José miguel carrera



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Centro de Estudios Históricos Forenses

JOSÉ MIGUEL CARRERA



UN HÉROE DE A CABALLO”

- 2010 -

INTRODUCCIÓN

Hablar del General José Miguel Carrera Verdugo, es sumergirse en un mar de romanticismo, de patriotismo, de vehemencia e ideales. El gran valor de Carrera se traduce en la tenacidad de afrontar a sus enemigos, luchar por su patria e impulsar y defender uno de los conceptos que forjó los cimientos de nuestra nación: la libertad.

Nos hemos propuesto ahondar en diversos y variados aspectos de su vida, impulsando una recopilación histórica que entregue nuevos elementos y/o datos que sumen a la mirada existente sobre el pasado, para hacernos partícipes del concepto de historia. El propósito es indagar y recordar hechos, para valorar su pasado, conocer de su existencia, y servir como incentivo, y motor orientador del futuro devenir.

En estas páginas rescatamos el ejemplo de uno de los personajes simbólicos de la Independencia chilena.

La presente investigación histórica ha sido producto de una solicitud realizada por el Instituto de Investigaciones Históricas José Miguel Carrera, mediante su Presidenta doña Ana María Ried Undurraga. En ella abordaremos al hombre, militar y experto jinete, buscaremos establecer sus vínculos con el caballo, explorando elementos de una historia compartida que da vida, por un lado al prócer, y por otro, a la raza equina nacional, pura, de excelencia y trascendental en los campos de batalla, marcando hitos y episodios decisivos en el proceso independentista chileno.

DESDE EL MONTE A ESPAÑA: La formación militar en caballería de José Miguel Carrera

Siendo don Ignacio De La Carrera, coronel de milicias inició a sus hijos Juan José, José Miguel y Luis en la vida militar. José Miguel ingresó a los seis años de edad al Regimiento del Príncipe con el título de alférez, posteriormente, luego de egresar del Colegio Carolino, estuvo a cargo de las faenas del campo de sus padres en San Miguel de El Monte. Allí desarrolló su amor por los caballos y adquirió una gran fama por su destreza y el dominio que ejercía sobre ellos, según cuenta Barros Arana.





A poca distancia de la plaza principal de El Monte está la Hacienda San Miguel, que fue entregada a la familia Carrera como dote en 1773, conserva intactos sus muros de 90 centímetros de espesor, así como una pileta que, según la tradición fue donde bautizaron a don José Miguel.

Dicho espíritu inquieto de José Miguel Carrera y Verdugo hizo que su padre lo enviara a España, donde ingresó al Ejército en el año 1808, en tiempos que se iniciaba la guerra contra Napoleón. En el país hispano perfeccionó sus destrezas militares, sustentadas, principalmente, en la lógica del combate a caballo, y más específicamente, de la caballería ligera.

En Europa participó en forma brillante en 18 combates y batallas que le valieron el ascenso a Sargento Mayor y que, además, significó que fuera nombrado al mando del Regimiento de Húsares de Galicia en febrero de 18111.

Desde esta perspectiva, José Miguel Carrera, fue un militar por excelencia y desde siempre estuvo ligado al ámbito de la caballería2. No obstante, al éxito militar que alcanzó en tierras españolas, y en conocimiento de los aires de independencia que estaban aconteciendo en América, se embarcó en el puerto de Cádiz el 17 de abril en el navío inglés Standart, arribando a Valparaíso el 25 de junio de 18113, ya con 26 años y con toda la experiencia adquirida en las arduas participaciones militares en la península. Los hechos ocurridos durante la segunda mitad del año 1811 y los conflictos entre las principales familias aristócratas llevaron al desarrollo de conatos y revueltas internas, que terminaron posicionando a la familia Carrera como los directores del incipiente ejército chileno.

La defensa del territorio nacional se sustenta enérgicamente en las tropas de caballería, y debido a las características del territorio, en la caballería ligera. José Miguel Carrera ve en la caballería el reflejo de lo que debía ser un buen soldado. Tuvo cercanía con los regimientos de caballería ligera, a los que consideraba su escolta personal, siempre fiel a sus órdenes y lógica dentro del ejército. Producto de su amplia experiencia militar en España, y su escalada jerárquica lograda en Chile tras los sucesos de septiembre y noviembre de 1811, José Miguel Carrera se convierte en un referente del modelo militar necesario, capaz de enfrentar las vicisitudes de la época. Así, se convirtió en el primer instructor de la caballería nacional con experiencia extranjera.

En el informe sobre “La relación de don José Miguel Carrera y la Caballería”, egresados de Licenciatura de Historia, recopilan antecedentes determinantes del Primer General del Ejército chileno. Mencionan, por ejemplo, que José Miguel Carrera estableció una serie de medidas, con el propósito de reforzar la defensa nacional: “En lo que respecta a caballería ligera, el día 13 de enero de 1812 crea 2 escuadrones con 3 compañías cada uno denominados: “Húsares de la Gran Guardia Nacional”.

Este selecto grupo de caballería ligera estaba compuesto por 500 plazas, que fue preparado en instrucción militar por su primer Comandante, el Veterano Húsar de Galicia: José Miguel Carrera4. Durante el tiempo en que Carrera estuvo a cargo de este cuerpo de caballería, ellos incrementaron sus técnicas de combate y estrategia.

FAMILIA CARRERA Y SU RELACIÓN EN EL ORÍGEN DEL CABALLO CHILENO

Los datos sobre los primeros caballos chilenos los encontramos en Internet en la página web, www.lagunadeaculeo.com. El artículo de la hacienda sostiene que la raza corralera tuvo su origen a partir de los caballos cuévanos, denominados así porque fue la familia de las Cuevas quien - en sus extensas tierras del valle central- propició el nacimiento del caballo chileno, como una raza pura.





Ubicación geográfica de Laguna de Aculeo.

José Miguel Carrera tuvo estrecha relación con la familia de las Cuevas, afamados criadores de caballos. Esta relación no sólo estaría dada por su gusto a este tipo de caballos, sino que además se establece por la consanguinidad. En otras palabras, existía parentesco, que en la línea genealógica de la familia Carrera y Verdugo se puede comprobar.

Hijo de don Ignacio de La Carrera y de Las Cuevas, esta ilustre familia es la V generación de valientes militares que se distinguió en las luchas contra los araucanos. Fueron los primeros dueños de la Hacienda Acúleo y Viluco en 1600, emparentados con La Quintrala Cacica de Talagante y de la familia de Las Cuevas, grandes propietarios en la zona central. Se casó don Ignacio con doña Paula Verdugo, dueña de la hacienda colindante, al otro lado del Río Maipo, con lo que tenían una extensa heredad.



Imagen actualizada satelital de la cuenca de la laguna Acúleo.

De todo esto, persisten aún las bellas casonas de San Miguel de El Monte, con sus cocheras, sus inmensas bodegas de gran altura con vigas de roble, que sirvieron de caballerizas y depósitos de granos.





Fotografías actuales de la Hacienda San Miguel en “El Monte”. Consta de varias construcciones, una de las cuales se utilizó como caballeriza. Ésta se encuentra al costado izquierdo del acceso a la hacienda, existiendo una gran explanada antes de acceder a dicha estructura.

Por lo ya señalado, no es aventurado sostener que don José Miguel Carrera heredó genéticamente gran talento, interés y amor por el caballo, siendo totalmente admisible su vital mancomunión con el animal. Una vez dilucidado el vínculo sanguíneo entre la familia de las Cuevas y la estirpe de los Carrera, ahondaremos en los antiguos caballos chilenos del tipo cuévano, ilustres abuelos del caballo de pura raza chilena.

Los motivos “que llegan hasta determinar cierto tipo en el motor animal, con caracteres morfológicos bien manifiestos¨, escribe D. Uldaricio Prado - y que permiten distinguir las aptitudes de uno y otro tipo de caballo para sus diferentes aplicaciones útiles de trabajo - vinieron a ser determinadas de modo prácticamente natural o intuitivo, en los comienzos del siglo XIX chileno, por la persona de un distinguido aunque rústico campesino chileno, llamado Pedro Esteban de las Cuevas5.

Su obra se distingue con gran consideración, puesto fue el primer chileno que se propuso, hasta conseguirlo por sí mismo, fijar las características de diferentes tipos de caballo, conforme a la función mecánica que cada uno debería desempeñar, obteniendo en cada tipo, una especialidad. Al establecer los caracteres de cada tipo de caballo “le permitía reproducirlos dentro de una estricta selección y con un propósito bien determinado, que él ya preveía con su clara inteligencia”6.

La inclinación y el gusto por todos los animales permitieron que don Pedro extendiese incluso su labor de arquitectura zootécnica bastante más allá de los caballos, llegando a ser famosos también, por ejemplo, los enormes bueyes que producía como instrumentos de fuerza para tiro y labranza, lo mismo que extraordinarias vacas productoras de leche .

Asimismo, llegó a conseguir, según lo confirman distintas crónicas de época, un tipo de mulares de carga de andar braceado que, por su elegancia en el conducir del equipaje, causaban la mayor admiración de sus contemporáneos.

Según el testamento escrito de don Pedro, la base de su crianza de caballos la constituyó en principio con yeguas que heredó de su padre, don José de las Cuevas, las que él primero aumentó con otras adquiridas en las Haciendas de Quilamuta, Carén, Parral de Doñihue, todas consideradas entonces dentro del antiguo partido de Rancagua, que en gran parte corresponde ahora a la parte del territorio sur de Melipilla.

Don Pedro formó, de este modo, el criadero de caballos más famoso e importante de toda la primera mitad del siglo XIX (tempranos años de 1800), base original común de todos los que más tarde le han seguido hasta la actualidad.

La familia de las Cuevas, que consiguió fijar tres familias o castas diferentes, de acuerdo a sus funciones.

Por un lado, el tipo principal, al que don Pedro de las Cuevas prestaba aparentemente la mayor atención. Era el tipo de caballo ¨veloz de carrera¨, pues ésta era su afición predilecta. Les llamaba ¨mis caballos pellejeros”, y estos resultaron prácticamente invencibles en todas las canchas de carrera. El reproductor que le proporcionó a don Pedro sus máquinas de velocidad se llamó “El Caldeado”, aunque algunos le llamaron también “El Quebrado”.

Este potro reproductor, unía a su velocidad, condiciones de temperamento, docilidad, inteligencia y nobleza extraordinaria. No era un caballo de morfología armoniosa, ni menos perfecto. No era lo que pudiera considerarse un caballo bonito: de cuello tosco, cabeza cargada, poca o ninguna esbeltez, poseía en cambio una musculatura formidable.

El “Caldeado” engendró larga descendencia, todos distinguidos por haber generado a su vez otros ejemplares notables por su aptitud para las carreras y como caballos de buena montura. Ágiles en los movimientos, dóciles y mansos a toda prueba.

El Caldeado”, también conocido como “El Quebrado”, fue legendario reproductor nacido en Aculeo.

El segundo tipo de cuevano, fueron los caballos “trotadores de brazo”, apropiados para paseos públicos y “para lucir a sus jinetes en las fiestas de pueblo”. “Los de trote braceado”, eran los más apetecidos por el jinete de lujo de la gran ciudad. Se trataba del caballo característico del pije santiaguino de 1850, mucho más vasto y grueso que el tipo “de carrera”, y poseía formas redondas y musculosas, exhibiendo una gran talla o alzada, próxima a las siete cuartas, es decir entre 155 y 165 centímetros, y “una vistosa presencia”.

El último tipo de caballo ¨cuevano¨, era el apropiado para las faenas de campo, tanto en corrales cerrados como en rodeos de campo abierto y montaña, dóciles a la rienda, valientes y de gran coraje. Este tipo de caballo fue el que a la postre se prolongó propiamente hasta nuestros días.

Los caballos de corrales o vaqueros, aptos para las faenas de campo, rodeos y tareas campesinas es el tipo de caballo que trascendió hasta nuestros días bajo las formas ennoblecidas que hoy nos presenta nuestro caballo de rodeo.





El caballo corralero presenta una musculatura especializada para la velocidad

y una adaptación para una vida en áreas montañosas.

El caballo chileno tiene toda la fuerza y cualidades que se requieren en su especie para el aprecio del hombre. Gómez de Vidaurre7 señala en sus escritos que los caballos en Chile son en verdad generalmente bien hechos, bellos, fuertes, espirituosos (vivos) e infatigables.

Además agrega, que todas las castas tienen un bello cuello, con hermosísima y abundante crin, cabeza pequeña y bien formada, la cola bien poblada, el pecho bien hecho, las piernas secas y fuertes y las uñas tan duras que resisten a la piedra viva sobre la que se les hace caminar continuamente.


Todas las características antes descritas, propiciaron que don José Miguel Carrera tuviera muchos y muy escogidos caballos, tanto para las faenas del campo como para su uso personal.



JOSÉ MIGUEL CARRERA Y EL CABALLO CHILENO SU CLAVE PARTICIPACIÓN EN EL PROCESO INDEPENDENTISTA NACIONAL

Al realizar un repaso detallado de la historia del caballo chileno, se hace indispensable precisar que una investigación acabada del tema implica dar pasos muy cuidadosos en diversos textos, Lamentablemente, nadie, ni historiadores ni cronistas, reparan en los caballos lo suficiente como para entender su importancia en la historia chilena, desde su génesis. Esto se debe a que el caballo en tiempos pasados era entendido como "algo cotidiano", por tal razón, esa cercanía lo convirtió en algo invisible para el reconocimiento a su gran aporte. Quizás sea por ello que ningún autor, salvo los cronistas militares de la Guerra del Pacífico, se refieran en detalle al color, talla o cualidad de los caballos.

Son numerosos los vacíos y omisiones existentes en nuestra historia, esto queda en evidencia, por ejemplo, qué caballos se usó para lograr la libertad de la monarquía hispana. No es aventurado, menos majadero sostener que la historia sólo recuerda a los hombres, sin embargo en tales épocas, la fusión del hombre y su animal dieron vida a una historia compartida, donde el rol del caballo y su selección, sirvió directamente al hecho más importante de nuestra historia, como lo fue la Independencia donde los jinetes chilenos eran elogiados por los españoles, apreciación que se acrecentó durante las batallas que permitieron liberar al país de la dominación de la corona.

La excelente caballería chilena, unida al coraje de soldados y huasos, superó a las fuerzas oponentes. Unos tres mil jinetes apoyaron la instalación de la primera Junta de Gobierno en 1810. Solo un año después don Juan Martínez de Rozas formó una caballería de quince mil hombres, dejando todas las ciudades y villorrios, representadas en este ejército, llamando a reconocer cuartel a ricos y pobres montados en sus mejores caballos para asistir a ejercicios doctrinales.

Así, en 1811 Carrera al tomar el poder y, según cuentan los memorialistas españoles, “pasó José Miguel en arrogante caballo a la plaza mayor acompañado de innumerables jóvenes que le seguían con admiración. Se había puesto un uniforme de Húsar lleno de bordados y botones, dolman, pelliza y otros adornos todavía no vistos, y con este aparato se hacía admirar de todos. Le acompañaba el soberano pueblo y lego que llegó a las salas del Congreso se difundió entre ellos un terror pánico” (Talavera). Sus campañas durante la Patria Vieja las hizo enteras a lomo de caballo, tanto así que le escribía a su amigo Poinsett: “Esta carta te la escribo sobre el arzón de la montura”.

Don José Miguel Carrera, en 1813 aumentó la caballería revolucionaria a dieciocho mil efectivos. Aquella caballería provenía de cuerpos montados de Melipilla, Los Andes, San Felipe, San Fernando, Rancagua, Talca, Curicó y Quillota. La historia da cuenta que este ejército cabalgó desde marzo de 1813, fecha en que se inició la campaña, hasta octubre de 1814, o sea 19 meses de continuos afanes guerreros haciéndolo primero en sus propios caballos, y luego remontados en caballos comprados por el gobierno. El historiador Nicanor Molinare8 manifiesta con admiración hacia la campaña libertadora que: "Estos jinetes dieron de beber agua a sus caballos en las márgenes del Bio Bio, en el Maule i hasta en el mismo Mapocho, por octubre de 1814". Molinare manifiesta con asombro que:



El caballo que salvó a José Miguel Carrera en la batalla de El



Roble provenía de los famosos caballos “cuevanos”.

Extracto de la Batalla de El Roble - 17 de Octubre 1813 -, que nos permite rememorar una etapa independentista y confirmar que Carrera y sus caballos formaron un sólo ser durante toda la vida del padre de la patria.



“…Poco antes de las doce del día, varias horas después que todo había concluido, se presentó en el campo de batalla José Miguel Carrera, a quien unos suponían prisionero del enemigo, y otros, ahogado en el Itata, al frente de unos 200 granaderos, que acudían desde la segunda división, acantonada en Bulliquín, en auxilio de la primera. Estaba hospedado en su carpa, como a seis cuadras del campamento.

A las 3 A. M. lo despertaron para entregarle un oficio urgente del comandante de la segunda división. No había alcanzado a dormir dos horas, cuando sintió en el campamento un vivo fuego de fusilería. Se levantó y pidió su caballo. Empezaron a sentirse las descargas de la artillería. Una bala loca de los soldados que huían en dirección a la carpa, o de los realistas que los venían persiguiendo, mató al caballo del capitán Diego Benavente, quien estaba también en la tienda. Este último se dirigió a pie a lo más recio del combate y el general quedó esperando que terminaran de ensillar su generoso caballo de estirpe cuevana.

En estos momentos, según refiere el mismo Carrera, llegó Barnechea a escape a avisarle de que en un instante más iba a caer prisionero. Felizmente, ya el caballo estaba listo. Se asomó al campo de batalla por el lado del cerro, pero bajó inmediatamente por detrás de la batería de Morla, que ya hacia fuego. Una bala de fusil hirió ligeramente su caballo. En vez de seguir hacia el núcleo de resistencia, dirigido por Prieto, se alejó con rumbo al Itata, acompañado del mayor de órdenes Francisco Calderón y de un ordenanza. Allí cargaron sobre él los soldados del guerrillero Olate, que venían pasando el río, para cooperar a la acción. Su poderoso caballo le permitió distanciarlos, pero, en vez de continuar la carrera hacia el campo patriota, siguiendo a Bamachea, que conocía el terreno, saltó una cerca, a fin de reunirse con la segunda división, que estaba tres leguas al sur. El caballo de Bamachea rodó con su jinete.

En cambio, el de Carrera, a pesar de su herida, salvó el obstáculo. No sabiendo por dónde seguir, quiso retroceder a reunirse con Barnachea, que ya había huido en otra dirección. En esos instantes el coronel realista Olate, quien venía con un grupo de guerrilleros, le cerró el paso hacia el sur. Ya Carrera había perdido el control de sí mismo. "Mi caballo herido - dice - no permitía una fuga segura... " "La agitación acompañada del susto, o el andar la tropa de caballería de uno y otro ejército vestida del mismo traje o quizás el deseo de ser auxiliado, me persuadió que la partida podría ser de nuestro ejército."

Pero Olate, al reconocerlo, en vez de tomarle prisionero, apuntó su fusil. Carrera, rápido como un relámpago, le descerrajó un tiro de pistola a la cara, que el guerrillero eludió tendiéndose sobre el caballo. Acto continuo puso espuelas a su noble montura, abriéndose paso por entre los realistas desconcertados. Recibió un recio golpe en una pierna y un lanzazo de refilón en el costado. Se siguió una verdadera cacería con rumbo al ltata.

El caballo de Carrera respondió nuevamente, dejando a gran distancia a sus perseguidores. Se arrojó al río, sin mirar vado y corrió unos 500 metros con rumbo al poniente por la ribera norte del ltata. Un recodo del río impidió que los guerrilleros que quedaban en esa ribera lo vieran. Algunos disparos hechos con fusiles deteriorados, desde la ribera sur. No dieron en el blanco. Cuando advirtió que ya no se le perseguía, cruzó de nuevo a la ribera sur del ltata, seguido de dos soldados”.

La historia chilena nos permite visualizar que los 340 años de guerra entre mapuches y españoles, legaron a los soldados de la Independencia caballos y jinetes extraordinarios.

De esta manera, mientras los jinetes de 1810 y de 1817 proclamaban la libertad sobre su montura, nuestro Caballo Chileno se consolidaba como identidad nacional hasta nuestros días.

MONUMENTO ECUESTRE A CARRERA

El país ha sido esquivo en reconocimiento al General José Miguel Carrera. En 200 años de vida republicana han faltado homenajes a uno de los máximos exponentes del ideal libertario de Chile. Tal vez se ha respetado su propio pensamiento: “Siempre me pareció digno de un hombre honrado sacrificar su reputación a la de su patria” (Manifiesto 1818). Sin embargo, el Instituto José Miguel Carrera, fundado el 28 de octubre de 1948, ha gestionando diversas iniciativas, en su intento permanente por mantener presente la herencia histórica del prócer en el proceso de independencia nacional.

El año 2006 se presentó un proyecto bicentenario para reinaugurar su único monumento ecuestre en la Plaza de la Ciudadanía a objeto de entregar a Carrera, el merecido sitial que le corresponde frente a la casa de Gobierno, inmortalizando el espíritu nacional republicano, y materializando, de paso, un gesto de unidad y reconciliación nacional al compartir reconocimiento junto a O’Higgins, proyecto que en definitiva se concreto y hoy ambos O´Higgins y Carrera, montados en sus gloriosos caballos, comparten honores frente a la casa de los Presidentes de Chile.



CONCLUSIÓNES

El General José Miguel Carrera, es sin lugar a dudas uno de los personajes más relevantes de la Historia de Chile,9 considerado “el líder indiscutido de los primeros años de lucha para alcanzar una patria libre. Su figura se encuentra fuertemente unida a la conciencia nacional en la forma de uno de sus héroes más apreciados por todos los chilenos.

Carrera, fue un militar experto en caballería, cuya vida y obra estuvo siempre ligada al caballo, noble compañero de innumerables hazañas, pieza clave en la época independentista, participe de numerosas batallas libradas y proezas militares, siendo reconocido e inclusive salvada su vida en la batalla del Roble por un caballo cuevano, origen de la raza nacional.

Desde la cuna hasta su muerte, en cada pasaje de su vertiginosa existencia, el General José Miguel Carrera será recordado con una mirada penetrante, el sol de una república naciente resplandeciendo desde su espíritu implacable, y su impronta gallarda, con las riendas en una mano, perpetuándolo en la historia chilena como un “Héroe de a caballo”.





1 Los Húsares Españoles en la Guerra de la Independencia 1800 -1814, Emilio Arredondo, Almena Ediciones, Madrid, 2000.

2 Ser un Húsar, en los tiempos de Carrera, era ser un selecto y noble militar, experto jinete que pertenecía a tropas de caballería de élite, luciendo vistoso uniforme. Indiscutiblemente, era sinónimo de honor.

3 Barros Arana, Diego. Historia General de Chile, Tomo VIII. Editorial Universitaria, Santiago de Chile 2002, Pág.281.

4 Academia de Historia militar. Op.cit. Pág. 122. Página del Ejército de fecha 27 de abril de 2009.

5 Fue don Pedro Esteban de las Cuevas un excelente hombre de campo, poseedor de un raro instinto en cuanto se refiere a la crianza de caballos.

6Artículo “Don Pedro Esteban de las Cuevas: Arquitecto del caballo de pura raza chilena”, página web http://abranquil.blogspot.com/, fecha 25 de septiembre de 2005.

7 Gómez de Vidaurre, Felipe.”Historia geográfica, natural y civil del Reino de Chile”. Colección de Historiadores de Chile y de documentos relativos a la historia natural. Imprenta Ercilla. 1889.

8 Página web http://www.familiacorralera.cl/historia/caballo/capitulos/colonia.htm.

9 Copyright 2004. MEMORIA CHILENA.


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