La fe abre nuestros ojos a la vida humana en toda su belleza y su esplendor



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LA FE ABRE NUESTROS OJOS A LA VIDA HUMANA EN TODA SU BELLEZA Y SU ESPLENDOR

Í N D I C E

DOMINGO RESPETEMOS LA VIDA – 7 DE OCTUBRE DE 2012

Homilías por la Vida 3

Peticiones por la Vida 6
DÍA DE ORACIÓN Y PENITENCIA POR LA VIDA, 22 DE ENERO DE 2013

40 Aniversario de la decisión de la Corte Suprema legalizando el aborto

Homilías por la Vida 7

Peticiones por la Vida 8
MISA PARA dar gracias a DIOS POR EL don DE LA VIDA HUMANA

Y REFLEXIONES SOBRE ESTA MISA 9
DEL BENDICIONAL–

Rito de bendición de una criatura en el vientre materno 11



Rito para la bendición de peregrinos pro vida 12
oración para el perdón y la sanación 15


Extracto del Papa Juan Pablo II, Encíclica El Evangelio de la Vida

(Evangelium Vitae), © 1995, Librería Editrice Vaticana, Ciudad del

Vaticano. Con la debida licencia. Se reservan todos los derechos.
Extractos del Rito de bendición de una criatura en el vientre materno © 2012, United States Conference of Catholic Bishops. Con la debida licencia. Se reservan todos los derechos.
Crédito por las fotos: Cubierta, cortesía de Elaine Amat. Se reservan todos los derechos. Página 5, diócesis de Arlington; imágenes págs. 2,3,7 y tapa trasera, © Veer Images. Todos los derechos reservados. Los modelos se usan para propósitos ilustrativos solamente.
El Secretariado de Actividades Pro-Vida le agradece a Mons. James P.

Moroney por preparar todos estos materiales (excepto las sugerencias

para la homilía del 22 de enero de 2013). Mons. Moroney es Rector

del Seminario St. John en Boston y secretario ejecutivo del Comité

Vox Clara.
Las citas bíblicas, salvo que se indique, se han tomado de la Biblia

Latinoamérica © 1972, Ramón Ricciardi y Bernardo Hurault,

Sociedad Bíblica Católica Internacional. Se usan con permiso. Se

reservan todos los derechos.
Las selecciones de la misa se han tomado del Misal Romano © 2006,

Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia del

Episcopado Mexicano, 15ª. edición. Todos los derechos reservados.

Se usan con permiso. Se reservan todos los derechos.
Copyright © 2012, United States Conference of Catholic Bishops,

Washington, DC. Se reservan todos los derechos. Ninguna porción de

este trabajo puede reproducirse o ser transmitida en forma o medio

alguno, ya sea electrónico o mecánico, incluyendo fotocopias, grabaciones

o por cualquier sistema de recuperación y almacenaje de información,

sin el permiso por escrito del propietario de los derechos.
DOMINGO RESPETEMOS LA VIDA
7 DE OCTUBRE DE 2012
Vigésimo Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario

(Gén 2,18-24; Sal 128,1-2.3.4-5.6; Heb 2,9-11; Mc 10,2-16)
Homilía por la Vida
Cada uno de nosotros aquí en la misa de hoy es invaluable, ¡al igual que cada una de las personas que ha vivido!
¿Por qué? Porque Dios Padre nos ama para toda la eternidad, y hemos sido redimidos a costa de la crucifixión y muerte de su Hijo. Por medio del misterio de la Encarnación y su vida de amor desinteresado, encabezando todo el camino hacia el sacrificio del Calvario, Jesús nos revela la dignidad y el valor inviolables de cada vida humana. Nos llama al mismo amor desinteresado, un amor que nos obliga a atesorar y a activamente defender la vida de cada ser humano.
Basta con mirar los titulares periodísticos o las noticias de la noche para ver que nuestra sociedad no cumple con ese ideal. Un resultado de la agitación cultural de la década de 1960 fue que muchas personas comenzaron a rechazar las exigencias del amor auténtico y la visión moral compartida de nuestra cultura. Comenzaron a poner el “yo” por encima de los demás, valorando la libertad de compromisos para con los demás y promoviendo estándares morales individualistas. Cuando una mentalidad del “yo primero” echa raíces en la sociedad, no pasa mucho tiempo para que se empiecen a ver como una carga aquellas personas que necesitan de manera especial nuestro apoyo amoroso, es decir miembros de nuestra familia y de nuestra comunidad que son vulnerables a causa de la edad, salud o pobreza.
Previendo que el debilitamiento del amor comprometido puede poner vidas inocentes en riesgo, hace cuarenta años los obispos católicos de Estados Unidos designaron octubre como el Mes Respetemos la Vida, y nombraron el primer domingo de octubre como el “Domingo Respetemos la Vida”. Durante todo el mes de octubre, los católicos están llamados de una manera especial a reflexionar sobre el don de la vida humana, las amenazas en su contra y cómo podemos proteger a todas las personas desde la concepción hasta la muerte natural. Y recordamos el verdadero significado del amor, un amor que siempre busca el bien de la otra persona a costa del costo personal.
El amor y la vida están unidos. Lo vemos más claramente en el seno de la familia: el amor permanente, fiel y desinteresado del esposo y la esposa al que Jesús se refería en la lectura del Evangelio de hoy. Es un Evangelio especialmente adecuado para la actualidad, porque la cultura de la vida y la civilización del amor son inseparables.
El matrimonio se ha denominado “escuela de amor”, donde el esposo y la esposa aprenden a valorarse y sacrificarse mutuamente y, al aceptar a los hijos como venidos amorosamente de Dios, los padres pueden vivir la plenitud del gozo y del amor. En esta frase “recibir con amor los hijos que Dios les dé” (Rito del Matrimonio, 3) nos resulta conocida, porque el sacerdote le hace esta pregunta a la pareja durante la ceremonia de casamiento. Esta pregunta está en el seno del sagrado Sacramento del Matrimonio, porque el matrimonio está dirigido al bien de los esposos quienes están “ordenados por sí mismos a la procreación y a la educación de la prole”, quienes son “el don más excelente del Matrimonio” y su “coronación” (Gaudium et Spes, 48 y 50).
El amor y la vida van de la mano. La unión total en una sola carne de esposo y esposa es fructífera, nunca encerrada en sí misma; está abierta al otro y abierta al don de un hijo. Desde el comienzo, Dios tuvo un propósito en mente. Creó el hombre y la mujer el uno para el otro, para estar unidos como una persona, y al mismo tiempo amorosamente les ordenó ser fértiles y multiplicarse, ser partes con Él en la creación llevando nueva vida, atesorándola y preservándola.
A veces, el deseo de cooperar con Dios en traer nueva vida puede convertirse en una fuente de angustia, por ejemplo, para las parejas casadas que no pueden concebir o dar a luz. La Iglesia reconoce su sufrimiento, y les asegura que esa infertilidad no disminuye el valor del matrimonio (Papa Juan Pablo II, Familiaris Consortio, 14). Y, como escribió el Beato Juan Pablo II, la infertilidad de hecho puede convertirse en oportunidad para amar y servir a niños mediante la acogida temporal, “la adopción, las diversas formas de obras educativas, la ayuda a otras familias, a los niños pobres o minusválidos” (Ibid.).
Cada niño que es acunado en los brazos de sus padres es envuelto en el amor que proviene de Dios y consagrado en el Sacramento del Matrimonio. Será bendecido todos los días de su vida, porque por medio del amor de su padre y madre, conocerá el cuidado protector de Dios. Aprenderá a caminar por sus caminos, porque sus padres le enseñarán que Dios está de su lado. Sus hermanos y hermanas serán, como nos dice el salmista, como una vid fecunda en su casa, fecunda con amor.
Y algún día ella crecerá y también se presentará delante del altar con su pareja, y Dios los consagrará en su amor. Y como esta historia continúa hasta el fin de los tiempos, la bendición del salmista se hará realidad: “¡Que veas a los hijos de tus hijos!”.
Todo esto proviene de la disposición de los padres de ser lo que Dios los ha llamado a ser: “signo real y visible del amor de Cristo por la Iglesia” (Papa Benedicto, Homilía en Santiago, Cuba, 26 de marzo de 2012). La Iglesia doméstica que construyen de amor fiel es el único santuario digno para el nacimiento y la educación de un niño. “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola cosa”. Este es el verdadero significado del Evangelio de hoy, al Jesús establecer con un nuevo Mandamiento el lugar del amor conyugal en la creación: “¡Dejen que los niños se acerquen a mí!”.
Los padres que llevan a sus hijos a bautizar, que les enseñan la señal de la cruz, y que los llevan a hacer su Primera Comunión, obedecen al Señor Jesús. Los padres que llevan a sus hijos a Jesús participan en el amor de Dios, por primera vez derramado sobre nosotros en la creación y revelado plenamente en el amor de Cristo. Los padres que acogen a un hijo acogen la esperanza y el amor. Ese amor nos santifica. Es un sacramento, primero prometido ante el altar y vivido en un amor fiel y fértil hasta la muerte.

Casados o no, cualesquiera sea nuestra vocación en la vida, cada uno de nosotros está llamado a responder al amor incondicional de Dios con el don de nosotros mismos en servicio a los demás.


Comenzando hoy, este Domingo Respetemos la Vida, y durante todo el Año de la Fe proclamado por Benedicto XIV que se inicia el 11 de octubre, decidamos estudiar y reflexionar sobre las sabias e inspiradoras doctrinas de nuestra fe acerca de la vida humana y el don del amor conyugal para que podamos convertirnos en apóstoles modernos, capaces de transformar la cultura de los Estados Unidos y construir una civilización, vida, amor y esperanza.
Que el Señor nos conceda la gracia de ver su amor revelado en nuestra vida y la gracia de responder respetando y protegiendo la vida humana en todas sus etapas y condiciones.

PETICIONES POR LA VIDA
Por el niñito en el vientre de su madre,

para que Dios nos enseñe

a amarlo, nutrirlo y apoyarlo;

roguemos al Señor:
Por cada mujer cuyo corazón está roto

por el pecado del aborto:

para que tenga la valentía de aceptar la misericordia, la sanación y la paz de Dios;

roguemos al Señor:
Por los que trabajan para promover el Evangelio de la Vida

con la oración, el testimonio y la acción:

para que Dios los bendiga por su bondad;

roguemos al Señor:
Por nuestro Presidente y todos aquellos que trabajan con él:

Que Dios pueda llenar su corazón con amor

por los más débiles, los más pequeños y los más desamparados de nuestros ciudadanos;

roguemos al Señor:
Por todos los que van a morir hoy:

que por las oraciones y la consoladora presencia de familiares y amigos

tengan un paso fácil hacia su hogar con Dios;

roguemos al Señor:
Por aquellos de edad muy avanzada,

que sufren las pérdidas y dolores de la vejez;

que Dios nos conceda la gracia de amarlos y atesorarlos;

roguemos al Señor:
Por todos aquellos tentados a suicidarse:

que por nuestro amor y fe

los animemos a abrazar la cruz

y a vivir en obediencia a su amado Señor;



roguemos al Señor:
Por los padres de cada niño por nacer:

que Dios pueda llenar sus corazones

con amor para el niño que ha puesto bajo su cuidado;

roguemos al Señor:
Por nuestro país:

que al reconocer los derechos de cada ciudadano

a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad;

pueda ser un faro de esperanza a todo el mundo;



roguemos al Señor

DÍA DE ORACIÓN Y PENITENCIA POR LA VIDA, 22 DE ENERO DE 2013

40 Aniversario de la decisión de la Corte Suprema legalizando el aborto
En todas las diócesis de los Estados Unidos de América, el 22 de enero (o el 23 de enero cuando el 22 cae en domingo) se observará como un día especial de oración por la plena restauración de la garantía legal del derecho a la vida y de penitencia por las violaciones contra la dignidad de la persona humana cometidas por medio de acciones abortivas. Las celebraciones litúrgicas para este día pueden ser la misa “Para dar gracias a Dios por el don de la vida humana” (no. 48/1 de las “Misas para distintas necesidades”), que se debe celebrar con ornamentos blancos, o la “Misa por la Justicia y la Paz” (no. 30 de “Misas para distintas necesidades”) que se celebra con ornamentos de color violeta. (Ordenación General del Misal Romano, nº 373; adaptación en los Estados Unidos)
Homilía por la Vida

(usando lecturas opcionales Is 49,1-6/ Sal 8,4-5.6-7.8-9/ Mt 18,1-5.10.12-14)


Hoy observamos solemnemente el cuadragésimo aniversario de las decisiones trágicas de la Corte Suprema en los casos Roe versus Wade y Doe versus Bolton, que crearon la licencia ilimitada para abortar. ¿Cómo pudo nuestra nación –fundada en los principios cristianos– desviarse tan lejos?
Quizás es cierto que cada generación tiene que afrontar su propia crisis moral. Quizás cada generación necesita que se le recuerde la verdad de que cada ser humano, desde el momento de la concepción, tiene una dignidad y valor sublime. Del libro del Génesis aprendemos que el hombre, en su razón y en su voluntad, está hecho a imagen y semejanza de Dios. A raíz de esto, el hombre tiene una función especial como custodio y gobernante sobre toda la creación. Como escuchamos en el salmo responsorial de hoy, “Señor, diste al hombre el mando sobre las obras de tus manos; todo lo sometiste bajo sus pies”. Hombres y mujeres han recibido este mando para que cuiden de toda la creación, especialmente la vida humana. Es el deber de cada persona, y especialmente de cada católico, promover y proteger la dignidad de todos los seres humanos.
Como vemos en la primera lectura de Isaías, Dios llama a cada uno de nosotros a la vida por amor. Isaías dice, “El Señor me llamó desde el vientre de mi madre; cuando aún estaba yo en el seno materno, él pronunció mi nombre”. Por eso cada ser humano tiene valor y dignidad inestimables y es hija o hijo de Dios desde su concepción.
Hoy reflexionamos en las devastadoras consecuencias cuando una cultura rechaza la creencia de que cada vida humana tiene valor infinito. En la lectura del Evangelio de hoy Jesús nos recuerda que “el Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños”. Sin embargo, 53 millones de niños no nacidos en nuestro país han perdido su vida, y casi siempre por el bien de la comodidad de sus padres, familias y comunidades. Al aceptar, aprobar y participar en estas muertes, incontables personas han sido heridas por la parte que han jugado en ellas. Y la sociedad en su totalidad sufre del abaratamiento general de la vida que vemos en despliegue en tantas áreas. Hemos estado descendiendo, progresiva e imperceptiblemente hacia una cultura de la muerte. Pero mientras contemplamos las grandes pérdidas de estos cuarenta años pasados, no olvidemos nunca la gran misericordia de Dios y su promesa de esperanza para el futuro.
Confiados en la salvación que Cristo nos ganó en la cruz y la gran misericordia de Dios, reconozcamos nuestra responsabilidad nacional y busquemos el perdón para nosotros mismos y para nuestro país. En la lectura de Isaías, oímos el deseo que tiene Dios “para hacer que Jacob volviera a él, y congregar a Israel en torno suyo...”. Tomando a Isaías como ejemplo, somos también llamados a ser mensajeros de la misericordia de Dios para todos los que han sido lastimados y heridos por el aborto.
El cuadragésimo aniversario de la legalización del aborto en Estados Unidos coincide con lo que el Papa

Benedicto XVI ha llamado el Año de la Fe, un tiempo de estudio, oración y nuevo compromiso a las doctrinas de nuestra fe. Durante el Año de la Fe se nos está dando una oportunidad especial de reconocer la gran tragedia del aborto y hacer reparación por nuestra parte en ella. Estamos invitados a rededicarnos a transformar la cultura de la muerte a la cultura de la vida, siempre confiando en la misericordia de Dios. Aceptemos de todo corazón nuestra misión de promover la vida en todas sus etapas en este Año de la Fe siendo ejemplos del amor acogedor y misericordioso de Cristo en nuestro mundo.


PETICIONES POR LA VIDA
Por todos los que marchan en pro de la vida,

en Washington D.C. y por toda nuestra nación: que sus voces puedan ser oídas

y se pueda salvar la vida de muchos niños;

roguemos al Señor:
Por nuestro Presidente: que al comenzar este periodo legislativo

defienda los derechos de todos los ciudadanos

desde la concepción hasta la muerte natural;

roguemos al Señor:
Por todos los niños que van a nacer hoy: que lleguen a conocer un mundo

que escoge la vida y no la muerte

y la luz en vez de la oscuridad

roguemos al Señor:
Por los enfermeros y médicos obstetras:

y todos los que cuidan de la vida de los niños en el vientre:

para que Dios los bendiga por su fe;

compasión y amor;



roguemos al Señor:
Por todos los niños que esperan el nacimiento de un hermanito o hermanita:

que la alegría de la espera que se ve en sus ojos

inspire a sus padres a tener esperanza y convicción;

roguemos al Señor:
Por todas las parejas recién casadas, que sus hijos futuros los acerquen más a Cristo

y al amor que es la razón de nuestra existencia;



roguemos al Señor:
Por todas las parejas que se preparan para el matrimonio: que la alegría de su primer hijo

los pueda acercar más entre sí y a Cristo;



roguemos al Señor:
Por los obispos, sacerdotes y diáconos: que Dios los haga pastores dignos,

y constantes promotores y defensores del Evangelio de la Vida



roguemos al Señor:
Por todos aquellos que han sido marcados por el aborto.

para que se arrepientan, reciban sanación y paz;



roguemos al Señor:
Por aquellos que rezan frente a las clínicas para abortos, marchan ante las legislaturas,

hacen peticiones e insisten en defender la vida

para que Dios los premie por su bondad;

roguemos al Señor:
REFLEXIONES SOBRE LA MISA PARA DAR GRACIAS A DIOS

POR EL DON DE LA VIDA HUMANA



Las nuevas oraciones de la Misa “Para dar gracias a Dios por el don de la vida humana” (núm. 48/1 de las “Misas para distintas necesidades”), fueron propuestas por la

Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos y aprobadas por la Santa Sede en noviembre de 2011.


Las lecturas para la misa “Para dar gracias a Dios por el don de la vida humana se pueden seleccionar de las lecturas del día o de cualquier lectura del Leccionario para las misas rituales o la Misa por la

Paz y la Justicia”.


La primera de estas misas comienza con esta oración Colecta (A):
Oh Dios, Creador nuestro, te damos gracias a ti, pues solo tú, con poder, concedes el don de la vida y nos formas en el seno de nuestras madres; te pedimos que nos concedas, como administradores de la creación, perseverar con fidelidad en esta sagrada tarea y proteger siempre la dignidad de toda vida humana.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,

Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
La oración empieza reconociendo la soberanía de Dios por encima de toda su creación. Solo Él sopló el aliento de vida al polvo y creó al hombre (cf. Génesis 2,7), así como formó a cada uno de nosotros en el vientre de nuestra madre. Aunque “los cónyuges cristianos están animosamente dispuestos a cooperar con el amor del Creador y Salvador”, en la procreación de sus hijos, solo Dios “por medio de ellos amplía y enriquece día a día su familia”. (Ritual del matrimonio, no. 10).
Por eso cantamos a Dios con el salmista: “Tú formaste mis entrañas, me tejiste en el seno materno” (Salmo 139,13). De Jeremías 1,5 recordamos las palabras del Señor: “Desde antes de formarte en el seno materno, te conozco; desde antes de que nacieras, te consagré como profeta para las naciones”.
Tus manos me han formado y me han moldeado; ¿te volverás en contra mía y me destruirás? Acuérdate que me amasaste como el barro¿y ahora me harás volver al polvo?¿No me derramaste como leche

y me hiciste cuajar como el queso? .

With skin and flesh you clothed me,.y de huesos y nervios me tejiste, .hiciste en mí una obra de vida y de gracia, tus atenciones han mantenido mi aliento. (Job 10, 8-12)
La segunda mitad de la oración nos recuerda que Dios nos ha hecho “corresponsables de la creación”, y le pide la gracia de “permanecer fieles y a esta confianza sagrada y constantes en proteger la dignidad de cada vida humana”.
Dios nos hizo corresponsables de su creación cuándo ordenó a Adán que nombrara “todos los pájaros del aire, y todos los animales salvajes” (Génesis 2,20), y que “domine los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra” (Génesis 1,26).
Asumir responsabilidad por la creación significa responsabilizarnos por el Evangelio de la Vida. Efecti -

vamente, en las palabras del Beato Juan Pablo II: “Cada persona, precisamente en virtud del misterio del Verbo de Dios hecho carne (cf. Jn 1, 14), es confiada a la solicitud materna de la Iglesia. Por eso, toda amenaza a la dignidad y a la vida del hombre repercute en el corazón mismo de la Iglesia, afecta al núcleo de su fe en la encarnación redentora del Hijo de Dios, la compromete en su misión de anunciar el Evangelio de la vida por todo el mundo y a cada criatura

(cf. Mc 16,15)”. Evangelium vitae, no. 3.
La segunda Colecta (B) dice:
Oh Dios, que adornas la creación con esplendor y belleza, y haces la vida humana a tu imagen y semejanza, despierta en todo corazón el respeto a la obra de tus manos, y renueva entre tu pueblo el deseo de nutrir y sostener el precioso don de la vida humana.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, qué vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos.
Esta oración también comienza proclamando el dominio soberano de Dios sobre toda su creación porque Él es quien adorna la creación “con esplendor y belleza” y moldea nuestra vida “a su imagen y semejanza”. Esta descripción de Dios emplea las imágenes del Salmo 104, que donde el salmista lo describe “vestido de belleza y majestad” (Salmo 104:1) y despliegas los cielos como una tienda” de campaña. (Salmo 104,2). Él es el que “asienta la Tierra sobre sus cimientos” (Salmo 104,5) y todo lo ha creado con sabiduría (cf. Salmo 104,24) y se alegra por sus obras (Salmo 104,31).
La oración también nos recuerda que nos ha hecho a imagen y semejanza de Dios (cf. Génesis 1,26). El Papa Juan Pablo II reflexiona sobre esta realidad en su encíclica Evangelium vitae:

“Cuando de la unión conyugal de los dos nace un nuevo hombre, éste trae consigo al mundo una particular imagen y semejanza de Dios mismo: en la biología de la generación está inscrita la genealogía de la persona. Al afirmar que los esposos, en cuanto padres, son colaboradores de Dios Creador en la concepción y generación de un nuevo ser humano, no nos referimos sólo al aspecto biológico; queremos subrayar más bien que en la paternidad y maternidad humanas Dios mismo está presente de un modo diverso de como lo está en cualquier otra generación “sobre la tierra”. En efecto, solamente de Dios puede provenir aquella “imagen y semejanza”, propia del ser humano, como sucedió en la creación.

La generación es, por consiguiente, la continuación de la creación” 43).
Consciente de todo esto, la oración continúa pidiéndole a Dios que “despierta en todo corazón el respeto a la obra de tus manos, y renueva entre tu pueblo el deseo de nutrir y sostener el precioso don de la vida humana”.
Así, la oración se convierte en un llamado a la acción para defender el “don precioso de la vida humana”. Es, en efecto, una reafirmación del llamado que nos hizo Juan Pablo II: “Los creyentes en Cristo deben, de modo particular, defender y promover este derecho, conscientes de la maravillosa verdad recordada por el Concilio Vaticano

II: “El Hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido, en cierto modo, con todo hombre”.

(Evangelium vitae, no. 2).
Este llamado fue adoptado por Benedicto XVI en su discurso ante la Academia Pontificia para la Vida el 26 de febrero de 2011: “Es necesario que toda la sociedad se alinee en defensa del derecho a la vida del concebido y del verdadero bien de la mujer, que nunca, en ninguna circunstancia, podrá realizarse en la opción del aborto”.


Rito de bendición de una criatura en el vientre materno



Un rito nuevo para la Bendición de un niño en el vientre fue elaborado por la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos para ser incluido en el Book of Blessings y el Bendicional. Más tarde la

Congregación para el Culto Divino de la Santa Sede le dio recognitio para uso en Estados Unidos.


La introducción al rito explica su motivo y valor: “La Iglesia recibe con alegría y delicadeza a las madres que, al reconocer que toda vida es don de Dios, llegan a la Iglesia en búsqueda de una bendición para la criatura que llevan en su vientre. Esta bendición, que imparte gracia y consuelo, ayuda a los padres y a la comunidad parroquial a unirse en oración por las criaturas que aún están en el vientre y, a la vez, fomentar dentro de la sociedad el respeto por la vida humana”.
La bendición puede impartirse durante la Misa, (después de la Oración de los fieles), como bendición solemne al finalizar la Misa, o dentro del contexto de una breve celebración de la Palabra de Dios, por el sacerdote o diácono, ya sea en una iglesia o cualquier otros lugar apropiado (por ejemplo, el hospital o la casa de los padres).
El texto del nuevo Rito para Blessing of a Child in the Womb/Rito de bendición de una criatura en el vientre materno se ha impreso como folleto por USCCB Communications y está a la venta en USCCB Publishing. También será incluido en ediciones futuras del Bendicional. Al lado aparece un extracto del Rito:
Oracion de Bendición

Sacerdote o diácono

Dios, autor de toda vida, te pedimos que bendigas a este niño aún por nacer; dale una constante protección y un saludable nacimiento, como signo de nuestro renacimiento, un día, al gozo de la vida eterna en el cielo.


[Bendición de la madre:

Señor, que has concedido a esta mujer el gran gozo de la maternidad, concédele serenidad en sus preocupaciones y dale decisión para guiar a su hijo por los caminos de la salvación.]


[Bendición del padre:

Señor de todos los tiempos, que has escogido a este hombre para experimentar el don y el honor de la paternidad, dale fortaleza en esta nueva responsabilidad para que sea ejemplo de justicia y verdad para su hijo.]


[Bendición de la familia:

Señor, derrama sobre esta familia un amor sincero y constante, para que se preparen a recibir a este niño entre ellos.]


Señor, que has puesto en el corazón de todos los hombres y mujeres de buena voluntad un gran respeto y admiración por el regalo de una nueva vida, haz que esta comunidad (parroquia), fiel a las enseñanzas del Evangelio, participe en la educación espiritual de este niño, en

Cristo, nuestro Salvador.

Qué vive y reina por los siglos de los siglos.

R/. Amén




Rito para la bendición de los peregrinos pro vida al emprender el camino1

Canto de convocación
Ritos de entrada



Monitor: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Asamblea: Amén

Monitor: Dios, que es nuestra vida, nuestra salvación y nuestro consuelo esté con todos ustedes.

Asamblea: Y con tu espíritu.

Monitor: Hermanos y hermanas, al iniciar nosotros (ustedes) este viaje, reflexionemos en los motivos que tenemos para este acto. Que nuestro (su) deseo por la justicia y la dignidad de toda vida humana fortalezca (su) decisión. Que nosotros (ustedes) seamos ejemplos de fe, esperanza y amor, de modo que otros pueden ser fortalecidos y enriquecidos por nuestra (su) presencia entre ellos. Que el Señor permanezca con nosotros (ustedes) y guíe nuestros (sus) pasos por senderos correctos y pacíficos durante este viaje.
Lectura de la Palabra de Dios
Lector: Lectura del libro de Tobías

(5,4-8; 6,6b)
Salió pues Tobías a buscar a un buen guía que pudiera acompañarlo a Media. Se encontró afuera con el ángel Rafael que venía hacia él, pero no sabía que era un ángel de Dios.
Le dijo: “¿De dónde eres, amigo?”. El ángel le respondió: “Soy uno de tus hermanos israelitas y he llegado hasta acá en busca de trabajo”. Tobías le dijo: “¿Conoces el camino para ir a Media?”.
El ángel le respondió: “¡Por supuesto! He ido allá varias veces, conozco perfectamente todos los caminos. He estado con frecuencia en Media, me he alojado en casa de Gabael, uno de nuestros hermanos que vive en Ragués de Media. Hay que caminar dos días de Ecbatana a Ragués. Ragués está en la montaña y Ecbatana en la planicie”.
Tobías le dijo: “Espérame un momento, que voy a avisarle a mi padre. Tú vas a venir conmigo y yo te pagaré tu jornal”. El otro respondió: “¡Muy bien, te esperaré, pero no te demores!”.
Luego continuaron juntos su camino hasta Media.
Palabra de Dios.
Asamblea: Te alabamos Señor.
Salmo responsorial (Salmo 91,1-6.10-11)
Antífona:
A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en sus caminos.
Tú que habitas al amparo del Altísimo, que vives a la sombra del Omnipotente, di al Señor: “Refugio mío, Dios mío, confío en Ti”.
Asamblea: A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en sus caminos.
El te librará de la red del cazador, de la peste funesta. Te cubrirá con sus



plumas, bajo sus alas te refugiarás:

Su brazo es escudo y armadura.


Asamblea: A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en sus caminos.
No temerás el espanto nocturno, ni la flecha que vuela de día, ni la peste que se desliza en las tinieblas, ni la epidemia que devasta a mediodía.
Asamblea: A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en sus caminos.
No se acercará la desgracia,

ni la plaga llegará hasta tu tienda,

porque a sus ángeles ha dado órdenes

para que te guarden en tus caminos.


Asamblea: A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en sus caminos.
Preces
Monitor: Dios es el principio y el fin de cada camino que tomamos. Con toda confianza lo invocamos diciendo:
Asamblea: Te lo pedimos, óyenos.
Monitor: Dios Amoroso, en la antigüedad te convertiste en el guía y en el camino para tu pueblo que peregrinaba por el desierto; protégenos ahora que vamos a emprender este camino y haz que, superado todo peligro, regresemos felizmente a nuestro hogar. Roguemos al Señor:

R/.
Nos diste a tu único Hijo como el camino hacia Ti; concédenos poder seguirlo adonde quiera que nos lleve. Roguemos al Señor:

R/.
Guías tu Iglesia peregrina en la Tierra por medio del Espíritu Santo; que te busquemos en todas las cosas y siempre sigamos la senda de tus mandamientos.

Roguemos al Señor:

R/.
Nos diste a María como la imagen y el modelo para seguir a Cristo; concédenos que por su ejemplo podamos vivir una vida nueva. Roguemos al Señor:

R/.
Nos guías por las sendas rectas y pacíficas; concédenos que podamos un día verte cara a cara en el Cielo. Roguemos al Señor:

R/
Oración de Bendición

(El monitor y aquellos de la comunidad parroquial que están despidiendo al grupo se invitan a extender las manos en un gesto de bendición.)
Monitor: Dios todopoderoso,

Tú siempre muestras misericordia a los que te aman y nunca estás lejos de los que te buscan. Quédate con tus siervos en este viaje y guíalos en el camino según tu voluntad. Cúbrelos con tu protección durante el día,y dales la luz de tu gracia durante la noche, y, como compañero de su viaje, llévalos a su destino sin correr peligro. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.


Asamblea: Amén
Rito de conclusión
Monitor: Que el Señor los (nos) guíe y dirija nuestro (su) viaje felizmente.
Asamblea: Amén
Monitor: Que el Señor sea nuestro (su) compañero a lo largo del camino.
Asamblea: Amén
Monitor: Que el Señor nos (les) conceda que el viaje que vamos (van) a emprender, termine felizmente con tu protección. y la bendición de Dios todopoderoso,

Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.


Asamblea: Amén

(Es preferible concluir la celebración con un canto apropiado.)




1 Adaptado del Bendicional, Obra Nacional de la Puena Prensa, A.C., quinta edición, 2007. Capítulo VII: Rito de la bendición de los peregrinos al emprender el

camino "Preces" y "Oración de Bendición" 473-474.

Rito para la bendición de peregrinos pro vida al regresar2


Ritos de entrada
Monitor: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del

Espíritu Santo.



Asamblea: Amén
Monitor: Nuestro auxilio es en el nombre del Señor.

Asamblea: Que hizo el cielo y la tierra.
Lectura de la Palabra de Dios

Lector: Lectura del libro de Tobías (12,6-7)
Entonces Rafael llevó a los dos aparte y les dijo:

«¡Bendigan a Dios! ¡Celébrenlo en medio de todos los seres vivientes por los favores que les hizo!

¡Bendigan y canten su nombre! ¡Procuren que todos conozcan las obras de Dios como se lo merecen, y no dejen de darle gracias!
Es bueno guardar el secreto del rey, pero es muy recomendable revelar y publicar las maravillas de Dios. Agradézcanle como corresponde. Hagan el bien y no conocerán la desgracia
Palabra de Dios.
Asamblea: Te alabamos Señor.
Oración de Bendición
Monitor: Dios todopoderoso y eterno, cuando Tobías salió en su viaje,

Tú enviaste a tu ángel Rafael para que lo guiara y protegiera.

Fortalece a tus siervos que han regresado de su peregrinación.

Acompáñalos en la continuación del camino de la vida.

Tu gracia ha inspirado el corazón de estos tus amigos

a amarte más y a servirte con más generosidad.

Te pedimos que los bendigas para que proclamen tus maravillas y las manifiesten ante todos con sus obras.3
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Asamblea: Amén



2 Adaptado del Bendicional, Capítulo VII: Bendición de los peregrinos antes o después de su regreso.

ORACIÓN PARA EL PERDÓN Y LA SANACIÓN



Salutación
Oración de apertura
Padre celestial, fuente de toda vida y santidad, así cómo secaste las lágrimas de Raquel quién lloró por sus hijos, que todos quiénes lloran la pérdida de sus hijos por el aborto tengan seguridad de tu piedad tierna. Permíteles buscar tu perdón y a confiarte sus hijos con esperanza en tu piedad infinita y amor incondicional. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor, que renueva todas las cosas. Amén.
Evangelio1
Lectura del Evangelio según San Mateo 18,1-5. 10.12-14
En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:

“¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?”.

Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo:

“Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el Reino de los cielos.

Y el que reciba a un niño como este en mi nombre, me recibe a mí.

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo.

¿Qué les parece?

Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en


los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella, que por las noventa y nueve que no se le perdieron.

De igual modo el Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños”.


Palabra del Señor.
Todos: Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración en silencio
Homilía
Letanía
V. Señor, ten piedad

R/. Señor, ten piedad

V. Cristo, ten piedad

R/. Cristo, ten piedad

V. Señor, ten piedad

R/. Señor, ten piedad
I.

Por las mujeres y los hombres que sufren por el dolor de un aborto
La mujer sorprendida en adulterio fue humillada por hombres crueles;

Sana a aquellas que sufren por la vergüenza que se refleja en los ojos de familiares o amigos.

Todos: Dios te salve María...
La mujer en el pozo que se encontró con Cristo y la verdad sobre sí misma;

Da a quienes sufren el valor para afrontar lo que han hecho y rogar a Dios por su misericordia.

Todos: Dios te salve María...
El joven rico se alejó del Señor por su amor al mundo;

Ayuda a quienes sufren por renunciar a todo por la misericordia de Dios.

Todos: Dios te salve María...

San Pedro negó al Señor tres veces, a pesar de su amor;

Dar a quienes sufren el valor de arrepentirse al igual que lo hizo Pedro.

Todos: Dios te salve María...


La Santísima Virgen María lloró al pie de la cruz de Jesús, su hijo;

Ayuda a quienes sufren con lágrimas a encontrar el amor reconciliador de Dios en el sacramento de la

Reconciliación.

Todos: Dios te salve María…




II.

Por los doctores y enfermeros y todos los que han realizado abortos
San Lucas buscaba curar a los enfermos y aliviar su sufrimiento;

Forma a doctores a su imagen compasiva.

Todos: Dios te salve María...
Jesús curó al hombre nacido ciego para enseñarnos a ver;

Ayuda a los enfermeros a ver en cada uno de sus pacientes la imagen de Jesús en la cruz.

Todos: Dios te salve María...
Jesús curó al paralítico que sus amigos bajaron por el techo;

Inspira las familias y amigos de doctores para animarlos a reconocer y amar al niño por nacer.

Todos: Dios te salve María...
Jesús perdonó al ladrón arrepentido;

Concede tu piedad a los que renuncian al trabajo criminal del aborto.

Todos: Dios te salve María...
Cuándo el hombre le gritó a Jesús de la vereda del camino, el Señor lo curó;

Da a doctores y enfermeros el valor para buscar a Dios con todos su corazón.

Todos: Dios te salve María...
III.

Por la gracia de aceptar el amor de Dios
El hijo pródigo regresó a su Padre cuándo sufría por sus pecados;

Dar la gracia del arrepentimiento a todos aquellos que han cooperado en el aborto de un niño.

Todos: Dios te salve María...
El Rey David se arrepintió al oír las palabras de Natán;

Concede a los predicadores las palabras que puedan mover los corazones rebeldes.

Todos: Dios te salve María...
El Señor nos enseñó a rezar que seamos perdonados así como nosotros perdonamos;

Sacar todo juicio de nuestro corazón, igual que Él nos ha perdonado.

Todos: Dios te salve María...
Jonás se vistió de sayal y cenizas y llamó a todos a arrepentirse;

Danos profetas eficaces que nos llamen a regresar a Dios.

Todos: Dios te salve María...
El Señor rogó por el perdón de quienes lo clavaron a la cruz;

Danos la gracia de amar e interceder hasta por aquellos que han tomado la vida de un niñito.

Todos: Dios te salve María...

Intercesiones
Por la madre que se despierta cada mañana con la memoria del aborto fresca en su mente…

Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad


Para el padre cuyo hijo murió con su cooperación y consentimiento…

Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad


Por los padres que influyeron en la decisión de una hija de abortar a su nieto…

Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad


Por los doctores y enfermeros que saben que estaban equivocados…

Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad


Por los consejeros cuyo trabajo es promover los abortos…

Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad


Por los científicos y farmacéuticos que ayudan en la fabricación de fármacos abortivos…

Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad


Por aquellos cuyo trabajo implica promover el aborto y el uso de anticonceptivos…

Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad

Por los dirigentes electos que se oponen a cualquier restricción en la licencia de realizar abortos…

Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad


Por el fin del aborto legal en nuestra nación y para la conversión de todos los corazones…

Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad


Por arrepentimiento, sanación y paz...

Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad


Padre nuestro…
Oración de clausura
Bendición
Partida en silencio

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1 Estos pasajes también pueden ser la base para una homilía sobre el amor misericordioso del Señor hacia los pecadores:

Lc 13, 11-13 (sanación de la paralítica); Lc 8,43-48, Mt 9:20-22 o Mc 5:25-34 (mujer con una hemorragia);

Lc 7:36-50 (la mujer que le lava los pies a Jesús con sus lágrimas); Jn 4,7-42 (la mujer samaritana con una hemorragia);



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