, o el modo en que Elaina tocaba sus bolas apretándolas delicadamente. Pero cuando ella chupó una de sus bolas en una succión húmeda y caliente, Jarvik arrancó el lino que colgaba de la tarima de la cama.


Agarrándola por la cintura, la giró para colocarla encima de su virilidad.
– Cabalgame. Duro y rápido. No voy a aguantar mucho tiempo.
Elaina le mostró su sonrisa de sirena en toda la salvaje y apasionada cabalgada. Su largo cabello se mecía sobre la piel de Jarvik, rozando su torso. – Ven aquí. – Tirando de ella hacia abajo capturó un pecho con su boca, chupando el pezón con fuerza, mientras masajeaba el otro con la mano.

Elaina marcó el ritmo en un galope rápido y la fricción creció y creció hasta que él notó que se iba a correr. Metiendo la mano entre sus cuerpos, Jarvik encontró su botón y lo apretó con un leve pellizco. Eso fue suficiente para que su coño se contrajese en convulsiones alrededor de su polla, ordeñando su simiente.


A pesar de que quería acariciarla, sentir el trasero de Elaina en sus manos y besarla, su cuerpo estaba tan exhausto que ni siquiera podía mover ni un dedo. Sentir los abundantes pechos de Elaina y sus duros pezones en su torso, aumentaban su relajación. La seda de su largo cabello se deslizó a los lados del cuerpo de Jarvik mientras ella se acurrucaba más cerca. Haciendo un esfuerzo él consiguió levantar una mano hasta posarla en la curva de su cintura y acariciarla.
Apartando el cabello de su esposa, Jarvik levantó la barbilla de Elaina y sonrió al observar sus párpados pesados ​​y su sonrisa soñadora.
– ¿Quieres comer algo?
Elaina frunció las cejas y abrió un ojo.
– ¿Tienes hambre? Pero si ni siquiera puedo moverme.
– No te estoy pidiendo que vayas a buscar nada. Sólo quería saber si necesitabas algo. – Jarvik arrastró su dedo desde la punta de un hombro al otro.

– Solo dormir. – Elaina recostó la cabeza en su pecho y dejó escapar un largo suspiro.


Elaina no lo amaba todavía. O por lo menos no tanto como Jarvik la amaba a ella, pero pronto la conquistaría por completo. Pronto Elaina le confesaría su amor. Jarvik rodó lentamente, y pudo escapar de sus brazos sin despertarla.
Calculando el tiempo, supuso que sería casi medianoche. Jarvik no esperaba que sus hermanos estuviesen de acuerdo tan fácilmente con la muerte del bastardo de Eogan y de toda su calaña, pero podría haberse equivocado. Después de todo, Ruard había abatido a Lord Ulfric y a sus guerreros para garantizar la seguridad de Catriona y Gaierla y Njal, El Pacificador, tampoco había dudado en matar al tío que había traicionado a Bettina.
***
Elaina no movió ni un músculo cuando él salió de la torre.
Encontró a su capitán esperando en la entrada de la torre y Jarvik le ordenó a Garek que se quedase para proteger a Elaina y a las niñas.
– Cuando mi esposa se ​​despierte, llévala junto a nuestras pequeñas y sigue todos sus movimientos como un perro.
– ¿No deben dejar la fortaleza? Coloqué a un hombre en la puerta de la cámara de las mujeres y las escuchó hablar de que mañana llegaría un trovador.
Jarvik estudió los ojos brillantes de su capitán.

– Creo que hay algo más que no me estás contando sobre lo que tú guerrero escuchó.


– Nada importante. Me senté en la mesa principal esta noche y parece que todas las nobles que estaban sentadas allí, planeaban pedir a sus costureras ropa de harén. Ha sido una brillante estrategia. – Garek le dio un golpecito en el hombro.
Planeada por la esposa de su hermano, pero Garek no necesitaba saber eso.
– Cuando mis hermanos y yo volvamos, iremos a la cabaña de baños. – No quería ningún testigo que viera lo que iban a hacer.
– De acuerdo. Tus hermanos y los otros guerreros te están esperando en el bosque con Haski.
***
Jarvik recorrió la corta distancia hasta un claro en el bosque.
– ¡Saludos, hermanos! – Jarvik montó a Haski y agarró las riendas. – ¿Cuál es el plan?
– Tú y yo iremos a encontrarnos con Eogan y sus guerreros. Ruard y Njal se enfrentarán con los Normandos y llevarán un carro para traer de vuelta los cuerpos. – El semental de Torsten se agitó y él lo tranquilizó con un pequeño tirón de las riendas. – Envié a algunos hombres por delante antes de la cena, para comprobar el lugar. Es una península cerca de Moray, que bordea el castillo Skjebne. Los encontraremos allí.
Njal se pasó la mano por el cabello.
– Debemos estar de vuelta en Laufsblað Fjóllóttr de madrugada, a más tardar. Les daré la noticia a los Reyes, mientras que tú, Elaina, las niñas, Torsten, Ainslin y sus hijos estáis de camino a Skjebne.
– ¿Por qué nos acompañaran Torsten y su familia a Skjebne? – Jarvik esperaba tener sólo para él, durante los primeros meses, a Elaina y sus hijas.
– Por precaución, nada más. No podemos matar a todos los hombres de Eogan y sería bueno que todo el mundo supiese que El Oso del Norte se encuentra en el castillo. – Njal se masajeó la espalda.
– Cabalgad con Thor, hermanos. – Torsten clavó sus talones en el semental y los guerreros se separaron.
***
La luz del sol se filtraba por las ventanas abiertas de la torre, despertando a Elaina de su profundo sueño. Estirándose, los recuerdos de la pasada noche pusieron una sonrisa en su rostro, pero al darse la vuelta para encontrar a Jarvik, descubrió que él había partido hacía algún tiempo. Las sábanas estaban frías cuando las tocó.
Hoy se marcharían a Skjebne. La cabeza de Elaina estaba llena de planes para mejorar el castillo, plantar un jardín nuevo, elegir un lugar para moler, mezclar y secar las hierbas que necesitaba para curar, organizar un cuarto para mujeres, y muchas ideas más. Una gran sonrisa curvó sus labios. A Kateri y Kitti les encantaría la playa, las olas, y también su nueva habitación.
Saltando de la cama, se vistió y se dirigió a ver a las niñas.
– Buenos días, Elaina. – Catriona estaba rodeada de niños de todas las edades y sexos que se sentaban en el suelo. – Tu Kateri se ha quedado dormida en el vientre de Bella, mientras Kitti reclamaba a Fiera.
Elaina observó a los dos lobos que tanto Deidra como ella habían criado desde cachorros, Bella y Fiera. Las niñas habían aprendido a andar sujetándose a sus colas, y los dos animales habían adoptado a las bebés como a sus propios cachorros.
– ¿Las niñas los reconocieron, entonces? – Elaina se sentó en el suelo.

– Si. No sé quién estaba más entusiasmado, los lobos o las niñas.


Situada en el tercer piso de la torre, la guardería era una enorme cámara cuadrada con tres grandes ventanas abiertas en una pared. Las persianas dejaban entrar los rayos de la mañana, trayendo partículas de polvo y hojas en un centelleante baile. La ligera brisa aliviaba el calor del sol y el canto de los pájaros resonando en el cuarto, recordaba el esplendor del verano.
Todas las mujeres descansaban en diferentes lugares de la cámara. Ainslin jugaba al Zorro y al Ganso con sus hijos gemelos. Elaina ya había conocido a los chicos, pero no podría decir quién era Rob o Brom.
Gaierla, con Inga en su regazo, estaba sentada al lado de Ainslin y las dos niñas observaban el progreso del juego.
Bettina seguía a su hijo Saxski, mientras él gateaba hasta los lobos, deteniéndose de vez en cuando para recoger algo del suelo y llevárselo a la boca.

– Saxski es muy ágil con las manos. – Elaina recordaba bien la curiosidad de las niñas a esa edad.


Bettina quitó una mariposa de las manos del niño.
– Será tan fuerte como su padre.
– Y tan terco como su madre. – La voz profunda de Njal sorprendió a Elaina, sobresaltándola.
Los hombros del guerrero llenaban el marco de la puerta. Su mirada se encontró con la de su esposa, pero algo en los ojos de su marido hizo que Bettina dejara a Saxski en el regazo de Elaina.
– ¿Ocurre algo? – Bettina fue hasta su esposo, quien le susurró algo al oído.
Un mal presentimiento se deslizó por la mente de Elaina. Jarvik.
– ¿Dónde está mi esposo?
Njal carraspeó.
– Se fue por delante hacia Skjebne. Todos os acompañaremos a ti y a las niñas hasta allí, cuando el Rey Cnut y Máel Coluim se marchen.
Elaina luchó contra el impulso de encontrar un caballo y cabalgar al castillo. Se levantó sosteniendo al niño.

– ¿Y cuando se marcharan los monarcas?


– Se están preparando para hacerlo en estos momentos. ¿Puedes preparar a las niñas rápidamente? – Njal enroscó sus dedos con los de Bettina.
El estómago de Elaina se tensó. ¿Qué es lo que estaba mal?
– Si. No tenemos mucho que guardar. – Elaina abrazó a Saxski y besó su frente antes de entregárselo a Bettina.
– Tú y yo iremos por delante. Mis hermanos y sus esposas nos seguirán después en las carretas. Date prisa, Elaina.
Ella miró a Njal, en busca de pistas en su rostro que le dijera que es lo que estaba ocurriendo.
– ¿Carretas?
– Si. Los más pequeños vienen con nosotros.
Eso sólo podía significar que los hermanos planeaban quedarse en Skjebne durante un tiempo.
Necesitó de todo su control para no preguntar que había sucedido y obedecer las órdenes de Njal. Antes de que el sol llegara a la mitad del cielo, ya estaban de camino a su nuevo hogar, Skjebne.

Elaina esperó hasta que estaban galopando, poniendo distancia entre la fortaleza y Skjebne, para dar la vuelta a su caballo y parándose, bloqueó el camino de Njal.


– ¿Qué ha pasado? – Exigió.
– Jarvik está herido. Tenemos que llegar a Skjebne rápidamente. Necesita tus capacidades curativas. – Njal parecía triste.
Sus palabras enviaron una oleada de terror directamente al estómago de Elaina.
– ¿Está muy herido?
– Una espada le hirió en el vientre. También tiene un hombro magullado y algunos cortes. Si no fuera por que Haski se detuvo a su lado cuando él se cayó... – Njal movió la cabeza. – Rápido, Elaina. Ha perdido mucha sangre.
No. No. Ella no había encontrado la felicidad sólo para perderla ahora. Elaina clavó los talones en los flancos del semental y espoleó a su caballo a un feroz galope. Las millas pasaban y lo único que podía ver era la cara de Jarvik, con su sonrisa seductora, sus increíbles ojos azules y su cabello dorado. Le había prometido que protegería a las niñas y a ella hasta la muerte.
Por favor, Señor, no lo dejes morir.

En el momento en que Elaina desmontó subió corriendo a la cámara principal, loca de preocupación. Njal iba detrás de ella. Elaina contuvo la respiración y se acercó a la cama. Las cortinas estaban echadas.


Como la curandera que era, y recordando todos los años que se había dedicado a sanar a las personas heridas, asumió el control de la situación y calmó sus emociones. Inspeccionó la cámara y negó con la cabeza.
– Njal, necesitamos una cámara más pequeña. Ordena a los hombres que la limpien de arriba a abajo con agua caliente y jabón. Quiero que pongan sábanas hervidas. – Ella agarró la cortina de la cama y reuniendo su coraje la abrió. – ¡Hazlo ya! Lo necesito ahora.
¡Dios tenga misericordia!

Jarvik estaba inconsciente. Lo desnudó suavemente, agradeciendo en silencio a los que habían tenido el buen sentido de cortar su cota de malla. La herida del vientre era superficial, pero ya mostraba signos de infección. La suciedad de la sangre seca y la tierra, habían formado una costra en el centro. La contusión del hombro sanaría en unos pocos días. La palidez de su piel y la coloración amarillenta de la parte blanca de sus ojos cuando le abrió los párpados para observarlos, le preocupaba... pero... no era muy grave. El alivio corrió por sus venas. Elaina respiró profundamente para calmar sus nervios.

– ¿Cómo está? – Torsten estaba en la puerta. – La cámara está lista. He venido a llevarlo hasta allí.
– No es tan malo como me temía, pero se le ha infectado la herida y ya tiene fiebre. Hay un aguardiente escocés hecho en las Highlands, quiero tanto como puedas conseguir. La bebida limpiará las heridas y la infección. Envía a alguien a recoger musgo marino y hierbas. – Elaina se quedó en silencio mientras Torsten cogía a Jarvik suavemente en sus brazos. Ella posó la mano en el brazo de Jarvik mientras se dirigían al otro cuarto.
Torsten puso a Jarvik encima del colchón de paja de una habitación bien ventilada, con ventanas y una chimenea en la esquina. Olía a jabón y al agua salada del mar.
– Las sirvientas están secando las sábanas y las mantas sobre los fogones de la cocina. Las traerán enseguida. ¿Está muy infectada la herida?

– Las he visto peores. Te necesito aquí para limpiársela, en caso de que se despierte. Voy a tener que cortar un poco de piel. Y también necesito un caldero sobre el fuego constantemente, con agua hirviendo.


– Me encargaré de todo.
Elaina se estremeció ante la sola idea de usar un cuchillo en la piel de Jarvik. A pesar de saber que era necesario y de que ya lo había hecho en el pasado, incluso en heridas mucho más graves, era la primera vez desde la enfermedad de su madre que estaba cuidando a una persona que amaba. Un leve ruido atrajo su atención hacia la puerta abierta.
– Deidra. Doy gracias al Señor.
– Tengo todas las hierbas y los suministros que necesitas, y también el aguardiente. Lava y limpia las heridas, yo te ayudaré con el resto. – Deidra entró en la habitación y le entregó una bolsa a Elaina. – Tijeras, cuchillos, agujas, hilos, tripas de cerdo secas y todo lo que puedas necesitar. Tengo las hierbas para los emplastos en la cocina. Voy a empezar a hacerlos.
Elaina estuvo a punto de estallar en lágrimas, de tan aliviada que se sentía al contar con el apoyo de Deidra.
– Gracias de todo corazón. Me acabo de dar cuenta de que amo a este idiota y no quiero perderlo por una pequeña herida.
Deidra abrazó a Elaina y le dijo.

– Preocúpate solo por tu esposo. Deja que nosotros nos ocupemos de todo lo demás. Torsten, no te atrevas a discutir con ella. Elaina lo va a curar.

***
Durante dos días y dos noches, Elaina trabajó incansablemente para librar a Jarvik de la infección que sufría. No se atrevió a cerrar y coser la herida hasta que todo el pus hubo desaparecido y solo salió sangre roja y limpia. Al tercer día, si ella no hubiera estado tan cansada, habría saltado de alegría cuando la infección desapareció.
Jarvik recobró el conocimiento varias veces durante esos dos días, y Elaina rezó para que permaneciese dormido hasta que ella terminase de coser la herida. Percibió a Deidra en la entrada de la cámara, pero no podía permitirse el lujo de perder la concentración cuando solo le quedaba un último punto que atar.
Deidra hizo la señal de la cruz.
– Gracias a Dios. ¿La herida está limpia?
– Si. Y el blanco de sus ojos ya no está amarillo. La fiebre debería de desaparecer pronto.

– Entonces es el momento de que te des un baño y descanses. – Deidra tocó el hombro de Elaina. – Kateri y Kitti necesitan verte también. A pesar de que están demasiado ocupadas como para echarte de menos.


– ¿Demasiado ocupadas? – Elaina pasó un paño limpio y húmedo por el vientre de Jarvik, para limpiar una gota de sangre del último punto.
– Si. Catriona ha ordenado a los gemelos de Ainslin, Brom y Rob, que preparasen un lugar para la guardería. ¡Dios mío!, esa mujer debería de haber sido una guerrera. No he escuchado decir ni pío a los niños. Ni una sola pelea. Y tendrías que oír a tus niñas. Hablan sin parar y repiten todo lo que oyen. Levántate ahora. He ordenado a las sirvientas que te preparen el baño en la cámara principal. Te llevaran la comida y a las bebés. Y después quiero que te vayas a dormir.
Demasiado cansada para discutir, Elaina hizo lo que le había sugerido Deidra. Kateri y Kitti la visitaron mientras comía. Las bebés parecían haberse convertido en niñas durante esos días. Jugaron con la comida de sus platos y luego recorrieron toda la cámara nombrando objetos, mirándola y solicitando su aprobación. Su último pensamiento antes de dormirse fue que ellas estaban creciendo muy rápidamente.
***

– Elaina.


Ella abrió los ojos para encontrar a Deidra de pie junto al lecho. La preocupación hizo que Elaina se sentara en la cama rápidamente.

– ¿Qué pasa? ¿La infección ha vuelto?


– No, nada de eso. Jarvik está despierto y rugiendo a todos los que se le acercan. Quiere verte.
Elaina se apoyó aliviada en el cabecero de la cama.
– ¡Gracias a Dios! Pásame el vestido, debo darme prisa.
– No. No te apresures. No le va a pasar nada malo porque tenga que esperar unos momentos más. – Deidra cogió un peine. – Has dormido durante un día y medio.
– ¡No puede ser! ¿Cómo pudiste dejarme dormir tanto tiempo? – Elaina agarró su camisa, se la pasó por la cabeza y se puso el vestido.
– Necesitabas ese descanso. Y además, vas a necesitar muchos más, ya que me temo que tu marido va a ser un paciente difícil de cuidar. – Deidra le hizo un gesto con la mano. – No te enfades conmigo.

– No estoy enfadada. Estoy preocupada. – Dijo sentándose en la cama y poniéndose las zapatillas. El colchón se hundió cuando Deidra se sentó a su lado. – ¿Has dicho que está rugiendo?


– Si. Estoy convencida de que todos los guerreros se ponen irritables cuando están heridos. Magnus también lo hace. Jarvik cree que ya está curado. – Deidra comenzó a peinar a Elaina. – Ahora, pellizca tus mejillas, y déjame apretar los lazos del vestido para resaltar tus pechos. Porque si Jarvik es como Magnus, nada va a acelerar su recuperación más que la idea de montarte de nuevo.
– ¡Deidra! Nunca te he oído hablar así. Y ni siquiera te estás sonrojando. – Elaina no pudo reprimir una sonrisa.
– Ah, eso es porque descubrí que todo lo que me contabas era cierto. Es el mayor de los placeres, conocer a un guerrero a través del tacto, el olfato, la boca y la lengua. De hecho, tengo la suerte de estar casada con un hombre muy vigoroso y apuesto. Te lo juro, hace más de un año que nos casamos, y aun no puedo dejar de suspirar cuando lo miro.
Elaina luchó por unos instantes con los cordones del vestido al atarlos, antes de saltar de la cama y correr hacia la cámara de Jarvik.

Ralentizando sus pasos, respiró profundamente, se abrazó la cintura con las manos y entró. La habitación estaba vacía.

– ¿Dónde estás?
– Tengo otras necesidades además de ti, esposa. – La voz de Jarvik llegó desde atrás.
Elaina se giró y corrió hacia él.
– ¿Por qué te has levantado?
– ¿Y como quieres que vaya al aseo privado?
Elaina envolvió un brazo en su cintura y cuando Jarvik apoyó una mano sobre su hombro, ella le ordenó.
– Apóyate en mi. ¿Quién te ha dejado levantarte sin ayuda? Te ayudaré a desatar tus pantalones. Poco a poco, mi señor.
– Jarvik, esposa. Me debes por lo menos seis besos y voy a pedírtelos tan pronto como ponga mi cabeza en la cama. – Él estaba jadeando y Elaina se imaginó que el viaje al aseo privado le había agotado.
Una vez que lo acostó en el colchón, ella se giró para recoger unos paños, pero Jarvik la agarró de la mano.

– Quédate conmigo, Elaina. Necesito abrazarte un poco.


Con cuidado, ella se acostó en la cama. Jarvik la acercó a su lado y besándola en la frente, pasó un brazo por sus hombros y apoyó la cabeza de Elaina contra su pecho. Jarvik inspiró profundamente el olor de su esposa. Después de días de haber estado enfermo en la cama, el aroma de Elaina lo tranquilizó.
– Dulzura. – La besó en la punta de la nariz. – Ahora las niñas y tú estais seguras.
Elaina le acarició la barbilla y sonrió al sentir el suave vello que le cubría el mentón.
– Es muy extraño. Desde el principio, siempre me he sentido segura contigo. Incluso cuando apenas era una niña pidiéndote besos, nunca pensé que me harías daño. Y en el lago... Tendría que haber gritado por estar desnuda en los brazos de un guerrero. Unos fuertes brazos, debo añadir. Y aunque mi cuerpo me pedía correr, mi mente decía que no, que había encontrado un refugio.
– Me honras con tus palabras, esposa. Me gustaría agradecértelo como hago siempre. – Jarvik le rozó los labios con el dedo. – Pero aunque mi polla este muy deseosa de mostrarte cuanto, el resto de mi cuerpo todavía no puede. Aun no estoy completamente recuperado.

Elaina sonrió.


– ¿Qué estás tramando? Conozco esa sonrisa de sirena. Y lo mismo sucede con mi vigoroso compañero y mis bolas.
– Parece que un vientre rasgado no impide el funcionamiento de tu vara. – Elaina apoyó la barbilla en el pecho de Jarvik. – Voy a pedir a tus hermanos que te lleven de vuelta a nuestra cámara. Y esta noche, puede que alivie el sufrimiento tanto de tu ansiosa polla, como de tus bolas.
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