La casa fantasmagórica



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John Anderson

LA CASA FANTASMAGÓRICA




La madrugada del primer día de enero, Albira tuvo sus primeras contracciones, sus gemelas ya estaban de camino.

Marcelo estaba nervioso, ansioso, preocupado, pero expectante; eran muchas emociones en un mismo día y no sabía como controlarlas.

Mientras esperaba a que le llamasen, contemplaba la luna llena y pensaba en lo hermoso que era el principio de su nuevo año con sus dos hijas y una esposa perfecta en todos los sentidos.

En el quirófano, Albira empujaba con fuerza y gritaba de dolor; primero, salió una niña, y, a continuación, la otra. De pronto, se llevó una gran sorpresa, cuando la matrona le anunció que venía en camino una tercera.

Marcelo tuvo un ligero mareo, que le obligó a sentarse en uno de los sillones y empezó a llorar de felicidad.

-¡Tres niñas! – exclamó Marcelo.

Pasaron siete años de ese feliz acontecimiento y eran una de las familias más imaginativas y divertidas que había en el barrio, pero surgió un pequeño problema, las trillizas no estaban a gusto y la familia decidió mudarse a una antigua casa construida sobre un cementerio indígena, que no sabían que existiera.

La casa era preciosa y constaba de una cocina con todo tipo de utensilios, una gran sala, cinco habitaciones, tres baños, un porche y un jardín muy extenso.

En la parte inferior de la casa había un sótano y, en una esquina, se encontraba el laboratorio de Marcelo.

Aliena y Agnes jugaban muy entretenidas en el salón. Albira las contemplaba desde la cocina y se sentía la madre más feliz del mundo. Sin embargo, su felicidad no era completa, su hija Adet no parecía encajar con el resto de la familia.

Adet era extraña y enigmática. Rara vez se la veía merodear por la casa y siempre permanecía encerrada en su habitación.

  • Está bien que estrenéis el nuevo salón – les comentó Albira-. Pero sin la necesidad de romperlo todo.

  • ¿Dónde está papá? – preguntó Aliena -. Quiero saber cuál es su nuevo experimento.

  • Estará en su laboratorio – contestó la madre -. Pero ahora no le molestes.

Las chicas se marcharon al otro extremo del salón y oyeron un ruido raro proveniente del sótano, sin embargo no le dieron importancia. Hubo un segundo golpe y decidieron bajar a investigar para saber la causa de dichos ruidos.

  • Esto no me gusta – susurró Aliena - . Agnes, vamos a avisar a mamá.

  • No, eso no – replicó Agnes -. Esta es la clase de cosas que le gusta hacer a Adet

Quizá tengamos la oportunidad de vengarnos por lo que nos hizo ayer en clase. -¿Acaso no quieres aceptar que es más lista que nosotras? – respondió Aliena-. Si fuéramos buenas con ella, nos ayudaría y podría cambiar.

Agnes no dijo nada y siguieron bajando la escalera hacia el sótano. De pronto, se apagó la luz y una ráfaga de aire cerró de golpe la puerta. Las dos hermanas dieron un chillido de pavor. Luego, empezaron a gritar:

-¡Mamá, mamá, sácanos de aquí!

Albira estaba cocinando mientras escuchaba música country y no las oía.

Marcelo estaba demasiado centrado en sus disoluciones y no prestaba atención a lo que ocurría en el exterior.

Sin embargo, Adet oía sus lamentos e interrumpió la lectura de su nuevo cuaderno de lógica.

  • Otra vez se han metido en un lío – se dijo a sí misma, Adet -. ¿Cuándo aprenderán?

Se levantó de la cama sin muchas ganas y fue a ayudar a sus hermanas. Bajó al sótano y al abrir la puerta, sus dos réplicas cayeron asustadas a sus pies.

  • ¡No gritéis más, por favor! – Exclamó enfadada Adet.

  • ¡Cállate de una vez! – le soltó Agnes -. A ti no te ha llamado nadie.

  • Agnes, qué poco considerada eres – la recriminó Aliena -. Es la única que ha venido a ayudarnos.¡ Gracias!

Adet volvió a su habitación pensando cómo su hermana Aliena se dejaba manipular por Agnes y en el motivo que provocó a sus hermanas tanta angustia.

Albira, la madre, bajó al sótano y al mismo tiempo que tocó la puerta del laboratorio de su marido, gritó:

  • ¡ A comer!

Todos fueron llegando y se sentaron a la mesa. Luego, Agnes contó a sus padres todo lo que les había ocurrido en el sótano, pero cambió la realidad de los hechos.

  • Mamá, Adet nos encerró en el sótano, apagó la luz y, luego, disimulando nos abrió la puerta al oír nuestros gritos de terror.

Adet y Aliena se sorprendieron de lo que estaba diciendo su hermana.

Marcelo y Albira estaban desconcertados, no podían creer lo que estaba pasando entre sus hijas, porque antes habían reñido entre ellas, pero no habían llegado a aquel límite. Comprendieron que algo pasaba.

Después de oír la versión dada por Agnes, Adet se levantó de la mesa sin decir nada en su defensa, se encerró con llave en su habitación, puso música a un volumen ensordecedor, se echó en la cama y se puso a llorar.

Aliena se levantó detrás de su hermana y se fue al baño pensando en el odio que tenía Agnes a su hermana Adet.

Agnes, se arrepintió en un principio, pero era tan orgullosa que no estaba dispuesta a pedir perdón y se limitó a ver a sus hermanas irse y la cara de sorpresa y confusión de sus padres.

Agachó la cabeza sin seguir con la sarta de mentiras que quería decir a sus padres para que castigaran a su hermana.

La odiaba por ser como era y, también, porque se creía más lista que ella. Al decir esa mentira, inició una guerra contra su hermana , pero dudaba de qué parte estaría Aliena, ya que ésta siempre defendía a Adet; de todos modos, Agnes utilizaría sus artimañas para controlar fácilmente a la ingenua Aliena.

Al anochecer, se encontraban cada una en su habitación y Albira cogió una copia de la llave de la habitación de Adet y se dirigió allí ; abrió despacio y le consoló diciéndole:

  • Hija, creo que tu no has sido la persona que cerró la puerta.

  • Mamá, yo les abrí la puerta porque no podía hacer los deberes debido a los gritos que emitían – le comentó con tristeza Adet -. Mis hermanas no me comprenden ni me quieren. Aliena me defiende de boca, pero ella, al final, siempre ayuda a Agnes a hacerme la vida imposible con sus mentiras y provocaciones.

  • Hablaré con tus hermanas e intenta calmarte – le manifestó su madre.

Luego Albira se encaminó al dormitorio de Aliena, abrió la puerta y encontró a su hija ordenando su cuarto.

  • ¿Qué estas haciendo? – le preguntó a Aliena.

  • Estoy ordenando mis cosas y libros – respondió a su madre.

  • ¿Qué ha pasado en el sótano esta mañana? – le preguntó a su hija.

Aliena le contó que Adet había abierto la puerta y era la responsable de todo lo ocurrido.

Al terminar la charla con Aliena, la madre se trasladó a donde Agnes.

  • ¿Por qué estas siendo tan mala con tu hermana? – le recriminó la madre.

  • No lo sé, pero Adet me cae muy mal – contestó casi llorando la hija.

Bueno, nos reuniremos toda la familia a las ocho de la tarde. Llegó la hora, se juntaron, hablaron sobre el tema y lo dieron por zanjado.

Más tarde, Adet se levantó de la cama, cogió unas velas , fue al dormitorio de Aliena y le dijo en voz baja:

  • He estado investigando en la casa y he comprobado que está construida en un antiguo cementerio; seguro que aquí hay fantasmas.

  • ¡Qué miedo! – respondió Aliena atemorizada.

  • No te asustes, despertemos a Agnes y bajemos al sótano las tres.

Entraron en la oscura estancia, encendieron las velas y , de pronto, se cerró la puerta; las llamas de las velas casi se apagaron.

  • ¿Quién está ahí? – gritó Adet.

Nadie contestó; eso las tranquilizó, pero cuando las hermanas se disponían a salir, sintieron una ráfaga de viento helador, el suelo se abrió por la mitad y un remolino de calaveras emergió de su interior. Entonces, Adet cogió a sus hermanas, las empujó hacia la puerta y se enfrentó a aquella masa fantasmagórica, que la envolvió y la zarandeó sin piedad; Adet trataba de zafarse de aquella amalgama cadavérica, chillaba en cada subida y bajada; finalmente, apareció un ser monstruoso que abrió sus fauces acercándose a ella con una voracidad y velocidad vertiginosa ; cuando se disponía a engullirla, Adet extendió su brazo con la vela encendida metiéndola en boca de la bestia y ésta desapareció emitiendo un chillido desgarrador y arrastró con ella todo aquel espectro.

Al no salir Adet, sus hermanas entraron de nuevo en el sótano muertas de miedo , con sus velas encendidas y vieron a su hermana en el suelo medio atontada, la cogieron y la subieron a su habitación, le dieron de beber un poco de agua y se fue reponiendo poco a poco. Una vez recuperada Adet, decidieron acostarse y hablar sobre lo ocurrido a la mañana siguiente.

- ¡Adet , levántate y baja a desayunar! – exclamó la madre.

Adet despertó con el cuerpo dolorido, como si hubiera estado en medio de un huracán.

Aliena se miró en el espejo, estaba con el rostro pálido y dudaba si el suceso ocurrido durante la noche había sido un sueño o realidad.

Agnes entró de golpe en la habitación de Adet y le preguntó sobre lo qué había ocurrido en la noche, ya que no recordaba nada.

Mientras estaban hablando, oyeron un grito terrorífico de Albira que provenía del laboratorio de Marcelo. Bajaron las tres hermanas corriendo para saber que acontecía en el sótano. Al llegar al laboratorio, vieron a su madre con su padre muerto en sus brazos. Entonces Agnes y Aliena se pusieron a llorar mientras Adet contuvo su dolor y trató de consolar a su madre y a sus hermanas.

Después de los funerales por la muerte del padre, el ambiente en la familia era de tristeza, pero poco a poco lo fueron superando. No obstante, todas sabían que en aquella casa sucedían cosas extrañas y peligrosas.

Un día , cuando Albira se encontraba haciendo la comida, vio la sombra de su marido en un rincón de la cocina y se llevó un gran susto. A continuación, oyó en su interior la voz asustada de su marido aconsejándole:

- Esta casa está maldita. Coge a las hijas y vete a vivir a un lugar más lejano y seguro.

Albira no dudó ni un segundo, recogieron las cosas más necesarias, salieron de la casa y, antes de irse, la quemaron para que desapareciera, y con ella todos los seres que la habitaban. Finalmente, recogieron sus cosas y se dirigieron a una lejana ciudad, buscando el olvido de aquella pesadilla e intentar ser felices de nuevo.

-¡A desayunar


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