Joyas medievales



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Joyas medievales


Elena Lemeneva (Simbolismo) y Dora Sallay (Técnica).
Capítulo tomado de: ‘Atuendos, Joyas, Armas y Blasones: Cultura Material y Auto-Representación en la Tardía Edad Media’, escrito por Russel Mitchell, Vladimir Baranov, Annamaria Kovacs, Dora Sallay, Elena Lemeneva y Kiss Farkas Gabor, para el Departamento de Estudios Medievales de la Universidad Centro-Europea, en Budapest (publicado en Internet en 2001)1.
Texto de circulación interna para la Cátedra Historia de las Artes Visuales I

Traducción del inglés, Laura Molina


Facultad de Bellas Artes. UNLP. Abril de 2007
La belleza trascendental, eterna, de las joyas medievales, no ha disminuido con el paso del tiempo. Hechas de los más preciosos y hermosos materiales conocidos por el mundo medieval -oro, plata, gemas, perlas-, también cautivan a observadores modernos.

Pocas joyas medievales han llegado a la posteridad. Debido al valor inherente de sus materiales, muchas fueron destruidas, o mejor dicho, constantemente recicladas: fueron derretidas y reutilizadas en piezas más nuevas y de moda.

Sin embargo, la importancia de las joyas medievales va más allá de su material o de su valor decorativo. Los objetos preciosos comunicaban significados y connotaciones complejas y así constituían una parte indispensable del lenguaje de signos medieval.

Las materias primas

Los orfebres trabajaban principalmente con los dos metales más preciosos, oro y plata, y usaban esmalte, perlas, y piedras para la decoración de sus productos. El oro era visto como el metal más prestigioso, por lo que la plata dorada, o la plata sola eran tomadas como substitutos más pobres, adecuados para las clases más bajas.

Gran proporción del oro usado en la producción medieval tardía era oro reciclado: los orfebres usaban monedas antiguas, joyas, u otros objetos de oro como materia prima. En la Alta Edad Media, la reserva de oro de Europa fue acumulada, ante todo, en la corte de los emperadores bizantinos; consecuentemente, poco oro circulaba en el mundo occidental. Para la acuñación, por ejemplo, la plata fue generalmente usada hasta el siglo XIII, cuando las monedas de oro fueron introducidas en Italia, Francia e Inglaterra. Este oro, sin embargo, no era recientemente producido, sino adquirido por medio del comercio con los países árabes, ricos en oro desde la Temprana Edad Media. Desde los siglos XIV y XV, la producción de oro en Europa creció junto a la continua importación de oro del mundo árabe. Una cantidad significativa de oro fue extraída especialmente en Bohemia y Hungría, que proveían hasta el 90 % de la producción total del oro de la Europa tardo-medieval. La mayor parte del oro se producía en minas, pero también se conseguía una fracción por panning - filtrado (arremolinar los depósitos de los ríos en cazos para separar el cuarzo del oro), especialmente en el área del Rin.

En contraste con el oro, en la Edad Media, la plata era producida continuamente en Europa, e incluso exportada desde ahí. Además de las minas de plata que jugaban una parte importante de la producción en la Temprana y Alta Edad Media -Poitou (Período Merovingio), Cerdeña (siglos XI-XII), los alrededores de Goslar, en Alemania (siglos X-XII), Freiberg, Sajonia -también Alemania- (siglos XII-XIV)-, ricas minas de plata fueron descubiertas en la segunda mitad del siglo XIII en Kuttenberg (Kutná Hora), Bohemia -República Checa-, que proveyeron de plata en cantidad hasta su agotamiento, debido a las Guerras de los Husitas, en el siglo XV.

Las piedras preciosas eran adquiridas casi exclusivamente a través del comercio de larga distancia. Las más frecuentemente usadas, rubíes, zafiros, esmeraldas, turquesas y diamantes venían principalmente del Este: los rubíes eran traídos de India y Ceilán; los zafiros venían de Ceilán, Arabia, y Persia; las esmeraldas de Egipto; las turquesas de Persia y Tíbet, y los diamantes de India y África Central. Europa también produce una variedad de gemas y piedras semi-preciosas en la Edad Media Tardía. Las fuentes de amatistas eran Alemania y Rusia. El cristal de roca venía de Alemania, Suiza y Francia; los ópalos y granates, de Europa Central. Además de piedras preciosas, eran también frecuentemente usadas una gran variedad de piedras menos valiosas, como resulta de una lista de piedras preciosas escrita por un mercader judío en 1453.

P


Broche de oro con 3 camafeos de calcedonia y 3 rubíes en cabujón, c. 1320. Museo Nacional de Gales.
ara la decoración de las piedras preciosas, frecuentemente los orfebres usaban también antiguos camafeos2 e intaglios3 -piedras preciosas o semi-preciosas decoradas con relieves o grabados- que sobrevivieron (a menudo revestidos en un labrado del metal medieval anticuado) en gran número y eran altamente buscados luego, en la Tardía Edad Media. Los camafeos eran colocados en distintos tipos de joyas como decoración, y muchas veces, reutilizados. Su uso es una evidencia del intento consciente de mantener despierto o reavivar el espíritu de la Antigüedad. La popularidad de los antiguos camafeos e intaglios fue, de hecho, tan alta, que el corte mismo de la gema se desarrolló emulando los modelos clásicos. Sin embargo, la Edad Media europea occidental solamente conocía imitaciones torpes de antiguos camafeos, mientras que en Bizancio el tallado de piedras permaneció como una tradición viva durante toda la Edad Media. Las piedras talladas bizantinas eran ansiosamente importadas a Occidente.

E


Anillo sello italiano del siglo XIII ó XIV con intaglio en cornalina que representa a Némesis con una rama en su mano, tomado de libro de Diana Scarisbrick, Les Bagues: Symboles de Richesse, de Pouvoir et d`Amour , Thames and Hudson, Londres, 1993.
ntre otras materias primas para la decoración de joyas se incluían perlas de agua dulce provenientes de Escocia, nácar, ámbar -la resina fosilizada de los pinos- principalmente desde Inglaterra y España, y coral de la Costa Mediterránea del Norte de África.


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