La construcción social de la ciudadaní pasto (colombia), 1821 – 1824



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LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA CIUDADANÍA1.

PASTO (COLOMBIA), 1821 – 1824.
ANGELA ROCIO MORA CAICEDO2

Colombia


armorac@udenar.edu.co

Tanto en Colombia como en América Latina, la celebración de los bicentenarios de las independencias llevó a plantear diversas preguntas al siglo XIX. En buena parte, esos cuestionamientos solicitaron dejar a un lado las miradas históricas tradicionales, que focalizaban su atención en los estudios de procesos lineales, en los ámbitos políticos, sociales, culturales y económicos. Desde la mirada de la sociología se busca superar aquellos trabajos que se enfocan en comprobar los adelantos y las dificultades ocurridas en el camino seguido del Antiguo Régimen a los nuevos proyectos republicanos, puesto que no se trata de hacer encajar a las nuevas naciones latinoamericanas en el camino que había seguido la constitución de los nuevos órdenes republicanos y liberales en Occidente. Bajo esta perspectiva, la investigación “Ciudadanía y República. Pasto, 1823 - 1823”, fue planteada con el propósito de conocer la construcción social de la ciudadanía en un contexto complejo de cambio social. Para ello se profundizó en la caracterización de la apropiación de la ciudadanía, en las formas de reconocimiento y exclusión generadas a partir de esta condición, los mecanismos que permitieron su difusión, el papel de las pedagogías cívicas en su consolidación, y la construcción de una esfera pública para su actuación. Esta indagación histórico – social se circunscribe a la ciudad de Pasto (Sur de Colombia) en el período que cubre los años 1821 a 1824.


Palabras clave: República, Ciudadanía, Vecinos, Indígenas, Civilización, Pasto.


La llegada de la República a Pasto (1821 - 1824)

Colombia dio inicio definitivo a su vida republicana con la Ley Fundamental del 7 de agosto de 1819, la cual fue proclamada por el Congreso en Angostura. Este nuevo orden social se fundamentaba en un ciudadano capacitado para interferir en los asuntos públicos y en los ejercicios de representación dispuestos para estructurar el nuevo gobierno.

En el año de 1821, se expidió la Carta Constitucional, que definió al ciudadano y sus características, sus derechos y deberes, así como las garantías que ofreció este estatus en el momento de acogerse a la república. Posterior a esta Carta se divulgaron una serie de normas tendientes a contrarrestar los efectos negativos que causaban los enemigos de la república, obligando finalmente a estos sectores a acogerse al nuevo orden.

Mientras Santa Fe se consolidaba como el centro de la vida republicana, Pasto se mantuvo como la cabeza visible de los movimientos realistas en los territorios sur colombianos y, haciendo caso omiso de las disposiciones tomadas por el Congreso en Angostura y las subsiguientes decisiones emitidas por el gobierno, prefirió jurar nuevamente la Constitución Gaditana el 8 de septiembre de 18203.

Desde España, se había comunicado a los territorios aún leales a la Corona en Ultramar, que se autorizaba restaurar la Constitución, disponer nuevamente de los organismos constitucionales e iniciar un proceso de elección de autoridades locales de inmediato. Sin embargo, las condiciones para la implementación de la Constitución Política de la Monarquía ya no eran las mismas y mucho menos el restablecimiento de sus instituciones y funcionarios en América, que habían cesado sus labores en 1814 con el regreso de Fernando Séptimo.

La conversión, que se venía dando entre un orden tradicional y un orden moderno, caracterizado por principios liberales y republicanos, hace necesario aclarar que, para el caso de Pasto, las fechas que normalmente rememoran la construcción de la nación colombiana no tuvieron el impacto ni la funcionalidad que se esperaba. Un ejemplo fue cómo el 20 de julio de 1810 no representó mayor trascendencia para la localidad, porque allí se libraban sus propias batallas, para sostener el orden monárquico frente al intento de autonomía de la Junta de Gobierno establecida en Quito. Esto le permitió a Pasto protagonizar las primeras manifestaciones realistas de la época. Igualmente, como ya se anotó, el 7 de agosto de 1819, tampoco se tomó en cuenta como el hito fundacional de la vida republicana en Pasto.

Hoy se puede establecer que Pasto sí venía desarrollando un proceso de transición hacia la vida política liberal, pero lo hacía desde su propia experiencia. Esto llevó a la ciudad y a sus pobladores a defender unos intereses particulares y un vasallaje, que le había dado un alto reconocimiento y admiración en los territorios aledaños. Sin embargo, su ingreso a la vida republicana sería más que inevitable; éste se dio por la fuerza a partir de fuertes combates militares; lejos de apropiar el proyecto republicano y de compartir sus principios, ganó más el interés por salvar ciertos privilegios logrados en el Antiguo Régimen, que se querían conservar a través de la negociación. Esto hablando particularmente desde los intereses de la élite; la lucha dada por los indios fue otra, incluso no respetó la fecha de la firma de capitulación con Bolívar (1822), pues su resistencia al nuevo orden se extendió hasta 1824, año en que fue fusilado Agustín Agualongo, hecho que muchos consideraban como el cierre del capítulo del realismo en el sur de Colombia, aunque las fuentes indican que se siguieron desarrollando muestras, débiles claro está, de insurgencia indígena hasta 1828, aproximadamente4.

Los ciclos de confrontación militar, que presenta Jairo Gutiérrez, están en estrecha relación con las propuestas de autores como Gerardo León Guerrero y Luis Javier Ortiz, quienes han manifestado que la experiencia de Pasto durante el proceso de independencia no debe estudiarse desde las mismas expectativas, los mismos intereses, ni en los tiempos que el proyecto republicano siguió en otros territorios de la hoy nación colombiana.

Como se ha estudiado en investigaciones recientes, la construcción como tal de la vida republicana en Colombia partió de la base de arraigos locales y regionales más fuertes que los ideales colectivos de nación. La resistencia pastusa al proceso de independencia obedeció a uno de esos proyectos particulares y coherentes, que habían consolidado los colectivos sociales durante la colonia5. Teniendo en cuenta esta particularidad histórica, en este momento, el análisis se ubica en el último ciclo de confrontación militar y de final articulación al proyecto republicano en Pasto, desarrollado entre los años 1820 y 1824.

La iniciativa más fuerte, que empezó a quebrantar la férrea fidelidad de Pasto a la Monarquía, fue la decisión de Simón Bolívar de iniciar una campaña militar con el Ejército del Sur en 1820, para lograr la independencia de Quito y Perú. En ese contexto, Pasto fue un paso obligado hacia las campañas del sur y, como era famosa su resistencia, el General decidió enfrentarse militarmente con la ciudad y sus habitantes. Este hecho propició sangrientos enfrentamientos contra los realistas pastusos.

Durante estos años, Pasto pagó un alto costo, que no sólo se reflejó en pérdidas humanas, sino en el quebrantamiento de su economía, en la destrucción de la ciudad y, sobre todo, en la división de intereses de sus habitantes; finalmente, esto llevó a la adhesión de la élite y el clero al orden republicano. Esta decisión fue producto de la presión militar y de las medidas tomadas por el gobierno republicano para contrarrestar la actividad rebelde en el sur a cualquier costo; en consecuencia, la élite y los integrantes del Cabildo de Pasto no tuvieron otra opción que firmar una Capitulación con Simón Bolívar el 8 de junio de 18226. Y de esta forma Bolívar dio la bienvenida a Pasto a la vida republicana:

HABITANTES DE PASTO: una capitulación honrosa os ha sometido al Gobierno de la República de Colombia, y sois Colombianos.

Nuestras leyes benéficas son el garante de nuestra libertad, seguridad y prosperidad. Vosotros sois ciudadanos de Colombia. La guerra son sus desastres ha desaparecido para siempre. El Gobierno Real ya no existe. Tenemos un gobierno propio, obra de nuestra elección, y la expresión de nuestras voluntades.7.

Con esta proclama, Bolívar instituyó en Pasto el trato de ciudadanos a los pastusos y, oficialmente, instauró el gobierno de la República de Colombia sobre el cual solicitó jurar fidelidad, para así lograr beneficios como conservar sus empleos y propiedades. Así cayeron de las banderas monárquicas en Pasto, por lo cual la táctica de pactar, fue la mejor forma de conservar los privilegios logrados en el Antiguo Régimen. Claramente el documento de las capitulaciones hace referencia al sujeto político de la República, que toma como base el estatus tradicional del vecino:

Los vecinos de Pasto, sean nativos o transeúntes, serán tratados como los colombianos más favorecidos, y gozarán de todos los derechos de los ciudadanos de la República, y llevarán al mismo tiempo las cargas del Estado como los demás ciudadanos. S.E. el libertador ofrece constituirse en Protector de todos los vecinos del territorio capitulado […]8.

Según los indicios que muestra este lenguaje político, la condición de ciudadano de la república ya trajo consigo la responsabilidad de asumir deberes, ya no sólo con la localidad o la comunidad próxima, sino de un sujeto que se debía a la nación. De igual manera, se le atribuía unos derechos, que se asociaban con la protección que le garantizaba la estructura social, el reconocimiento público como miembro aprobado de la sociedad y el resguardo de la religión católica y de sus tradiciones. Como consecuencia, estos hechos dejan comprobar el proceso de reconfiguración del vasallo del Rey y del vecino del reino en ciudadano de la República. No sólo se trató de la conversión del individuo como tal, sino del orden social, una sociedad tradicional que transitaba hacia una nación moderna y “la sustitución de la lealtad al Rey por la adhesión a un orden legalmente regulado y a una concepción abstracta del Estado”9. Pero así como, en los pastusos y en el mismo Bolívar, aún pesaban las estructuras del lenguaje político tradicional, en el cual la sociedad necesitaba de una cabeza o un padre que les diera protección, Bolívar así se ofrecía para los pastusos, como un padre benévolo, compasivo y capaz de perdonar las ofensas pasadas, dispuesto a asumir las riendas de todos sus gobernados:

¡Pastusos! Vosotros sois colombianos, y por consiguiente sois mis hermanos. Para beneficiarlos, no seré sólo vuestro hermano sino también vuestro padre. Yo os prometo curar vuestras antiguas heridas; aliviar vuestros males; dejarlos en el reposo de vuestras casas; no emplearos en esta guerra; no gravaros en exacciones extraordinarias ni cargas pesadas. Seréis, en fin los favorecidos del gobierno de Colombia10.

Por sobre todo el lenguaje de Bolívar estaba cargado de persuasión y de proposiciones, que le sirvieron para seducir a los habitantes de Pasto, que temían dejar aquel orden social tradicional, que les había permitido su realización material, social y política. Resumiendo, ese fue el principal interés de Bolívar, que un territorio realista aceptara un nuevo orden social -La República-, es decir, que accedieran a organizarse bajo las directrices de ésta: “¡Colombianos del Sur!: […] La constitución de Colombia es el modelo de gobierno representativo, republicano y fuerte. No esperéis encontrar otro mejor en las instituciones políticas del mundo, sino cuando él mismo alcance su perfección”11.

Como se había mencionado antes, no es pertinente desconocer las instituciones del Antiguo Régimen que administraron las indias, su estructura proyectó fortaleza tanto en su accionar político y económico, como en sus elementos simbólicos; por lo tanto es difícil concluir que la sola circulación de un nuevo lenguaje político de carácter liberal, se traduciría también en prácticas liberales y republicanas. Esto se hace evidente en todo el proceso de educación y elaboración de identidades nacionales que vinieron después de las guerras de independencia.

La consolidación de los poderes locales en Pasto

Los cambios eran necesarios ante la visible derrota de los ejércitos realistas, por lo tanto, la negociación que Bolívar logró con las élites y el clero en Pasto, para que finalmente aceptaran su adhesión al orden republicano, fue un pacto que benefició a las dos partes, así lo caracteriza Jairo Gutiérrez Ramos:
Bolívar dedicó toda su capacidad de convicción, carisma y poder a convencer a los miembros de la 'nobleza' local, y los jerarcas del clero regular y secular, de las ventajas que implicaría su vinculación al proyecto republicano […] su estrategia fue simple y realista: ofrecer al clero y a los ricos que ni sus fueros ni sus privilegios serían tocados por la República12.

La República se hizo dueña de una fidelidad motivada por los intereses concretos de las élites locales, hecho que les permitió seguir disfrutando de los cargos burocráticos logrados en la colonia, los mismos que fueron articulados a las instituciones republicanas: “La autoridad civil y militar de esta ciudad y su jurisdicción, queda sometida al Señor Coronel de Milicias Ramón Zambrano, que la ejercerá con arreglo a las leyes Españolas, como hasta aquí, excepto en los casos que aquellas se opongan a los principios fundamentales de la Constitución Colombiana”13.

Así mismo Bolívar nombró como escribano a Estanislao Merchancano, quien se había desempeñado con Ramón Zambrano como líderes militares realistas. Nuevamente, el General daba un paso más para lograr la desestabilización en los ejércitos realistas, considerando que ésta sería una estrategia mediante la cual los facciosos subalternos también desistirían de su propósito de seguir en rebelión.
Otras ratificaciones de la élite de Pasto, en los cargos administrativos más preciados, estaban relacionadas con el pacto establecido con el clero, representado por el Obispo Jiménez de Enciso, a quien le garantizó el libre desarrollo del culto católico, además de la protección de sus propiedades y la participación activa en la toma de decisiones políticas, administrativas y militares de la ciudad.

Sin embargo en octubre de 1822, unos meses después de la firma de la Capitulación, se vuelven a presentar levantamientos en contra de la República en Pasto. Las conclusiones formuladas por los historiadores regionales plantean que se trató de iniciativas lideradas por facciones del ejército realista integrado por sectores subalternos. Gerardo León Guerrero sostiene que la decisión de capitular, tomada por los cabildantes, no fue avalada por el “pueblo” y que los “hechos posteriores demuestran el descontento general de una masa que furibunda empezó a llamar traidores a los firmantes”14; esto sólo confirma el interés manifiesto de las élites y el clero en su propio beneficio, que no integró ni la opinión ni los intereses de los indios, como grupo mayoritario.

Una diferenciación de intereses que Bolívar no había considerado, por lo que autorizó a Antonio José de Sucre para ocupar la ciudad y retomar el control del gobierno republicano. Una intervención bastante cruel y sangrienta, que se llevó a cabo el 24 de diciembre de 1822 y que sería recordada en la memoria regional como “La navidad negra”.

En cuanto al lenguaje político y tras “la consternación” de Bolívar de ver inútiles sus esfuerzos de persuasión, se remitió a los pastusos en estos términos: “Que la insurrección fue abrazada generalmente por todos sus habitantes, sin exceptuarse más que a dos que se refugiaron al otro lado del Guáitara, los ciudadanos Joaquín Paz y Ramón de Córdoba15”. Vemos en este testimonio una condena general y sin diferencias de los grupos que acompañaron o apoyaron la sublevación, en la que la condición de ciudadano se presenta como un estatus de privilegio, que sólo los leales a la capitulación firmada y a la República podían ostentar. Y esto quedó instituido como un requisito para acceder a la ciudadanía, manifestar públicamente la adhesión al régimen republicano y a sus principios.

En este decreto, Bolívar tomó medidas encaminadas a desmantelar la mayor parte de privilegios, protecciones y reconocimientos concedidos a los firmantes de la Capitulación: “Se confiscarán y aplicarán al Gobierno los bienes de todas las clases de habitantes del Cantón de Pasto […]”16. A los traidores, Bolívar ya no los mencionaba como ciudadanos, sino en una categoría general en la que no hacía alusión ni a la élite local, ni al clero o a los sectores subalternos, ya que refirió a los pastusos en todo el decreto como a “todas las clases de habitantes”.

Si bien es cierto que Bolívar estuvo contrariado por la obstinación de Pasto frente a la República, sus tácticas de manejo de las élites las volvió a usar el 5 de enero de 1823, cuando, en el Cuartel General de Pasto, decretó la organización del Cabildo, el cual se componía de un Juez Político, dos alcaldes ordinarios, seis regidores, dos procuradores y un secretario. Para tal efecto, realizó los siguientes nombramientos:

2º. El Juez político del Cantón de Pasto será el ciudadano Joaquín de Paz y Burbano; el alcalde ordinario de primer voto el ciudadano José de Soberon, el alcalde ordinario de segundo voto el ciudadano José Santiago Ibarra; los regidores serán los ciudadanos Joaquín de Santacruz y Andrade, Lucas de Soberon, Manuel Enríquez Guerrero, Joaquín Eraso, Tomas Guerrero y Ramón Cabrera y Figueroa; los procuradores serán los ciudadanos Salvador Ortiz y Crisanto Guerrero y el secretario el ciudadano José María Ortiz17.

Los cabildantes designados pertenecían directa o indirectamente a familias de jefes políticos que, en su momento, habían defendido el orden monárquico. Ante la necesidad de tener aliados, Bolívar volvió a conceder el estatus de ciudadanos, para distinguir a las personas amigas de la República. Él tenía claro que el ciudadano que necesitaba el nuevo orden estaba estrechamente asociado con un origen étnico determinado (blanco), con unos valores selectos y una ya garantizada posición institucional todos estos atributos no los encontraba en otro colectivo social18; sabía que necesitaba de esa la élite pastusa para la pacificación del territorio, los ahora enemigos de la república eran otros y a ellos había que reprimir.


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