Jianne Carlo Serie Guerreros Vikingos 5 – El Seductor Argumento



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Capítulo 7
Tres semanas más tarde, Jarvik estaba cerca de echar a todos del castillo. Quería a su mujer y a sus hijas sólo para él.
– ¿Qué te pasa? – Magnus lanzó un golpe con la espada al costado de Jarvik.
Jarvik se apartó.
– Ya es hora de que todos os marcheis.
– No. – Replicó Magnus rápidamente.
Jarvik saltó hacia atrás y evitó por muy poco que la espada de Magnus le rozase la rodilla.
– Si. Eogan y sus hombres están muertos. – Comentó limpiándose con una mano el sudor que corría por su rostro. – Máel Coluim reclamó la corona de Strathclyde. Cnut y Coluim acordaron firmar un tratado. Y yo estoy lo suficientemente bien como para entrenar contigo. Es hora de irse.
– Realmente estás recuperando tu fuerza más rápido de lo que me esperaba. Me temo que si tu esposa se entera de que hemos estado entrenando, me golpeará. – Magnus envainó su espada. – Me gusta esta cala.
A Jarvik también. Tenía muy buenos recuerdos de poseer a Elaina allí. Jarvik examinó la aislada ensenada delimitada por altos acantilados oscuros en cada extremo. Las olas golpeaban la playa, dejando espuma en la arena bañada por el sol.

– ¿No estás deseando regresar a tu castillo? – Jarvik dejó su espada en una piedra grande y se quitó las botas y los pantalones.


Magnus ya se había despojado de su ropa.
– Si. Pero Deidra no se va a querer ir hasta que su nueva mascota se cure.
Jarvik sonrió antes de sumergirse en una ola.
Deidra había adoptado a una foca herida, para disgusto de Magnus. No había sido fácil construir una piscina protegida, alimentada por el mar, para que la criatura herida pudiera ser amamantada.
Jarvik surgió del agua y flotó de espaldas. Aunque el sol brillara y los días fuesen más largos, el agua del mar conservaba el frío del invierno.
– Njal debería llegar hoy. – Magnus le tiró agua a Jarvik. – Será un alivio saber que el tratado ha sido firmado.
– Es cierto. – Jarvik comenzó a nadar hasta la orilla.
– Aunque creo que solo tendremos algunas estaciones de paz, ya que está empezando una guerra en el reino nórdico. Habrá muchos que buscarán nuevas tierras. Es un alivio tener a Torsten aquí con nosotros y saber que los planes de Njal han dado sus frutos.

Cuando los pies de Jarvik tocaron la arena, se detuvo.


Magnus llegó caminando a través de las olas y le apretó el hombro.

– Estamos en las mejores condiciones si nos alcanza la guerra. Nuestras tierras están cercanas unas de otras. La costa es fácil de ser defendida contra una invasión. Las tierras de Valan, La Víbora, limitan nuestras fronteras y él no se levantará en armas contra nosotros.


– Eso es verdad. No, con la gemela de Deidra como su esposa. ¿Cómo puedes diferenciar una gemela de otra? Yo no lo consigo. Y lo mismo me sucede con Brom y Rob. Ellos nos engañan todo el tiempo, y sólo Ainslin y Torsten saben diferenciarlos.
Magnus se acostó en una piedra plana.
– Tal vez es el amor, el que hace que las diferencias sean obvias.
– Nunca pensé que te oiría hablar de amor. – Jarvik se sentó en la misma piedra y levantó el rostro hacia el sol. – ¿Hablas de eso con Deidra?
– Si. Pero aun así, no lo voy a hacer contigo. – Magnus siempre había sido muy callado, pero Deidra conseguía que le dijera que la amaba constantemente.
Jarvik esperaba escuchar pronto esas palabras pronunciadas por Elaina.

– Aunque te diré lo que tu esposa le dijo a Deidra cuando llegamos. – Magnus se levantó sobre sus antebrazos, y le dedicó una sonrisa torcida. – Elaina le dijo que había descubierto que amaba a un idiota y que no iba a perderlo por una pequeña herida.


El corazón de Jarvik saltó de alegría y la sangre corrió más rápido por sus venas. Tenía que retribuir a Magnus por esa maravillosa noticia. Elaina lo amaba.
– No me es fácil decírtelo, pero vi a tu esposa llorando esta mañana.
Magnus saltó de la piedra.
– ¿Cuando? ¿Por qué no me lo has dicho antes?
Jarvik se encogió de hombros.
– Ella me hizo prometer que no te lo contaría. Y, de hecho, me aseguró que no era nada.
– ¡Nada! ¡Nada! – Magnus se estaba vistiendo mientras rugía. – ¿Y si hubieras encontrado llorando a Elaina? ¡Realmente eres un idiota! ¡Un bufón!
Esas palabras le trajeron recuerdos de Elaina y del lago. Lord Patrick había contado a todo el mundo la reunión que habían tenido Elaina y Jarvik en el lago, y logró extender la historia de que Jarvik se había comportado como un bufón de la Corte. Pero Jarvik se vengó de él y ayudado por Garek habían metido hojas de ortiga seca en el colchón de Patrick. Los mensajeros de Laufsblað Fjóllóttr escribieron con detalle el sufrimiento del Lord, y Magnus le tuvo que leer las cartas a Jarvik durante los largos días que permaneció en la cama.

Magnus maldijo a Jarvik mientras montaba en su caballo y partía al galope por la playa.


Jarvik esperó hasta que él ya no pudo ver a Magnus ni a su caballo antes de ponerse su ropa. Tres semanas. Durante tres largas semanas, él no había penetrado con su polla el dulce coño de Elaina. Cada noche y cada mañana se amaban, pero ella no lo dejaba entrar dentro de ella hasta que estuviese totalmente recuperado. Hasta hace muy poco, una hora de entrenamiento lo dejaba agotado durante todo el día. Pero su impulso y su fuerza habían regresado con la práctica diaria, y esta noche tenía la intención de atar a su maravillosa esposa a la cama.

Había sido un placer volver a su castillo. No sólo Skjebne era una magnífica propiedad, sino que casi era imposible de invadir y sitiar. Al entrar en el patio, Haski se levantó sobre sus patas. Torsten le había contado a Jarvik lo que hizo el semental para defenderlo cuando él se cayó. El comportamiento del caballo había mejorado desde la batalla. Jarvik curvó los labios mientras miraba al animal.


Bueno, en realidad, ahora Haski toleraba a Jarvik a causa de Kateri.
En el instante en que la niña puso los ojos en Haski, su mirada se iluminó, y antes de que Jarvik pudiera reaccionar, la niña estaba acurrucada en las patas delanteras del caballo. Jarvik se preparó en ese instante para matar al caballo, pero el animal se quedó sorprendentemente tranquilo y olfateó suavemente a Kateri. A partir de ese momento, la niña insistía en llevar una manzana al caballo por la mañana y por la tarde. El semental parecía fascinado e intrigado por Kateri.
Por la tarde, los dos repetían un extraño juego; cada vez que Haski estaba en el patio, Kateri se enroscaba en una de las patas delanteras del animal, daba unos pasos, luego le lanzaba una mirada traviesa por encima del hombro y esperaba a que el semental llegara a su lado para acariciar su cuello. Jarvik movió la cabeza. Nunca entendería esa amistad entre el caballo y la niña.

Las mujeres planeaban una fiesta por el regreso de Njal y el patio bullía de actividad. Mujeres y hombres iban y venían mientras que los niños jugaban con una bola de paja en un rincón. Miró a Kateri y a Kitti tropezar y casi tirar las cestas que llevaban en las manos, llenas de margaritas amarillas y blancas. Jarvik desmontó, evitó los dientes de Haski, y arrojó las riendas a un mozo de cuadra. Haski resopló su disgusto.


Kateri se volvió y corrió balanceando su cesta. Cuando Kitti tropezó y se le cayó la cesta, Jarvik la cogió en brazos.
– Haski. – Kateri gritó y saltó con los brazos extendidos al semental.
El caballo se quedó quieto, sin siquiera mover la cola, y cuando la niña abrazó su pata delantera, él suavemente bajo su cuello hacia ella. ¡Por los dedos de Odin! Kateri había aprendido antes el nombre de su caballo, que a decir papá. El caballo seguía a la niña a todas partes. Jarvik hizo una mueca.

– ¿Papá? – Kitti, ahueco el rostro de Jarvik con sus regordetas manos. Su hija estaba llamando su atención. – Mis margaritas se han caído.


Cuando él estaba demasiado débil para hacer cualquier cosa más que estar tumbado en la cama, las dos niñas hicieron de todo para que no se sintiera solo. Entraban en la cámara, se subían a la cama, y le llevaban pequeños troncos para que les tallara juguetes. A Jarvik le encantaban los niños y mimaba a su sobrina y a sus sobrinos, pero no había imaginado el gran orgullo que sentiría por sus dos hijas.
Nunca imaginó que las dos niñas fueran tan diferentes. Mientras que Kateri era terca, y se lanzaba a todos los peligros, Kitti era contenida y observadora, pero aun así seguía el ejemplo de Kateri.
– Vamos a recogerlas y a poner las flores otra vez en la cesta. – Dijo besando el rostro suave de Kitti y poniéndola en el suelo. – ¿Qué vas a hacer con las margaritas? – Jarvik agarró la cesta y empezó a recoger las flores.
– Es para nuestro cabello.

Unos momentos más tarde, Jarvik agarró a las niñas y las cestas en sus brazos y se aventuró en el gran salón. Torsten y Ruard estaban sentados en una mesa con cuernos de cerveza en las manos.


Gaierla con su paso rápido, se acercó a ellos, apuntando a las cestas y a las niñas que Jarvik tenía en brazos.
– Tío Jarvik, Catriona quiere que lleve a las niñas a la guardería. Vamos a intentar que los niños descansen, para que todos puedan estar presentes en la fiesta.
Nadie desobedecía las órdenes de Catriona, ni siquiera Ruard. Jarvik puso a las niñas en el suelo, le dio las cestas a Gaierla y se unió a sus hermanos. Sentándose en un banco escudriñó la enorme sala antes de centrarse en sus dos hermanos.
– ¿Y Magnus?
– Apareció por aquí rugiendo a Deidra y la última vez que lo vi estaba llevando a su esposa a su cámara. – Torsten lucía una sonrisa de suficiencia. – Se irán a su castillo mañana.
La polla de Jarvik saltó feliz. ¡Al fin solos!
– ¿Cómo lo sabes?
– Encontré a Deidra llorando anoche. – Torsten tomó un sorbo de cerveza.

Jarvik, nunca en toda su vida había conseguido seguir el razonamiento de su hermano. Él también había visto llorar a Deidra. ¿Y qué?


– ¿Eso significa que vas a torturarme y permanecer aquí hasta que Ainslin llore?
– No. – Negó Torsten. – Te enterarás pronto. Las mujeres lloran cuando se quedan embarazadas.
– Magnus no sobrevivirá cuando se ponga de parto. – Ruard golpeó la mesa. – Tal vez Catriona y yo nos quedemos a disfrutar un rato viendo como se tortura y sufre. ¿Crees que le va a permitir a ella la libertad que tiene ahora?
Jarvik se rió.
– Él ya está encima de ella como una gallina con sus pollitos alrededor. No hay mucho más que pueda hacer, ¿no?
– Es verdad. Catriona lo tiene en sus manos. – Dijo Ruard.
– Como si tú fueras diferente. Ruard también se va mañana. – La sonrisa de Torsten podría iluminar una noche de tormenta.
Ruard frunció el ceño y se limpió la espuma de la boca.
– ¿Ahora eres tú el que nos echas?
– No. Ainslin me dijo esta mañana que Catriona ordenó a la cocinera que hornease una docena de tartas de manzana.
Ruard escupió la cerveza sobre la mesa y se puso verde.

– ¡Está embarazada! – Y sin decir nada más, Ruard se levantó del banco y corrió hacia las escaleras.


– Es extraño. – Jarvik miró a Ruard mientras subía las escaleras de dos en dos. – No será así cuando Elaina se quede embarazada. Voy a ser como tú, hermano, tranquilo y razonable. ¿Dónde está Ainslin?
– Encerrada en nuestra cámara. – Torsten llamó a una criada para que le trajera otra jarra de cerveza.
El ruido del patio ahogaba los sonidos de las cacerolas resonando en las cocinas. Uno de los muchachos puso una jarra y dos cuernos sobre la mesa y Torsten llenó con una sola mano uno para Jarvik y otro para él, dejando otra vez la jarra en la mesa.
– ¿Y por qué has encerrado a tu esposa en tu habitación? – Con el ceño fruncido, Jarvik miró hacia la puerta abierta.
– Ainslin necesita descansar. Y ella es muy obstinada e irracional, cuando está embarazada.

Jarvik ahogó una carcajada mientras bebía su cerveza, pero se atragantó con el líquido y tuvo que taparse la boca.


– Ella ya ha descansado lo suficiente. – La dulzura de su voz desmentía la furia que Ainslin mostraba en su rostro, con los ojos entrecerrados y el ceño fruncido.
Torsten se volvió bruscamente y se levantó del banco para ponerse delante de Ainslin.
– ¿Por qué no estás descansando?
Jarvik comprobó si el techo había resistido el grito de Torsten.
– Me quedan más de cinco lunas para que intentes constantemente que descanse a todas horas. – Ainslin se puso de puntillas y le clavó un dedo en el enorme pecho de su marido. – Te prohíbo que me vuelvas a encerrar en cualquier cámara.

¿Ainslin prohibiendo algo al Oso del Norte? Elaina nunca lo avergonzaría públicamente.
Torsten miró hacia la puerta.
– Tengo miedo de preguntar. ¿Cómo llegaste a través del patio?
Ainslin movió las manos.
– Soy como una cabra montesa.

– ¿Has bajado por la pared? – Torsten hizo una mueca de dolor y se agarro la cabeza. – ¿Has bajado desde un tercer piso?


Con una velocidad impresionante, Torsten lanzó a su esposa sobre su hombro, y se dirigió hacia las escaleras antes de que Jarvik pudiera parpadear. Jarvik no podía detener la risa. Se reía tanto y tan fuerte, que pronto llamó la atención de varios muchachos y sirvientes.
Cuando se estaba secando las lágrimas que se deslizaban por su rostro, Njal atravesó la puerta.
– ¿Qué te divierte, hermano? ¡Ah, cerveza! Estoy seco. – Njal agarró el cuerno abandonado de Torsten y se lo terminó antes de sentarse en el banco delante de Jarvik.
– Parece que una mujer que espera un hijo, hace que un hombre enloquezca.
No sabes ni la mitad, pero aprenderás pronto. – Njal llenó otra vez el cuerno.
Jarvik se encogió de hombros.

– Catriona está en la guardería, o lo estaba antes de que Ruard fuera en su busca. Ella ordenó que horneasen una docena de tartas de manzana esta mañana. Y encontré llorando a Deidra. – Jarvik se echó a reír de nuevo.


– ¡Por Odin! ¿Todas? ¿Al mismo tiempo? Casi desearía que el tratado no hubiese sido firmado. Es más fácil luchar en un campo de batalla que tener que cuidar a una mujer embarazada. – Njal se estremeció. – ¿Dónde está Bettina?
Un rumor procedente del patio se escuchó en el salón.
Demasiado curioso para esperar a ver que pasaba, Jarvik se dirigió hacia la puerta.
– Torsten no habrá sido tan estúpido como para dejar la cuerda colgando.
– ¿Cuerda? – Njal lo siguió. – ¿Torsten?
– Torsten encerró a Ainslin en su cámara porque necesitaba descansar, pero ella descubrió que había descansado lo suficiente y salió por la ventana.
Njal se tropezó con él.
– ¡Cuidado! – Jarvik sujetó a su hermano.
Njal se había puesto del mismo tono de verde que tenía Ruard cuando se marchó.
– Les diré que no vengan a visitarnos. Si Bettina escucha lo que ha hecho Ainslin... – Njal negó con la cabeza.

Otro sonido, más fuerte todavía, mezclado con gritos de aliento y comentarios se escuchó en el patio.


Jarvik se giró y salió casi corriendo hacia la entrada. Bettina, vestida con pantalones y una túnica y luciendo un carcaj de flechas, estaba montada en Haski. El caballo se resistía y coceaba mientras Bettina lo controlaba, con la cabeza echada hacia atrás y su cabello negro ondeando a su alrededor.
Jarvik no puede reprimir otra risa histérica.
– Voy... a... matarla... – Njal, apretó los puños y bajó las escaleras rápidamente.
Cuando Bettina se fijó en él, abrió mucho los ojos y sin dudarlo un instante hizo volverse al caballo y lo instó al galope.
Njal saltó sobre el caballo que había dejado en el patio, y cabalgó en dirección a su esposa.
– ¿Qué te divierte tanto, esposo? – Dos brazos delgados se envolvieron alrededor de la cintura de Jarvik.

Él se volvió y se quedó hechizado por la belleza de su esposa. Estaba radiante. Su bronceada piel brillaba y sus ojos rasgados parecían más grandes haciendo que reluciera el verde de sus iris.


– Esta noche, esposa. No voy a esperar más.
– Ya estás recuperado del todo. – Elaina jugueteó con los cordones de la túnica de Jarvik y deslizando la mano por dentro, le rozó el pecho con las uñas. – Aunque me gustan nuestros juegos en la cama, estoy deseando tenerte dentro de mi.
Al oír su deseo, su polla se puso rápidamente dura como una roca, y sus bolas se contrajeron. ¿Por qué tenían que esperar hasta la noche?

Y sin pensarlo ni un instante, Jarvik cogió en brazos a Elaina y salió corriendo hacia las escaleras.


– ¿Ahora? – Elaina sólo ronroneó las palabras. – Tengo que cocinar las bolas de chocolate con especias. Era parte de la sorpresa que había planeado darte después de la fiesta.
– Podrás hacerlo luego, lo que ahora estoy planeando yo, es en montarte el resto del día. – Jarvik pateó la puerta, se fue derecho a la cama, y la dejó en el centro del colchón.
La sonrisa de sirena que le lanzó lo volvió loco y Jarvik se arrancó rápidamente la ropa y las botas. Cuando se pasó la túnica por la cabeza tropezó, y se habría caído de rodillas si no se hubiera aferrado al cabecero de la cama, por culpa de la visión de su esposa que yacía en la cama desnuda, con las piernas abiertas y su monte... Él tragó y se concentró en conseguir que la habitación dejara de girar.

– Esta es la otra sorpresa. Las mujeres de Oriente depilan su coño. ¿Te gusta?

***

El anochecer estaba próximo antes de que se quedaran saciados. Jarvik no podía mover ni un músculo. Elaina estaba en sus brazos, con su rostro apoyado en su corazón y Jarvik todavía tenía su vara en su interior.


–- Entonces, ¿estás de acuerdo? ¿Crees que ya estoy curado?
– Si, ya estás completamente curado. Sé que has sido paciente, y quiero darte las gracias por mantener tu promesa de esperar hasta que yo estuviera segura de tu recuperación. – Elaina lo acarició. – Una cosa es curar a un extraño o incluso a un aldeano que conoces, pero otra cosa es cuidar de alguien al que amas. Eso es una verdadera tortura. Nunca he tenido tanto miedo como cuando te veía hacer cualquier movimiento. Tuve que hacer un gran esfuerzo para no decir nada, cuando me di cuenta de que habías empezado a entrenar.
Jarvik contuvo el aliento. ¡Por la misericordia de Odin! ¡Elaina lo había dicho! ¡Lo amaba!

Él tenía que hacerlo bien. A pesar de que trató de mostrarse como si no hubiera sido golpeado por los rayos de Thor, las manos le temblaban cuando rodó con ella y le enmarcó la cara con sus manos.



¡Como amaba a esa mujer! Nunca había sido la vida tan maravillosa como ahora.
– ¿Elaina?
– ¿Jarvik? – Ella apoyó las manos sobre las de él, y fue entonces cuando Elaina notó un brillo en sus ojos.

Una lágrima. Él nunca había derramado ninguna en toda su vida.


– Quiero cambiar alguna de las promesas que me diste en nuestra noche de bodas. – Dijo Jarvik alisando el ceño fruncido de Elaina. –Puedes llamarme con cualquier nombre que desees. Idiota. Bruto. Bandido. Pero niño, nunca más.
Las largas pestañas de Elaina revolotearon.
– Te dije eso porque me pusiste muy nerviosa. Estoy de acuerdo. ¿Y qué más quieres de mí?
– Quiero que me digas tres palabras cada mañana y cada noche. Y yo te las devolveré a ti también.
Ella alargó la mano para trazar la boca de Jarvik.
– Te quiero, Jarvik. Creo que siempre te he querido, y sé en mi corazón que siempre te querré.

Jarvik se mordió la lengua, agradeciendo el dolor que evitaba que las lágrimas brotaran de sus ojos húmedos. Tragó fuerte y dijo conmovido.


– Estas son las tres palabras que anhelaba hace una eternidad. Te quiero, Elaina.
Y sin nada más que decir, sólo quedaba amarla nuevamente.

***
La noche ya había caído. Los búhos ululaban y el fuego de la chimenea ardía ahuyentando el frío de la noche.


Con la cabeza apoyada en sus manos, Jarvik disfrutaba de la vista del trasero desnudo de su esposa, masticando un trozo de queso, mientras ella encendía las lámparas colgantes. Por alguna razón, el queso olía más fuerte de lo normal. Su estómago se rebeló.
– ¿Te sirvo más cerveza y queso? – Elaina le lanzó una mirada atrevida sobre un hombro.
– Solo cerveza.

Elaina movió con gracia sus largas piernas cuando le llevó la cerveza.


Jarvik se sentó contra el cabecero de la cama para coger el cuerno con la bebida.
– Me han gustado mucho tus dos sorpresas, esposa. – La cocinera les había enviado una docena de bolas de cacao.
– Tres. – Corrigió ella subiéndose a la cama y apoyando la cabeza en su hombro.
– ¿Tres? – Preguntó Jarvik acurrucándola en sus brazos.
Elaina le cogió la mano y se la puso sobre su estómago.
Jarvik lentamente le acarició el vientre que parecía más redondeado de lo que él recordaba.
– Estoy embarazada.
La cerveza le subió de vuelta a la garganta. Intentó tragar saliva, pero la bebida se lo impidió. Jarvik saltó de la cama y corrió hasta el recipiente de debajo de la cama antes de vomitar todo lo que tenía en el estómago.
Elaina corrió a su lado y cogiendo un paño le limpió la cara, para después humedecer otro paño con agua fría y ponerlo en la frente de Jarvik.
– Realmente, Jarvik, esa no es la reacción que me esperaba. ¿No estás contento?

– Si. – Dijo él, pero enseguida recordó que las mujeres a menudo morían en el parto. – No.


Pero ella tendría un bebé precioso. Un bebé como Kateri o Kitti. Una niña. Una hermosa pequeñita.
Respirando hondo, olió el queso y volvió a vomitar.

Epílogo
Jarvik observó fijamente a sus hermanos con una mirada amenazadora. A pesar de haber llegado la semana pasada para apoyarles mientras él y Elaina esperaban el nacimiento de su primer hijo, últimamente la arrogancia de todos ellos sobre sus experiencias con la paternidad comenzaba a irritarlo.
– Habría sido mejor que hubieras tratado a Elaina como yo trate a Ainslin cuando ella estaba embarazada. – Torsten miró su vino con especias.
Y estar en el parto, como yo estuve con Catriona. – Añadió Ruard.
– Pero si tú te desmayaste, algo que yo no hice. – Njal rodó sus ojos.
– Eso es verdad, tú solo lloraste como un bebé y rezaste a Odin, al Dios de los cristianos y a todas las divinidades de Oriente. – Dijo Magnus añadiendo otro tronco al fuego.
– ¿Y qué hay de ti? Partiste la suficiente leña para construir dos cabañas, solo con las manos desnudas, de noche y en pleno invierno.
Jarvik recorrió con la mirada el silencioso salón y vio que, con la excepción de dos muchachos que limpiaban las cenizas de la chimenea apagada, estaba completamente vacío.
– Todos estábamos mejor que Magnus. – Torsten hizo una seña pidiendo más cerveza. – ¿Eres capaz de comer o beber algo?
Jarvik miró a sus hermanos.

– No. Tal vez, después de haber visto al bebé.

Unas suaves pisadas atrajeron la atención de Jarvik. Miró hacia la puerta y cuando vio a Ainslin se sobresaltó.
– Elaina y el bebé ya están preparados. Probablemente sea el recién nacido más grande que he visto nunca. – Ainslin había hecho de partera para Elaina, cuando Magnus se negó a que viajaran Deidra y sus mellizos.
El recién nacido más grande, se repitió Jarvik mentalmente. Tuvo que apoyarse en la silla para ponerse de pie, dudando de si sus pies todavía obedecerían las órdenes de su mente. Aclarándose la garganta, preguntó.

– ¿Los dos están bien?


– Si. Ve con ellos. Tengo que cuidar de mi bebé.
– Gracias por tu ayuda. No sé lo que habría hecho sin ti. No tenemos otra partera que asista en esta región. – Jarvik saludó a todos y salió de la sala.
Subió las escaleras lentamente sumido en sus pensamientos.
La primavera finalmente había proclamado su victoria sobre el invierno, que a pesar del frío de la estación, fue una temporada muy fructífera. En otoño, Ainslin le dio a Torsten un hijo, Leiknir. A principio del invierno, Bettina dio a luz a una niña, su viva imagen, a quien llamaron Dalla. Pocos días después de Año Nuevo, Catriona presentó a Ruard a su segundo hijo, Grani. Durante una feroz y furiosa tormenta, nacieron los mellizos de Deidra, un niño y una niña, Olvir y María.
Y hacía tan solo unos minutos, Elaina le había dado a Jarvik un hijo que habían decidido llamarlo Peyton, el segundo nombre del padre de su esposa.

Sus tierras permanecían pacíficas y prósperas, aunque la guerra continuase en casi todas partes. Pocos hombres confiaban en los demás, y muy a menudo los hermanos asesinaban a sus propios hermanos.


Pero él, Magnus, Ruard, Njal, y Torsten confiaban y contaban los unos con los otros. Y ahora entendía por qué.
Por sus esposas y sus hijos.
En el honor de una familia estaba el valor de un guerrero. No había nada más importante que eso.
FIN


Títulos Serie Guerreros Vikingos:

1 - El Oso y la Novia
2 - El Cazador de Dragones
3 - El Pacificador
4 - El Destructor
5 – El Seductor

Sobre la autora Jianne Carlo
Soy una viciada de Iron Chef America y Law and Order, que adora cocinar, comer y leer. Desearía poder quemar una tonelada de calorías comiendo y siendo sedentaria. ¿Tú no?

Casada hace treinta y cuatro años con un hombre increíble que aun me sorprende cada día, y también soy la orgullosa madre de tres fantásticos hijos, ahora todos mayores de edad.

Crecí en la isla Caribeña de Trinidad, donde la población está representada por casi todas las razas y naciones del planeta.

Aunque de niña asistí a una escuela católica dirigida por monjas, también se enseñaban todas las religiones, el hinduismo, el islam, el budismo, y se celebraban todas las fiestas relacionadas con esas religiones. ¿Sabías que muchos alimentos se derivan de las fiestas religiosas?

Los machos alfa, las heroínas fuertes, los lugares exóticos, y las diferencias culturales son mi fuerte. De Mónaco, a Trinidad en la época de Carnaval, a las zonas rurales de Washington, en Denali National Park, en Alaska, en Sleeping Dog, en Texas y en Noruega en 1028 dC, yo viajo por el mundo a través de mis libros, y comparto mi visión con los lectores.

Mi carrera como escritora comenzó en 2008, y desde entonces he tenido la suerte de publicar nueve libros, incluyendo mi primer histórico, lanzado a finales de 2010, y actualmente tengo seis manuscritos en curso.



Uno de los aspectos más gratificantes de escribir, es escuchar a los lectores, y nada me alegra más el día, que un correo electrónico de alguien que haya leído uno de mis libros. Me gusta escuchar la fantasía que agrada a las personas.
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