La economia. Concepto y metodo



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LA ECONOMIA. CONCEPTO Y METODO

Este trabajo está estructurado en tres partes. En el primero se recogen algunas consideraciones sobre la noción de Economía. A continuación se ofrece una breve visión panorámica del desarrollo histórico de la Macroeconomía. El capítulo termina con algunas reflexiones sobre determinados aspectos metodológicos de la Teoría Económica.



1. CONCEPTO DE ECONOMÍA

No resulta fácil ofrecer una definición de Economía, ni tampoco especificar cuál es su objeto de estudio, puesto que no existe unanimidad al respecto entre los principales economistas del pasado ni de la actualidad. Facilita el acercamiento a esta cuestión, no obstante, la referencia a algunas de las definiciones de Economía proporcionadas por los autores más relevantes a lo largo de la historia de nuestra ciencia.

Tradicionalmente - aunque es éste asimismo un punto controvertido - se considera que el inicio de la economía como disciplina científica va aparejada a la publicación de la obra de Adam Smith The Wealth of Nations (1776). Para Smith la Economía Política es “una de las ramas de la ciencia del legislador o del estadista” (1776, p.428). Smith delimita con más claridad el ámbito de esta rama del saber al describir dos objetos propuestos por la Economía,

“El primero, suministrar al pueblo un abundante ingreso o subsistencia, o, hablando con más propiedad, habilitar a sus individuos y ponerles en condiciones de lograr por sí mismos ambas cosas ; el segundo, proveer al Estado o República de rentas suficientes para los servicios públicos. Procura realizar, pues, ambos fines, o sea enriquecer al soberano y al pueblo” (1776, p. 428).

En estas breves líneas se encierran numerosas cuestiones que podrían dar lugar a amplias discusiones y análisis, como cuáles deban ser, en último término, las funciones respectivas del Estado y del mercado. Excedería del propósito de estas páginas ahondar en estos interrogantes1, pero resulta pertinente para la discusión posterior destacar cómo el objeto de la Economía para Adam Smith, en última instancia, es enriquecer al soberano y al pueblo.

Para David Ricardo, sin embargo, el objeto de la Economía no está tanto en la obtención de riqueza cuanto en su distribución :

“El producto de la tierrra [...] se reparte entre tres clases de la colectividad, a saber : el propietario de la tierra, el dueño del capital necesario para su cultivo y los trabajadores que con su trabajo la cultivan [...]. Determinar las leyes que gobiernan esta distribución es el principal problema de la Economía Política” (Ricardo, 1819, p. 5, cursiva de la autora).

Senior, sin embargo, recupera el énfasis smithiano en la generación de riqueza : para él la ciencia económica versa sobre “la naturaleza de la producción y la riqueza” (Senior, 1852, p.2). Stuart Mill refina y matiza la definición de Senior pero insiste en las mismas ideas: a su juicio la Economía es

“la ciencia que describe las leyes de aquellos fenómenos de la sociedad que se originan en las operaciones continuadas de la humanidad para la producción y distribución de la riqueza en la medida en la que esos fenómenos no quedan modificados por la persecución de otro objeto” (Mill, 1844, cursiva de la autora).

Mill integra, por tanto, las visiones de Smith-Senior y Ricardo, centrada en la producción de riqueza la primera, y en su distribución la segunda.

Con Jevons se produce un cambio en la concepción de la Economía, como destaca González (1997), que se puede concretar en tres aspectos : en primer lugar, desplaza el enfoque de la Economía de la Macroeconomía a la Microeconomía ; en segundo lugar, consolida de un modo mucho más explícito los principios hedonistas - que ya subyacían en las concepciones de Stuart Mill, Senior y Cairnes - ; finalmente, postula el empleo del método matemático en el desarrollo científico de nuestra disciplina. Estas ideas están presentes en algunas definiciones de Economía - un tanto vagas - que pueden encontrarse en sus escritos : así, la describe como “un cálculo de placer y dolor” (Jevons, 1871, p.101) y como “una especie de Matemática que calcula las causas y los efectos de la actividad humana” (Jevons, 1886, p. 321).

Alfred Marshall, por su parte, afirma que la Economía

“Examina aquella parte de la acción individual y social que se relaciona más de cerca con la obtención y el empleo de los requisitos materiales del bienestar” (Marshall, 1890, p.1, cursiva de la autora).

Sidgwick proporciona una definición similar :

“La economía se relaciona con el aspecto social [...] de las actividades humanas que se dirigen a la producción, apropiación y uso de los medios materiales que satisfacen los deseos humanos, en la medida en que esos medios son susceptibles de ser intercambiados” (Sidgwick, 1883, cursiva de la autora).

Pigou manifiesta que la Economía está relacionada con “la parte del bienestar que puede relacionarse con una medida monetaria” (Pigou,  1920, p.1).

En todas las definiciones anteriores puede encontrarse un rasgo común : delimitan la Economía de modo que su objeto se integra por un determinado tipo de acciones humanas, las que se refieren a la producción de bienes (Smith, Senior, Mill, Marshall) o a su distribución (Ricardo y Mill). En determinados casos se sitúa el énfasis en el papel del dinero (Pigou) o el intercambio (Sidgwick), pero también en estos casos se habla explícitamente de bienestar o de medios materiales.

Esta forma de entender la ciencia económica, sin embargo, fue cuestionada por Lionel Robbins en su controvertido “Essay on the Nature and Significance of Economic Science” (1932). Como recoge con agudeza el economista británico, el enfoque tradicional adolece de una grave limitación : existen vertientes de la vida económica que no guardan relación con el bienestar material, sino con aspectos que más bien cabría calificar de “inmateriales”. Como ilustra gráficamente con algunos ejemplos - como el caso de los salarios de los componentes de una orquesta2 - las definiciones que centran el objeto de la economía en el bienestar material dejan fuera del ámbito de nuestra ciencia, erróneamente, actividades que sí deben encuadrarse en ella.

Robbins resuelve esta aparente paradoja centrando el ámbito de la Economía no en un tipo de acciones humanas sino en un aspecto de todas - o, al menos, una gran parte de - las acciones humanas. ¿Cuál es este aspecto? Para Robbins es aquel que se relaciona más directamente con lo que, de modo radical, constituye la esencia del problema económico : la escasez, que a su vez deriva de la contraposición de una multiplicidad de fines y unos medios limitados. El aspecto económico de la actividad de los hombres consiste en que los medios limitados pueden ser utilizados de modos diversos y, en consecuencia, es preciso elegir los fines que se consideran primordiales. A su vez, como consecuencia de la elección, surge inmediatamente el concepto de coste de oportunidad. En último término, la Economía se concibe como una forma de acercamiento a cualquier problema en el que afloren escasez y elección : puede aplicarse así no sólo a los casos de producción y distribución de bienes, servicios y factores productivos, como ha sido tradicional, sino también al análisis de otros fenómenos sociales en los que la lógica de la racionalidad - en cuanto elección de los medios óptimos para lograr unos fines - se ponga de manifiesto. Este planteamiento, de una parte, refleja la gran influencia que en Robbins tuvo la escuela austríaca - en particular a través de Mises y Hayek - y de otra el influjo de un economista inglés, Wicksteed. En efecto, Wicksteed razonó que el cálculo marginalista debía aplicarse no sólo a la Economía - como postulaban Jevons y Marshall - sino a toda la actividad del hombre3.

Robbins concluye su argumentación proporcionando una definición alternativa de nuestra ciencia que ha sido ampliamente utilizada :

“La Economía es la ciencia que estudia el comportamiento humano como una relación entre fines y medios escasos, susceptibles de empleos alternativos”. (Robbins, 1932, p. 16).

Es bien sabido que esta definición tuvo un notable eco en la profesión e introdujo un cambio importante en el planteamiento de la naturaleza y ámbito de la Economía. En efecto, así entendida, la Economía es la ciencia general del comportamiento humano conforme al principio económico, una disciplina que puede abarcar, en último término, todos los dominios de la acción del hombre, siempre y cuando el problema que deba resolverse pueda plantearse como una optimización en un entorno condicionado por la limitación de algún recurso4.

Por lo que respecta al momento presente, cabe decir que la definición de Robbins se acepta por una gran parte de los economistas, y de hecho se recoge en un elevado número de los manuales disponibles de Economía. No en vano ha sabido recoger en la definición tres ideas claves de la ciencia económica, como son la escasez, la elección y el coste de oportunidad. El planteamiento epistemológico que subyace también se va imponiendo entre muchos autores : entender así la Economía proporciona un punto de partida a los estudios llevados a cabo mediante la aplicación de la lógica económica a fenómenos sociales como el nacimiento del derecho, el crimen o la familia. No pueden dejar de mencionarse aquí los trabajos de dos economistas galardonados con el Premio Nobel en años recientes, Ronald Coase (en 1991) y Gary Becker (en 1992)5.

Como conclusión a estas consideraciones se ofrecerá a continuación la definición de Economía que recoge uno de los manuales introductorios más utilizados, el de Samuelson y Nordhaus (1996).

“La Economía es el estudio de la manera en que las sociedades utilizan los recursos escasos para producir mercancías valiosas y distribuirlas entre los diferentes individuos” (Samuelson y Nordhaus, 1996, p. 4, cursiva de la autora)

Esta definición engloba y sintetiza, de alguna manera, las contribuciones anteriormente citadas: de una parte recoge la vertiente más tradicional, que centra la economía en torno a las actividades de producción y distribución de bienes ; de otra, y de modo significativo, la aportación revolucionaria de Robbins que destaca la escasez como rasgo crucial en nuestra disciplina.

Tradicionalmente, la Economía se ha dividido en dos grandes ramas, la Microeconomía - que “se ocupa actualmente de la conducta de entidades individuales como los mercados, las empresas y las economías domésticas” (Samuelson y Nordhaus, 1996, p. 5) y la Macroeconomía, que se centra, en cambio, en “el funcionamiento global” (Samuelson y Nordhaus, 1996, p. 5) de los fenómenos económicos. Aunque es esta una cuestión controvertida, puede afirmarse - siguiendo, por ejemplo, a Ekelund y Hébert, 1990 - que la Microeconomía propiamente dicha nace en el siglo XIX, mientras que la Macroeconomía en sentido estricto aparece más tarde, con la General Theory de Keynes (1936) : si bien es cierto que el objeto de estudio de la Macroeconomía, las variables agregadas, ya se trata con anterioridad por algunos de los teóricos de la Economía, cabe argumentar que el método de análisis macroeconómico tal y cómo se concibe hoy en día nace con la General Theory. Parece oportuno en este punto ofrecer un breve bosquejo histórico de la evolución de esta última rama de la Economía fundamentalmente a partir de la General Theory6.

2. BREVE VISION PANORAMICA DEL DESARROLLO DE LA MACROECONOMIA

2.1. Los antecedentes de la Macroeconomía

Se ha dicho más arriba que la Macroeconomía, en sentido estricto, no nace hasta el siglo XX. Parece razonable argumentar, sin embargo, que algunas de las ideas fundamentales expresadas en la General Theory de Keynes primero, y en la síntesis neoclásica más tarde, se encuentran en dos escuelas de pensamiento nacidas siglos atrás : la Escuela de Salamanca y la Fisiocracia.

En efecto, en las últimas décadas ha adquirido credibilidad la tesis de Dempsey (cf. por ejemplo, Dempsey, 1936) según la cual la teoría monetaria dominante hasta la publicación de la General Theory, la Teoría Cuantitativa del Dinero, nació en torno a la Escuela de Salamanca7 en el siglo XVI, como consecuencia del análisis del fenómeno de subida de precios que tuvo lugar a raíz de las masivas llegadas de oro y plata de América. Dempsey arguye convincentemente a sensu contrario que sería absurdo que, en pleno sigo de oro español, intelectuales de la talla de Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Martín Azpilicueta y Tomás de Mercado no hubieran sido capaces de detectar la correlación existente entre el oro americano y la inflación generalizada. Grice-Hutchinson, años más tarde, corrobora y difunde esta tesis (cf. Grice-Hutchinson, 1952), con la que también están de acuerdo aportaciones más recientes (véase, por ejemplo, González, 1992, 1994, 1997).

Si el origen de la teoría monetaria puede encontrarse en España, los rudimentos de la Contabilidad Nacional y las relaciones entre las magnitudes reales de la Economía aparecen en Francia, dos siglos después, con los fisiócratas. El miembro más prominente de esta escuela, Quesnay, diseñó su Tableau Economique como un flujo de renta y gasto que mostraba la interacción entre los diversos sectores, así como el efecto de políticas económicas alternativas. El Tableau Economique puede considerarse, por tanto, el antecedente remoto de las tablas input-output y de la noción del flujo circular de la renta que subyace al planteamiento keynesiano. Los fisiócratas, sin embargo, no alcanzaron a ver todas las implicaciones de estas ideas porque poseían una visión excesivamente tosca del proceso económico : para ellos sólo la agricultura era capaz de crear riqueza adicional (aunque admitían que los bienes adquieren cierta utilidad en el proceso de su manufactura).



2.2. John Maynard Keynes y la Síntesis neoclásica

Durante el siglo XIX y primeras décadas del siglo XX la gran mayoría de los principales economistas - pueden proporcionarse algunos nombres, sin ánimo de elaborar una lista exhaustiva : los marginalistas de la primera generación, Jevons, Walras y Menger, y los discípulos de los anteriores, algunos de ellos encuadrados en la segunda generación de marginalistas : Marshall, Edgeworth y Pareto - se centró en el estudio de cuestiones microeconómicas, si bien es cierto que algunos de ellos también se interesaron por temas de carácter macroeconómico 8. Con respecto al funcionamiento agregado de la economía, existía cierto consenso respecto a algunos principios básicos, entre los que cabe destacar la validez de la Teoría Cuantitativa del Dinero - en su versión marshalliana, por ejemplo -, la flexibilidad de precios y salarios que garantizaba el pleno empleo y la efectividad de la Ley de Say9.

En 1936 se publicó The General Theory of Employment, Interest and Money de John Maynard Keynes, uno de los economistas más influyentes del siglo XX. La aparición del libro de Keynes ejerció una importancia crucial debido a dos razones. En primer lugar, como destaca Febrero (1997), esta obra supone el nacimiento de la Macroeconomía en su forma actual en cuanto que en ella Keynes - y a partir de él, posteriormente, los economistas keynesianos - elabora modelos macroeconómicos propiamente dichos, caracterizados por un modo particular de agregar mercados, bienes y agentes económicos. La difusión de las ideas contenidas en la General Theory a cargo de autores tales como Samuelson y Hicks, en segundo lugar, rompió el relativo acuerdo existente sobre temas macroeconómicos al que se alude más arriba

Pueden distinguirse dos tipos de factores que contribuyen al desarrollo del pensamiento keynesiano : de una parte, las elevadas tasas de desempleo en Inglaterra y Estados Unidos en la década de 1930, que llevaron a los economistas a interrogarse sobre las causas y remedios de esta patología. En segundo lugar, la microeconomía marshalliana también estaba siendo cuestionada por economistas como Joan Robinson, Chamberlin, Kahn y Harrod (Ekelund y Hébert, 1990). En suma, John Maynard Keynes supo elaborar el marco teórico que sustentaba y justificaba, de modo razonablemente coherente, dos creencias que iban siendo admitidas por los economistas y que la economía clásica de corte ortodoxo no era capaz de explicar adecuadamente : de una parte, que el paro observado era paro involuntario ; de otra, que las fluctuaciones en la demanda agregada tenían un fuerte impacto en la renta y el empleo (Romer, 1993). En particular la Teoría General engarzaba ambas ideas y ofrecía un diagnóstico y un remedio plausibles del paro masivo : la causa del desempleo era la insuficiencia de la demanda efectiva ; la solución, por su parte, radicaba en el estímulo de esta última.

Keynes apoya su construcción analítica sobre principios radicalmente opuestos a los que mantienen los clásicos10, término con el que Keynes designa, desdeñosamente, a todos los que aceptan las premisas básicas sobre el dinero, precios, salarios y Ley de Say detallados más arriba. Los principios alternativos sobre los que trabaja Keynes son los siguientes : en primer lugar, no acepta la Teoría Cuantitativa del Dinero porque la demanda de dinero no se relaciona sólo directamente con la renta (por el motivo transacción) sino también, inversamente, con el tipo de interés (Keynes - gran especulador - destaca el motivo especulación para demandar dinero) ; en segundo lugar, postula que existen ciertas rigideces en precios y salarios, y en particular que el salario nominal es rígido debido a aspectos institucionales como los sindicatos o a la propia ilusión monetaria de los trabajadores ; y, finalmente, defiende la invalidez de la Ley de Say puesto que es la demanda la que crea su propia oferta y no al contrario (o, en otras palabras, nada garantiza que el ahorro se iguale con la inversión al nivel de pleno empleo). La conjunción de estas premisas da lugar a una de las implicaciones cruciales de la Teoría General: la economía puede situarse durante largos periodos de tiempo en una situación de equilibrio con desempleo ; dado que los salarios nominales son rígidos y que la Ley de Say es una falacia, la economía por sí sola no volverá al nivel de pleno empleo. Se hace necesaria, por tanto, la intervención activa de la política económica. Ahora bien, Keynes duda de la efectividad de la política monetaria11 dado que, en su aparato conceptual, la inversión es rígida y la demanda de dinero es elástica respecto al tipo de interés12, por lo que también es inmediata la prescripción de política económica : el impulso de la demanda agregada debe llevarse a cabo mediante una política fiscal de corte expansivo (y opuesta, por tanto, al dogma ortodoxo del presupuesto equilibrado).

La publicación de la Teoría General, y el cierto aire de ambigüedad con el que estaba escrita -deliberadamente - generaron un volumen ingente de trabajos que intentaban desentrañar el auténtico mensaje de Keynes (cf. por ejemplo Rubio de Urquía, 1988 y Ekelund y Hébert, 1990, este último para una relación de bibliografía sobre la obra de Keynes). Debe destacarse, sin duda, el trabajo de Patinkin (1956), que analiza con detalle y profundidad tanto el pensamiento keynesiano como el neoclásico, de modo que, de una parte, proporciona una clara exposición de la teoría de Keynes ; de otra parte, muestra la coherencia lógica de las proposiciones neoclásicas. En cualquier caso, la influencia de la aportación keynesiana fue inmensa, tanto en el campo académico como en el de la política económica. Ciertamente, la mayor parte de los economistas, durante los decenios de 1950 y 1960, desarrollaron sus aportaciones en el marco del pensamiento keynesiano, refinando teóricamente o contrastando empíricamente algunas de sus proposiciones. En el terreno aplicado, las ideas de Keynes - y en particular el protagonismo atribuido a la política fiscal - constituyeron la nueva ortodoxia que sustituyó a la tradicional en la mayor parte de los países occidentales.

La interpretación del pensamiento de Keynes que puede considerarse dominante es la denominada síntesis neoclásica de Hicks (1937), y Modigliani (1944), popularizada en su versión gráfica por las curvas IS-LM13. El modelo captaba de modo certero el mensaje central de la aportación keynesiana : el hecho de que los precios y salarios se adaptan con lentitud a los desajustes entre oferta y demanda. De otra parte, el calificativo de neoclásica se debía a que el entorno económico eran perfectamente walrasiano : los mercados eran competitivos, no existían externalidades ni tampoco imperfecciones en la información disponible para los agentes. El modelo IS-LM pronto logró un gran éxito : de hecho, ha ejercido una innegable influencia en la profesión y se ha incorporado a la inmensa mayoría de los libros de texto de Macroeconomía por su - aparente - simplicidad, elegancia y versatilidad ; asimismo se continúa utilizando en manuales recientes14. El modelo adolece, no obstante, de ciertas limitaciones que dificultan su comprensión y generan desconcierto en quienes lo estudian con profundidad, como es su carácter atemporal puesto que es un modelo de estática comparativa y, por eso mismo, no explícitamente dinámico, y también su omisión del papel de las expectativas (King, 1993). Además, no deja de resultar sorprendente que se trate de un modelo de equilibrio general walrasiano en el cual existen precios y salarios rígidos, al menos a corto plazo.

Una interpretación alternativa del pensamiento keynesiano es la denominada economía del desequilibrio, desarrollada inicialmente por Clower (1965) y posteriormente por autores como Leijonhufvud (1967, 1968), Barro y Grossman (1971) y Malinvaud (1977). El propósito de estos modelos eran mostrar el ajuste de los mercados cuando los precios son rígidos a un nivel al cual no se produce el equilibrio entre demanda y oferta. Para Romer (1993), los modelos de desequilibrio no han superado las contradicciones internas de la síntesis neoclásica puesto que, en esencia, son asimismo modelos walrasianos de equilibrio general, aunque se basen sobre algún supuesto de rigidez en precios o salarios.



2.3. El monetarismo

En las décadas de 1960 y 1970 los cimientos de la síntesis neoclásica comenzaron a tambalearse. Los ataques provenían, de una parte, de aportaciones teóricas como las de Friedman (1968) y Phelps (1967). Se cuestionaban principalmente la escasa fundamentación microeconómica del modelo, la ausencia explícita de consideraciones dinámicas y la omisión del papel de las expectativas. Con respecto al primero de estos aspectos, cada vez resultaba más palpable la incongruencia fundamental de la síntesis neoclásica (Romer, 1993) : el ajuste no instantáneo de los precios en un entorno perfectamente competitivo. Además, tanto Friedman como Phelps argumentaron que las autoridades económicas no podrían explotar indefinidamente el trade-off entre inflación y desempleo, puesto que en última instancia existe una Tasa Natural de Paro que no es función del crecimiento de la oferta monetaria sino que puede considerarse :

“La tasa de desempleo consistente con las condiciones reales existentes en el mercado de trabajo. Puede reducirse si se eliminan obstáculos en el mercado de trabajo, si se reduce la fricción. Puede incrementarse si se introducen obstáculos adicionales. El propósito de este concepto es separar los aspectos monetarios de los no monetarios en la situación de desempleo” (Friedman, 1976, p. 228).

De otra parte, el shock de oferta que sobreviene a la economía mundial tras las subidas del precio del petróleo de 1973 y 1979, y que da lugar a tasas elevadas de inflación y de paro, no puede ser explicado satisfactoriamente dentro del programa de investigación keynesiano, que basaba las fluctuaciones económicas en los desplazamientos de la demanda agregada y propugnaba una relación inversa - y no directa - entre subidas de precios y desempleo. Es cierto que los modelos keynesianos, una vez que fueron convenientemente modificados para permitir desplazamientos de la oferta agregada, volvieron a proporcionar explicaciones plausibles de estos fenómenos (Argandoña, Gámez y Mochón, 1996), pero el desencanto de los economistas con la síntesis neoclásica era ya considerable y propició el auge de otras escuelas, como el monetarismo. Para Mankiw (1990) el deterioro de la credibilidad de la síntesis neoclásica y la consiguiente desaparición del consenso existente entre los macroeconomistas se debió a la conjunción de ambos factores - uno teórico y otro empírico -, puesto que ninguno de ellos, por sí solo, hubiera tenido consecuencias tan dramáticas en el paradigma dominante.

Milton Friedman es el principal representante de la escuela de pensamiento monetarista, en la que también se integran Brunner, Meltzer, Cagan y Laidler. Friedman, de una parte, recupera para la macroeconomía la importancia del análisis a largo plazo mediante, por ejemplo, su teoría del consumo basada en la renta permanente. De otra parte, reformula la Teoría Cuantitativa del Dinero y argumenta que tanto la demanda de dinero como su velocidad son funciones estables de un determinado número de variables. La implicación de estas hipótesis es que el dinero puede ocasionar variaciones del producto y el empleo a corto plazo pero genera inflación a largo plazo. Dicho de otro modo, la curva de Phillips presenta un trade-off entre paro e inflación en un horizonte temporal cercano pero, si se amplía el periodo considerado, se convierte en una línea vertical al nivel de paro de la Tasa Natural. Un supuesto crucial para dar lugar a este resultado es que es necesario considerar explícitamente las expectativas de los agentes, que en el caso de Friedman se elaboran de forma adaptativa.

Las implicaciones de política económica que se derivan de este planteamiento teórico son diferentes de las propuestas por Keynes : los monetaristas argumentan que el protagonismo del impulso de la economía debe ejercerse por el sector privado, mientras que la actividad excesiva del gobierno es contraproducente ; son preferibles, por tanto, la desregulación de la actividad económica, los presupuestos menos expansivos - o incluso equilibrados - y el reemplazamiento de la discrecionalidad de la política monetaria por las reglas.


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