“la adelita “



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“LA ADELITA “


Profr. Hernán de Zandozequi

A tomarse un aguardiente a la cantina de enfrente entró un día Trinidad buen soldado y buen cantor y ya junto al mostrador gritó con autoridad ¡ Epa tú !

¡ Un mezcal pa’ un valiente con dinero pa’ pagar ! Y si hay “por ai” una gente que me “quera” oir cantar que lo diga “pos orita” porque “ai les va” la Adelita Que es la que a mi me agarra.

¡ Venga pues, una guitarra que se las voy a contar !


Pos ai tiene asté” amigo que un día nos vinieron a llevar en la leva de la guerra “no le aunque asté” no quería se tenía que alistar y a vivir la vida perra! Tenía “asté” que matar para hacer “regolución” “pos nos decían que ansina” se lograba redención “ quesque” “nostra” Patria chula se moría de inanición.

Que era un tal Díaz tan mula, que a los indios de la sierra no dejaba trabajar, que el indio sólo con guerra podía algún día lograr que “juera” suya la tierra.


A las filas “jue” a parar “desta” gran “regolución” mi compadre Espiridión y mi primo Apolinar.

Tras “del” se “jue” la Adelita, la muchacha más bonita del lugar

¿No se acuerda? La criollita “quera” novia de mi primo Aplinar ¡Y allá va pues la Adelita entre un susto y un cantar!

¡ Arriesgando hasta el pellejo, pero siempre con su viejo, con su prieto Apolinar !


En las “aisiones” de guerra aquella brava mujer “munchas” veces vio caer a sus hermanos por tierra, y su prieto Apolinar le “dicía” con orgullo:

¡ Ora vieja, el rifle es tuyo y “orita” lo vas a usar !


Pero un día una bala “indina” no “respeitando” el valor de aquel hombre tan “arrecho” le arrancó casi del pecho y de cuajo el corazón.

La Adelita lanzó un grito al caer su Apolinar se arrojó sobre la herida como queriendo tapar el “joyo” que le hizo el tiro, mas todo en vano ya la vida se escapaba en un suspiro.


Como una fiera bravía a quien quitaran su presa veloz el campo atraviesa y por los campos corría, corría por los campos como loca, “jasta” topar con la boca de los “jusiles” contrarios. Abrió los brazos en cruz, como si “juera” un Jesús, y gritó a los “reaicionarios” a los malditos pelones:

¡Disparen, jijos de tales !

¡Disparen, gallos pelones !

¡Disparen, tales por cuales !

¡¿O es que les faltan calzones?!

¡Disparen y no se asombren, que han matado a todo un hombre de los “güenos” y cabales!


Cesó el juego de los juanes y atravesaron el campo corriendo a todo correr y junto aquella mujer - la mujer de Apolinar -, se convirtieron en blanco y se dejaron matar.

Así dice la canción, la canción de la Adelita, una canción muy bonita que en nuestra “regolución” entre campos de batalla y entre ruidos de metralla fue una popular canción.


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