La abolición: ¿un sueño imposible? Prof. Thomas Mathiesen



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La abolición: ¿un sueño imposible?
Prof. Thomas Mathiesen



















Profesor de Sociología del Derecho de la Universidad de Oslo, Noruega *







Trabajo presentado en la VIII Conferencia Internacional sobre Abolicionismo Penal, Auckland, Nueva Zelanda, 18-21 febrero 1997; que será publicado en inglés por Association form Humanist Sociology; publicado en portugués en Edson Passeti y Roberto B. Dias da Silva (eds.): Conveersacôes abolicionistas. Uma Crítica do sistema penal e da sociedade punitiva, 1997.




Prof. Thomas Mathiesen
Thomas Mathiesen, nacido en 1933, es doctor en Filosofía y desde 1972 profesor de Sociología del Derecho en el Instituto de Sociología del Derecho (Universidad de Oslo, Noruega). Ha realizado investigaciones y publicado libros en varias áreas como sociología del derecho, criminología, sociología política y sociología de los medios masivos de comunicación.
Es uno de los fundadores y miembro activo del movimiento carcelario escandinavo. Además de las lenguas escandinavas, muchos de sus libros y artículos fueron publicados en inglés, alemán, francés, italiano, portugués y japonés. Algunos de sus libros en inglés: The Politics of Abolition (1974), Law, Society and Political Action (1980), Prision of Trial (1990, una nueva edición se publicará en el año 2000).

INTRODUCCIÓN

Una vez hace muchos años tomé un vuelo desde Oslo vía Londres a Estrasburgo, donde en ese entonces me encontraba trabajando en una investigación. Eran los buenos tiempos en los que los aviones volaban bajo, de modo que uno podía ver mientras viajaba. Vi las colinas, las planicies, y los contornos de las grandes ciudades ­incluso algunos de las ciudades pequeñas­ de Europa. El sol brillaba y el cielo era azul. Y recuerdo que pensé que yo, en mi vida, experimentaría una Europa sin prisiones, o al menos virtualmente sin prisiones.
No fue así. En las décadas de 1960 y 1970 un complejo conjunto de factores políticos creó un contexto favorable para una crítica radical de las prisiones. La abolición de las prisiones ­la abolición del sistema de control criminal como lo conocemos en la actualidad­ parecía ser un objetivo posible, al menos para algunos de nosotros. Y durante la primera parte de la década de 1970, la población carcelaria de varios países occidentales de hecho se redujo, una tendencia que parecía justificar nuestra visión. Pero hacia finales de los '70, y en los '80, la suerte cambió. La tendencia decreciente en la población carcelaria durante la primera parte de los '70 terminó como una "curva en forma de U": hacia el fin de la década, la disminución se había anulado. Y durante la década de los '80, las cifras se dispararon. Esto continuó en los '90, dándole al mundo occidental un récord absoluto en términos de población carcelaria. Entre 1979 y 1993 las cifras en EE.UU. incrementaron de 230 a 532 por 100.000; las cifras canadienses, de 100 a 125; las británicas, de 85 a 95; las noruegas, de 44 a 62, las holandesas, de 23 a 52, y así en más (fuente: Christie, 1994). Además, las cifras han sufrido un crecimiento sostenido desde 1993. Las únicas dos excepciones occidentales al patrón de las que tengo conocimiento son los comienzos de la Alemania Occidental y Finlandia. Lo que originalmente fue Alemania Occidental mostró una caída importante durante la década de 1980. Pero la caída fue anulada por un incremento igualmente importante a comienzos de los '90. Finlandia ha mostrado una tendencia decreciente, pero las cifras finlandesas eran demasiado altas al comenzar (106 por 100.000 en 1979), y la situación finlandesa es muy especial. En general, las prisiones están marchando. Y marchan rápidamente.
Entonces, ¿debemos llegar a la conclusión de que la abolición de prisiones es un "sueño imposible"? A primera vista, así parece. El presente y el futuro inmediato parecen oscuros, por lo menos. El clima político favorece enérgicamente la prisión; el clima político favorece el restablecimiento de algo tan medieval como la pena de muerte. El político de EE.UU. que hoy vaya contra la pena de muerte está acabado. "Tres golpes, y quedas fuera de juego" es la orden del día.
Y sin embargo, creo que la conclusión de "sueño imposible" es demasiado apresurada. En una pieza que lleva a la reflexión acerca de los recuerdos de las victorias abolicionistas del pasado, el criminólogo alemán Sebastian Scheerer nos recuerda que "no ha habido nunca una transformación social importante en la historia de la humanidad que no haya sido considerada poco realista, idiota, o utópica por la gran mayoría de los expertos incluso pocos años antes lo impensable se volvía realidad" (Scheerer, 1986: 7). Scheerer menciona como ejemplos la caída del imperio romano y la abolición de la esclavitud moderna. La esclavitud, sostiene, había logrado verse muy estable casi hasta el día en que colapsó, y los abolicionistas que estaban cerca eran considerados tipos difíciles, por decir poco, casi hasta que sucedió.

"no ha habido nunca una transformación social importante en la historia de la humanidad que no haya sido considerada poco realista, idiota, o utópica por la gran mayoría de los expertos..."



De modo similar, para la mayoría de los observadores en ese entonces, el colapso total del imperio romano era impensable casi hasta que sucedió. Se puede agregar otros ejemplos en la misma escala. Un ejemplo importante, quizás el ejemplo político más importante de este siglo, son las transformaciones políticas que se dieron en Europa central y oriental durante 1989 y 1990. Ahora estamos en 1997. Piensen en diez o quince años atrás. ¿Quién se hubiera animado a predecir esas transformaciones en 1987, dos o tres años antes de que se produjeran, ni pensar en 1982, siete u ocho años antes? En 1982, el dominio soviético estaba sólidamente establecido en toda Europa oriental, y los disturbios en Polonia habían sido resueltos decididamente el año anterior, por medio de la ley marcial. En 1987, ya había comenzado la glasnost de Gorbachoff, sin duda, pero ¿alguien podía predecir entonces una disolución total de la Unión Soviética, y un desmantelamiento completo de la Cortina de Hierro dentro de los tres años? En lo que a mí respecta, no podía, y no lo hice. ¿Y quién se hubiera animado a predecir, en 1989 y 1990 la desilusión con los siguientes desarrollos políticos y económicos que se dieron poco después, a comienzos de los '90? Desarrollos como estos son fáciles de "predecir" en retrospectiva, cuando conocemos las respuestas. Pero en realidad eso es postdicción más que predicción.

LA HISTORIA DE LA CAZA DE BRUJAS ESPAÑOLA

Se podría decir que todo esto está muy bien pero que trata de la caída de grandes imperios, como el de Roma y el soviético, o de grandes instituciones económicas como la esclavitud. ¿Se aplican las experiencias de esos contextos a sistemas penales específicos, con sus legisladores, jueces, y numerosos administradores dedicados y bien pagados?
Les voy a contar una historia. La historia es algo larga pero espero que me soporten. No la inventé, es de la vida real. Es la historia de cómo todo un sistema penal, a escala mundial, aparentemente firme y eterno, con sus legisladores, jueces y miles de administradores, se desmoronó y desapareció en un período de 4 (cuatro) años.
El ejemplo es histórico, y data de hace casi cuatrocientos años por lo tanto no estoy sugiriendo que pueda ser utilizado como un modelo completo para nosotros hoy. Las condiciones en la actualidad son muy distintas; entre otras cosas, contamos con los medios masivos de comunicación y su influencia para pensar. Regresaré a ellos más adelante. Pero el ejemplo al menos demuestra que es posible, bajo ciertas condiciones, que se desmoronen sistemas penales, y que lo hagan muy rápidamente. Esto es importante para darnos cuenta en una hora de la verdad, donde reina el desencantamiento y la noción de "sueño imposible" se difunde en lo que respecta a las prisiones modernas. Y es importante en un momento en el que es necesario ver con más detenimiento aboliciones pasadas para aprender más sobre las condiciones de la abolición. Sabemos tanto acerca de las condiciones que soportan los sistemas; tan poco acerca de las que fomentan el cambio radical.
La historia es la de la abolición de las cazas de brujas en España... un siglo antes de la abolición de las cazas en otras regiones. La caza de brujas en los territorios españoles finalizó en 1614. Primero retrotraigámonos aproximadamente 150 años antes de 1614, y ubiquémonos en ese contexto. ¿Quién hubiera creído en 1487, cuando Heinrich Institor Krämer y Jakob Spränger publicaron su más importante trabajo dogmático teológico y legal sobre las brujas, Malleus Maleficarum - "El martillo de la bruja" ­ que la institución de la caza de brujas desaparecería algún día, como de hecho desaparecería la misma Inquisición? Conocemos la historia de los dos inquisidores, que se dirigieron a Roma, donde residía el Papa Inocencio VIII, para quejarse por la resistencia contra la persecución de brujas, y cómo el Papa Inocencio el día 5 de diciembre de 1484 emitió su bula papal sobre las brujas, Summis Desiderantes Affectibus, que disponía la decisiva sanción eclesial a las cazas de brujas. Y conocemos el resto de la historia: de cómo Krämer y Spränger con la bula como autoridad básica escribieron Malleus Maleficarum, una obra que fue impresa en catorce ediciones dentro de un período de treinta años, la segunda edición incluía una impresión de la bula papal; de cómo ese libro se volvió muy importante como base teológico-legal para las cazas de brujas que se dieron a continuación en Europa. ¿Quién hubiera imaginado, en ese entonces, que todo esto un día desaparecería?

"¿Quién hubiera creído en 1487 (...) que la institución de la caza de brujas desaparecería algún día, como de hecho desaparecería la misma Inquisición?"



Como ya dije, esto se produjo 150 años antes de que las cazas de brujas se extinguieran y acabaran en los territorios españoles. No era un período demasiado prolongado de tiempo en la vida de un sistema penal, pero lo suficientemente largo, y quizás no se puede esperar que la gente haga predicciones durante un período como ese. Las condiciones a fines del 1400 eran en más de un sentido muy distintas de las de comienzos del 1600. ¿Pero quién hubiera creído, en España en 1610, que las cazas de brujas iban a pasar a la historia en todo el imperio español en el término de cuatro años, en 1614?
A comienzos del 1600 se presenció una gran locura por las brujas, fanatizadas olas de persecución de brujas, por ejemplo en el norte de España. Se suponía que brujas francesas estaban cruzando la frontera en grandes números, creando muchos problemas en las regiones españolas. En 1610, un solemne auto de fe se celebró en Logroño, en el cual quemaron a once brujas ­ algunas in effigi porque habían sido torturadas hasta la muerte­ frente a la presencia de alrededor de 30.000 espectadores. Imaginen la multitud, imaginen los símbolos de poder y autoridad. Los tiempos, por cierto, estaban contra las brujas y a favor de las cazas. El auto de fe de Logroño fue una de las mayores manifestaciones de las cazas de brujas durante años. Para todos los contemporáneos sanos, la institución de las cazas parecía ser inmutable, sólida y estable.
Pero existían las dudas. Dentro mismo de la Inquisición, ocultas de la mirada pública. ¿Qué era la Inquisición? Para usar una metáfora, una inmensa red de vigilancia y fuerza policíaca, establecida por primera vez en el 1200 como una fuerza especial para combatir la herejía, organizada en España hacia fines del 1400, con miles de empleados y una amplia red de servicios de inteligencia, fuerzas policiales secretas, autoridades condenatorias y detenciones; a comienzos del 1600 estaba organizada en  diecinueve tribunales de inquisidores ­luego veintiuno­ en todo el enorme imperio español.
Y después del auto de fe en Logroño en la provincia vasca en 1610, las dudas entre algunas personas fueron en aumento. El historiador danés Gustav Henningsen ha descripto con detalle cómo se desarrollaron las dudas (Henningsen, 1981; ver también Henningsen, 1984), pero también habían sido descriptas con anterioridad, por el historiador Henry Charles Lea en su gran obra de cuatro tomos de 1906 acerca de la historia de la Inquisición española (Lea, 1906/1966).
Un inquisidor en particular fue central en la secuencia de eventos, Alonso de Salazar Frías, del tribunal de Logroño. Salazar había puesto ya su nombre y había prestado conformidad para el auto de fe de 1610. Pero lo preocupaba la prueba. Cuando se daba unos días de gracia, las denuncias y las confesiones se retiraban. ¿Sobre qué base se podía dar más autoridad a las confesiones que los retiros? Cuando se hablaba mucho de brujas, las brujas aparecían en cantidad, y cuando se hablaba menos, desaparecían. ¿Era posible que la relación causa-efecto fuese hablar de brujas-aparición de brujas así como aparición de brujas-hablar de ellas? ¿Y las confesiones no podían contener equivocaciones quizás? Tengamos en mente que esto podía implicar ­para el individuo­ un desarrollo de mal a peor, porque podía implicar que la categorización legal correcta ­y Salazar era un excelente abogado­ sería herrejía más que brujería, y la herejía, no la brujería pueblerina, era el principal cometido de la Inquisición. Pero al menos el individuo no sería considerado brujo.
En términos organizativos, cuando los miembros del tribunal local estaban de acuerdo, la Suprema ­la autoridad central del Santo Oficio en Madrid­ raramente intervenía. Pero cuando había desacuerdo, se daba una profusa comunicación con la autoridad central. Tanto Henningen como Lea describen cómo, Salazar comenzó a estar en desacuerdo en su tribunal. En ese entonces, la comunicación era lenta, los desacuerdos tomaban tiempo, y las dudas también crecían en otros sectores de la gran institución. En mis palabras, se produjo una importante batalla de tipo normativo, cultural dentro de algunas partes de la Inquisición.
Finalmente, la Suprema en Madrid se abrió camino a la fuerza. Lo que sigue es un punto importante: La Suprema tenía una larga tradición de moderación para condenar brujas; como la tenía la Inquisición italiana: las persecuciones europeas más importantes fueron predominantemente realizadas en áreas que estaban fuera de la jurisdicción de la Inquisición. La Suprema tenía por costumbre perdonar con frecuencia a aquellos que habían sido condenados a la hoguera por los tribunales locales. Así, las visiones liberales tenían una caja de resonancia en la Suprema. En otras palabras, esaban implicados dos niveles: la autoridad suprema que daba sustento y el nivel ejecutivo que inció el cambio. Podemos reconocer este patrón a partir de aboliciones parciales en nuestros días, como el famoso cierre de Jerome Miller de las escuelas normales en Massachusetts en los '70. Su sublevación encontró el apoyo del gobernador del estado, quien actuó como escudo protector cuando efectivizó el cierre (Rutherford, 1974).
Existe también otra similitud: en los dos casos, el caso de las brujas a comienzos del 1600 y el de las escuelas normales de la década de 1970, el eje no era la reforma, sino la definitiva y rápida abolición, un poco algo así como un golpe. Para abreviar una larga historia, la Suprema autorizó a Salazar y sus ayudantes a llevar a cabo lo que hoy en día llamaríamos una importante investigación empírica de las brujas vascas ­en palabras de ellos, una extensa Visita con un Edicto de Gracia para todos los miembros de la secta del demonio ­ entrevistanto a más de 1.800 individuos en la región y que dio como resultado 11.200 páginas de notas de los interrogatorios. Creo que es el primer estudio empírico importante sobre brujas. El descubrimiento más importante del estudio fue que no existía ninguna prueba para demostrar la brujería.
Salazar aparentemente creía que las brujas existían; el problema para él era la cuestión intelectual de la prueba decisiva. Y descubrió que la mejor arma contra la aparición de grandes cantidades de brujas era el silencio: "Deduzco", decía, en la traducción de Lea, "la importancia del silencio y la reserva a partir de la experiencia de que no hubo brujas ni embrujados hasta que no se habló o se escribió sobre ellos" (Lea, 1906/1966, T IV: 234). Al final, la Suprema decidió seguir la recomendación de Salazar de suspender los casos de brujería. Esto se realizó del modo en que los abogados lo harían: la Suprema le pidió que preparase un nuevo conjunto de normas para el manejo de las brujas. En la práctica, las nuevas normas pondrían punto final, de ser adoptadas, a los casos, y de hecho fueron adoptadas casi sin cambios por la Suprema en 1614.
Un inquisidor liberal con apoyo de arriba de este modo fue instrumental en la abolición de las cazas y quema de brujas que se produjo luego, de un modo que en mucho recuerda a los profesionales comprometido en las reducciones y aboliciones de las prisiones de los tiempos modernos. Estaban implicados tanto el nivel más alto como el de los practicantes. Y mi interpretación es que un cambio cultural muy importante se produjo dentro de la Inquisición y la filtró por completo para el cual hubo cierta preparación cultural en primer lugar, algo así como una "restricción cultural" al menos contra los tipos de caza más difundidos. Esa "restricción cultural", se podría decir, se transformó en la definición autorizada de la situación, y fue seguida por la abolición a pesar de que en el ambiente existían lo que hoy llamaríamos importantes temores morales sobre las brujas.

LA IRRACIONALIDAD DE LA PRISIÓN

El ejemplo infunde ánimo a un abolicionista. Demuestra que la abolición de sistemas penales íntegros es, de hecho, posible. Pero como dije antes, las condiciones son muy diferentes hoy. Si la Inquisición quería, podía estar totalmente en contra del pueblo. Y totalmente en contra de los medios masivos de comunicación, que no estaban allí, excepción hecha del libro impreso. El cambio cultural dentro de la Inquisición, la victoria por parte de una cultura alternativa y un entendimiento dentro del sistema, fueron entonces condición suficiente para la abolición. En la actualidad, es también muy necesario un cambio cultural dentro del sistema penal, y un cambio hacia un sentido de responsabilidad personal por parte de aquellos que trabajan allí. Pero no sería una condición totalmente suficiente ya que el sistema penal actual, del modo en que lo han esculpido los políticos, es mucho más dependiente del contexto más amplio de lo que llamamos "opinión pública" y los medios masivos de comunicación.
Volveré más adelante a este punto interesante. Mi punto de partida es el siguiente: La prisión, a lo cual limito mi análisis, es un "gigante que se erige sobre arcilla". Traduzco la expresión del noruego, con el significado de un sistema aparentemente sólido con un muy malo apuntalamiento, muy parecido a la esclavitu, el imperio romano en su última estapa, y el gobierno soviético en su etapa final.

"El cambio cultural dentro de la Inquisición, la victoria por parte de una cultura alternativa y un entendimiento dentro del sistema, fueron entonces condición suficiente para la abolición."



El talón de Aquiles, la arcilla, de la prisión es su absoluta irracionalidad en términos de sus objetivos declarados, algo así como las cazas de brujas sin pruebas. En términos de sus propios objetivos declarados, la prisión en nada contribuye a nuestra sociedad y modo de vida. Informe tras informe, estudio tras estudio, decenas, cientos, miles, lo demuestran con claridad.
Como bien saben, la prisión tiene cinco objetivos declarados que se utilizan o han sido utilizados como argumentos para la prisión. Primero está el argumento de la rehabilitación. En los últimos años, sin embargo, la criminología y la sociología han producido un importante número de sólidos estudios empíricos que demuestran con claridad que el uso del encarcelamiento no rehabilita al infractor de la ley encarcelado. Los estudios que tengo en mente incluyen estudios experimentales cuasiexperimentales de una amplia gama de programas de rehabilitación, así como un gran número de estudios de organización y cultura carcelaria, que demuestran que la prisión es contraproducente en lo que respecta a la rehabilitación. Permítaseme citar brevemente una afirmación fuerte realizada hace más de cuarenta años por Lloyd W. McCorkle, un experimentado guardia de la prisión estatal de Nueva Jersey en Trenton, Estados Unidos, y por Richard R. Korn, director de educación y orientación en la misma prisión. Dijeron, en un artículo de 1954 (McCorkle y Korn, 1954: 88): "De muchos modos, se puede ver que el sistema social de los internos brinda una forma de vida que permite al interno evitar los efectos psicológicos devastadores de la internalización y convertir el rechazo social en autorechazo. In efecto, permite al interno rechazar a quienes lo rechazan más que a sí mismo. "
La afirmación resume bien los resultados de miles de estudios y cientos de metaestudios sobre rehabilitación que de hecho siguieron al artículo que escribieron en los '60, '70, y '80.
El segundo es el argumento de la disuación individual; la noción de que llevar a un delincuente a prisión hará que éste ahuyente el crimen sólo por ser llevado allí. Puedo ser breve aquí. Los mismos argumentos y estudios en una gran medida van contra la noción de la disuación individual del delincuente. El sistema social y subcultura de los internos tiene especial importancia.
En tercer lugar está el argumento de la prevención general, es decir, de los efectos disuasivos, educativos o formadores de hábito en la sociedad más amplia; sobre los otros que no han sido castigados, o que no están sufriendo castigo en ese momento. Les advierto que estoy hablando del efecto preventivo de la prisión. La hipótesis de la prevención general es menos tratable para la investigación empírica. Pero una afirmación muy conservadora sería que el efecto es al menos incierto y por cierto mucho menos significativo para determinar el desarrollo del crimen en la sociedad que las características de la política económica y social. Una afirmación algo más audaz sería decir que tenemos gran cantidad de estudios que sugieren que el efecto preventivo de la prisión es muy modesto o incluso mínimo en los grupos poblacionales donde podríamos querer que el efecto fuese fuerte ­grupos predispuestos al crimen, grupos de intensos infractores de la ley­ mientras que es quizás mayor la fuerza en grupos que por otras razones son observantes de la ley de todos modos.

"...tenemos gran cantidad de estudios que sugieren que el efecto preventivo de la prisión es muy modesto o incluso mínimo en los grupos poblacionales..."



Esta es una forma de resumir estudios econométricos, estudios históricos antes y después de cambios legales, estudios transversales de diversos sistemas legales, estudios de entrevista y cuestionario sobre los efectos de las sanciones esperadas, y así en más. Es de destacar, y de suma importancia con relación al uso de la prisión, que también constituye una manera de resumir el efecto de la severidad esperada del castigo contra la probabilidad esperada de castigo. Mientras que la probabilidad esperada de castigo ­el riesgo de detección esperada­ parece mostrar un muy modesto efecto en algunos contextos, la severidad esperada del castigo, que da en el corazón mismo del tema carcelario, en realidad muestra ningún efecto. Este mismo resultado se halla en un gran número de estudios. Permítaseme mencionar específicamente uno de ellos: el amplio estudio del criminólogo alemán Karl Schumann y colaboradores sobre la prevención general entre la juventud alemana (Schumann et al., 1987). En esencia, era un estudio sobre la severidad esperada del castigo. Estudiaron su efecto en la conducta criminal registrada o autoinformado. El estudio demostró que la severidad esperada del castigo, de hecho, no tuve efecto en la actividad criminal de los jóvenes. Tampoco lo tuvo la expectativa de prisión juvenil. Lo que los investigadores hallaron fue que la experiencia subjetiva del riesgo de detección tenía un cierto efecto. Pero no era así con los delitos graves, ni siquiera para comisión de todo tipo de delito insignificante, sino sólo con algunos tipos de delitos insignificantes: raterismo, agresión física de poca importancia, uso del subterráneo sin paga, y cosas por el estilo. E incluso en ese caso, el efecto medido por medio de un análisis multivariado fue caracterizado en alemán "rechts bescheiden", muy modesto. Se puede agregar a ésto que los jóvenes más proclives a ser detectados, rara vez cometen esos delitos. Tienden a cometer los tipos de delito que no mostraron efecto preventivo (Schumann et al., 1987).
Uno puede preguntarse: ¿Por qué estos resultados? Permítaseme sugerir que la inficiencia preventiva de la prisión constituye un problema de comunicación. El castigo es, en este contexto, una forma en la cual el Estado intenta comunicar un mensaje, especialmente a grupos particularmente vulnerables en la sociedad. Como método de comunicación, es demasiado crudo. Es difícil que el mensaje en sí pueda llegar debido a lo inconmensurable del acto y la reacción, el mensaje se filtra y desvía durante el proceso, y se enfrenta con una respuesta cultural en los grupos implicados que no es tomada en cuenta para nada en el proceso de comunicación, y que neutraliza el mensaje. Agreguen a esto el grave problema moral que subyace al castigar a algunas personas con el fin de evitar que otras actúen del mismo modo ­problema moral que no se pierde en los grupos meta importantes­ y listo el paquete. Lo que sorprende no es el efecto mínimo sino más bien la persistente creencia política en un método de comunicación tan crudo.
En cuarto lugar está el argumento de la inhabilitación de los delincuentes. Tradicionalmente, el argumento ha tomado dos formas: la de inhabilitación colectiva y la selectiva.
La inhabilitación colectiva implica el uso de la prisión contra catergorías enteras de probables reincidentes. Sencillamente, uno se libra de ellos encerrándolos y tirando la llave. Esta es mayormente la política en los EE.UU. El punto en los EE.UU. hoy no es rehabilitar delincuentes, y tampoco lo es evitar que otros cometan actos similares, sino sencillamente sacar de la circulación social a los delincuentes. La inhabilitación colectiva ha sido intensamente estudiada en Escandinavia así como en los EE.UU. Aun cuando aceptácemos su moralidad, los resultados son, para no decir más, muy modestos. Permítaseme nuevamente mencionar un informe entre muchos. El Panel sobre la Investigación sobre Carreras Criminales, auspiciado por el Instituto Nacional de Justicia, publicó un importante informe en dos tomos en 1986 (Blumstein et al., 1986). El panel prestó mucha atención a la inhabilitación colectiva. Entre 1973 y 1982 la cantidad de prisiones estaduales y federales en EE.UU. casi se duplicó. Durante el mismo período, la tasa de delitos no disminuyó. Se incrementó en un 29 porciento, por cierto, un resultado catastrófico. Los cálculos con los que contaba el panel sugerían que dependiendo de la frecuencia de delito individual presumida, la tasa hubiese sido sólo 10 a 20 porciento más alta si el casi 100% de incremento en las cifras carcelarias no hubiese ocurrido. Esto puede considerarse como una modesta ganancia, pero contiene tres fallas básicas. En primer lugar, es una ganancia muy costosa en vista del espectacular incremento de las poblaciones carcelarias. Además, muy pronto se lleva a un punto de regreso a la disminución. Más reducciones, y cito del informe: "requerirían al menos incrementos del 10 al 20 porciento en las poblaciones carcelarias por cada 1 porciento en la reducción del delito". (Blumstein et al., Vol. 1: 128).

"Entre 1973 y 1982 la cantidad de prisiones estaduales y federales en EE.UU. casi se duplicó. Durante el mismo período, la tasa de delitos no disminuyó".



Finalmente, y más importante, la actual generación de delincuentes no es la última. Nuevas generaciones aparecerán en las calles. Esto significa que la reducción de la tasa de delitos, de producirse, pronto desaparecerá. Por supuesto, la inhabilitación, colectiva podría ser renovada para las nuevas generaciones. Pero nunca llegaría al mismo nivel, debido al siempre presente ingreso de las nuevas generaciones. Al mismo tiempo, quienes ya están encarcelados tendrían que ser encerrados durante períodos muy prolongados, a causa de la presunción de su persistencia. En fin, se terminaría teniendo tremendas cantidades de prisioneros y un efecto insignificante. Esto es exactamente lo que ha sucedido en los Estados Unidos y en otros países como Polonia hace poco tiempo.
Después está la inhabilitación selectiva: la predicción individual de los delincuentes violentos de alto riesgo sobre la base de criterios de antecedentes específicos. Gran cantidad de estudios ha demostrado que este tipo de predicción es muy difícil, y que lo que denominamos tasas falso-positivo así como las falso negativo ­o sea, errores de predicción­ son muy altas. Como lo formularon algunos de los defensores de la inhabilitación selectiva ­participantes en los estudios Rand a gran escala de inhabilitación selectiva durante la década de 1980­: "Sin embargo, no podemos recomendar ahora basar una política condenatoria sobre estas conclusiones ". (Chaiken and Chaiken, 1982: 26).
En quinto y último lugar agreguen a esta justicia equilibrada la respuesta neoclásica al delito mediante la prisión, y la lista está completa. A pesar de que se admite que la prisión no puede evitar nada, presumiblemente puede equilibrar el acto reprehensible, igualando las pesas de la justicia. Pero ¿puede hacerlo? Para decirlo en pocas palabras: no puede de ninguna manera precisa balancear el acto, debido a que el delito criminal por un lado y el tiempo por el otro son entidades inconmensurables, y por encima de todo, porque la escala de castigo no puede ser "anclada" con seguridad (von Hirsch, 1986; von Hirsch, 1993; para una crítica, ver Mathiesen, 1990; Mathiesen, 1996). Por estas razones, la escala de castigo se constuye en la arena, y cambia rápidamente con el rumbo político. Vemos que esto sucede hoy. Por las mismas razones, la escala de castigo brinda poca satisfacción a la víctima. Lo decisivo es el rumbo político más que su búsqueda de justicia.
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